LA TRADUCIBILIDAD PRÁCTICA NO PRESUPONE LA
MECANICIDAD TRADUCTIVA TEÓRICA”
Lisardo San Bruno de la Cruz.
De acuerdo con Putnam, en las prácticas habituales de traducción y/o interpretación nos las habemos con las cuestiones concernientes a la “relatividad del interés de la explicación”. Si nuestro esquema de traducción pretende interpretar un léxico de forma colectiva, entonces resulta conveniente proyectar y/o extrapolar en la práctica traductiva similitudes estructurales sobre los marcos léxicos involucrados en la traducción-marco del intérprete y marco del interpretado. La existencia de disimilitudes en la traducción de “gavagai” manifiesta, según la óptica de Putnam, la ratificación práctica de la relatividad del interés; sin embargo, ciertas locuciones de un contexto idiomático específico si muestran cierta determinabilidad traductiva.
El lingüista Kenneth Pike considera un hecho verificado el que la traducción sea una habilidad en la que los futuros lingüistas pueden ser adiestrados. Tal habilidad significa para Putnam que la indeterminación interpretativa en las prácticas habituales de traducción no son idénticas a la sub-determinación que teorizaran autores como Quine. Pike necesita aproximadamente sesenta minutos para lograr mantener un diálogo con un nativo que habla un lenguaje del todo desconocido. Aún más, la especie humana con su multiplicidad léxica- cultural logra comunicarse de forma más o menos fluida. El hecho práctico innegable del éxito traductivo inter-idiomático a escala planetaria podría ser explicitado asumiendo que la especie humana atesora una estructura innata o constitutiva idéntica o aproximadamente idéntica. En tal asunción, las baterías de intereses, los factores medulares, las condiciones extrapoladas en la práctica traductiva... y la globalidad restrictiva sobre la que opera la traducción ejercitada podría definirse y/o identificarse como una batería de invariantes biológicos o susceptibles de ser especificados en términos de la ciencias biológicas. Sean pensados como non-natos o como invariantes estructurales sobre los que se vértebra la tendencia a extrapolar cierta categorización interesada dentro del hábitat humano, Putnam no cree que tal propuesta sea correcta. Detallar un conjunto de restricciones ligado de forma intuitiva a la traducción radical no implica que la integración de tal batería restrictiva a la noción de “traducción” exhale corrección. Explicitar las restricciones implicadas en la
traducción significa construir una definición operativa alambicada sobre la traducción que entraña hablar sobre la naturaleza de tales procesos de traducción. Trazar una teoría sobre una traducción del tipo “operamos una labor de co-relación desde la que se proyectan de forma aproximada nuestra batería de patrones de explicitación psicológica” en los hablantes que pretendemos interpretar, es trazar una teoría sobre la naturaleza de la traducción que no muestra ningún matiz restrictor operativo del tipo pretendido. “Las partes inseparadas de un conejo” en tal analítica operacional no sería una traducción correcta de “gavagai”, ya que los lingüistas no-terráqueos poseerían una gama de intereses y restricciones distintas a la nuestra. Putnam no cree que tal programa traductivo de corte operacionalista sirva en la praxis normal de traducción.
Los programas de traducción mecánica no funcionan porque la capacidad traductiva de la especie humana no es aislable, factorizable y/o modularizable de las capacidades cognitivas de la especie concebidas bajo una óptica totalizadora. No puede haber una teoría de la traducción radical o en general porque tal proyecto supondría imitar la inteligencia humana, holísticamente considerada. En la traducción nos ubicamos en un marco consolidado de información estructurado debidamente; no existe traducción radical sino más bien una teoría de la traducción inmergida en un marco referencial, desde cuyo intradós opera la práctica de traducción.
