vivaelcheg
Usuario (Argentina)
UN MINUTOUn minuto sirve para sonreír:Sonreír para el otro, para ti y para la vida.Un minuto sirve para ver el camino, admirar una flor, Sentir el perfume de la flor, Sentir el césped mojado, percibir la transparencia del agua.Se requiere apenas de un minuto para evaluar la inmensidad del infinito,Aunque sin poder entenderlo.Un minuto apenas para escuchar el canto de los pájaros.Un minuto sirve para oír el silencio, O comenzar una canción.Es en un minuto en que uno dice el "sí" o el "no" que cambiará toda su vida.Un minuto para un apretón de manos y conquistar un nuevo amigo.Un minuto para sentir la responsabilidad pesar en los hombros, La tristeza de la derrota, la amargura de la incertidumbre,El hielo de la soledad, la ansiedad de la espera, la marca de la decepción,La alegría de la victoria...En un minuto se puede amar, buscar, compartir, perdonar, esperar, creer, vencer y ser...En un simple minuto se puede salvar una vida.Tan sólo un minuto para incentivar a alguien o desanimarlo.Un minuto para comenzar la reconstrucción de un hogar o de una vida.Basta un minuto de atención para hacer feliz a un hijo...un padre, un amigo, un alumno, un profesor, un semejante...Sólo un minuto para entender que la eternidad está hecha de minutos...De todos los minutos bien vividos un minuto?Cuántas veces los dejamos pasar sin darnos cuenta...Pero también cuántas veces traemos a nuestras vidasLos recuerdos de los minutos vividos llenos de felicidad,De alegría y también de tristezas...Decimos "un minuto" y nos parece nada...pero como se aprecia ese minutoAl levantar la mano y saludar a un amigo que se va para siemprecomo se valora ese minuto que hace que lleguemos tarde a nuestros trabajos, Como se espera ese minuto que nos lleva a reunirnos con los que amamos, Como nos llena de emoción ese minuto en que nos entregan a nuestro hijo al nacer, Y cómo también deseamos que la vida le otorgue más minutos a quien la muerte separará físicamente de nosotros y no veremos más.Un minuto... Parece increíble... Parece tan poquito Y sin embargo puede dejar una huella tan profunda en nuestra vida.Lo importante es no vivir la vida porque sí, dejando pasar el tiempo.Alguien alguna vez dijo: "vive cada minuto como si fuera el último"...Sitodos recordáramos esa frase a diarioAprenderíamos a vivir la vida intensamente.Aprenderíamos a no posponer las emociones más lindas de la vida pensando Que "si no es hoy será mañana"...TU TIEMPO ES AHORA... EL FUTURO ES INCIERTO... VIVE CADA MINUTO.
Como diseñadores estamos acostumbrados a navegar por la web al encuentro de nuevas fuentes que nos inspiren, ya que no hay nada mejor que las tipografías para redondear el concepto del mensaje con la estética de la fuente. En Webneel podrán encontrar 25 fuentes recomendadas para diseñadores en donde, a mi gusto, hay unas 15 fuentes que merecen la oportunidad de incluirlas en nuestros próximos diseños. Para descarga de la tipografia solo tenes que hacer click en la imagen correspondiente. .
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¡Cómo no se me ocurrió! Es imposible que la fórmula íconos pop + helado salga mal. Eso pensó Stoy, una agencia de publicidad rusa que armó heladitos con la cara de Lenin, Darth Vader, Marilyn Monroe y el Che Guevara, entre otros. Como plus, los sabores de cada helado están pensados de acuerdo a la personalidad de cada uno. Así, el Che tiene gusto a mate y ron; Marilyn frutilla y crema y Lenin es arándano y vodka. Un helado de mate y ron con la cara del Che Guevara
Como se veria una Buenos Aires invadida por robots a cuerda..? link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=vj4OciMJTh0 o convertida en un parque de diversiones gigante? link: http://www.youtube.com/watch?v=RFAVchUN35U El responsable de esta visión tan particular de BsAs es Fernando Livschitz, ganador del YDA (Young Director´s Award 2012) en Cannes, Francia, con su pieza BuenosAires Inception Park.
hoy tengo necesidad de vos. de tu silencio. de escuchar la brevedad de tus pasos de mentirte mia. hasta de que partas hoy tengo la necesidad de encontrarte. medir absurdamente el espacio pequeño eterno que nos separa y visualizar como seria la vida si estuvieras. que en lo discreto y rutinario haya una palabra que rompa los enigmas nos libere tengo la necesidad mayuscula de pertenecer a lo cotidiano. no asombrarme con tu voz al finalizar el dia. quiero romper los cristales que nos atan. sangrar el absurdo a traves de lo concreto solo reir a traves de las murallas. y compartir la necesidad salvaje de nunca abandonarnos.

