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Usuario (República Dominicana)

"sé que no soy perfecta y nunca lograré serlo, pero sé que puedo amar con intensidad a quien me ame, respetar a quien me respete, valorar a quien me valore, confiar en quien en mi confíe y, sobre todo, lograr hacer feliz a quien me haga feliz...", yoly Favorito 28/02/2014 2 "amor: un significado hermoso dado a lo que más deseas y anhelas pero también a lo que más duele cuando se aleja.", Anónimo Favorito 28/02/2014 6 "el amor es la base de todo. es la cualidad principal que debe ser desarrollada todos sus pensamientos deben ser sumergidos en esta cualidad del amor... y entonces la verdad se establecerá naturalmente en su corazón", Anónimo
Ésta es mi receta del huevo pasado por agua: Coja un huevo fresco ecológico. Sumérjalo en un cazo de agua fría. El 99% de las recetas recomiendan introducir el huevo en el agua cuando esté hirviendo, pero no haga caso. Primero, porque como habrá podido observar, el choque térmico provoca la ruptura de la cáscara; y segundo, porque la temperatura excesiva (el huevo cuaja a 80ºC) provocará una cocción demasiado violenta de la clara. Así que el huevo debe introducirse en un cazo con agua fría. Ponga el cazo a calentar a fuego medio y remueva frecuentemente para que el huevo se cueza de manera homogénea. Cuando se formen burbujas en el fondo del cazo y ya no desaparezcan al remover con una cuchara, el agua estará entonces a 85º C. Cuente entonces 30 segundos y saque el huevo del agua. Déjelo reposar unos minutos para que termine de cocerse y se enfríe. Cuando pueda cogerlo sin quemarse los dedos, colóquelo en una huevera con el extremo más grande hacia arriba. Rompa la “tapa” con un cuchillo. Al cortarla por el extremo “grande” del huevo, conseguirá un hueco mayor para poder sumergir la cucharilla. Así limitará -aunque no eliminará totalmente- el riesgo de que el huevo acabe vertiéndose en la huevera y el plato. El gran placer de un huevo templado y untuoso Nuestro objetivo es conseguir que el huevo pasado por agua quede uniformemente untuoso: la clara debe cuajarse sin parecer goma, la yema debe estar caliente pero no dura. En ocasiones especiales, además de sal suelo añadirle al huevo una pizca de crema de trufa blanca (el tartuffo bianco italiano). Pero incluso sin ella, un buen huevo pasado por agua en su punto es un placer divino. Aviso: tenga en cuenta que mi receta no garantiza que salga siempre bien. En lo que a mí respecta y a pesar de mis años de experiencia, sólo consigo que los huevos pasados por agua me salgan perfectos dos de cada tres veces. Resulta muy difícil valorar el aspecto concreto del interior sin haber abierto antes el huevo. Así que le toca a usted ajustar el tiempo de cocción para conseguir el resultado deseado, según: El tamaño del huevo. Un huevo pequeño se cuece antes que uno grande. La temperatura del huevo. Si lo ha sacado de la nevera y, por tanto, está muy frío en su interior, necesita mayor tiempo de cocción. La temperatura del agua al comienzo de la cocción. Bueno para la salud El huevo pasado por agua es especialmente bueno para la salud, ya que la cocción a una temperatura baja (a menos de 100ºC) conserva las virtudes de las proteínas. Las proteínas del huevo son tan equilibradas que la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y la OMS (Organización Mundial de la Salud) las toman como referencia: aportan los aminoácidos indispensables para conseguir el equilibrio óptimo para cubrir las necesidades del niño y el adulto. Pero no se debe provocar la “glicación” de las proteínas por una cocción excesiva. Además, el huevo contiene en su yema una cantidad elevada de lípidos (unos 5,5 g en un huevo de 60 g) que presentan una gran proporción de ácidos grasos poliinsaturados (en torno a un 15%), entre los que se encuentran los famosos omega 3, que el organismo no puede sintetizar y cuyo aporte resulta esencial para su buen funcionamiento. Por último, el huevo contiene varios minerales y oligoelementos, así como grandes cantidades de vitamina A, D y E, cuyas propiedades antioxidantes y su utilidad en el metabolismo cálcico son beneficiosas. Sin hablar de su relativa escasez de calorías (unas 90 calorías metabolizables en un huevo de 60 g, de las que el 80% se encuentran en la yema), lo que lo convierte en un alimento de alta calidad, que además tiene un precio moderado. Durante mucho tiempo, los nutricionistas criticaron que el huevo tuviera demasiado colesterol, pero se trataba de una acusación injusta. Es verdad que la yema es rica en colesterol (unos 200 mg) pero, por una parte, el colesterol no es el veneno que se había dicho que era y hoy en día se pone en duda su influencia en las enfermedades cardiovasculares; y por otra parte, el hígado es, en cualquier caso, el que produce la práctica totalidad del colesterol en la sangre a partir de la glucosa. El aporte alimenticio de colesterol, sea cual sea su origen, resulta insignificante. El consumo de huevos, por consiguiente, no debería considerarse responsable del nivel de colesterol “malo” en la sangre (si es que existe colesterol “malo”). Así que tranquilamente puede comerse siete huevos a la semana, y más aún si goza de buena salud. Qué precauciones se deben tomar con los huevos Se deben guardar en la nevera. Evite en todo caso lavarlos en ese momento, ya que el agua retira la cutícula que protege el huevo de las contaminaciones bacterianas. El tiempo límite de consumo recomendado son 28 días. Y en caso de duda, tómelos cocidos. ¿Sabe por qué se venden por docenas? Acostumbrados al sistema métrico decimal, en el que las unidades de medida están relacionadas entre sí por múltiplos o submúltiplos de 10, reconocerá que es chocante que los huevos se vendan por docenas. Y es que el caso de los huevos es de los pocos en los que ha perdurado como sistema de medida la docena, al igual que siguen siendo doce los meses del año y doce las horas del día y de la noche. El sistema métrico decimal se implantó como sistema universal por el Tratado del Metro en París, en 1875 (aunque antes ya hubo tentativas de implantarlo y algunos países que ya lo utilizaban). El objetivo era contar con un sistema único para todo el mundo, lo que facilitaría los intercambios de todo tipo entre los distintos países. Y así se fue abandonando la docena como unidad de medida. Hasta entonces, en España era frecuente, por ejemplo, usar fanegas como unidad de volumen para medir productos agrícolas, que contenían doce celemines, o como unidad de superficie para medir el tamaño de las fincas. Partiendo de la base de que por su fragilidad los huevos nunca se han podido vender al peso, la venta de huevos por docenas se ha mantenido vencedora en los estantes de los supermercados. Sin embargo, habrá observado que están apareciendo nuevas cajas de diez huevos en las tiendas. El objetivo de los vendedores es bastante evidente: vender 10 huevos en lugar de 12 les permite hacer creer al cliente que el precio es menor, si éste no se molesta en calcular el precio por unidad.
