Buenas noches a todos, hoy me gustaría compartir con ustedes un ensayo que hice sobre Ética. Más bien es un parcial domiciliario. No hace falta saber nada de filosofía ya que se explica de cero las Éticas Kantianas y Aristotélicas. Disfrutenlo especialmente para @lean_HH
1) En Política VII, 13 Aristóteles afirma lo siguiente:
“…honrados y buenos se hacen los hombres gracias a tres factores. Estos tres factores son naturaleza, hábito y razón.”
A partir de lo desarrollado en Ética Nicomáquea, delimite y explique el papel que Aristóteles atribuye a (i) la naturaleza, (ii) el hábito y (iii) la razón en su concepción de lo moralmente recto. Evalúe, además, la importancia que atribuye a la (iv) educación y (v) las buenas leyes.
Debemos comprender bien el concepto de virtud ética que expone Aristóteles. Él considera posibles dos tipos de virtud. Una es la dianoética la cual se origina y crece, principalmente por la enseñanza y requiere experiencia y tiempo. La segunda es la virtud ética y será esta el objeto de desarrollo del autor. Esta virtud procede únicamente de la costumbre; no se produce ni por naturaleza ni contra naturaleza sino que las percibimos naturalmente y las perfeccionamos mediante la costumbre. “Así, pues, las virtudes no existen en nosotros por la sola acción de la naturaleza, ni tampoco contra las leyes de la misma; sino que la naturaleza nos ha hecho susceptibles de ellas, y el hábito es el que las desenvuelve y las perfecciona en nosotros”. Entonces se dirá que adquirimos las virtudes como resultado de actividades anteriores. Dando una definición un poco mas extensa: la virtud ética es un modo de ser o hábito electivo emanado de la razón y adquirido y perfeccionado a través de la practica o ejercitación de elegir conducir nuestras pasiones a un termino medio relativo a nosotros entre un exceso y un defecto. Este término medio es la llamada recta razón y es extremadamente importante de comprenderlo. “Primeramente, entonces, debemos observar que está en la naturaleza de tales cosas destruirse por defecto o por exceso (…)” Lo mismo sucederá entonces con las virtudes las cuales poseídas en exceso o en su carencia absoluta se destruyen, mientras que se conservan únicamente por el término medio. Un punto muy interesante es como Aristóteles nos indica que a través de la realización de acciones justas un hombre se vuelve justo. Y aquí encontramos nuevamente la importancia del hábito. Ya que es este mismo quien nos perfecciona en cada nueva consideración moral que debamos hacer. “Uno podría preguntarse cómo decimos que los hombres han de hacerse justos practicando la justicia y moderados practicando la moderación, puesto que si practican la justicia y la moderación son ya justos y moderados (…)”. Aristóteles dice que razonar rectamente consiste en razonar sobre un buen fin y un buen medio para él mismo. Así, la astucia será la deliberación buena sobre lo malo y la destreza la deliberación buena sobre lo que es bueno. Y esta es la expresión de la rectitud.
Aquello que caracteriza al hombre frente a los otros seres de la creación es la razón. Lo que caracteriza al hombre es una actividad del alma conforme a la razón, o, más exactamente, una actividad del alma conforme a la “virtud”, pues ésta se apoya en el pensamiento racional. En palabras del autor: “Es por tanto, la virtud un modo de ser selectivo siendo un término medio relativo a nosotros determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente. Es un medio entre dos vicios, uno por exceso, otro por defecto”. Entonces para lograr una virtud, es necesario que nosotros conozcamos aquellas acciones o pasiones que si poseen un término medio (ya que como él dice, “(…) algunas cuyo solo nombre implica la idea de perversidad, por ejemplo la malignidad, la envidia; y, entre las acciones, el robo y el homicidio.” Y ese término medio relativo a nosotros (ya que no es para todos los hombres el mismo medio) se encuentra determinado por la razón.