Estas son las fotos ganadoras del concurso World Press Photo 2014 La organización dedicada a la fotografía de prensa dio a conocer las fotos ganadoras de su concurso anual. John Stanmeyer se hace con el primer premio de la categoría "Contemporary Issues". Carrera de trineos. Primer puesto de la categoría Deportes. inmigrantes africanos en Djibouti levantan sus teléfonos en un intento de captar señal de Somalia. Primer puesto de la categoría Temas Contemporáneos Sobrevivientes del tifón Hayan, primer puesto de la categoría Spot News Carlos Arredondo (izquierda) se sube encima de las barricadas en la calle Boylston para llegar a los heridos en la acera en el lugar del primer atentado cerca de la línea de meta en el maratón de Boston. Segundo premio de la categoría Spot News. Abrazo final, tercer puesto de la categoría Spot News. La policía llega a la escena del crimen donde dos cuerpos cuelgan de un puente y otro tres están en el suelo. Habían sido asesinados por el crimen organizado en Saltillo, Coahuila Centro de refugiados en una escuela abandonada en Sofía, Bulgaria. El centro proporciona alojamiento a unos 800 desplazados sirios. Primer premio de la categoría Noticias Generales Fabricante de bombas en Aleppo. Segundo premio de la categoría Noticias Generales. Justo antes de ser ahorcado, Alireza Mafiha, de 23 años, pone su cabeza en el hombro de un verdugo. Junto a él, Mohammad Ali Sarvari, de 20, condenado por apuñalar a un hombre y robar el equivalente de usd 20 en Irán. Tercer puesto de la categoría Noticias Generales Niños indios, albinos y ciegos. Primer premio de la categoría Retratos. Tifón Hayan, primer premio de la categoría Noticias Generale Una mujer y niños se esconden después de que hombres armados abrieran fuego en un centro comercial exclusivo de Nairobi. Guerra y salud mental en África. Esta foto ganó el segundo premio de la categoría Temas Contemporáneos. Una mujer llora la muerte de su hermano apuñalado por musulmanes mientras dormía en su casa. Segundo premio de la categoróa Historias. El 24 de abril de 2013, un edificio comercial de ocho pisos, con cinco fábricas de ropa, un banco y varias tiendas, se derrumbó durante la hora punta de la mañana en Savar, Bangladesh. Más de 1.100 personas murieron y más de 2.500 resultaron heridas. Tercer puesto de la categoría Historias Nicolette se sienta en una sala de reuniones en el orfanato donde ahora vive en Varsovia, Polonia. Segundo puesto de la categoría Temas Contemporáneos Combatientes del Ejército Kachin Independence beben y celebran en un funeral de uno de sus comandantes. La ciudad está sitiada por el ejército birmano. Primer premio de la categoría Vida Diaria Violencia Doméstica, primer premio de la categoría Historias. Una mujer en el funeral de Mandela. Primer premio de la categoría Retratos Combatientes rebeldes sirios toman posición, mientras se preparan para atacar un puesto de control del ejército sirio en el barrio de Ain Tarma de Damasco. Primer premio de historias de la categoría Spot News Dos hermanas que viven en una aldea rural en Austria. Primer puesto de historias de la Categoría Retratos Pablo Mac Donough, de la Dolfina, cae de su caballo durante el Abierto Argentino de Polo en Buenos Aires, Argentina. La fotografía ganó el premio en la categoría Deportes

Alberto Gutierrez "Korda" Alberto Díaz Gutiérrez, "Korda" (1928-2003), tomó la clásica foto del Che con su vieja cámara Leica, provista de un lente de 90 milímetros, un semitelefoto de potencia regular, rayado por el uso en la superficie. Se hallaba a unos siete metros —¿o eran diez?— de distancia del comandante guerrillero y, precisa, sí, que era una tarde opaca, invernal. Eso explica, dice ahora, que la imagen no sea supernítida, que parezca envuelta en una aureola, que algunos crean verla como una nube en el ambiente: la cabeza solitaria del Che se difumina en una luz pareja y suave. No hubo ninguna elaboración intelectual en eso. La luz solar, escasa, y el desgaste del lente imprimieron al retrato su atmósfera. ¿Y la composición? "Bueno, ya eso es otra cosa. Es eternamente mía", afirma. "Si yo le hubiera dado un poco más de negro en el hombro a la imagen, la foto se me hubiera caído". Llevé el negativo a la ampliadora, enderecé la figura y le di aire alrededor. Creo que el público exige esos detalles del encuadre. Por eso, al verla, encuentra una belleza y una armonía que no sabe de dónde salió, pero que es responsabilidad del