ValentinFranklin
Usuario (Argentina)

¿Quién se acuerda de Perón? Los que heredaron el peronismo solamente pudieron utilizar su imagen,pero nunca más pudieron darle al trabajador un buen nivel de vida. La imagen de Juan Domingo Perón ARGENTINA.- Hacía algunos días que los rumores sobre la salud del entonces Presidente, Juan Domingo Perón sobrevolaban en la prensa, hasta que aquel lunes 1 de Julio de 1974, según el parte oficial, a las 13,15 horas, el deceso del hombre que había dividido la historia argentina del siglo XX fue confirmado. Se abría para los argentinos de aquel momento un capítulo que tal vez era el epígrafe más siniestro de las décadas que habían precedido a esa muerte, desde la Revolución Libertadora. Esa muerte, la de Perón, hoy, a casi cuarenta años continúa teniendo un significado no resuelto. Porque es imposible comprender la historia contemporánea de la Argentina sin conocer profundamente el fenómeno del peronismo. Con Perón se murió el líder y se cerró un proceso, sin duda. Lo que siguió fue el aprovechamiento demagógico del mito. Sencillamente, porque Perón no pudo resolverle ningún problema a los argentinos desde el exilio, ni mucho menos cuando regresó. El capítulo de la violencia política se abrió con el peronismo de la segunda etapa, impuesto por los que buscaban terminar con el régimen, tan ciegos como para no darse cuenta de que el peronismo había calado tan profundo que no era un sistema ni una ideología, era un sentimiento popular. Desde el exilio Perón arbitró los tiempos de la política argentina aprovechándose de la necedad con que los gobiernos de facto gobernaban y la debilidad de la clase política. Hay que ver que ningún gobierno militar pudo dejarle al país nada positivo durante esos años, los breves interregnos radicales de Arturo Frondizi y Arturo Illia, muy poco. Perón se aprovechó del idealismo de la juventud que lo idolatraba a la que agitó para que se movilizara en su apoyo, convirtiendo al peronismo en aquello que John William Cooke diera en llamar “el hecho maldito del país burgués”. El General Alejandro Agustín Lanusse lo desafió en aquel discurso del Colegio Militar: “Perón no vuelve porque no le da el cuero”. Y al viejo líder le dio el cuero y volvió movilizando las masas para asombro de quienes lo habían combatido durante décadas. Pero el hombre que retornaba estaba viejo y enfermo. Venía a morir a la Argentina y él lo sabía, y todos le tiraron la responsabilidad de arreglar lo que ellos habían desarreglado con su propia contribución, por supuesto. Le cargaron en los hombros junto con la banda presidencial una Argentina compleja, transida por la violencia y sin esperanzas. Para colmo de males, Perón no retornó solo, vino casado con María Estela Martínez –Isabelita-, una bataclana incapaz en grado de paroxismo, manejada (como él mismo también) por un tenebroso individuo, el esotérico y criminal José López Rega, alias “El Brujo”. En la biografía de López Rega, Marcelo Larraquy cuenta que: “Cuando Isabel y López Rega se enojaban por algún motivo con Perón, no tenían reparos en demostrárselos. Y lo golpeaban en su punto más débil: la soledad. Lo dejaban comiendo sólo a la hora de la cena, para que sintiera el peso de sus ausencias, y ellos se encerraban en el cuarto de arriba durante horas”. Hasta que terminaba pidiendo por favor que “Isabelita” lo acompañara a ver alguna película. Un cuadro ignominioso para el hombre más grande de la política argentina. El matrimonio con la Juventud Peronista, canalizada revolucionariamente por Montoneros terminó en un divorcio violento aquel 1 de Mayo de 1974 cuando los echó de la Plaza de Mayo caratulándolos de “imberbes” y “estúpidos”, y todo se desmadró en más violencia, de uno y otro lado. En lo económico, la “Argentina Potencia” y la “inflación cero” terminaron en cuento y la economía se devastó. Con Perón, se fue aquella jornada el hombre que había dignificado al trabajador otorgándole los derechos que hasta entonces le habían negado, aunque cometiera el error de enseñar más de los derechos y poco de las obligaciones. El autor de la primera y única revolución democrática, nacional y popular que conoce la historia. ¿Quién se acuerda de Perón? Los que heredaron el peronismo solamente pudieron utilizar su imagen, la de Eva Perón, el bombo y la marcha, porque nunca más pudieron repetir las fórmulas de aquella revolución de 1945. Jamás, en adelante un gobierno peronista (y ningún otro) pudo darle al trabajador un nivel de vida, no digamos como el aquel peronismo, sino ni siquiera digno. Ningún líder peronista de los ochenta, mucho menos el Carlos Menem de los noventa desarrolló la industria nacional como lo hizo Perón, por el contrario, el riojano rifó los saldos de aquel desarrollo a las multinacionales. Tampoco ninguno pudo diagramar una política de verdadera proyección latinoamericana que respondiera con índices de desarrollo económico y cultural al dominio del imperio norteamericano. Hoy, el Gobierno “K” sólo tiene un cacareo de tono socialista que los hechos van demostrando no nos lleva a ninguna parte. Basta con mirar al Brasil del socialista Lula Da Silva. Perón había comprendido el potencial de Sudamérica para lo cual una política de acuerdos era vital. Los norteamericanos también lo vieron y conspiraron