Desde hace veinte años, una verdadera locura se ha apoderado del “movimiento bio-orgánico” en Estados Unidos que, curiosamente, aún no ha cruzado el océano: la locura del “juicing”. “Juicing” viene de la palabra “juice”, jugo (o zumo), y simplemente consiste en hacer en su propia casa jugos frescos de verduras y frutas crudas, que se consumen diariamente, incluso varias veces al día, para obtener un efecto determinado sobre la salud. En efecto, no se trata sólo de disfrutar, aunque muchos cócteles son realmente deliciosos. Según los especialistas de los zumos, hay combinaciones: contra la migraña para dormir mejor contra los las impurezas de la piel como “elixir de juventud” contra la hinchazón abdominal para prepararse antes de una comida copiosa para remineralizarse etc. Un simple ejemplo de jugo muy sencillo que hice anoche: mezcle dos manzanas con una gran rama de apio. Parece que favorece la relajación y ayuda a dormir mejor. La mezcla no sólo es saludable, sino que está riquísima. ¿Cómo funciona? Hay cuatro razones principales que podrían motivarle a hacer usted mismo sus propios zumos: Los jugos ayudan a absorber más nutrientes que si los vegetales están enteros. Esto es importante porque la mayoría de nosotros sufrimos de digestiones alteradas o incompletas por los malos hábitos alimentarios adquiridos durante años. Extraer el jugo de los vegetales crudos permite romper las fibras y, por lo tanto, absorber más fácilmente los valiosos nutrientes. El zumo de vegetales es un elemento vivo que tiene muchas virtudes. Tiene el mérito de ayudar a las mucosas digestivas a reconstruirse, algo interesante y útil en caso de colitis, gastritis e inflamaciones en general; contiene todos los nutrientes de las verduras sin las fibras insolubles, que son las partes más duras, pero con las fibras solubles que son fermentadas por nuestras bacterias y fortalecen nuestro intestino. Los zumos permiten comer más verduras frescas. A muchas personas ya les cuesta trabajo tomar 5 frutas y verduras al día, cuando probablemente harían falta 8 ó 10, y mejor verduras en lugar de frutas. Bebiendo un vaso de zumo, aportará directamente a su cuerpo lo mejor que hay en varias verduras. Permiten tomar más variedad de verduras. Muchas personas comen las mismas ensaladas todos los días, lo que termina por cansar. Sin embargo, es muy fácil hacer jugos de verduras que normalmente usted no consume. También le dará la oportunidad de descubrir nuevos sabores con combinaciones sorprendentes (como por ejemplo la manzana y el apio). Los jugos son una forma estupenda de revitalizar el organismo, debido a que tienen una alta concentración de principios nutritivos y elementos energéticos. Qué frutas y verduras utilizar Los jugos de frutas son deliciosos, y la mezclas de frutas y verduras a veces incluso más, gracias al ligero sabor amargo o ácido que aportan el apio, las espinacas, las hojas de col… Pero si usted tiene sobrepeso, si tiene presión arterial alta, diabetes o riesgo cardíaco, es mejor centrarse en los jugos de verduras orgánicas, especialmente de los vegetales verdes (en lugar de los de frutas, que son ricos en azúcares). Lo sorprendente es que se puede hacer zumo con cualquier fruta y verdura (excepto con el plátano y el aguacate, que sólo pueden batirse, salvo que use una potentísima máquina de última generación y altas revoluciones, capaz de extraer jugo también de ellos). Están, por supuesto, el jugo de tomate, el de zanahoria y el de remolacha, pero son muy dulces. De hecho, los grandes clásicos del “juicing” orgánico son las hojas de col de todo tipo (blanca, roja, verde, rizada…), el brócoli, el apio, los nabos, los pepinos, el hinojo, el perejil, las endivias, el calabacín, y los pimientos rojos, amarillos y verdes, los guisantes, el ajo y la cebolla (de la cebolla poca cantidad, porque no es fácil de digerir y produce gases). Casi siempre se puede añadir un trozo de jengibre y jugo de limón o de lima. Para mejorar aún más el sabor, no dude en poner una gota de estevia, un edulcorante natural que tiene sabor a regaliz y que va muy bien con los jugos de verduras. Se dará cuenta de que las combinaciones son infinitas, y obtendrá los sabores más variados, en general muy agradables. Es una verdadera aventura en el mundo de los sabores olvidados, además de un gran regalo de nutrientes para su cuerpo. La organización El problema del “juicing” es que requiere una cierta organización, ya que necesitará un aparato especial para sacar todo el partido a los vegetales. Además, el jugo no se conserva, sino que hay que beberlo inmediatamente, antes de que se oxide, por lo que es imposible hacer una gran cantidad de una sola vez para irlo tomarlo después poco a poco. Para hacer los zumos algunas personas utilizan una licuadora, que puede adquirirse a un precio asequible, pero que tiene el inconveniente de no extraer correctamente todo el jugo y la pulpa. Con la mayoría de las licuadoras, parte de las frutas y verduras terminan en la basura en vez de en el vaso. Por ello, la única herramienta realmente eficaz para hacer jugo de vegetales es el extractor. Es mucho más caro, pero se aprovecha mucho más jugo y nutrientes. La pulpa que sale del extractor está casi seca, no se desperdicia nada. En cambio, el jugo es más puro que con una licuadora, que deja pasar gran cantidad de fibra. El extractor tiene la ventaja añadida de mantener el jugo todo el día, a salvo de la oxidación. Sin embargo, es esencial elegir un modelo simple, que haga fácil su instalación y limpieza, o de lo contrario acabará no utilizándolo. Si sólo va a hacer jugos para una sola persona, hay extractores manuales que le podrán servir, que son mucho más baratos. Un último consejo Comience a hacer sus zumos con las verduras que consuma habitualmente, para que los sabores le resulten familiares y agradables. Es muy importante saber escuchar a su cuerpo. Así, tome un vaso en el desayuno y asegúrese de que no experimenta ninguna molestia en el estómago durante toda la mañana. Si su estómago hace ruidos extraños, es que usted no soporta uno o varios vegetales. En mi caso, me di cuenta de que no podía beber una gran cantidad de jugo de col, lo cual es una pena porque es muy bueno y sus propiedades contra el cáncer están probadas.
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) es una enfermedad grave que conlleva la pérdida progresiva de la visión. De hecho, en pacientes mayores de cincuenta años es la primera causa de pérdida de visión en occidente. Hasta ahora, ni la cirugía ni la medicina convencional han conseguido resultados convincentes, pero la nutriterapia (medicina natural a través de la nutrición) ofrece vías muy esperanzadoras. Antes de contárselas, es necesario entender qué es la degeneración macular asociada a la edad. ¿Qué es la DMAE? La DMAE es una enfermedad de la retina, la membrana que se encuentra en la parte interior del ojo y que contiene los receptores de la vista. Esta enfermedad produce la sensación de ver borroso. Al principio es una pequeña molestia; sin embargo, la visión difusa provocada por la DMAE no tarda en interferir en las actividades diarias, como leer un cartel o unas instrucciones, sobre todo a partir de los 65 años. Puede también llegar a ser la causa de accidentes de tráfico, al no permitir visualizar una señal, o de caídas, al no ver un escalón o un bordillo. También puede llevar a cometer un error fatal, por ejemplo, al no ser capaces de leer con claridad las indicaciones de un medicamento. Y con la vista también se esfuman los grandes placeres de la vida: leer un libro, trabajar en el huerto, disfrutar del espectáculo de la naturaleza o visitar una exposición ya no proporcionan la misma satisfacción porque ya no se pueden apreciar los detalles. Ya sólo se puede ver el rostro de nuestros amigos o la sonrisa de un niño a través de una nebulosa; ya no podemos realizar ninguna tarea que requiera manipular pequeños objetos o realizar movimientos muy precisos, y nos damos cuenta de que la esencia de la vida… ¡se nos escapa! Para reducir los riesgos de la DMAE, hay que tratar de “alimentar” a nuestros ojos: el efecto será preventivo y retrasará la aparición de la enfermedad si se encuentra cerca de los cincuenta. A partir de los sesenta y con una vista ya dañada, seguir un programa intensivo de nutriterapia puede mejorar la visión. Los nutrientes que aportemos a los ojos tienen como objetivo protegerlos y reactivar la circulación sanguínea para restablecer una visión funcional. Los ojos: el órgano más agredido Los ojos son uno de los órganos vitales que más sufren, sobre todo en la actualidad, por el uso generalizado de pantallas luminosas (de ordenador, tablets o smartphones) y la contaminación. De hecho, los ojos son una máquina que concentra la luz gracias a un ingenioso conjunto formado por la córnea, el iris, el cristalino, la retina y la mácula. Esto nos permite identificar una increíble cantidad de detalles en nuestro entorno próximo y lejano: se calcula que el 80% de nuestras percepciones sensoriales proceden ¡de la vista! Pero tenga en cuenta que esta enorme cantidad de luz golpea una superficie de unos centímetros cuadrados que se encuentra en el interior del ojo, la retina, y más en concreto, una zona minúscula llamada “mácula”, responsable de la visión central. La mácula nos permite ver las formas, los colores y los detalles de manera clara y definida. La retina y la mácula están recubiertas de células. Las células tienen forma de conos y bastoncillos; los conos permiten ver en color y los bastoncillos en blanco y negro. Durante todo el día, las células son bombardeadas por partículas de luz cargadas de energía, los fotones, y por todos los oxidantes producidos en nuestro organismo debido al estrés, la contaminación o simplemente el envejecimiento. Así terminan deteriorándose. Los conos y los bastoncillos pueden morir y, por ello, la vista se vuelve borrosa. Pero no tenemos por qué esperar de brazos cruzados a que la fatalidad se cierna sobre nosotros. La degeneración macular se puede retrasar La naturaleza produce sustancias vegetales y animales que nos pueden ayudar a proteger los ojos. No estoy diciendo que garanticen una vista de lince hasta más allá de los noventa, pero: si aún no tiene problemas de visión; si sobrepasa los 55 años, especialmente si es mujer; o si tiene principios de degeneración macular; puede emprender hoy mismo algunas acciones que le servirán