Aristóteles afirma que son tres las cosas que suceden en el alma: pasiones, facultades y modos de ser. Y define a la virtud como un modo de ser de la recta razón. “En una palabra, los modos de ser surgen de las operaciones semejantes. Así, el adquirir un modo de ser de tal o cual manera desde la juventud, tiene no poca importancia sino muchísima, o mejor, total.” A pesar que él autor refute la idea platónica del bien, aquí nos encontramos con una concordancia para con Platón. Ya que ambos insisten varias veces en la importancia de la educación para la adquisición de buenas costumbres. En el Libro X nos encontramos con una afirmación de Aristóteles que nos plantea la importancia de la educación y las buenas leyes: “Pero es difícil encontrar desde joven la dirección recta hacia la virtud, si uno no se ha educado bajo tales leyes (…)” La importancia de la educación en el alma joven es la necesidad de que sin esa formación previa, sería imposible lograr una razón acorde a la virtud y es la misma educación la que logra hacer más accesible la obtención de los hábitos previamente mencionados. Quedaría en este punto pendiente una relación entre los conceptos de educación y las buenas leyes. Esta relación las vuelve casi dependientes entre si. A los jóvenes, según su criterio, les resulta difícil una vida moderada y es por esta razón que es necesario que las costumbres de ellos se vean reguladas por las leyes, ya que cuando son habituales no se vuelven penosas. Pero será propicio entender que estas facultades no son solamente competentes a la juventud ya que la misma educación recibida de niño debe ser transmitida a la madurez y los hombres deben preocuparse de practicar y acostumbrarse a estas cosas también en la edad adulta. Y serán las buenas leyes las encargadas de impartir esa enseñanza a los hombres. “Quizás, también, el que desea hacerlos a los hombres, muchos o pocos, mejores mediante su cuidado, ha de intentar llegar a ser legislador, si es mediante las leyes como nos hacemos buenos (…)”
2) EN FMC capítulo II, Kant presenta el imperativo categórico de la siguiente manera:
“De este modo, el imperativo categórico es único y se enuncia como sigue: obra sólo según una máxima
tal que puedas querer al mismo tiempo que se vuelva ley universal”
Explique, a partir de este pasaje, (i) en qué consiste una acción moralmente correcta para Kant, (ii) cómo puede esta formulación del imperativo categórico ayudarnos a determinar cómo comportarnos, (iii) qué relación guarda esta formulación del imperativo con el concepto de persona, y (iv) en qué consiste la autonomía de la voluntad.
Primero debemos observar, que lo que Kant nos ofrece con su Imperativo Categórico es una suerte de comprobación respecto a la acción que estamos por realizar, para verificar si es una acción moralmente correcta (aquellos casos en que la voluntad supere las inclinaciones u obstáculos y actúe la persona por deber). Debemos notar que él distingue entre los imperativos hipotéticos (aquellos que nos dicen que acciones posibles por mi intermedio es buena para algún propósito posible o real) y los categóricos (aquellos que declaran las acciones objetivamente necesarias, es decir, acciones con fines en si mismas). Nos será propicio en este punto definir los distintos tipos de acciones que admite el autor para así distinguir la única válida.
- Acciones contrarias al deber (ejemplos: robar, matar): Son meras acciones que atentan contra las leyes naturales
- Conformes al deber por inclinación mediata o auto-interés: Un ejemplo sería el salvar a alguien únicamente porque nos debe dinero.
-Conformes al deber por inclinación inmediata: la persona que encuentra satisfacción ayudando a los demás y que les ayuda precisamente por dicha satisfacción
-Por deber: el comerciante bueno: no engaña porque considera que su deber es no engañar.
Es menester identificar, que son los fundamentos de la acción los que definen la moralidad de la misma y siempre será necesario que la persona venza las inclinaciones. Así, aquellas acciones con inclinaciones mediatas o inmediatas, no son perfectamente buenas ya que es la misma inclinación la que dirigió la acción. Como el mismo Kant observa: “(…) porque cuando se trata de valor moral no importan las acciones que se ven, sino los principios íntimos de las mismas, que no se ven.”
Entonces, serán aquellas acciones por deber las moralmente correctas en todo sentido (en cuanto a acción y en cuanto a principios). En palabras del autor: “(…) cuando ninguna inclinación lo impulsa a hacerlo, sabe apartarse de esa mortal insensibilidad y realiza la acción sin ninguna inclinación, y solo entonces, posee esa acción su verdadero valor moral.”
