NAZIARGENTINO
Usuario (Alemania)

Una compañía rusa comenzó a prestar servicios de congelamiento de personas y animales domésticos a los cuales se podría revivir en un futuro. Más de cien personas han firmado ya los contratos. El precio de congelar a alguien asciende a los treinta y seis mil dólares. En opinión de los técnicos criogénicos, un cuerpo congelado antes de la descomposición se puede llevar a un estado de anabiosis. Así se puede conservar hasta el momento en que los científicos puedan revivir a los muertos. Según la valoración de los trabajadores de la compañía, esto será posible dentro de las próximas décadas. Oficialmente, la ciencia niega esta posibilidad, sin embargo, desde el punto de vista de la ley, la actividad de la compañía es completamente legal, ella ofrece a los clientes una información precisa de su actividad y de las perspectivas de revivir.

Parece un juguete pero en realidad es un sistema integral de control y monitorización de los síntomas que presentan los niños con autismo. Alumnos del Tecnológico de Monterrey, de Ciudad de México, han lanzado un proyecto que busca eliminar las barreras que impiden tanto a especialistas como a padres de familia observar el progreso de los menores con este trastorno. A muchos les divertirá su aspecto, pues el robot parece un “muñeco” humanoide y ha sido diseñado como un juguete didáctico. Pero gracias a que tiene la capacidad de colocarse en cualquier posición dentro de su rango de operación, puede imitar casi todos los movimientos de brazos y cabeza humanos. Los robots sociales son, como explica la revista Technology Review, “adecuados para el tratamiento de niños con autismo gracias a la sencillez en la interacción, además de que sus acciones son repetitivas y modificables para satisfacer los requisitos de cada niño”. Los impulsores del proyecto admiten que su robot nunca podrá remplazar a los profesionales, pero sí ayudarlos a analizar el comportamiento del alumno para establecer un diagnóstico. Los niños con autismo tienen dificultades a la hora de comunicarse con adultos y con otros niños, pero por alguna razón se relacionan con estos robots. Por eso, la idea desde el principio fue lograr que el artefacto tuviese el mayor número de capacidades humanas: hasta tiene sensores de tacto y presión que permiten conocer la fuerza que ejerce el niño sobre el juguete y una cámara para reconocer los gestos del pequeño. De este modo, su conducta puede ser visualizada por la familia y por los especialistas en la materia. Los encargados de este proyecto trabajan en el diseño de aplicaciones que permitirán enviar toda la información registrada y captada por el robot tanto a los padres como a los doctores que atienden al niño. De esta forma, agregó, será posible reforzar aquellas terapias que necesitan los pequeños con autismo, pues ahora podrán expandirse al hogar. La psicopedagoga Dimitra Grammatikou, asesora de este proyecto realizado en la Dirección de Posgrado en Ciencias de la Ingeniería, destaca que este invento resulta una herramienta muy útil para los terapeutas, ya que el humanoide es capaz de registrar el contacto visual que realiza el niño, así como el número de veces que lo logra. Ya existen experiencias de éxito: un colegio de Birmingham en Reino Unido, se ha convirtió en 2012 en uno de los primeros en ensayar con éxito el uso de profesores robot para enseñar a alumnos autistas. “Los niños con autismo tienen muchas dificultades para comunicar sus emociones, frecuentemente no saben qué significa estar feliz o triste y por consiguiente no pueden comunicar alguna molestia o bienestar”, dijo Grammatikou a la agencia ID. La especialista agregó que el robot terapéutico para niños con autismo permitirá que los padres del niño con este trastorno, el propio paciente y el especialista a cargo interactúen para evaluar el progreso del niño. La tecnología fue diseñada dentro del posgrado en ciencias de la ingeniería del Tecnológico de Monterrey, CCM, en donde se llevan a cabo proyectos en este área de excelencia en los que participan profesores y alumnos. Pero no es ni mucho menos el único caso de androide al servicio de los enfermos. En Japón, el robot Paro se ha empleado con éxito para mejorar el estado anímico de ancianos o para reducir el estrés de pacientes y sus cuidadores. Tiene forma de cría de foca de pelo blanco y ojos negros, y se utilizó en algunos casos para tratar la depresión que sufrían supervivientes al terremoto y posterior tsunami que devastó la costa nororiental del país nipón en marzo de 2011. También se desarrollan robots que pueden hacer moverse las piernas de la gente con parálisis. El objetivo es que el usuario lo pueda llevar en una silla de ruedas, armarlo, colocárselo y caminar sin ayuda.