para prevenir bastantes molestias en un futuro. Siete estrategias para proteger los ojos de forma natural A pesar de lo que le diga el médico, existen formas de proteger los ojos: Deje de fumar. Todos los humos que entran en el cuerpo, incluido el del tubo de escape de los vehículos a motor, traen consigo miles de millones de radicales libres, moléculas agresivas capaces de dañar o destruir las células. Las células de la retina y de la mácula son especialmente sensibles a los radicales libres, puesto que su fuerte exposición a la luz ya les fuerza a sufrir una presión constante. Y no hablemos del humo del tabaco. Vigile la tensión. Los ojos se encuentran recubiertos de vasos sanguíneos microscópicos, los capilares, que irrigan las células de la vista. Si tiene la tensión demasiado alta (y recuerde que no hay forma de saberlo si no se controla regularmente), los capilares acaban por dañarse. Tenga cuidado con el azúcar en sangre. Un nivel excesivo de glucosa en la sangre daña fuertemente los capilares. Por eso, las personas diabéticas corren el riesgo de quedarse ciegas, o hasta de sufrir una amputación cuando los vasos sanguíneos se han destruido y los miembros ya no reciben irrigación. Tome mucha verdura. En especial berza, espinacas y brócoli, pues las investigaciones médicas han demostrado que esta clase de dieta mejora la vista, al ser rica en carotenoides, y en particular luteína. Aumente sus aportes de omega-3. Una alimentación equilibrada en omega-3 mejora la vista. Consuma más pescado azul o tome suplementos de omega-3. Coma pequeños frutos negros (grosellas, arándanos, moras…). Son ricos en antocianinas, pigmentos que actúan como una “crema solar” para las células, protegiéndolas de los daños provocados por la absorción de las radiaciones de alta frecuencia y en especial los rayos ultravioleta. Coma yemas de huevo a diario. La yema de huevo es la fuente alimentaria más importante de zeaxantina, un pigmento antioxidante que protege la mácula de agresiones exteriores. Los investigadores aconsejan comer dos huevos al día para proteger nuestros ojos. Como digo siempre: ¡las yemas son buenas para la salud! (1) (2) Los mayores de 55 años a los que les preocupa la evolución de su vista pueden contemplar la ingesta adicional de suplementos alimenticios. Dos escudos para unos ojos sanos La luteína y la zeaxantina son compuestos llamados xantofilas (que pertenecen al grupo de los carotenoides) que en la naturaleza sirven para absorber el exceso de luz que puede llegar a dañar las plantas y, en particular, los rayos azules solares de mayor potencia. En el cuerpo humano, la luteína y la zeaxantina alimentarias se concentran, sin que sepamos exactamente cómo, en la mácula del ojo. Al parecer, poseen una fuerte función antioxidante que protege a las células del ojo contra los efectos destructivos de los radicales libres y, en concreto, contra la degeneración macular. Esto es lo que han puesto de manifiesto las últimas investigaciones. Estudios publicados en las revistas científicas American Journal of Epidemiology, Ophthalmology y Archives of Ophthalmology han determinado que un nivel mayor de luteína y zeaxantina en la dieta alimentaria está asociado con una menor incidencia de la degeneración macular. Según investigaciones publicadas en Nutrition & Metabolism, la luteína y la zeaxantina aumentan la densidad óptica de los pigmentos maculares en el ojo en la mayoría de los individuos. Se cree que estos pigmentos maculares protegen contra la degeneración macular. Dos estudios publicados en la revista Investigative Ophthalmology and Visual Science constataron que los ojos que tienen un nivel mayor de pigmentos maculares son menos susceptibles de sufrir o desarrollar una degeneración macular. En un artículo de investigación publicado en la revista Archives of Biochemistry and Biophysics, los autores concluyeron que la luteína y la zeaxantina filtran la luz de longitud de onda más corta y previenen o reducen la formación de los radicales libres en el epitelio pigmentario de la retina y en la coroides (la capa vascular del ojo). De igual forma, sugieren que una combinación de xantófilas es más eficaz que una que actúe en solitario y al mismo nivel de concentración. Actúan también contra las cataratas Además de proteger la retina, la luteína y la zeaxantina también podrían reducir el riesgo de cataratas. Según estudios recientemente publicados en la revista Archives of Ophthalmology, una dieta rica en estos dos compuestos, así como en otros carotenoides, está asociada con un riesgo menor de cataratas en mujeres. Astaxantina: el secreto de una vista de lince Proteger los ojos de los radicales libres sin embargo no es suficiente para recuperar una vista aguda. Es necesario también reestablecer la capacidad de adaptación del ojo. Otro micronutriente, la astaxantina, puede tener este efecto. Ocho estudios clínicos recientes demostraron que la astaxantina tenía un efecto positivo sobre la vista. Este compuesto, que encontramos principalmente en un pequeño crustáceo llamado “krill antártico” y en una microalga de Suecia, reduce la inflamación del ojo, aumenta de manera significativa su capacidad de adaptación para un mejor ajuste de la vista, y suaviza la fatiga ocular provocada principalmente por el trabajo delante de una pantalla de ordenador, aumentando la irrigación sanguínea de los ojos. Se trata de un nutriente que hoy en día tiene una fuerte demanda en Estados Unidos y que es difícil de conseguir en Europa, aunque puede encontrarse en algunos suplementos alimenticios. Y para acabar, no descuide la alimentación; yo como habitualmente una buena tortilla de huevos ecológicos con espinacas. ¿Tiene algún consejo para mejorar la visión o algún comentario sobre este artículo? Le invito a compartirlo con el resto de lectores de “Salud, Nutrición y Bienestar” escribiendo su opinión un poco más abajo.

Da igual que usted lleve fumando 30 días o 30 años, porque su cuerpo puede deshacerse de todas las toxinas que ha inhalado y que se han acumulado en sus órganos. Está a tiempo. Déjelo ya. No hace falta esperar al momento en el que crea estar más “preparado”. Hoy y ahora es el mejor momento, porque así… en 20 minutos, la presión sanguínea volverá a ser normal. en 8 horas, el índice de monóxido de carbono en sangre (un peligroso veneno) habrá disminuido a la mitad y el nivel de oxígeno volverá a la normalidad. en 48 horas, el riesgo de padecer un ataque al corazón habrá disminuido. No le quedará rastro de nicotina en el cuerpo. El olfato y el gusto volverán a ser normales. en 72 horas, los bronquios se relajarán y aumentará su nivel de energía. en 2 semanas, la circulación sanguínea se acelerará y seguirá mejorando a lo largo de las 10 semanas siguientes. de 3 a 9 meses después, la tos, los estornudos y los problemas respiratorios se disiparán, mientras que la capacidad pulmonar aumentará en un 10%. en 1 año, el riesgo de infarto (ataque al corazón) habrá disminuido a la mitad. en 5 años, el riesgo de AVC (ataque cerebral) será idéntico al de un no fumador. en 10 años, el riesgo de cáncer de pulmón será idéntico al de un no fumador. en 15 años, el riesgo de infarto será idéntico al de un no fumador. ¡Sea más rico! Dejar de fumar le va a hacer ser más rico, puesto que podrá ahorrarse el dinero que gastaba en tabaco o, más bien, en pagar los impuestos sobre el tabaco, que representan el 80% del precio de un paquete. Las cifras de la tragedia En España el hábito de fumar se lleva por delante cada año la vida de 55.000 personas (como si cada día descarrilara sin supervivientes un tren con 150 pasajeros y todos miráramos para otro lado). Y de paso, en su carrera loca, y día tras día, ese mismo tren acabara con la vida de otras siete personas, fumadores pasivos que pasaban por ahí. El siniestro negocio del tabaco Conviene recordar que fueron los estados los que animaron a la población a fumar. En algunos países se regalaba tabaco entre las tropas durante la Primera Guerra Mundial; otros crearon sociedades estatales que tenían la explotación industrial del tabaco. Y Estados Unidos pronto se puso a la cabeza del negocio: con la Segunda Guerra Mundial y con las guerras que vinieron después (Corea, Vietnam, Afganistán…), envió a sus soldados por todo el mundo acompañados siempre de cargamentos de cigarrillos estadounidenses que acabaron convirtiéndose en un símbolo de la libertad (¡!). El consumo de cigarrillos se transformó en un fenómeno mundial. A mediados de la década de 1960, ya se había determinado con certeza la existencia de un nexo causal entre el tabaquismo y el cáncer de pulmón (el tabaco es responsable del 80 al 90% de todos los cánceres de pulmón). La factura se presentaba enorme y sobrepasaba con creces los beneficios. Entonces, los gobiernos vieron que las cantidades ingentes de dinero que recaudaban gracias a los impuestos sobre el tabaco quedaban claramente mermadas por hacerse cargo del cáncer de pulmón, los infartos y otras muertes precoces causadas por el tabaco. (Tenga en cuenta que he escrito “hacerse cargo” y no “ofrecer tratamiento”, ya que el cáncer de pulmón acaba con la vida del paciente en un horizonte de 5 años en el 85% de los casos). Hubo entonces que remar a toda prisa en la dirección opuesta: de ser productores y distribuidores de tabaco, los gobiernos pasaron a ejercer de justicieros de las sociedades “oprimidas por la gran industria del tabaco”, señalada como culpable por haberle dado publicidad. Para hacer olvidar la responsabilidad que tenían en todo este asunto, los gobiernos dijeron que en adelante iban a aplicar impuestos adicionales sobre el tabaco, ¡para disuadir a la gente de su consumo! Sabemos como sigue la historia: desde las sórdidas imágenes de los paquetes de tabaco, pasando por las belicosas declaraciones de los ministros de Sanidad que, valientes como El Zorro, cargan contra el “lobby del tabaco”, y por los intentos de prohibir fumar incluso en las playas. Se ha desplegado todo un arsenal represivo con el fin de: poner freno al aumento de los gastos relacionados con el cáncer de pulmón y otras enfermedades ligadas al tabaco. sacar a los fumadores unos impuestos adicionales, pues los gobiernos siguen necesitando, ahora más que nunca, ese valioso dinero que procede del tabaco. Así que, querido lector que fuma y quiere dejar de ser víctima de este siniestro engaño, ya sabe, sólo tiene que dejar de fumar desde este mismo instante.
