Sonambulismo, Terrores Nocturnos y Pesadillas
El sonambulismo (caminar dormido), los terrores nocturnos y las pesadillas son tres trastornos del sueño que se ven a menudo en la infancia, y que ocasionan preocupación en los padres y sensación de impotencia al no saber cómo afrontar estos problemas. Son muy frecuentes, sobre todo entre los 3 y 6 años de edad.
¿Tienen la misma importancia en el niño que en el adulto?
No, no tienen la misma importancia. En el niño suelen ser transitorios y desaparecen por lo general en la adolescencia. Sin embargo, en el adulto pueden ser indicadores de psicopatología (problemas psicológicos). Además, el sonambulismo del adulto puede tener su origen en un trastorno genético, o sea, hereditario.
¿En qué consisten?
Son considerados parasomnias; es decir, se trata de fenómenos o acontecimientos que ocurren durante el sueño, que pueden acompañarse de conductas aprendidas durante la vigilia (despierto), de expresiones verbales y de síntomas vegetativos como sudoración, palidez, etc.
¿Qué características tiene el sonambulismo?
Lo más típico es que el niño sonámbulo se siente inicialmente en su cama y realice movimientos extraños, como tantearse la ropa o restregarse los ojos, y que luego se levante y camine torpemente por el cuarto o bien que se dirija a la cocina, el baño o el cuarto de los padres, con la mirada ausente. En el episodio de sonambulismo se ejecutan conductas o movimientos que se han aprendido en vigilia (levantarse de la cama, lavarse las manos, etc.).
Esta situación se produce en la primera mitad de la noche, en la fase de sueño profundo, por lo que a ser muy difícil despertar al niño, y si se consigue, él no va a entender lo que está ocurriendo y pondrá cara de extrañeza y desorientación.
La conducta a seguir debe de ser de protección ante los posibles accidentes que se puedan originar: retirar de su camino objetos potencialmente peligrosos, no dejarle dormir en parte superior de litera o en el piso superior de la vivienda, cerrar con seguro las ventanas y la puerta de la casa, etc. No es necesario intentar despertarlo, sino simplemente reconducirlo suavemente y con órdenes sencillas a la cama de nuevo.
No recordará nada a la mañana siguiente. Debe evitarse el hacerle sentirse culpable por ser sonámbulo
¿Qué características tienen los terrores nocturnos?
Los terrores nocturnos aparecen también durante la primera mitad del sueño nocturno. En ellos podemos ver al niño llorar o manifestar expresiones verbales (gritar, hablar o “chapurrear”) sentado en la cama, con expresión de miedo intenso en la cara, los ojos muy abiertos e incluso con sudoración fría. El niño no reconoce a nadie porque, a pesar de las apariencias, continúa profundamente dormido.
De forma similar a como ocurre en el sonambulismo, cuesta mucho despertarlo y si se consigue, el niño se encontrará desorientado sin entender qué es lo que ha pasado. El episodio dura sólo unos breves minutos.
Actitud a adoptar por los padres: no despertarlo y reconducirle de nuevo a dormir con órdenes sencillas y escuetas. Volverá a dormirse casi de inmediato. Tampoco recordará nada a la mañana siguiente. Esto es muy típico de los terrores nocturnos, que son más un problema para los padres y hermanos, por los “sustos” que se llevan, que para el propio niño que los padece
¿Qué características tienen las pesadillas?
Son parecidas a los terrores nocturnos en cuanto a su contenido, ya que está ligado a situaciones de miedo y angustia. Se producen por lo general, al contrario que los terrores, en la segunda mitad de la noche.
No suelen aparecer en la fase de sueño profundo, sino en la llamada fase REM (“Rapid Eye Movement”, que traducido significa "movimientos oculares rápidos". En esta fase habitualmente no hay movimientos corporales porque se inhibe el tono muscular, a diferencia también de los terrores nocturnos y el sonambulismo. Al no darse durante el sueño profundo, el niño se despierta y recuerda lo que ha estado soñando. Ésta es la diferencia más clara para distinguirlas de los terrores nocturnos.
El contenido de la pesadilla suele ser de tipo angustioso y atemorizante, como agresiones, persecuciones, frecuentemente con monstruos, etc. La causa puede ser algún conflicto que durante el día le provoca ansiedad al niño, de forma que al solucionar o sobrellevar estas situaciones generadoras de la ansiedad (problemas personales, familiares, películas o telefilmes violentos, etc.), suelen desaparecer las pesadillas.
La conducta a seguir ante ellas será la de intentar tranquilizar al niño, dándole seguridad y cariño, haciéndole ver que carece de importancia lo soñado y que no es real.
¿Se pueden tratar con medicamentos?
Sí, pero raramente es necesario y nunca deben utilizarse sin supervisión médica. El pediatra sólo los indicará cuando exista un verdadero deterioro de la vida del niño o de la familia; en ese caso se suelen emplear medicamentos sedantes del tipo de las benzodiacepinas o los antihistamínicos.
Más frecuentemente, la intervención del pediatra será la de explicar y tranquilizar tanto a los padres como al niño y hacerles ver la benignidad y transitoriedad de este tipo de problemas, tan habituales en la infancia. Generalmente se recomendarán además algunas normas respecto a los hábitos del sueño, como acostarse siempre a la misma hora y dormir lo suficiente, no ver "películas de miedo", leer o conversar durante un rato antes de dormir, y otros remedios que pueden ser útiles durante un tiempo, como el dejar la puerta del dormitorio entreabierta, una luz de penumbra encendida, etc.
http://www.aepap.org/familia/ttnossueno.htm