En 1878 el escritor norteamericano Mark Twain viajó por Alemania y visitó la ciudad universitaria de Heidelberg. Le sorprendió ver a tanta gente con cicatrices. “Les atraviesan la cara en zigzag, en agresivos tajos enrojecidos, son permanentes e imborrables. Algunas de estas cicatrices tienen un aspecto muy extraño y terrible”.
El origen de este misterioso fenómeno reside en las fraternidades estudiantiles alemanas y su extraño concepto de duelo. En su origen, un duelo servía para redimir controladamente una disputa o un agravio al honor. Pero en la segunda mitad del siglo XIX los estudiantes alemanes añadieron una vuelta de tuerca al inventar la Mensur, un duelo ritualizado que practican voluntariamente dos estudiantes que no han sufrido agravio alguno.
El único objetivo de la Mensur era el de acumular cicatrices. Para ello dos estudiantes, pertenecientes a fraternidades distintas, se ponen uno frente a otro a un metro de distancia. Durante quince minutos ambos se turnan para procurar propinarle al otro un tajo en el rostro. Está permitido parar el golpe con el mismo brazo del ataque, protegido con pesadas vendas de seda, pero no moverse de sitio ni apartar el cuerpo. El ritual puede finalizar antes de tiempo si uno de los dos queda seriamente herido, aunque para eso es preciso que los testigos sometan a votación la gravedad del corte.
A fin de proteger las partes más importantes del rostro, los duelistas llevaban el cuello vendado, gafas especiales de hierro y protectores en la nariz y a veces en las orejas.
Terminada la Mensur, un médico especializado la cosía, naturalmente sin emplear ningún tipo anestesia: eso formaba parte del ritual. A veces aplicaba hierbas en la herida para que la futura cicatriz resultara más llamativa. Mark Twain recuerda que en Heildeberg era un espectáculo habitual ver a los estudiantes paseándose orgullosamente por la calle con media cabeza vendada.
Cualquier muchacho que se apartara para evitar el golpe del florete o que se lamentara a causa del dolor o del miedo se arriesgaba a ser expulsado de la fraternidad. Pero si superaba la prueba, disfrutaría el resto de su vida de una cicatriz –un Schmiss– que le permitiría presumir de dos cosas: de título académico –estudiar en la universidad era un lujo para minorías– y de coraje para resistir el dolor. Era un pasaporte para el ascenso social y las mujeres lo encontraban atractivo. Hasta el punto de que algunos hacían trampa y se practicaban la herida en casa con una navaja de afeitar, empleando trucos diversos para obtener un Schmiss que llamara suficientemente la atención, como abrirse la herida a medio cicatrizar y empaparla en vino.
El ritual de la Mensurdemuestra la importancia del dolor, la violencia y el autocontrol en la sociedad guillermina. En la República de Weimar fue declarada ilegal, aunque eso no impidió que se siguiera practicando. No sorprende que en 1933, con la subida de Hitler al poder, la Mensurestudiantil volviera a legalizarse. El filósofo Martin Heidegger, por entonces rector de la universidad de Friburgo, recibió la noticia con alegría y dedicó un breve discurso a elogiar los valores morales de este ritual. La posterior integración forzosa de las fraternidades estudiantiles en la Liga Alemana Nacionalsocialista de Estudiantes y una ley de 1938 acotaron su alcance, sometiendo cada duelo a la autorización previa de un líder estudiantil. A pesar de ello, lucir un Schmiss en la mejilla resultaba un instrumento muy útil para hacer carrera en el cuerpo de élite de las SS. Otto Skorzeny, quien en 1943 organizó la sonada liberación de Mussolini y acabó sus días plácidamente en Mallorca protegido por Franco, lucía un Schmiss ciertamente terrorífico.
Rehabilitada a principios de los cincuenta, la Mensur es un ritual que aún se sigue practicando en diversas fraternidades universitarias alemanas, suizas y austriacas. Entretanto los Schmiss han perdido su respetabilidad social por su asociación con el nacionalismo y la extrema derecha, de modo que algunas fraternidades practican la Mensursobre el pecho a fin de obtener cicatrices más discretas.