No hay duda de que la mejor manera de mejorar su salud es comer muchas verduras frescas y de buena calidad, si es posible orgánicas, de cultivo local y consumidas principalmente crudas o poco cocinadas. Estoy firmemente convencido de que éste es un factor clave para llevar una vida activa y satisfactoria. Desde un punto de vista nutricional, esto es lo que tendrá el mayor impacto sobre su salud y su longevidad, y más aun si consume las verduras en forma de zumo extraído por usted mismo. Sin embargo, no todas las verduras son iguales, y nuestros agricultores y comerciantes tienen a menudo unas prácticas francamente misteriosas. ¿Pero cómo hacen estas verduras? Siempre he tenido mi pedazo de tierra en el que cultivo verduras. No obstante, como tenemos muchos hijos, mi esposa y yo también compramos una gran cantidad de verduras en el supermercado. Aunque siempre que nuestro presupuesto nos lo permite elegimos verduras orgánicas, siempre me quedo estupefacto ante la diferencia entre las verduras de mi pequeña huerta y las de la tienda: Tamaño, forma, aspecto. Las verduras que salen de mi huerta son, en el momento de su maduración, de todas las formas y tamaños. Algunas zanahorias son enormes, otras son minúsculas, muchas tienen dos o tres raíces. Incluso después de haber sido lavadas con mucha agua, aún conservan restos de tierra y pequeñas raicillas por todas partes. Sencillamente no entiendo cómo hacen “ellos” para ofrecernos zanahorias que son todas iguales, regulares y brillantes, como si fueran de plástico. Lo mismo ocurre, por supuesto, con los tomates, las patatas, las manzanas… en fin, con todo. Conservación. Sin exagerar, mis verduras, una vez arrancadas, no se conservan más que unos días o unas horas, incluso si las meto inmediatamente en la nevera. Las lechugas, espinacas y acelgas se quedan lacias casi inmediatamente después de haberlas recogido. No quiero imaginar qué aspecto tendrían al llegar si las pusiera en una caja y luego en un camión con destino a Alemania o Inglaterra. En cambio, en el supermercado, las verduras a menudo están impecables, y de vuelta a la casa, se conservan durante días sin cambiar prácticamente de aspecto. Un auténtico milagro. Sabor, olor, textura. ¿Cómo hacen para producir hortalizas tan insípidas? No tengo ni idea de lo que debería hacer yo para lograr eliminar el olor de mis tomates, reducir el sabor de mis zanahorias, o darle a mis patatas y mis ensaladas una textura tan acuosa como la del supermercado. Yo lo único que hago es plantar las semillas en la tierra, quitar las malas hierbas, regar… y esperar a que la naturaleza haga su trabajo. ¿Por qué entonces las verduras que salen de la tierra en mi casa son siempre incomparablemente mejores que las de las tiendas? Incluso las verduras orgánicas por lo general no les llegan ni a los tobillos a las mías. Estaba tan intrigado por este fenómeno que decidí hacer la prueba de forma sistemática con todas las verduras de las que encontraba semillas o plantas en las tiendas de jardinería. El resultado es que de las coles de Bruselas al perejil, pasando por los espárragos, el ruibarbo, los pimientos, la cebolla, las berenjenas, los melones, etc., no he encontrado una sola fruta u hortaliza de mi huerta que no fuera inmediatamente reconocible por su sabor, textura y olor superiores. Como no todo el mundo tiene la posibilidad de cultivar su propio huerto, los ojos y la nariz son una gran ayuda en el supermercado. Antes que una verdura orgánica sin olor, en general es preferible una no orgánica pero que tiene buen aspecto y buen olor. La frescura es también un punto decisivo, ya que muchos vegetales como el apio, las remolachas, los espárragos o el pepino pierden rápidamente sus nutrientes después de ser cortados. Por consiguiente, puede ser que un vegetal producido por la agricultura convencional, pero muy fresco, sea mejor que uno orgánico envejecido. ¿Y los pesticidas? Escoger bien sus verduras es también evitar los riesgos de ingerir: pesticidas fertilizantes químicos productos genéticamente modificados alimentos ionizados o irradiados metales pesados Según la United States Environmental Protection Agency (EPA), el organismo oficial de Estados Unidos que vela por la salud humana y el medio ambiente, el 60% de los herbicidas, el 90% de los fungicidas y el 30% de los insecticidas son cancerígenos, y la mayoría también son malos para el sistema nervioso. Estos productos también se han relacionado con la enfermedad de Parkinson, los abortos involuntarios, los problemas de fertilidad, la neurotoxicidad y con las alteraciones del sistema hormonal (perturbadores endocrinos). Orientarse hacia las verduras orgánicas, pese a que no ofrecen una total garantía, parece de sentido común. Pero el problema de su coste hace que pocos puedan alimentarse enteramente de productos orgánicos. Afortunadamente, no todos los vegetales tienen tanto riesgo. Las verduras más y menos contaminadas Las frutas y verduras más contaminadas por los pesticidas, y que por ello son las que es más interesante comprar en la agricultura orgánica, son: melocotones, manzanas, apio, cerezas, peras, nectarinas, lechuga, espinacas, fresas, uvas, patatas y pimientos. Las frutas y verduras menos cargadas de pesticidas son: brócoli, coles, cebollas, guisantes (congelados), maíz dulce, espárragos, kiwis, mangos, aguacates, plátanos y piñas. (1) Las mejores verduras para la salud Ahora bien, no porque una fruta o verdura contenga pocos pesticidas es por ello que aporte el máximo de beneficios para la salud. En realidad, debemos tratar de consumir más verduras de colores, sobre todo cuando son de color verde y con hojas, ricas en antioxidantes, en vitaminas y en minerales. No hay que abusar de las patatas, debido a su alta carga glucémica. Y es que una patata se compone casi exclusivamente de almidón que, una vez cocido, se convierte en glucosa pura en cuanto entra en contacto con la lengua, y hace subir el nivel de azúcar en la sangre más rápido que si se tomara un terrón de azúcar. Hasta tal punto es así que lo malo de las patatas fritas no es tanto el aceite en el que se cocinan, como se suele pensar, sino la patata en sí misma, porque está demasiado cocinada. Las verduras de las que no hay que abusar, porque también contienen mucha azúcar, son las remolachas rojas, las zanahorias, las berenjenas y las calabazas. Sin embargo, no hay ninguna razón para limitarse al comer otras verduras. Por ejemplo: espárragos, aguacate, acelgas, brócoli, apio, achicoria, coles de todo tipo, incluyendo la coliflor, la col china, el colinabo y las coles de Bruselas, pepinos, calabacín, endivia, espinaca, hinojo, cebolla, batata, perejil, pimientos, rábanos, ensaladas de todo tipo, escarola, tomates… Al comer estos vegetales regularmente, crudos o poco cocidos si es posible, aportará a su organismo los nutrientes que necesita para curarse, mantenerse y desarrollarse. Porque el hecho es que los científicos en el fondo no saben mucho sobre los nutrientes y tomarlos en forma aislada, como suplementos dietéticos, no es siempre una buena idea. La mejor forma de aportarlos a su cuerpo es consumiendo vegetales enteros, frescos y orgánicos si es posible. Recomiendo que por lo menos una tercera parte de su dieta total sea cruda. Y una buena forma de lograr ese objetivo es incorporar también a su dieta los zumos de verduras hechos en casa a base de verduras frescas. Pero lo más importante es comer verduras, cualquiera que sea la forma, y por ello no se desanime si no puede hacer el jugo de verduras más que una o dos veces a la semana. Pero aunque se inicie lentamente, verá rápidamente mejoras que le animarán a aumentar gradualmente esta sana costumbre. ¿Cuales son sus verduras favoritas y cómo las prepara? le invito a dejar un comentario sobre este artículo un poco más abajo. Fuentes Datos presentados en Shoppers’ Guide to Pesticides in Produce, Environmental Working Group, 2013.
