El sábado 30 de agosto una de las bandas más convocantes del país plantó bandera en la hasta ahí, tranquila ciudad de Rafaela y revolucionó a todos. La noche se vistió de gala para una velada a puro rock and roll, donde los fanáticos de La Renga coparon cada esquina de la ciudad y vibraron hasta la media noche del domingo. Las calles de la ciudad se atiborraron de seguidores con clásicas remeras negras con leyendas de la banda, imágenes del che y banderas que hacían referencia a cada uno de los rincones del país. Rafaela fue testigo desde tempranas horas del día, del incesante arribo de jóvenes y familias con chicos de Córdoba, Formosa, Rosario, Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes, Resistencia, y distintos puntos de nuestro país. “Porque Argentina es La Renga”, gritó uno al pasar. La “banda renguera” se concentró en el Parque de los Eucaliptos y estableció allí su punto neurálgico para realizar la bien ponderada “previa”. Desde ese punto de encuentro y sólo a 300 metros se encontraba la cancha de Atlético de Rafaela, que fue testigo de una verdadera manifestación del rock. Desde las seis de la tarde la gente empezó un lento peregrinaje hacia el estadio, en medio de cánticos y festejos, hasta terminar en el verde césped. Cuando el reloj dió las 21, las luces se apagaron y desde el fondo de una escenografía que simulaba una caverna la banda salió a la cancha. Sin más que tripa y corazón dió comienzo a un verdadero ritual rocanrolero. La onda expansiva de los primeros acordes de Chizzo desataron la locura envuelta en adrenalina de las más de 15.000 personas que corearon y saltaron desde la primera a la última canción. La batería de Tanque sonó como nunca haciendo latir los cimientos del estadio, y el frenesí inagotable de Tete entusiasmaron cada vez más a la multitud. El repertorio elegido por la banda fue realmente exquisito, sonaron temas del último disco (Truenotierra) y los clásicos de siempre, como “El rebelde”, “En el baldío”, “Panic Show”, “El final es donde partí”. Y para los viejos seguidores, los nostálgicos de siempre, “Córtala y Olvidala” y “Somos los mismos de siempre”. Cuando la noche parecía perpetua y la euforia intacta, después de dos horas y media de show, llegó el final. La gente vibró con el tradicional broche de cierre de La Renga: “Hablando de la Libertad”, que dejó a cada uno de sus incondicionales un único mensaje… “morir queriendo ser libre, encontrar mi lado salvaje, ponerle alas a mi destino, romper los dientes de este engranaje”… http://osea.ellitoral.com/index.php/ver/x1dia/index.php Medio tarde, pero esta bueno, saludos.