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E. J. Hobsbawm "La Era Del Imperio”

E. J. Hobsbawm "La Era Del Imperio” (1875-1912)
Cap.7 “quien es quien o las incertidumbres de la burguesía”



Los miembros de la exitosa clase media se caracterizan por ser: los hombres de negocios, las profesiones liberales y los niveles mas elevados de funcionariado; que no aspiraban necesariamente a conseguir el status de la aristocracia ni las recompensas materiales de los mas ricos, pero cuya situación les situaba muy por encima de aquellos que para quienes comprar una cosa significaba tener que olvidarse de otras.
Su forma de vida solo llego muy tarde a ser «burguesa», pues se inició primero en su periferia que en su centro y como una forma y un estilo de vida específicamente burgués, sólo triunfó momentáneamente.
Ese nuevo estilo de vida se centraba en la casa y el jardín en un barrio residencial, que hace mucho tiempo ha dejado de ser específicamente «burgueses ».
La casa ideal de la clase media seria una casa de campo urbanizada o suburbanizada «la villa» o incluso el «cottage» en un parque o jardín en miniatura y rodeado de espacio verde
La «villa» difería de su modelo original, la casa de campo de la nobleza, en un aspecto importante, a parte de su escala más modesta y reducible, estaba diseñada para la vida privada y no para el brillo social y la lucha por el status. El hecho de que esas colonias fueran comunidades formadas por miembros de una misma clase aisladas topográficamente del resto de la sociedad, hacia más fácil concentrarse en las comodidades de la vida.
Las “ciudades jardín” y los “barrios jardín” diseñados por planificadores anglosajones socialmente idealistas se realizaban de la misma forma que los barrios construidos específicamente para apartar a las clases medias de las demás clases inferiores.
Para la nobleza sus edificios eran los revestimientos del poder. Habían sido diseñados para poner de relieve los recursos y el prestigio de un miembro de la elite dirigente ante los demás miembros y ante las clases inferiores y para organizar los negocios de influencia y dirección.
En esas casas la vida privada era inseparable de la vida pública con funciones públicas y, por así decirlo, diplomáticas y políticas reconocidas. Las exigencias de esas funciones tenían prioridad sobre las comodidades del hogar. La vida privada y la presentación pública de status no podían ser cosas diferentes.
Los miembros de las clases medias del periodo preindustrial estaban excluidos de esas tentaciones por su status social inferior, si bien respetable, o por sus convenciones puritanas y pietistas.
Fue la prosperidad de del crecimiento económico de mediados de siglo lo que les sitió cerca de los triunfadores, pero imponiéndole al mismo tiempo un estilo publico de vida modelado sobre el de las elites más antiguas.

Cuatro factores impulsaron la aparición de un estilo de vida menos formal y más privado:


1. La democratización de la política, que quebrantó las influencias públicas y políticas de todos los burgueses, excepto los más importantes. En algunos casos la burguesía se vio obligada a retirarse por completo de una política dominada por los movimientos de masas o por unas masas de votantes que se negaban a reconocer su influencia. Cuando la burguesía conservó su poder político fue, pues, porque utilizó su influencia y no porque pudiera conseguir adeptos.
2. Cierto debilitamiento de los lazos entre la burguesía triunfante y los valores puritanos que tan útiles habían sido para la acumulación de capital en el pasado y a través de los cuales la clase se había identificado tan frecuentemente y había marcado sus distancias respecto al aristócrata hogazán e inmoral y respecto a los trabajadores perezosos y borrachos. Esto se debió a que la burguesía ya tenia dinero, el que podía provenir de inversiones, cuya naturaleza podía ser oscura, o con frecuencia era heredado o distribuido entre hijos y parientes femeninos que no trabajaban. En gran medida, la burguesía de finales del S. XIX era una clase ociosa. Incluso algunos que si ganaban dinero no tenían que dedicar mucho tiempo para conseguirlo, desde luego si lo obtenían a través de las actividades bancarias, financieras y especulativas. En definitiva, gastar dinero pasó a ser una actividad cuando menos tan importante como ganarlo para conseguir comodidad y diversión.

3. Cierto relajamiento de las estructuras de la familia burguesa , que se reflejó en cierta emancipación de las mujeres dentro de ella y en la aparición de grupos de edad entre la adolescencia y el matrimonio como una categoría más separada y más independiente de “jóvenes” que, a su vez, ejercieron un poderoso influjo en el arte y la literatura. Las palabras juventud y modernidad llegaron a ser casi intercambiables en algunos casos, y si el termino modernidad quería decir algo, significaba un cambio de gusto, d decoración y de estilo. Ambos fenómenos comenzaron a apreciarse entre las clases medias acomodadas en la segunda mitad del siglo y se hicieron evidentes en las dos últimas décadas.

4. El importante incremento del número de aquellos que pertenecían, afirmaban pertenecer o aspiraban apasionadamente a pertenecer a la burguesía: en definitiva, de la CLASE MEDIA como un todo. Una de las cosas que vinculaban a los miembros de esa clase era cierta idea de un estilo de vida fundamentalmente domestico.



