Sociólogos y especialistas analizan estos “nuevos viejos tiempos”, donde la lógica kirchnerismo, anti kirchnerismo domina todas las relaciones humanas, y laborales
Alejandra Darín eligió con mesura sus palabras, e intentó esquivar la incomodidad que sentía. Debía sentar posición sobre el conflicto mediático que sostenían la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, y su hermano, el actor Ricardo Darín.
El problema era que ella, como titular de la Asociación de Actores, participaba del ámbito K, y era común verla en los actos de Gobierno.
Y su hermano, reconocido actor, había cuestionado el patrimonio de CFK, y mencionado el ambiente de intolerancia que se percibía en la sociedad argentina.
“Yo creo en los políticos aún con los más terribles ejemplos que hemos tenido. Tenemos que ser cuidadosos. La Presidenta es una persona y Ricardo también. No tiene que ver con la agresión, es realidad. No estuvo mal lo que preguntó Ricardo. Es un ciudadano más. La Presidenta maneja la ironía y es muy inteligente”, eligió decir Alejandra para atemperar la disputa.
El caso fue mediático, pero desnudó una pelea que se observa en ámbitos privados. Ser o no ser K, el nuevo conflicto existencial que captura la atención y la pasión de gran parte de la sociedad argentina.
Familias que se dividen, amigos que dejan de verse, o se esquivan. Peleas en los ámbitos de trabajo, miradas de reproche, cuestionamientos. Un nuevo universo de pasiones que surge y se amplifica en la era kirchnerista.
Consultados por La Tecla, varios sociólogos de trayectoria en la docencia y en la investigación ofrecen su mirada al respecto.
Todos coinciden en marcar los anteriores procesos históricos del país como el contexto inevitable para entender la realidad de hoy. La salida de una dictadura, el golpe de una generación desparecida, la crisis post 90, con el enojo del “que se vayan todos”. Y luego, la aparición de dos figuras que remixan las postales justicialistas de Perón y Evita. Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
El incentivo a la juventud, que desde varios partidos se volcó a la militancia, ayudó al clima de adhesión u odio apasionado.
Las redes sociales, como nueva plaza pública de discusión, y también de convocatoria, aceleraron el proceso, al lograr que en segundos una frase tuviera el rebote de miles de personas.
Hoy, cada discurso de la Presidenta genera la inevitable avalancha de adhesiones y de cuestionamientos.
Para la socióloga Norma Giarracca es una situación de confrontación inmediata, donde el k va a apoyar incondicionalmente a Cristina, y el opositor, la va a defenestrar, lo que provoca una previsibilidad que juega en contra de lo político. No se da lugar a la contingencia, es decir, a lo nuevo, a lo que pueda salir de ese esquema.
Por el contrario, para la investigadora del Conicet, Edna Muleras, la confrontación que hoy se da es buena, saludable, y sobre todo “real”.
“Es positiva esta discusión en las familias, entre los amigos, porque hay una necesidad de tomar posición” indica.
En igual sentido, el politólogo Edgardo Mocca considera que negar las diferencias que siempre existieron en los grupos, ya sean familiares, de amistad, o laborales, es negar la realidad.
Para Mocca, aunque desapareciera el Gobierno kirchenrista, las diferencias seguirían existiendo. Porque tiene que ver con las clases, y las pujas de poder.
Otros profesionales, como el caso de Inés Isaguirre, consideran que estas diferencias están exacerbadas en los tiempos K. Y que ningún apasionamiento de ese tipo es algo positivo.
“Cristina tiene fanáticos” indica, pero contrapone la negligencia de quienes la critican. “Que las víctimas cuestionen el asado de la ESMA lo
entiendo, ahora que cualquiera se enganche en criticar esto, es exagerado” indica.
“Hoy cuando sucede algo, como un caso de inseguridad, si sos kirchnerista pensás que es un problema policial, y si no los sos, asegurás que la culpa la tiene la Presidenta” sintetiza la socióloga, Norma Giarracca.