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Primer post: 19 sept 2013Último post: 26 sept 2013
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Cerebro triuno, Trinidad funcional y Astrología (parte 1)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/19/2013

A principio de los 70's, el neurocientífico norteamericano Paul McLean dio a conocer su teoría del "cerebro triuno". Pocos años más tarde este modelo consiguió gran popularidad más allá del mundo especializado gracias al exitoso libro de divulgación científica "Los dragones de Edén" de Carl Sagan (premio Pulitzer 1978) en el que desarrollaba de forma amena una muy bien fundamentada especulación sobre el origen y la evolución de la inteligencia humana que hacía amplio uso de las investigaciones de McLean. Por su parte, 5 años antes que Sagan, Edgar Morin había publicado "El paradigma perdido", un ensayo de bioantropología en el que el cerebro triuno de McLean también recibía un lugar destacado. Aunque este libro no alcanzó la popularidad de "Los dragones del Edén", fue también un paso importante en la difusión de estas ideas. A través de libros como estos, el público en general comenzó a familiarizarse con la noción de que nuestra actividad cerebral podría ser el resultado del funcionamiento de tres cerebros especializados, que se fueron desarrollando a lo largo de millones de años de evolución. Estos tres cerebros funcionan con habilidades, orientaciones y motivaciones diferentes, y de su coexistencia e interrelaciones surgiría la totalidad de nuestra experiencia humana. En primer lugar tendríamos el cerebro base (también llamado cerebro reptil o paleocéfalo): Sería el más antiguo de los tres y estaría orientado directamente a la supervivencia. Las respuestas básicas a los impactos del medio ambiente, la territorialidad, las respuestas musculares, el equilibrio y la percepción directa del paso del tiempo, son algunas de sus atribuciones. Sería la parte del cerebro que permite gerenciar nuestros recursos biológicos para interactuar con la realidad inmediata. Luego vendría el sistema límbico (también llamado cerebro paleo-mamífero o mesocéfalo): Se habría desarrollado con la llegada de los primeros mamíferos, introduciendo un correlato afectivo sobre la realidad directa que maneja el Cerebro base. Es el asiento de las respuestas emocionales, y gracias a ellas permite orientarnos en el mundo, acumulando experiencias que configuran nuestra percepción de lo que consideramos agradable o desagradable. Desde el punto de vista del sistema límbico la supervivencia está basada en la evasión de lo desagradable y la búsqueda de lo agradable. Por otra parte (y como consecuencia natural de lo anterior) las conductas sociales y gregarias de los mamíferos (comparativamente más complejas que las de los reptiles) dependerían también del Sistema límbico. Por último vendría la neocorteza (también llamada cerebro neo-mamífero o neocéfalo): Se encuentra en el cerebro de los mamíferos más evolucionados, alcanzando su máximo desarrollo en la especie humana. Es responsable del pensamiento avanzado, la razón, el habla, y en general de la construcción e interpretación de mapas mentales de la realidad, algo que permite la introducción de correlatos abstractos que complementarían y completarían la percepción directa del cerebro reptil y el correlato afectivo del sistema límbico. De este modo nuestra experiencia humana sería el resultado del permanente juego combinatorio entre instintos vitales, pulsiones afectivas y procesos racionales. Para Mclean estos tres cerebros serían como "tres computadoras biológicas interconectadas, [cada una] con su propia inteligencia especial, su propia subjetividad, su propio sentido del tiempo y el espacio y su propia memoria". Con el paso del tiempo han surgido críticas a este modelo. Por ejemplo se ha señalado que ofrece una visión excesivamente simplificada de la organización cerebral, y que los recientes hallazgos en neuroanatomía comparada permiten interpretar de manera diferente el proceso evolutivo de la formación del cerebro y las funciones de sus diferentes subsistemas. Sin embargo, a pesar de estas críticas el modelo sigue gozando de