La conclusión no es otra que enfatizar la no-reducibilidad de las nociones de “traducción” y “referencia” en caracteres científicos rigurosos, aunque tales nociones no solo funcionan en lo cotidiano, sino también en contextos típicamente científicos Desde el prisma argumental de Putnam, tratar de definir la noción de “referencia” en términos de “cadenas causales del tipo apropiado” a algo semejante, y el intento definicional dibujado en el que las restricciones innatas o cuasi innatas agotan el significado de la noción de “traducción”, son ilusiones teóricas bastante similares. La determinación de la referencia y la práctica traductiva entrañan habérnoslas con dos baterías conviccionales desemejantes que hemos de lograr encajar-embonar de forma razonable y; “razonable”, presupone hablar de lo humano desde un posicionamiento totalizador de la capacidad humana de razonar. Según Putnam, las elecciones referenciales de los sujetos no ligan términos sígnicos con propiedades de tales términos, con el objeto de usar tal término en todos los casos en que aparezca la propiedad
ligada. Expresado de otra forma, un hablante no escoge en la práctica la referencia hilándola a propiedades de los términos o a sus condiciones necesarias y suficientes. Teorizar sobre cómo se determina la referencia no significa afirmar cuál es su naturaleza, más aún, en tal teorización se ejercita como presupuesta la noción misma de `referencia´. Los programas reductivo-fisicalistas en torno o las nociones semánticas de “traducción” y `referencia´ son programas ilusorios, utopismos científicos a los ojos de Putnam, porque su posibilidad pasa por contar con un modelo explicativo de la especie humana holísticamente descrita, en términos de organización funcional.
Ser un modelo explicativo de una clase natural comporta una batería de leyes más una descripción en términos de los caracteres representativos de un elemento integrante de la clase natural a la que pretendemos acotar. De tal modelo leído y/o interpretado bajo lentes laplacianas, algo así como un super-sujeto omnisciente lógicamente, sería posible deducir, en principio, la conducta determinada o la conducta estocástica de un elemento integrado en la clase natural basándonos en un conjunto de leyes, en la descripción de los caracteres del elemento en los valores parametrados para tal elemento y en los valores parametrados que representen las condiciones iniciales y las condiciones límite. Leyes y descripción han de explicar cómo se comporta cualquier elemento de la clase en cuestión. La mera posibilidad deductiva puede no constituir una explicación, el caso de las clavijas cuadradas que no embonan en orificios circulares, deducida la imposibilidad de ajuste mediante una super- mente laplaciana, es un caso deductivo que no podemos manejar como una explicación. Putnam alega que aunque no es preciso predecir la conducta de un elemento de la clase en cuestión, sí es necesario que acaezcan un conjunto de hechos cosidos a tal conducta, susceptibles de cumplir y/o satisfacer la batería criterial estandarizada para la explicación relativizada a tal o cual teoría científica, y deducibles de las leyes, descripción y las proposiciones auxiliares requeridas; tal deducibilidad ha de satisfacer la batería de restricciones interesadas bosquejadas anteriormente.
Este modelo podría interpretarse como el ejemplar-ideal explicativo en la ciencia física. Putnam lo ilustra con el caso del átomo mecánico-cuántico y la descripción de la clase natural hablaría de un compuesto en estado de enlace entre un electrón y un protón. Asumamos que tal ejemplar explicativo se proyecta sobre la clase natural especie humana
entendida como “unidad de carbono” compuestas de partículas elementales sometidas a la legalidad física. Si la reducción fisicalista es operativa, un súper-sujeto laplaciano, conocidos los valores de todos los parámetros enumerados antes y la cantidad y estructuración de las partículas elementales de la clase a explicar, se encontraría capacitado para producir la conducta de un ser humano cualquiera. Putnam localiza la falla de tal pretensión reductiva en el hecho de que la descripción de un ser humano como “un sistema de partículas elementales” no sirve como modelo explicativo. Analicemos este error. Para empezar tal modelo explicita un conjunto de sistemas físicos más amplio que el conjunto constituido por la especie humana. Para poder justificar que un modelo cualquiera no conste como modelo explicativo de todas las clases naturales, es necesario aceptar un condicional subjuntivo de la forma “cualquier objeto en condiciones de satisfacer nuestra descripción, figurará como un elemento de la clase a la que nombramos”. La afirmación “cada sistema físico es un ser humano” no es correcta, y el contrafáctico del condicional “cualquier objeto que pudiese ser un sistema físico, será un ser humano” hereda la falsedad de la afirmación originaria.
