InicioArteSexo y violencia
Sexo y violencia

5b415a0a74765006f122f979f487f751


La verdad, es siempre una mentira
que aún no ha sido descubierta



Nada mejor que un buen fútbol-playa en las arenas del Polonio; chapuzón de océano seguido de una cerveza fría, mochilas al hombro con poca ropa y líneas de pesca y saco de dormir y farol y carpa y más trastos de campamento y a caminar, siete kilómetros de desierto subiendo y bajando numerosas dunas de ardiente arena, arribando así, al pueblito de Valizas y sin parar, porque se nos caía la noche encima, seguimos costeando por la playa otros tantos kilómetros más, hasta Aguas Dulces donde el prometedor Bar, de un buen amigo, nos espera con alojamiento y el mejor vino cortesía de la casa. Al parecer tanto trajín fue mucho para mi rodilla derecha. Al llegar al bar y quedarme sentado, quieto por 5 minutos, el corazón se me instalo en ella y comenzó a latir, la sentía al triple de su tamaño y terminé en la única posición, en la que al menos, no sufría de agudas puntadas.
Paco y Beba llevaban ya 10 años de casados, más otros tanto de noviazgo. Al comienzo él trabajaba y ella estudiaba, hasta que llego el primer hijo y Beba, pronto cambió los estudios por los quehaceres de la casa; y lo hacía con gusto y con amor, por su hijo y por su hombre; aquel hombre honesto, trabajador y sincero, incluso tierno por momentos y sin vicios, eso… sin vicios; pensaba Beba mientras disimulaba sus heridas frente al espejo. El Paco, así lo recordaba ella… y luego vino la nena, la reina de la casa, y aunque el dinero no sobraba y los lujos eran pocos, era una buena vida aquella, cuando el Paco trabajaba, de empleado no más, en una fabrica textil, pero trabajaba… y no bebía, y no sufría, y no se desquitaba. Pero claro, ella comprendía, la fábrica cerró y todos a la calle; Paco lleva más de un año sin trabajar, el seguro de paro hace tiempo caducó, y la impotencia y la frustración y comenzó a beber; justificaba Beba empolvándose los moretones.
Y ahí estaba yo; con el pie para arriba, sentado en la terraza del Bar con mi amigo que entro a buscar un vino tinto (supongo), cuando veo venir a una morocha flaquita, de mi edad aproximadamente y no muy atractiva, caminando rápido, a pasó firme y decidido directo hacia mí; llegó, y se sentó a mi lado tocando sin mucho disimulo su muslo con el mío.
-¿Qué te pasó en la pierna?
Sorprendido por la audacia de la muchacha, le narre todo mi periplo desde el Cabo hasta acá. En eso volvió mi amigo con el vino y un porro.
Esa tarde, luego de llevar a los chicos a la escuela, Beba salió para hacer su habitual recorrida por los comercios de la zona, ofreciendo empanadas y tortas caseras; con ese dinero, como único ingreso malvivían ella, el Paco y sus dos críos. Después pasó por los niños a la salida del colegio, y de vuelta a casa con unos pocos billetes; lo que sobró de comida sería la cena. Al llegar a casa, el Paco no estaba, ella ya lo suponía (seguro estará en el bar bebiendo), pensó y apresuró a los infantes para que se duerman temprano; no quería que vieran llegar a su padre a los tumbos, sudando alcohol. Luego se sentó a esperar, mirando la puerta y el reloj, la puerta y el reloj… la puerta y el reloj, cuando escuchó unas llaves, que no encontraban cerradura.
Todos bebimos fumamos y reímos; en total fueron dos las botellas de vino, ya que Claudia invitó con la segunda. Pronto ella y yo comenzamos a ponernos melosos, besos van, besos vienen, hasta que mi amigo, inteligente, se despidió de nosotros acordando vernos más tarde, en la discoteca del pueblo. Ya a solas nos tomamos otro vino, el tercero de aquella noche que aún estaba en pañales. Ella por su parte sacó un blister de pastillas, de esas de receta medica, y me ofreció tomar algunas.
-Otra vez borracho Paco… y otra vez robaste plata de mi bolso -inquirió Beba.
¡Paf! Sonó seco el cachetazo del Paco:
-Yo no te robo; estoy recuperando parte de lo que te di tiempo atrás
Bien sabía Beba que discutir ahora solo empeoraría las cosas; así que se fue al dormitorio; a llorar.
Le respondí que no, que no me gustaban las pastillas, Claudia encogió de hombros y se tomó cinco o seis de un saque; luego bebimos y nos besamos y bebimos y nos besamos y bebimos y reímos, hasta que el vino se acabó, pero los besos parecían no tener fin. Pronto noté que estaba lenta al hablar y torpe al moverse; no es que yo estuviera muy lúcido, pero a ella le estaban haciendo efecto las pastillas… tanto, que para bajar a la playa como le propuse, tuve que cargarla en andas y no por caballero, ya no podía caminar.
