1 dijo:
“Y allí el gaucho inteligente,
en cuanto el potro enriendó,
los cueros le acomodó
y se le sentó en seguida
que el hombre muestra en la vida
la astucia que Dios le dio”
Introducción:
En los años que van desde 1860 a 1883 en Buenos Aires, París, Nueva York, se produce una rebelión al proceso tradicional político, a la cosificación del ser humano y al dolor de la toma de conciencia de una minoría carente de privilegios, tanto sociales como económicos. El campo parece estar al margen del conflicto. No interesa como parte integrante del proceso histórico; es la infraestructura que se da por descontada en su aparente pasividad. José Hernández es autor además de Martín Fierro de un libro eficiente para las labores campesinas Instrucción del estanciero y Vida del Chacho, donde volcó su tremenda pasión partidaria. Fundó un periódico El Río de la Plata, de muchísima trascendencia en la vida política de su época porque escribieron en él destacados hombres de letras del país. De muy joven, José Hernández, debió radicarse en un establecimiento rural de la provincia de Buenos Aires en busca de salud. Allí conoció profundamente el paisaje pampeano, la vida campesina, al gaucho, sus costumbres y sus necesidades, lo que le valió un conocimiento realista para hacerlo valer en su extraordinario poema. Este conflicto se refleja en la mayor parte de la narrativa, como en el Martín Fierro (1872) ya nombrado. Ésta revela a un gaucho idealizado, de espíritu noble, conocedor de la vida, quien en su causa es respetado por los paisanos por su fuerza física y moral. El peón se nos presenta en relación con sus tareas específicas, imposibilitado en su condición social, en conformidad con la estructura dirigente. Por lo tanto, vemos que la propiedad del campo se ha manifestado siempre por el ejercicio de un poder que cubre una estructura fija integrada por tierra, vivienda, ganado, maquinaria y seres humanos.
Después de la lectura de la obra, el propósito de este trabajo será verificar como era la vida del gaucho en la época del libro (1872) en Argentina. Utilizando como método la comparación con la historia del país y la visión de los pobladores del momento.
Antes de comenzar el análisis me parece importante mencionar algunas características sobre el gaucho, con el fin de observar como se reflejan en el personaje. Se lo ha definido como el hombre habitante de los campos de la región del Río de la Plata, cuyas principales habilidades están relacionadas con el dominio del caballo y todas las actividades de pastoreo. Generalmente se lo describió como pobre, libre e independiente a causa de su misma pobreza y de sus pocas necesidades, corto de palabras, cauto para comunicarse con los extraños y supersticioso en sus creencias.
Valores como la libertad, valentía, honradez, lealtad y hospitalidad, han formado parte de la ética gauchesca, y no ponemos en duda que estas virtudes hayan sido lo común en los hombres que forjaron la identidad de las naciones de Uruguay y Argentina. En el fondo de la cultura nacional de los países del Río de la Plata está viva la imagen arquetípica del gaucho que muchos pintores han concebido desde el principio de la nacionalidad.
Una misma sociedad, distintos niveles:
Esta obra presenta varias características de cómo era la vida en el campo en el período antes mencionado. Podemos señalar entre ellas, los distintos estados de la sociedad. En el escalafón más alto se encuentran los ciudadanos (criollos), que son aquellos que viven en las ciudades y que poseían educación y un trabajo fijo.
En el tercer escalón encontramos a los indios, quienes se hallaban en al casi mismo nivel que los gauchos, eran vistos como un peligro para el progreso, ya que eran frecuentes sus ataques hacia las haciendas del Sur, las cuales saqueaban. Podemos notar lo antes explicado en el siguiente fragmento:
2 dijo:
“Y cuando se iban los indios
con lo que habían manotiao,
salíamos muy apurados
a perseguirlos de atrás;
si no se llevaban más
es por que no habían hallao.
Allí si se ven desgracias
y lágrimas y afliciones;
naides le pida perdones
al indio, pues donde dentra
roba y mata cuanto encuentra
y quema las poblaciones.”
Por último, en el estadio medio se encontraban los gauchos, los jinetes de la pampa. Arreaban al ganado, no tenían un empleo fijo, trabajaban para aquellos terratenientes que requerían de sus técnicas y habilidades en el campo. Pero al mismo tiempo eran mal vistos por los ciudadanos, porque no tenían educación, eran violentos, siempre con una faja en su cintura y ante cualquier entredicho no dudaban en batirse a un duelo, para demostrar cuál era el más valiente.
