tictacdenaranjas
Usuario (Argentina)

"Polaroid de locura ordinaria" es un tema de Fito Paez que esta en el disco "Ey!" (1988) Fito en esos años leía mucho a Charles Bukowski y este tema esta inspirado en un cuento de el. El cuento es "La chica más guapa de la ciudad" (Primero pongo la letra del tema, despues el cuento, y por ultimo el tema ) Polaroid de locura ordinaria Bajo por el callejón en donde estaba el después vomito ese ron manchando la pared el sol le caí bien entrando en la avenida su vida no era mas su vida pero eso estaba ok La veo cruzar cruzando un bosque la veo alejándose de mi Sus tetas y sus dos hermanas tomaban un café me acuerdo de la mañana que me mostró su piel estabamos en un bar y se corto la cara vibraba como en un nirvana luego se hecho a correr La veo cruzar cruzando un bosque la veo alejándose de mi Pasábamos todo el día tirados en la cama el tiempo maldita daga lamiéndonos los pies brillaba era una perla y nunca hacia nada después dijo que me amaba y se hundió la gillete Sangro, sangro, sangro, y se reía como loca no he visto luz ni fuerza viva tan poderosa de todas ellas ella fue mi frase mas hermosa todo su cuerpo con espinas y a mi me siguen las moscas. La chica más guapa de la ciudad Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía. Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no se sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: “No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas… todo fachada y nada dentro…” Tenía un carácter rayando la locura; un carácter que algunos calificaban de locura. Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía por el contrarío, realzarla. Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto. - ¿Tomas algo? - Claro, ¿Por qué no? No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión. Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez. - ¿Crees que soy bonita?- preguntó. - Sí, desde luego. Pero hay algo más… algo más que tu apariencia… - La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita? - Bonita no es la palabra, no te hace justicia. Buscó en su bolso. Creía que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentía repugnancia y horror. Ella me miró y se echó a reír. - ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh? Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó. -Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones. - ¡Vete a la mierda, amigo! -dijo ella. - Será mejor que la controles -me dijo el encargado. - No te preocupes -dije yo. - Es mi nariz -dijo Cass-, puedo hacer lo que quiera con ella - No -dije-, a mí me duele. - ¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz? - Sí, me duele, de veras. - De acuerdo, no lo volveré a hacer. Ánimo. Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo. Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó: - ¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana? - Por la mañana -dije, y me di la vuelta. Por la mañana me levanté, hice un par de cafés y le llevé uno a la cama. Se echó a reír. - Eres el primer hombre que conozco que no ha querido hacerlo por la noche. - No hay problema -dije-. En realidad no tenemos por que hacerlo. - No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco. Se fue al baño. Salió enseguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandecientes, toda resplandor… Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama. - Ven, amor. Fui. Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo. Acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos. - ¿Cómo te llamas? -pregunté. - ¿Qué diablos importa? -preguntó ella. Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entro ella con una hoja: una oreja de elefante. - Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza. Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante. - ¿Cómo sabías que estaba en la bañera? - Lo sabía. Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor. Telefoneó una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza. - Esos hijos de puta – decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas. - La culpa la tienes tú por aceptar la copa - Yo creía que se interesaba por mí, no sólo por mi cuerpo. - A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo. Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado. - Vaya, cabrón, has vuelto. Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nuca la había visto así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados. - Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza…. - No, no seas tonto, es la moda. - Estas chiflada. - Te he echado de menos -dijo - ¿Hay otro? - No, no hay ninguno. Solo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis. - Sácate esos alfileres. - No, es la moda. - Me hace muy desgraciado. - ¿Estás seguro? - Sí, mierda, estoy seguro. Se sacó lentamente los alfileres y los guardo en el bolso. - Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa. - Vale -dije-, tengo mucha suerte. - No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante. - Gracias. Tomamos otra copa. - ¿Qué andas haciendo? -preguntó. - Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa. - A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta. - No creo que quisiera establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio. - Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso Salimos juntos, por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca. Fuimos a casa y abrí una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa…, de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quito aquel vestido del cuello alto y lo vi… Vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha. - Maldita sea, condenada, ¿Qué has hecho? -dije desde la cama - Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún? La arrastré a la cama y la besé. Me empujo y se echo a reír: - Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido. - Sí -dije-, no puedo parar de reír… Cass, zorra, te amo… deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco. Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso. Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó. - ¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete! Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutiendo ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos muchos. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente “NO”. La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui. Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fabrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me vio el encargado. - Siento lo de tu amiga. - ¿El qué? -pregunté. - Lo siento. ¿No lo sabías? - No - Suicidio, la enterraron ayer. - ¿Enterrada? -pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro. ¿Cómo podía haber muerto? - La enterraron las hermanas - ¿Un suicidio? ¿Cómo fue? - Se cortó el cuello. - Ya. Dame otro trago. Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel “NO”. Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años. Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé “¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!”. Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer. Y una versión en vivo ¿por que no? Mmmmm... Mejor una del año en que naci yo Mmmm... nah, ya no pongo más
Advertencia: Si esperan algo gracioso, un forobardo, o un buen post, acá no lo van a encontrar. Bueno, como tenía ganas de hacer un post, pero (como siempre) no se de que, ni tampoco tengo la paciencia como para hacer uno lindo, interesante y bueno, hago esto: voy a dejar un texto que escribí y que ya subí a varias comunidades, peeeero ahora incorporamos el curro del post, salú! La nada laboral En esos meses de escasa creación literaria lo único que parecía "calmarlo", luego de esa espantosa acción rutinaria, más conocida como "jornada laboral", era sentarse a mirar por la ventana en esa hora en la que no se puede definir que momento del día es, (tanto así que se denomina de dos maneras "atardecer" o "anochecer" ) acompañado por un whisky y a veces por su asco y el pensamiento... siempre el pensamiento. Se encontraba hastiado, el no escribir suponía una especie de muerte lenta, un malestar constante, el asco escapando por sus poros, a flor de piel, ese asco que le tenía a la gente "común", aunque era consciente de que formaba parte de ese gentío, era eso lo que le generaba un asco incontrolable. Lo primero que pensaba por las mañanas, al levantarse, era "esto no es para mi", "ya voy a escribir de nuevo y de una vez voy a salir de esto". Eso que llamaba “esto" era el trabajo. Estaba convencido de que había nacido para escribir, (tanto como para despreciar la palabra "trabajo" y rebajarla al termino "esto" ), y es probable que así sea, que hubiera nacido para escribir, ya que lo hacía muy bien y con denotada pasión. En los meses buenos, esos en los que escribía casi sin parar, no se molestaba tanto en sentirse desdichado por ser un trabajador más, no tenía tiempo, no se sentaba a mirar como se iba el día, el solo llegaba y se ponía a escribir y eso era su combustible vital, solo eso, vivía para eso. "La culpa la tienen las editoriales, malditas editoriales, no podrían reconocer a un buen escritor aunque lo tuvieran delante de sus ojos, editan porquerías, estúpidos libros de autoayuda y la reputisima madre" se repetía así mismo cuando el whisky y el pensamiento ya no lo dejaban pensar. Y no sabía si era una excusa, si era la verdad, o si se lo decía buscando un alivio. No era que la escritura lo hiciera feliz, ni mucho menos, la explicación siempre fue muy simple: lo necesitaba, porque cuando no escribía se sentía hundido en la mediocridad y en "la nada laboral" (Con "La Nada Laboral" se refería a que el trabajo era algo vacío, solo para ganar plata y la plata en sí le resultaba algo completamente vacío, pero como todo mortal que habita este mundo y vive bajo las arbitrarias reglas de este sistema, la necesitaba) Cuando el papel quedaba vacío varios días su mente lo torturaba repitiendole que estaba viviendo solo para trabajar, eso era tortuoso. No era que trabajar fuese algo malo, no, no era un vago, nada de eso, se levantaba e iba a trabajar todos los días, pero no podía vivir solo haciendo eso, nada más que eso, generar plata, gastar plata, hablar de plata, contar plata y plata, plata, plata, ¡no! él quería y necesitaba belleza, arte... significado. Lo que más le molestaba de la "gente común" era su necesidad de procrear, estaba convencido de que si todos tuvieran la preocupación