El sistema político de la
Restauración; rasgos generales




Los fundamentos de la Restauración están profundamente ligados al
período inmediatamente anterior, el Sexenio Revolucionario. España había pasado
por muchos vaivenes políticos, todos ellos con finales desgraciados:
· Guerra carlista en el Norte
· Levantamiento cantonal en Levante y en el Sur
· Insurrección de las colonias
· Problemas con el ejército, la Iglesia, y en el campo y las ciudades
Había ya muchos grupos sociales que añoraban una estabilidad, y aflora la
mentalidad conservadora. La iglesia apoyaba a los contrarrevolucionarios y el
Ejército deseaba un régimen estable, porque los experimentos revolucionarios ya
habían ido demasiado lejos. Existía también el miedo a que llegasen a España
corrientes externas como el socialismo, la Comuna o la Internacional. Incluso los
progresistas que habían apoyado la transformación del gobierno y de la sociedad,
reconocían que no se habían cumplido sus expectativas. En ese ambiente se hace
posible la propuesta de Cánovas, que cuenta con distintos apoyos:
1. El partido alfonsino, que pretende restaurar la Monarquía, pero con unos
nuevos presupuestos. Alfonso, hijo de Isabel II, sería el rey propuesto; de
formación liberal conservadora, capaz de convivir con las tendencias
progresistas y republicanas, siempre
que éstas se atuvieran a las reglas del
juego. Debía de nacer la nueva
monarquía dentro de un sistema
parlamentario, basado en la
alternancia de partidos en el poder.
El líder del partido era el propio
Antonio Cánovas del Castillo. Sus
ideas se basaban en un modelo de
sociedad que defendiera el orden, la
seguridad y la propiedad. El programa político alfonsino se reflejó en el
Manifiesto de Sandhurst y fue dado a conocer por el propio príncipe el 1 de
diciembre de 1874, desde esta Academia Militar donde cursaba estudios;
aunque el texto estaba realmente redactado por Cánovas. Lo que se
pretendía era conseguir adeptos a la causa alfonsina. Se explicaba que la
pretensión era llenar con la legitimidad dinástica el vacío político y jurídico
que había desde el Sexenio; y el futuro rey hacía hincapié en que no habría
ninguna tutela por parte de su madre, la reina Isabel. Se presentaba una
propuesta integradora, en donde había cabida para todas las opciones que
aceptasen las normas del régimen político. La soberanía sería compartida
por el rey y las cortes, y se inspiraba en el catolicismo y el liberalismo,
aunque habría tolerancia en cuestiones religiosas.
2. Círculos coloniales; grupos de la burguesía que tenían intereses en
Ultramar y estaban inquietos ante los proyectos antiesclavistas y las
reformas del Sexenio. Los principales apoyos venían de la burguesía
catalana y valenciana, y también una parte del Ejército que estaban
descontentos con la política débil que se hacía en Cuba.
3. El ejército fue otro de los grandes apoyos, sobre todo los oficiales a los que
el general Serrano había dado el mando militar en la lucha contra el
carlismo. Estaban todos bastante vinculados al grado de los círculos
coloniales, como ya se ha resaltado.
¿Hubo una implicación militar en los orígenes de la Restauración? La mayoría de
autores destacan que aunque Cánovas no descartó del todo esta posibilidad, e
incluso hizo planes en este sentido, prefería que se hiciera mediante una
proclamación en las Cortes. Aún así, quería asegurarse el apoyo del Ejército,
aunque temía que los militares más reaccionarios se hicieran con el control de la
situación, e incluso pudiesen alterar el curso de los acontecimientos. Recelaba de
los sectores del Ejército afectos a los antiguos moderados. Desde que recibe en
1873 el encargo de Isabel II de dirigir el partido alfonsino, piensa Cánovas en la
posibilidad del pronunciamiento militar, e incluso se lo llega a plantear al general
Manuel de la Concha, aunque la muerte de éste hace imposible cualquier plan. A
principios de noviembre de 1874 Cánovas se reúne con los principales militares
alfonsinos en la casa del conde de Cheste; y un mes después había ya más de
veinte generales afectos de las principales guarniciones. Sólo faltaba que Cánovas
se decidiera por el procedimiento más adecuado. Quizá los más activos para el
cambio fuesen los alfonsinos valencianos, que además gozaban de un capital para
ello, y Martínez Campos era proclive a la sublevación. De hecho el día 28 de
diciembre marcha sobre Sagunto al frente de las tropas sublevadas y proclama rey
de España a Alfonso de Borbón, dando cuenta luego al general Jovellar, jefe del
Ejército del centro, quien decide secundar el levantamiento y toma el mando. En
Madrid Primo de Rivera también apoyaba la sublevación, al igual que el Ejército del
Norte. Cánovas entiende que el proceso está ya fuera de su control, y teme que
grupos ajenos tomen demasiado protagonismo; por lo cual se distancia de las
acciones de los militares. Deja claro que su deseo era traer la monarquía por
medios pacíficos. Califica lo ocurrido de una “botaratada” y se reafirma como un
político contrario a los pronunciamientos militares. Pero Martínez Campos y los
demás generales le sorprenden poniéndose bajo sus órdenes. Serrano decide no
presentar resistencia y abandonar el poder. Cánovas queda al frente con la tarea de
formar gobierno.