Lo que nos ofrece Kant con este Imperativo Categórico es un mandato aplicable a nuestras acciones y así poder comprobar el contenido moral de la misma. El método consiste en, como indica el pasaje, el considerar si un ser racional querría que su máxima aplicable en un contexto determinado se convierta en ley natural, esto es, una ley universal. Es decir, que todo ser racional quiera adoptar esa máxima y, algo extremadamente importante, que no entre en contradicción consigo misma o con otra ley natural. Dos ejemplos nos servirán de ayuda para explicar el tema de la contradicción.
Una persona que sienta hartazgo de la vida esta considerando el suicidio. Aún con sus facultades racionales presentes, intentará ver si la máxima de su acción puede volverse ley universal de la naturaleza. “Pero enseguida se ve que una naturaleza cuya ley fuese destruir la vida misma, (…) sería contradictoria y no podría subsistir como naturaleza” En este ejemplo observamos una contradicción entre el deber para consigo mismo y la máxima que intentamos universalizar. Esta contradicción nos ofrece la prueba de que el suicidio no puede ser nunca considerado una acción por deber, por ende, no puede ser moralmente correcta.
Otra persona que se vea obligado por la necesidad a pedir prestado dinero, aún sabiendo que no podrá devolverlo y crea la siguiente máxima: “cuando crea estar necesitado de dinero pediré prestado y prometeré el pago aún cuando se que eso no sucederá nunca” en el momento de considerar la universalización, observamos una contradicción necesaria “(…) porque la universalidad de una ley que diga que quien crea estar en apuros puede prometer lo que se le ocurra proponiéndose no cumplirlo, haría imposible la promesa misma y el fin que puede obtenerse de ella ya que nadie creería que recibe una promesa…”
Observamos que el eje para mesurar la moralidad de una acción gira en torno a la contradicción. Lo que no puede universalizarse o contiene una contradicción lógica, no puede ser nunca una consideración moral.
Lo que persigue Kant es fundamentar una Ética Racional Universal basada en leyes que determinan la voluntad y que no puede estar sustentada en la pluralidad de fines, puesto que éstos varían y son contingentes. Si puede haber una Ética Racional, ésta descansará sobre principios universales y no sobre relativismos culturales, históricos, etcétera.
Él considera al ser humano (y también a todo ser racional) como fines en si mismos y no como medios para otros fines. Esto es llamado el valor absoluto de la persona. Nos ofrece una idea de cómo debemos considerar la moralidad. “Todos los conceptos morales tienen su lugar y origen completamente a priori en la razón” y nos aclara, que estos conceptos no han de derivarse desde la naturaleza específica de la razón humana, sino que han de ser derivados del concepto universal de un ser racional. “Esto se debe a que las leyes morales deben valer para todo ser racional en general” Un principio muy importante que expresa es el de la exigencia de respeto a las personas. Utilizar a otro es tratarle como cosa o instrumento y no como agente. Y esto es hacer algo a lo cual el otro no puede dar su consentimiento. Por ejemplo, quien engaña hace imposible que sus víctimas consientan en la intención del engañador. Encontramos entonces, como una falta moral el no tratar a los demás como “fines en si mismos”. Lo que nos ofrece la idea de la universalización es, a la hora de considerar una máxima como ley natural, nos constriñe a equipararnos con los demás seres racionales y al considerarlos como iguales, esta idea cuadra perfectamente para luego criticar las inclinaciones. Ya que un hombre que siente una inclinación por una acción respecto a otro agente, no esta considerándolo igual a si mismo ya que, en ese caso, no habría lugar para dicha inclinación. Recurramos nuevamente para ejemplificar este punto al ejemplo en que una persona salva, a otra que se está ahogando, porque le debe dinero. Si el agente salvador considerara a quien se ahoga como un igual, no habría lugar para la inclinación anteriormente mencionada y el motivo del salvarle la vida no será para que pague esa deuda, sino que será meramente por deber.