para terminar con eso, como lo expresa en un “memo” del 20 de marzo de 1947, Ellis Brigs, Director de la Oficina de Asuntos de las Repúblicas Americanas: ““Existe el peligro de que la Argentina aspire a organizar un bloque del Cono Sur, bajo la dominación política y económicaargentina (...) los Estados Unidos deben oponerse a toda posibilidad que “pudiese facilitar la formación de tal bloque”. Huelga decir más. Los tiempos han cambiado y sería imposible revivir aquel cuadro de la revolución peronismo, más bien, nada ha quedado de aquellos años, ni siquiera la mística. Ahora, el Gobierno llena estadios y el líder de la CGT, Hugo Moyano apenas ocupa algunos espacios de la Plaza de Mayo. En ninguno de los dos casos los concurrentes asisten movilizados por el sentimiento. Van pagados y con vianda. Movilizarse es un “trabajo”, una “changa”. Los discursos de unos y otros, hablan de los trabajadores, pero a ninguno les interesan en realidad sino en cuanto les sirvan para cimentar su poder, nada más. Un día como hoy, murió Juan Domingo Perón, General de la Nación, político extraordinario; el hombre que con todos sus errores le dio a millones el ingreso a una vida digna; y esto último, para muchos argentinos todavía hoy anima en sus almas y le da sentido al peronismo. Pero para la dirigencia, ya no.- Por Ernesto Bisceglia
Borges y la política. Jorge Luis Borges "Yo descreo de la política no de la ética. Nunca la política intervino en mi obra literaria, aunque no dudo que este tipo de creencias puedan engrandecer una obra. Vean, si no, a Whitman, que creyó en la democracia y así pudo escribir Leaves of Grass, o a Neruda, a quien el comunismo convirtió en un gran poeta épico… Yo nunca he pertenecido a ningún partido, ni soy el representante de ningún gobierno… Yo creo en el Individuo, descreo del Estado. Quizás yo no sea más que un pacífico y silencioso anarquista que sueña con la desaparición de los gobiernos. La idea de un máximo de Individuo y de un mínimo de Estado es lo que desearía hoy…" El anarquismo filosófico de raíz liberal spenceriana, aprendido del padre y alimentado en las conversaciones con Macedonio Fernández marcaría a Borges fundamentalmente para un rechazo de toda tiranía de carácter personalista. Durante toda su vida él trataría de rescatar, destacar y fomentar la individualidad por sobre los movimientos de masas. En particular en aquellos movimientos que, amparados en la figura de un líder carismático, se multiplicaban en las décadas de los treinta y cuarenta en la Argentina y el mundo. Borges, lejos de estar fuera de los acontecimientos de su época, interpretaba y criticaba muchos de ellos en el mismo momento en que sucedían. Así, en mayo de 1937, escribió en el número 32 de la revista Sur contra el racismo de los libros de texto de las escuelas alemanas: "No sé si el mundo puede prescindir de la civilización alemana. Es bochornoso que la estén corrompiendo con enseñanzas de odio" En la misma revista, en 1939, escribió en su Ensayo de imparcialidad: «Es posible que una derrota alemana sea la ruina de Alemania; es indiscutible que su victoria sería la ruina y el envilecimiento del orbe. No me refiero al imaginario peligro de una aventura colonial sudamericana; pienso en los imitadores autóctonos, en los Uebermenschen caseros que el inexorable azar nos depararía. […] Espero que los años nos traerán la venturosa aniquilación de Adolf Hitler, hijo atroz de Versalles». Se debe destacar el carácter profético de la preocupación de Borges por la multiplicación de Übermenschen nativos. Para Borges, tal profecía se vería realizada en la figura de Perón y su ascensión al poder. Cuando, en 1946, Perón toma efectivamente el poder, Borges, que trabajaba en una biblioteca pública, fue «ascendido» a inspector de gallinas y conejos en los mercados. Borges fue a la municipalidad para preguntar a qué se debía ese nombramiento. Él mismo cuenta la anécdota en su autobiografía: "Mire —dije al empleado—, me parece un poco raro que de toda la gente que trabaja en la biblioteca me hayan elegido a mí para desempeñar ese cargo». «Bueno —contestó el empleado— usted fue partidario de los aliados durante la guerra. Entonces, ¿qué pretende? Esa afirmación era irrefutable, y al día siguiente presenté mi renuncia. Los amigos me apoyaron y organizaron una cena de desagravio. Preparé un discurso para la ocasión" El discurso, dada la timidez de Borges, fue leído por su amigo Pedro Henríquez Ureña el día 8 de agosto de 1946 y publicado en el número 142 de la revista Sur. En él, Borges afirmaba que «las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez». Agregaba que combatir esas tristes monotonías «es uno de los muchos deberes del escritor». Borges combatió anacrónicamente la dictadura de Rosas y contemporáneamente el gobierno democrático de Perón. Pero cierta austeridad lo llevó a no hacer pública, no tornar algo común e inteligible para otros, su actitud. Tampoco se debe olvidar su falta de actualización política para reconocer y entender el carácter atroz de las nuevas dictaduras que, en las décadas de los sesenta y setenta, asolaron Latinoamérica. Fue frente a esas dictaduras que reforzó su incapacidad política y por lo que recibió las más duras críticas. Esta actuación consistió básicamente en declaraciones