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Play Chicken En Inglaterra, unos chicos decidieron acostarse sobre las vías del tren para verlo pasar desde abajo. En Estados Unidos, muchos juegan a cambiarse de carril en las rutas, a la noche. Y en Espańa, el ańo pasado se puso de moda colgarse de la parte de afuera de un subte en movimiento. El desafío se llama play chicken… http://i643.photobucket.com/albums/uu151/teclasalida/kuy.jpg] Gallina. En inglés, chicken. Se usa como insulto y, muchas veces, despierta en los aludidos conductas casi suicidas en pos de defender su honor. “Play chicken” es una frase con la que en los países de habla inglesa se refieren a cualquier juego con color de desafío. Al grito de “Chickens out”, aguantan en peligro hasta que renuncia el que no soporta la adrenalina o el temor. “A veces, algo que normalmente provoca displacer, como estar muy asustado, resulta más gozoso justamente por el peligro, la idea de poder manejar sensaciones primarias sin perder el control”, explica el licenciado Alberto Peisajovich, psicólogo, y aclara: “Al caso de los jóvenes que participan de estos juegos extremos se le suma una cuota de rebeldía, propia de la edad, y terminan haciendo estupideces para demostrar que no tienen miedo de morirse, típica sensación de impunidad adolescente. Además, es un claro pedido de atención”. Esto no es nuevo. Una imagen grabada en la mente de cualquier televidente es la del chico malo de la “prepa” norteamericana que extiende su mano sobre el pupitre y, a toda velocidad, clava un punzón entre dedo y dedo. Jugar a lo mismo, pero con un hacha, también existe. Pasarse de carril en rutas doble mano y llegar lo más cerca posible del auto que venga de frente se hizo hasta el hartazgo. El ańo pasado, en septiembre, ya se hablaba del “Metring” como una peligrosa tendencia entre los jóvenes de Madrid y Barcelona. De pronto, fue furor y era así de simple: se colgaban del estribo de un subte al arrancar y el ganador era el que lograba aguantar más tiempo arriba y con el cuerpo afuera de la formación en movimiento. Hubo quienes se bajaron antes de entrar al túnel, pero muchos otros llegaron hasta la siguiente estación. La amenaza de multa hasta por 6 mil euros hizo desistir a los jugadores por un tiempo. Entonces, se les ocurrió otra idea. Unos chicos ingleses decidieron enfrentarse a un tren. Oh, sí, el hombre contra la máquina. Literal. Después subieron su hazańa a YouTube. Hay varios videos, pero uno en particular despertó la alarma generalizada. Un adolescente, acostado boca abajo sobre los durmientes de las vías de un ferrocarril, mira a la cámara de su teléfono celular. Desde atrás, se ve venir una locomotora. Se acerca, es cada vez más grande, está casi sobre el joven y, así sin más, pasa a toda marcha por arriba de él. El competidor, que supuestamente demostró no ser gallina, está ileso. Se levanta, pega una patada al aire, da un grito de satisfacción y se va caminando. http://i643.photobucket.com/albums/uu151/teclasalida/viatren.jpg] Estos desafíos no son algo de lo que los argentinos queden exentos. Ahí están las picadas, una de las más grandes tragedias nacionales. De Sebastián Cabello (el joven que en agosto de 1999 atropelló y mató a una veterinaria y a su hijita en Núńez) a esta parte no dejan de suceder, no importa el número de caídos. Como siniestro mońo, se coronó la mala costumbre el 15 de febrero, cuando en el partido de 9 de Julio tres chicos perdieron la vida corriendo en sus motos. Clara Monteagudo, socióloga, analiza: “Hay en estas prácticas, como las picadas o el Play Chicken, un trasfondo que incluye la búsqueda de límites. El sujeto se pone en una situación de omnipotencia casi maníaca, como si fuera quien decide sobre la vida y la muerte. Por eso, es común que estos retos se den en pueblos o comunidades cerradas, por ejemplo, en donde los habitantes jóvenes sienten deseos de escapar de alguna forma de su propio destino, que sienten signado, previsible”. Fuente: http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0264/articulo.php?art=7650&ed=0264] Muchas actitudes sociales de los jóvenes y adolescentes son, en general, asociadas a fenómenos de masas o a la presión por pertenecer a un “colectivo”, a una búsqueda de sentirse integrados. En otras tantas se las relaciona con la etapa etaria que atraviesan, esa adolescencia que los hace adolecer de muchas cosas, entre ellas -en muchas oportunidades- de estima, seguridad o de una