La batería de leyes mecánico-cuánticas actuales han de juzgarse como aproximadamente verdaderas. El principio de la caridad interpretativa ha de proyectarse sobre el condicional subjuntivo “cualquier x que tenga la descripción D, será y” a la hora de juzgar su corrección, la corrección interna del marco explicativo al que pertenece nuestra teoría. Aplicado el principio de caridad o beneficio de la duda, la expresión condicional “cualquier objeto que sea un sistema de partículas elementales será un ser humano” sigue configurándose como un condicional falso. Putnam percibe una disimilitud entre las ciencias físicas y las disciplinas humanísticas. En meteorología existe un modelo cuantitativo para la clase natural de los fenómenos climáticos; sin embargo, la posibilidad predictiva exacta del clima en la práctica no es factible, porque o bien no manejamos todas los valores de los parámetros relevantes o bien por la complejidad que supondría computar tales valores si les conociésemos. El clima debido a su no-estructuración rigurosa puede ser explicitado por un modelo matemático, pero la alta complejidad estructural no podría ser captada mediante un modelo parecido al que usamos en meteorología.
La máxima pretensión de muchos autores radica en la confección de un modelo explicativo de la clase natural especie humana. Es un dato factual que en la actualidad no
contamos con un modelo tal, tal hecho empírico, bajo la óptica de Putnam, queda modulado como un hecho constitutivo-actual de nuestra naturaleza y nuestras actuales instituciones. Aunque en un posible futuro altamente` cientifizado´, fuéramos capaces de describirnos como lo hacemos con un átomo de hidrógeno, no estaríamos en condiciones de saber desde nuestro presente a qué nos referimos cuando hablamos de la especie humana y sus instituciones, las mutaciones sufridas serían tan profundas como inimaginables; y , como enfatiza Putnam, aunque tal fuera el caso, sus contribuciones son para nuestro tiempo presente y no para una post-generación fisicista.
Interroguémonos sobre el sentido de una aserción del tipo “la conducta humana es predecible en principio, teniendo en cuenta las cotas de no-determinación implícitas en la física” No se trata de pesquisar si un súper-agente laplaciano cuenta con posibilidades meramente lógicas de lograrlo, tampoco se trata de si tal empresa es posible mediante un sistema físico debidamente computerizado, el sentido de la posibilidad radica en si es factible físicamente realizar y/o ejecutar tal predicción en “tiempo real”, para que puede conceptuarse como una predicción genuina. Lo que Putnam trata de dibujarnos es precisamente el hecho de que la asunción reductivo-fisicalista puede ser pensada como posibilidad tanto lógico, como física; sin embargo, la predicción de lo que yo redactaré sobre la crítica de Putnam al fisicalismo reductivo en las doce líneas siguientes, supondría un proceso de computación milenario, miles de años para procesar óptimamente mi conducta inmediata -la que de hecho se está efectuando. La expresión “en principio” como noción definida en términos de “computabilidad en tiempo real” diseña una praxis predictiva más adecuada y cercana a nuestra finitud constitutiva.
Una forma de argumentación sobre la predicción que Putnam traslada a la noción de `explicación ´ idénticamente. Una explicación vertebrada en la organización funcional humana gestada a lo largo de la evolución, precisaría un tiempo de computación en el transcurso del cual, de acuerdo con Putnam, la especie natural de la clase en cuestión, podría haber desaparecido. Las capacidades y/o habilidades de la clase natural especie humana no son modularizables, explicables de forma autónoma y aislable del conjunto total de tales capacidades. Putnam cree que no es ejecutable un modelo sobre el usuario de un léxico que no haya construido un modelo holístico de la organización humana. Como consecuencia de
tales observaciones no debe suponerse la imposibilidad de que el sujeto humano no pueda ponerse a sí como objeto de investigación científica de tal o cual disciplina, más bien hemos de concluir, juntamente con Putnam, que en la praxis concreta -y sospechamos que también en principio- no podemos auto-describirnos como describimos las clases naturales tales como el átomo de hidrógeno, por ejemplo. AVE ATQUE VALE. Para cualesquiera desiderata : [email protected] _
MECANICIDAD TRADUCTIVA TEÓRICA”
Lisardo San Bruno de la Cruz.
