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Cuento escribido por mi

Arte•Fecha desconocida
jajaja, si...vos entraste para bardear mi falta de ortografia en el titulo. Una manera de que un artista se de a conocer (cuak!)...en fin. Este cuento lo estaba leyendo hoy, es un recuerdo de hace mas de 10 años, cuando todavia era un pendejo boludo (ahora soy un gran boludo)y estaba comenzando el secundario. Recuerdo que un profesor medio raro nos pidio que hagamos una historieta o un cuento corto que hablase de la religión. Yo escribi ésto:

Nota: lo transcribi tal cual, con faltas de ortografia, dialectica y todo eso (ni siquiera le encontre título). Puede ser repetitivo y mal formado, pero no tenia mucha idea en ese tiempo, y ahora tampoco


Aqui el cuento:


- Ese monje necio deberia limitarse a orar y nada más!

- No hables asi John.

- ¿Que no hable así?. Es mas...creo que estoy siendo demasiado bueno.

- Él no tiene la culpa...

- Ellos nunca tienen la culpa de nada, y nosotros la culpa de todo. Que somos pecadores, que no obedecemos los mandatos de Dios, que somo esto, que somos aquello. Ahhhhh!!, basta de patrañas!. Creen saberlo todo y solo son unos estúpidos sacerdotes.

-Por favor John, no hables asi. Tienes razon: no son ellos que todo lo saben. Es Dios quien todo lo sabe, y te va a castigar si no te calmas y hablas correctamente.

Aquello enfurecio aun más a John. Y cuando Anna se dio cuenta ya era tarde. Claro, igualmente el enojo de John venia desde que salieron de la iglesia. Éste, al finalizar la misa dominical, se acercó al sacerdote que la habia oficiado, y le pidió si podía elevar una plegaria por él y su mujer, ya que hacía tiempo querían tener un hijo, pero aun no podían. El sacerdote se negó rotundamente, alegando que ya no tenia tiempo. Dio media vuelta y se marcho, dando rienda a la ira de John.

- Deja de decirme que me calme!

- Perdón, no quise...

- Y Dios no me va a castigar -interrumpió John-. Él no sabe nada, sabe menos que esos monjes. Si supiera como nos sentimos nosotros nos hubiera dado un hijo ¿no crees?. Tu te la pasas rezando y nada.

Esto hirió de algún modo a Anna. Ella era muy devota y creyente de Dios. Y deseaba tanto o más que John tener un hijo. Una lágrima corrio por su mejilla. John se dio cuenta que le estaba haciendo daño. Se acercó a ella.

- Perdóname Anna. Tienes razón: debo calmarme.

- Tranquilo -dijo ella-. Prepararé el almuerzo.

De pronto se escuchó un trueno. Y cayeron en la cuenta de que había oscurecido. Una tormenta quizá.

- Se avecina una tormenta -dijo John mientras Anna encendía algunas velas-. Iré a ver cómo están los caballos. En los cinco meses que llevamos aqui no han dejado de estar nerviosos.

- Quizá extrañen su antiguo hogar - comentó Anna, al tiempo que decia para sus adentor que ella tambien lo extrañaba.

John se aprestó a salir. Al abrir la puerta se le helo la sangre. Había alguien frente a él. Una ráfaga de aire entro en la casa y apagó cada una de las velas. John no podía ver la cara de aquella persona, pero sí podía divisar su contorno, era alguien muy grande. Y fuera quien fuera, no traía nada bueno, pensó. Al fin, la figura, habló.

- ¿John?-preguntó con voz grave y tenebrosa.

- Si -contestó éste, temblando. Aunque un calor le estaba invadiendo el cuerpo...y también la casa.

- ¡Al fin te encuentro maldito desgraciado!

John aun no entendía nada. Los ojos de aquel ser extraño parecían estar iluminándose. Si!, se estaban iluminando. Eran rojos. Y tenían tanta fuerza que también podían iluminar la casa entonándola del mismo color, aunque más tenue. Podía verse a Anna atrás de su marido. Temblaba como una hoja, sin saber porqué sentía tanto miedo. John abría la boca, pero solo balbuceaba. Hasta que pudo hablar.

- Pero...pero tu quién eres?

- ¿Que quién soy? ¿Aun te atreves a preguntarme quién soy? ¿Te atreves a ignorarme? -inquirió el exraño. Estaba furioso.

