Y bueno, me puse nostálgico, y qué...?
Me acuerdo del "servicio militar", palabras importantes para minúscula realidad.
Estuve en la Compañía de Ingenieros Aerotransportada 4 con asiento en Córdoba, siendo la primer clase 1958 incorporada en el año 1976. Teníamos 18 años y toda la vida por delante.
Después de madurar muchos años y sin resentimientos contemporáneos, puedo decir que lo que nos sucedió a mí y a mis compañeros en esos 14 meses de "instrucción" sigue siendo 30 años después, increíble, absurdo y humillante.
Al mes de haber ingresado un subteniente nos explicó con voz pausada y enérgica (típica de las arengas, que denotan lentitud de sinapsis), que por problemas presupuestarios el Ejército Argentino no nos podía dar de comer a la noche, "el ejército está pobre" dijo, por lo que diariamente nos darían "franco" a partir de las 18:00 horas. También escuchamos que dicho franco era voluntario. Claro, los que no eramos de Córdoba y sin familiares en la ciudad optamos por quedarnos en el cuartel el primer día de la salida voluntaria.
El "baile" desproporcionado que nos pegaron, las servidumbres y las golpizas a las que fuimos sometidos nos hicieron desistir posteriormente de la hospitalidad del Ejército.
Eramos legiones de conscriptos/vagabundos mendigando comida, viajes en colectivo y cigarrillos por el centro de Córdoba y así estuvimos 12 meses de los 14 en total que duró la farsa, porque el Ejército que por un lado nos obligaba a la conscripción con frases heroicas y legales, por el otro alegaba pobreza para nuestro sustento (en realidad el presupuesto de nuestra cena era repartido entre todos los suboficiales y oficiales, sólo les faltaba graznar y agitar las alas como cuervos robando maíz).
Una auténtica pesadilla para nosotros.
Si tengo que referirme al trato dispensado por los cabitos y subtenientes diré que éramos considerados menos que nada. Un elemento fungible con menos valor que un animal.
El servicio militar carecía de todo sustento altruista y didáctico, y el maltrato permanente (golpizas, calabozos de campaña, calabozos comunes, hacinamiento, etc.) se ocultaba con el falso precepto de forjar el carácter; en realidad era así porque se trataba de una institución impune y paquidérmica, manejada por gente ignorante, sin nobleza, envanecida y envalentonada por un poder fugaz que mostró sus hilachas (hablo del ejercito) en la guerra de Malvinas con el papelón que hicieron.
En el "servicio militar" aprendimos a robar, a mendigar, a ocultarnos, a hacernos los enfermos, a mutilarnos, etc.
Era frecuente que alguno de los suboficiales de semana se emborrachara y padeciera de insomnio. Despertaba a toda la compañía de madrugada para "arengar" con palabras e ideas inconexas entrecortadas por el alcohol. En esos momentos eternos nos preguntábamos como haríamos para confiar en ellos en un combate, a la vez que veíamos la sordidez de sus vidas vacías que intentaban ahogar con vino barato.
Recuerdo a los cabos y suboficiales divirtiéndose, cuando estábamos todos desnudos bajo las duchas, abriendo el agua hirviendo y escuchar nuestros gritos de dolor cuando previo al agua salían chorros de vapor... Divertirse de ese modo habla claramente de una imbecilidad morbosa como forma de enfermedad psíquica profesional, por llamarla de algún modo enciclopédico.
Recuerdo mal a todos sin excepción, pero fundamentalmente al subteniente Sobrero, al agresivo Cabo Primero Gómez (que perdono póstumamente porque me contaron que una granada inglesa interpretó nuestros deseos y lo pulverizó en Malvinas), al mayor Lazarte, a un moreno chiquito y salteño con el rostro de arlequín picado de viruelas que ni me acuerdo el nombre, con una ridículamente grande y desproporcionada jineta de cabo.
Nuestra duda permanente era: si ocurriera un ataque extremista, de que lado nos pondríamos ? Estos gozaban del beneficio de la duda, en cambio los "buenos" eran los verdaderos enemigos nuestros...
Un cabo primero del que no recuerdo su nombre, viajando en un colectivo de línea con su novia minifaldera, atacó a otro pasajero con pistola en mano, ante la vista de todos, porque miró las piernas de su pareja. Luego de esto llamó al cuartel y fueron con camiones Unimog a buscar al mirón llevándolo detenido por casi una semana...