3 dijo:
“A la primer puñalada
el pampa se hizo un ovillo:
era el salvaje más pillo
que he visto en mis correrías,
y, a más de las picardías,
arisco para el cuchillo”
Este hecho era repudiado por los ciudadanos más cultos, ya que lo veían como un acto salvaje y creían que hacían quedar al país como bárbaro, inculto, irracional, primitivo. José Hernández no deja de mencionar lo dicho utilizando como medio a Fierro, quien explica con claridad como veían los criollos al gaucho argentino:
4 dijo:
“Lo miran al pobre gaucho
como carne de cogote:
lo tratan al estricote
y ansí las cosas andan,
porque quieren los que mandan
aguantemos los azotes.”
La construcción del personaje Martín Fierro
Al comienzo, Martín Fierro intentará reconstruir su personalidad frente al lector. Explicará y justificará su vida errabunda, sus persecuciones y su drama, nos muestra sus pensamientos, conceptos sociales y una filosofía básica. Se hace gala del saber, tal como vemos en:
5 dijo:
“Yo soy toro en mi rodeo
Y mi torazo en rodeo ajeno.
Siempre me tuve por güeno
Y si me quieren probar
Sangan otros a cantar
Y veremos quien es menos”
Se hace derroche de una suficiencia varonil y de un conocimiento, así como también, remarca y pone sobre lo demás la valentía y hombría,
6 dijo:
“En el peligro ¡qué Cristo!
El corazón se me ensancha.
Pues toda la tierra es cancha
Y de esto naide se asombre:
El que se tiene por hombre
Donde quiera hace pata ancha”
Al verse desafiado por el indio, no duda en accionar y demostrarle quien es el que iba a triunfar y contar la historia al día siguiente. De esta forma, el escritor nos describe casi a la perfección esta situación.
7 dijo:
“Estaba el indio arrogante
Con una cara feroz:
Para entendernos los dos
La mirada fue bastante.”
Asimismo, el autor ve a nuestro personaje emblemático como una voz que emerge pero que no llega al Gobierno. Para que lo alcance sin límites, debía hacer escuchar su voz, y por esto describe la vida del gaucho argentino en el Martín Fierro. El gaucho se encuentra en un mundo que se debate en la impotencia, fuera del amparo del hombre y de Dios. Podemos decir que la obra tiene un menester crítico social y de justicia, es la voz que clama en el desierto. Tiene puje por zafarse de él, sortearlo, alcanzar los núcleos civilizados. Muestra, desde dentro la tragedia del campo y su desamparo, un momento oscuro de nuestra vida, donde es incipiente aún la organización social y política y por eso se acentúa el abuso del mando del Juez o del Comandante Militar.
El poema de José Hernández describe con dolor y deleitable pasión las escenas de la tarea campesina. Por lo tanto, notamos que no solo describe su personalidad, sino también el trabajo y el medio en que el personaje se mueve:
8 dijo:
“Y mientras domaban unos
Otros al campo salían,
Y la hacienda recogían,
Las manadas repuntaban
Y ansí sin sentir pasaban
Entretenidos el día.
¡Ah, tiempo si era un orgullo
Ver jinetear un paisano!
Cuando era gaucho baqueano
Aunque el potro se voliase
No había uno que no parase
Con el cabresto en la mano”
Otra gran virtud del gaucho que plantea magistralmente Hernández es la de hermandad, que permanece viva hasta en el más crudo desierto y perdura hasta pasada la mismísima muerte. El escritor logra plasmar esta característica del héroe épico gauchesco transferido en Martín Fierro en el momento en que se cuento lo sucedido al sargento Cruz. Éste, hermano del camino de Fierro, cae enfermo y luego de vivir momentos de agonía muere, en brazos de su amigo, luciéndose como una hermosa flor del desierto.
9 dijo:
“De rodillas a su lao
Yo lo encomendé a Jesús.
Faltó a mis ojos la luz:
Tuve un terrible desmayo:
Caí como herido del rayo
Cuando lo vi muerta a Cruz”
El gaucho es poseedor de muchas y variadas bondades, que el autor sabe manifestar. Entre ellas sobresale la piedad hacia los demás. Observamos que no se manifiesta en las batallas que tiene el gaucho, en donde se hace respetar y ejercer su poder para demostrar que nadie puede ni debe faltarle el respeto. Se hace notoria al comprender que ningún otro individuo hubiera realizado similar acción. Es decir, dicha virtud no se expone explícitamente en el personaje, sino que el lector la nota al estar carente en los demás. Un claro ejemplo de esto es cuando Martín Fierro lucha contra el indio, arriesgando su vida con el único propósito de salvar otra, la de la cautiva.