De acuerdo con Putnam, en las prácticas habituales de traducción y/o interpretación nos las habemos con las cuestiones concernientes a la “relatividad del interés de la explicación”. Si nuestro esquema de traducción pretende interpretar un léxico de forma colectiva, entonces resulta conveniente proyectar y/o extrapolar en la práctica traductiva similitudes estructurales sobre los marcos léxicos involucrados en la traducción-marco del intérprete y marco del interpretado. La existencia de disimilitudes en la traducción de “gavagai” manifiesta, según la óptica de Putnam, la ratificación práctica de la relatividad del interés; sin embargo, ciertas locuciones de un contexto idiomático específico si muestran cierta determinabilidad traductiva.
El lingüista Kenneth Pike considera un hecho verificado el que la traducción sea una habilidad en la que los futuros lingüistas pueden ser adiestrados. Tal habilidad significa para Putnam que la indeterminación interpretativa en las prácticas habituales de traducción no son idénticas a la sub-determinación que teorizaran autores como Quine. Pike necesita aproximadamente sesenta minutos para lograr mantener un diálogo con un nativo que habla un lenguaje del todo desconocido. Aún más, la especie humana con su multiplicidad léxica- cultural logra comunicarse de forma más o menos fluida. El hecho práctico innegable del éxito traductivo inter-idiomático a escala planetaria podría ser explicitado asumiendo que la especie humana atesora una estructura innata o constitutiva idéntica o aproximadamente idéntica. En tal asunción, las baterías de intereses, los factores medulares, las condiciones extrapoladas en la práctica traductiva... y la globalidad restrictiva sobre la que opera la traducción ejercitada podría definirse y/o identificarse como una batería de invariantes biológicos o susceptibles de ser especificados en términos de la ciencias biológicas. Sean pensados como non-natos o como invariantes estructurales sobre los que se vértebra la tendencia a extrapolar cierta categorización interesada dentro del hábitat humano, Putnam no cree que tal propuesta sea correcta. Detallar un conjunto de restricciones ligado de forma intuitiva a la traducción radical no implica que la integración de tal batería restrictiva a la noción de “traducción” exhale corrección. Explicitar las restricciones implicadas en la
traducción significa construir una definición operativa alambicada sobre la traducción que entraña hablar sobre la naturaleza de tales procesos de traducción. Trazar una teoría sobre una traducción del tipo “operamos una labor de co-relación desde la que se proyectan de forma aproximada nuestra batería de patrones de explicitación psicológica” en los hablantes que pretendemos interpretar, es trazar una teoría sobre la naturaleza de la traducción que no muestra ningún matiz restrictor operativo del tipo pretendido. “Las partes inseparadas de un conejo” en tal analítica operacional no sería una traducción correcta de “gavagai”, ya que los lingüistas no-terráqueos poseerían una gama de intereses y restricciones distintas a la nuestra. Putnam no cree que tal programa traductivo de corte operacionalista sirva en la praxis normal de traducción.
Los programas de traducción mecánica no funcionan porque la capacidad traductiva de la especie humana no es aislable, factorizable y/o modularizable de las capacidades cognitivas de la especie concebidas bajo una óptica totalizadora. No puede haber una teoría de la traducción radical o en general porque tal proyecto supondría imitar la inteligencia humana, holísticamente considerada. En la traducción nos ubicamos en un marco consolidado de información estructurado debidamente; no existe traducción radical sino más bien una teoría de la traducción inmergida en un marco referencial, desde cuyo intradós opera la práctica de traducción.
