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Revoluciones liberales de 1830 y 1848

Las Revoluciones de 1830



La primera y más importante se dio en Francia y desde allí pasará a otros países europeos. Fue una revolución parisina que estalló el 25 de julio contra Carlos X y el predominio de los ultras en el gobierno, al intentar el monarca volver al absolutismo. La revolución vino precedida de una grave crisis económica que causó malestar social y fue apoyada por republicanos, intelectuales, monárquicos moderados y grandes financieros. Tras tres días de barricadas, Carlos X hubo de exiliarse y se proclamó rey a Luis Felipe de Orleáns que implantó una monarquía constitucional. Con él se inició la Edad de Oro de la alta burguesía francesa.

Bélgica se sentía humillada por Holanda, a la que estaba unida desde el Congreso de Viena. Además existían grandes diferencias entre ambas. Bélgica era católica, hablaba francés o valón y tenia una burguesía industrial proteccionista; Holanda era protestante, hablaba el holandés y su burguesía era comercial y librecambista. Los belgas consiguieron separarse de Holanda gracias a la ayuda de Inglaterra y Francia. Leopoldo I fue nombrado rey constitucional.

En Polonia los nacionalistas proclamaron la independencia de Rusia en 1830 pero, al no contar con ayuda exterior ni apoyo del campesinado, la revolución fracasó y los rusos reprimieron la revolución de forma sangrienta.

En Italia estallaron también insurrecciones en Piamonte, Parma, Roma y Nápoles que fracasaron por la desunión entre ellos y por la intervención de Austria. Tras el fracaso, Mazzini fundó la Joven Italia.

En Alemania los revolucionarios consiguieron que los príncipes aprobaran textos constitucionales en algunos estados (Hannover, Sajonia...) pero la unidad fracasó. Lograron que triunfara la unión aduanera o Zollverein en 1834, impulsada por Prusia, que servirá de base a la unidad.

En Suiza se abolió la Constitución aristocrática.

En España triunfó definitivamente el régimen liberal en 1833 con Isabel II, lo mismo que ocurrió en Portugal.

En Inglaterra no hubo revolución pero los liberales consiguieron en 1832 una reforma politica que ampliaba el derecho de sufragio y ampliaba los derechos individuales.

Tras el paso de las revoluciones de 1830, Europa quedó dividida en dos bloques: el occidental , liberal y constitucional, y el oriental, conservador y aristocrático, integrado por Austria, Prusia y Rusia.


Las Revoluciones de 1848

En 1848 tuvo lugar la llamada “'primavera de los pueblos'”, última oleada revolucionaria europea, de mayor amplitud que la de 1830, y que puso fin al sistema de la Restauración.

La revolución presenta unas características comunes. Por una parte, su carácter liberal y nacionalista y su contenido democrático, ya que los revolucionarios luchaban por el sufragio universal y la soberanía popular frente a la nacional.

Participaron en ella diferentes clases sociales, desde la burguesía industrial y financiera hasta el proletariado, movido por su penosa situación social (hambre, enfermedades, paro) y por la aparición del socialismo premarxista, dirigido por intelectuales -ciertos autores consideran las revoluciones del 48 como un enfrentamiento de clases-. Vino precedida por la crisis de 1847, que fue agrícola, industrial y bursátil. Según los historiadores Droz y Labrousse la crisis agravó la situación, pero no puede decirse que la provocó, si bien dio lugar a tensiones sociales De nuevo fue Francia la cuna de la revolución. La monarquía de Luis Felipe había supuesto la llegada al poder de la alta burguesía que lo había utilizado para su exclusivo beneficio económico, marginando a la mediana y pequeña burguesía, al campesinado y al proletariado gracias al sufragio censitario (sólo votaban 200.000 en una población de 35 millones de habitantes. Legitimistas, bonapartistas, republicanos y socialistas utópicos ) se aliaron contra el gobierno. Guizot rechazó la petición de reforma constitucional, restringiendo las libertades.

Las malas cosechas de 1846 y 1847 provocaron la subida del pan y desencadenaron la crisis agrícola, que se acompañó de crisis textil y financiera, lo que trajo consigo el paro y la inseguridad para los obreros, generando malestar económico y el estallido de motines de subsistencias en el campo.

La confluencia de estos factores políticos, económicos y sociales, desencadenaron las revueltas de los días 22, 23 y 24 de febrero en París. Se alzaron barricadas, se asaltó el Palacio real y el ejército terminó confraternizando con los insurrectos. Luis Felipe abdicó y se proclamó la II República.

En abril se formó un Gobierno Provisional que abarcaba desde republicanos moderados, como Lamartine, hasta socialistas utópicos, como Louis Blanc. Se impulsó un programa de reformas políticas y sociales, estableciéndose el sufragio universal masculino y aboliendo la pena de muerte y la esclavitud. Se crearon los Talleres Nacionales, dirigidos por el Estado, para intentar paliar el paro obrero.

Pero la alianza social duró poco. El Gobierno con mayoría de republicanos moderados decretó que los obreros en paro entre 18 y 25 años debían ingresar en el ejército o ir a trabajar a provincias. El proletariado respondió alzándose contra la burguesía en las jornadas del 22 al 26 de junio. Pero el ejército reprimió duramente la sublevación, y hubo más de 1.500 muertos y 25.000 detenidos. Fue una dura lección para los obreros, que en adelante tendrán que hacer su propia revolución.

En diciembre Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón, fue elegido presidente de la República, gracias al apoyo de la burguesía, el campesinado y los católicos. A pesar de que había sufragio universal, las libertades se recortaban cada vez más. El Segundo Imperio fue proclamado en 1851.

El movimiento revolucionario se propagó desde Paris al resto de Europa. En el Imperio Austriaco se desencadenaron en 1848 levantamientos de estudiantes, obreros y pequeña burguesía y milicias tanto en Viena como entre nacionalistas checos, húngaros e italianos. Aunque no todos tenían los mismos objetivos, lograron implantar una monarquía constitucional y el canciller Metternich salió del poder. Con ayuda de Rusia, el nuevo emperador Francisco José logró restaurar el absolutismo.

En Italia los revolucionarios luchaban a la vez por la libertad y por la unidad. Los nacionalistas llegaron a declarar Repúblicas independientes en Venecia, Toscana y Roma, pero fracasaron. Derrotados por los austriacos en Lombardía y el Véneto, vieron cómo los franceses reponían al Papa en Roma. Al finalizar, solamente el reino de Piamonte, en manos de los Saboya, era liberal y constitucional.

En Alemania la revolución de 1848 fue muy importante. Los patriotas consiguieron establecer constituciones en 39 Estados y se convocó una Asamblea nacional que nombró regente a Juan de Habsburgo. Este Parlamento de Francfort resultó ineficaz, ya que no contaba ni con dinero, ni armas, ni funcionarios y además estaba dividido. Por miedo a los obreros, los parlamentarios ofrecieron la corona alemana al rey Federico Guillermo IV de Prusia, quien no la aceptó. Así pues, fracasó la revolución, aunque en Prusia se mantuvo un régimen constitucional muy censitario.
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