- Es que...

- Cállate maldita lacra traicionera! -interrumpió alquel ser-. Pensaste que podías escapar de mi?. Ja, ja, ja!. Muchoshan muerto en el intento. Pero TU, John Belmont, tu eres el peor de todos!. Y tendrás el peor final.

- Pero es que...

- ¡Te he dicho que te calles, maldita rata inmunda!. -volvió a ser interrumpido John-. Hablarás cuando yo te lo ordene.

- Pero...

- Nada!!!. No hablarás. Ahora sólo me escucharás. Porque me haz traicionado. ¡Tu!, que osaste de mis riquezas; que haz tenido a las mejores mujeres, incluida la mujer de aquel conde ¿recuerdas?. Haz tenido cuanto quisiste, John. ¿Y asi es como me pagas? ¿Traicionándome?. Recuerdo cuando acudiste a mi: no tenías ni un centavo, ni siquiera tenías algo que calzar. Yo hice que tubieras los mejores caballos. Eras casto, aun no sabías lo que era gozar una mujer, yo hice que tubieras las mejores. No tenías donde vivir, y conmigo tubiste la mejor la mejor mansión, con decenas de sirvientes sólo para ti.

John quería hablar, pero por alguhna razón temía morir en aquel instante. Aun así, lo hizo.

- Usted se equivoca.

- Que me equivoco? ¿Te atreves a insultarme, pedazo de excremento?. Ahora moriras por tu traición. Arderás eternamente en las llamas del infierno por tu deslealtad. Pos malgastar la fortuna que te brindé, pero que siempre fue mia, en esas malditas iglesias a las que ahora vas a orar. Lo se todo John. He seguido tu rastro. Asi que ya puedes despedirte de tu mujer. Si haz de decir algo, dilo ahora, porque será lo ultimo que escuche de ti. Desde ahora serás mi sirviente y arderá cnmigo en el infierno.

- Sólo quiero decir algo -inquirió John-. Verá...es que, con el mayor de los respetos, usted se equivoca: yo no soy John Belmont, mi apellido es Baldwin. John Baldwin. John Belmont, el anterior dueño de esta casa, me la vendió a mi hace cinco meses, y se fue a vivir a la aldea que esta cruzando el río, tras el Bosque de Pinos.

El rostro de aquel ser paso de emanar fueria a lamentarse. Sus ojos fueron apagándose lentamente. Anna volvió a prender algunas velas.

- No lo puedo creer...!. Perdón señor...Baldwin. Y disculpeme por no presentarme antes. Soy el Diablo, señor de los infiernos. Y por favor, no tenga en cuenta mis insultos.

- Pues bien señor Diablo, o quien quiera que sea. SE puede ir ya. Aqui no vive la persona que usted busca -dijo Anna-

- Tenga confianza señora, ustedes me pueden llamar Satán.

- Ya oyo a mi mujer.

- Si si, ya me voy. Pero antes...no me darian un poco de agua?. Es que he caminado mucho y mis piernas no dan más. Los años no vienen solos...

- Si -dijo Anna, acercándole una jarra-. Tómela y lárguese!

El diablo miro a John y dijo:

- No necesitas ningún favor?

Anna, que había escuchado. miro fijamente a John. Sabía lo que estaba pensando. Éste la miro y entendió. Al cabo de unos segundos dijo:

- No, gracias.

- Bueh...otra vez será... -djo el Diablo-. Seguiré mi camino. Disculpen....y adiós.

- Adiós -dijo John, y se quedo parado en la puerta. El día se habia vuelto a iluminar. De pronto, el Diablo, se dio vuelta.

- Perdón señor Baldwin....hacia dónde queda el Bosque de Pinos?

- Hacia el otro lado, al oeste.

- Gracias. Menos mal que pregunté, estoy cansado de caminar de más. Bueno...ahora si, adiós.

Mientras el Diablo emprendía su marcha, John se quedo mirando. Anna se acercó y le habló.

- Dios no lo sabrá todo...pero creo que el Diablo tampoco...

- Tienes razón -dijo Jhon con una mueca burlona, mientras cerraba la puerta y Anna apagaba las velas.


pd:Acepto cualquier tipo de critica
pd2: si, lo puse en arte...y que?
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