Lo del título.
Y no me averg:uenzo (no tengo diéresis).
Lo reconozco. Desde chiquito nunca tuve el menor amor por cepillarme las teclas. Me levanto y me encajo unos mates amargos y con eso me creo que tapo la baranda. Y así voy por la vida. No se crean que no me doy cuenta que la gente se tapa la nariz cuando habla conmigo. Algunos hasta se ponen un casco o un tapa-boca de esos que estaban de moda cuando la gripe AH1N1. A mi no me importa, me hago el que no me doy cuenta. Ni loco me hacen lavarme la jeta.
Simplemente lo odio. Odio pararme frente a espejo a mover mi mano como un idiota mientras babeo ese líquido blancusco espumoso. Esa lava asquerosa que por efectos gravitatorios muchas veces baja hacia el codo. Aborrezco ese instante, sobre todo cuando uno está de manga larga.
Pero les sigo explicando. Los dentistas (grandes ladrones) y las compañías fabricantes de dentífricos y otras drogas afines, son los grandes culpables de hacernos creer que debemos lavarnos después de cada comida. Ja! Como si uno no come en la calle o por ahí el 98% de las veces. Acaso se piensan que vamos a andar con un necesér (archi-gay) por ahí como si tal cosa para que "no se nos pudran" las teclitas?
Párrafo aparte para el tiempo que uno debe dedicarle a este trámite inútil. Dos minutos!!! Ja ja ja dejame que me ría, JA JA JA JA. Como si uno no tuviera Poringa u otra página cultural por el estilo para dedicarle esos preciosos 180 segundos! Es una falta de respeto que te quieran imponer tal pérdida de tiempo. Me voy a detener apenas un segundo para nombrar los enjuagues bucales. Listo, ya los nombré. Inmundícias! Están casi al nivel de las cremas de enjuague para el cabelio. No se dieron cuenta todavía que son todas las mismas??? EHH??? Seguro hay un hijo de puta con un latón gigante de crema de enjuague riéndose de nosotros mientras le dice a un lacayo; "ché Wáyinton, ahora traeme los potes de cabellos frágiles ja ja ja ja jaj jjaja, y andá aprontando los de cabellos teñidos jujuujauujjaujjaujjaaaaajjaaakkkjjjjaaaa ". Señora, no sea gila, son todos los mismos!!!
Pero volvamos a lo nuestro. Antes, cuando era dominado por ese frenesí buco-higiénico, hasta cerraba la canilla para no gastar agua de más mientras me cepillaba. Qué idiota dios mío! Con el tiempo me di cuenta que para qué mierda iba a ahorrar agua con tal de hacer tal aberrante tarea. La solución era suprimir el lavado.
Espero no haberlos aburrido y que me comprendan. Seré un forever alone, pero a mi no me embaucan.
. . . . .