La conclusión no es otra que enfatizar la no-reducibilidad de las nociones de “traducción” y “referencia” en caracteres científicos rigurosos, aunque tales nociones no solo funcionan en lo cotidiano, sino también en contextos típicamente científicos Desde el prisma argumental de Putnam, tratar de definir la noción de “referencia” en términos de “cadenas causales del tipo apropiado” a algo semejante, y el intento definicional dibujado en el que las restricciones innatas o cuasi innatas agotan el significado de la noción de “traducción”, son ilusiones teóricas bastante similares. La determinación de la referencia y la práctica traductiva entrañan habérnoslas con dos baterías conviccionales desemejantes que hemos de lograr encajar-embonar de forma razonable y; “razonable”, presupone hablar de lo humano desde un posicionamiento totalizador de la capacidad humana de razonar. Según Putnam, las elecciones referenciales de los sujetos no ligan términos sígnicos con propiedades de tales términos, con el objeto de usar tal término en todos los casos en que aparezca la propiedad
ligada. Expresado de otra forma, un hablante no escoge en la práctica la referencia hilándola a propiedades de los términos o a sus condiciones necesarias y suficientes. Teorizar sobre cómo se determina la referencia no significa afirmar cuál es su naturaleza, más aún, en tal teorización se ejercita como presupuesta la noción misma de `referencia´. Los programas reductivo-fisicalistas en torno o las nociones semánticas de “traducción” y `referencia´ son programas ilusorios, utopismos científicos a los ojos de Putnam, porque su posibilidad pasa por contar con un modelo explicativo de la especie humana holísticamente descrita, en términos de organización funcional.
Ser un modelo explicativo de una clase natural comporta una batería de leyes más una descripción en términos de los caracteres representativos de un elemento integrante de la clase natural a la que pretendemos acotar. De tal modelo leído y/o interpretado bajo lentes laplacianas, algo así como un super-sujeto omnisciente lógicamente, sería posible deducir, en principio, la conducta determinada o la conducta estocástica de un elemento integrado en la clase natural basándonos en un conjunto de leyes, en la descripción de los caracteres del elemento en los valores parametrados para tal elemento y en los valores parametrados que representen las condiciones iniciales y las condiciones límite. Leyes y descripción han de explicar cómo se comporta cualquier elemento de la clase en cuestión. La mera posibilidad deductiva puede no constituir una explicación, el caso de las clavijas cuadradas que no embonan en orificios circulares, deducida la imposibilidad de ajuste mediante una super- mente laplaciana, es un caso deductivo que no podemos manejar como una explicación. Putnam alega que aunque no es preciso predecir la conducta de un elemento de la clase en cuestión, sí es necesario que acaezcan un conjunto de hechos cosidos a tal conducta, susceptibles de cumplir y/o satisfacer la batería criterial estandarizada para la explicación relativizada a tal o cual teoría científica, y deducibles de las leyes, descripción y las proposiciones auxiliares requeridas; tal deducibilidad ha de satisfacer la batería de restricciones interesadas bosquejadas anteriormente.
Este modelo podría interpretarse como el ejemplar-ideal explicativo en la ciencia física. Putnam lo ilustra con el caso del átomo mecánico-cuántico y la descripción de la clase natural hablaría de un compuesto en estado de enlace entre un electrón y un protón. Asumamos que tal ejemplar explicativo se proyecta sobre la clase natural especie humana
entendida como “unidad de carbono” compuestas de partículas elementales sometidas a la legalidad física. Si la reducción fisicalista es operativa, un súper-sujeto laplaciano, conocidos los valores de todos los parámetros enumerados antes y la cantidad y estructuración de las partículas elementales de la clase a explicar, se encontraría capacitado para producir la conducta de un ser humano cualquiera. Putnam localiza la falla de tal pretensión reductiva en el hecho de que la descripción de un ser humano como “un sistema de partículas elementales” no sirve como modelo explicativo. Analicemos este error. Para empezar tal modelo explicita un conjunto de sistemas físicos más amplio que el conjunto constituido por la especie humana. Para poder justificar que un modelo cualquiera no conste como modelo explicativo de todas las clases naturales, es necesario aceptar un condicional subjuntivo de la forma “cualquier objeto en condiciones de satisfacer nuestra descripción, figurará como un elemento de la clase a la que nombramos”. La afirmación “cada sistema físico es un ser humano” no es correcta, y el contrafáctico del condicional “cualquier objeto que pudiese ser un sistema físico, será un ser humano” hereda la falsedad de la afirmación originaria.