artista, y eso es lo que hace que una foto pueda ser única. La fecha: el 5 de marzo de 1960. Cubría como fotorreportero de Revolución la despedida del duelo de las víctimas del sabotaje, perpetrado por la CIA, al barco francés La Coubre —dinamitado en el puerto habanero—, y metido entre la muchedumbre paneaba con su cámara, de izquierda a derecha, el entarimado donde se emplazó la tribuna. De pronto, el Che avanzó hacia la primera fila para mirar la escena. Korda alcanzó a hacer uno, dos o tal vez tres disparos seguidos; un minuto, minuto y medio después, volvía a perderse el Che en el fondo de la tarima. Pero ya había captado la imagen, la misma que siete años después, a la muerte del guerrillero argentino, el editor italiano Feltrinelli (utilizando precisamente esa foto que le regalara en ese mismo 1967 el propio Korda a su paso por Cuba) difundiera en millones de carteles. Alberto Korda, dice, nunca cobró un centavo por dicha fotografía, hasta que en 1999 se le reconoció por primera vez los derechos de autor sobre la foto, luego de que llevara ante los tribunales londinenses a dos agencias publicitarias que la habían utilizado para una campaña comercial de la productora de vodka Smirnoff. El dinero que se le pagó, lo donó al gobierno cubano para adquirir medicamentos para niños, algo que, según declaró, de haber estado vivo, el propio Che hubiera hecho. Alberto Díaz Gutierrez (Korda) falleció en París de paro cardiaco el 25 de mayo de 2001, pero ya para entonces tanto él como su fotografía mas famosa, formarian parte de la inmortalidad

cada 11 de septiembre una parte del mundo se abandera en colores rojos y blancos, en memoria del "atentado" a las torres gemelas. se organiza discursos politicos y sociales, se congrega a los familiares, y militares que hablan intensamente sobre el pais de la libertad, de la lucha contra el terrorismo, sobre la fuerza de voluntad y homenajean a sus muertos. se ponen hipocritamente el manto blanco de la inocencia y lloran lo que "el malvado mundo oriental les arrebatò". pero se olvidan lo que EEUU ha hecho contra esa porciòn del mundo. las sendas invasiones y muertes que ha causado a lo largo de la historia, sea a traves de las armas, (incluyendo bombas atomicas), invasiones, pero tambien a traves de su politica de empobrecimiento y endeudamiento masivo, su adiestramiento de las guerrillas paramilitares y sustentamiento de los gobiernos militares para imponer su capitalismo, por sobre el comunismo que entonces -alrededor de los 70-80 se avecinaba como una ola creciente durante varios continentes-. De ello se olvidan, o eligen no recordar. Dicen que para muestra basta un boton.pues ese botòn de lo que Norteamerica ha sido para el mundo, es suficiente mencionar como, al final de la guerra y como quien hecha una moneda a la fuente.. ellos tiraron, quizas para estrenar su poderìo, una bomba atomica en hiroshima, y otra en nagazaki, sobre una poblacion civil, en el fin de la segunda guerra, cuando ya todo estaba decidido, cuando Japon nada tenia que hacer y sin embargo, recibiò el peor de los atentados que tiene nociòn la historia de la humanidad.. mucho peor que el 11S. el 6 de agosto de 1945, el bombardero Enola Gay soltó una bomba sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Estalló encima del centro y creó una enorme bola de fuego tan caliente como el sol. En el punto de impacto causó una destrucción total y mató a todos. Carbonizó la piel a tres kilómetros de distancia.La explosión generó vientos de mil millas por hora que arrastraron a miles y los estrellaron contra edificios.Cuando los incendios se apagaron, quedó un desierto quemado y miles y miles de cadáveres. Muchos se vaporizaron. Luego, llegó la lluvia negra de polvo radiactivo.Cuando Truman se enteró del bombardeo, respondió: "Esto es lo máximo de la historia".El alto mando militar decidió que la destrucción de toda una ciudad no era suficiente. A los tres días, de nuevo sin advertencia, soltó otra bomba en la ciudad de Nagasaki.Los damnificados siguieron muriendo largo tiempo después de los ataques a causa de una enfermedad misteriosa: la radiación. Cinco meses después el saldo era de 140,000 muertos en Hiroshima -equivalente a 47 atentados a las torres gemelas y 70,000 en Nagasaki - equivalentes a .23 atentados en cuanto a cantidad de muertos.Crímenes en nombre de la seguridad y la libertad¿Y cómo justificaron estos horrores? ¿Qué hicieron el gobierno y las fuerzas armadas para convencer a los soldados de luchar, a las tripulaciones de soltar las bombas y a la ciudadanía de aceptarlo todo?Les decían que la guerra contra Japón era una guerra de autodefensa que Japón iba a invadir Estados Unidos y que "el enemigo" era vil, fanático e infrahumano. -te suena a un argumento conocido?