todomedaocupado
Usuario (Argentina)

No nos faltan motivos de estrés, si la vida de toda mujer ya de por si está llena de preocupaciones, mucho más lo está la de una madre. A los hijos les afecta el estrés de los padres, también lo viven a su modo, incluso cuando ese estrés es por darles una mejor vida. Intentemos ser conscientes de como influimos en ellos, de qué piensan y porqué actúan como lo hacen. Dediquémosles tiempo, son nuestros hijos, lo merecen. La vida de toda madre está llena de motivos de estrés: trabajo, hijos, tener la casa limpia, cuidar de nuestra apariencia física, cocinar, lavar, planchar, afrontar gastos… y vuelta al trabajo, semana tras semana, mes tras mes. Apenas nos queda tiempo para ocuparnos de nosotras mismas porque como padres estamos siempre pensando en la familia, debemos cumplir con un horario, debemos cubrir las diferentes necesidades de toda una familia. Tal parece que la vida cada día nos exige más, mucho más de lo que muchas veces podemos dar. Sin embargo lo damos, se sacan fuerzas de flaqueza y lo damos porque son obligaciones que no podemos dejar de lado. Diariamente nos encontramos cumpliendo obligaciones, el horario de trabajo, los niños, los gastos, la casa, el esposo/a, el cansancio el prepararnos para el día de mañana empezar de nuevo la rutina. Todo esto resulta en una gran acumulación de estrés al final de un día de trabajo, empezamos la otra parte del día, las obligaciones no terminan, nos abruman, nos exigimos demasiado, nos sumergimos el cumplimiento de los quehaceres de la casa y esto hace que muy difícilmente en los hogares se viva un ambiente de afecto. Se vive más bien un ambiente de estrés, mismo que sin darnos cuenta afecta también a nuestros hijos, con el exceso de estrés, aumenta también el grado de las exigencias, poca o ninguna atención le ponemos a las diferentes situaciones que nuestros hijos enfrentan diariamente, enfrentan presiones que muchas veces o casi siempre pasan desapercibidas por nosotros los padres. Estudiar, sacar buenas notas, exámenes, tareas que les resta tiempo libre, aun así muchos de los niños en la actualidad tienen un programa de actividades que seguir, las relaciones con sus compañeros, amigos y profesores que deben cuidar, el estrés en el adulto puede provocar angustia, dolores de cabeza, irritación constante, fatiga que puede ir desde leve a severa, todo esto sin que nos demos cuenta provoca en el niño hiperactividad, falta de atención en las clases, puede sentirse fatigado, si sufre de asma, los ataques de la misma pueden agravarse, al igual que las alergias y hasta trastornos intestinales. Los niños y los jóvenes enfrentan muchos factores que pueden provocar estrés, la escuela es uno de ellos, el temor a la reacción de los padres por no tener buenas notas o por no aprobar el año le provoca angustia, y consecuentemente les provoca estrés porque se exigen a sí mismos tener el mayor rendimiento por que es lo que los padres quieren y esperan. Si a todo esto le agregamos que en el hogar hay muchos mas factores que si bien es cierto están catalogados como normales, a nuestros hijos les provoca cierto grado de angustia, el nacimiento de un hermano/a, discusiones entre los padres, las deudas, la separación para dar algunos ejemplos, incluso el socializar se convierte en estrés, porque cada vez es menos el tiempo para relacionarse y disfrutar de la compañía de sus compañeros y amigos. Se dice muy comúnmente “dichosos los niños que no conocen de penas”, sin embargo algunos expertos en la crianza del niño han dicho que se empieza a sufrir de estrés desde los 2 años de edad y de allí, que se diga muy a menudo que los niños lo absorben todo, lo presienten todo, incluso desde que están en el vientre materno, porque viven sin que nos demos cuenta las angustias y penas de los padres. ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos? Conviene ser conscientes de que el niño es la victima más inmediata de los efectos del estrés del adulto, especialmente del de los padres, porque en determinado momento están a merced de nuestras exigencias de nuestras presiones aunque sintamos que todo lo que hacemos es por ellos. El estrés por darles todo lo necesario también nos provoca estrés y también les afecta a ellos. ¿Cómo podemos evitar que el estrés del adulto los afecte? Es necesario tomarnos nuestro tiempo para observarlos, poner atención en cambios de sus hábitos, tales como: Morderse las uñas. Halarse el cabello. Irritación sin ninguna razón aparente. Dolores y/o trastornos estomacales. Alergias de las que antes no padecía. Temblores de cuerpo o tics nerviosos. Come demasiado o muy poco. Duerme poco o mucho. Todas esto son los síntomas externos, mismos que nos pueden servir para ponernos en alerta para ayudarlos. Intentemos ponernos en su lugar, tratemos de mirar las cosas desde su perspectiva, en lugar de programarles muchas actividades que los mantengan ocupados, dediquémonos un tiempo con ellos, para salir al aire libre, correr y brincar o por lo menos ver que lo hagan por lo menos un día a la semana no hacer nada, solo dedicarles tiempo, compartirlo con ellos, dejar que aprendan a relajarse, no regañar por todo, para que aprendan a superar sus limitaciones, a salir de sus frustraciones reconociendo sus propios errores. Es muy importante eso sí, establecer reglas que más tarde serán parte de sus hábitos. ¿Cuánto tiempo se pasa frente al televisor? ¿Qué tipo de programas mira? Pero lo mas importante es dejarlos que sean niños, permitirles que desarrollen actividades propias de su edad, juegos infantiles de héroes que salvan a la princesa o el chófer intrépido que gana todas las carreras, o la princesa encantada, dejarlos que exploren y conozcan su entorno. Después de todo, se es niño una sola vez y cuando esa niñez se nos escapa sólo nos quedan los recuerdos que llevamos por siempre y que más tarde se transmite a las siguientes generaciones. © Autor: Todomedaocupado

Las suegras no son los seres terroríficos que solemos creer. Pese a la mala fama que tienen, sólo son madres que desean lo mejor para sus hijos, al igual que nosotras. Si tenemos una buena actitud con ellas podremos descubrir que no son tan malas como las pintan y podemos llegar a llevarnos bien con ellas. ¡Y llega el momento de conocer a nuestra suegra! Después de un prudente tiempo de relación, tenemos la oportunidad de conocer a la amada progenitora de nuestra pareja. Los nervios están a flor de piel, no sabemos cómo reaccionará nuestra potentada suegra ante nuestra presencia. Temblamos, temblamos y temblamos, hasta que descubrimos que más que una realidad, aquella maldad férrea de las suegras es un mito. ¡Sí! Un mito bien afincado… Hoy en día, la mayoría de las suegras no son abominables ogros dispuestos a iniciar una guerra. Tampoco, unas horrendas brujas que esperan nuestra primera equivocación para lanzarnos al suelo. Nada de eso… No debemos seguir creyéndonos el cuento de que “a los bebés los trae una cigüeña desde París” y seguir montadas en la película de acción en donde las victimas siempre seremos nosotras. No niego que en épocas más “estrictas” las suegras fueran una pesadilla: ya me imagino a las pobres novias bombardeadas a punta de preguntas, examinadas de pies a cabeza y con la “grata” exigencia de tener que presentar certificado de vacunas, de estudios, de ingresos, de buenas intensiones… Las suegras modernas son buenas suegras. Ahora todo ha cambiado: ya no viajamos en burro sino en auto, ya no enviamos cartas sino emails, ya no tenemos que esperar para tener información, sino que la encontramos con sólo encender nuestra computadora… Todo ha cambiado, así mismo, las suegras también lo han hecho. Nosotras, como mujeres sensatas, debemos tener en cuenta que aquellas mujeres más que suegras, son madres que siempre velarán por el bienestar de sus retoños, que se preocupan por ellos y desean lo mejor para sus vidas –eso también nos incluiría a nosotras. Por eso es importante el conocimiento entre nueras y suegras, no sólo por la tranquilidad de las últimas, sino por el