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Los ejercicios divulgados por el ginecólogo Arnold Kegel en la primera mitad del siglo XX se basan en técnicas del Tao sexual y el Tantra. Además de mejorar algunas disfunciones sexuales, pueden ser utilizados para mejorar el placer. Con paciencia y perseverancia, una puede lograr que su vagina se fortalezca y se convierta en un "horno de placer" no sólo para sí misma, sino también para la pareja. El fortalecimiento de la musculatura paravaginal mediante los ejercicios de Kegel permite el control de la vagina a medio plazo, y es capaz de potenciar tanto la intensidad como el número de descargas orgásmicas. Además permite juguetear con el pene durante el coito: masajearlo, comprimirlo, moverlo, rotarlo, etc., multiplicando de este modo la gama de sensaciones que la pareja obtiene durante la cópula. El roce coital entre vagina y pene se hace más intenso, y ello es particularmente útil cuando el pene es pequeño o la vagina muy ancha -p.e. después del embarazo-. También es muy útil para mejorar el placer individual, porque amplía las posibilidades y la intensidad de los juegos masturbatorios. Hay ejemplos curiosos en el dominio de este arte del control vaginal. Uno de ellos es el de las prostitutas vietnamitas descritas por marines norteamericanos, que eran capaces de apagar velas con su vagina o escribir su nombre con un lápiz atrapado con el introito vaginal. Eran muy valoradas, por su capacidad de volver locos a los hombres mediante ciertas técnicas debidas a la fortaleza de su musculatura genital, adquirida a través de métodos avanzados con la misma base que los ejercicios de Kegel.
Bien entrado ya el siglo XXI, en el seno de la sociedad occidental se considera cada vez más al hombre de 40 como a un joven. Sin embargo, cada cual llega a esta edad en diferentes condiciones. Y no sólo en lo que respecta a la apariencia física o el nivel de salud global, sino también en lo referente al estado mental y emocional, directamente relacionados con la capacidad sexual del ser humano. El alcohol, el tabaco, las drogas, y la alimentación basura y rica en colesterol pueden haber dejado una huella en los nervios y las arterias del varón de la cuarta década e interferir en su capacidad sexual, pero también los traumas emocionales, las rupturas de pareja sin superar y los malos hábitos mentales en general, como las obsesiones, las prisas, los miedos y la impaciencia, son capaces de afectar negativamente a la virilidad. Sin embargo, en su cuarta década de vida, el hombre suele haber madurado en mayor o menor medida, y al haber aprendido de sus experiencias, puede ser capaz de encarar los nuevos retos de forma más efectiva y exitosa. Asimismo, tiene una mayor capacidad para saber qué debe hacer y qué hábitos ha de abandonar con el fin de optimizar su salud física, mental y emocional y recuperar e incluso mejorar el control y la potencia sexual que por edad le corresponde. Si en esta edad el individuo se detiene y dedica unos minutos al día durante unas cuantas semanas o meses de su vida a hacer introspección y analizar lo vivido, puede sacar determinadas conclusiones que le permitan deshacerse de los apegos al pasado, observar el futuro como una nueva oportunidad de disfrute y aprendizaje, y centrarse en el presente para así gozarlo mejor, y con la pasión de un adolescente. http://sanatusexo.blogspot.com/