Vista de la carretera México-Pachuca hacia 1930, con los restos de una de las compuertas del Albarradón de Ecatepec a los lados. Esta obra hidráulica probablemente es de origen prehispánico y en 1627 Enrico Martínez le añadió las compuertas con una pequeña capilla adosada. Hoy la que aparece en la foto sigue en pie, aunque bastante deteriorada
Imagen: "Los caminos de México"
Investigadores estudian Albarradón de Ecatepec
*** La antigua obra hidráulica de por lo menos cinco siglos de antigüedad, fue sometido a trabajos de salvamento arqueológico por especialistas del INAH
*** El monumento, posiblemente prehispánico, conserva 90% de sus materiales y estructura original; sirvió para contener el agua de los lagos y evitar inundaciones en la Ciudad de México
El Albarradón de Ecatepec, en el Estado de México, monumento histórico de obra hidráulica, de por lo menos cinco siglos de antigüedad, fue investigado y sometido a trabajos de salvamento arqueológico por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), quienes determinaron que esta antigua construcción es la más completa de su tipo que se conserva hasta nuestros días, toda vez que aún guarda 90% de sus materiales y estructura originales.
Ubicado en las inmediaciones del Distrito Federal y Edomex, dicha construcción sirvió durante la época colonial como camino para los viajeros procedentes de Pachuca, Veracruz, la antigua Ciudad de México y Ecatepec. Este sitio fue decretado por el Gobierno Federal como monumento histórico el 23 de marzo de 2001. Actualmente, sigue vigente como paso entre el municipio de Ecatepec y el poblado de Venta de Carpio.
“Es de los pocos vestigios arqueológicos que existen hasta nuestros días relacionados con los antiguos sistemas de manejo hidráulico de la Cuenca de México, ya que la mayoría fueron destruidos durante la Conquista, y los que fueron creados durante la época colonial quedaron sepultados con la edificación de las avenidas y obras modernas”, declaró el arqueólogo Francisco Antonio Balcorta, coordinador de los trabajos arqueológicos desarrollados de durante 2009 y 2010, y cuyo informe está en proceso de conformación.
“El Albarradón de Ecatepec, —actualmente llamado calle Avenida Nacional— se localiza en el tramo de la carretera federal 85 México-Pachuca, y consta de un camino cubierto de relleno de tepetate y asfalto —de aproximadamente un metro de grosor—, con muros de piedra en ambos lados y una serie de compuertas a lo largo de él; se utilizó en las épocas prehispánica y colonial, para contener las aguas de los lagos Xaltocan y Zumpango, y evitar posibles inundaciones en la Ciudad de México durante las épocas de lluvia”, comentó el arqueólogo Balcorta.
Debido a la implementación de un nuevo sistema de transporte, proyectado por el Gobierno del Estado de México en 2009 y 2010, fue necesaria la intervención del INAH para realizar el Proyecto de Salvamento Arqueológico del Albarradón de Ecatepec, dirigido por el arqueólogo Raúl García.
“Se ubica, dijo, en lo que fue el punto más estrecho del sistema lacustre prehispánico, al norte de la Cuenca de México. Tiene una altitud de dos mil 240 metros sobre el nivel del mar, y se extiende a lo largo de cuatro kilómetros. Su altura varía de uno a seis metros de norte a sur, es decir, va del poblado Venta de Carpio (ubicado en las faldas del cerro de Chiconautla) hacia el Puente de Fierro, en Ecatepec”.
El arqueólogo Francisco Antonio Balcorta detalló que los trabajos de salvamento arqueológico consistieron en levantamientos topográficos, registros fotográficos, sondeos estratigráficos y excavaciones controladas, para saber las características y etapas constructivas, así como los materiales usados para su edificación.
Al respecto, comentó que se han encontrado indicios del uso de piedra de basalto, tezontle y andesita para la construcción de la estructura. También, se ha determinado, preliminarmente, que el albarradón tuvo una sola etapa constructiva, no así los trabajos de mantenimiento que ha recibido a lo largo de la historia.
Mencionó también, que no obstante el secamiento paulatino de los lagos a partir de la llegada de los españoles, para frenar el desbordamiento de los lagos que afectaban a la Ciudad de México en época de lluvias, es posible que algunas compuertas del albarradón continuaran funcionando quizá hasta finales del siglo XIX, con el fin de evitar inundaciones.
“La primera restauración del monumento hidráulico (de entre las muchas que tuvo durante la Colonia) fue en 1558, fecha en que se le nombró como Puente de San Cristóbal, cuando el virrey don Luis de Velasco mandó reparar una ‘calzada dique’ que se dañó durante la inundación de 1555, y que ya no era capaz de contener las aguas de manera efectiva”, detalló el arqueólogo del Centro INAH-Estado de México.
“Según las hipótesis del etnohistoriador Ángel Palerm (1973) y del arqueólogo Francisco Rubén (2002) —continuó Francisco Antonio Balcorta—, dicha “calzada dique” quizá databa del periodo Posclásico (900-1521 d.C.), pues suponen que fue hecha en el siglo XIV, según narraciones históricas, como las de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, cronista de la época colonial, quien refirió la existencia de dicha construcción durante el enfrentamiento por el control de la misma, entre los grupos tepacnecas de Azcapotzalco y la alianza de los pueblos Acolhua-Chiconautla.