acceso a la vida del hombre en todas sus dimensiones de las primeras. Hasta donde sé, el amor maternal no es considerado como un arma de destrucción masiva. Entonces, ¿para qué andarnos con prevenciones? Mucho de lo que suceda con nuestras suegras dependerá de nuestra actitud. Basta con recordarles que si vamos predispuestas de forma negativa, terminaremos por embarrarla con excelente desempeño; pero si le ponemos nuestra mejor actitud a la suegra, tal vez encontremos a una buena amiga. “No me comprometo con la suegra, sino con su hijo” aseveran por ahí. ¿Desean escuchar un mejor chiste? De una forma u otra siempre nos comprometemos con la suegra. Así que es mejor hacer nuestra lucha porque sea un buen compromiso sin perder el norte de lo que deseamos. © autor: Todomedaocupado

Ser madre es algo especial y maravilloso. Implica la responsabilidad por una nueva vida, fuerzas para luchar por un ser indefenso, levantarse cuando se está cansada y agotada… y no rendirse nunca. Ser madre no es cualquier cosa, el valor de una madre es incalculable. ¿Recuerdas lo que significa un valor? En este caso es lo que vale una persona, su importancia, es sinónimo de valentía, de coraje. Entonces te pregunto: ¿Sabes realmente el valor de una madre? ¿Conoces la importancia que como madre tienes en la vida de una persona?, ¿te has estado valorando últimamente? Si estás leyendo probablemente seas mamá, o si no lo eres de igual forma espero que te sirva: Tú eres una madre, eres un ser humano normal pero dotada de una fuerza extraordinaria, de un corazón inmenso lleno de amor desinteresado e incondicional por tanto existe algo dentro de ti que te impulsa a seguir, cada vez que sientes algún cansancio o algún desánimo te vuelves a levantar y ves que grande es tu recompensa. Ahora bien, ¿sabes de donde sacas tus fuerzas? Tu fuerza emerge desde tu interior, toda tu energía sale a la luz para poder aportar lo mejor de t: tu amor. Sin esta fuerza creadora y transformadora simplemente no podrías continuar o tu camino como madre no sería digno de seguir. Quiero que entiendas que tú has nacido para dar vida, no sólo eso, eres formadora de un ser humano, eres responsable de tu vida y la de él, imagínate cuan grande es tu misión, por eso desde ahora quisiera que te valores como mujer y como madre que eres. Y te felicito porque has dicho SI a esa pequeña vida. * Tú eres lo más hermoso que existe, transmite todo tu amor a tu niño/a , de manera que él o ella pueda ser mejor, pueda construir su propia vida y aportar algo maravilloso al mundo La importancia de una madre comienza desde aquel instante mismo en que sabes que lo esperas, en que sabes que estás embarazada, aunque ronden problemas de diferente índole a tu alrededor, tu compromiso como madre es llevar a cabo tu valentía de decir “sí quiero a este bebé”, ¡es entonces cuando comienza todo! ¡Pensar que en algún momento, en alguna parte del universo ese bebe ya te eligió como mamá, sin antes siquiera tu saberlo! Por eso más que nada quiero que pienses en ti, que dediques unos minutos para ti, para respirar el aire puro y para valorarte tal cual eres y más aún porque has asumido la noble tarea de ser mamá. Nunca olvidarás los nueve meses en que madre e hijo se conectan mutuamente, y todo lo que sientes en ese momento lo trasmites a tu bebé, por eso recuerda que debes dar lo mejor de ti sin importar los problemas que tengas ya sean físicos, psicológicos o económicos lo importante siempre es que tu le regales a ese ser que se forma dentro de ti lo mejor que hay en ti. Otro momento importante en nuestro comienzo de la vida de mamá, es el nacimiento, te lo recuerdo porque a veces pasa el tiempo, no se olvidan las emociones pero te olvidas de lo valerosa que fuiste durante ese momento. Una mezcla de todo, una sensación de ansiedad y nervios… ¡Sabes que el milagro está por ocurrir! ¡El valor de una madre es incalculable! © Autor: Todomedaocupado