Muchas personas se pasan la vida esperando a ser felices. “Si tuviese más dinero”, “si fuera más delgado”, “si consiguiese el trabajo que quiero”, “si conociera por fin a ‘esa’ persona”… “entonces sí que sería feliz”. Sin embargo, se están equivocando. ¡Pueden empezar a ser felices ahora mismo! Los estudios acerca de la felicidad demuestran que ser guapo, rico o famoso no hace feliz. Puede que esto le choque, pero no es el hecho de amar o de ser amado lo que hace feliz a largo plazo. Muchas personas tienen una pareja y unos hijos perfectos y, pese a todo, en el fondo no son felices. El secreto de la felicidad La felicidad puede relacionarse con “todo lo que le hace vibrar”. Una vez que haya identificado lo que es, organícese para crear ese momento lo más a menudo posible. La mayoría de personas necesitan un impulso de aventura y libertad para que se desencadene el sentimiento de felicidad. Pero para ello no hace falta viajar a un destino lejano. Reúna ahora todos esos momentos en los que se sentía libre e independiente haciendo algo. Esto puede significar dejar el que era su trabajo para trabajar por su cuenta, o mudarse para instalarse en un lugar que no conocía. O sin ir tan lejos, también puede lograrse esa sensación simplemente cambiando la ruta habitual que hace para ir al trabajo o pasear por lugares que no conoce. La actividad favorita de mi familia No conozco una manera mejor de hacer disfrutar a mis hijos que la de ponerles unas botas, un chubasquero y, con unas linternas de bolsillo, salir a pasear de noche por el bosque. Nada más subir al coche, ya empiezan a ver lobos. Después jugamos a los fantasmas con las linternas. Al llegar al bosque empiezan a lanzar gritos sólo con pensar en abrir la puerta y salen del coche agitados por la emoción y a carcajada limpia. Tienen las manos sudorosas, la respiración entrecortada y los oídos al acecho. Les sorprenden la oscuridad y el silencio, además de los ruidos de los animales salvajes. Su imaginación está sobreestimulada y en cada sombra ven osos, lechuzas, murciélagos… Los pequeños aprietan la mano a los mayores, y los más aventureros se adelantan con su linterna… y vuelven tan rápido como se fueron gritando despavoridos de miedo y de alegría. Tengo que confesar que, incluso para un adulto, pasear de noche por el bosque provoca todo tipo de sensaciones intensas: los trinos y otros reclamos de las aves nocturnas, las formas extrañas de los árboles, el viento que sopla en las cimas, el olor del musgo y de las hierbas salvajes, los pies que tropiezan con las piedras o los surcos del camino… Estas salidas las hacemos sólo una o dos veces al año… pero bastan para forjar todo tipo de recuerdos profundos y felices que a menudo retoman en las conversaciones. Cada uno puede crear sus propios momentos para “vibrar”. Sin embargo, normalmente son esas pequeñas y sencillas cosas de la vida las que provocan mayor alegría y que resultan más estimulantes. También es posible adquirir hábitos en la vida diaria que le hagan más feliz. Aquí tiene una lista, aunque no es exhaustiva. El comienzo de un nuevo año es un buen momento para incorporar ciertos hábitos que ayuden a que su vida sea mejor y mucho más feliz. 1. Salga de casa Apague la televisión, quítese las zapatillas de andar por casa y salga. Cada hora que pasa frente al televisor disminuye 22 minutos su esperanza de vida. La televisión ejerce además una repercusión importante sobre la química del cerebro. Cuanto más la ve, más fácil resulta que el cerebro pase a un modo pasivo, en el que los mensajes atraviesan la mente sin que usted participe. Se convierte en alguien influenciable y vulnerable. 2. Muévase Algunas personas tienen la suerte de tener un jardín que cultivar y cuidar. También puede salir a dar un paseo, ir en bici o nadar. El ejercicio físico aumenta los niveles de serotonina, de dopamina y de norepinefrina, que son sustancias químicas necesarias para el cerebro que pueden compensar los efectos provocados por el estrés y aliviar los síntomas de depresión. Más que considerar el ejercicio físico como un medio para adelgazar o para prevenir enfermedades (efectos que se verán con el tiempo) intente percibir esos momentos como una herramienta diaria para mejorar de inmediato el estado de ánimo, relajarse y sentirse más feliz. Si trabaja en una oficina, levántese a menudo. Esto contrarrestará los efectos nocivos de estar sentado. 3. Coma bien y ligero Lo que comemos influye directamente en el estado de ánimo y el nivel de energía, tanto a corto como a largo plazo. Mientras que comer sano beneficia al cuerpo y también a la mente, alimentarse de pizza y de comida rápida nos vuelve apáticos y favorece la aparición de enfermedades crónicas. Lo mismo ocurre si se come demasiado. Después de una comida de verduras frescas y crudas, con proteínas y grasas saludables (grasa sin cocinar, pescado ahumado graso y omega-3) en cantidades moderadas, ya no se sentirá amodorrado, sino lleno de energía y preparado para iniciar nuevos proyectos. 4. Dése duchas frías La técnica que sigo, como ya he contado alguna vez, hay que ponerla en práctica poco a poco y gradualmente. Primero dúchese como de costumbre y, a continuación, vaya subiendo la temperatura hasta aproximadamente 40° C, es decir, la temperatura máxima que puede soportar sin quemarse. Tendrá tanto calor que deseará bajar la temperatura. En ese momento debe ir bajando la temperatura hasta que el agua esté tibia, fresca, y después sube otra vez la temperatura. Y así sucesivamente durante unos quince minutos, debiendo permanecer bajo el agua fría durante cada ciclo la mitad de tiempo que bajo el agua caliente. La última fase será la de agua fría. Sesión tras sesión irá descubriendo lo agradable que es sentir el agua fría. Y cuanto más fría, mayor será el efecto antidepresivo. Llegado cierto punto, hasta se llega a sentir euforia. Después de secarse se sentirá lleno de energía y vitalidad. 5. Hable menos, escuche más “La palabra es plata y el silencio es oro”. Hablar menos y escuchar más le permitirá beneficiarse de la sabiduría de los demás y le ayudará a conseguir la paz interior. Aunque participar en los cotilleos de la máquina de café parece que da momentos de vidilla, hablar de las penurias ajenas solo hará que se sumerja en un pozo de sentimientos negativos, que el cuerpo absorbe. Si se esfuerza en ser positivo, se sentirá más tranquilo y, en consecuencia, más relajado. 6. Asuma sus responsabilidades Es fácil acusar a los demás de ser los responsables de sus desgracias, pero la gente feliz asume sus propias responsabilidades, reconoce sus errores e intenta aprender de sus experiencias negativas para mejorar. 7. Tome el sol todos los días ¿Se ha dado cuenta de lo bueno que es salir a dar un paseo en un día soleado? La exposición (moderada) al sol hace que el cuerpo produzca vitamina D, que es perfecta para mejorar el estado de ánimo. Utilice crema protectora solo si va a exponerse durante mucho rato (más de media hora) bajo un sol de verano, en las horas de más calor, o si está cerca del mar o en alta montaña, para protegerse de la reverberación. La crema solar, si bien es indispensable para evitar quemaduras, posee el gran inconveniente de que bloquea la síntesis de la vitamina D y puede contener productos químicos cancerígenos. Tomar un poco el sol cada día con la piel descubierta es mucho mejor que hacerlo durante horas los fines de semana. Intente no quemarse. Si toma muchos antioxidantes (verduras y frutas frescas), mejorará la resistencia de la piel frente al sol. La astaxantina es un carotenoide que resulta especialmente eficaz como “crema solar interna” para proteger de los peligros de los rayos UV. 8. Sea creativo No necesita ser un artista para poder crear. Puede expresar su creatividad de mil formas: cocinando, cantando, bailando o con una actividad nueva. 9. Ande descalzo Cuando se presente la ocasión, quítese los zapatos y vuelva a descubrir el contacto de la tierra con los pies descalzos. Andar descalzo es bueno para el cuerpo, pero también para la mente. 10. Sea amable Nuestra sociedad parece que valora a las personas frías y duras, pero la verdad es que la amabilidad es contagiosa. No se trata de ser un “pánfilo”, pero recuerde que cuando se es amable con los demás el cerebro produce hormonas de la felicidad y neurotransmisores como la serotonina. Así le será más fácil generar vínculos con los demás, lo que favorece la aparición de sentimientos positivos tanto en el entorno como en el interior. 11. Sea agradecido Exprese su gratitud a las personas que le rodean. También puede dar las gracias a sus padres por haberle dado la vida y a la naturaleza por mantenerle y alimentarle. Puede escribir un diario en el que anote sus motivos para mostrar gratitud todos los días, o mejor aún, hacerlo antes de las comidas, aunque solo sea para alegrarse de estar frente a una buena mesa. Si esto le parece difícil o absurdo, le animo encarecidamente a que lea el libro “Des canons et des fleurs” (por desgracia es difícil de encontrar), en el que el pianista Georges Cziffra, conocido como “el pianista del siglo», relata los cuatro años de terrible hambruna y sufrimiento que pasó encerrado en una mina por los nazis, junto con otros miles de prisioneros húngaros. Es el libro que tengo ahora en mi mesilla de noche y le garantizo que, una vez que usted lo haya leído, no podrá volver a quejarse de nimiedades y que cada comida le parecerá una increíble bendición. 12. Una vida sana hace feliz En muchos aspectos, un modo de vida sano hace mucho más feliz. La salud física no se puede separar de la salud emocional. Las personas felices tienen tendencia a gozar de buena salud, y viceversa. En consecuencia, además de los consejos anteriores, las siguientes estrategias le ayudarán a conseguir un mayor nivel de felicidad. Beba agua de calidad. Limite la exposición a toxinas, colorantes, conservantes y edulcorantes artificiales. Coma la mayor cantidad posible de alimentos crudos, si es posible que sean ecológicos y de cultivo local. Reduzca el consumo de azúcar y de hidratos de carbono (incluidos los hidratos de carbono complejos, como los cereales integrales) para reducir el nivel de insulina. Haga ejercicio físico con regularidad. Intente reunir las condiciones necesarias para dormir bien y tanto tiempo como necesite, levantándose todos los días a la misma hora y lo más temprano posible. Y usted ¿tiene algún propósito para este año? Le invito a compartirlo con el resto de lectores de Salud, Nutrición y Bienestar dejando su comentario un poco más abajo.
