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Científicos estudiarán dos gigantes helados del Sistema So

Ciencia Educacion2/22/2014
Científicos estudiarán dos gigantes helados del Sistema So

Los planetas Urano y Neptuno no se han convertido todavía en objeto de intenso estudio por parte de los investigadores del espacio.

El equipo de científicos europeos y estadounidenses intentó remediar la situación, sometiendo a consideración de la Agencia Espacial Europea la solicitud de misión doble ODINUS que ha de estudiar ambos planetas en el marco del programa global Cosmic Vision. Pese a que la iniciativa no ha encontrado apoyo, la investigación de los remotos y gélidos gigantes del Sistema Solar sigue presentando interés para los científicos. Los promotores de ODINUS explican el porqué de este interés.
El documento titulado La investigación científica y las misiones a los gigantes helados y sus satélites entró el pasado 13 de febrero en la fase de preimpresión. Aparte de describir la misión ODINUS, que participará en el concurso de la Agencia con el lanzamiento potencial en 2028 o 2034, el documento engloba las preguntas a las que se podría responder, durante el estudio de Urano y Neptuno de forma paralela con dispositivos espaciales iguales.
Hasta estos momentos Urano y Neptuno solo han sido observados desde lejos, siendo la sonda Voyager el único aparato espacial en acercarse a ellos, en 1986 y 1989, respectivamente. El resto de las investigaciones fue realizado con telescopios terrestres y espaciales, un método que facilita, sin lugar a dudas, bastante información, pero falla a la hora de explicar qué es lo que ocurre fuera de los planetas y qué relación tienen con sus satélites, datos que representan una especie de clave para poder entender el pasado y el presente de los planetas del Sistema Solar.

A diferencia de los gigantes gaseosos, Júpiter y Saturno, Urano y Neptuno son de un tamaño más reducido. Todo parece indicar que se formaron algo más tarde y se componen generalmente de agua, amoníaco y metano mezclados con metales y silicatos. Los pequeños detalles de su “vida”, por ejemplo, el tiempo que suele hacer allí, todavía no se conocen bien, aunque, de acuerdo con la Voyager 2, podrían tener unas condiciones climáticas muy distintas.
El interés científico no se debe únicamente al escaso conocimiento que se tiene de estos planetas. Porque, cuantos más sistemas planetarios conozcamos, más enigma está cobrando el Sistema Solar. Se supo, por ejemplo, que la interacción de los planetas gigantes tiene un papel muy importante en la formación de los sistemas planetarios. No siempre la situación es tan tranquila como en el Sistema Solar donde los planetas se mueven por órbitas más o menos estables durante un largo período de tiempo. Sería muy curioso saber por qué es tan estable.
Es posible desentrañar la historia del espacio, si uno tiene una visión clara de la composición y del aspecto de los planetas y sus satélites. Pueden tener origen diferente, es decir, haberse formado junto con el planeta principal de la misma sustancia o, en cambio, haber sido capturado durante algún “encuentro espacial”. El número y la edad de cráteres sobre la superficie, la estructura de los satélites, sus órbitas y su interacción con el viento solar, todo es objeto de intenso interés científico.
Al mismo tiempo, subrayan los autores del documento, es muy importante llevar a cabo el estudio simultáneo de ambos planetas con un equipo técnico más o menos igual. Para ello fue creado el proyecto ODINUS. De acuerdo con las estimaciones preliminares, un dispositivo habría de llevar cerca de seis unidades de equipo técnico. La masa de un aparato sin combustible se evaluaba en seiscientos kilogramos, de modo el portador Ariane 5 podría llevar al espacio varios de ellos a la vez o aprovechar la pareja Soyuz-Fregat. En caso del lanzamiento en 2034 se tardarían en llegar a Urano unos nueve años, mientras que a Neptuno unos doce, y antes de 2050 tendríamos información sobre estos cuerpos celestes.
Este plan no ha llegado a cobrar vida, dado que a finales de noviembre pasado la Agencia Espacial Europea aprobó dos proyectos astrofísicos, para ser lanzados en 2028 y 2034. De esta forma las misiones espaciales tendrán que esperar hasta finales de 2030. Tampoco se sabe, si las agencias espaciales de otros países llegarían a aprobar proyectos semejantes. Sin embargo, podría servir de impulso para el estudio de los más remotos rincones de nuestra galaxia. Es muy posible que la investigación de los lugares más alejados del Sistema Solar se vea impulsada por el nuevo dispositivo New Horizon que en 2015 ha de alcanzar Plutón.

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