La batería de leyes mecánico-cuánticas actuales han de juzgarse como aproximadamente verdaderas. El principio de la caridad interpretativa ha de proyectarse sobre el condicional subjuntivo “cualquier x que tenga la descripción D, será y” a la hora de juzgar su corrección, la corrección interna del marco explicativo al que pertenece nuestra teoría. Aplicado el principio de caridad o beneficio de la duda, la expresión condicional “cualquier objeto que sea un sistema de partículas elementales será un ser humano” sigue configurándose como un condicional falso. Putnam percibe una disimilitud entre las ciencias físicas y las disciplinas humanísticas. En meteorología existe un modelo cuantitativo para la clase natural de los fenómenos climáticos; sin embargo, la posibilidad predictiva exacta del clima en la práctica no es factible, porque o bien no manejamos todas los valores de los parámetros relevantes o bien por la complejidad que supondría computar tales valores si les conociésemos. El clima debido a su no-estructuración rigurosa puede ser explicitado por un modelo matemático, pero la alta complejidad estructural no podría ser captada mediante un modelo parecido al que usamos en meteorología.
La máxima pretensión de muchos autores radica en la confección de un modelo explicativo de la clase natural especie humana. Es un dato factual que en la actualidad no
contamos con un modelo tal, tal hecho empírico, bajo la óptica de Putnam, queda modulado como un hecho constitutivo-actual de nuestra naturaleza y nuestras actuales instituciones. Aunque en un posible futuro altamente` cientifizado´, fuéramos capaces de describirnos como lo hacemos con un átomo de hidrógeno, no estaríamos en condiciones de saber desde nuestro presente a qué nos referimos cuando hablamos de la especie humana y sus instituciones, las mutaciones sufridas serían tan profundas como inimaginables; y , como enfatiza Putnam, aunque tal fuera el caso, sus contribuciones son para nuestro tiempo presente y no para una post-generación fisicista.
Interroguémonos sobre el sentido de una aserción del tipo “la conducta humana es predecible en principio, teniendo en cuenta las cotas de no-determinación implícitas en la física” No se trata de pesquisar si un súper-agente laplaciano cuenta con posibilidades meramente lógicas de lograrlo, tampoco se trata de si tal empresa es posible mediante un sistema físico debidamente computerizado, el sentido de la posibilidad radica en si es factible físicamente realizar y/o ejecutar tal predicción en “tiempo real”, para que puede conceptuarse como una predicción genuina. Lo que Putnam trata de dibujarnos es precisamente el hecho de que la asunción reductivo-fisicalista puede ser pensada como posibilidad tanto lógico, como física; sin embargo, la predicción de lo que yo redactaré sobre la crítica de Putnam al fisicalismo reductivo en las doce líneas siguientes, supondría un proceso de computación milenario, miles de años para procesar óptimamente mi conducta inmediata -la que de hecho se está efectuando. La expresión “en principio” como noción definida en términos de “computabilidad en tiempo real” diseña una praxis predictiva más adecuada y cercana a nuestra finitud constitutiva.
Una forma de argumentación sobre la predicción que Putnam traslada a la noción de `explicación ´ idénticamente. Una explicación vertebrada en la organización funcional humana gestada a lo largo de la evolución, precisaría un tiempo de computación en el transcurso del cual, de acuerdo con Putnam, la especie natural de la clase en cuestión, podría haber desaparecido. Las capacidades y/o habilidades de la clase natural especie humana no son modularizables, explicables de forma autónoma y aislable del conjunto total de tales capacidades. Putnam cree que no es ejecutable un modelo sobre el usuario de un léxico que no haya construido un modelo holístico de la organización humana. Como consecuencia de
tales observaciones no debe suponerse la imposibilidad de que el sujeto humano no pueda ponerse a sí como objeto de investigación científica de tal o cual disciplina, más bien hemos de concluir, juntamente con Putnam, que en la praxis concreta -y sospechamos que también en principio- no podemos auto-describirnos como describimos las clases naturales tales como el átomo de hidrógeno, por ejemplo. AVE ATQUE VALE. Para cualesquiera desiderata : [email protected] _