“Además, ambos investigadores (Palerm y Rubén) se basan en un análisis comparativo, entre este albarradón y de otros sitios donde sí se encontraron indicios de calzadas prehispánicas debajo del asfalto, como fueron los casos de la Avenida Vallejo, Calzada de Tlalpan, La Viga y Tacuba.
Por otro lado, Fray Juan de Torquemada —en su obra Monarquía Indiana—mencionó que durante la inundación de 1604 se construyó dicho albarradón, bajo la dirección de Gerónimo de Zárate, nombrado en ese texto como calzada de San Cristóbal, por lo tanto, la fecha exacta de su construcción aún es incierta.
“Sin embargo, hasta el momento no hemos encontrado referencias sobre materiales o estructuras que nos aseguren la presencia de alguna calzada prehispánica en el Albarradón de Ecatepec, y con ello determinar su posible fecha de construcción; lo que sí sabemos es que fue reconstruido y reutilizado varias veces hacia finales del siglo XVI y principios del XVII”, indicó Balcorta.
Para 1627, añadió el arqueólogo, el español Enrico Martínez fue el encargado de construirle compuertas a la albarrada, que permitieron regular el flujo de agua entre los lagos. De éstas, sólo se han localizado tres, distribuidas a lo largo del mismo, una está en San Cristóbal, hacia el municipio de Ecatepec, otra más se ubica hacia el poblado de Venta de Carpio, y la tercera, en el tramo central del albarradón.
Francisco Antonio Balcorta explicó que en la época colonial, a cada compuerta se le construyó en la parte superior, una pequeña capilla o altar —con un nicho para colocar imágenes de santos—, que servía para identificar las compuertas rápidamente.
Finalmente, adelantó, que el informe sobre los resultados obtenidos de esta investigación, incluirá un proyecto de consolidación y restauración de este monumento histórico, cuyas labores de atención del monumento deben de orientarse a la intervención de muros, restablecimiento de material desprendido, y mantenimiento en las compuertas, a fin de que se siga preservando el Albarradón de Ecatepec.
Enrico Martínez, Henrich Martin o Heinrich Martin (¿Hamburgo?, 1550 o 15601 - Cuautitlán, México, 1632) fue cosmógrafo del rey de España, intérprete de la Santa Inquisición e ingeniero hidráulico.
De acuerdo a algunas fuentes, el era descendiente de españoles; Alexander Von Humboldt afirmó que era alemán u holandés y en otras fuentes se afirma que era mexicano educado en España. Sin embargo, lo más probable es que fuera de origen francés.
Henri Martin españolizó su nombre a Enrico Martínez y fue encomendado por el virrey Luis de Velasco en ´1607 para realizar los trabajos de desagüe de la Cuenca de México, que se componía de cinco lagos: Zumpango, Texcoco, Xochimilco, Chalco y Xaltocan. En temporada de lluvias, el lago de Zumpango y otro menor, San Cristóbal, rebasaban el nivel común de sus aguas, desbordándose sobre el lago de Texcoco. Éste a su vez incrementaba el nivel de los lagos interiores de la cuenca, provocando grandes inundaciones en la Ciudad de México en años anteriores.
El plan de Henri Martin fue probablemente uno de los proyectos más ambiciosos de la época que consistió en excavar un canal que drenara definitivamente los lagos de la cuenca hacia el Lago de Zumpango. El trabajo comenzó el 28 de noviembre de 1607 y terminó en mayo de 1609. A pesar de su término, la obra que había sido expuesta a la corrosión y gran cantidad de filtraciones de agua, se derrumbó obstruyendo el paso del agua, inundando nuevamente la ciudad durante el gobierno del sucesor de Velazco, el arzobispo García Guerra. Preocupado por el peligro de la capital de la Nueva España, Felipe III, Rey de España, recibió información del virrey García en la que se cuestionaba el trabajo, costo y funcionalidad de la obra de Martin, quien también escribió al rey para contradecir los cuestionamientos del virrey.
El sucesor de García, Don Diego Fernandez de Cordoba, Marques de Guadalcazar (1612–21), fue enviado por Felipe III con la comisión especial de resolver el problema de las inundaciones en la Ciudad de México. Del mismo modo se nombró a Íñigo Contreras embajador de España y se le envió a la corte francesa a buscar un ingeniero capaz de hacer las obras de desagÜe.
Se eligió al ingeniero alemán Adrian Boot, que llegó a México en 1614. Por órdenes del virrey, Boot y Martin, junto con el auditor Otalora visitaron las obras, elaborando cada uno un registro sobre las mismas y las posibles soluciones que encontraban al problema. Boot afirmó en su registro que las obras de Martin eran insuficientes y que podía arreglarlas haciendo un nuevo trabajo que costaría más que las obras originales. Martin ofreció un plan para concluir el proyecto en el que necesitaría 100 hombres y menos de la cantidad económica solicitada por Martín.