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¿Quién se acuerda de Perón?


Los que heredaron el peronismo solamente pudieron utilizar su imagen,pero nunca más pudieron darle al trabajador un buen nivel de vida.

¿Quién se acuerda de Perón?

La imagen de Juan Domingo Perón


ARGENTINA.- Hacía algunos días que los rumores sobre la salud del entonces Presidente, Juan Domingo Perón sobrevolaban en la prensa, hasta que aquel lunes 1 de Julio de 1974, según el parte oficial, a las 13,15 horas, el deceso del hombre que había dividido la historia argentina del siglo XX fue confirmado. Se abría para los argentinos de aquel momento un capítulo que tal vez era el epígrafe más siniestro de las décadas que habían precedido a esa muerte, desde la Revolución Libertadora.

Esa muerte, la de Perón, hoy, a casi cuarenta años continúa teniendo un significado no resuelto. Porque es imposible comprender la historia contemporánea de la Argentina sin conocer profundamente el fenómeno del peronismo.

Con Perón se murió el líder y se cerró un proceso, sin duda. Lo que siguió fue el aprovechamiento demagógico del mito. Sencillamente, porque Perón no pudo resolverle ningún problema a los argentinos desde el exilio, ni mucho menos cuando regresó. El capítulo de la violencia política se abrió con el peronismo de la segunda etapa, impuesto por los que buscaban terminar con el régimen, tan ciegos como para no darse cuenta de que el peronismo había calado tan profundo que no era un sistema ni una ideología, era un sentimiento popular.

Desde el exilio Perón arbitró los tiempos de la política argentina aprovechándose de la necedad con que los gobiernos de facto gobernaban y la debilidad de la clase política. Hay que ver que ningún gobierno militar pudo dejarle al país nada positivo durante esos años, los breves interregnos radicales de Arturo Frondizi y Arturo Illia, muy poco.

Perón se aprovechó del idealismo de la juventud que lo idolatraba a la que agitó para que se movilizara en su apoyo, convirtiendo al peronismo en aquello que John William Cooke diera en llamar “el hecho maldito del país burgués”.

El General Alejandro Agustín Lanusse lo desafió en aquel discurso del Colegio Militar: “Perón no vuelve porque no le da el cuero”. Y al viejo líder le dio el cuero y volvió movilizando las masas para asombro de quienes lo habían combatido durante décadas.

Pero el hombre que retornaba estaba viejo y enfermo. Venía a morir a la Argentina y él lo sabía, y todos le tiraron la responsabilidad de arreglar lo que ellos habían desarreglado con su propia contribución, por supuesto. Le cargaron en los hombros junto con la banda presidencial una Argentina compleja, transida por la violencia y sin esperanzas.

Para colmo de males, Perón no retornó solo, vino casado con María Estela Martínez –Isabelita-, una bataclana incapaz en grado de paroxismo, manejada (como él mismo también) por un tenebroso individuo, el esotérico y criminal José López Rega, alias “El Brujo”. En la biografía de López Rega, Marcelo Larraquy cuenta que: “Cuando Isabel y López Rega se enojaban por algún motivo con Perón, no tenían reparos en demostrárselos.

Y lo golpeaban en su punto más débil: la soledad. Lo dejaban comiendo sólo a la hora de la cena, para que sintiera el peso de sus ausencias, y ellos se encerraban en el cuarto de arriba durante horas”. Hasta que terminaba pidiendo por favor que “Isabelita” lo acompañara a ver alguna película. Un cuadro ignominioso para el hombre más grande de la política argentina.

El matrimonio con la Juventud Peronista, canalizada revolucionariamente por Montoneros terminó en un divorcio violento aquel 1 de Mayo de 1974 cuando los echó de la Plaza de Mayo caratulándolos de “imberbes” y “estúpidos”, y todo se desmadró en más violencia, de uno y otro lado. En lo económico, la “Argentina Potencia” y la “inflación cero” terminaron en cuento y la economía se devastó.

Con Perón, se fue aquella jornada el hombre que había dignificado al trabajador otorgándole los derechos que hasta entonces le habían negado, aunque cometiera el error de enseñar más de los derechos y poco de las obligaciones. El autor de la primera y única revolución democrática, nacional y popular que conoce la historia.

¿Quién se acuerda de Perón?

Los que heredaron el peronismo solamente pudieron utilizar su imagen, la de Eva Perón, el bombo y la marcha, porque nunca más pudieron repetir las fórmulas de aquella revolución de 1945. Jamás, en adelante un gobierno peronista (y ningún otro) pudo darle al trabajador un nivel de vida, no digamos como el aquel peronismo, sino ni siquiera digno.

Ningún líder peronista de los ochenta, mucho menos el Carlos Menem de los noventa desarrolló la industria nacional como lo hizo Perón, por el contrario, el riojano rifó los saldos de aquel desarrollo a las multinacionales.

Tampoco ninguno pudo diagramar una política de verdadera proyección latinoamericana que respondiera con índices de desarrollo económico y cultural al dominio del imperio norteamericano. Hoy, el Gobierno “K” sólo tiene un cacareo de tono socialista que los hechos van demostrando no nos lleva a ninguna parte.
Basta con mirar al Brasil del socialista Lula Da Silva.

Perón había comprendido el potencial de Sudamérica para lo cual una política de acuerdos era vital. Los norteamericanos también lo vieron y conspiraron para terminar con eso, como lo expresa en un “memo” del 20 de marzo de 1947, Ellis Brigs, Director de la Oficina de Asuntos de las Repúblicas Americanas: ““Existe el peligro de que la Argentina aspire a organizar un bloque del Cono Sur, bajo la dominación política y económicaargentina (...) los Estados Unidos deben oponerse a toda posibilidad que “pudiese facilitar la formación de tal bloque”. Huelga decir más.

Los tiempos han cambiado y sería imposible revivir aquel cuadro de la revolución peronismo, más bien, nada ha quedado de aquellos años, ni siquiera la mística.

Ahora, el Gobierno llena estadios y el líder de la CGT, Hugo Moyano apenas ocupa algunos espacios de la Plaza de Mayo. En ninguno de los dos casos los concurrentes asisten movilizados por el sentimiento. Van pagados y con vianda. Movilizarse es un “trabajo”, una “changa”.

Los discursos de unos y otros, hablan de los trabajadores, pero a ninguno les interesan en realidad sino en cuanto les sirvan para cimentar su poder, nada más.

Un día como hoy, murió Juan Domingo Perón, General de la Nación, político extraordinario; el hombre que con todos sus errores le dio a millones el ingreso a una vida digna; y esto último, para muchos argentinos todavía hoy anima en sus almas y le da sentido al peronismo. Pero para la dirigencia, ya no.-


Por Ernesto Bisceglia
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