Muchas personas se pasan la vida esperando a ser felices. “Si tuviese más dinero”, “si fuera más delgado”, “si consiguiese el trabajo que quiero”, “si conociera por fin a ‘esa’ persona”… “entonces sí que sería feliz”. Sin embargo, se están equivocando. ¡Pueden empezar a ser felices ahora mismo! Los estudios acerca de la felicidad demuestran que ser guapo, rico o famoso no hace feliz. Puede que esto le choque, pero no es el hecho de amar o de ser amado lo que hace feliz a largo plazo. Muchas personas tienen una pareja y unos hijos perfectos y, pese a todo, en el fondo no son felices. El secreto de la felicidad La felicidad puede relacionarse con “todo lo que le hace vibrar”. Una vez que haya identificado lo que es, organícese para crear ese momento lo más a menudo posible. La mayoría de personas necesitan un impulso de aventura y libertad para que se desencadene el sentimiento de felicidad. Pero para ello no hace falta viajar a un destino lejano. Reúna ahora todos esos momentos en los que se sentía libre e independiente haciendo algo. Esto puede significar dejar el que era su trabajo para trabajar por su cuenta, o mudarse para instalarse en un lugar que no conocía. O sin ir tan lejos, también puede lograrse esa sensación simplemente cambiando la ruta habitual que hace para ir al trabajo o pasear por lugares que no conoce. La actividad favorita de mi familia No conozco una manera mejor de hacer disfrutar a mis hijos que la de ponerles unas botas, un chubasquero y, con unas linternas de bolsillo, salir a pasear de noche por el bosque. Nada más subir al coche, ya empiezan a ver lobos. Después jugamos a los fantasmas con las linternas. Al llegar al bosque empiezan a lanzar gritos sólo con pensar en abrir la puerta y salen del coche agitados por la emoción y a carcajada limpia. Tienen las manos sudorosas, la respiración entrecortada y los oídos al acecho. Les sorprenden la oscuridad y el silencio, además de los ruidos de los animales salvajes. Su imaginación está sobreestimulada y en cada sombra ven osos, lechuzas, murciélagos… Los pequeños aprietan la mano a los mayores, y los más aventureros se adelantan con su linterna… y vuelven tan rápido como se fueron gritando despavoridos de miedo y de alegría. Tengo que confesar que, incluso para un adulto, pasear de noche por el bosque provoca todo tipo de sensaciones intensas: los trinos y otros reclamos de las aves nocturnas, las formas extrañas de los árboles, el viento que sopla en las cimas, el olor del musgo y de las hierbas salvajes, los pies que tropiezan con las piedras o los surcos del camino… Estas salidas las hacemos sólo una o dos veces al año… pero bastan para forjar todo tipo de recuerdos profundos y felices que a menudo retoman en las conversaciones. Cada uno puede crear sus propios momentos para “vibrar”. Sin embargo, normalmente son esas pequeñas y sencillas cosas de la vida las que provocan mayor alegría y que resultan más estimulantes. También es posible adquirir hábitos en la vida diaria que le hagan más feliz. Aquí tiene una lista, aunque no es exhaustiva. El comienzo de un nuevo año es un buen momento para incorporar ciertos hábitos que ayuden a que su vida sea mejor y mucho más feliz. 1. Salga de casa Apague la televisión, quítese las zapatillas de andar por casa y salga. Cada hora que pasa frente al televisor disminuye 22 minutos su esperanza de vida. La televisión ejerce además una repercusión importante sobre la química del cerebro. Cuanto más la ve, más fácil resulta que el cerebro pase a un modo pasivo, en el que los mensajes atraviesan la mente sin que usted participe. Se convierte en alguien influenciable y vulnerable. 2. Muévase Algunas personas tienen la suerte de tener un jardín que cultivar y cuidar. También puede salir a dar un paseo, ir en bici o nadar. El ejercicio físico aumenta los niveles de serotonina, de dopamina y de norepinefrina, que son sustancias químicas necesarias para el cerebro que pueden compensar los efectos provocados por el estrés y aliviar los síntomas de depresión. Más que considerar el ejercicio físico como un medio para adelgazar o para prevenir enfermedades (efectos que se verán con el tiempo) intente percibir esos momentos como una herramienta diaria para mejorar de inmediato el estado de ánimo, relajarse y sentirse más feliz. Si trabaja en una oficina, levántese a menudo. Esto contrarrestará los efectos nocivos de estar sentado. 3. Coma bien y ligero Lo que comemos influye directamente en el estado de ánimo y el nivel de energía, tanto a corto como a largo plazo. Mientras que comer sano beneficia al cuerpo y también a la mente, alimentarse de pizza y de comida rápida nos vuelve apáticos y favorece la aparición de enfermedades crónicas. Lo mismo ocurre si se come demasiado. Después de una comida de verduras frescas y crudas, con proteínas y grasas saludables (grasa sin cocinar, pescado ahumado graso y omega-3) en cantidades moderadas, ya no se sentirá amodorrado, sino lleno de energía y preparado para iniciar nuevos proyectos. 4. Dése duchas frías La técnica que sigo, como ya he contado alguna vez, hay que ponerla en práctica poco a poco y gradualmente. Primero dúchese como de costumbre y, a continuación, vaya subiendo la temperatura hasta aproximadamente 40° C, es decir, la temperatura máxima que puede soportar sin quemarse. Tendrá tanto calor que deseará bajar la temperatura. En ese momento debe ir bajando la temperatura hasta que el agua esté tibia, fresca, y después sube otra vez la temperatura. Y así sucesivamente durante unos quince minutos, debiendo permanecer bajo el agua fría durante cada ciclo la mitad de tiempo que bajo el agua caliente. La última fase será la de agua fría. Sesión tras sesión irá descubriendo lo agradable que es sentir el agua fría. Y cuanto más fría, mayor será el efecto antidepresivo. Llegado cierto punto, hasta se llega a sentir euforia. Después de secarse se sentirá lleno de energía y vitalidad. 5. Hable menos, escuche más “La palabra es plata y el silencio es oro”. Hablar menos y escuchar más le permitirá beneficiarse de la sabiduría de los demás y le ayudará a conseguir la paz interior. Aunque participar en los cotilleos de la máquina de café parece que da momentos de vidilla, hablar de las penurias ajenas solo hará que se sumerja en un pozo de sentimientos negativos, que el cuerpo absorbe. Si se esfuerza en ser positivo, se sentirá más tranquilo y, en consecuencia, más relajado. 6. Asuma sus responsabilidades Es fácil acusar a los demás de ser los responsables de sus desgracias, pero la gente feliz asume sus propias responsabilidades, reconoce sus errores e intenta aprender de sus experiencias negativas para mejorar. 7. Tome el sol todos los días ¿Se ha dado cuenta de lo bueno que es salir a dar un paseo en un día soleado? La exposición (moderada) al sol hace que el cuerpo produzca vitamina D, que es perfecta para mejorar el estado de ánimo. Utilice crema protectora solo si va a exponerse durante mucho rato (más de media hora) bajo un sol de verano, en las horas de más calor, o si está cerca del mar o en alta montaña, para protegerse de la reverberación. La crema solar, si bien es indispensable para evitar quemaduras, posee el gran inconveniente de que bloquea la síntesis de la vitamina D y puede contener productos químicos cancerígenos. Tomar un poco el sol cada día con la piel descubierta es mucho mejor que hacerlo durante horas los fines de semana. Intente no quemarse. Si toma muchos antioxidantes (verduras y frutas frescas), mejorará la resistencia de la piel frente al sol. La astaxantina es un carotenoide que resulta especialmente eficaz como “crema solar interna” para proteger de los peligros de los rayos UV. 8. Sea creativo No necesita ser un artista para poder crear. Puede expresar su creatividad de mil formas: cocinando, cantando, bailando o con una actividad nueva. 9. Ande descalzo Cuando se presente la ocasión, quítese los zapatos y vuelva a descubrir el contacto de la tierra con los pies descalzos. Andar descalzo es bueno para el cuerpo, pero también para la mente. 10. Sea amable Nuestra sociedad parece que valora a las personas frías y duras, pero la verdad es que la amabilidad es contagiosa. No se trata de ser un “pánfilo”, pero recuerde que cuando se es amable con los demás el cerebro produce hormonas de la felicidad y neurotransmisores como la serotonina. Así le será más fácil generar vínculos con los demás, lo que favorece la aparición de sentimientos positivos tanto en el entorno como en el interior. 