Kobe Beef - La mejor carne del mundo
Solomillo de carne de ternera de la raza Wagyu a la plancha y patatas fritas con sal. Muy sencillo y sabroso. ¿Sencillo?, para nada. Esos trozos de carne han pasado lo suyo antes de llegar al plato. Así es, en la ciudad de Kobe, capital de Hyogo (Japón), a la carne de buey se la llama Wagyu, nombre de la raza de vacuno que se cría en la zona. Son unas reses muy especiales. Durante su etapa de crecimiento se alimentan con grano seleccionado, beben cerveza, reciben masajes y viven en establos con música ambiental. Su carne tiene como principal característica que la grasa esta infiltrada en el interior de la masa muscular. Esta marmoración intramuscular convierte sus filetes en un bocado exquisito: suave, tierno y mantecoso.
La carne de Kobe contiene un 50% menos de ácidos grasos saturados que la mayoría de carnes magras que podemos encontrar en el mercado. Sabrosa y saludable. En Japón llegan a pagar por ella más de 420 euros el Kilo. En España se puede encontrar a partir de unos 150-200 euros el kilo, pero esta carne suele proceder de Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda, países que consiguieron reses de la raza Wagyu que, a pesar de la prohibición nipona de exportación, aparecieron a mediados de los años 70 en la costa oeste de los Estados Unidos. Hoy en día su cría esta extendida por diversos países incluidos Chile, Bélgica o Gales.
Pero aunque la raza sea la misma, no debe ser igual el trato a que son sometidos los animales y sus condiciones de vida, pues los que la han probado en restaurantes de Hyogo dicen que nada tiene que ver con la que se puede encontrar por aquí.
El verdadero Kobe beef se produce en Kobe, región japonesa. Kobe Beef, o “carne de Kobe”, una carne tremendamente suave proveniente de las vacas mejor tratadas en todo el mundo. Tiene más parecido con el foie grass que con un bistec.
La de kobe es una carne absolutamente sibarita: suculenta, suave, tierna y delicada, como ya he dicho la mejor carne bovina del mundo. El secreto para conseguirla está en la pureza de la raza wagyu, que los nipones preservan como si se tratase de un tesoro, y a la manipulación que sufre ―o para ser más exactos, goza― la res durante su cría. La alimentan con mimo, cebándola con cerveza durante el verano para abrirle el apetito y que coma más. Y para facilitar que la grasa vaya penetrando lentamente en la carne masajean diariamente al animal. De esta forma adquiere un alto grado de infiltración de grasa en el músculo, con un aspecto amarmolado que la convierte en algo así como un buey ibérico.
La wagyu se cría en Japón desde el siglo II, cuando los bueyes se utilizaban para el cultivo del arroz. Por el continuo ejercicio la grasa se infiltraba en la carne, y con el tiempo dio lugar a una raza con estas características tan particulares.