-Les decían que la máquina de guerra nacional iba a defender sus casas y su modo de vida, y que iba a "llevar la libertad y la democracia" al mundo.La mitología oficial dice que las fuerzas armadas yanquis siempre son "los buenos" y que siempre las motivan las metas más puras.Estas mentiras tapan una historia totalmente vergonzosa. La guerra en el Pacífico era parte de una guerra más extensa que libraban diferentes fuerzas de clase de grandes extensiones del planeta y todas las grandes potencias. Está fuera del alcance de este artículo analizar toda la II Guerra Mundial, pero un vistazo a la guerra del Pacífico (donde Estados Unidos y sus aliados pelearon con Japón) demuestra que todos los pretextos eran mentiras para tapar los verdaderos motivosALGUNOS DATOS SOBRE EL ATENTADO DE EEUU SOBRE JAPONdijo:Las bombas de Hiroshima y Nagasaki acabaron con la vida de más de 250.000 personas y dejaron un legado de horror que aún perdura en nuestros días. En los siguientes años, la destrucción de ambas ciudades quedó asociada con las imágenes de edificios arrasados y llanuras llenas de escombros. Pero, ¿dónde estaban las víctimas? A principios de 1946, las autoridades estadounidenses habían ordenado la destrucción de centenares de fotografías y prohibido la difusión de cualquier testimonio de la masacre. Se prohibió a la población japonesa cualquier comentario sobre los bombardeos o las informaciones que pudieran “alterar la tranquilidad pública”.Con los años, salieron a la luz algunos de los documentos clasificados como “alto secreto”, pero Hiroshima y Nagasaki siguieron quedando como un terrible dato en la enciclopedia; a diferencia de lo que sucediera con otras infaustas masacres – las pilas de cadáveres de Mauthausen o los gaseados en el Kurdistán -, en Hiroshima y Nagasaki no quedó imagen ni conciencia del horror, solo unos centenares de miles de víctimas sin nombre, convertidas en una cifra escalofriante a la que nadie ponía cara. Lo que vais a ver es un testimonio de la más horrible destrucción causada por el ser humano, una recopilación de fotografías que se han publicado otras veces, pero raramente juntas. Aquellos que no estén preparados, o solo sientan el impulso del morbo, por favor, que se queden en la puerta. Los demás, pasad con respeto; el único objeto de esta entrada es evitar que la ignominia caiga en el olvido.Uno de los muchos relojes encontrados en los alrededores de Hiroshima; todos permanecen parados a la misma fatídica hora, las 8,15 h., la hora exacta de la explosión.En otros lugares, como en esta pared, la explosión imprimió las siluetas de algunas personas, cuyos cuerpos fueron pulverizados de forma instantánea. La imagen, situada a unos 250 metros del centro de la explosión, muestra la sombra de una persona que estaba sentada en las escaleras de un banco, probablemente esperando a que abriera. Las temperaturas de hasta 2.000º C lo incineraron sobre el escalón.El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, la bomba lanzada por el Enola Gay estalló a una altura de 580 metros sobre el centro de Hiroshima y mató a unas 70.000 personas al instante. La onda expansiva, a unos 6.000 grados de temperatura, no dejó un edificio en pie y carbonizó los árboles a 120 kilómetros de distancia.Varios minutos después, el hongo atómico se elevó a unos 13 kilómetros de altura y expandió una lluvia radiactiva que condenó a muerte a las miles de personas que habían escapado del calor y las radiaciones. Dos horas después habían muerto unas 120.000 personas, 70.000 habían resultado gravemente heridas y el 80% de la ciudad había desaparecido.Según Wikipedia, el área inmediatamente afectada fue de 5 kilómetros cuadrados densamente poblados. Hubo miles de casos de incineración súbita, carbonizaciones parciales y quemaduras de personas expuestas hacia el hipocentro del estallido, a más de 10 km de la zona cero.Pero el horror no había terminado. Días después de que la bomba atómica destruyera la ciudad, los médicos comprobaron asombrados que la gente seguía muriendo en forma enigmática y aterradora, de síntomas desconocidos; “al principio los médicos y cirujanos