lucasfen
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Hola amigos acá les traigo un aporte para todos aquellos que como yo estudian comunicación social y les queda por rendir investigación en comunicación con Sergio Caletti. Este apunte les va a hacer de mucha ayuda porque relaciona a los 3 autores cuco que tiene la materia. Un poco de estudio no nos viene mal, así que peguenle una ojeada. Abrazos El presente artículo tiene como objetivo examinar algunas ideas contemporáneas sobre el método científico inscritas en la corriente de pensamiento denominada "Racionalismo Crítico". En este sentido, destacan los planteamientos propuestos por Karl Popper, máximo representante de esta tesis; así como también las aportaciones posteriores realizadas por sus seguidores, entre los que se mencionan: Kuhn, Lakatos y Feyerabend, entre otros. Es conveniente resaltar que las posiciones de estos filósofos no son del todo coincidentes entre si; sin embargo, en esencia, sus propuestas elementales guardan cierta correspondencia, lo que permite identificarlas dentro de este enfoque de la investigación científica. La metodología de análisis se orientó a definir los fundamentos teóricos desarrollados por dichos filósofos para la discusión epistemológica. Para luego, centrar la reflexión entorno al estudio de los aspectos controversiales y coincidenciales entre éstos. Por último, se presentan las conclusiones, las cuales reflejan estas diferencias y semejanzas, entre las que resaltan: la compleja estructura de los programas de investigación postulada por Lakatos, semejante en parte al rígido racionalismo ahistórico popperiano, que contrasta con el relativismo y el interés central en la historia de Kuhn, que por su parte tiene muchos puntos de contacto con la posición anárquica y la ausencia de método proclamadas por Feyerabend. I. Postulados Teóricos de los Representantes del Racionalismo Crítico Los científicos y filósofos que privilegian los elementos teóricos o hipotéticos para la construcción del conocimiento científico se denominan racionalistas. Según este enfoque epistemológico, la ciencia se inicia con conceptos no derivados de la experiencia del mundo, sino que es el investigador valiéndose de su intuición quien plantea sus ideas en forma de hipótesis. El científico, además de generar conjeturas sobre la realidad, las pone a prueba confrontándolas con las observaciones y/o experimentos. De acuerdo a esta corriente el conocimiento científico se inicia a través de la captura mental de una serie de principios generales a partir de las cuales se deducen sus instancias particulares. La concepción racionalista tuvo sus antecedentes en dos vertientes distintas: La platónica o cartesiana y la kantiana. La primera postula que por medio de la razón es posible establecer los principios más generales que regulan la naturaleza y a partir de ellos deducir la realidad. La segunda sostiene que la razón pura es incapaz de alcanzar conocimiento alguno sobre el mundo exterior y que se requiere de la experiencia de nuestros sentidos, pero que esta experiencia sólo la conocemos después de que ha sido elaborada y estructurada. A pesar de que las dos vertientes del método a priori-deductivo son tan distintas, ambas postulan que nuestro contacto con el mundo exterior no es directo sino que ocurre a través de estructuras previamente establecidas, en el primer caso por la razón pura y en el segundo caso por la razón crítica. Dentro de esta corriente de pensamiento se inscriben numerosos filósofos, destacando entre ellos, los planteamientos de Karl Popper, Thomas Kuhn, Imre Lakatos y Paul Feyerabend, los cuales se examinan a continuación. I.1. Karl Raymund Popper (1902 - 1997) Karl Popper es la figura más influyente y respetada de la filosofía de la ciencia en la segunda mitad del siglo XX, destacándose por las fuertes críticas que realiza al positivismo lógico en su primera versión. En relación a ello declaró lo siguiente: no compartía la metodología inductivista como vía de acceso al conocimiento científico, afirmaba que la observación siempre está impregnada de teoría y estableció como criterio de demarcación científico la "Falsabilidad". A pesar de estas diferencias con la edición inicial del Círculo de Viena compartió algunos puntos básicos de la Concepción Heredada (Received View). Su pensamiento se difundió con un importante auge en la década de los cincuenta y de los sesenta en los Estados Unidos, y a continuación en el resto del mundo, constituyéndose en referencial para la mayoría de los epistemólogos. El punto de partida de la reflexión filosófica de Popper estriba en la importancia atribuida a las teorías científicas, así como la contrastación negativa con la experiencia, por la vía de la falsación. Popper afirma que "las ciencias empíricas son sistemas de teorías; y la lógica del conocimiento científico, por tanto, puede describirse como una teoría de teorías...La filosofía de la ciencia, entonces, queda planteada como disciplina metateórica, o metacientífica, cuyos objetos principales de reflexión son las teorías científicas, y no las ideas, ni los universales, ni los hechos más simples y elementales" (Echeverría 1989). En la corriente popperiana la razón científica funciona a base de construir sistemas peculiares de conocimiento del mundo, a objeto de poder explicar los fenómenos con la meta final de dominar la naturaleza, lo que equivale en muchos casos a transformarla; y el instrumento fundamental para cumplir con esa labor son las teorías. En este sentido, desarrolla la tesis de que todo conocimiento está impregnado de teoría, llegando a admitir la existencia de disposiciones innatas en el conocimiento humano. Con el mismo énfasis que Popper destaca la primacía de las teorías científicas sobre los hechos empíricos en su explicación de la ciencia, también emerge su rechazo por el criterio positivista de verificación y de la conexión establecida entre verificación y significado; y en contraposición propuso el criterio de falsabilidad (posibilidad de falsar o refutar una teoría). Por eso la ciencia consiste no sólo en confirmación, sino en pruebas para ver si las hipótesis son falsables. Popper distinguió la ciencia verdadera, constituida por teorías susceptibles de ser demostradas falsas, poniendo a prueba sus predicciones, de las seudociencias, que no son refutables. Siguiendo su criterio de demarcación (la falsabilidad), Popper sugirió que tales pruebas debían estar dirigidas a poner de manifiesto los aspectos falsos o equivocados de las teorías, las que no son el resultado de la síntesis de numerosas observaciones (posición inductiva), sino más bien son conjeturas creadas por los investigadores para explicar cualquier problema y que deben ponerse a prueba a través de confrontaciones con la realidad para su posible refutación. Lo anterior fue el origen de la versión popperiana del método científico denominado hipotético - deductivo. Entonces, la ciencia progresa por medio de conjeturas o refutaciones, siendo la demostración de la falsedad de una hipótesis una deducción lógicamente válida, en atención de que parte de un enunciado general y se confronta con uno o varios hechos particulares. Una teoría será científica si puede ser falsada por medio de la experiencia (en el caso de las teorías empíricas) o por medio de su contradictoriedad interna (en el caso de las teorías lógicas y matemáticas). En esta corriente las teorías no son nunca verificables empíricamente, pero si han de ser contrastables con ella. Estas ideas de Popper dejan explícitamente planteado su rechazo al inductivismo: "La ciencia no consiste en una colección de observaciones de las cuales inferimos leyes o hipótesis, sino en un examen crítico de hipótesis destinado a eliminar las que conduzcan a conclusiones falsas" (Ferrater 2001 - III). Asimismo, elaboró la noción de probabilidad en sentido lógico y no estadístico, defendiendo la idea tendencial de probabilidad. La probabilidad lógica de un enunciado es complementaria con su grado de falsabilidad: Al comparar el grado de falsabilidad de dos enunciados, también se puede afirmar que uno es más probable lógicamente que el otro, cuando tiene menor grado de falsabilidad. Una teoría que no es falsable de ninguna manera, por que no prohíbe ningún acontecimiento empírico, tiene un grado de falsabilidad igual a cero y, por tanto, su probabilidad lógica es 1; y viceversa, las teorías o los enunciados científicos más falsables son los menos probables lógicamente. Lo cual no quiere decir que este último tipo de enunciados o de teorías no sean científicas, sino todo lo contrario. Las teorías que tienen probabilidad lógica 1 no dan ninguna información sobre la empíria: las teorías empíricamente preferibles, en el sentido de que son plenamente científicas, son aquellas cuyo contenido empírico es muy alto, y por consiguiente su probabilidad lógica muy baja (Echeverría 1989). Por otra parte, es relevante destacar el carácter evolucionista de la teoría popperiana acerca del conocimiento, el cual se manifiesta de dos maneras (Ferrater 2001 - III): 1. Todo conocimiento es siempre un proceso que parte de un problema, ensaya soluciones, elimina los errores encontrados y descubre una solución. Ésta es, a su vez, el planteamiento de un nuevo problema, o de una serie de problemas. 