Paco comió algo, dejó todo sucio y recordó, vaya a saber por qué, todo el tiempo que llevaba sin tener sexo, ni con Beba ni con nadie y decidió, en su borrachera, que este era un buen momento para eso.
Por fin en la arena cálida de la noche veraniega, Claudia, drogui pero no del todo inconsciente, insistía en colgarse de mi cuello y besarme pero a mis intentos de desprenderle el pantalón, con más torpeza que gracia, quitaba mi mano de su cierre una, y otra, y otra vez.
Entró al dormitorio, se acercó a beba y con la dulzura de un borracho intentó tocarla… pero claro, Beba no se dejaba tocar y entonces…
Le torciste el brazo sin llegar a lastimarla:
-Soltáme… soltáme -Pedís, suplicás.
La ponés boca a bajo y la inmovilizás; eso te resultó más fácil, que quitarle el ajustado pantalón con botones, cinturón y cierre. Luego le hacés a un lado la bombacha con el dedo.
–No… no… –Ya no hablas, susurras, como si no quisieras que te escuchen; como si tú misma no quisieras escucharte, cada vez más bajo, hasta que todo terminó.
Me puse de pie y comencé a abrocharme el pantalón. Claudia estaba conciente pero inerte… inmóvil y semidesnuda, con los ojos abiertos viendo nada, yacía sobre la arena en la misma posición en que la dejé. No movía un dedo, no pronunciaba palabra y yo no sabía si era por las drogas, o por lo que le había echo, (tal vez un poco de ambas), pensé mientras le decía:
-Claudia… ¡he! Claudia
–(…)
–Bueno…, -continué-, yo me voy a la discoteca a buscar a mi amigo; ¿querés venir?
–(…)
(En fin…) termine de vestirme y partí rumbo a la disco; Claudia quedo allí, tal cual estaba.
Cuando todo terminó, ambos, él por borracho y ella por vergüenza, se durmieron semi-vestidos y espalda con espalda, sin tocarse, uno en cada extremo de la cama hasta que el despertador, quebró el sueño a las siete en punto de la mañana y para variar, solo Beba se levantó a preparar a los niños, tenían que ir al colegio.
Por desgracia cuando logré entrar a la discoteca, faltaba poco para el cierre y al cabo de una hora prendieron todas las luces y pusieron una canción espantosa, como para echarnos a todos. Al salir le conté a mi amigo lo ocurrido con Claudia:
-Anormal, es menor de edad… vas a ir preso.
Y yo, que ya tenía cargo de conciencia, me puse aún peor y decidí volver a ver como estaba, o si estaba al menos. Fue insólito, había pasado hora y media casi dos y seguía igual: desnuda, en la misma posición en que la había dejado. Apenado, comencé a vestirla y la cargué peso muerto hasta mi carpa, donde la acosté a mi lado y nos dormimos abrazados.
Mientras el paco seguía durmiendo, ella los bañó, vistió, alimentó y llevó caminando al colegio para después ponerse a cocinar y, finalmente, hacer su recorrida diaria por los comercios de la zona.
Cuando desperté, Claudia ya no estaba a mi lado, se había ido, y yo pendulaba entre el alivio y la preocupación. (Menos mal que al medio día me tomo el ómnibus para la capital) pensé y maldije al recordar que ella también lo sabía, yo se lo había comentado anoche y ahora podría ir a buscarme a la terminal, con sus padres, o peor aún, con la policía. Pese a todo igual fui; nunca estuve tan ansioso por subir a un autobús. Cuando por fin llega, se forma una larga fila que lento avanza, paso a paso, los segundos se estiran y ya estaba yo… cuando la veo venir caminando rápido, a paso firme y decidido, directo hacia mí. Me esperaba, como mínimo, un cachetazo y un escándalo; pero en lugar de eso ella me dio un fuerte abrazo y comenzó a llorar a lágrima suelta, pidiendo, rogando y suplicando que no me fuera. Le explique que no podía quedarme; que ya no tenía dinero y debía volver; para calmarla, le pedí el teléfono y prometí llamarle. Me despidió con más lágrimas y muchos más besos.
Cuando Beba culminó sus tareas de venta pasó a buscar a los niños y volvió a casa, para encontrar al paco recién levantado que, entre resaqueado y malhumorado se sentó en la mesa. Beba, callada sirvió la merienda. Luego, mirando algo de televisión conversaron del clima, de política y otras banalidades.


Cuentista: DCF
javascript:void(0)
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
391visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

C
Cuentista🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts70
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.