popularidad y aceptación por su sencillez, su poder explicativo, su coherencia con la experiencia que el ser humano tiene de sí mismo y porque en líneas generales sigue reflejando una realidad neuroanatómicamente válida. En Taringa! pueden encontrarse varios aportes muy completos referentes al cerebro triuno, así que no creo necesario extender la exposición del modelo. En lugar de eso vamos a avanzar en la dirección que aquí nos interesa y que nos llevará finalmente a establecer un puente analógico entre el cerebro triuno y el lenguaje de la astrología. Para esto comenzaremos ubicando esta teoría de la trinidad (o más precisamente de la triunidad) cerebral dentro de una categoría más amplia, cuyo origen se pierde en el tiempo y que ha permanecido presente en la cultura humana a través de los siglos. Un arquetipo recurrente En 1141, a sus 42 años de edad Hildegard von Bingen, comenzó a dejar constancia por escrito de sus impresionantes y complejas visiones. Fundadora y abadesa del monasterio de Rupertsberg (Alemania) fue un personaje prolífico y curioso. A través de su vida combinó el misticismo, la composición musical, la medicina y la escritura. Adicionalmente a todas estas facetas (y en cierta forma como una grandiosa síntesis de todas ellas) Hildegard fue también una visionaria que entraba en estados alterados conciencia y emergía cargada de imágenes y símbolos. Desde el punto de vista Junguiano probablemente tendríamos que decir que tenía un don natural para entrar en contacto con los arquetipos del inconsciente colectivo. Esta ilustración pertenece a un manuscrito del Siglo XIII en el que se representan algunas de estas visiones. Esta en particular suele llamarse "el hombre universal" y, según la interpretación convencionalmente aceptada, alude a la relación entre el microcosmos humano y el macrocosmos de la naturaleza. Como podemos observar se trata de una construcción triuna. En ella el hombre ocupa el lugar central y las líneas y "vientos" que lo acompañan enfatizan la idea de dinamismo. A su alrededor aparece envolviéndolo el mundo natural (en color rojo y con una curiosa caracterización antropomórfica) del que depende y con el que entra en relación: Por último tenemos una tercera capa que representa la organización de la realidad de acuerdo con la voluntad divina. La cabeza humana con rasgos de "anciano sabio" mantiene una continuidad con las dos capas anteriores, pero el cuerpo ha sido sustituido por un marco rectangular que subraya la idea de un orden universal que regula al conjunto completo. En resumen: Si comparamos esta secuencia con la del Cerebro triuno Podemos notar un parentesco que va más allá de la recurrencia del número 3 o de la disposición en capas sucesivas de los componentes. En ambos casos podemos distinguir un elemento que concentra la máxima energía del conjunto (cerebro base - hombre) otro que representa la máxima estructura (neocorteza - orden divino) y entre estos dos, a modo de puente, un tercer elemento capaz de mantener un vínculo entre ellos (sistema límbico - entorno natural). Por supuesto que no estoy sugiriendo que Hildegard se haya "adelantado" a las investigaciones de McLean. Simplemente ambas representaciones se inscriben dentro de una tradición de modelos triunos con esta misma estructura general que pueden encontrarse en un amplísimo espectro cultural y geográfico. Esto es cierto al punto que podemos afirmar su condición de invariante narrativa del universo humano. Dicho de otro modo, estaríamos en presencia de un arquetipo. La única razón para elegir como ejemplo la imagen de nuestra visionaria amiga (además, por supuesto, de la belleza de la lámina) es que muestra, de forma especialmente gráfica, las respectivas naturalezas de los tres componentes de este arquetipo (Energía - Vínculo - Estructura). Cuando tres elementos se combinan siguiendo estas pautas para dar origen a una totalidad diremos que estamos en presencia de una trinidad funcional. Esquemáticamente: De aquí en adelante, en los diversos ejemplos que vamos a revisar, usaremos de forma consistente esta clave de colores y formas geométricas (el triángulo rojo siempre será el elemento de máxima energía, el cuadrado