Cuando alguno de los militares necesitaba ir al centro de Córdoba desde el camino a La Calera (asiento de los cuarteles) simplemente sacaba su arma, se ponía en mitad de la ruta y elegía, pistola en alto, en que vehículo quería viajar.
No hace falta decir que considerar al Ejército de "esos" años un mamarracho, no me hace comulgar, para nada, con su contrapartida terrorista (montoneros, erp, etc.), tan desahuciados ideológica y filosóficamente como los primeros.
En resumen, la conscripción en la Argentina de la verguenza perpetua, era reclamada por el Ejército porque con miles de jóvenes disponibles tenían mano de obra gratis para trabajar en sus casas particulares en diversísimas tareas, y para realizar servidumbres en los cuarteles. También para mitigar la ira de cualquiera que tuviese una tira, ya que ante el enojo de alguno de ellos, volaban patadas y trompadas dirigidas hacia los conscriptos. Cualquier cabito tenía su "valet" personal que le lustraba los borceguíes, le traía la comida al casino, le hacía mandados hasta el centro de la ciudad, entre otros menesteres.
Todo eso sucedía en el marco de una legitimidad discutible desde la raíz que supervivía gracias a la hipocresía y prejuicios de una sociedad miedosa y pacata, sin objetivos a futuro y sin conciencia seria de país, que creía que estos malechores eran la "reserva moral" de una nación enfermiza y pendulante y que veía peliculas de Balá y Palito Ortega en las que mostraban una conscripción tipo estudiantina pícara y no el horror que en realidad era para los que la padecimos.
Sé que muchos diputados actuales, por mucho menos que esto, fueron considerados víctimas del terrorismo de estado, cuasi héroes, y premiados posteriormente con cargos no siempre acordes a sus capacidades morales o intelectuales.
Los que padecimos obligatoriamente el servicio militar también fuimos indiscutiblemente víctimas de un terrorismo de estado sutil, mentiroso y omnipotente, tan trágico y demoledor como cualquier ataque perpetrado directamente.
Buenas noches.
Me acuerdo del "servicio militar", palabras importantes para minúscula realidad.
Estuve en la Compañía de Ingenieros Aerotransportada 4 con asiento en Córdoba, siendo la primer clase 1958 incorporada en el año 1976. Teníamos 18 años y toda la vida por delante.
Después de madurar muchos años y sin resentimientos contemporáneos, puedo decir que lo que nos sucedió a mí y a mis compañeros en esos 14 meses de "instrucción" sigue siendo 30 años después, increíble, absurdo y humillante.
Al mes de haber ingresado un subteniente nos explicó con voz pausada y enérgica (típica de las arengas, que denotan lentitud de sinapsis), que por problemas presupuestarios el Ejército Argentino no nos podía dar de comer a la noche, "el ejército está pobre" dijo, por lo que diariamente nos darían "franco" a partir de las 18:00 horas. También escuchamos que dicho franco era voluntario. Claro, los que no eramos de Córdoba y sin familiares en la ciudad optamos por quedarnos en el cuartel el primer día de la salida voluntaria.
El "baile" desproporcionado que nos pegaron, las servidumbres y las golpizas a las que fuimos sometidos nos hicieron desistir posteriormente de la hospitalidad del Ejército.
Eramos legiones de conscriptos/vagabundos mendigando comida, viajes en colectivo y cigarrillos por el centro de Córdoba y así estuvimos 12 meses de los 14 en total que duró la farsa, porque el Ejército que por un lado nos obligaba a la conscripción con frases heroicas y legales, por el otro alegaba pobreza para nuestro sustento (en realidad el presupuesto de nuestra cena era repartido entre todos los suboficiales y oficiales, sólo les faltaba graznar y agitar las alas como cuervos robando maíz).
Una auténtica pesadilla para nosotros.
Si tengo que referirme al trato dispensado por los cabitos y subtenientes diré que éramos considerados menos que nada. Un elemento fungible con menos valor que un animal.
