A Joaquin Sabina
Tu paraguas capote de verano
tan bueno para sol o para lluvia
dibuja en las plaza de las bancos
palabras con sabor a Dios profano.
Gorditas, agraviosas, buen mocitas,
calientes, redonditas, implacables.
El "Cedon", que ya no está, las regurgita,
yo las devoro sin probar bocado
Y no fue amor lo que rompió el hechizo,
ni la luz del día,
ni los nuevos arrabales.
Fue tu cuerpo:
recortado, regalado;
escondido, pero con todo al aire.
El aguacero, la humedad, las balas mustias
recuerdan al Dios de los cristianos;
el dinero, la pasión, lo interrumpido
imponen tu rojo vestir inacabado.
¿Y ahora quien torea al destino
que siempre se oculta en lo terrible?.
¿Quien limpia los pecados herrumbrados
por este son de catorce duplicado?
Por este haber amado a quien tenía dueño,
a quien me juró por Dios y por el Diablo,
estar sola como luna marchitada,
estar ojeando el horizonte en pos de brazos
que la liberen del yugo de los justos
y la lleven hacia el fin de su camino.
tan bueno para sol o para lluvia
dibuja en las plaza de las bancos
palabras con sabor a Dios profano.
Gorditas, agraviosas, buen mocitas,
calientes, redonditas, implacables.
El "Cedon", que ya no está, las regurgita,
yo las devoro sin probar bocado
Y no fue amor lo que rompió el hechizo,
ni la luz del día,
ni los nuevos arrabales.
Fue tu cuerpo:
recortado, regalado;
escondido, pero con todo al aire.
El aguacero, la humedad, las balas mustias
recuerdan al Dios de los cristianos;
el dinero, la pasión, lo interrumpido
imponen tu rojo vestir inacabado.
¿Y ahora quien torea al destino
que siempre se oculta en lo terrible?.
¿Quien limpia los pecados herrumbrados
por este son de catorce duplicado?
Por este haber amado a quien tenía dueño,
a quien me juró por Dios y por el Diablo,
estar sola como luna marchitada,
estar ojeando el horizonte en pos de brazos
que la liberen del yugo de los justos
y la lleven hacia el fin de su camino.