En palabras del propio Kant: “La voluntad es pensada como una facultad de determinarse uno a sí mismo a obrar conforme a la representación de ciertas leyes” “Como para derivar las acciones de las leyes se requiere de razón, resulta que la voluntad no es otra cosa que razón práctica”
Primero una diferenciación entre la naturaleza y los seres racionales será propicia para entender la idea. La primera se basa en leyes y rigen su totalidad. En cambio los seres racionales poseemos la facultad de obrar por representación de las leyes. Es decir, posee una voluntad. La idea kantiana de respetar toda voluntad racional como un fin en sí mismo y de no tratarla como un mero medio implica necesariamente tener que admitir que la voluntad es autónoma. Ello implica que la la voluntad racional es fuente de derecho, es decir, hacedora de ley universal, pues es creadora y fuente en sí de sus propias leyes morales universales. Esta idea defiende y arraiga la concepción de una razón que determina la voluntad por fundamentos a priori. Así, la razón ordena lo que debe suceder y algunas acciones son ineludiblemente mandadas por ella. Con una pregunta que formula, nos deja reflexionando acerca de la veracidad de la afirmación: ¿Cómo consideraríamos las leyes de determinación de nuestra voluntad como leyes de determinación de la voluntad de un ser racional en general si fueran meramente empíricas y no tuvieran su origen enteramente a priori en la razón pura práctica” La concepción de una moral inherente a todo ser racional le ayuda para caracterizarla como leyes originadas enteramente en la razón. Además, los imperativos de la voluntad (categóricos) son incondicionados, es decir, no mueven a la voluntad por interés o inclinación sino por deber. En este sentido, decir que la voluntad es autónoma es lo mismo que decir que ella se da a sí misma la ley a la cual obedece. Ahora bien, si el imperativo categórico contiene en si la idea de la autonomía de la voluntad, es evidente que tal imperativo puede formularse de tal modo que exprese tal autonomía. Por eso, Kant, formula también de este modo imperativo categórico: “No obrar nunca sino según una máxima que pueda ser sin contradicción ley universal, y, por lo tanto, obrar siempre de tal modo que la voluntad pueda considerarse a sí misma como hacedora de la ley universal mediante su máxima.”
1) En Política VII, 13 Aristóteles afirma lo siguiente:
“…honrados y buenos se hacen los hombres gracias a tres factores. Estos tres factores son naturaleza, hábito y razón.”
A partir de lo desarrollado en Ética Nicomáquea, delimite y explique el papel que Aristóteles atribuye a (i) la naturaleza, (ii) el hábito y (iii) la razón en su concepción de lo moralmente recto. Evalúe, además, la importancia que atribuye a la (iv) educación y (v) las buenas leyes.
Debemos comprender bien el concepto de virtud ética que expone Aristóteles. Él considera posibles dos tipos de virtud. Una es la dianoética la cual se origina y crece, principalmente por la enseñanza y requiere experiencia y tiempo. La segunda es la virtud ética y será esta el objeto de desarrollo del autor. Esta virtud procede únicamente de la costumbre; no se produce ni por naturaleza ni contra naturaleza sino que las percibimos naturalmente y las perfeccionamos mediante la costumbre. “Así, pues, las virtudes no existen en nosotros por la sola acción de la naturaleza, ni tampoco contra las leyes de la misma; sino que la naturaleza nos ha hecho susceptibles de ellas, y el hábito es el que las desenvuelve y las perfecciona en nosotros”. Entonces se dirá que adquirimos las virtudes como resultado de actividades anteriores. Dando una definición un poco mas extensa: la virtud ética es un modo de ser o hábito electivo emanado de la razón y adquirido y perfeccionado a través de la practica o ejercitación de elegir conducir nuestras pasiones a un termino medio relativo a nosotros entre un exceso y un defecto. Este término medio es la llamada recta razón y es extremadamente importante de comprenderlo. “Primeramente, entonces, debemos observar que está en la naturaleza de tales cosas destruirse por defecto o por exceso (…)” Lo mismo sucederá entonces con las virtudes las cuales poseídas en exceso o en su carencia absoluta se destruyen, mientras que se conservan únicamente por el término medio. Un punto muy interesante es como Aristóteles nos indica que a través de la realización de acciones justas un hombre se vuelve justo. Y aquí encontramos nuevamente la importancia del hábito. Ya que es este mismo quien nos perfecciona en cada nueva consideración moral que debamos hacer. “Uno podría preguntarse cómo decimos que los hombres han de hacerse justos practicando la justicia y moderados practicando la moderación, puesto que si practican la justicia y la moderación son ya justos y moderados (…)”. Aristóteles dice que razonar rectamente consiste en razonar sobre un buen fin y un buen medio para él mismo. Así, la astucia será la deliberación buena sobre lo malo y la destreza la deliberación buena sobre lo que es bueno. Y esta es la expresión de la rectitud.
