La propuesta de la energía nuclear
Vivir es correr riesgos. Todo lo que hace el ser humano conlleva algunos peligros; sólo los muertos están completamente a salvo, si es que se puede considerar así. La cuestión es cuánto riesgo estamos dispuestos a asumir razonablemente, de manera individual o colectiva, a cambio de qué. La propuesta de la energía nuclear es clara: grandes cantidades de energía, prácticamente ilimitada si continúa su desarrollo, bastante respetuosa con el medio ambiente y dicen que hasta cierto punto económica, al precio de unos residuos peligrosos pero relativamente fáciles de gestionar y un riesgo mínimo pero real de accidentes cuyas consecuencias para la salud colectiva se extienden en el tiempo y en el espacio. Resumiéndolo mucho, así están las cosas.
A cada sociedad queda decidir si acepta o rechaza esta propuesta. Hay sociedades muy serias que la aceptan y otras al menos igual de serias que la rechazan. Las alternativas realistas en este momento son:
los combustibles fósiles como el petróleo, el carbón o el gas natural, con un coste ambiental y climático extremo (y también para la salud), que más pronto o más tarde se acabarán o resultarán muy costosos de extraer.
la energía hidroeléctrica, sólo aplicable donde hay grandes ríos con desniveles significativos, con un coste ambiental local significativo.
la energía eólica y solar, sometidas a variaciones y límites de disponibilidad (son un recurso intermitente), con un coste paisajístico y ambiental local moderado o más alto cuando se explotan intensivamente.
los biocombustibles, con un coste ambiental y social notable.
la energía geotérmica, sólo disponible en determinados lugares, con un impacto ambiental local moderado.
la energía mareomotriz y undimotriz, con algunas limitaciones de disponibilidad y un impacto ambiental local moderado.
Por mucho que reduzcamos el consumo –lo que es en extremo deseable–, si Nikolai Kardashov tenía algo de razón en sus planteamientos, toda civilización tenderá a ir consumiendo cantidades mayores de energía para seguir evolucionando. Aún sin plantearnos el futuro de la humanidad, en estos mismos momentos a miles de millones de personas en el Tercer Mundo les vendría de lo más bien una fuente de energía económica, fácilmente disponible y razonablemente respetuosa con el medio, con la sociedad y con el clima, pues el desarrollo es inseparable del suministro energético. Y a todos nosotros, en todos los países, una factura de la luz más barata y ecológica. La energía nuclear de fisión y sobre todo la de fusión contienen importantes promesas en este sentido, que cada sociedad debe evaluar sin histerias ni forofismos. Recordando siempre que el progreso no está garantizado, que una civilización que no evoluciona y avanza no sólo se estanca, sino que de inmediato comienza a retroceder.
La humanidad futura necesitará inmensas cantidades de energía para dejar de ser un simio de aldehuela planetaria, y la humanidad del presente necesita grandes cantidades ya para contribuir a la superación de incontables miserias e injusticias. Pero no al precio de dejar una herencia envenenada a las generaciones futuras. Eso es lo que está en juego ahora mismo: qué herencia queremos dejar a quienes vendrán detrás.