Cánovas y el sistema de la Restauración.



Había nacido Cánovas en Málaga en 1828, en una familia de clase
media. Estudia Periodismo, Derecho y Humanidades, y se traslada pronto a Madrid
para tomar posesión de un empleo en la compañía de Ferrocarriles. Se afilia al
Partido Moderado y más tarde a la Unión Liberal, y participa en la revolución de
1854 que había acaudillado O`Donnell, que fue su protector político. Llegó a ser
ministro de la Gobernación y cuando estalla la revolución de 1868, se aparta de la
vida pública, aunque luego la reina Isabel le llamaría desde su destierro en Paris,
para que preparase la Restauración. Estaba influido por las dos grandes corrientes
conservadoras del momento: el doctrinarismo francés y las ideas del británico
Edmund Burke. Había estudiado la época de los Austrias y de ahí nacen sus ideas
sobre la grandeza de España. Siempre quiso conjugar la Historia con la Política, y
creía firmemente en la separación de poderes, como garantía de los derechos
individuales y del estado liberal. Era conservador en la manera de ver la vida, pero
prudente en muchas cuestiones sociales y religiosas; y siempre manifestó
independencia respecto de la Iglesia Católica. González Cuevas le describe como
conservador en lo ideológico, en lo político y en lo social, pero también tolerante y
respetuoso con quienes no pensaban como él. Su proyecto político promulgaba un
régimen liberal, estable y conciliador, que permitiera resolver problemas e impulsar
un crecimiento económico. Consideraba unos presupuestos básicos para conseguir
lo que se había propuesto:
1. monarquía constitucional y parlamentaria, con el rey como eje de todo el
sistema
2. una constitución abierta y tolerante
3. un parlamento representativo, donde tuvieran cabida los distintos grupos,
siempre que aceptasen las reglas del juego.
4. un poder civil respaldado por partidos políticos sólidos y capaces de
alternarse en el poder.
5. fin de los pronunciamientos militares como forma de cambiar de gobierno.
Para ello el rey sería el jefe supremo del Ejército.
El funcionamiento del sistema.
Cuatro aspectos fueron los pilares básicos fundamentales para que el sistema
funcionase:
1) la creación de dos grandes partidos que se alternaron en el poder, que no
fueron otros que el conservador de Antonio Cánovas del Castillo, y el liberal
de Mateo Práxedes Sagasta. Aunque cada uno de ellos tenía procedencias
distintas; el primero venía de la Unión Liberal, y el segundo del Partido
Demócrata, ambos defendían unas reglas comunes, aún dentro de
propuestas diferentes.
2) Existía una elite de dirigentes unidos en una misma red de intereses.
3) Se pactó entre las distintas fuerzas políticas un pacto de gobierno
4) Se utilizó una estructura caciquil para lograr, a nivel local, conseguir los
votos deseados.
Los dos partidos principales estaban de acuerdo con el sufragio restringido,
y los controlaban notables salidos de la revolución liberal del siglo XVIII, y
elementos de las clases medias. Su base electoral era bastante estable y
sólo incluía a una pequeña, aunque influyente, parte de la población. Había
una especial vinculación entre la clase política y los más poderosos de la
sociedad, según se refleja en la obra de Varela Ortega, Los amigos políticos.
Muchos de los políticos pertenecían a la clase media que había mejorado
socialmente; pero detrás estaba la elite del poder; miembros de la Iglesia,
del Ejército, burgueses y dueños de periódicos. La vinculación entre las
decisiones de los gobernantes y los intereses de la oligarquía social hace que
Tuñón de Lara hable de bloques de poder. Por eso puede afirmar que el
poder político de la Restauración descansa en la intangibilidad de la
propiedad agraria, libertad industrial y mantenimiento del régimen colonial.
