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Torpe ensayo sobre una teoria del Estado Capitalista

Ciencia Educacion1/17/2014
Gente de taringa!, les dejo un pequeño aporte que se desprende de un trabajo para la facultad, y tiene que ver con una pequeña monografia en base a la obra de Guillermo O'donnell,, "Apuntes para una Teoría del Estado", la cual me había quedado guardada en la pc, y pensé que quizá sea útil para alguien que lo necesite.

Aquí se lo dejo:


Torpe ensayo sobre una teoria del Estado Capitalista
Guillermo O'donnell


Primera Sección: Sociedad y Estado.



Bases de la Dominación.


En el presente capitulo se intentará demostrar la asimetría existente en cuanto al acceso a los recursos de dominación. Tal desigualdad surge principalmente de la articulación de la sociedad en clases sociales donde la apropiación del valor producido por la fuerza de trabajo por parte de una de ellas es acaparada por la otra, lo que representa una relación social contradictoria que no es reconocida por los sujetos sociales.
Tal mencionado acceso a los recursos de dominación se establecen de dos maneras diferentes: la primera de ellas directamente en función de la posición de clase, y luego por la probabilidad diferencial de lograr situaciones, es decir, mediante la posesión de capital simbólico, cultural, económico, etc., en términos de Bourdieu, y que permiten acceder a otros recursos de dominación.
Esta invisibilidad de dominación que supone la explotación de una clase sobre otra mediante la dualidad capital – trabajo se basa también en el encubrimiento de la fuerza coactiva de un tercer actor: el Estado. Este ultimo, cristalizado en instituciones aparece como una exterioridad imparcial en la relación social contractual entre los actores antes mencionados como garante del cumplimiento del contrato mediante su capacidad de coacción, lo que, como sabemos, no hace mas que asegurar la reproducción de la relación de explotación y dominación, volviendo al estado parte intrínseca de la articulación social antes nombrada.



Aspectos y Sujetos Sociales Concretos.

Tanto el trabajador se ve desposeído de los medios de producción como el capitalista de los medios de coacción. Quien ejerce tal tarea es el estado capitalista. Aunque existe en cierta forma una suerte de coacción económica dada por no por la obligación sino por la necesidad del trabajador asalariado. Tal necesidad es requisito para su supervivencia, dada la manera en que se encuentra articulada la sociedad, como la no obligación a consagrar el contrato una condición necesaria para la aparente igualdad formal de las partes.
De esta manera, el estado presumiblemente imparcial es un estado capitalista. Esto se desprende de la función de garante de las relaciones de producción capitalistas que reproducen la articulación de clases sociales que constituyen la especificidad clasista de la sociedad capitalista.


Organización.

La relación capitalista - trabajador aparece como simplemente económica y lo estatal como interviniendo desde afuera. Así se produce la escisión sociedad – estado y la recíproca externalidad aparece como el fundamento principal del encubrimiento del estado como garante de la dominación. El estado se vuelve de esta manera articulador y organizador de la sociedad de clases, siendo el límite negativo de las consecuencias socialmente destructivas del exceso de acumulación de la clase dominante y así garante de su reproducción como tal.
Por otra parte el estado capitalista como encargado de las inversiones sociales o no económicas, como salud, educación, obra pública, etc., es quien asegura la reproducción sistemática de la fuerza de trabajo, configurando un marco que permite el afianzamiento del sistema de clases. De esta manera se asume como externalidad a las relaciones de producción entre actores “privados”, mostrándose como expresión de una racionalidad no capitalista, distinta a la de estos últimos.
Las objetivaciones del estado pueden también materializarse en relaciones sociales típicas como lo es la compraventa de fuerza de trabajo como mercancía.
Para lo anterior es necesario que se consagren tales relaciones contractuales entre sujetos jurídicos formalmente iguales para lo cual es central la función del derecho racional formal moderno como objetivación del estado para la reproducción de esta lógica de dominación. El derecho racional formal se vuelve así un tejido organizador de la sociedad.
De esta manera la capacidad coactiva del estado capitalista se materializa, se objetiva, tanto en su instituciones como en el derecho arriba nombrado, quienes no solo reproducen las relaciones de dominación sino que también se invisibilizan como mecanismos coactivos, se fetichizan, aparecen como ajenos a tales relaciones.


Exterioridad.