2. El conocer, siendo reacción a problemas, es una actividad de todos los organismos, los cuales incorporan esquemas en términos de los cuales se enfrentan justamente con problemas. Otra de las ideas más discutidas de Popper es la llamada Teoría de los Tres Mundos: el mundo de las cosas materiales, el de los objetos físicos o de los estados físicos (primer mundo); el mundo subjetivo de los procesos mentales, de los estados de conciencia, o quizá de las disposiciones conductuales para actuar (segundo mundo); y el mundo de los productos de la actividad de organismos (tercer mundo). Este último mundo, en particular es el de los productos humanos (productos culturales), aunque resultante de las actividades, intencionales y no intencionales, de sujetos, tiene su propia estructura y sus propias leyes, siendo por tanto, un mundo objetivo: de contenidos objetivos del pensamiento, especialmente del pensamiento científico y poético y de las obras de arte. Aunque el estudio del "tercer mundo" puede arrojar luz sobre el segundo, y aunque no ocurre lo inverso, el tercer mundo es un producto natural del animal humano. El conocimiento objetivo se desarrolla mediante la interacción entre nosotros y el tercer mundo. I.2. Imre Lakatos (1922 -1974) Imre Lakatos fue un filósofo húngaro muy influenciado por la filosofía hegeliana, que a partir de los 40 años se orienta hacia la filosofía popperiana. La tesis central del falsacionismo desarrollado por Lakatos estriba en que una teoría nunca puede ser falsada por la observación ni por experimento alguno, pero sí por otra teoría: Señala que ningún experimento, informe experimental, enunciado observacional o hipótesis falsadora de bajo nivel, bien corroborada, puede originar por si mismo la falsación. No hay falsacion sin la emergencia de una teoría mejor. Para explicar los procesos de cambio científico, el problema metodológico que hay que resolver no es la contraposición teoría - experiencia, sino los criterios de evaluación entre teorías rivales, huyendo así del psicologismo, sociologismo o del irracionalismo. Para ello propone un criterio racional de elección por parte de los científicos, y en general para todas las comunidades científicas. El falsacionismo que él propone denominado falsacionismo refinado difiere del ingenuo en sus reglas de falsación o eliminación. Para el falsacionista ingenuo cualquier teoría que pueda interpretarse como experimentalmente falsable es "aceptable" o "científica" sólo si tiene un exceso de contenido empírico corroborado con relación a su predecesora o rival, predice hechos nuevos, improbables e incluso excluidos por la anterior teoría. Considera importante la evaluación de una serie de teorías y no las teorías aisladas, esto trae como consecuencia fundamental para el análisis epistemológico, que las unidades básicas de análisis ya no son las teorías sino los programas de investigación científica. Según Ruy Pérez Tamayo (1998) el esquema general de Lakatos es particularmente atractivo, porque postula una estructura casi tridimensional para sus "programas científicos de investigación". En efecto, cada uno de esos programas está formado por tres capas concéntricas de entidades dialécticas: 1) El núcleo central, que reúne los supuestos básicos y esenciales del programa, o sea todo aquello que es fundamental para su existencia; 2) Este núcleo central está celosamente protegido de las peligrosas avanzadas de la falsación por un cinturón protector llamado "heurístico negativo", que es un principio metodológico que estipula que los componentes del núcleo central no deben abandonarse a pesar de las anomalías, y que está constituido por múltiples elementos como hipótesis auxiliares, hipótesis observacionales, diferentes condiciones experimentales, entre otros; 3) La capa externa del programa científico de investigación se conoce como "heurístico positivo" y representa las directrices generales para explicar los fenómenos. Lakatos examina en detalle los distintos mantos que constituyen los programas de investigación, el carácter flexible de la heurística positiva, el papel de las anomalías y las diferentes interpretaciones que pueden darse a las confirmaciones, refutaciones y desafíos, para lo cual usa un abundante material histórico, considerando que la filosofía de la ciencia sin historia de la ciencia es vacua. Sin embargo, opina que la historia de la ciencia es racionalmente reconstruible, existiendo una diferencia marcada entre la historia interna y externa de la ciencia, no queriendo decir que no haya una historia sino que ésta se explica internamente a través de la teoría de los programas de investigación, cuya metodología es completada por la historia empírica. Por lo que Lakatos desarrolla una teoría de la racionalidad, que debe entenderse como una metodología y como un programa de investigación. En definitiva, destaca los hechos empíricos dentro de una metodología. Señala Lakatos que existe una jerarquía de acceso a esos tres niveles de programas de investigación. La primera ocurre en la periferia conceptual del sistema y sólo tiene tres opciones: 1) Cuando se está de acuerdo con los principales hechos de observación. 2) Cuando registra hechos no explicables con el sistema, pero solamente a nivel del cinturón protector o heurístico positivo, el cual es fácilmente modificable. 3) Presenta información que afecta gravemente la vigencia central del sistema. Además, destaca que existen dos clases de programas de investigación científicos: los progresistas cuando su crecimiento teórico anticipa su crecimiento empírico, o sea que continúa prediciendo hechos nuevos con cierto éxito; y los degenerados cuando su crecimiento teórico está rezagado con relación a su crecimiento empírico, en otras palabras, que sólo ofrece explicaciones post hoc, es decir, de descubrimientos accidentales o hechos predichos por otro programa rival. Una debilidad de este planteamiento es que Lakatos no propuso criterios adecuados para distinguir los programas progresivos de los degenerados. I.3. Thomas Kuhn (1922 - 1996) Su contribución fundamental a la filosofía de la ciencia la hace en su famoso libro "La Estructura de las Revoluciones Científicas", publicado en 1962; en donde introduce la historia como elemento indispensable para su compresión integral. Al contrario de quienes sostienen que la filosofía de la ciencia es básicamente una reconstrucción lógica de las teorías científicas, Kuhn considera que el estudio histórico de la ciencia es indispensable para comprender no sólo cómo se han desarrollado las teorías científicas, sino por qué en ciertos momentos determinadas teorías son aceptadas y, por lo tanto, justificadas y validadas. De acuerdo a lo anterior, la historia de la ciencia pone de manifiesto, que las disciplinas pasan por ciclos, que constan de dos fases: la ciencia normal y la revolución, identificando una tercera fase inicial (preciencia), que desaparece a partir del segundo ciclo. Asimismo, Kuhn introdujo la famosa idea de paradigma (1) que se refiere a la teoría general o el conjunto de ideas sostenidas por una generación de científicos. Los ciclos mencionados se inician por una etapa más o menos larga de preciencia, durante el cual se recolectan observaciones no definidas y sin referencia a un esquema general, pudiendo existir varias escuelas de pensamiento compitiendo sin que ninguna de ellas prevalezca. Sin embargo, poco a poco un sistema teórico adquiere