El camino del cielo y del infierno.


Un guerrero de fama y fuerte carácter luego de recorrer un largo camino se dirige a una escarpada montaña, lugar de habitación de un solitario y sabio maestro del budismo.
Cuando llega a la morada del sabio luego de una agotadora jornada, saluda respetuosamente al monje, el cual guarda silencio sin moverse de su posición.
El guerrero le dice: He venido hasta aquí desde muy lejos para saber de un sabio como Usted, ¿cuál es el camino hacia el cielo y el infierno?. El monje impasible mantuvo el silencio sin mirarlo siquiera. El guerrero algo irritado le increpa diciendo: ¡He subido esta escarpada montaña, he recorrido un largo camino en busca de sabiduría y quiero que me responda, ¿cuál es el camino entre el cielo y el infierno?!. El monje no mostró siquiera un cambio de actitud, como si fuera una escultura.
El guerrero reaccionó sulfurado e iracundo diciendo: ¡ He hecho un gran esfuerzo por estar aquí, no permitiré que me faltes así el respeto! y levantó su espada con la cierta intención de darle muerte. En ese momento el monje levanta su mano indicando con su dedo índice al guerrero y exclama con voz firme: Ese es el camino del infierno.
Sorprendido y avergonzado el guerrero envaina lentamente la espada. El monje con voz tranquila le dice: Ese es el camino del cielo.
Fin.

Éste cuento nos habla de la maravillosa capacidad de empatía y sabiduría que puede desarrollar un ser humano, nos habla de un estado de la mente y también nos enseña sobre el espíritu de búsqueda y sobre la relación maestro-discípulo.
Siempre hay que hacer el intento de relacionarse con los demás con las tres artes: la de escuchar, la de observar y la de aprender. Escuchar con todo el corazón puesto en ello, con todos los sentidos atentos, despiertos, escuchar sin interpretar o distorsionar lo que nos están diciendo, escuchar tal como viene en su sentido más profundo. Observar las cosas tal cual son, si son bellas o no lo son, si nos gustan o no, si las cosas que observamos están fuera o dentro de nuestra forma de pensar, observar sin aceptar ni rechazar nada. Y aprender capturando todo lo que significa estar relacionado directamente con el otro en el presente, en ningún otro lado más que en el presente.
La sabiduría adviene luego de la experiencia, la experiencia es lo que vivimos día a día y lo que aprendemos de eso. El monje practicó la meditación durante cientos de años y tiene tal claridad que le da al guerrero la respuesta justa en el momento justo, involucrando su misma experiencia en el acto de su aprendizaje.


Este cuento también nos habla sobre cómo funcionamos interiormente, nuestra mente, nuestros pensamientos y emociones.
El infierno, al igual que el cielo, son palabras que quieren transmitir una experiencia, y que en realidad más que abstracciones son estados de la mente, de la conciencia.
El estado de infierno caracteriza a una persona que sufre horriblemente, que cada paso que da acrecenta su dolor y su angustia, seguramente conocerán a personas con fobias, manías y esquizofrenia, también se da la mayoría en gente común y corriente que viven todos los días de su vida agonizando, en su cuerpo y su mente, ya que llevan una vida muy dificil o han sido víctimas de muy malas experiencias. Cuando tenemos miedo caemos al estado de infierno.
Una de las enseñanzas fundamentales de este cuento también se encuentra en el espíritu de búsqueda, que es esa necesidad que tiene cada uno de explorar, investigar y experimentar ciertas ideas, sensaciones, conocimientos, etc, para dar con una parte que le falta, dar con ese algo o esa verdad que hacía falta en nuestras vidas y que a veces ni sabemos lo que buscamos. El hombre que no tiene inquietudes está muerto, el hombre que jamás pregunta es un tonto, debemos buscar, inquietarnos, deslumbrarnos ante la vida, no perdamos la inocencia, el niño que fuimos y que somos que nos quieren negar en este papel de adultos.
Y el cuento también nos habla de la importancia de un buen maestro: cuando encuentren un buen maestro en la vida sean respetuosos y pongan todo su corazón en el aprender, ya que las enseñanzas valiosas son tan fuertes como para salvar una vida y encaminar tantas otras.
¡Buenas tardes a todos!