personalidad acabada. No es un fenómeno meramente argentino sino que se repite y aumenta en los denominados países del primer mundo. Así muchas veces escuchamos como un amigo o conocido hizo puenting durante algún viaje que realizó. Bajo esta denominación se encuadra un deporte extremo, en el que las personas saltan al vacío desde puentes sujetos con una cuerda dinámica a los pies. Esta práctica está controlada (aunque se han contabilizado algunos accidentes mortales) y quienes la realizan afirman que “el paso más difícil es el primero”. Esta búsqueda por desafiar límites lleva a muchos jóvenes bonaerenses a viajar acostados sobre los techos de los trenes, a participar en picadas o a jugar a la “ruleta rusa” con motos. Al ver estas actitudes, que en muchas oportunidades rozan la autodestrucción, surgen preguntas inevitables: ¿por qué lo hacen? ¿Qué es lo que buscan? La licenciada en psicología Emilse de Sangalli cree que “hay una excitación por lo desconocido y viene dada por un momento cultural en lo que todo se conoce, en un mundo que avanza permanentemente. A través de los medios de comunicación e internet todo se conoce y casi todos tienen acceso a hacer estas cosas -tomando sectores medios y altos-. El acceder a todo y conocerlo todo produce hastío y por eso se buscan cosas nuevas”. Es ese contexto, de libre acceso a conocer y consumir prácticamente todo, que los lleva a romper la rutina. “Existe en la actualidad un desprestigio muy importante por lo cotidiano o rutinario. Está esa necesidad creada desde los medios y la publicidad de acceder a cosas nuevas. Al tener todo tenés que buscar otras cosas”. ¡Jugá, gallina! En la mayoría de los países del primer mundo los jóvenes sienten que, para vencer el aburrimiento y la opresión que les generan sociedades ordenadas, deben recurrir a prácticas en las que coquetean con la muerte. Una especie de ruleta rusa multiterreno y multiobjeto bautizada play chicken. Así es frecuente ver en Inglaterra a chicos que se acuestan sobre las vías del tren para verlo pasar desde abajo; o a otros en Estados Unidos que juegan a cambiarse de carril en las rutas, a la noche. En España, en 2007 estuvo de moda colgarse de la parte de afuera de un subte en movimiento. Todos estos “desafíos” generalmente son protagonizados por jóvenes de clase media y cuentan con un elemento que parece ser “la razón de ser” de tales prácticas: el sitio de internet YouTube, donde la mayoría de ellos “cuelga” sus “hazañas”. El juego del gallina (en inglés: game of chicken) es aquel en el que cada uno de los dos jugadores conduce un vehículo en dirección al del contrario y el primero que se desvía de la trayectoria del choque pierde y es humillado por comportarse como “un gallina”. Uno de los primeros ejemplos de este juego se dio en la película Rebelde sin causa, aunque en aquella versión los jugadores conducen sus autos hacia un precipicio, y el primero en saltar es el gallina. Al grito de “¡chicken!” (gallina) muchos jóvenes son llevados a incurrir en conductas casi suicidas en pos de defender su honor. Al grito de “¡chickens out!”, aguantan el peligro hasta que renuncia el que no soporta la adrenalina o el temor. Al respecto, Emilse de Sangalli cree que para incurrir en semejantes actitudes “se necesita una personalidad de base, no las realiza cualquiera por más que sea presionado por pares. Esa persona tiene un componente de actitud autoagresiva. Nadie toma una actitud temeraria de por sí. Sí pueden prestarse a otros desafíos en pos de reivindicar su pertenencia grupal. Fuente: http://www.diariohoy.net/accion-verNota-id-29997-titulo-Cuando_la_valenta_se_tie_con_actitudes_autoagresivas Finalmente un video: una imagen vale mas que 1000 palabras link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=ezjuSl6XbjI
Aclaro esta receta no es mia Aca van a ver como llegar a esto: Necesario: 1 huevo 60 gr de grasa o manteca de cerdo 3 cdas de leche 250 gr de harina 1 cucharadita de polvo para hornear royal o 1 cucharadita de bicarbonato Procesr, unir los grumos y queda la masa. La masa hay que trabajar bastante, y dejarla reposar 1/2 hora tapada Luego estirar y espolvorear con sal fina de mesa, no abusar... aplastar muy poquito para que la sal se pegue. Lego cortar la masa con cuchillo, de forma mas o menos parecida, y modelando según el grosor que quieran darles y cortar en trozos Freír en aceite caliente es mejor hacer de a tandas, y dejar la masa tapada hasta estirarla Fuente: Palitos Salados