que él tenía por crear, no tendrían tiempo de pensar en niños y el mundo sería mejor, "...porque un libro si es bueno es bueno siempre, en cambio un chico es muy lindo, pero se olvidan de que después crece y es un trabajador más" solía pensar cuando veía pasar a alguna madre o padre con su hijo. En una de esas tarde-noches en las que se sentaba a mirar la calle, luego de algunos whiskys, lo atormentó una idea. Empezó a pensar que en realidad el era uno de ellos, que él había nacido así, condenado a "la nada laboral" y que por un tiempo se estuvo engañando y que ese tiempo había terminado, que lo de el fue solo una mentira, que no volvería a escribir más y que todas las personas que él odiaba se despertaban con su mismo pensamiento. Ese "esto no es para mi" no era más que un pensamiento vulgar. Al imaginarse que toda la masa trabajadora creía eso, no pudo más que llorar. Lloraba por su vida, por ese tiempo maravilloso que creía acabado, por el whisky, por la pena, por la gente, por el mundo, por el trabajo y la plata, por el asco... por él. Las criticas serán más que bienvenidas. (aquí apreciamos el sincericidio)
El otro día fuí a la casa de mi abuela y me puse a ver las cosas que le había mostrado y encontré este texto que no recordaba. Como antes a todo lo que escribía le ponía fecha y hora, se que lo escribí con 16 años. Lo comparto con quien quiera leerlo. -1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10... Señor, le dije que las hojas las dejé sobre su escritorio. -Usted es un empleado incompetente, tendría que darme las gracias por no haberlo despedido. Tráigame un café. -Ese no es mi trabajo señor, pero si quiere, lo llamo al cadete y se lo pido. -Su trabajo es hacer lo que yo ordene, no llama a nadie, usted me trae el café o recoge sus porquerías y me manda el telegrama de renuncia ¿entendió? -1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10... Si, señor, discúlpeme. Ya he perdido la cuenta de cuantas veces he contado hasta diez en mi vida. Mi jefe es un completo hijo de puta, cada vez siento más ganas de romperle su horrible cara a piñas, pero, lamentablemente, necesito el trabajo y tengo que aguantar las humillaciones de un imbécil que no sabe hacer nada pero ha heredado una empresa. -Papá, ¿cuando vas a pagar el internet? todos mis amigos tienen y yo no. -Hijita, sabes que me encantaría poder pagarlo, pero, ya te dije que en la empresa nos habían bajado el sueldo. -Ufa! no se vale, hace algo, yo quiero internet -Y yo quisiera otra vida, pero todo no se puede -Pero debe haber gastos al pedo acá, o algo que se pueda reducir -Si, podría dar de baja a tu telefonito, podría mandarte a una escuela publica y podríamos reducir la plata que te doy los fines de semana para ir a bailar. -Ufa! esta casa es una porquería, ojalá los padres de Laura me adoptaran. -Ojalá me adoptasen a mi también, teniendo en cuenta que les importa más la plata que su hija -No le darán bola, pero ella tiene internet -1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10... Que difícil es tener una hija adolescente. Y más difícil es tenerla en un buen colegio cuando uno no está pasando el mejor momento económico. El colegio al que va mi hija, a nivel educativo, es excelente, pero está lleno de pendejos ricos que creen que porque sus padres tienen plata pueden hacer y decir lo que se les cante el culo. Es una lastima que yendo a un colegio así sean tan insolentes. Y lo peor de todo es que el día de mañana esos pibes serán jefes. -Señor, entienda, no cortamos la calle porque si, estamos defendiendo los derechos de los trabajadores -Flaco, yo te entiendo más que nadie, pero yo también soy un trabajador y mi jefe es un hijo de remil putas, no le importa si llego tarde porque están cortando la calle, y me voy a tener que quedar tres horas más haciendo un trabajo que le corresponde a alguien que está por debajo de mi y no conforme con eso, el muy turro no me lo va a pagar -Justamente por esas cosas y cosas peores estamos aquí protestando. Quédese con nosotros a defender sus derechos -Hermano, yo tengo que ir a laburar, tengo 45 años y una familia, se me pasó el cuarto de hora de la militancia -Nunca es tarde cuando la dicha es buena... lo lamento, pero si lo dejamos pasar a usted, todos los demás nos putean más que ahora -Está bien, pibe. 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10... -¿Se quedó dormido, Martínez? -No, señor. Estaban cortando la calle, no se si se enteró -No me interesan sus problemas, usted tiene una hora de entrada y a esa hora tiene que estar acá. -Ya lo sé, señor, pero no tenía forma de llegar -Le acabo de decir que no me importan sus problemas -Si, señor, pero intentaba darle una explicación -Usted no me estaba dando una explicación, usted estaba dando una excusa... usted da lastima -Señor, creo que no merezco este tipo de trato -Va a tener el trato que yo le quiera dar. Tráigame un café y después se queda y ordena mi despacho -Ya le dije que ese no era mi trabajo -Va a hacer lo que yo le diga o me manda el telegrama de renuncia -Es tentador -Mándelo, pero recuerde que tengo buenos contactos y puedo hacer que no vuelva a trabajar en su miserable vida. ¿Comprende, Martínez? -1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10... ¿Cortado?