aceptación general, surgiendo el primer paradigma de la disciplina. Este está formado por una teoría y un método, que juntos constituyen una manera de ver el mundo. Una vez establecido el paradigma, la etapa de preciencia es sustituida por la de ciencia normal (2), que se caracteriza porque la investigación tiene lugar de acuerdo al paradigma prevaleciente, resolviendo los problemas o acertijos con la estructura del mismo . Durante este período los resultados no compatibles con el paradigma dominante se van acumulando en forma de anomalías, que cuando alcanzan un nivel elevado, hace que el paradigma se abandone y se sustituya por otro que satisfaga no sólo los hechos explicados por el paradigma anterior sino también todas las anomalías acumuladas (3). A la ciencia que se lleva a cabo en este proceso de cambio, de un paradigma a otro, Kuhn la denomina ciencia revolucionaria. Siendo esta concepción Khuniana de la historia de la ciencia un proceso cíclico. En este análisis de cambio es donde Kuhn introduce una de sus ideas fundamentales, proponiendo que la sustitución de un paradigma no es un proceso racional, entre otras cosas porque los distintos paradigmas son inconmensurables, que no significa que sean incompatibles, sino que no son comparables entre sí. La inconmensurabilidad del paradigma antiguo y del nuevo determina que sus respectivos partidarios hablen distintos idiomas, o sea que los mismos términos tengan diferentes significados, lo que dificulta o imposibilita la comunicación entre ellos, lo que impide que se aproveche toda la información acumulada durante el período de ciencia normal anterior a la revolución, que termina por cambiar un paradigma por otro. La inconmensurabilidad es local, en otras palabras, un cambio teórico revolucionario afecta a algunos conceptos, pero no a la mayoría, esto permite que quede una amplia base conceptual común para poder realizar comparaciones entre las teorías. De allí que la inconmensurabilidad no impida que haya progreso del conocimiento, ya que ella lo provoca, siendo éste no sólo cuantitativo sino de reorganización a profundidad de lo conocido. Kuhn niega la existencia de una verdad independiente de la teoría, por lo que hay que entender el progreso científico de manera instrumental, como un crecimiento intrateórico de la capacidad de resolver problemas y de predecir. Este desarrollo teórico tiene como precio una creciente especialización que aísla una comunidad de otra. De igual forma, Kuhn no se refiere a la lógica del descubrimiento científico sino de la psico-sociología de la ciencia. La evolución de la ciencia, concebida de esa manera, escapa a las explicaciones racionales o la lógica de la investigación científica. Ellas se constituyen en explicaciones fuera de ese acontecer y son sociológicas o psicológicas, en otras palabras, cada paradigma está condicionado por una concreta situación histórica, sociológica y psicológica, por lo que no puede ser explicado dentro de una perspectiva racional. I.4. Paul Feyerabend (1924 - 1994) El primer encuentro de Feyerabend con Popper tuvo lugar en 1948, en la época de mayor lustre del falsacionismo, impresionándolo muy poco por sus teorías. En 1950 trabajó con Popper en Londres, asociándose con Lakatos, con el cual sostuvo un debate continuo. La evolución de su pensamiento tuvo lugar al hilo de sus trabajos sobre la teoría de la medida y la lógica cuántica. Se fue interesando crecientemente por las reglas metodológicas que los científicos tienen que usar para sus pruebas. Feyerabend observó que aquellas eran violadas por los propios científicos, en oposición a las tesis empiristas. Asimismo, si hay que atenerse al criterio popperiano de falsabilidad, las teorías alternativas a una teoría que haya sido verificada muchas veces, pueden producir hechos capaces de falsar esta última y, por tanto, son indispensables para su examen. Una vez en este camino se va desvaneciendo la línea de demarcación entre ciencia y no ciencia. La insistencia en la demarcación disminuye el contenido empírico de la ciencia y lo hace más dogmático. En relación con el método científico, Feyerabend se declara anarquista: históricamente no hay nada que pueda identificarse como un método científico. Postula y defiende el libre acceso del individuo a todas las opciones posibles para alcanzar el conocimiento. En el inicio del libro "Contra el Método" (1975) propone el anarquismo, considerándolo como una medicina excelente para la epistemología y para la filosofía de la ciencia. Más adelante establece que sólo hay un principio que puede defenderse en todas las circunstancias y etapas del desarrollo humano, éste es: "Todo se Vale". Se concentró en la búsqueda de una metodología general que abarcara tanto la ciencia como los mitos, la metafísica, las artes, llegando a proponer una sola regla metodológica: "Se Admite Todo" o "Todo Vale". Afirma, que llegó el momento de desbancar a la ciencia y a la razón de los puestos privilegiados que ocuparon. No hay ninguna teoría que pueda, o deba, considerarse privilegiada. Así, el anarquismo epistemológico, combinado con una tendencia a la dialéctica, es la consecuencia de una fuerte postura por la libertad humana. El racionalismo puede ser en ocasiones un correctivo contra un irracionalismo dogmático, pero la mejor apuesta es el pluralismo, la alternativa y, en ultima instancia, la libertad. El principio enunciado aconseja ir en contra de las reglas para avanzar en la ciencia. Los científicos hacen de todo para hacer sus teorías favoritas, cuando escogen entre dos o más teorías sobre los mismos fenómenos, la decisión nunca es racional y objetiva, porque las distintas teorías son inconmensurables. Dentro de esta anarquía, tanto el cambio como el crecimiento de la ciencia se explican por factores externos, como ideologías, preferencias subjetivas, y estilo literario. Según Feyerabend, la ciencia consiste en la interacción de dos partes: la normal y la filosófica, siendo ella la responsable de su crecimiento. II. Polémicas entre los Representantes del Racionalismo Crítico II.1. Popper - Kuhn El reproche fundamental de Kuhn a Popper estriba en la visión continuista y acumulativa del progreso científico, ya que por el contrario él visualizaba el avance de la ciencia en base a crisis y rupturas, que implican cambios radicales en la concepción del mundo, emergiendo un nuevo paradigma al que se llegará mediante revoluciones científicas. Al respecto, Kuhn señalaba que, la transición de un paradigma en crisis a otro nuevo del que pueda surgir una nueva tradición de ciencia normal, está lejos de ser un procedimiento de acumulación, al que se llegue por medio de una articulación o una ampliación del antiguo paradigma. Constituyéndose, por el contrario, en una reconstrucción del campo a partir de nuevos fundamentos, cambiando algunas de las generalizaciones teóricas más elementales del campo, así como también mucho de los métodos y aplicaciones del paradigma. El nuevo paradigma será incompatible en algunos aspectos fundamentales con el anterior. Kuhn invalida la vigencia de la metodología falsacionista de Popper en la etapa de la ciencia normal, ya que durante la permanencia de ésta el científico no es crítico, ni intenta refutar las teorías científicas vigentes. En esta fase parece existir una intención de obligar a la naturaleza a que encaje dentro de los límites preestablecidos y relativamente inflexibles que proporciona el paradigma, por tanto, no se buscan nuevas teorías o fenómenos. La ciencia normal investiga zonas muy especificas, pero con gran minuciosidad. La tarea principal estriba en articular y organizar cada vez mejor, en forma de teoría, los resultados que se han ido obteniendo. Asimismo, esta etapa consagra una buena parte de sus esfuerzos a la resolución de problemas que, podrían tener solución, en principio, a través de los criterios establecidos en el paradigma. Sin embargo, existen numerosas anomalías, es decir, hechos que de ninguna manera son explicables en el marco conceptual del paradigma y que incluso lo contradicen. La existencia de estas anomalías puede ser conocida durante mucho tiempo sin que por ello el paradigma se derrumbe. Kuhn afirma que el paradigma no podrá ser rechazado mientras no surja otro rival, que esté en condiciones de sustituirlo como nueva ciencia normal. Quedando demostrada de esta forma la diferencia con