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La segunda película Joseph Kosinski es un confortable producto que genera bastante entretenimiento y así, hace que sus ciento veintiséis minutos de duración se pasen rápido y con bastante buen sabor.
Jack Harper es uno de los humanos sobrevivientes a un conflicto con unos alienígenas llamados los carroñeros, quienes destruyeron la luna sesenta años atrás y obligaron a que la humanidad se marchara de la Tierra y en el proceso tuviera además, que secar los mares.
Harper trabaja en una de las succionadoras, reparando droides de combate y demás maquinaria de la casa; sin embargo su rutinaria vida cambia cuando accidentalmente se topa con una astronauta sobreviviente al ya mencionado conflicto. Ella ha estado en suspensión criogénica durante la última década y tiene una misteriosa relación con Jack.
Al igual que con su ópera prima, Kosinski ofrece una joya audiovisual que presenta una fotografía espectacular, una producción de sonido maravillosa y un entretenidísimo Ost. No obstante como sigue y, al parecer, seguirá pasando en la industria del cine, guion y actuaciones son el punto débil de este viaje fantástico.
Los efectos especiales de Oblivion marcan un precedente este año (2013) y es por ello que las secuencias de acción son emocionantes y hasta cierto punto épicas. Los apartados de la película en donde el Ost se combina con los elementos visuales se sienten alucinantes y por momentos, rayan en lo increíble.
Definitivamente los sonidos electrónicos aportan mucho a las composiciones musicales de las producciones sci-fi.
Uno de los mejores aspectos de la película es la producción de sonido, que crea rugidos, runrunes, silbidos y soniquetes tan únicos y especiales como para dar la importancia necesaria a droides de batalla no antropomorfos.
Todos los sonidos en la película son tan buenos y creíbles que podrían compararse a los de Star Wars o a los de Disctric 9 en sus respectivas épocas.
Para hablar del guion es necesario empezar por las buenas intenciones, las cuales son: una gran matización en cuanto a temáticas del mundo de la ciencia ficción y tratar de tener datos ocultos; pero luego las intenciones se quedan cortas cuando los diálogos aparecen y dejan esa sensación de... así no funciona el habla. En fin, diálogos malos y una historia predecible que bajan el resultado final de un producto que pudo ser impresionante.
Luego de hablar de lo peor, el texto, puedo pasar a lo mejor: la fotografía de Claudio Miranda que tiene una iluminación perfecta y permite al director manejar la profundidad de campo a cabalidad. Además, cada paisaje es tan hermoso y vívido como en las ilustraciones originales de Kosinski.
Una vez más el chileno, reciente ganador del Óscar, muestra su genial capacidad de concebir el mundo en imágenes y reproducirlas a favor del séptimo arte.
De las actuaciones no hay quejas, pero tampoco hay felicitaciones; no obstante hay que hacer mención especial a Olga “dos gestos” Kurylenko, quien con su mala actuación baja considerablemente la evaluación del elenco y resta ritmo a la fluidez con la que se desenvuelve la película en cada una de sus apariciones (por fortuna no tantas). Por tanto la ucraniana es la culpable del bajonazo en el nivel histriónico del film.
Bueno, la pregunta final es: ¿cubre el precio de la boleta Oblivion? Sí, vale la pena verla en teatros, al fin de cuentas es entretenida y es la mejor experiencia audiovisual no textual en lo que va del año. Como dije antes, por parajes se acerca a lo épico.