10 dijo:
“Del lado que venía el viento
Oí unos tristes lamentos.”
Fierro se ve obligado a luchar por la cautiva, por cuestión de honor tal vez, o por cuestión de piedad hacia quienes están desprotegidos, como él, ante el mundo, que los ataca y no tienen manera de defenderse. Así explica Hernández la situación en que la dama le pide, sin emitir palabra, que la rescate.
11 dijo:
“Y me clavó una mirada
Como pidiéndome amparo.”
Conclusión:
El gaucho argentino era muy mal visto por parte de los criollos y la gente culta, que únicamente lo veía como un ícono de la precariedad, de retroceso, como un ancla que ataba al país al subdesarrollo. La única forma, según parece, que tenía el país de progresar era “eliminando” a los gauchos y a los indios. Éstos últimos, como ya mencioné en la introducción a este trabajo, también eran un impedimento para el progreso nacional. Intentaron realizar este plan, enviando a todos los gauchos, como Martín Fierro, a la frontera, para luchar contra los indios, y así, cumplieron dos objetivos en una sola jugada.
Por otro lado, el gaucho era poseedor de virtudes que el criollo no ve ni quiere ver. Los jinetes de la pampa tenían un gran sentimiento de hermandad y de amor nacional. Eran justicieros, aunque muchas veces esa línea era traspasada y se convertían en maleantes, lo cual los perjudicaba doblemente, ya que no solo eran penados por la ley, sino que también eran enviados a la frontera, lejos de sus familias y afectos.
La situación política también era muy turbia, ya que por un lado era frecuente el fraude electoral, así como también que se llevara a los gauchos a votar a favor del gobierno de turno. Si alguno se rehusaba era perseguido y acosado por la policía. Por otro lado, también la situación de los soldados que estaban en la frontera era muy controvertida, ya que les pagaban cada seis meses, y ni siquiera les pagaban a todos, justificando que no estaban en la lista. En estos casos los superiores se quedaban con los sueldos de los soldados y éstos no tenían con quien quejarse ya que se encontraban en el medio del desierto, desprotegidos y prisioneros de su propio país, que los desconocía e ignoraba. Al mismo tiempo los obligaba a hacer respetar la soberanía nacional, aunque esto signifique entregar su vida por aquello que no compartían.
Por último, creo conveniente aclarar que la historia comienza con la voz de un narrador, sin embargo vemos como éste otorga la palabra a Martín Fierro, con el objetivo de que muestre sus sentimientos ante los hechos que lo rodean. Las costumbres del gaucho, las luchas, huidas, los maltratos son todas situaciones del personaje Fierro que están impregnadas en los versos estudiados, no obstante no debemos olvidar que si bien es un personaje ficticio también es una realidad viviente y actuante que intenta reflejar la memoria de aquellos olvidados habitantes de nuestra tierra.
Bibliografía:
Hernández José, Martín Fierro, Editorial Ciordia, Buenos Aires, 1968
http://www.solesdigital.com.ar/sociedad/molina_campos.htm
http://www.ensayistas.org/filosofos/argentina/hernandez/cronologia.htm
CitaS dijo:
01. Hernández, José. El gaucho Martín Fierro. Editorial Ciordia, Buenos Aires, 1968, Capítulo II
02. Hernández, José, El gaucho Martín Fierro. Editorial Ciordia, Buenos Aires, 1968, Capítulo III
03. Ob. Cit., Capítulo IX
04. Hernández, José, El gaucho Martín Fierro. Editorial Ciordia, Buenos Aires, 1968, Capítulo XII
05. Ob. Cit., Capítulo I
06. Idem.
07. Hernández, José. La vuelta de Martín Fierro. Editorial Ciordia, Buenos Aires, 1968, Capítulo XI:
08. Ob. Cit; Capítulo II:
09. Hernández, José, La vuelta de Martín Fierro. Editorial Ciordia, Buenos Aires, 1968, Capítulo VI
10. Ob. Cit., Capítulo VII
11. Idem, Capítulo IX


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