Como ya se ha expuesto, las relaciones de dominación no son solo económicas, sino que también políticas e ideológicas. Tampoco lo son las relaciones capitalistas de producción, y esto fundamentalmente se desprende de la consideración falsa que distingue lo público de lo privado, siendo esto ultimo expresión de lo no estatal. La falsedad de tal afirmación descansa en que el estado o “lo político” no es exterior a la sociedad, sino que es parte intrínseca de la misma, por lo tanto mediante sus instituciones y el derecho racional moderno aseguran y reproducen tales relaciones de dominación. Por lo tanto es el estado quien también articula y organiza la sociedad de clases y las desigualdades que esta contiene.
La dominación y la coacción tienden a no aparecer explícitamente en el estado y en la sociedad, sino como difusa coerción económica. Lo que se aprecia es un “(…) orden jurídico cristalizado al que pueden apelar todos los sujetos libres e iguales, y expuestos a coerción solo cuando intentan violarlo”.


Racionalidad Acotada.

El Estado capitalista es un fetiche en tanto aparece subsumido en sus objetivaciones, por lo cual aparece desligado de su primordial imbricación en la sociedad. Aquí nos planteamos si es correcto afirmar que las instituciones expresan desde su propio plano la condición capitalista de éste y de qué maneras. Para ello retomaré a Margareth Wirth, que indaga en cómo el Estado podría conocer las condiciones de su capacidad de reproductor social del capitalismo, para mantener el sistema.
La “racionalidad acotada” del ser humano es consecuencia de sus limitaciones cognitivas, en relación con sus propias carencias, y con la multidimensionalidad del mundo social; así, el método típico de toma de decisiones que utiliza es el de pruebas y errores.
El Estado mantiene una relación de “complicidad estructural” con la sociedad, mediante la cual garantiza y organiza la reproducción de la sociedad capitalista y es parte a su vez de las relaciones capitalistas de producción. La sociedad capitalista es un sesgo sistemático y habitual hacia la reproducción y también lo es el Estado, como derecho, en tanto cristalización codificada de la igualdad formal y de la propiedad privada, como presencia tácita de recursos de poder por si la relación de dominación falla y como uno de los anclajes para la ideología de una sociedad capitalista que no es pensada como dominación y explotación.
Las instituciones actúan sistemáticamente hacia la garantía y reproducción de su sociedad capitalista que va a estar impreso en el Estado, mediante la administración burocrática cumpliendo tareas de rutina de organización general de la sociedad y como respuesta a situaciones percibidas como “crisis”. Se entiende por “crisis” las rupturas del “orden” y desde el punto de vista económico, los obstáculos interpuestos a la acumulación del capital. Esto se comprende en contraposición con la “normalidad” y naturalidad de la sociedad capitalista, que mediante la “solución” a cada problema se restaura dinámicamente, lo cual constituye otro plano de complicidad estructural.


Contradicción.

El estado capitalista es contradictorio. Lo es porque es parte fundamental de una relación social contradictoria. Al aparecer como un tercer sujeto social capitalista, el estado se presenta como exterioridad neutral desligado de dicha relación mediante el derecho racional y sus instituciones lo que supone este fenómeno de fetichización de estos últimos. De esta manera las relaciones capitalistas de producción se muestran como no coactivas y solo económicas y se desliga del carácter coactivo que si ejercen las instituciones estatales en tales relaciones, mostrándose estas últimas como mediadoras o garantes de los vínculos de producción privados.
La escisión entre lo público y lo privado es central para que el poder ejercido por el primero, el estado cristalizado, no se observe como garantía de dominación.
Así el estado capitalista deberá fetichizarse, mostrarse separado de la sociedad civil, lo que se vuelve fundamental y necesario para encubrirse como dominación, mediante la legitimación que se le otorga como mediador de las relaciones de producción. “Las contradicciones del estado capitalista es ser hiato y, a la vez, necesidad de mediación en la sociedad civil.”




Segunda Sección: Mediaciones entre Estado y Sociedad.