Aunque otros autores, como Varela ortega, observan diferencias entre el
comportamiento de los políticos y los intereses de los círculos económicos,
aunque otros autores abundan también en apuntar que no debemos olvidar
el peso que en las decisiones de política arancelaria tuvo el contexto
internacional y la red de tratados de comercio.
Cuando se inicia la Restauración todos los partidos políticos estaban
de acuerdo en que faltaba un electorado independiente, porque la sociedad
civil carecía de peso político. Los resultados de las urnas no se
correspondían con la libre decisión de los votantes, y en realidad era el
gobierno, junto con los responsables de los partidos y los notables rurales o
provinciales quienes diseñaban los resultados. El rey nombraba jefe de
gobierno según el consenso de las fuerzas políticas, que pactaban la
alternancia en el poder. A pesar de la irregularidad del sistema, ni Alfonso
XII ni su esposa María Cristina cuando fue regente, nombraron jefe de
gobierno de manera arbitraria, sino que siempre respetaron el pacto entre
partidos. Señala Carlos Dardé que Cánovas lamentaba la falta de un
electorado independiente, pero también tenía plena consciencia de que así
era más sencillo el ejercicio del poder. Para él la legitimidad del poder no
consiste tanto en que se traduzcan fielmente los deseos de los electores
como que el sistema funcione de manera correcta. Una figura esencial en
este engranaje es la del cacique local o regional, que controlaba el
comportamiento de su circunscripción. La existencia de los caciques ha de
entenderse en el contexto de la España del siglo XIX, que era en su mayoría
rural y estaba poco preparada para la política; sobre todo porque había
muchas zonas rurales que vivían completamente aisladas. La función del
cacique era dirigir el voto de la población, que carecía de una idea clara
sobre las diferencias entre los distintos partidos; y a cambio de los votos, el
cacique distribuía favores. Los políticos nacionales, a la hora de diseñar los
resultados de las elecciones, debían asegurar una mayoría suficiente que
asegurase el gobierno, sino también satisfacer las necesidades de los
partidos de la oposición. Este proceso, de todos modos, se fue
transformando a lo largo de la Restauración; porque la evolución económica
y cultural trajo consigo un índice más elevado de información y de voluntad
participativa; sobre todo en los núcleos urbanos e industriales. Cada vez en
mayor medida, los partidos tuvieron que buscar otros medios para lograr los
votos deseados y el sistema parlamentario dejó de ser una estructura
ficticia.
Balance.- Casi todo el mundo está de acuerdo en que Cánovas era un
hombre moderado y conciliador, y se le ha tildado de hombre de estado
realista y pragmático; pero también ha habido autores que han considerado
que implantó un régimen demasiado cerrado y autoritario, haciendo especial
hincapié en el fraude electoral, o en el desequilibrio entre los distintos
poderes. Es decir, que el régimen era estable y liberal, pero no democrático.
De todos modos, resolvió muchos de los problemas de España y la dotó de
una constitución abierta y de larga duración. Aunque consiguió la
pacificación después de las guerras carlistas y el fin de la guerra colonial de
1878, permitió el caciquismo y la desvirtuación electoral para conseguir sus
fines de gobierno. Apoyó a unos sectores muy restringidos y careció de un
espíritu verdaderamente reformista. Dotó al ejecutivo de excesivo poder.
Pero a pesar de todo, la Restauración tuvo algunas consecuencias buenas
para España.
· Se sentaron las bases de un estado liberal.
· Se instrumentalizó el pacto y el diálogo y se relegó a solución armada
a un segundo término.
· Se aprobaron grandes leyes que ayudaron a consolidar el estado de
Derecho
· Se reestructuró la administración y la Justicia.
· Se incorporó el sufragio universal masculino
· Se crearon estructuras básicas para intentar superar el atraso
industrial de España.
· Se forjó una nueva sociedad civil y profesional, con las clases medias
como nervio central de la sociedad.
· Crecieron las grandes ciudades y los servicios y el mundo cultural
tuvo una evolución positiva.
Es verdad que también hubo problemas, uno de los más graves la pérdida de las
colonias; pero en líneas generales la mayoría de los contratiempos ocurrieron
debido a la situación de toda Europa, a la que España no podía ser ajena. Quizá lo
más grave fue que no se evolucionó hacia un sistema constitucional y
parlamentario verdaderamente democrático, debido sobre todo a los impedimentos
de la oligarquía gobernante.
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