y demostraciones de consentimiento con las dictaduras en la Argentina y con Pinochet en Chile. El 19 de mayo de 1976, Jorge Rafael Videla protagonizó un almuerzo con un grupo de intelectuales argentinos, entre los que se contaban Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Horacio Esteban Ratti y el padre Leonardo Castellani. Después de la comida, Borges declaró a la prensa: "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo, que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado las responsabilidades del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país." Siempre criticó la obra de los escritores politizados, entre a los que incluía a Pablo Neruda. Decía que su fama siempre era extraliteraria. De la obra de Pablo Neruda expresó una vez que lo mejor era su parte política, dando a entender que incluso su poesía era de baja calidad. Hoy en día la pertinencia de la crítica para con el comportamiento político del autor de Ficciones no fue superada ni, mucho menos, se muestra obsoleta. El escritor Osvaldo Soriano, en un artículo dedicado a Borges, recuerda: "Muchas veces, en París, evocamos a Borges. Cuando aparecía uno de sus últimos libros o alguna declaración terrible de apoyo a la dictadura. Cortázar sostenía (como todos los que lo admiramos) que había que juzgar al escritor genial por un lado, al hombre insensato por otro. Había que disociarlos para comprenderlos, ir contra todas las reglas de razonamiento para crear otra que nos permitiera amarlo y sentirlo como nuestro a pesar de él mismo." Según H. Martínez, en un artículo en donde trata de entender las actitudes de Borges frente a la política, la opción borgeana fue la de sustituir la política colocando a la ética en su lugar, una ética de corte individual, casi íntima, donde lo que importa es el compromiso personal con alguna convicción, más allá de sus efectos públicos. Los resultados de esta opción, en una persona pública, en un pensador de la talla de Borges, fueron desastrosos. En 1980 firmó una Solicitada por los desaparecidos en el diario Clarín. Borges dijo al respecto: "Una tarde vinieron a casa las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo a contarme lo que pasaba. Algunas serían histriónicas, pero yo sentí que muchas venían llorando sinceramente porque uno siente la veracidad. Pobres mujeres tan desdichadas. Esto no quiere decir que sus hijos fueran invariablemente inocentes pero no importa. Todo acusado tiene derecho, al menos, a un fiscal para no hablar de un abogado defensor. Todo acusado tiene derecho a ser juzgado. Cuando me enteré de todo este asunto de los desaparecidos me sentí terriblemente mal. Me dijeron que un general había comentado que si entre cien personas secuestradas, cinco eran culpables, estaba justificada la matanza de las noventa y cinco restantes. ¡Debió ofrecerse él para ser secuestrado, torturado y muerto para probar esa teoría, para dar validez a su argumento!" El día que Borges asistió a la sala donde se juzgaban a las Juntas Militares argentinas escribió una crónica para la agencia española EFE. Se tituló Lunes, 22 de julio de 1985. ...He asistido, por primera y última vez, a un juicio oral. Un juicio oral a un hombre que había sufrido unos cuatro años de prisión, de azotes, de vejámenes y de cotidiana tortura. Yo esperaba oír quejas, denuestos y la indignación de la carne humana interminablemente sometida a ese milagro atroz que es el dolor físico. Ocurrió algo distinto. Ocurrió algo peor. El réprobo había entrado enteramente en la rutina de su infierno. Hablaba con simplicidad, casi con indiferencia, de la picana eléctrica, de la represión, de la logística, de los turnos, del calabozo, de las esposas y de los grillos. También de la capucha. No había odio en su voz. ...¿Qué pensar de todo esto? Yo, personalmente, descreo del libre albedrío. Descreo de castigos y de premios. Descreo del infierno y del cielo...Sin embargo, no juzgar y no condenar el crimen sería fomentar la impunidad y convertirse, de algún modo, en su cómplice.... Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer. En 1982 Borges condenó la invasión argentina de las Islas Malvinas, y valoró positivamente las consecuencias de la derrota: "...si se hubiesen reconquistado las Malvinas, posiblemente los militares se hubiesen perpetuado en el poder y tendríamos un régimen de aniversarios, de estatuas ecuestres, de falta de libertad total. Además, yo creo que la guerra se hizo para eso, ¿no?" Al respecto, dijo Julian Barnes: «Durante la guerra de Malvinas, (Borges) nos recordó que la obligación del escritor es decir la verdad más allá de la popularidad. Es lo que hizo con su comentario, brillante y sagaz, de que la guerra no era más que "dos pelados peleándose por un peine"». Aparte de ese comentario, Borges logró sintetizar lo absurdo de los nacionalismos y de las guerras en su poema Juan López y John Ward "Les tocó en suerte una época extraña. El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras. López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote. El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte. Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel. Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen. El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender."