Introducción


Entendido el Estado como un aspecto de ciertas relaciones sociales y que su verdadera imbricación con los sujetos es a través de estas relaciones, este es un aspecto más general tanto de los sujetos como de sus relaciones.
La condición del Estado como garante y organizador de la sociedad capitalista tiende a ser negada por mediaciones que reengarzan a Estado y sociedad de maneras que ignoran los clivajes de clase y arrinconan a la sociedad en lo “privado” y fundamentalmente económico. Las mediaciones, definidas como modalidades de constitución de sujetos colectivos en las que suelen anclarse solidaridades de un nivel de generalidad que corresponde al Estado y que están puestas sobre el fraccionamiento de la sociedad, son el fundamento y referente del Estado cosificado en sus instituciones.
Por fundamento del Estado, comprendemos al sustento de su control de recursos de dominación y de su pretensión, respaldada por esos recursos, de ser habitualmente obedecido. Por referente del Estado, los sujetos y relaciones sociales a cuyo interés de vigencia y reproducción sirve.
El Estado capitalista es el primer Estado que necesita postular el fundamento de su poder en algo externo a sí mismo, a partir de dos procesos íntimamente relacionados: la expansión del capitalismo en Europa y la victoriosa reivindicación burguesa de sólo obedecer a un poder consensualmente formado. Tanto el fundamento como el referente del Estado capitalista, se sitúan al nivel analítico de la sociedad.
El Estado que presenta una contradicción específica, ya que es a la vez escisión aparente de la sociedad y tendencia a superarla, devuelve esta condición a través de las mediaciones a la sociedad, que no es más que la postulación de igualdad abstracta y concreta en su fundamento y referente. El sujeto social, regresa al plano de la política y de lo público, a través de las mediaciones, predeterminado por una identidad distinta de la que es: sujeto plasmado por relaciones de dominación en la sociedad.

La ciudadanía, fundamento del Estado capitalista

El Estado capitalista postula su fundamento en la igualdad abstracta de los sujetos de su territorio; los ciudadanos, que son aquellos que tienen derecho a cumplir los actos que resultan en la constitución del poder de las instituciones estatales.
La ciudadanía se desplegó a lo largo del tiempo, paralelamente al capitalismo, el Estado moderno y el derecho racional – formal, dado que el ciudadano corresponde exactamente al sujeto jurídico capaz de contraer libremente obligaciones.
La ciudadanía se presenta como la negación de la dominación en la sociedad, ya que todo ciudadano está implicado en la formación del poder estatal corporizado en derecho e instituciones, participación que se convierte en fundamento de un poder sesgado hacía la reproducción de la sociedad y de la dominación de clase que la articula.
La ciudadanía no puede ser referente del Estado, debido a que su condición de máxima abstracción en las mediaciones entre Estado y sociedad, le impide imputarle un interés general en el plano concreto de lo que las instituciones estatales hacen y dejan de hacer, ya que un sujeto enteramente descarnado no puede portar intereses concretos.

La nación, referente del Estado

La nación es una generalidad concreta definida como el arco de solidaridades que une al “nosotros” definido por la común pertenencia al territorio acotado y por la contraposición respecto de los “ellos”, donde el Estado es un factor de cohesión basado en el reconocimiento de ese “nosotros”.
El Estado, reedificado en sus instituciones aparece como un Estado – para – la – nación, en un doble sentido: como delimitación frente a otros Estados nacionales y como pretensión de ser el agente privilegiado de custodia, interpretación y logro de los intereses generales de la nación. El Estado no es de y para la sociedad, ya que se presenta como el “resumen oficial”, la fachada majestuosa de la sociedad, cuando se aleja de ella y reaparece como síntesis activa de la nación.
Cuando el Estado se enlaza con la nación es cuando la sociedad puede quedar arrinconada con lo “privado” y económico, ya que expropia a la sociedad como lugar fundante de la dominación. De modo tal que lo político se esfuma de la sociedad, para quedar atado al plano homogeneizante e indiferenciado de Estado y nación.
Postular a la nación como una colectividad superior a los intereses individuales de la sociedad, conlleva negar las desigualdades como contradicciones. Los intereses y los reclamos individuales deben amoldarse a este “modo de ser” que presupone la nación, que históricamente lleva a la reproducción de la sociedad capitalista, debido a que las decisiones estatales invocan los intereses colectivos de la nación y saltan por sobre las raspaduras de la sociedad, negando su articulación contradictoria y desigual.