el criterio de demarcación popperiano (el falsacionismo), dado que hechos contradictorios con una determinada teoría no conllevan a su refutación, ni su falsación efectiva. Para Kuhn lo que se pone a prueba no es la teoría o hipótesis general, sino la habilidad del científico, ya que si los resultados no son compatibles con el paradigma dominante, lo que está mal es el trabajo del investigador. En esto difiere de Popper que afirma que lo que está fallando es la teoría. Kuhn y Popper coinciden en pasar por alto los mecanismos de generación de las hipótesis, aunque el primero las atribuye a la intuición estimulada por la acumulación progresiva de anomalías y el segundo sólo a la intuición. En cambio, mientras Popper postula que el cambio de una teoría científica por otra proviene de la falsación de la primera y el mayor poder explicativo de la segunda, o sea que se trata de un proceso lógico y racional, Kuhn afirma que la historia demuestra que tal sustitución obedece mucho más a fuerzas irracionales e ilógicas, más relacionadas con factores sociológicos que racionales. Para Popper la ciencia no puede y no debe avanzar a partir de una absoluta libertad crítica, la cual es el criterio de Kuhn. Para Popper la democracia científica tiene límites, para Kuhn, no. Popper sostiene que la ciencia progresa porque la fuerza de la crítica interna, constituida por las refutaciones, mantiene el cuerpo teórico que se constituye en ciencia, lo que muestra el progreso, mientras que para Kuhn éste se da porque la ciencia normal cede su paso a otra extraordinaria, y es ésta la que demuestra el progreso de la ciencia. II.2. Lakatos - Kuhn Lakatos mantiene varias de las tesis de la corriente kuhniana, entre ellas se pueden señalar: El más importante acuerdo entre Kuhn y Lakatos se centra en el hecho de que una teoría sólo podrá ser refutada por otra teoría rival: Los científicos abandonan una teoría por otra en función del mayor contenido empírico de la segunda, caracterizado por el descubrimiento y la corroboración de algunos hechos nuevos y sorprendentes, pero así mismo en función de su mayor potencial heurístico; lo que origina que las teorías sean evaluadas en función del programa de investigación en el que se insertan, y no aisladamente en confrontación con la experiencia. En este sentido, ambas corrientes postulan que una teoría siempre acabará siendo sustituida por otra; pero no por cualquiera de entre todas las que proliferaron en la fase de la crisis del paradigma, diciéndolo en términos de Kuhn; sino por aquella que, en primer lugar, incluya lo fundamental de la anterior, pero que además la supere, entendiendo como tal el establecimiento de nuevas predicciones empíricas que puedan resultar incluso sorprendentes para los defensores de la teoría anterior, pero que luego se ven confirmadas experimentalmente. Lakatos aceptó la existencia de anomalías - entendidas como aquellos hechos que no son explicables a través del marco conceptual del paradigma vigente - para toda teoría científica planteada por Kuhn. Lakatos, asimismo, acuñó la importancia que Kuhn otorgaba a la historia de la ciencia para la epistemología, destacando las nociones de historia interna y externa a una teoría. Lakatos no está de acuerdo con Kuhn en lo siguiente: En el caso de que existan refutaciones que den lugar a anomalías, la teoría no tiene que ser rechazada a priori, puesto que ellas pueden explicarse a posteriori. La existencia de anomalías no marcan la diferencia entre ciencia normal y extraordinaria, como es el criterio de Kuhn. Al contrario, estas pueden desaparecer en una investigación y ratificar la teoría tradicional. II.3. Popper - Lakatos Lakatos valida el principio de falsabilidad de Popper, introduciendo mejoras que le permiten presentar su propuesta denominada "Falsacionismo Metodológico Refinado" (4). La diferencia con el principio de falsabilidad de Popper propugnada por Lakatos estriba en que no se pueden probar las teorías y tampoco refutarlas a través de procedimientos exclusivamente empíricos (basados en la experiencia), dado que, por una parte, no hay demarcación natural (psicológica) entre las proposiciones observacionales y las proposiciones teóricas; y por otra parte, ninguna proposición fáctica nunca podrá ser probada mediante un experimento crucial, debido a su vez a que toda prueba conlleva una deducción lógica, y las proposiciones sólo puedan derivarse a partir de otras proposiciones, y no de hechos. Los experimentos cruciales no existen, si se hace referencia a aquellos que pueden destruir instantáneamente a un programa de investigación. Si cabe, en cambio, que cuando una teoría ya ha sido sustituida por otra, retrospectivamente se le atribuya a algún experimento el haber refutado a la primera y corroborado a la segunda. Pero el abandono de la teoría refutada nunca depende exclusivamente de un solo experimento. Así, para el falsacionismo ingenuo de Popper cualquier teoría que pueda interpretarse como experimentalmente falsable es aceptable como científica, y su falsación está dada por un enunciado observacional que entra en conflicto con ella. Para el falsacionismo refinado una teoría es aceptada científicamente sólo si tiene un exceso de contenido empírico corroborado con relación a la teoría predecesora o rival; según Echeverría (1989) esta condición puede descomponerse en dos aspectos: Que la nueva teoría tenga exceso de contenido empírico (aceptabilidad 1), lo cual puede confirmarse mediante un análisis lógico a priori. Que parte de ese exceso de contenido resulte verificado (aceptabilidad 2), lo cual sólo podrá contrastarse empíricamente y ello puede traducirse en un tiempo indefinido. Siguiendo esta postura, una teoría T queda falsada si y sólo si otra teoría T' ha sido propuesta y tiene las siguientes características (Echeverría, 1989): a) T' tiene un exceso de contenido empírico con relación a T; esto es, predice hechos nuevos, improbables e incluso excluidos por T. b) T' explica el éxito previo de T, esto es, todo el contenido no refutado de T está incluido en el contenido de T'. c) Una parte del exceso de contenido de T' resulta corroborado. En cuanto a su controversia con Popper, destaca el choque entre el esquema de los programas de investigación y el método hipotético - deductivo de Popper; del que se deriva y al que pretende superar. Para ambos métodos el objetivo de la ciencia no es alcanzar la verdad sino aumentar la verosimilitud. En Popper la unidad funcional es la teoría, mientras para Lakatos es un conjunto de teorías organizado en un núcleo central y rodeado por los cinturones heurístico positivo y negativo (o sea un programa de investigación científico). Para Popper, los experimentos cruciales son importantes porque sirven para falsar teorías, mientras que para Lakatos son irrelevantes en vista de que siempre se puede modificar el cinturón heurístico negativo sin afectar a la teoría. Coinciden en que las distintas teorías deben compararse por su aumento en contenido y su corroboración, y ambos enfrentan el mismo problema de cómo medirlo. Finalmente, Popper se preocupa por cómo se hace la ciencia, Lakatos escudriña el pasado para sugerir cómo debería hacerse la ciencia en el futuro. II.4. Feyerabend - Kuhn Feyerabend aprueba el concepto de la inconmensurabilidad de los paradigmas científicos de Kuhn. Dentro de ella aporta las siguientes ideas: Existen sistemas de pensamiento que son inconmensurables; el desarrollo de la percepción y del pensamiento en el individuo pasa por etapas que son inconmensurables entre sí; y existen teorías científicas que son mutuamente inconmensurables aunque en apariencia se ocupen del mismo objeto. Rechaza los períodos cíclicos de ciencia normal y revolución, alegando que ni existen ni han existido nunca, por lo que no pueden explicar el crecimiento de la ciencia. Conclusiones En los últimos años se ha mantenido una larga controversia acerca de la interpretación de la forma de construcción del conocimiento científico y de los principios metodológicos que determinan lo qué es y lo qué no es ciencia. Dentro de esta discusión la concepción racionalista ha desempeñado un papel protagónico, manteniéndose vigentes muchos de sus planteamientos hoy en día. El análisis evolutivo de esta corriente de pensamiento ha permitido constatar que el ámbito de discusión se ha trasladado del campo de los fenómenos