trataban las quemaduras como cualquier otra, pero los pacientes se licuaban por dentro y morían. Ningún médico había visto nada igual”.dijo:Sin alguna razón aparente, su salud comienza a deteriorarse -escribía Wilfred Burchett en su reportaje-,… Los médicos japoneses les inyectan vitaminas, pero la carne de los enfermos se pudre al contacto con la aguja. Hay algo que acaba con los glóbulos blancos, pero no sabemos qué es”.Esta imagen muestra el ojo de una víctima de ‘cataratas por radiación’. Muchos de los afectados estaban en un radio de dos kilómetros. La mayoría de los casos aparecieron años después.Hibakusha “persona bombardeada” fue el término con que los japoneses designaron a los supervivientes. Oficialmente hubo más de 360.000 hibakusha de los cuales la mayoría, antes o después, sufrieron desfiguraciones físicas y otras enfermedades tales como cáncer y deterioro genético. Paradójicamente, muchos de los hibakusha fueron víctimas dobles: de los norteamericanos y de sus propios compatriotas, que le discriminaron durante años debido a que “la radiación se creía contagiosa”‘La gente normal no nos dejaba acercarnos’, explicaba uno de los hibakusha años después. “Algunas víctimas de las bombas ocultaron los ocurrido y pudieron encontrar trabajo, pero, en cuanto se les declaraba alguna de las mil y una dolencias derivadas de la radiación, eran fulminantemente despedidas”El día 10 de Agosto de 1945, menos de 24 horas después del estallido de la segunda bomba, Yosuke Yamahata, fotógrafo del Ejército japonés, llegó a la ciudad de Nagasaki con el encargo de documentar los efectos del “nuevo tipo de arma”. Yamahata caminó durante horas entre los escombros del escenario más dantesco que jamás hubiera imaginado. Sus fotografías son una de las pruebas más desgarradoras de la monstruosidad humana:EL DATOMUERTOS EN HIROSHIMA 140,000 personas equivalente a 47 atentados a las torres gemelas juntos MUERTOS EN NAGAZAKI 70,000 personas equivalentes a .23 atentados juntos a las torres gemelasNo he escuchado a Obama ( nombrado recientemente premio nobel de la "Paz a pesar de ser el dirigente de uno de los paises mas belicos de la tierra), ni a bush, ni a ningun dirigente de relevancia, hablar , ni llenarse de discursos ni emocionarse por los miles de muertos que ha causado su patria sobre esta region CIVIL japonesa. No he escuchado a nadie de ellos pedir disculpas. ni reconocer con la misma efervescencia que hablan de libertad y patriotismo, sus errores, sus matanzas. y lo mas seguro es que continuen en el impune silencio que le da el ser el estado "intocable", un pais que puede mandar pero no ser mandado, matar pero no recibir ni un solo disparo ni ataque enemigo, porque de lo contrario seria como atentar contra la paz de los buenos ciudadanos libres del mundo.. Se que nunca pediran disculpas, pero asi tambien, sè que algun dia la humanidad directa o indirectamente le hara pagar sus deudas.,
STUDIO | CEREBRO BUDISTA INCREÍBLE Declarado el hombre más feliz del planeta Es más feliz que usted, seguro. Mucho más. Matthieu Ricard obtuvo una nota inalcanzable en un estudio sobre el cerebro realizado por la Universidad de Wisconsin (EEUU). Los especialistas en neurociencia afectiva le nombraron «el hombre más feliz de la Tierra». A sus 61 años, quien hoy es asesor personal del Dalai Lama tiene una vida digna de un guión de cine. Biólogo molecular, hijo de un filósofo ateo, dejó su carrera por abrazar al budismo. En lugar de una casa en la playa ha elegido una vida contemplativa en el monasterio nepalí de Shechen Matthieu Ricard con el Dalai Lama. Es el único europeo que sabe tibetano clásico. ¿Una bonita casa en la playa? Matthieu Ricard prefiere el monasterio apartado de toda civilización donde vive, en las montañas de Nepal. ¿Una cuenta bancaria boyante? Ha entregado todo el dinero de las ventas de sus libros a la caridad. ¿Quizá un matrimonio bien avenido o una excitante vida sexual? Tampoco: a los 30 años decidió acogerse al celibato y dice cumplirlo sin descuidos. En realidad, Matthieu Ricard carece de todas las cosas que los demás perseguimos con el convencimiento de que nos harán un poco más felices. Y sin embargo, este francés de 61 años, biólogo molecular hasta que decidió dejarlo todo y seguir el camino de Buda, es más feliz que usted y yo. Mucho más feliz. El más feliz. Científicos de la Universidad de Wisconsin llevan años estudiando el cerebro del asesor personal del Dalai Lama dentro