El pueblo, ambiguo fundamento y referente del Estado

El pueblo es otra solidaridad colectiva que suele mediar entre Estado y sociedad; quienes se reconocen como pueblo, son los pobres, los seres comunes y los no privilegiados.
El logro del interés de la ciudadanía se reparte de manera desigual, y por lo tanto genera demandas de justicia sustantiva, así como se pretende que las instituciones actúen en sentido equiparador favoreciendo a los desposeídos.
Lo popular según el autor, presenta ambigüedades, que se relacionan en principio con que el arco de solidaridades está por encima de los clivajes de clase ya que abarca a los que se reconocen como desposeídos y al mismo tiempo, este reclamo de justicia se hace en contra de los otros que también son miembros de la nación; los ricos. En este sentido, el discurso igualitario del Estado capitalista, choca con las evidentes desigualdades y replantea de forma continua la posibilidad de reemergencia de lo popular. Al reunir sujetos sociales por otras razones que no son su verdadera condición de explotados, el Estado puede aparecer como acogiendo lo popular, dado que actúa como garante y organizador de las relaciones sociales y se constituye en custodio de las clases subordinadas. De este modo se facilita su reproducción como clases subordinadas y las instituciones pueden aparecer como tutoras de estas clases.
Frente a los reclamos de justicia sustantiva, el discurso igualitario y las desigualdades evidentes, presupone un escenario en el cual las clases subordinadas se reconocen como tales. Por lo tanto, el autor plantea que, lo popular es al mismo tiempo velo de la realidad profunda de la sociedad y del Estado, y punto posible de tránsito hacia su descubrimiento. Por lo tanto, lo popular es una mediación menos “digerible” para el Estado capitalista y para la dominación, que la ciudadanía y la nación.
Lo popular, en tanto está ubicado entre ciudadanía y nación, por un lado y clase por el otro, puede ser fundamento y referente de las instituciones estatales, ya que su poder para mandar y coercionar aparece conferido por el pueblo, más que por la ciudadanía. Así, el fundamento del estado son los más desposeídos y al mismo tiempo también suelen ser el referente postulado de ese Estado. Sin embargo, el Estado capitalista sólo puede ser un Estado popular, en determinados momentos históricos.


Encubrimiento y ruptura


Las mediaciones entre Estado y sociedad se configuran como un telón integrador sobre el trasfondo desarticulado de la sociedad civil y sustentar la arquitectura de un Estado fetichizado. Son expresión que llega a la sociedad civil, de la contradicción fundamental de la que deviene el Estado y por consiguiente, de la contradicción que en su cosificación mediante las instituciones, pone por su cuenta al aparecer escindido de su origen.
Ciudadanía, nación y pueblo son de por sí contradictorias, porque su existencia y su efecto encubridor hace del derecho y el aparato estatal, ámbitos para la presencia práctica de las clases subordinadas. Allí, trascendiendo su fraccionamiento cotidiano a la sociedad civil, esas clases pueden reconocerse y constituirse –política como ideológicamente- como tales, y abrir la posibilidad de que descubran el fundamento de su condición.


Quinta Sección: Algunas Conclusiones.

Durante este ensayo se han recorrido dos caminos indispensables para comprender el estado capitalista: el estado como aspecto analítico de la sociedad , el cual se cristaliza en el derecho racional y en sus instituciones, haciéndolo coercitivo o coactivo. De tal modo, entiendo que se vuelve fundamental el carácter de fetiche que asume el estado para su rol de garante, de mediador, y de reproductor de las relaciones de dominación. También es central la escisión entre estado y sociedad civil o entre “lo público” y “lo privado”.
Ya en la segunda sección, Ciudadanía, Nación y Pueblo aparecen como categorías analíticas fundamentales. Aquí el estado se visualiza como organizador del consenso mediante la constitución de solidaridades colectivas, lo cual se traduce en la legitimación de las instituciones estatales como mediadoras.
Las mediaciones recién nombradas son la expresión de la contradicción estatal volviendo al estado como co-constitutivo de las relaciones de producción, aunque, como lo mencione antes, de forma aparentemente invisibilizada.




***




Bibliografía


•O’DONNELL, G. “Apuntes para una teoría del Estado”. 1978. México. Revista Mexicana de Sociología. Nº 4.


Aclaración: El trabajo no es un resumen del ensayo de O'donnell, tiene una elaboracion propia que retoma sus principales conceptos y se reinterpretan, bien o mal, es lo que me sale.

Gente, hasta aqui llego el aporte, con que a un solo taringuero le sirva la tarea estara cumplida. Abrazo.
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