Lamadrid, el inmortal. Lamadrid fue reconocido por propios y enemigos como un valiente. Uno de los personajes más extraordinarios literalmente, es decir, fuera de lo común, y más olvidados de nuestra historia es Gregorio Araoz de Lamadrid. Nació en Tucumán el 28 de Noviembre de 1795. El apellido Araoz, que le venía dado por su madre, era un importante pasaporte en cualquier lugar del país. Se caso con María Luisa Díaz Vélez Insiarte, con quien tuvo nada menos que trece hijos, algunos de los cuales fueron apadrinados por sus futuros enemigos, Juan Manuel de Rosas y Manuel Dorrego. Allá por 1811 se incorporo a las milicias que mandaba el general Belgrano, quien tendría en Lamadrid a uno de sus hombres más cercanos y confiables. Juntos pelearon en las gloriosas batallas de Salta y Tucumán pero también en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Volviendo con aquellas tropas destrozadas obtuvieron las victorias de Colpayo y Costa de Quirbe. Lamadrid no era de estarse quieto y marcho a una nueva campaña al Alto Perú, esta vez a las órdenes de Rondeau. En la batalla de Venta y Media se vio nítidamente la temeridad de Lamadrid que, sin importarle nada, salvo al herido general De La Cruz que estaba a punto de caer en manos del enemigo español. Esta corajeada le valió el ascenso a teniente coronel. También peleo junto al caudillo popular de las Republiquetas del Alto Perú, Vicente Camargo, derrotando a una importante partida de realistas. Volvió a la carga con Belgrano, quien le encargo misiones imposibles, pero el hombre siempre iba por más. El 15 de Abril de 1817, al mando de cincuenta hombres, sitio y ocupo la ciudad de Tarija, tomando prisioneros a tres tenientes coroneles y diecisietes oficiales y un gran parque de artillería. Siguió aquella temeraria campaña batallando sin parar y llego a Tucumán con 386 soldados, más del doble del numero original, porque se le fueron sumando voluntarios en el camino. Belgrano lo ascendió a coronel. Para entonces las batallas por la Independencia ya se mezclaban con nuestras guerras civiles y Lamadrid opto por el bando unitario Sera el gran enemigo de Facundo Quiroga, quien lo derroto en El Tala, el 27 de Octubre de 1826. Aquí ocurrió una de esas escenas de película de la vida de Lamadrid: se le vino encima un pelotón de quince montoneros a los que decidió enfrentar solo. Termino con el tabique nasal roto, varias costillas quebradas, una oreja cortada, una herida punzante en el estomago y un tiro de gracia en la cabeza. En ese momento uno de sus atacantes le entro en duda de si no habían matado nada menos que a Lamadrid, pero eso era imposible. La duda siguió y el hombre convenció a sus compañeros para que regresaran a revisar el cadáver, pero ya no estaba. Sacando fuerzas de vaya a saber donde, el malherido logro arrastrarse muchos metros hasta un rancho y sobrevivir. El Tala fue una derrota tremenda, pero también la partida de nacimiento de la leyenda de “Lamadrid, el inmortal”. Algo de eso había porque para diciembre ya había recuperado no solo la salud sino el mando de su provincia y las ganas de revancha frente a Quiroga, que lo volvió a derrotar en el Rincón de Valladares el 6 de Julio de 1827. Eligio el camino del exilio en Bolivia, pero al enterarse de la sublevación de Juan Lavalle, a fines de 1828, se unió a sus filas pero trato por todos los medios impedir a su alcance el fusilamiento del gobernador derrocado, el federal Manuel Dorrego. La revancha con su pesadilla, Facundo Quiroga, le llegaría en las batallas de La Tablada y Oncativo, tras las cuales desataría su furia y una verdadera y horrenda carnicería contra los montoneros derrotados. Un hecho inesperado pondría en jaque a los unitarios del interior: la captura de su máximo jefe político militar, el general Paz, en el paraje de El Tío, por hombres de Estanislao López. El hecho era tremendamente desequilibrante y Lamadrid debió asumir la jefatura en un contexto muy desfavorable, con la creciente influencia de Rosas en todo el país y el predominio federal en el Litoral. Llegaría la hora señalada también para Quiroga, el Tigre de los Llanos, en la Ciudadela de Tucumán, el 4 de noviembre de 1831. La derrota fue total y Lamadrid marcho nuevamente a Bolivia y de allí paso a Montevideo en 1834. Por uno de esos extraños misterios de la historia, su enemigo, Rosas le encomendó la misión de poner orden en el Norte y limpiar de unitarios aquellos territorios controlados por la “Coalición del Norte”. Lamadrid fue para aquellas latitudes, pero para seguir militando en la causa unitaria con los recursos de la Buenos Aires federal. Lavalle, que venía de fracasar en su intento de invadir Buenos Aires con apoyo francés, decidió unir fuerzas con Lamadrid en Córdoba. Pero los hombres se desencontraron faltamente y Lavalle fue completamente derrotado en Quebracho Herrado y partió a La Rioja; entonces Lamadrid decidió hacerse fuerte en su reducto de Tucumán, desde donde lanzo una ofensiva sobre Cuyo que terminaría en la derrota de Rodeo del Medio el 24 de septiembre de 1841. Luego decidió marcharse