Los planetas Urano y Neptuno no se han convertido todavía en objeto de intenso estudio por parte de los investigadores del espacio. El equipo de científicos europeos y estadounidenses intentó remediar la situación, sometiendo a consideración de la Agencia Espacial Europea la solicitud de misión doble ODINUS que ha de estudiar ambos planetas en el marco del programa global Cosmic Vision. Pese a que la iniciativa no ha encontrado apoyo, la investigación de los remotos y gélidos gigantes del Sistema Solar sigue presentando interés para los científicos. Los promotores de ODINUS explican el porqué de este interés. El documento titulado La investigación científica y las misiones a los gigantes helados y sus satélites entró el pasado 13 de febrero en la fase de preimpresión. Aparte de describir la misión ODINUS, que participará en el concurso de la Agencia con el lanzamiento potencial en 2028 o 2034, el documento engloba las preguntas a las que se podría responder, durante el estudio de Urano y Neptuno de forma paralela con dispositivos espaciales iguales. Hasta estos momentos Urano y Neptuno solo han sido observados desde lejos, siendo la sonda Voyager el único aparato espacial en acercarse a ellos, en 1986 y 1989, respectivamente. El resto de las investigaciones fue realizado con telescopios terrestres y espaciales, un método que facilita, sin lugar a dudas, bastante información, pero falla a la hora de explicar qué es lo que ocurre fuera de los planetas y qué relación tienen con sus satélites, datos que representan una especie de clave para poder entender el pasado y el presente de los planetas del Sistema Solar. A diferencia de los gigantes gaseosos, Júpiter y Saturno, Urano y Neptuno son de un tamaño más reducido. Todo parece indicar que se formaron algo más tarde y se componen generalmente de agua, amoníaco y metano mezclados con metales y silicatos. Los pequeños detalles de su “vida”, por ejemplo, el tiempo que suele hacer allí, todavía no se conocen bien, aunque, de acuerdo con la Voyager 2, podrían tener unas condiciones climáticas muy distintas. El interés científico no se debe únicamente al escaso conocimiento que se tiene de estos planetas. Porque, cuantos más sistemas planetarios conozcamos, más enigma está cobrando el Sistema Solar. Se supo, por ejemplo, que la interacción de los planetas gigantes tiene un papel muy importante en la formación de los sistemas planetarios. No siempre la situación es tan tranquila como en el Sistema Solar donde los planetas se mueven por órbitas más o menos estables durante un largo período de tiempo. Sería muy curioso saber por qué es tan estable. Es posible desentrañar la historia del espacio, si uno tiene una visión clara de la composición y del aspecto de los planetas y sus satélites. Pueden tener origen diferente, es decir, haberse formado junto con el planeta principal de la misma sustancia o, en cambio, haber sido capturado durante algún “encuentro espacial”. El número y la edad de cráteres sobre la superficie, la estructura de los satélites, sus órbitas y su interacción con el viento solar, todo es objeto de intenso interés científico. Al mismo tiempo, subrayan los autores del documento, es muy importante llevar a cabo el estudio simultáneo de ambos planetas con un equipo técnico más o menos igual. Para ello fue creado el proyecto ODINUS. De acuerdo con las estimaciones preliminares, un dispositivo habría de llevar cerca de seis unidades de equipo técnico. La masa de un aparato sin combustible se evaluaba en seiscientos kilogramos, de modo el portador Ariane 5 podría llevar al espacio varios de ellos a la vez o aprovechar la pareja Soyuz-Fregat. En caso del lanzamiento en 2034 se tardarían en llegar a Urano unos nueve años, mientras que a Neptuno unos doce, y antes de 2050 tendríamos información sobre estos cuerpos celestes. Este plan no ha llegado a cobrar vida, dado que a finales de noviembre pasado la Agencia Espacial Europea aprobó dos proyectos astrofísicos, para ser lanzados en 2028 y 2034. De esta forma las misiones espaciales tendrán que esperar hasta finales de 2030. Tampoco se sabe, si las agencias espaciales de otros países llegarían a aprobar proyectos semejantes. Sin embargo, podría servir de impulso para el estudio de los más remotos rincones de nuestra galaxia. Es muy posible que la investigación de los lugares más alejados del Sistema Solar se vea impulsada por el nuevo dispositivo New Horizon que en 2015 ha de alcanzar Plutón.