de un proyecto en el que la cabeza de Ricard ha sido sometida a constantes resonancias magnéticas nucleares, en sesiones de hasta tres horas de duración. Su cerebro fue conectado a 256 sensores para detectar su nivel de estrés, irritabilidad, enfado, placer, satisfacción y así con decenas de sensaciones diferentes. Los resultados fueron comparados con los obtenidos en cientos de voluntarios cuya felicidad fue clasificada en niveles que iban del 0.3 (muy infeliz) a -0.3 (muy feliz). Matthieu Ricard logró -0.45, desbordando los límites previstos en el estudio, superando todos los registros anteriores y ganándose un título –«el hombre más feliz de la tierra»– que él mismo no termina de aceptar. ¿Está también la modestia ligada a la felicidad? El monje prefiere limitarse a resaltar que efectivamente la cantidad de «emociones positivas» que produce su cerebro está «muy lejos de los parámetros normales». El problema de aceptar que Ricard es el hombre más contento y satisfecho del mundo es que nos deja a la mayoría en el lado equivocado de la vida. Si un monje que pasa la mayor parte de su tiempo en la contemplación y que carece de bienes materiales es capaz de alcanzar la dicha absoluta, ¿no nos estaremos equivocando quienes seguimos centrando nuestros esfuerzos en un trabajo mejor, un coche más grande o una pareja más estupenda? Los trabajos sobre la felicidad del profesor Richard J. Davidson, del Laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin, se basan en el descubrimiento de que la mente es un órgano en constante evolución y, por lo tanto, moldeable. «La plasticidad de la mente», en palabras del científico estadounidense, cuyo estudio es el quinto más consultado por la comunidad investigadora internacional. Los científicos han logrado probar que la corteza cerebral izquierda concentra las sensaciones placenteras, mientras el lado derecho recoge aquellas que motivan depresión, ansiedad o miedo. «La relación entre el córtex izquierdo y el derecho del cerebro puede ser medida y la relación entre ambas sirve para representar el temperamento de una persona», asegura Ricard, que durante sus resonancias magnéticas mostró una actividad inusual en su lado izquierdo. Los neurocientíficos americanos no creen que sea casualidad que durante los estudios llevados a cabo por Davidson los mayores registros de felicidad fueran detectados siempre en monjes budistas que practican la meditación diariamente. Ricard lo explica en la capacidad de los religiosos de explotar esa «plasticidad cerebral» para alejar los pensamientos negativos y concentrarse sólo en los positivos. La idea detrás de ese concepto es que la felicidad es algo que se puede aprender, desarrollar, entrenar, mantener en forma y, lo que es más improbable, alcanzar definitivamente y sin condiciones. Éxtasis mental. Lograr el objetivo de la dicha no es fácil. Ricard ha escrito una decena de libros –estos días combina sus retiros espirituales con la promoción de su obra Happiness en el mundo anglosajón– y cientos de artículos tratando de mostrar el camino y, aunque la mayoría de sus obras se han convertido en éxitos editoriales, el propio autor descarta que su lectura garantice el éxito. Al igual que un logro en atletismo o en la vida laboral, el cambio sólo es posible con esfuerzo y tenacidad, pero Ricard asegura que todo habrá merecido la pena una vez se alcanza el estado de éxtasis mental que logran los elegidos. En su Defensa de la felicidad (Urano), la traducción de su último libro publicado en España, el monje explica cómo nuestra vida puede ser transformada incluso a través de variaciones mínimas en la manera en que manejamos nuestros pensamientos y «percibimos el mundo que nos rodea». Es un viaje hacia el interior de uno mismo que Matthieu Ricard recorrió contra todo pronóstico. Nacido en París en 1946, el «monje feliz», como se le conoce en todo el mundo, creció en un ambiente ilustrado. Su padre, Jean-François Revel, fue un reconocido escritor, filósofo y miembro de la Academia Francesa que reúne a la elite intelectual del país galo. Su madre dedicó gran parte de su vida profesional a la pintura surrealista y tuvo un gran éxito antes de convertirse también ella en monja budista. Ricard vivió en su juventud los excesos propios del París de los años 60 y tras terminar sus estudios de secundaria se decidió por las ciencias. Hizo su doctorado en genética celular en el Instituto Pasteur de París y trabajó con el