Aquello que caracteriza al hombre frente a los otros seres de la creación es la razón. Lo que caracteriza al hombre es una actividad del alma conforme a la razón, o, más exactamente, una actividad del alma conforme a la “virtud”, pues ésta se apoya en el pensamiento racional. En palabras del autor: “Es por tanto, la virtud un modo de ser selectivo siendo un término medio relativo a nosotros determinado por la razón y por aquello por lo que decidiría el hombre prudente. Es un medio entre dos vicios, uno por exceso, otro por defecto”. Entonces para lograr una virtud, es necesario que nosotros conozcamos aquellas acciones o pasiones que si poseen un término medio (ya que como él dice, “(…) algunas cuyo solo nombre implica la idea de perversidad, por ejemplo la malignidad, la envidia; y, entre las acciones, el robo y el homicidio.” Y ese término medio relativo a nosotros (ya que no es para todos los hombres el mismo medio) se encuentra determinado por la razón.
Aristóteles afirma que son tres las cosas que suceden en el alma: pasiones, facultades y modos de ser. Y define a la virtud como un modo de ser de la recta razón. “En una palabra, los modos de ser surgen de las operaciones semejantes. Así, el adquirir un modo de ser de tal o cual manera desde la juventud, tiene no poca importancia sino muchísima, o mejor, total.” A pesar que él autor refute la idea platónica del bien, aquí nos encontramos con una concordancia para con Platón. Ya que ambos insisten varias veces en la importancia de la educación para la adquisición de buenas costumbres. En el Libro X nos encontramos con una afirmación de Aristóteles que nos plantea la importancia de la educación y las buenas leyes: “Pero es difícil encontrar desde joven la dirección recta hacia la virtud, si uno no se ha educado bajo tales leyes (…)” La importancia de la educación en el alma joven es la necesidad de que sin esa formación previa, sería imposible lograr una razón acorde a la virtud y es la misma educación la que logra hacer más accesible la obtención de los hábitos previamente mencionados. Quedaría en este punto pendiente una relación entre los conceptos de educación y las buenas leyes. Esta relación las vuelve casi dependientes entre si. A los jóvenes, según su criterio, les resulta difícil una vida moderada y es por esta razón que es necesario que las costumbres de ellos se vean reguladas por las leyes, ya que cuando son habituales no se vuelven penosas. Pero será propicio entender que estas facultades no son solamente competentes a la juventud ya que la misma educación recibida de niño debe ser transmitida a la madurez y los hombres deben preocuparse de practicar y acostumbrarse a estas cosas también en la edad adulta. Y serán las buenas leyes las encargadas de impartir esa enseñanza a los hombres. “Quizás, también, el que desea hacerlos a los hombres, muchos o pocos, mejores mediante su cuidado, ha de intentar llegar a ser legislador, si es mediante las leyes como nos hacemos buenos (…)”
2) EN FMC capítulo II, Kant presenta el imperativo categórico de la siguiente manera:
“De este modo, el imperativo categórico es único y se enuncia como sigue: obra sólo según una máxima
tal que puedas querer al mismo tiempo que se vuelva ley universal”
Explique, a partir de este pasaje, (i) en qué consiste una acción moralmente correcta para Kant, (ii) cómo puede esta formulación del imperativo categórico ayudarnos a determinar cómo comportarnos, (iii) qué relación guarda esta formulación del imperativo con el concepto de persona, y (iv) en qué consiste la autonomía de la voluntad.