La democratización, la aparición de una clase obrera con conciencia de si misma y la movilidad social plantearon un nuevo problema de identidad social para aquellos que pertenecían o deseaban pertenecer a uno u otro estrato de esas CLASES MEDIAS. Con esta movilidad social y el declive de las jerarquías tradicionales que determinaban quien pertenecía y quien no a un «estamento» o «capa media» de la sociedad, los límites de esa zona social intermedia se hicieron borrosos.
La dificultad residía en el número creciente de quienes reclaman el status burgués en una sociedad en la que, después de todo, la burguesía constituía el estrato social más elevado. Incluso cuando la vieja nobleza territorial no había sido eliminada o privada de sus libertades, su perfil en los países capitalistas desarrollados era ahora claramente más bajo que antes. Incluso las monarquías antiguas y bien arraigadas admitían que el dinero era ahora un criterio de nobleza tan útil como “la sangre azul”.
La dificultad mayor apareció con la extraordinaria expansión del sector terciario , del empleo en oficinas públicas y privadas, este era un trabajo subalterno y remunerado mediante un salario, pero que al mismo tiempo no era manual, exigía una preparación educativa formal, aunque fuera modesta, y sobre todo era realizada por hombres e incluso por algunas mujeres, que en su gran mayoría se negaban a considerarse parte de la clase obrera y aspiraba, muchas veces a costa de un gran sacrificio al estilo de vida de la respetable clase media. La línea de demarcación entre esta “nueva clase media baja” de “empleados” y el nivel más elevado de las profesiones liberales, e incluso de las grandes empresas que empleaban cada vez más a ejecutivos y administradores asalariados, planteó nuevos problemas.
La gran mayoría de los miembros de esas clases medias, al menos en la medida en que todos ellos eran producto del periodo transcurrido de la doble revolución tenían una cosa en común: la movilidad social, en el pasado o en el presente formando los “nuevos estratos sociales”.

CRITERIOS RECONOCIBLES PARA LOS MIEMBROS REALES O POTENCIALES DE LA BURGUESÍA O LA CLASE MEDIA.

Los miembros reales o potenciales de la clase media fueron cobrando cada vez mayor importancia en tres criterios fundamentales para determinar la pertenencia a la burguesía.
Todos tenían que cumplir dos condiciones:
 Tenían que distinguir claramente los miembros de las clases medias de los de la clase trabajadora, campesinos u otros dedicados al trabajo manual.

 Tenían que proveer una jerarquía de exclusividad, sin cerrar la posibilidad de acceder a los peldaños de esa escala social. Como por ejemplo la forma de vida y una cultura de clase media, o la actividad del tiempo de ocio y especialmente la nueva práctica del deporte. Pero el principal indicador de de pertenencia social paso a ser la educación formal.
Lo que importaba era la demostración de que los adolescentes podían posponer el momento de ganar su sustento. El contenido de la educación era secundario y el coste de la educación era ya un indicador social.
La educación formal, a ser posible culminada con algún titulo, había carecido hasta entonces de importancia en el desarrollo de la burguesía, excepto en el caso de las profesiones cultas dentro y fuera de la burocracia y que se formaban en las universidades.
Desde el punto de vista de los negocios iniciarse en la práctica de los negocios lo más pronto posible, adquirir apoyo económico y experiencia, dejando de lado la educación era lo mas recomendado.

La gran burguesía, antigua o nueva, no tenia muchas dificultades para organizarse como una elite, pues podía utilizar métodos similares a los que utiliza la aristocracia, e incluso, los mismos mecanismos de la aristocracia. Desde luego cada vez mas frecuente, era coronar el éxito en los negocios integrándose en la clase de la nobleza, al menos a través de sus hijos e hijas y, si no, adaptando el estilo de vida aristocrático. El dinero se convirtió en su principio básico. La gran burguesía utilizaba el mecanismo de la aristocracia, y los de cualquier otro grupo de elite, para sus propios objetivos.
Las escuelas y las universidades realizaban su autentico papel socializador entre aquellos que ascendían por la escala social y para aquellos que poseían de por si un status burgués.
El problema de la autentica clase media alta era que la expansión general de la entrada a la educación superior no proporcionaba distintivos de status lo bastante exclusivos. Al mismo tiempo la burguesía no podía separarse formalmente de las clases inferiores, por que su estructura debía mantenerse abierta a nuevos aventurados y por que necesitaba movilizar, o al menos conciliar, a las clases media y media baja contra la clase obrera, cada vez más activa. “la clase media no solo estaba creciendo, sino que había alcanzado una dimensión enorme. La conflictiva era que esta unión no se dio, así pues, en un sistema cuyo ingreso estaba abierto, había que establecer círculos informales, pero definidos de exclusividad.
Las escuelas exclusivas comenzaron a reclutar grupos muy exclusivos de estudiantes por parte de asociaciones privadas como los “korps” estudiantiles o las más prestigiosas fraternidades que adoptaban nombres del alfabeto griego. Así la burguesía de de finales del siglo XIX era una curiosa combinación de de sociedades educativamente abiertas y cerradas: abiertas, puesto que el ingreso era posible por medio del dinero, o incluso (gracias a la existencia de becas u otros mecanismos para los estudiantes pobres) los méritos, pero cerradas por que se entendía claramente que algunos círculos eran mucho más que otro.
Para aquellos que trataban de ascender hacia la gran burguesía, esos mecanismos de socialización garantizaban la pertenencia segura de sus hijos a esa clase. La educación académica de las hijas era opcional y no estaba garantizada fuera de los círculos liberales y progresista. Pero también tenía algunas ventajas prácticas innegables.
La escuela era la escala que permitía seguir ascendiendo a los hijos de los miembros más modestos de las capas medias. En cambio, muy pocos hijos de campesinos, y menos todavía de trabajadores, pudieron llegar por encima de los peldaños más bajos, incluso en los sistemas educativos más meritocráticos.



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