premio Nobel de medicina François Jacob. Parecía destinado a convertirse en uno de los grandes investigadores del campo de la biología cuando le dio a su padre el disgusto de su vida. El estudio de textos budistas desencadenó una llamada espiritual que le llevó a dejarlo todo. Decidió que el laboratorio no era lo suyo y partió hacia el Himalaya para hacerse discípulo de Kangyur Rinpoche, un histórico maestro tibetano de la tradición Nyingma, la más ancestral escuela del budismo. Era 1972 y las próximas tres décadas de este francés de carácter suave y cultura exquisita –el único europeo que lee, habla y traduce el tibetano clásico– iban a ser dignas del mejor guión de una película. Tras estudiar con los grandes maestros del budismo, pasar meses en retiros y recorrer los pueblos del Himalaya, conoció al Dalai Lama y en 1989 se convirtió en uno de sus principales asesores y en su traductor al francés. Su posición como mano derecha del Señor de la Compasión le ha convertido en la figura budista occidental más influyente del mundo y llevaron al gobierno francés a concederle la Orden Nacional Francesa. La vida elegida por Ricard le enfrentó a los ideales en los que se había formado y al ateísmo de su padre. Ambos decidieron discutir sus diferencias en El monje y el fisólofo, un diálogo que sólo en Francia vendió 500.000 copias y en el que la búsqueda de la felicidad está presente en cada capítulo. «Tenía muchas esperanzas en su futuro profesional y me parecía una lástima que abandonara [su carrera científica]. Después me di cuenta de que había transferido su espíritu científico al estudio del budismo», decía el padre antes de morir, una vez hubo aceptado la elección de Matthieu. La idea de Ricard de ofrecerse para los estudios de la mente que llevaba a cabo la Universidad de Wisconsin estuvo influenciada por el propio Dalai Lama, que durante años ha colaborado con científicos occidentales, facilitando el análisis cerebral de los monjes y su capacidad de aislar la mente durante las sesiones de meditación. Uno de los aspectos que más ha fascinado a los investigadores es la capacidad de los monjes de suprimir sentimientos que hasta ahora creíamos inevitables en la condición humana: el enfado, el odio o la avaricia. El estudio de sus cerebros demuestra una capacidad extraordinaria para controlar sus impulsos basados en el principio de que Buda no prometió a sus seguidores la salvación en el cielo, sólo el final de sus sufrimientos en la tierra si lograban controlar sus deseos. Para muchos ese ha sido uno de los puntos flacos del budismo: la limitación de las ambiciones personales y la pasividad. Ricard suele acudir a una anécdota del Dalai Lama para negar que el control de los impulsos negativos sea igual a pasividad o falta de respuesta, por ejemplo ante un crimen o un genocidio. «Alguien le preguntó en una ocasión al Dalai Lama qué haría si alguien entra en una habitación para matar a todos los presentes. Su respuesta irónica fue: «Empezaría por dispararle a las piernas. Y si eso no funciona, apuntaría a la cabeza». Ricard cree que el problema es que nuestros sentimientos negativos hacia otras personas no están a menudo justificados, sino que los hemos creado nosotros en nuestra mente de forma artificial como respuesta a nuestras propias frustraciones. Y ése es uno de los impulsos que el monje francés piensa que hay que aprender a controlar si se quiere ser feliz. Para el escritor, la felicidad es «un tesoro escondido en lo más profundo de cada persona». Atraparla es cuestión de práctica y fuerza de voluntad, no de bienes materiales, poder o belleza. Los que llegan al final del viaje y logran la serenidad que lleva a la dicha, asegura Ricard, sienten lo mismo que «un pájaro cuando es liberado de su jaula». Satisfacción filipina. Tampoco es necesario leer a este hijo adoptivo de Buda o retirarse a un templo en el Himalaya para comprobar que el «dinero no da la felicidad». Los habitantes de las barriadas pobres de Manila se muestran, a pesar de sus dificultades, aparentemente más contentos que los tiburones financieros de la vecina y multimillonaria Hong Kong. Cada vez que se hace una encuesta sobre felicidad global, los filipinos aparecen entre los pueblos más satisfechos. Ni la pobreza ni el hecho de que su país haya sido declarado el «lugar del mundo más afectado por los desastres naturales» por el Centro para la Investigación y Epidemiología de Desastres parecen afectar su visión