a Chile con la ayuda de un notable exiliado, Domingo Faustino Sarmiento. Las noticias corrían muy lentas por entonces y Lamadrid no pudo enterarse a tiempo de que su compañero Lavalle moría asesinado en Jujuy. En 1846 decidió volver a Montevideo para unirse al activo exilio antirosista. Cinco años más tarde seria contactado por emisarios de Justo José de Urquiza para que comandara una de las alas principales de su “ejercito grande”, que pondría fin al periodo rosista en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852. Cuando la tropa hizo oficial su entrada a Buenos Aires hubo un solo oficial llevado en andas por la gente: Don Gregorio Araoz de Lamadrid. Poco después comenzaría a escribir sus celebres memorias que son, junto a las del general Paz, una fuente imprescindible para conocer nuestra historia desde la mirada unitaria. Murió en el Buenos Aires de 1857, pero su cuerpo fue trasladado en su querida Tucumán y depositado en la catedral. Fuente: Articulo "Lamadrid, el inmortal", Revista Viva, Felipe Pigna, 13/05/12
La historia de un beso. Leónidas Breznev, URSS y Erich Honecker, RDA Uno de los más famosos besos de la Historia es el que tuvo lugar entre los líderes comunistas Erich Honecker, de Alemania Oriental, y Leónidas Breznev, de la Unión Soviética, durante el 30 Aniversario de la República Democrática Alemana en Junio de 1979. Pese a la polémica y el ridículo que desató en Occidente, era realmente un signo común de solidaridad socialista, muy usado desde tiempos de Jruschov. Se conoce además que ambos mandatarios eran muy besucones*. Sin embargo, este beso tiene más historia. El buen beso Honecker se había convertido en líder del Partido Socialista Alemán en 1971, tras la caída en desgracia de Walter Ulbricht, gracias al apoyo de Breznev, y en 1976 había llegado a presidente del Consejo de Estado de la RDA, también con ayuda de éste. En el nuevo espíritu de la "détente" (Aflojamiento, Aligeramiento) de los años 70, la Unión Soviética consiguió por parte de Estados Unidos, a cambio de una relajación de las tensiones armamentísticas, el reconocimiento de su área de influencia en Europa del Este. En este ambiente político había lugar para la "Doctrina Breznev", que imponía el derecho de intervención militar soviética en los estados socialistas europeos. Así ocurrió por ejemplo en la invasión de Praga por el Pacto de Varsovia en 1968, ante la pasividad de los aliados Occidentales. Richard Nixon, EE.UU y Leonidas Breznev, URSS Honecker lanzó una serie de reformas económicas en RDA que llevaron al país a un llamado "socialismo de consumo", que resultó en una mejora de la calidad de vida de la población. Aparte de esto, las relaciones con su análogo soviético fueron una verdadera historia de amor. La RDA y la Unión Soviética se necesitaban mutuamente, la primera convirtiéndose en el mayor defensor ideológico del comunismo en una época en la que este sistema se encontraba más que cuestionado. Por su parte, la Unión Soviética garantizaba la intervención del Ejército Rojo en Alemania en el caso de una revuelta popular como la de Praga, algo más que posible dado el número de opositores al régimen de Honecker. Por último, a la RDA le interesaba alejar toda posibilidad de reunificación alemana, por tanto le venía muy bien seguir la política de la "détente". Hoy en día, una versión pictórica del "Beso Fraternal" puede verse en la cara oriental de los restos del muro de Berlín, pintado por Dimitri Vrubel tras la caída. Mirándolo detenidamente, uno puede ver que este beso es de tragedia griega, un beso de los que ahogan, de esos en los que los amantes se comprometen demasiado el uno al otro, pese a saber que no hay ningún futuro en la relación envenenada. Y es que la obra se llama realmente "El Beso de la Muerte", y debajo del dibujo puede leerse el lema "Dios, ayúdame a sobrevivir a este amor letal". Brotherhood Kiss, por Dimitri Vrubel El mal beso Efectivamente, cuando Mijail Gorbachov llegó al poder, el romance terminó. La única ambición de éste era salvar su país de la ruina económica, tras las precarias condiciones en las que lo había dejado Breznev. Tras presentar la serie de reformas de reestructuración (perestroika) y abertura (glasnost) que iba a llevar a cabo, Gorbachov anunció el fin de la Doctrina Breznev: la Unión Soviética ya no tenía voluntad de imponer el régimen político en ningún país de Europa del Este. Mijail Gorbachov En la visita oficial de Gorbachov a Alemania Oriental, en Octubre de 1989, Honecker tenía intención de pedir una ayuda fundamental a la Unión Soviética para mantener el orden en el país. Sin embargo, a su llegada, la relación se había enfriado: el beso protocolario que le dio Gorbachov distaba mucho del de diez años antes. Éste más quería decir "estás solo, amigo". Menos de un año después, la RDA había dejado de existir. Mijail Gorbachov, URSS y Erich Honecker, RDA * Un chiste de la época mostraba a Breznev mirando el avión de un mandatario extranjero que acaba de partir, y exclamando: "Como político, es horrible... pero hay que ver cómo besa!".

