InicioApuntes Y MonografiasLa pesadilla de la niñera



Un poco de música de terror para acompañar la leyenda... Ponele play y arrancá a leer, apagá la luz!






Las leyendas, son relatos que circulan a través del boca a boca, y en la actualidad, gracias al avance tecnológico, a través de los medios de comunicación virtuales.
Estos relatos muchas veces son exagerados al ir pasando de persona en persona, y de esta forma se pueden llegar a contar las historias de una manera totalmente diferente.
A pesar de que muchas leyendas son inventadas y así transmitidas, muchas otras provienen de la realidad, y algunas personas son capaces de ponerlas a prueba, obteniendo resultados de toda índole...




Cuenta esta leyenda, mientras transcurre el año 1990...
La familia Dortmund, compuesta por Alfred, Rose y sus dos hijos mellizos, Frank y Allison, son nacidos en Inglaterra, en la ciudad de Norwich. Por razones de trabajo, deciden ir a vivir a Francia, poco después que sus hijos cumplieran los 3 años de edad.
Llegados a la ciudad de Reims, buscan un lugar para hospedarse momentáneamente, mientras se instalan por completo, se adaptan a la zona y encuentran alguna casa para comprar. Sin embargo, mientras buscaban algún hotel o apartamento, encontraron, aunque un poco alejada del centro, una casona muy antigua, la cuál era económica, y parecía estar en perfecto estado. Tras sacar cuentas y analizar la casa, Rose le dijo a Alfred: -Cuesta apenas un poco mas que arrendar... ¿Que te parece?-. Sin pensarlo dos veces la compraron, tuvieron que limpiarla bastante, pero pudieron instalarse sin problemas mayores, incluso todavía mantenía algunos muebles de los habitantes anteriores, por lo que ahorraron bastante dinero.
-¿Porqué es tan económica? ¡si está en perfecto estado!- pregunto Rose a un almacenero que se encontraba a tan solo unos treinta metros de la casa. -Humm... Se dice que han ocurrido varias cosas extrañas en esa casa, por eso nadie la quiere. Pero hace diez años que trabajo aquí, la verdad nunca he visto nada fuera de lo normal- confesó el almacenero.
Desde ese momento, la señora Dortmund quedó algo incómoda, pero prefirió no contarle nada a su esposo, para no alarmarlo. "En fin, si no ocurrió nada fuera de lo normal en diez años", pensaba Rose para auto convencerse.
Los días fueron pasando y todo era espectacular, la ciudad era hermosa, la gente los trataba muy bien, el trabajo les quedaba cerca y podían turnarse para cuidar a los niños, sin necesidad de gastar dinero extra en una niñera.
Un viernes, tras una semana agotadora en todos los sentidos, Alfred y Rose deciden gastar parte de sus ahorros para salir una noche juntos, con el fin de distraerse y pasar un momento a solas, cosa que no hacían desde que los niños habían nacido. -Creo que podemos ir a un cine, y luego ir a cenar- dijo Rose sonriendo. -Mejor vamos a mirar un partido de fútbol- bromeó Alfred. Pasando de risa en risa, decidieron visitar algún centro comercial de la ciudad, comprar algunas vestimentas que necesitaban, para luego ir a cenar a un restaurant que venía llamandoles la atención hacía días, el cuál quedaba aproximadamente a una hora de la casa, y siempre había gente, señal de que las comidas eran muy buenas. También decidieron pasar la noche en algun hotel, para no obligar a la niñera a que tuviera que irse a su casa durante la madrugada. -Bien, ¿entonces?- preguntó el señor Dortmund. -Mañana a la noche- respondió feliz Rose.
Mientras todos dormían, ella se comunicó con Hellen, una amiga que vivía en Paris, para preguntarle si conocía alguna niñera de confianza con la que pudiera dejar a sus hijos durante la noche del sábado. -Como tu tienes una hija, talvez conoces alguna niñera que me puedas recomendar-. -¡Claro que tengo! Es una amiga, vive aquí en Paris. Aguardame, le escribiré un mensaje a ver si puede ir, te confirmo en poco rato-. Pasaron aproximadamente cuarenta minutos, y a Rose le llegó un mensaje: "La niñera se llama Sophie, dice que maña está por tu casa a las 20". Sin tener otra cosa para elegir, ya que no conocía a nadie de confianza en Francia, Rose pensó que lo mejor sería dejar que Sophie cuidara a sus hijos. "Si es amiga de Hellen, no tratará mal a mis niños" pensaba.
Pasó el sábado, y los Dortmund se preparaban para salir. Eran las 19.30 y sonó el timbre. Alfred, yo voy!- gritó Rose. Era la niñera. Una muchacha de unos cuarenta años, de muy buen aspecto, muy prolija y educada al hablar con ellos, y para comunicarse con los niños. -¿Te gustan los niños no?- preguntó Alfred en tono de broma. -¡Jaja! ¡Me encantan!- responió Sophie. -Tengo una hija, y desde que padecí una enfermedad por la que me tuvieron que operar, no pude tener mas... Me dediqué a esto para no quedarme con las ganas de cuidar niños- agregó con tono triste. Nadie dijo nada.
-Bueno, son 20.15, nos vamos a ir, ¿de acuerdo Sophie? Mañana por la mañana cuando lleguemos, nos dices el costo y te pagamos- dijo Rose. -¡No se hagan problema! No suelo cobrar, lo hago por gusto. Con tan solo dejarme para la cena alcanza- Expresó feliz la niñera. Para los Dortmund, un alivio, ya que iban a gastar demasiado esa noche. -¡Claro! Sobre la mesa deje algo de dinero, ¡usa lo que precises!- dijo Alfred, y se fueron.