Constantemente nos comparamos con otras mujeres que consideramos mejores, más afortunadas, favorecidas y bellas… Desearíamos ser como ellas, soñamos ser como ellas, ¿y de qué nos sirve? Sólo para malgastar nuestras energías y economías en imitarlas, en tener lo que tienen y parecernos a ellas. Cosa que no logramos, nos desanima y nos crea complejos. Mejor intentemos aceptarnos como somos, querernos, amarnos y tratar de mejorar en lo que realistamente podamos. Los medios de comunicación, revistas, posters, y toda la propaganda mediática nos intentan convencer que necesitamos cambiar y comprar sus productos para parecernos a quienes establecen como ideales, ejemplos a seguir. Llenan nuestras retinas de famosas, modelos y mujeres hermosas a las que acabamos comparándonos, imitando y soñando ser como ellas. Dejamos volar nuestra imaginación, pensando en como sería ser como lo que vemos en una foto de calendario, o de revista donde la modelo nos vende la mejor de sus sonrisas… ¡Quién pudiera ser como ella! Compararse es normal. Las comparaciones siempre han existido, padres que comparan al hijo con el hermano mayor, amigos que comparan a sus amistades con viejos amigos, políticos que se comparan entre ellos y novios que comparan a sus actuales parejas con como eran sus ex… Las comparaciones son parte de la vida y siempre las habrá. Y a esto le agregamos las comparaciones más dañinas: las comparaciones que nosotras mismas nos hacemos cuando pensamos que otras personas son mejores o que tienen mejor suerte que nosotras. Muchas son las comparaciones que podríamos mencionar y cada cual más frustrante que la anterior, pues aunque hay comparaciones que pueden motivarnos a mejorar y avanzar, pero la mayoría sólo nos provocan desánimo al saber que nunca podremos llegar a ser como esas personas a las que nos comparamos. Nos comparamos con imposibles. Siempre estamos persiguiendo la “perfección”, ya sea física o económica. Desafortunadamente, aún no terminamos de entender, comprender y aceptar que todos somos diferentes, con nuestras cualidades y defectos. A veces atribuimos a la mala suerte que por ejemplo una hermana sea más bonita y hermosa que nosotras, preguntándonos “¿Cómo puedo hacer para ser como ella?” Es necesario hacer un autoexamen para descubrir en nosotras mismas nuestras habilidades, cualidades y defectos. Debemos aceptar que nunca seremos como otras personas, por mucho que nos esforcemos. Cada una somos únicas, irrepetibles y reemplazables. No debemos basar nuestra vida en la historia de otras personas que ya está escrita, cada cual debemos escribir nuestra propia historia, motivarnos con lo que somos, sin necesidad de imitar ni mirar a otras personas. Cada persona es un proceso único. Siempre encontraremos a personas que admiramos, hombres y mujeres que nos motiven a mejorar cada día, personas de las que podemos aprender cosas nuevas. Pero no por ello intentemos ser igual que ellos, debemos tratar de ser originales en lo que hacemos, porque cada uno tiene su propio talento y sus propias limitaciones. Hagámonos el propósito aquí y ahora de no compararnos, no cometamos el error de comparar nuestras capacidades con las capacidades de otros, ni nuestro talento con el talento los demás. Confía en ti misma, confía en Dios que está pendiente de tu historia, no intentes plagiar a otra persona. No es posible negar que siempre habrá quien es o se siente “mejor” que nosotras, pues siempre habrá alguien más grande y mejor que nosotras mismas, pero también habrá alguien más pequeño y con menos que lo que nosotras tenemos. Cada cual tenemos mucho por lo que trabajar en descubrir nuestros propios talentos y sacarles el mejor partido, sumerjámonos en nosotras mismas y escribamos nuestra propia historia. Cada cual nacemos como un ser único, no hay nadie como nosotras, tenemos características diferentes. Así también nuestros talentos pueden ser similares, pero nunca iguales a los de las demás personas. No mires a tu vecina, ni a tu hermana ni a tu mejor amiga, se original, haz lo que tengas que hacer y mantente como fuiste criada: única y sin comparaciones. © Autor: Todomedaocupado GIF