azul el de máxima estructura y el círculo morado el aspecto vinculante entre ellos). Evidentemente el esquema es aplicable tanto al modelo del cerebro triuno de McLean como al "hombre natural" de la polifcética abadesa de Rupertsberg: Es importante señalar que cuando no encontramos ante una verdadera trinidad funcional (y no con una mera colección de tres elementos) la totalidad que surge de sus relaciones e interacciones no podrá existir sin la presencia de sus tres componentes y será más que la suma de ellos. Otro característica importante (que también podemos observar claramente en el modelo del cerebro triuno) es la relación no jerárquica entre sus componentes. Cada uno realiza un aporte único que no puede ser cubierto por los otros dos y, dependiendo de las circunstancias, cualquiera de los tres puede actuar como el centro de gravedad del conjunto. Como señala Edgar Morin en "El Paradigma perdido": Esta condición policéntrica se traduce, necesariamente, en interrelaciones débilmente jerarquizadas entre los tres componentes, y esto es precisamente lo que busco destacar al representar circularmente las trinidades funcionales (en lugar de ceder al impulso de disponerlos como una jerarquía vertical). Por ejemplo, aunque pueda gustarnos la idea de identificar la neocorteza y sus habilidades racionales y abstractas como el verdadero centro de nuestro ser, resulta evidente que experiencias como el amor y el disfrute de la sexualidad (que sin duda forman parte integral de nuestra condición humana) requieren del protagonismo tanto del sistema límbico como del cerebro base. Como ya mencionamos, el modelo de McLean es una expresión moderna de una familia de conceptos triunos que encontramos una y otra vez en diversas épocas y contextos culturales, con formulaciones y nombres diferentes en cada caso, pero de una coherencia fácilmente reconocible. Sin embargo, y a pesar de las críticas que el modelo ha recibido a través de los años, resulta por lo menos tentador el considerarlo como algo más que un mero ejemplo, entre muchos otros, de este principio organizador. Más bien pareciera que esta condición triuna del cerebro viene a ser la raíz misma de este recurrente arquetipo. Nada tendría de extraño que el ser humano muestre la tendencia a organizar su realidad a través de trinidades funcionales si su propio cerebro está organizado de esta forma. El propio Jung en "El Secreto de la Flor de Oro" presentaba su idea general del inconsciente colectivo (fuente de todos los contenidos arquetipales) en términos similares: "así como el cuerpo humano muestra una anatomía general por encima y más allá de todas las diferencias raciales, también la psique posee un sustrato general que trasciende todas las diferencias de cultura y conciencia, al que he designado como lo inconsciente colectivo. Esta psique inconsciente, común a toda la humanidad, no consiste meramente en contenidos capaces de llegar a la conciencia, sino en disposiciones latentes hacia ciertas reacciones idénticas. El hecho de lo inconsciente colectivo es sencillamente la expresión psíquica de la identidad, que trasciende todas las diferencias raciales, de la estructura del cerebro. Sobre tal base se explica la analogía, y hasta la identidad, de los temas míticos y de los símbolos, y la posibilidad de la comprensión humana en general." A continuación veremos algunos ejemplos de trinidades funcionales. Como el modelo del cerebro triuno (que seguirá siendo nuestro hilo conductor) sugiere implícitamente que el ser humano en general puede entenderse en términos de visceralidad (cerebro base), afectividad (sistema límbico) y racionalidad (neocorteza), y como esta terminología está más cerca del lenguaje ordinario, nos resultará más cómodo utilizar estos términos (visceralidad-afectividad-racionalidad) de aquí en adelante. (O en todo caso los consideraremos más o menos intercambiables con los términos técnicos del cerebro triuno, que son mucho más precisos pero con frecuencia también más engorrosos.)  