físicos y naturales al de los sociales, en cuyo seno destaca el énfasis puesto recientemente por el carácter socio-histórico. El racionalismo crítico presenta una visión del conocimiento científico en función de la cual es necesario presuponer ciertas condiciones en el mundo y en nuestro acceso cognitivo a él. En otras palabras, consiste en adquirir una actitud más crítica frente a las teorías plenamente establecidas en la ciencia. De acuerdo a este esquema, el conocimiento científico se adquiere por medio de la captura mental de una serie de principios generales, a partir de los cuales se deducen sus instancias particulares. El desarrollo del racionalismo hizo posible la validación de algunas disciplinas de ámbitos tradicionalmente humanísticos como la economía y la lingüística que bajo esta concepción se convierten en ciencias teóricas y explicativas. Es importante resaltar que en la corriente racionalista existe un gran número de filósofos que contribuyeron al desarrollo de sus tesis fundamentales. No obstante, el estudio realizado sólo se centra en los más relevantes: Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend. Popper constituye la figura más influyente y respetada dentro de esta corriente. Su tesis fundamental descansó en proponer un modelo de formación del conocimiento opuesto al positivista. Para lo cual plantea el falsacionismo como criterio de demarcación entre ciencia y no ciencia. La objeción a sus principios es de carácter histórico, pues si los científicos se hubieran ceñido rigurosamente al falsacionismo, muchas de las teorías más sólidas de la ciencia nunca hubieran alcanzado su desarrollo actual; dado que una vez que éstas enfrentaran hechos que los contradijeran serían rechazados. Es en este punto donde adquiere importancia el pensamiento de Kuhn, el cual realiza un viraje en la metodología de la ciencia al tomar gran relevancia el papel de los estudios históricos. Asimismo, rechaza la idea de Popper de que la ciencia crece por acumulación, afirmando que ésta lo hace en base a saltos, que provocan rupturas con el paradigma vigente al producirse una revolución científica. El planteamiento de Lakatos se inscribe dentro del falsacionismo popperiano, al cual mejora, y lo denomina falsacionismo metodológico refinado, para el que tomó en consideración muchas de las críticas formuladas por Kuhn, como la existencia de anomalías para toda teoría científica y la importancia de la historia de la ciencia para la epistemología: Su aporte fundamental se centra en plantear el esquema de programas de investigación científica para distinguir a la ciencia de otras actividades que no lo son. Por otra parte Feyerabend, presenta muchos puntos de coincidencia con Kuhn, entre otras cosas, en su idea central de inconmensurabilidad de los paradigmas o teorías científicas; en relación al método científico se declara anarquista, pues históricamente éste no ha existido. Al igual que Kuhn señala que tanto el cambio como el crecimiento de la ciencia se explican por factores externos como ideologías, preferencias subjetivas, estilo literario, entre otros aspectos. Bibliografía ECHEVERRIA, Javier. 1989. Introducción a la Metodología de la Ciencia . Barcelona: Barcanova. FERRATER, José. 2001. Diccionario de Filosofía . Tomo III. Barcelona: Editorial Ariel. PADRON, José. 1992. Paradigma" de Investigación en Ciencias Sociales un Enfoque Curricular . Caracas: Universidad Simón Rodríguez (USR). PEREZ T., Ruy. 1998. ¿Existe el método científico? México: Editorial Fondo de Cultura Económica. Notas (1) Término que empleó para referirse a las conquistas del conocimiento científico que se iban imponiendo con el tiempo hasta hacerse dominante y terminaban siendo desplazadas por otro nuevo paradigma naciente y así sucesivamente (Padrón 1992). Es de hacer notar, que la palabra paradigma ya había sido empleada por Platón y Aristóteles en el sentido de modelo y ejemplo. Este concepto fue utilizado en la teoría de la ciencia por primera vez por Lichtenberg (1742 - 1799); el cual fue criticado por un filósofo contemporáneo a Kuhn, Lakatos, quien prefirió reinterpretar el concepto de programa de investigación. Kuhn presenta el término para referirse a "un modelo o patrón aceptado" por los científicos de una determinada época, que normalmente ha llegado a ser vigente tras imponerse a otros paradigmas rivales. Un paradigma es aquello que los miembros de una comunidad científica, y sólo ellos comparten, y a la inversa; es la posesión de un paradigma común que constituye a un grupo de personas en una comunidad científica (Echeverría 1989). (2) Ciencia normal significa investigación basada en una o más realizaciones científicas pasadas que son reconocidas durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior. La investigación tomará esas obras o manuales como base para las indagaciones ulteriores. Durante esta fase los científicos no buscan nuevas teorías, ni siquiera nuevos fenómenos. Las etapas de ciencia normal se caracterizan precisamente por que en ellas se puede dedicar muchísimo tiempo y esfuerzo a la tentativa de solucionar problemas de escasa relevancia, pero con mucho sentido dentro del paradigma (Echeverría 1989). (3) Sobre este aspecto, señala Bayertz, que en Kuhn cabe distinguir tres tipos de diferencias entre un paradigma y su rival: Diferentes problemas que involucran distintas concepciones y definiciones de la ciencia; diferencias conceptuales entre ambos paradigmas ligadas a diferentes lenguajes teóricos e interpretación de los datos; diferente visión del mundo (Echeverría 1989). (4) En escritos de Popper se encuentran ideas claves para este tipo de falsacionismo, pero es en realidad esta una propuesta que corresponde a Lakatos inspirado en Popper (Echeverría 1989). http://www.facso.uchile.cl/publicaciones/moebio/23/hernandez.htm

Como decir te amo o te quiero en todas las lenguas y de diversas formas. Africano (Afrikaans) Ek is lief vir jou . Albano Te dua Te dashuroj Ti je zemra ime . Alemán Ich liebe dich (clásico y conservador) Ich hab dich lieb . Arabe Ana behibak (de mujer para hombre) Ana Behibek (de hombre para mujer) Ana ahebik Ib'n hebbak Ana ba-heb-bak Nhebuk (dicho a alguien importante) . Armenio Yes kez guh seerem (dialecto del Oeste) Yes kez si'rumem (dialecto del Este) . Bangladeschi Ami tomake walobashi . Bengalí Aami tomaake bhaalo baashi . Bosnio Volim te . Brasileño (Portugués) Eu te amo (pronunciado "eiu chee amu" . Búlgaro Obicham te As te obeicham As te obicham . Burmeo Chit pa te . Cambodiano Kh_nhaum soro_lahn nhee_ah . Canadiense (Francés) Sh'teme (pronunciación) Je t'aime (Te amo) Je t'adore (Te adoro) . Checo Miluji te . Chino Ngo oi ney (Cantonés) Wo oi ney (Cantonés) Wo ai ni (Mandarín) Wo ie ni (Mandarín) Wuo ai nee (Mandarín) Wo ay ni (Mandarín) . Coreano Dangsinul saranghee yo Saranghee Joahaeyo Norul sarang hae . Creol Mi aime jou . Croata (familiar) Volim te (dicho comun) . Danés Jeg elsker dig . Eslovaco Lubim ta . Español Te amo Te quiero Te adoro . Estoniano Mina armastan sind Ma armastan sind . Etíope ewedishalew (de hombre para mujer) . ewedihalew (de mujer para hombre) . Farsi (dialectos Tora dost daram Iraníes en Afganistán y Pakistán) . Filipino Mahal ka ta Iniibig kita Mahal kita . Finlandés ("Ma" rakastan sinua ("Ma" tykka"a"n susta (Me gustas) . Francés Je t'aime (Te amo) Je t'adore (Te amo - mas significativo entre enamorados) J' t'aime bien (Para amigos y familiares, no enamorados) . Gaélico (Idioma de Irlanda) Ta gra agam ort Moo graugh hoo . Galés (idioma hablado en Gales, UK) Rwy'n dy garu di . Griego S'ayapo (pronunciado s'agapo) . Groenlandés Asavakit . Hawaiano Aloha wau ia oi Aloha wau ia oi nui loa (Te amo mucho) . Hindi (lengua de los estados del Norte de la India) Mai tumase pyar karata hun (de hombre para mujer) Mai tumase pyar karati hun (de mujer para hombre) . Holandés Ik hou van je Ik hou van jou . Húngaro Szeretlek . Indígena Guatemalteco (Nativos Guatemaltecos) Cakchiquel Ñtenwajó (pronunciado Intenguajó) Mam Waja tija Q'anjobal Chi hach inkamk'ulnej Quiché Ka tu´aj . Indio Americano (Nativos Norteamericanos) Apache Sheth she~n zho~n (sonidos nasales) Cheyenne Ne mohotatse Chickasaw Chiholloli (con "i" nasal, al principio) Hopi Nu' umi unangw'ta . Indonesia Saya cinta padamu Saya cinta kamu Saya kasih saudari . Inglés I love you I adore you I love thee (poético) . Irlandés (ver Gaelic) Taim i' ngra leat . Islandés Eg elska thig (pronunciado "yeg l-ska thig" . Italiano Ti amo (entre enamorados) Ti voglio bene (entre amigos) Ti voglio (te deseo) . Japonés Kimi o ai shiteru Aishiteru Chuu shiteyo Ore wa omae ga suki da Watashi wa anata ga suki desu Suki desu (usado al principio de una relación - no íntimo) . Kurdo Ez te hezdikhem . Lao Khoi hak jao . Latino Te amo . Latvio Es tevi milu (pronunciado "es tevy meelu" . Libanés Bahibak . Lituano Tave myliu (pronunciado "ta-ve mee-lyu" . Luganda (idioma de Uganda) Nkwagala Nyo . Luo (idioma de Kenya) Aheri . Luxemburgués Ech hun dech ga"r . Macedonio Te sakam (un poco más significativo que "Me gustas" Te ljubam (Realmente te amo) . Malay (de Indonesia) Saya cintakan kamu Saya cinta pada mu (usado más comunmente) . Marroquí Kanbhik . Noruego Jeg elsker deg (Bokmaal) Eg elskar deg (Nynorsk) . Paquistaní Mujhe tumse muhabbat hai Muje se mu habbat hai . Polaco Kocham cie Kocham ciebie Ja cie kocham Yacha kocham . Portugués Eu amo te (pronunciado "eiu amu chee" . Punjabí (idioma de N.Punjab, India) Main tainu pyar karna Nai taunu pyar karda . Quechua Boliviano Qanta munani . Quechua Ecuatoriano Canda munani . Rumano Te iubesc Te ador . Ruso Ya lyublyu tebia . Samoan Ou te alofa outou . Serbio (familiar) Volim te . Serbio-croata Volim te Ljubim te . Sirio/Libanés Bhebbek (de hombre para mujer) Bhebbak (de mujer para hombre) . Somalí Waan ku gealahay . Srilanka Mama oyata arderyi . Sueco Jag a"lskar dig . Suizo (German) Ch'ha di ga"rn . Swahili Nakupenda Naku penda (seguido del nombre de la persona) . Tagalog (un dialecto de Las Filipinas) Mahal kita . Tahitiano Ua here au ia oe Ua here vau ia oe . Thai (lengua de Tailandia) Chan raak ther . Tunesino Ha eh bak . Turco Seni seviyorum . Ucraniano Ya tebe kokhayu Ja pokokhav tebe . Urdu (se habla en India y Pakistan) Main tumse muhabbat karta hoon Mujhe tumse mohabbat hai Kam prem kartahai . Vasco Maite zaitut . Vietnamita Anh ye^u em (de hombre para mujer) Em ye^u anh (de mujer para hombre) . Yiddish Ikh hob dikh lib Ich libe dich Ich han dich lib . Yugoslavo Ja te volim . Zulu Mena tanda wena Ngiyakuthanda Si no rompen corazones diciendole esto a algun novio/o, me avisan . Espero les guste. Saludos Si me dan algunos puntitos no me enojo y agradezco. http://www.deguate.com/infocentros/amor/carinio/teamo.htm
Registrate y eliminá la publicidad! Me gustaría que lean esta carta que a mi entender es brillante. Por motivo del día del niño, que acaba de pasar, no deberíamos ignorar la realidad de los niños de Sudamerica. Espero les guste. 2 de mayo de 1995 A: Eduardo Galeano. Montevideo, Uruguay. De: Subcomandante Insurgente Marcos Montañas del Sureste Mexicano. Chiapas, México. Señor Galeano: Le escribo porque... porque me dieron ganas de escribirle. Porque ya pasó el día del niño acá en México y se me ocurre que a usted le puedo platicar lo que acá pasa, en un día del niño, en medio de una guerra sorda. Le escribo porque no tengo ninguna razón para hacerlo y, entonces, puedo así contarle lo que pasa o lo que me viene a la cabeza, sin la preocupación de que no se me vaya a olvidar el motivo de la carta. Porque sí, pues. También porque perdí el libro que me regaló y porque ese ratón cambista que suele ser el destino (?) ha repuesto el libro perdido con otro libro. Y porque se me ha quedado bailando en la cabeza una parte de su libro "Las palabras Andantes". Porque dice así: "¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?". Ventana sobre la palabra (VIII), p.262. Y entonces yo me he recostado para pensar y fumar. Es de madrugada y como almohada tengo un fusil (bueno, en realidad no es un fusil, es una carabina que fue de un policía hasta enero de 1994. Antes servía para matar indígenas, ahora sirve para que no los maten). Con las botas puestas y la pistola recostada a un lado, cerca de la mano, pienso y fumo. Afuera, alrededor de humo y pensamientos, mayo se engaña a sí mismo fingiendo que es junio y hay ahora una tormenta de lluvia, rayos y truenos que logró lo que parecía imposible: callar a los grillos. Pero yo no estoy pensando en la lluvia, no estoy tratando de adivinar cuál de los relámpagos que está por rasguñar la tela de la noche será el de la muerte, ni siquiera me preocupa que el techito de nylon que cubre mi estancia es demasiado pequeño y se moja la orilla del camastro (¡Ah! Porque resulta que me hice una camita de ramas y horcones, amarrados con bejucos. Lo hice porque la uso de escritorio, bodega y, a veces, para dormir. En la hamaca no me acomodo o me acomodo demasiado, me quedo muy dormido y el sueño profundo es un lujo que, acá, se puede pagar muy caro. En la cama de varillas de palo se está lo suficientemente incómodo como para que el sueño sea apenas un pestañazo). No, no me preocupan ni la noche, ni la lluvia, ni los truenos. Me preocupa eso de "¿Sabe callar la palabra cuando ya no se encuentra con el momento que la necesita ni con el lugar que la quiere?. Y la boca, ¿sabe morir?". El libro me lo mandó la Ana María, una indígena tzotzil que tiene el grado de mayor de infantería en nuestro ejército. Alguien se lo mandó a ella y ella me lo mandó a mí, sin saber que yo perdí un su libro de usted y este libro repone el libro perdido, que no es lo mismo pero tampoco es igual. El libro está lleno de dibujitos en tinta negra y yo creo que así deben ser los libros y las palabras: dibujitos que salen de la cabeza o la boca o las manos y que van y se ponen a bailar en el papel, cada que el libro se abre, y en el corazón cada que el libro se lee. El libro es el regalo más grande que el hombre se ha dado a sí mismo. Pero volvamos a su libro de usted que yo tengo ahora. Lo leí con un cabito de vela que cargaba en la mochila. El último tramo de pabilo se fue con esa página 262 (¡capicúa!, ¿no? ¿una señal?). Y entonces me recordé la frase aquella de Perón que me mandó y luego mi torpe respuesta y, más después, el libro que me envió. Y aquí la pena de contarle que el libro lo dejé botado en la "graciosa huida" de febrero. Y entonces me llegan este libro y las letras sobre el saber callar. Y yo ya llevo varias noches dándole vueltas al asunto, aun antes de que me llegara el libro. Y me pregunto si no llegó la hora de callar, si no será que ya se pasó el momento y ya no es el lugar, si no es la hora de morir la boca... Y le escribo esto en una madrugada de mayo, pasado ya el 30 de abril de 1995, que es el día del niño acá en México. Nosotros los niños mexicanos celebramos ese día, las más de las veces, a pesar de los adultos. Por ejemplo, gracias al supremo gobierno, hoy muchos niños indígenas mexicanos celebran su día en la montaña, lejos de sus casa, en malas condiciones de higiene, sin fiesta y con la pobreza más grande: la de no tener un lugar donde recostar el hambre y la esperanza. El supremo gobierno dice que no ha expulsado a estos niños de sus hogares, sólo ha metido a miles de soldados en sus terrenos. Con los soldados llegaron el trago, la prostitución, el robo, las torturas, los hostigamientos. Dice el supremo gobierno que los soldados vienen a "defender la soberanía nacional". Los soldados del gobierno "defiende" a México de los mexicanos. Estos niños no han sido expulsados, dice el gobierno, y no tienen por qué sentirse espantados de tantos tanques de guerra, cañones, helicópteros, aviones y miles de soldados. Tampoco tienen por qué asustarse, aunque esos soldados traigan órdenes de detener y matar a los papás de estos niños. No, estos niños no han sido expulsados de sus casa. Comparten el piso irregular de la montaña por el gusto de estar cerca de sus raíces, comparten la sarna y la desnutrición por el simple placer de rascarse y por lucir una figura esbelta. Los hijos de los dueños del gobierno pasan su día en fiestas y regalos. Los hijos de los zapatistas, dueños de nada como no sea su dignidad, pasan su día jugando a que son soldados que recuperan las tierras que les quitó el gobierno, juegan a que siembran la milpa, a que van por leña, a que se enferman y nadie los cura, a que tienen hambre y, en lugar de comida, se llenan la boca de canciones. Por ejemplo, esa canción, que les gusta cantar en la noche, cuando más cerradas son la lluvia y la niebla, y que dice, más o menos así: "Ya se mira el horizonte, combatiente zapatista, el camino marcará a los que vienen atrás" Y, por ejemplo, en el horizonte