Karl Marx como jugador de ajedrez. Karl Marx Karl Heinrich Marx fue un filósofo, historiador, sociólogo, economista, escritor y pensador socialista alemán. Padre teórico del socialismo científico y del comunismo, junto a Friedrich Engels, es considerado una figura histórica clave para entender la sociedad y la política. Texto basado en unas anotaciones de su íntimo amigo Wilhelm Liebknecht Wilhelm Liebknecht (1826-1900) "Al principio del los años 50 (1850), en “nuestra sociedad de los refugiados” se jugó mucho al ajedrez; nos sobraba el tiempo y nos faltaba el dinero, que no podíamos ganar dadas las adversarias circunstancias que atravesábamos. Bueno, bajo la batuta del “lobo rojo” (Marx) que se movía como pez en el agua al haber conseguido entrar en la alta sociedad de ajedrez de Paris y habiéndose iniciado en esta materia, se puso a practicar de forma aplicada “el juego de los sabios” Por supuesto ocurrió, que hubo más que un match apasionado. Quién perdía, no tenía que preocuparse por sufrir una burla. Ya durante las partidas sucedieron momentos unas veces jocosos y otras veces violentos. Cuando Marx se encontraba en apuros, se enfadaba y si perdía una partida, se ponía furioso. Después de la revolución burguesa francesa de 1848, se vio obligado como revolucionario a exiliarse con su esposa, hijos y varios amigos, primero a Bruselas y después a Londres, vivieron durante un tiempo en el “Model-Lodginhouse de Old Compton Street" por un módico precio y siempre estuvieron rodeados de un círculo de ingleses, que siguieron nuestro juego con sumo interés. En Inglaterra se cuidaba mucho el ajedrez, especialmente en los círculos de trabajadores - y se divirtieron mucho por nuestra forma alegre y ruidosa de comportarnos en el transcurso del juego. ¡Dos alemanes daban más espectáculo que seis docenas de ingleses! Un día, Marx avisó triunfalmente, que había elaborado una nueva jugada, con la cual nos dejaría a todos anonadados. Aceptamos este desafío. Y efectivamente nos ganó a todos. Lentamente conseguí la victoria por la derrota sufrida con anterioridades y puse mate a Marx. Ya era muy tarde y él solicitó la revancha para la mañana siguiente, a saber en su nueva vivienda. A las 11 horas en punto – muy temprano para Londres en aquella época – me personé en su casa. Marx no estaba todavía en la habitación – seguramente vendría enseguida. La esposa de Marx ausente y una de sus hijas puso mala cara. Antes de poder preguntar, si había pasado algo, entró “el moro” (como le llamábamos afectuosamente), me estrechó la mano e inmediatamente cogió el tablero. Ahora empieza la batalla. Ocurrió que nos alternamos en las derrotas y en las victorias. Un día, la esposa de Marx, Jenny von Westphalen, hermana del ministro de Interior prusiano, se quejó amargamente, que su marido se comportaba de forma inaguantable, siempre que perdía. La consecuencia fue, que no volvimos a jugar para salvar la paz matrimonial." Jenny von Westphalen ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Ahora nos enfrentaremos con una suposición o especulación, basándonos en los archivos de la antigua República Democrática Alemana, que dice que, Karl Marx fue un excelente jugador de ajedrez. La típica conclusión errónea, el ajedrez tiene algo que ver con la inteligencia, admite solo a un jugador de elite con el nombre de Marx en el canon socialista. Lo mejor es justo lo suficiente. Las anotaciones de Liebknecht sirven para manifestar, que Marx perteneció a los pocos, que investigaron la teoría de las aperturas y defensas y por este motivo, debió pertenecer a la elite mundial de aquellos tiempos. Partiendo de esa base, se refleja el siguiente conocido final: Las negras ganan contra Gustav Neumann con Df2+ etc. Gustave Neumann Debemos entender, que no fue solamente una jugada brillante de sacrificio si no que tuvo mucho que ver el alto rango del derrotado. Sin duda alguna, Gustav Neumann fue unos de los mejores jugadores mundiales de aquellos años. Sabemos a ciencia cierta, que Neumann perdió la partida solamente por haber dado ventaja de un caballo a un tal M.Marks. Evidentemente, la adjudicación de esta partida al “padre supremo” Karl Marx vía el idioma ruso, en el cual se escribe efectivamente Marks y Marx de la misma manera, ha provocado este error, que nunca fue aceptado oficialmente hasta la caída del régimen socialista en 1989. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Ernesto Che Guevara y el ajedrez Ernesto Guevara y el Ajedrez. Contaba el Che que cuando tenía once años, en 1939, se estaba jugando en Buenos Aires la VIII olimpiada mundial de ajedrez, que en ese tiempo se llamaba El torneo de las naciones y que hasta su pueblo Alta Gracia llegaban ecos de la fama de Capablanca. Al preguntar de dónde era el gran jugador, le dijeron que de Cuba. Y de allí nació su curiosidad por ese país. Esa olimpiada tiene una connotación muy particular: por esos días se declaró la segunda guerra mundial y muchos de los participantes no pudieron regresar a sus países de origen. Entre ellos recordamos a Najdorf, Pilnik y Eliskases, que le dieron mucho renombre al ajedrez argentino. Volviendo al Che, era tanta su preocupación por promover el ajedrez cubano que fue el principal impulsor de la masificación del juego y el creador del Capablanca in memorian, en el año 62, uno de los torneos más importantes que se juegan por estas latitudes. Recibía a todos los ajedrecistas que llegaban a la isla y jugó con muchos de ellos. Después del primer torneo Capablanca in memorian, jugó en simultáneas con Najdorf, el ganador, y consiguió unas tablas algo tempranas. Incluimos una de sus partidas jugada contra el maestro nacional cubano Rogelio Ortega. Juega con negras el Che. En la jugada 15 gana pieza y en la 22 calidad. 1.Cf3 d5 2.e3 e6 3.d4 Cf6 4.Ad3 g6 5.0-0 Ag7 6.b3 0-0 7.Ab2 b6 8.Cbd2 Ca6 9.Aa3 c5 10.Ce5 Dc7 11.Tc1 Cd7 12.f4 Cb4 13.Axb4 cxb4 14.e4 Dc3 15.Cdf3 dxe4 16.Axe4 De3+ 17.Rh1 Dxe4 18.Cg5 Dd4 19.c4 bxc3 20.Txc3 Ab2 21.Cgf3 Tac8 22.Td3 Aa6 y las blancas abandonan. Esta partida aparece en World Chess Links, curiosidades del ajedrez, donde entre otras curiosidades se puede ver una partida de Karlos Marx, del año 1867, conduciendo las blancas, en un gambito de rey, sacrificando caballo en la tercera o cuarta jugada y dando un mate como de problema.
Aquellos periodistas El jueves fue el Día del Periodista. Pocas veces tuve una impresión tan grata. Fue en Santa Teresita, sí, esa ciudad ahí en la costa de mar y arena. Organizado por la Asamblea por los Derechos Humanos, el acto se llevó a cabo en el Instituto de Formación Docente. Eso es lo que vale. La ciudad quedó vacía, el aula magna rebosaba de gente: alumnos entusiastas, docentes, vecinos, obreros, empleados, comerciantes, pueblo, pueblo. Ese instituto de enseñanza es el primer centro educativo que ha levantado un monumento a Rodolfo Walsh. Estuvimos allí. La emoción; corrimos la tela que lo cubría. Hablamos de él. El sentido de solidaridad nos invadió a todos. Su prosa puro coraje. Sus figuras literarias cubiertas de vuelo emocionado. Y su muerte. Para siempre, el héroe del pueblo. Leí un escrito que le dediqué hace ya muchos años. Dije: “No tengo otra forma de definir a Rodolfo Walsh que tomar la frase de Madame de Staël referida a Friedrich Schiller: ‘La conciencia es su musa’. Su conciencia lo seguía a todas partes. (‘Me siento insultado, como me sentí sin saberlo cuando oí aquel grito desgarrador detrás de la persiana’) Ese es el parámetro de su vida: su conciencia. Predestinación de mezclarse con la vida, de meterse. No fue consciente, tal vez, de su predestinación. La sangre que circulaba por sus venas no lo dejaba tranquilo con los productos que le depositaba en el cerebro. Sus mejores cualidades literarias fueron alma y humanidad”. El acto llega a su punto culminante cuando la directora del instituto de enseñanza anuncia a los presentes que los docentes van a proponer darle el nombre Rodolfo Walsh a esa casa de estudios. No hay mejor ejemplo para la juventud, agregué. Y termino a plena voz: “Se acabó el tiempo de llamar a los colegios ‘General Roca’, se ha abierto un claro amanecer al bautizarlos con el nombre de este héroe del pueblo, el periodista ejemplo para todos, Rodolfo Walsh”. Luego, ya en las aulas, me piden que recuerde a otros periodistas ejemplos de creación y bondad en ver a su sociedad. Acabo de cumplir sesenta años en el periodismo. Toda una época más que difícil. Triunfos, despidos, cárceles, gozar de maestros y aguantar a tiranos de escritorio. Nombro al más admirado por mí: Raúl González Tuñón, el poeta de la calle, de la aventura y de los sueños. Recuerdo cuando lo despedimos al jubilarse de su oficio de periodista. Me tocó pronunciar el discurso de despedida, en un bodegón de Barracas, ante la mesa tendida y después del brindis: “Por fin lo tenemos entre nosotros a Raúl. Digo por fin, porque lo tuvimos mucho tiempo entre nosotros en esa enorme redacción que parece un reloj del tiempo con sus ruidos, con sus gritos, con sus apuros, y lo dejábamos escapar. Y él se nos escapaba con su humildad, sus eternas ganas de pasar desapercibido. Se nos escapaba con su paso silencioso, su cabeza poblada de sueños, y se tomaba alguna nube aquí en Barracas –por supuesto sacaba boleto obrero– y se sentaba a la ventanilla del tiempo a observar y amar una vez más a las gentes, a las casas viejas, a las ilusiones y a las esperanzas de esta ciudad. Porque como el mismo Raúl dice en uno de sus versos: ‘El poeta lo es en sus libros y en la calle’. Pero hoy lo hemos atrapado y lo hemos traído aquí con nosotros, sus amigos, que queremos expresarle la alegría que sentimos por su último libro: La veleta y la