Algunos ejemplos de trinidades funcionales (1) El modelo de Freud Sin duda alguna, y a pesar de las revisiones y críticas que ha recibido su pensamiento desde las últimas décadas del Siglo XX, la concepción de la psique de Freud fue la piedra fundacional de la moderna psicología. Dentro de este modelo tiene un lugar protagónico la tríada Ello-Yo-Superyó, desarrollada con gran detalle en su libro de 1923 "El yo y el ello". Allí describe al Ello como la parte primitiva, desorganizada e innata de la personalidad, portadora de pulsiones primitivas relacionadas con el hambre, y la sexualidad, caracterizada por la agresividad y los impulsos irracionales. Según Freud este sería el motor del comportamiento humano. En el otro extremo el Superyó sería la parte de la psique que contrarresta al Ello, representando una instancia moral y enjuiciadora, producto de la internalización de las normas, reglas y prohibiciones parentales. Con estas descripciones creo que resultan evidentes las afinidades del Ello y el Superyó con los aspectos de máxima energía y máxima estructura de la trinidad funcional (por no hablar de sus afinidades con los conceptos de visceralidad y racionalidad). Por su parte también es clara la afinidad del Yo con el aspecto vinculante, ya que, de nuevo según Freud, su función es cumplir de manera realista los deseos y demandas del Ello, conciliándose al mismo tiempo con las exigencias del Superyó. Cabe señalar que en "Los dragones del Edén" Carl Sagan rechaza el parentesco entre el cerebro triuno y la trinidad freudiana ello-yo-superyó, pero lo hace porque busca una correspondencia lineal entre las descripciones de Freud y las de Mclean en lugar de estudiar, como estamos haciendo nosotros, las relaciones y pautas que se dan entre los componentes de ambas trinidades. (2) El concepto del Self en William James El norteamericano William James, aunque no tan conocido como Freud dentro de la cultura popular, posee también un lugar de similar importancia en la historia de la psicología moderna. Más de 30 años antes de Freud, James había establecido su propio modelo triuno para el estudio de los procesos psicológicos en un libro fundamental llamado "Principios de Psicología". En este libro, entre otras cosas, sentaba las bases del estudio psicológico moderno de ese fenómeno central de la experiencia humana que es la conciencia de sí mismo. Esa condición de pionero influyó claramente en la terminología usada por los psicólogos para referirse a este tema, y en la actualidad sigue siendo frecuente utilizar el término inglés “self” para hacer referencia a los fenómenos relacionados con la conciencia reflexiva. De este modo self, la conciencia de sí o el sí mismo vienen a ser diferentes formas de nombrar un mismo concepto. En su estudio empírico del Self James distinguió tres aspectos: 1) el Self material, que tiene que ver, como su nombre lo indica, con las realidades materiales que nos definen. Nuestro cuerpo, por supuesto, pero también nuestra ropa, vivienda y demás propiedades. Incluso nuestra familia, considerada en su dimensión objetiva y tangible. Es la conciencia de sí mismo en sus aspectos más corporales y materiales. 2) el Self social, construido a partir del reconocimiento que obtenemos de nuestros semejantes. Engloba aspectos como la fama, el honor o la consideración personal. 3) el Self espiritual, que representa nuestro ser íntimo y subjetivo, con nuestras facultades o disposiciones psíquicas, tomadas concretamente. Sería la parte más duradera e íntima del self, lo que más verdaderamente somos, incluyendo nuestra sensibilidad, moralidad, habilidades y cosas semejantes. Es el núcleo central del self, que se siente de diversas maneras aunque no se pueda percibir directamente. Queda claro que el Self material es más visceral (más cercano al cuerpo), el Self social es más afectivo y relacional y el Self espiritual es más mental. (3) El alma según Platón Tanto Freud como James estaban familiarizados con la tradición de la filosofía griega en general y con la obra de Platón en particular. Nacido alrededor del año 427 a.C. es sin duda uno de los personajes más influyentes en la historia del pensamiento. Desde un punto de vista antropológico manejaba una concepción dualista del ser humano (al que dividía en cuerpo y alma, en griego soma y psyché), pero en su forma de concebir el alma (la psyché) estableció