Primero debemos observar, que lo que Kant nos ofrece con su Imperativo Categórico es una suerte de comprobación respecto a la acción que estamos por realizar, para verificar si es una acción moralmente correcta (aquellos casos en que la voluntad supere las inclinaciones u obstáculos y actúe la persona por deber). Debemos notar que él distingue entre los imperativos hipotéticos (aquellos que nos dicen que acciones posibles por mi intermedio es buena para algún propósito posible o real) y los categóricos (aquellos que declaran las acciones objetivamente necesarias, es decir, acciones con fines en si mismas). Nos será propicio en este punto definir los distintos tipos de acciones que admite el autor para así distinguir la única válida.
- Acciones contrarias al deber (ejemplos: robar, matar): Son meras acciones que atentan contra las leyes naturales
- Conformes al deber por inclinación mediata o auto-interés: Un ejemplo sería el salvar a alguien únicamente porque nos debe dinero.
-Conformes al deber por inclinación inmediata: la persona que encuentra satisfacción ayudando a los demás y que les ayuda precisamente por dicha satisfacción
-Por deber: el comerciante bueno: no engaña porque considera que su deber es no engañar.
Es menester identificar, que son los fundamentos de la acción los que definen la moralidad de la misma y siempre será necesario que la persona venza las inclinaciones. Así, aquellas acciones con inclinaciones mediatas o inmediatas, no son perfectamente buenas ya que es la misma inclinación la que dirigió la acción. Como el mismo Kant observa: “(…) porque cuando se trata de valor moral no importan las acciones que se ven, sino los principios íntimos de las mismas, que no se ven.”
Entonces, serán aquellas acciones por deber las moralmente correctas en todo sentido (en cuanto a acción y en cuanto a principios). En palabras del autor: “(…) cuando ninguna inclinación lo impulsa a hacerlo, sabe apartarse de esa mortal insensibilidad y realiza la acción sin ninguna inclinación, y solo entonces, posee esa acción su verdadero valor moral.”
Lo que nos ofrece Kant con este Imperativo Categórico es un mandato aplicable a nuestras acciones y así poder comprobar el contenido moral de la misma. El método consiste en, como indica el pasaje, el considerar si un ser racional querría que su máxima aplicable en un contexto determinado se convierta en ley natural, esto es, una ley universal. Es decir, que todo ser racional quiera adoptar esa máxima y, algo extremadamente importante, que no entre en contradicción consigo misma o con otra ley natural. Dos ejemplos nos servirán de ayuda para explicar el tema de la contradicción.
Una persona que sienta hartazgo de la vida esta considerando el suicidio. Aún con sus facultades racionales presentes, intentará ver si la máxima de su acción puede volverse ley universal de la naturaleza. “Pero enseguida se ve que una naturaleza cuya ley fuese destruir la vida misma, (…) sería contradictoria y no podría subsistir como naturaleza” En este ejemplo observamos una contradicción entre el deber para consigo mismo y la máxima que intentamos universalizar. Esta contradicción nos ofrece la prueba de que el suicidio no puede ser nunca considerado una acción por deber, por ende, no puede ser moralmente correcta.
Otra persona que se vea obligado por la necesidad a pedir prestado dinero, aún sabiendo que no podrá devolverlo y crea la siguiente máxima: “cuando crea estar necesitado de dinero pediré prestado y prometeré el pago aún cuando se que eso no sucederá nunca” en el momento de considerar la universalización, observamos una contradicción necesaria “(…) porque la universalidad de una ley que diga que quien crea estar en apuros puede prometer lo que se le ocurra proponiéndose no cumplirlo, haría imposible la promesa misma y el fin que puede obtenerse de ella ya que nadie creería que recibe una promesa…”
Observamos que el eje para mesurar la moralidad de una acción gira en torno a la contradicción. Lo que no puede universalizarse o contiene una contradicción lógica, no puede ser nunca una consideración moral.