antena. El pasado, los años ’20, ¡qué tema para Raúl! Buenos Aires con sus calles color sepia, con sus multitudes de alpargatas, de galerita, de cuello duro, con sus anarquistas rojos de bronce quemando tranvías y haciendo saltar panaderías, con su Hipólito Yrigoyen trenzando en la calle Brasil, con sus generales bigotudos, con su clase media buscando que sus hijos fueran abogados, médicos o cadetes navales, con sus conventillos, y sus domingos de hipódromo y fóbal. Se ha caído un tranvía al Riachuelo. Raúl hace sus primeras armas como reportero. Ahí está él en medio de ese mar de llanto, de gritos, de pitadas de barquichuelos y vigilantes, de cadáveres grises y mojados de obreros y costureritas. Y escribirá su primera nota: apenas un recuadro. Que titulará ‘El sándwiche de milanesa’. Y Botana, el director de Crítica, con esa intuición que lo caracterizó, mete ese recuadro, de un puñetazo, en primera página. Y nada como ese recuadro registró el drama injusto que significó esa tragedia: un tranvía de obreros ajusticiados por un Dios incomprensible en un paredón de barro y agua podrida. Raúl se detuvo ante el cadáver de un chico de 12 años, de pantalones parchados. Allí, de un bolsillo le asomaba un paquete: el agua había abierto el papel de estraza y dejaba ver un cacho de pan francés con una milanesa en el medio. Y sobre esa figura, Raúl escuchó un poema triste, trágico, desgarrante. Así, con la sencillez que lo caracteriza exclamó su llameante voz de protesta. Allí, en el sandwich de milanesa, estaba toda la tragedia: estaba el chico que en vez de jugar o estudiar tenía que ir a las cinco y media a trabajar. Como un hombre más. Estaba el drama de la madre preparando, antes de partir, ese sandwich como única ayuda, como única protección. Estaba allí toda la injusticia de los hombres para con los hombres, y, lo peor, para con los hijos de los hombres. Estaba todo: la vida y la muerte. Y tal vez, esa imagen del sandwich de milanesa que quedó allí intacto, mojado en el pantalón de un obrerito muerto, es lo que impulsó a Raúl a hacer ésa, su vida consecuente de poeta revolucionario. Raúl, el periodista poeta, en su día”. También recordé el jueves a otro periodista con quien compartí horas y horas de labor en el Congreso de la Nación: Gregorio Selser. De periodista a escritor. Uno de los mayores historiadores de las gestas latinoamericanas revolucionarias. Su Pequeño ejército loco describe la gesta de Augusto César Sandino. Es sin duda uno de los mejores testimonios de esa gesta latinoamericana. A ese libro seguiría una serie relatando todas las gestas revolucionarias de nuestro continente. Toda su vida se pasó consultando archivos y juntado documentación. Cuando Gregorio Selser se suicidó para librarse de una enfermedad mortal, el 27 de agosto de 1991, perdimos a uno de los mejores periodistas e historiadores latinoamericanos. Ante su muerte escribí: “No aprendiste la lección y mientras te defendías con tu humilde sueldo de redactor anónimo comenzaste a escribir, pero primero te dedicaste a tu oficio preferido, a juntar papeles, y después a volcarlos, interpretarlos e informar en un infinito teclear de tus dedos. Y ya te metiste en tu casamata y Marta, tu compañera, el ángel bueno, a ordenar tus papeles y tu vida. La fiebre ya no te pudo dejar. Rogelio García Lupo me dijo a modo de presentación: ‘Aquí, Gregorio Selser, profesión, juntapapeles’. ‘¿Papeles, de dónde?’, pregunté yo en forma un poco torpe. Y vos, Gregorio, me respondiste con infinita candidez: ‘De Latinoamérica’”. En mi escrito, ante su muerte, finalicé diciendo: “Para vos, Gregorio Selser, no habrá paraíso. Porque sabés muy bien que el único paraíso es la búsqueda, la lucha por ese paraíso en la Tierra. Pero en la memoria –esa que no se agota cuando los notables abandonan al muerto después de los discursos– quedarás para siempre, como el boletinero mayor de la eterna revolución latinoamericana, y te acompañará para siempre el pequeño ejército loco con Augusto César Sandino, su general de hombres libres que seguirá luchando por la Libertad por los siglos de los siglos”. Tres periodistas con la vocación de servir a su sociedad, para mejorarla, no para mantenerla con sus actuales vicios. Otro ejemplo, muy olvidado, se llamó Emilio Corbière, el socialista, un luchador como pocos en buscar caminos y encontrar soluciones. Por fin, se acaba de realizar un homenaje a tan digno hombre de búsquedas en infinitos artículos plenos de sugerencias e ideas. Una jornada de logros recordando a las mentes que trataron de forjar nuevos caminos en un mundo que todavía no encuentra la senda para la paz definitiva, que no puede ser otra que acabar con las diferencias sociales entre los seres humanos. Por Osvaldo Bayer. "con la vocación de servir a su sociedad, para mejorarla, no para mantenerla con sus actuales vicios"