positiva de la vida. Su intensa vida social y familiar compensa penurias privaciones. Los honkoneses, con una renta per cápita 20 veces mayor, aparecen sistemáticamente en los últimos lugares en los mismos sondeos de felicidad. La presión consumista, el estrés y el deterioro de las relaciones sociales figuran entre las causas de insatisfacción más citadas por los ciudadanos. Todo el desarrollo y el dinero del mundo no han logrado levantar el ánimo de la Nueva York de Asia. Matthieu Ricard ve en resultados como éste la prueba de que cualquiera, no importa las desgracias que haya vivido, puede alcanzar la felicidad si cambia el chip mental que a menudo nos hace detenernos en los aspectos negativos de la existencia. Incluso la pérdida de los seres queridos puede sobrellevarse con relativa facilidad si se afronta la muerte desde una perspectiva nueva, menos centrada en su dramatismo. «Mi padre murió el año pasado a los 82 años. Como dependía tanto de su brillantez intelectual, cuando se vio limitado se desanimó», asegura el monje, para quien la muerte de quienes nos rodean debe ser aceptada como un paso más en el ciclo natural de la vida y no necesariamente como un episodio triste. «El mejor homenaje que podemos ofrecer a los que ya no están con nosotros es vivir la vida de forma constructiva, ser conscientes de que nacemos solos y morimos solos. ¿Por qué no sentir que cada ser humano es nuestro familiar, que cada casa es nuestro hogar?». Los investigadores que han estado analizando las emociones de Ricard creen que los resultados podrían servir para paliar enfermedades como la depresión y llevar a la gente a entrenar una mente saludable de la misma forma que hoy se acude al gimnasio a mejorar la forma física. Más aún, si como sugiere Ricard, una de las claves de la satisfacción personal es el control y la supresión de instintos negativos como el odio, y si existe una forma de limitarlos, estaríamos ante la posibilidad de mejorar la condición humana y enmendar sus peores defectos. Por supuesto son muchos los que apuntan a la inocencia y la sobredosis de utopía que supone pensar en una aldea global en la que todo el mundo perdona a los demás y nadie se enfada con nadie, un mundo basado en las buenas maneras y sentimientos, sin guerras ni luchas de poder. El monje francés responde a quienes dudan con la pregunta que mejor define su visión de la vida: «¿Acaso quieres vivir una vida en la que tu felicidad dependa de otras personas?». Matthieu Ricard no quiere. Por eso en lugar de una casa en la playa ha elegido una vida contemplativa en el monasterio nepalí de Shechen; por eso ha regalado los millones de euros procedentes de sus libros (se han vendido millones de copias en todo el mundo y han sido traducidos a una decena de lenguas); y quizá por eso ha evitado los conflictos propios de la vida matrimonial. El «hombre más feliz del mundo» no sugiere que todo el mundo haga lo mismo para encontrar la dicha. Sólo que aprendamos que la deseada casa de la playa, los millones en el banco o esa pareja tan atractiva tampoco nos conducirán a ella. Aprender a contentarnos con lo que tenemos quizá sí. Vejez: Cuando la agudeza mental y la acción disminuyen, es tiempo de experimentar y manifestar cariño, afecto, amor y comprensión. Muerte : forma parte de la vida, rebelarse es ir contra la propia naturaleza de la existencia. Sólo hay un camino: aceptarla. Soledad :existe una manera de no sentirse abandonado: percibir a todos los hombres como parte de nuestra familia. Alegría: Está dentro de cada uno de nosotros. Sólo hay que mirar en nuestro interior, encontrarla y transmitirla. Identidad: No es la imagen que tenemos de nosotros mismos, ni la que proyectamos. Es nuestra naturaleza más profunda, ésa que nos hace ser buenos y cariñosos con quienes nos rodean. Conflictos de pareja minimizarlos. Es muy difícil pelearse con alguien que no busca la confrontación. Familia: Requiere el esfuerzo constante de cada uno de sus miembros, ser generoso y reducir nuestro nivel de exigencia. Deterioro físico: Hay que aprender a valorarlo positivamente. Verlo como el principio de una nueva vida y no el principio del fin. Relaciones sociales: Es más fácil estar de buen humor que discutir y enfadarse. Lo ideal es seguir siendo como somos y utilizar siempre que podamos la franqueza y la amabilidad. Felicidad: Si la buscamos en el sitio equivocado, estaremos convencidos de que no existe cuando no la encontremos allí