Entre risas y juegos, la niñera y los chicos se fueron conociendo. -¿La están pasando lindo niños?- preguntó Sophie. Frank y Allison asintieron con la cabeza. Es muy poco lo que hablan. -¡Me alegro mucho! pero ahora hay que ir a dormir. ¡Igualmente nos veremos pronto!-. Los llevó a la habitación, y les contó un cuento, hasta que quedaron profundamente dormidos. Pasadas las 23hs, luego de haber cenado, Sophie se decidió a mirar una película en la tv, una de terror que justo empezaba en el momento que ella encendió el televisor. -Recién empieza, ¡Que suerte, voy a verla!- susurró.
En la segunda pausa comercial, empezó a sonar el teléfono. -Que raro... Tan tarde...- Susurró la niñera. "Lo dejaré sonar, las niñeras no suelen atender el teléfono" pensó. Así que sonó y sonó. De pronto se le ocurrió que podían ser los Dortmund, avisando que había pasado algo, así que se dijo que la próxima vez que sonara, lo iba a atender.
Siguió mirando la película, y el teléfono no volvió a sonar. "Sería alguien que marcó equivocado" pensó. Luego que la película terminara, Sophie se levantó para apagar el televisor e irse a dormir, y en ese momento se cortó la energía eléctrica. -No puede ser... ¡Justo después de ver una película de terror!- susurró en broma. De pronto, el teléfono volvió a sonar. "Definitivamente, deben ser los Dortmund" pensó, así que atendió. Del otro lado se oía una respiración, algo tenebrosa. -¿Quién es?- dijo Sophie. Pasados unos segundos, el interlocutor cortó. -Sería equivocado... Me voy a dormir- expresó casi en silencio. Pero el teléfono nuevamente, le impidió ir a dormir. -¡Hola! ¿Quien llama a esta hora?-. La respiración seguía del otro lado, y esta vez acompañada de una risa, una risa muy macabra, que causó escalofrios a Sophie. Enseguida, cortó el teléfono y marcó al 911, explicando la situación. La operadora, con mucha amabilidad, le dijo -Si vuelve a llamar, no corte, mantenga la llamada, háblele, nosotros intentaremos rastrear el llamado para poder enviar una unidad policial-. Un poco mas tranquila, esperó. Pasados unos minutos, el teléfono volvió a sonar: -¿Hola? ¿Quién es? ¿Puede hablarme?- dijo con tono molesto la niñera. Nuevamente la respiración y la risa le causaron escalofríos. -Soy una niñera, no es momento para bromear, llamaré a la policía si no me dice quién es y que quiere- dijo muy enojada. El interlocutor colgó. "Es alguien bromeando, le hablé de policía y cortó" pensó Sophie, mas tranquila. Pasaron unos segundos y el teléfono volvió a sonar. Ya casi en un ataque de pánico, contestó: -¿¡Hola!?-. Se oyó un silencio. -Tranquila señora, soy la operadora del 911- Se hizo otra pausa. -No se alarme, pero lo antes posible tome sus cosas y váyase de la casa, la llamada se está realizando de su misma línea, ya enviamos una patrulla-. Pálida, muerta de miedo, y con un nudo en la garganta, Sophie colgó. No sabía que hacer, quedó en un shock. En ese momento, siente pasos sobre la escalera. Pegó un salto, y clavó la mirada para ver quien era. "Deben ser los niños que se levantaron" pensó. Sin embargo, entre la penumbra, y con la simple luz de la luna que se proyectaba a través de la ventana, pudo apreciar a un hombre alto y fornido, de sobretodo largo, que en su mano, traía un cuchillo chorreando sangre. La risa volvió a escucharse, pero esta vez no era a través del teléfono...


La niñera salió corriendo de la casa, y la policía no la pudo detener. Terminó en un hospital psiquiátrico en el que aún permanece hoy en día.
La policía encontró a los dos niños sin sus cabezas. Estas últimas aún no han aparecido. Del hombre de sobretodo no se sabe absolutamente nada, la policía lo vió por última vez subiendo la escalera de la casa, pero a pesar de haber buscado por cada rincón, no dejó rastros. Las ventanas estaban completamente cerradas y había oficiales afuera, por lo tanto tampoco escapó por allí.
Alfred y Rose no soportaron la situación, y ambos se suicidaron días después del hecho.
La casa está a la venta nuevamente, a un increíble precio de 750 Euros. Según algunos vecinos, son mas de treinta vidas las que se ha llevado esa casa, todas de la misma forma: haciendo desaparecer la cabeza.



Todavía no se sabe con certeza si esta leyenda es real, pero nadie se anima a probarla...

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