Lo que persigue Kant es fundamentar una Ética Racional Universal basada en leyes que determinan la voluntad y que no puede estar sustentada en la pluralidad de fines, puesto que éstos varían y son contingentes. Si puede haber una Ética Racional, ésta descansará sobre principios universales y no sobre relativismos culturales, históricos, etcétera.
Él considera al ser humano (y también a todo ser racional) como fines en si mismos y no como medios para otros fines. Esto es llamado el valor absoluto de la persona. Nos ofrece una idea de cómo debemos considerar la moralidad. “Todos los conceptos morales tienen su lugar y origen completamente a priori en la razón” y nos aclara, que estos conceptos no han de derivarse desde la naturaleza específica de la razón humana, sino que han de ser derivados del concepto universal de un ser racional. “Esto se debe a que las leyes morales deben valer para todo ser racional en general” Un principio muy importante que expresa es el de la exigencia de respeto a las personas. Utilizar a otro es tratarle como cosa o instrumento y no como agente. Y esto es hacer algo a lo cual el otro no puede dar su consentimiento. Por ejemplo, quien engaña hace imposible que sus víctimas consientan en la intención del engañador. Encontramos entonces, como una falta moral el no tratar a los demás como “fines en si mismos”. Lo que nos ofrece la idea de la universalización es, a la hora de considerar una máxima como ley natural, nos constriñe a equipararnos con los demás seres racionales y al considerarlos como iguales, esta idea cuadra perfectamente para luego criticar las inclinaciones. Ya que un hombre que siente una inclinación por una acción respecto a otro agente, no esta considerándolo igual a si mismo ya que, en ese caso, no habría lugar para dicha inclinación. Recurramos nuevamente para ejemplificar este punto al ejemplo en que una persona salva, a otra que se está ahogando, porque le debe dinero. Si el agente salvador considerara a quien se ahoga como un igual, no habría lugar para la inclinación anteriormente mencionada y el motivo del salvarle la vida no será para que pague esa deuda, sino que será meramente por deber.
En palabras del propio Kant: “La voluntad es pensada como una facultad de determinarse uno a sí mismo a obrar conforme a la representación de ciertas leyes” “Como para derivar las acciones de las leyes se requiere de razón, resulta que la voluntad no es otra cosa que razón práctica”
Primero una diferenciación entre la naturaleza y los seres racionales será propicia para entender la idea. La primera se basa en leyes y rigen su totalidad. En cambio los seres racionales poseemos la facultad de obrar por representación de las leyes. Es decir, posee una voluntad. La idea kantiana de respetar toda voluntad racional como un fin en sí mismo y de no tratarla como un mero medio implica necesariamente tener que admitir que la voluntad es autónoma. Ello implica que la la voluntad racional es fuente de derecho, es decir, hacedora de ley universal, pues es creadora y fuente en sí de sus propias leyes morales universales. Esta idea defiende y arraiga la concepción de una razón que determina la voluntad por fundamentos a priori. Así, la razón ordena lo que debe suceder y algunas acciones son ineludiblemente mandadas por ella. Con una pregunta que formula, nos deja reflexionando acerca de la veracidad de la afirmación: ¿Cómo consideraríamos las leyes de determinación de nuestra voluntad como leyes de determinación de la voluntad de un ser racional en general si fueran meramente empíricas y no tuvieran su origen enteramente a priori en la razón pura práctica” La concepción de una moral inherente a todo ser racional le ayuda para caracterizarla como leyes originadas enteramente en la razón. Además, los imperativos de la voluntad (categóricos) son incondicionados, es decir, no mueven a la voluntad por interés o inclinación sino por deber. En este sentido, decir que la voluntad es autónoma es lo mismo que decir que ella se da a sí misma la ley a la cual obedece. Ahora bien, si el imperativo categórico contiene en si la idea de la autonomía de la voluntad, es evidente que tal imperativo puede formularse de tal modo que exprese tal autonomía. Por eso, Kant, formula también de este modo imperativo categórico: “No obrar nunca sino según una máxima que pueda ser sin contradicción ley universal, y, por lo tanto, obrar siempre de tal modo que la voluntad pueda considerarse a sí misma como hacedora de la ley universal mediante su máxima.”