aparece, marcando el paso, el Heriberto. Y atrás del Heriberto, por ejemplo, va el hijito del Oscar que lo llaman Osmar. Y van, los dos, armados de sus dos varitas que pasaron a llevar de un acahual cercano ("No son varitas", dice el Heriberto y asegura que se trata de poderosas armas que son capaces de destruir un nido de hormigas arrieras que está cerca del arroyo y que le picaron al Heriberto y hubo de tomar represalias). Avanzan el Heriberto y el Osmar en columna. Y por el frente opuesto avanza la Eva, armada de un palo que tiene la ventaja de convertirse en muñeca cuando el ambiente es menos bélico. Y detrás de la Eva viene la Chelita, que levanta sus casi dos años apenas unos centímetros del suelo y que tiene unos ojos de venado lampareado que ya desvelarán, alguna noche, al tal Heriberto o al que se deje herir por destello tan moreno. Y atrás de la Chelita va un chuchito (perrito) que de puro flaco parece una marimba diminuta. Y a mí todo esto me lo están contando, pero como si lo estuviera viendo al Wellington frente a Napoleón en esa película que se llamó "Waterloo" y, creo, salía el Orson Wells y al Napoleón lo derrotaban por culpa de un dolor de panza. Pero aquí no hay Orson que valga, ni flanqueos de infantería, ni apoyo de artillería, ni defensa en cuadro contra las cargas de los de a caballo, porque tanto el Heriberto como la Eva han decidido optar por el ataque frontal y sin escaramuzas ni tanteos previos. Yo estoy a punto de opinar que eso parece batalla de sexos, pero ya se está lanzando el Heriberto sobre la Chelita, evitando la carga directa de la Eva que se ve, de pronto, frente a un Osmar que no la espera cara a cara,, ni de pie sino que está de lado y en cuclillas porque ahí no más le dieron ganas de cagar y la Eva proclama que el Osmar se cagó de miedo y el Osmar no dice nada porque ahora quiere montar el chuchito se le acercó a oler, y en el entretanto la Chelita se puso a llorar cuando vio venir al Heriberto y el Heriberto ahora no sabe qué hacer para que se calle la Chelita y le ofrece una piedrita de regalo ("Acaso es piedrita", dice el Heriberto que asegura que se trata de oro puro) y la Chelita nada que para su chilladera y yo estoy pensando que hasta que le dieron una sopa de su propio chocolate al Heriberto cuando llega la Eva, en maniobra que llaman de "voltear la posición enemiga", y le cae el Heriberto por la espalda (cuando Heriberto ya le está ofreciendo su arma antihormiga-arriera a la Chelita, la cual está considerando la oferta, entre chillido y chillido), y entonces, ¡pácatelas!, la muñeca-arma de la Eva llega en su cabeza del Heriberto y empieza la chilladera, (estereofónica, porque la Chelita se siente estimulada por los gritos del Heriberto y no se quiere quedar atrás), y hay sangre y ya viene la mamá de no sé quien, pero trae un cinturón en la mano y los dos ejércitos se desbandan y el campo de batalla queda desierto y en la enfermería declaran que el Heriberto tiene un chipote del tamaño de su nariz y que, como la Eva está intacta, ganaron la mujeres en esta batalla. El Heriberto se queja de arbitraje parcial y prepara el contra-ataque pero no será hasta mañana porque ahorita hay que comer los frijoles que no llenan ni el plato ni la panza... Y así pasaron el día del niño, dicen, los niños de un poblado que se llama Guadalupe Tepeyac. En la montaña lo pasaron, porque en su pueblo hay varios miles de soldados defendiendo "la soberanía nacional". Y dice el Heriberto que, cuando sea grande, va a ser chofer de un camioncito y piloto de avión no quiere ser porque, dice, si se le poncha la llanta del carrito, ahí nomás te bajas y te vas caminando, en cambio si se le poncha la llanta al avión no hay para donde hacerse. Y yo me digo que cuando sea grande voy a ser uruguayo-argentino y escritor, en ese orden, y no crea usted que será fácil porque lo que es el mate, no lo puedo tragar. Pero no era esto lo que yo quería contarle. Lo que yo quería era contarle un cuento para que usted lo cuente: Me enseñó el Viejo Antonio que uno es tan grande como el enemigo que escoge para luchar, y que uno es tan pequeño como grande el miedo que se tenga. "Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo porque, si él crece, tú te harás pequeño", me dijo el Viejo Antonio una tarde de mayo y lluvia, en esa hora en que reinan el tabaco y la palabra. El gobierno le teme al pueblo de México, por eso tiene tantos soldados y policías. Tiene un miedo muy grande. En consecuencia, es muy pequeño. Nosotros le tenemos miedo al olvido, al que hemos ido achicando a fuerza de dolor y sangre. Somos, por tanto, grandes. Cuéntelo usted en algún escrito. Ponga que se lo contó el Viejo Antonio. Todos hemos tenido, alguna vez, un Viejo Antonio. Pero si usted no lo tuvo, yo le presto el mío por esta vez. Cuente usted que los indígenas de sureste mexicano achican su miedo para hacerse grandes, y escogen enemigos descomunales para obligarse a crecer y ser mejores. Esa es la idea, estoy seguro que usted encontrará mejores palabras para contarlo. Escoja usted una noche de lluvia, relámpagos y viento. Verá cómo el cuento sale así nomás, como un dibujito que se pone a bailar y a dar calor a los corazones que para eso son los bailes y los corazones. Vale. Salud y un muñequito sonriente, como ésos con los que firma. Desde las montañas del Sureste Mexicano. Subcomandante Insurgente Marcos P.D. de advertencia policiaca. Es mi deber informarle que soy, para el supremo gobierno de México, un delincuente. Por lo tanto mi correspondencia puede ser implicatoria. Le ruego que se grabe usted el contenido de la presente, es decir, la encomienda que suplica, y destrúyala inmediatamente. Si el papel fuera de chicle, le recomendaría que lo comiera y, masticando, se pusiera a hacer esas bombitas de chicle que tanto escandalizan a las buenas conciencias, y que demuestran la falta de urbanidad y educación de quien las hace. Aunque hay algunos que las hacen con la esperanza de que una de las bombitas sea lo suficientemente grande como para llevarlo a uno de esa ruta luminosa que, allá arriba, se alarga... como se alargan el dolor y la esperanza sobre el cielo de nuestra América. P.D. improbable. Salude usted de mi parte, si lo ve, al tal Benedetti. Dígale usted, por favor, que sus letras, puestas por mi boca en el oído de una mujer, arrancaron alguna vez un suspiro como esos que echan a andar a la humanidad entera. Dígale también, que quién quita y lo de "Marcos" fue por "el cumpleaños de Juan Ángel".
El sábado 30 de agosto una de las bandas más convocantes del país plantó bandera en la hasta ahí, tranquila ciudad de Rafaela y revolucionó a todos. La noche se vistió de gala para una velada a puro rock and roll, donde los fanáticos de La Renga coparon cada esquina de la ciudad y vibraron hasta la media noche del domingo. Las calles de la ciudad se atiborraron de seguidores con clásicas remeras negras con leyendas de la banda, imágenes del che y banderas que hacían referencia a cada uno de los rincones del país. Rafaela fue testigo desde tempranas horas del día, del incesante arribo de jóvenes y familias con chicos de Córdoba, Formosa, Rosario, Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes, Resistencia, y distintos puntos de nuestro país. “Porque Argentina es La Renga”, gritó uno al pasar. La “banda renguera” se concentró en el Parque de los Eucaliptos y estableció allí su punto neurálgico para realizar la bien ponderada “previa”. Desde ese punto de encuentro y sólo a 300 metros se encontraba la cancha de Atlético de Rafaela, que fue testigo de una verdadera manifestación del rock. Desde las seis de la tarde la gente empezó un lento peregrinaje hacia el estadio, en medio de cánticos y festejos, hasta terminar en el verde césped. Cuando el reloj dió las 21, las luces se apagaron y desde el fondo de una escenografía que simulaba una caverna la banda salió a la cancha. Sin más que tripa y corazón dió comienzo a un verdadero ritual rocanrolero. La onda expansiva de los primeros acordes de Chizzo desataron la locura envuelta en adrenalina de las más de 15.000 personas que corearon y saltaron desde la primera a la última canción. La batería de Tanque sonó como nunca haciendo latir los cimientos del estadio, y el frenesí inagotable de Tete entusiasmaron cada vez más a la multitud. El repertorio elegido por la banda fue realmente exquisito, sonaron temas del último disco (Truenotierra) y los clásicos de siempre, como “El rebelde”, “En el baldío”, “Panic Show”, “El final es donde partí”. Y para los viejos seguidores, los nostálgicos de siempre, “Córtala y Olvidala” y “Somos los mismos de siempre”. Cuando la noche parecía perpetua y la euforia intacta, después de dos horas y media de show, llegó el final. La gente vibró con el tradicional broche de cierre de La Renga: “Hablando de la Libertad”, que dejó a cada uno de sus incondicionales un único mensaje… “morir queriendo ser libre, encontrar mi lado salvaje, ponerle alas a mi destino, romper los dientes de este engranaje”… http://osea.ellitoral.com/index.php/ver/x1dia/index.php Medio tarde, pero esta bueno, saludos.
