No escribo para escaparme de la pena o enfrentarme a ella de una manera más concreta. No soy un escritor escapista, ni siquiera soy escritos pero el escribir, en cada condición, en cada cosa que me ha sucedido en la vida, es una forma de estar en la situación. Aún con la situación en la que me encuentro hoy, y lo que me ha pasado en lo personal, en ocasiones pienso que la única libertad real, la verdadera libertad que una gente tiene, es describir su propia tragedia con sus propias palabras, no con palabras que otra gente le da o trata de imponerse sobre ellas.Mis libros (que no saben que yo existo) son tan parte de mí como este rostro que vanamente busco en los cristales y que recorro con la mano cóncava.
No sin alguna lógica amargura pienso que las palabras esenciales que me expresan están en esas hojas que no saben quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos me dirán para siempre.Pero ahora partí del hecho de que nunca logramos conocer verdaderamente al Otr@ y que nunca una persona es suficiente para satisfacer o proveer de absolutamente todo a su pareja. Se pueden querer, llevar una vida de unión, haber fincado una historia maravillosa con hijos y nietos y, sin embargo, hay abismos que los separan. Hay dimensiones ignoradas, temidas. A veces creemos que cuando hacemos el amor, conocemos a cabalidad a nuestra pareja, y eso es una fantasía. Nos sintonizamos con sus elementos más dulces y atractivos, no con sus pesadillas y tormentos privados.
No sin alguna lógica amargura pienso que las palabras esenciales que me expresan están en esas hojas que no saben quién soy, no en las que he escrito.
Mejor así. Las voces de los muertos me dirán para siempre.Pero ahora partí del hecho de que nunca logramos conocer verdaderamente al Otr@ y que nunca una persona es suficiente para satisfacer o proveer de absolutamente todo a su pareja. Se pueden querer, llevar una vida de unión, haber fincado una historia maravillosa con hijos y nietos y, sin embargo, hay abismos que los separan. Hay dimensiones ignoradas, temidas. A veces creemos que cuando hacemos el amor, conocemos a cabalidad a nuestra pareja, y eso es una fantasía. Nos sintonizamos con sus elementos más dulces y atractivos, no con sus pesadillas y tormentos privados.