11. Sea agradecido Exprese su gratitud a las personas que le rodean. También puede dar las gracias a sus padres por haberle dado la vida y a la naturaleza por mantenerle y alimentarle. Puede escribir un diario en el que anote sus motivos para mostrar gratitud todos los días, o mejor aún, hacerlo antes de las comidas, aunque solo sea para alegrarse de estar frente a una buena mesa. Si esto le parece difícil o absurdo, le animo encarecidamente a que lea el libro “Des canons et des fleurs” (por desgracia es difícil de encontrar), en el que el pianista Georges Cziffra, conocido como “el pianista del siglo», relata los cuatro años de terrible hambruna y sufrimiento que pasó encerrado en una mina por los nazis, junto con otros miles de prisioneros húngaros. Es el libro que tengo ahora en mi mesilla de noche y le garantizo que, una vez que usted lo haya leído, no podrá volver a quejarse de nimiedades y que cada comida le parecerá una increíble bendición. 12. Una vida sana hace feliz En muchos aspectos, un modo de vida sano hace mucho más feliz. La salud física no se puede separar de la salud emocional. Las personas felices tienen tendencia a gozar de buena salud, y viceversa. En consecuencia, además de los consejos anteriores, las siguientes estrategias le ayudarán a conseguir un mayor nivel de felicidad. Beba agua de calidad. Limite la exposición a toxinas, colorantes, conservantes y edulcorantes artificiales. Coma la mayor cantidad posible de alimentos crudos, si es posible que sean ecológicos y de cultivo local. Reduzca el consumo de azúcar y de hidratos de carbono (incluidos los hidratos de carbono complejos, como los cereales integrales) para reducir el nivel de insulina. Haga ejercicio físico con regularidad. Intente reunir las condiciones necesarias para dormir bien y tanto tiempo como necesite, levantándose todos los días a la misma hora y lo más temprano posible. Y usted ¿tiene algún propósito para este año? Le invito a compartirlo con el resto de lectores de Salud, Nutrición y Bienestar dejando su comentario un poco más abajo.
El mes pasado, en el post titulado “Un consejo sencillo para empezar una dieta”, conté que yo seguía una dieta sin gluten. Desde entonces he recibido muchos mensajes de lectores preguntando si también a ellos les convendría dejar de tomarlo. Otros me preguntan cómo es posible que un alimento tan antiguo y tradicional como es el trigo (nuestra principal fuente de gluten), haya podido convertirse de la noche a la mañana en algo tan perjudicial para la salud. Otros quieren saber qué comer cuando no se pueden tomar ni cereales ni lácteos. No me toca decidir a mí si usted debe dejar o no de consumir gluten, sino que se trata de una decisión personal que debe tomar cada uno. Para proporcionarle la información que le ayude a adoptar la mejor decisión, debo remontarme en el tiempo para llegar a la forma de vida tradicional del hombre, compararla con lo que ha pasado desde que hemos empezado a tomar cereales, y por extensión gluten, y por último explicar los efectos sobre la salud de los nuevos trigos híbridos, que venimos comiendo de forma masiva desde los años 60. Si lo que le cuento le dice algo, si se reconoce en los síntomas que describo, quizá le apetezca también intentar dejar el gluten, para ver la diferencia. Pero eso lo tiene que decidir usted. El trigo, una bendición para la humanidad Vamos a decirlo claro: el trigo, nuestra principal fuente de gluten, es una bendición para la humanidad. Si no fuera por él, aún viviríamos en cavernas, recorriendo el planeta en busca de larvas, hojas, raíces, bayas y animales. El hombre no podía comer los cereales silvestres que encontraba en la naturaleza, ya que los cereales crudos contienen antinutrientes que bloquean la absorción de varios nutrientes como los minerales. Quienes comían cereales desarrollaban carencias y se debilitaban. Por tanto, durante millones de años (se calcula que los primeros homínidos tienen 8 millones de años), el hombre se limitó muy a menudo a ser carroñero. Para no morir de hambre, tenía que comerse los animales que encontraba ya muertos, por edad o por enfermedad. No fue hasta hace muy poco, en los últimos 100.000 años, cuando la situación empezó a evolucionar. Los grandes descubrimientos que lo cambiaron todo Hace unos 100.000 años, las condiciones de vida de los hombres comenzaron a mejorar considerablemente. Por un lado, el hombre desarrolló la lanza, el arpón y la red, lo que le permitió (¡por fin!) comer carne y pescado frescos en grandes cantidades. Por otro, descubrió la cocción de los cereales, lo que reduce enormemente la acción de los antinutrientes. No obstante, se trataba de cereales que crecían de forma natural, pues el hombre no sabía cultivarlos. No fue hasta hace 15.000 años cuando tuvieron lugar los primeros intentos de cultivo de trigo (sin duda, el primer cereal cultivado por el hombre)… para interrumpirse al poco tiempo. La vida agrícola, más difícil que la vida nómada (al principio) Así es; rápidamente se comprobó que producir alimento propio era mucho más incierto que vivir de forma nómada. En primer lugar, a diferencia de lo que se pueda pensar, el principio de la agricultura no es tan evidente. Una muestra de ello es que, a pesar de los buenos consejos de su padre, mi hijo pequeño, que va a cumplir 5 años, se encuentra ahora tratando de hacer crecer un “árbol salchichero” en nuestro jardín, para lo cual ha enterrado y se preocupa de regar con esmero un trocito de salchicha fresca. (Por suerte, la supervivencia de mi hijo no depende de que el árbol dé sus frutos…). Más tarde, nuestros ancestros se encontraban continuamente rodeados de tribus hostiles; de hecho, el 30% de ellos moría asesinado, frente al 3% de la población en el siglo XX (y ello a pesar de las dos Guerras Mundiales y los millones de muertos de las distintas dictaduras). Todavía a día de hoy, desde los kung (bosquimanos) del desierto del Kalahari, en Sudáfrica, a los inuit en el Ártico, pasando por los aborígenes australianos, dos tercios de los cazadores-recolectores contemporáneos viven en un estado de guerra permanente. El 90% se encuentra en situación bélica al menos una vez al año. ¡Y las mujeres son secuestradas y violadas una media de tres veces a lo largo de su vida por otra tribu! Desbrozar, arar, plantar y después recolectar requieren de un mínimo de tranquilidad y seguridad. Además, suponiendo que tuviera semillas y que se encontrase en situación de paz, al hombre le resultaba muy difícil instalarse en un espacio el tiempo suficiente como para verlas crecer. La forma de vida antigua implicaba que cuando una tribu llegaba a un lugar, comía todo lo que se encontraba alrededor. No existía forma alguna de almacenaje. Si se había plantado algo, al llegar la época de la cosecha la tribu ya hacía tiempo que se había marchado. Por último, los comienzos de la agricultura conllevaron un fuerte empobrecimiento de la alimentación, así como unas condiciones de vida más difíciles. Tan sólo existía un número limitado de plantas domésticas: el trigo escaña cultivada (una especie de trigo primitivo que fue precisamente el que se encontró en el intestino de Ötzi, el hombre del 3.300 a.C. encontrado en los Alpes italianos) y algunas clases antiguas de avena y cebada. La dieta de los primeros agricultores era entonces más pobre que la de los nómadas, y su salud, mucho peor. La agricultura, mala para la salud Aparecieron múltiples enfermedades, desconocidas hasta entonces y relacionadas con las carencias de su alimentación, empezando por la osteoporosis, la diabetes y los problemas cardiacos. Los cereales son efectivamente muy calóricos por su alto contenido en almidón, que se convierte en glucosa al entrar en contacto con la saliva y los jugos digestivos (amilasa). Al ingerirlo, provoca una subida brutal del nivel de azúcar en sangre. Cuando este pico de azúcar alcanza el cerebro, estimula las mismas regiones de placer y dependencia que las drogas, lo que explica el lugar que han alcanzado los cereales y los productos a base de cereales en nuestra alimentación moderna. Pero a largo plazo, los picos de glucemia son malos para la salud, pues aceleran el envejecimiento de todo el organismo y favorecen la diabetes. Además, los cereales son pobres en vitaminas y minerales en comparación con otros alimentos como la fruta y la verdura o las semillas y raíces consumidas por el hombre. Lo que contienen los cereales son las llamadas calorías “vacías”. La situación sanitaria de los pueblos agrícolas se degradó aún más con el desarrollo de la