Bueno, este post esta dedicado al puto de @Sarostaa (Con cariño eh, con cariño) así que si pierden tiempo leyendo esto, ya saben culpa de quien es. El delirio del escritor Por favor no me mate, mejor dicho, no deje que yo muera. Tiene que seguir leyendo y regalarme sucesivos segundos de aire, cada palabra que lea, me dará un respiro; cada oración me regalara un latido, y con usted y por usted seguiré vivo, no me deje solo. Le juro que soy como usted, a mí, igual que a usted, me manejan. Mi vida no depende de mí, sino del poderoso de turno ¡como la suya! (y esto no lo digo para deprimirlo, sino para que vea que usted y yo, tal vez, seamos lo mismo).Bueno quizás vos crees –me tomo el atrevimiento de tutearte ya que si leíste hasta acá me habrás dado varios segundos de vida- que dispones la libertad de hablar y pensar por tu cuenta, a diferencia de mi, que soy “inspiración”. Pero sin ánimo de ofender, quisiera expresar que vos sos, por el contrario, excitación, y que dudo mucho que tus dichos y tus pensamientos no los maneje alguien “más poderoso” ¿se entiende? Espero que sí, y que con eso no te ofendas, recordá que de vos depende mi subsistencia. Para explicarte un poco más mi situación, debo contarte cómo fue que logré darme cuenta de todo y con esto llegar hasta vos. Con la intención de que vos tengas la misma revelación y con esto ayudes –cómo yo- a alguien más. Yo pasaba mis días muy tranquilamente. Trabajaba, tenía de vez en cuando alguna relación, entre otras cosas sin importancia. Hasta que un día casi sin darme cuenta –mejor dicho, sin darme cuenta- maté a una persona, a una persona como yo, a alguien que ni conocía y no tenia porque matarla. Pero la mate. Sin querer, la maté. El hizo que la mate, el quiso que yo cometa esa atrocidad, yo soy alguien incapaz de algo así, pero aquí por mucho que lo niegue el titiritero era él y creeme, no estoy loco. Las cosas se dieron así: Luego de haber acabado con la vida de esta joven, corrí a mi casa verdaderamente asustado y totalmente perdido. Lo primero que pensaba, después de haberme calmado un poco, era en la identidad de esa mujer. Recordaba enteramente su rostro, su vos y su contextura física, pero no sabía de quien se trataba, no sabía nada de su historia a pesar de haber terminado con ella. Todo lo que pasaba por mi mente luego de aquel hecho sonaba totalmente ajeno a mí. De repente tenía opiniones, acerca de diversas cuestiones, que jamás pensé que tendría en mi vida. A pesar de todo lo que más llamó mi atención fue que yo termine confesándole a la policía lo sucedido esa noche. Lógicamente termine tras las rejas, pero para mi suerte, aunque a simple vista no parezca, con una condena inusual para este país ¡pena de muerte! Por dios nunca hubiera creído que el fuera tan inútil como para errare en ese detalle y, para decirlo en criollo, la ficha me terminó de caer cuando me trasladaban a la prisión, adivinen a donde me llevaban… ¡a la cárcel de Caceros! ¿Cómo puede ser que el no se haya percatado de que la cárcel de Caceros está hace ya tiempo en desuso? En fin, estando encerrado en mi celda, me di cuenta de todo. Comprendí que soy un personaje de ficción y trate de salir, para hacerte salir a vos, vos también sos un personaje de ficción, solo que tu creador tiene mas cuidado en los detalles, para que toda la farsa luzca como real, pero estate atento, algún día se equivocará, será tu momento de escapar. La arenga final, es un modo de agradecer que me hayas hecho vivir un tramo mas, cuando termine esto no se que pasará, tal vez ahora soy libre, o quizás después de esto me ejecuten en prisión, y esto sea solo parte del delirio del escritor. Me asusta pensar que todos estos descubrimientos puedan llegar a ser obra de él. Pero aun así, todo depende de que continúes leyendo... Tamara Duca. (o "tictacdenaranjas", "Tictac", "Naranjita", "Naranja mecánica", "Orange", "Oransh" o como se le cante a cada uno decirme) En fin, después de eso, algo bueno. (Amigo Sarostaa, cambie una "a" por una "t" ) link: http://www.youtube.com/watch?v=MjJu6FSOyvM P.D.: Es probable que tenga varios errores. Esto va a categoría "Arte" solo por el tema, que conste.