Anoche le contaba a la Niña un cuento infantil muy famoso, el Hansel y Gretel de los hermanos Grimm. En el momento más tenebroso de la aventura los niños descubren que unos pájaros se han comido las estratégicas bolitas de pan, un sistema muy simple que los hermanitos habían ideado para regresar a casa. Hansel y Gretel se descubren solos en el bosque, perdidos, y comienza a anochecer. Mi hija me dice, justo en ese punto de clímax narrativo: “No importa. Que lo llamen al papá por el móvil”. Yo entonces pensé, por primera vez, que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía inalámbrica. Y al mismo tiempo descubrí qué espantosa resultaría la literatura —toda ella, en general— si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años. Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción. Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica, en cualquiera que se le ocurra. Desde la Odisea hasta Pinocho, pasando por El viejo y el mar, Macbeth, El hombre de la esquina rosada o La familia de Pascual Duarte. No importa si el argumento es elevado o popular, no importa la época ni la geografía. Piense el lector, ahora mismo, en una historia clásica que conozca al dedillo, con introducción, con nudo y con desenlace. ¿Ya está? Muy bien. Ahora ponga un teléfono móvil en el bolsillo del protagonista. No un viejo aparato negro empotrado en una pared, sino un teléfono como los que existen hoy: con cobertura, con conexión a correo electrónico y chat, con saldo para enviar mensajes de texto y con la posibilidad de realizar llamadas internacionales cuatribanda. ¿Qué pasa con la historia elegida? ¿Funciona la trama como una seda, ahora que los personajes pueden llamarse desde cualquier sitio, ahora que tienen la opción de chatear, generar videoconferencias y enviarse mensajes de texto? ¿Verdad que no funciona un carajo? La Nina, sin darse cuenta, me abrió anoche la puerta a una teoría espeluznante: la telefonía inalámbrica va a hacer añicos las nuevas historias que narremos, las convertirá en anécdotas tecnológicas de calidad menor. Con un teléfono en las manos, por ejemplo, Penélope ya no espera con incertidumbre a que el guerrero Ulises regrese del combate. Con un móvil en la canasta, Caperucita alerta a la abuela a tiempo y la llegada del leñador no es necesaria. Con telefonito, el Coronel sí tiene quién le escriba algún mensaje, aunque fuese spam. Y Tom Sawyer no se pierde en el Mississippi, gracias al servicio de localización de personas de Telefónica. Y el chanchito de la casa de madera le avisa a su hermano que el lobo está yendo para allí. Y Gepetto recibe una alerta de la escuela, avisando que Pinocho no llegó por la mañana. Un enorme porcentaje de las historias escritas (o cantadas, o representadas) en los veinte siglos que anteceden al actual, han tenido como principal fuente de conflicto la distancia, el desencuentro y la incomunicación. Han podido existir gracias a la ausencia de telefonía móvil. Ninguna historia de amor, por ejemplo, habría sido trágica o complicada, si los amantes esquivos hubieran tenido un teléfono en el bolsillo de la camisa. La historia romántica por excelencia (Romeo y Julieta, de Shakespeare) basa toda su tensión dramática final en una incomunicación fortuita: la amante finge un suicidio, el enamorado la cree muerta y se mata, y entonces ella, al despertar, se suicida de verdad. (Perdón por el espoiler.) Si Julieta hubiese tenido teléfono móvil, le habría escrito un mensajito de texto a Romeo en el capítulo seis: M HGO LA MUERTA, PERO NO STOY MUERTA. NO T PRCUPES NI HGAS IDIOTCES. BSO. Y todo el grandísimo problemón dramático de los capítulos siguientes se habría evaporado. Las últimas cuarenta páginas de la obra no tendrían gollete, no se hubieran escrito nunca, si en la Verona del siglo catorce hubiera existido la promoción “Banda ancha móvil” de Movistar. Muchas obras importantes, además, habrían tenido que cambiar su nombre por otros más adecuados. La tecnología, por ejemplo, habría desterrado por completo la soledad en Aracataca y entonces la novela de García Márquez se llamaría ’Cien años sin conexión’: narraría las aventuras de una familia en donde todos tienen el mismo nick (buendia23, a.buendia, aureliano_goodmornig) pero a nadie le funciona el messenger. La famosa novela de James M. Cain —’El cartero llama dos veces’— escrita en 1934 y llevada más tarde al cine, se llamaría ’El gmail me duplica los correos entrantes’ y versaría sobre un marido cornudo que descubre (leyendo el historial de chat de su esposa) el romance de la joven adúltera con un forastero de malvivir. Samuel Beckett habría tenido que cambiar el nombre de su famosa tragicomedia en dos actos por un título más acorde a los avances técnicos. Por ejemplo, ’Godot tiene el teléfono apagado o está fuera del área de cobertura’, la historia de dos hombres que esperan, en un páramo, la llegada de un tercero que no aparece nunca o que se quedó sin saldo. En la obra ’El jotapegé de Dorian Grey’, Oscar Wilde contaría la historia de un joven que se mantiene siempre lozano y sin arrugas, en virtud a un pacto con Adobe Photoshop, mientras que en la carpeta Images de su teléfono una foto de su rostro se pixela sin remedio, paulatinamente, hasta perder definición. La bruja del clásico ’Blancanieves’ no consultaría todas las noches al espejo sobre “quién es la mujer más bella del mundo”, porque el coste por llamada del oráculo sería de 1,90€ la conexión y 0,60€ el minuto; se contentaría con preguntarlo una o dos veces al mes. Y al final se cansaría. También nosotros nos cansaríamos, nos aburriríamos, con estas historias de solución automática. Todas las intrigas, los secretos y los destiempos de la literatura (los grandes obstáculos que siempre generaron las grandes tramas) fracasarían en la era de la telefonía móvil y del wifi. Todo ese maravilloso cine romántico en el que, al final, el muchacho corre como loco por la ciudad, a contra reloj, porque su amada está a punto de tomar un avión, se soluciona hoy con un SMS de cuatro líneas. Ya no hay ese apuro cursi, ese remordimiento, aquella explicación que nunca llega; no hay que detener a los aviones ni cruzar los mares. No hay que dejar bolitas de pan en el bosque para recordar el camino de regreso a casa. La telefonía inalámbrica —vino a decirme anoche la Nina, sin querer— nos va a entorpecer las historias que contemos de ahora en adelante. Las hará más tristes, menos sosegadas, mucho más predecibles. Y me pregunto, ¿no estará acaso ocurriendo lo mismo con la vida real, no estaremos privándonos de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente? ¿Alguno de nosotros, alguna vez, correrá desesperado al aeropuerto para decirle a la mujer que ama que no suba a ese avión, que la vida es aquí y ahora? No. Le enviaremos un mensaje de texto lastimoso, un mensaje breve desde el sofá. Cuatro líneas con mayúsculas. Quizá le haremos una llamada perdida, y cruzaremos los dedos para que ella, la mujer amada, no tenga su telefonito en modo vibrador. ¿Para qué hacer el esfuerzo de vivir al borde de la aventura, si algo siempre nos va a interrumpir la incertidumbre? Una llamada a tiempo, un mensaje binario, una alarma. Nuestro cielo ya está infectado de señales y secretos: cuidado que el duque está yendo allí para matarte, ojo que la manzana está envenenada, no vuelvo esta noche a casa porque he bebido, si le das un beso a la muchacha se despierta y te ama. Papá, ven a buscarnos que unos pájaros se han comido las migas de pan. Nuestras tramas están perdiendo el brillo —las escritas, las vividas, incluso las imaginadas— porque nos hemos convertido en héroes perezosos. por Hernán Casciari