ganadería, que fue posible gracias al sedentarismo. La convivencia con los animales provocó la aparición de enfermedades transmitidas por éstos, como la gripe, la viruela y el sarampión. Como consecuencia, la esperanza de vida disminuyó. La altura media, asimismo, descendió desde el 1,78 m de los hombres y el 1,68 m de las mujeres, al 1,60 m y 1,55 m, respectivamente. Hubo que esperar al siglo XX para que la altura media regresara a los niveles anteriores a la aparición de la agricultura. En 1900, la esperanza de vida media de las personas a nivel mundial era de tan sólo ¡31 años! (1) La agricultura no se inventó por motivos económicos Tanto es así, que los antropólogos todavía no han entendido qué mosca le picó a los hombres para que se pusieran a cultivar cereales. Creen que fue por motivos de tipo ideológico o religioso, pero no económico. (2) Algunas tribus se habrían puesto a cultivar cereales en el marco de rituales. Y sólo poco a poco se habrían dado cuenta de que podían recolectarlos y vivir de ello. Explosión demográfica He comenzado diciendo que el trigo había sido “una bendición para la humanidad”. Y es que, a pesar de los efectos desastrosos de la agricultura en la salud de las personas, tenía una ventaja que acabaría siendo decisiva: cultivar implicaba la obligación de llevar una forma de vida sedentaria, permitiendo a las mujeres tener más hijos y a los hombres dedicarse a otras actividades como la ciencia o las artes. En efecto, los cazadores-recolectores se desplazaban permanentemente y debían entonces cargar con sus hijos a la espalda, lo que suponía no tener más de un niño pequeño a la vez. Una mujer no podía tener más de un hijo cada cuatro años. Con la agricultura, el paleodemógrafo Jean-Pierre Bocquet-Appel calcula que el nivel de fecundidad pasó de una media de 4-5 niños por mujer a 7. Tras los primeros intentos agrícolas, todavía se necesitaron más de 7.000 años para que se desarrollase la primera civilización que conoció un auténtico y exitoso desarrollo gracias a los cereales. Esto sucedió en el año 3000 a.C. en Mesopotamia (actualmente Irak), en una región llamada Media Luna Fértil. Allí fue donde aparecieron las primeras ciudades de gran tamaño (Babilonia, Nínive). De eso hace ya 5.000 años. El pueblo que logró este tipo de explotación es el pueblo sumerio. Fue el primero en realizar la división del trabajo a gran escala, lo que permitió un gran aumento de la productividad y la riqueza, y le faltó tiempo para inventar después la escritura… y los impuestos. A partir de ese momento, en lugares distintos y cada vez en mayor cantidad, el mundo ya no dejaría de sumar grupos de hombres que se beneficiaban de grandes excedentes de comida gracias al cultivo de cereales. Algunos se iban a poder dedicar ya no sólo a alimentarse y a luchar en las guerras, sino también a la artesanía, la industria, la religión, las ciencias o las artes. (3) Al hombre le quedaba muy poco tiempo para viajar a la luna, inventar el teléfono móvil e internet. El hombre digiere mal el trigo Para poder digerir un alimento, es necesario tener en nuestro sistema digestivo enzimas correspondientes a ese alimento. Por esa razón las vacas y los caballos pacen, y nosotros no. Las enzimas se pueden desarrollar a medida que evolucionan las condiciones de vida, pero eso no ocurre de un día para otro. Ahora bien, los cereales pasaron muy rápidamente a ocupar un lugar predominante en la dieta alimentaria del hombre. La civilización sumeria, la primera en basarse fundamentalmente en la producción agrícola de cereales, data de hace tan sólo 5.000 años. 5.000 años puede parecer mucho tiempo, pero si equiparamos la existencia de la humanidad (8 millones de años hasta hoy) con un año de 365 días, es como si la producción agrícola de cereales hubiera empezado el 31 de diciembre a las 7 de la tarde… Por tanto, al hombre no le ha dado tiempo a desarrollar las enzimas necesarias para digerir todas las proteínas contenidas en el trigo, y como verá son precisamente estas proteínas las que se encuentran en el origen de numerosos problemas de salud. Estos problemas existen desde los orígenes de la agricultura, pero recientemente han alcanzado el nivel de epidemia por hibridaciones del trigo, que han hecho de él un alimento cada vez más extraño para nuestro tubo digestivo. El trigo es un alimento hipermoderno Ya se ha dado cuenta de que los cereales no tienen nada de antiguo ni tradicional a escala de la existencia del hombre. Son un alimento hipermoderno, que gracias a su forma de cultivo y a su riqueza calórica permite a la población multiplicarse, aunque con peor salud. En un próximo e-letter veremos cómo las nuevas especies de trigo moderno han empeorado la situación, y por qué un régimen sin gluten (que en la práctica significa sin trigo y sin la mayoría de cereales) permite a tantas personas encontrarse mejor.
En los últimos años se han popularizado nuevas opciones para alimentarnos buscando una salida más natural que nos permita huir de la comida chatarra, los alimentos procesados y las alternativas poco saludables. Así muchas personalidades del espectáculo han hecho pública su preferencia por los productos del tipo macrobiótico, pero realmente ¿qué es la alimentación macrobiótica?, en unComo.com te lo aclaramos. Inicios y bases ideológicas La teoría de la alimentación macrobiótica se remonta a la década de finales de los 50, cuando el japonés Georges Ohsawa decidió presentar al mundo occidental sus estudios acerca de una forma de comer mucho más saludable y beneficiosa para el cuerpo. A pesar de ello se ha hecho muy popular en la última década gracias en parte a la publicidad de muchas estrellas de Hollywood. La alimentación macrobiótica se sustenta en principios de la medicina tradicional oriental y en el budismo zen en los que el equilibrio entre el lado femenino, oscuro y frío que es el yin con el lado masculino, caliente y claro que en el yang presentes en toda la naturaleza, incluida la comida, son la base de la salud Alimentos permitidos en la dieta macrobiótica - Los cereales integrales son parte fundamental e importante de la dieta macrobiótica abarcando el 50 % de la alimentación recomendada a través de productos como el arroz, el maíz, el trigo, el cuscus o la avena - Le siguen las hortalizas y vegetales con un 25% - Las proteínas animales se restringen a pescado blanco dos veces por semana y aves eventualmente - Los huevos se pueden consumir cada 10 días aproximadamente - Se permite el consumo de frutas cosidas, secas o frescas ocasionalmente pero nunca en jugo - Las infusiones como el té y el agua a temperatura ambiente son permitidas así como el alcohol de forma muy moderada. No se debe beber líquido durante las comidas sino después Premisas básicas El equilibro en la dieta junto con una vida en la que también se busca el balance espiritual conducen a un mejor estado de salud en el que las enfermedades no están presentes, por ello la dieta macrobiótica permite los alimentos que favorecen nuestro cuerpo rechazando aquellos que son nocivos para el balance o correcto funcionamiento del mismo. La premisa es que todo debe hacerse de forma inteligente y con mesura Alimentos no permitidos en la dieta macrobiótica Para conseguir este principio de equilibrio y salud hay algunos alimentos que no deben consumirse si se lleva una dieta macrobiótica: -Las carnes rojas y grasas animales debido a sus efectos negativos sobre el organismo -Los lácteos y azúcares procesados -Los tomates, las berenjenas y las patatas así como las frutas tropicales y las especias picantes o demasiado fuertes -Los alimentos que han empleado procesos químicos, conservantes y colorantes tampoco son permitidos Sus ventajas La dieta macrobiótica parte de un principio claro: el equilibrio de la mente, el cuerpo y el espíritu mediante una vida sana la cuál reside no solo en una forma de ver el mundo sino también en lo que comemos. Es importante destacar que este tipo de alimentación debe llevarse a cabo con consciencia y tomando en cuenta que es necesario cubrir todos los requisitos de vitaminas y minerales que nuestro cuerpo necesita para su correcto funcionamiento Si deseas leer más artículos parecidos a cómo es la dieta macrobiótica, te recomendamos que entres en nuestra categoría de Aprender habilidades de vida. Consejos Antes de iniciar una dieta macrobiotica es importante realizarte unos exámenes de sangre completos y consultar con tu médico ya que se trata de un cambio radical en la alimentación al que posiblemente no estés acostumbrado