El servicio militar carecía de todo sustento altruista y didáctico, y el maltrato permanente (golpizas, calabozos de campaña, calabozos comunes, hacinamiento, etc.) se ocultaba con el falso precepto de forjar el carácter; en realidad era así porque se trataba de una institución impune y paquidérmica, manejada por gente ignorante, sin nobleza, envanecida y envalentonada por un poder fugaz que mostró sus hilachas (hablo del ejercito) en la guerra de Malvinas con el papelón que hicieron.
En el "servicio militar" aprendimos a robar, a mendigar, a ocultarnos, a hacernos los enfermos, a mutilarnos, etc.
Era frecuente que alguno de los suboficiales de semana se emborrachara y padeciera de insomnio. Despertaba a toda la compañía de madrugada para "arengar" con palabras e ideas inconexas entrecortadas por el alcohol. En esos momentos eternos nos preguntábamos como haríamos para confiar en ellos en un combate, a la vez que veíamos la sordidez de sus vidas vacías que intentaban ahogar con vino barato.
Recuerdo a los cabos y suboficiales divirtiéndose, cuando estábamos todos desnudos bajo las duchas, abriendo el agua hirviendo y escuchar nuestros gritos de dolor cuando previo al agua salían chorros de vapor... Divertirse de ese modo habla claramente de una imbecilidad morbosa como forma de enfermedad psíquica profesional, por llamarla de algún modo enciclopédico.
Recuerdo mal a todos sin excepción, pero fundamentalmente al subteniente Sobrero, al agresivo Cabo Primero Gómez (que perdono póstumamente porque me contaron que una granada inglesa interpretó nuestros deseos y lo pulverizó en Malvinas), al mayor Lazarte, a un moreno chiquito y salteño con el rostro de arlequín picado de viruelas que ni me acuerdo el nombre, con una ridículamente grande y desproporcionada jineta de cabo.
Nuestra duda permanente era: si ocurriera un ataque extremista, de que lado nos pondríamos ? Estos gozaban del beneficio de la duda, en cambio los "buenos" eran los verdaderos enemigos nuestros...
Un cabo primero del que no recuerdo su nombre, viajando en un colectivo de línea con su novia minifaldera, atacó a otro pasajero con pistola en mano, ante la vista de todos, porque miró las piernas de su pareja. Luego de esto llamó al cuartel y fueron con camiones Unimog a buscar al mirón llevándolo detenido por casi una semana...
Cuando alguno de los militares necesitaba ir al centro de Córdoba desde el camino a La Calera (asiento de los cuarteles) simplemente sacaba su arma, se ponía en mitad de la ruta y elegía, pistola en alto, en que vehículo quería viajar.
No hace falta decir que considerar al Ejército de "esos" años un mamarracho, no me hace comulgar, para nada, con su contrapartida terrorista (montoneros, erp, etc.), tan desahuciados ideológica y filosóficamente como los primeros.
En resumen, la conscripción en la Argentina de la verguenza perpetua, era reclamada por el Ejército porque con miles de jóvenes disponibles tenían mano de obra gratis para trabajar en sus casas particulares en diversísimas tareas, y para realizar servidumbres en los cuarteles. También para mitigar la ira de cualquiera que tuviese una tira, ya que ante el enojo de alguno de ellos, volaban patadas y trompadas dirigidas hacia los conscriptos. Cualquier cabito tenía su "valet" personal que le lustraba los borceguíes, le traía la comida al casino, le hacía mandados hasta el centro de la ciudad, entre otros menesteres.
Todo eso sucedía en el marco de una legitimidad discutible desde la raíz que supervivía gracias a la hipocresía y prejuicios de una sociedad miedosa y pacata, sin objetivos a futuro y sin conciencia seria de país, que creía que estos malechores eran la "reserva moral" de una nación enfermiza y pendulante y que veía peliculas de Balá y Palito Ortega en las que mostraban una conscripción tipo estudiantina pícara y no el horror que en realidad era para los que la padecimos.
Sé que muchos diputados actuales, por mucho menos que esto, fueron considerados víctimas del terrorismo de estado, cuasi héroes, y premiados posteriormente con cargos no siempre acordes a sus capacidades morales o intelectuales.
Los que padecimos obligatoriamente el servicio militar también fuimos indiscutiblemente víctimas de un terrorismo de estado sutil, mentiroso y omnipotente, tan trágico y demoledor como cualquier ataque perpetrado directamente.
Buenas noches.