un muy difundido modelo triuno bajo la forma del llamado mito del carro alado. De este modo distinguía tres aspectos del alma identificados como el auriga (conductor) y sus dos caballos (uno blanco y otro negro): 1) El caballo negro (caracterizado como un "caballo feo y malo" ) representaba al alma apetitiva (o concupiscente): La tenemos los humanos, los animales e inclusive las plantas. En el ser humano estaría ubicada en el abdomen. Está ligada al cuerpo por lo que muere al morir el cuerpo. Es irracional así que no puede conocer las Ideas (que para Platón constituyen la verdadera realidad). Es fuente de deseos materiales (de impulsos innobles) y por esto es mala. Una concepción que recuerda claramente la expresión homérica "el funesto vientre" para referirse a la fuente de los deseos humanos que desatan la guerra y la injusticia en el mundo. Sin embargo este mal caballo, si se une al caballo bueno y se deja gobernar por el auriga puede desarrollar la virtud de la templanza (sensatez, moderación) que permite equilibrar su desenfreno y desmesura naturales. 2) El caballo blanco (que por supuesto era el bueno) representaba al alma irascible (o en una más feliz traducción el alma vehemente): La tenemos los humanos y los animales y está ubicada en el pecho. Busca honores y gloria y es fuente de emociones y pasiones. Aunque Platón no se pronuncia sobre si es mortal o inmortal, comparte con la anterior el estar ligada al cuerpo y ser irracional, por lo que tampoco puede conocer el mundo de las Ideas. Sin embargo hay una diferencia importante (que la hace "buena" ): es dócil y se deja guiar fácilmente por el auriga. La virtud que le permite alcanzar todo su potencial a este caballo blanco es la fortaleza de ánimo (andreía en griego). . 3) Por último está el auriga que es el alma racional: Se trata de un atributo específicamente humano y está ubicada en la cabeza. A diferencia de las otras dos esta parte es inmortal y posee la capacidad de conocer el mundo de las ideas. La caracteriza su pasión por la verdad y la búsqueda del bien. Es la mejor parte de las tres, por lo que debe gobernar a las otras dos. Se perfecciona a través del cultivo de la sabiduría (la palabra griega es phrónesis, de la que deriva "prudencia", y viene a significar algo así como el conocimiento de lo verdaderamente bueno para el hombre y de los medios para alcanzarlo) Por supuesto que la cercanía del caballo negro con los impulsos nos recuerda de inmediato el vector visceral de la trinidad funcional, mientras que el rol mental del auriga lo ubica como el aspecto racional y estructurador. El caballo blanco, dócil ante el conductor, es el puente que lo ayuda guiar al negro y por lo tanto el elemento de vínculo entre ambos. En este punto creo que conviene detenernos un momento para subrayar que en ningún caso se trata de establecer una identidad entre las distintas trinidades funcionales que estamos revisando. El Self material de William James no es igual al Ello de Freud, y ninguno de ellos es equivalente al caballo negro en el carro alado de Platón. Cada una de estas formulaciones está cargada de las visiones, intuiciones o prejuicios de sus creadores (por ejemplo, el incluir nuestras posesiones como parte del Self, refleja el capitalismo radical de la cultura norteamericana del Siglo XIX dentro de la que se formó William James). Sin embargo, aunque claramente no son idénticas son sin duda alguna análogas. La analogía permite establecer puentes entre aspectos distintos de la realidad que potencialmente pueden iluminarse unos a otros. Por ejemplo entender la analogía entre el auriga de Platón y el superyó de Freud puede ayudarnos a comprender la forma en la que la filosofía platónica terminó apuntalando una cultura de la represión de los impulsos a lo largo de la historia del cristianismo occidental. (4) La trinidad cristiana Dentro del contexto de Occidente resulta claro que la trinidad funcional más conocida es la que representa la Santísima Trinidad del cristianismo. Según este dogma Dios (es decir, la Totalidad en un sentido último y definitivo) existe como una trinidad en la que pueden diferenciarse el Padre (increado e inengendrado), el Hijo (no creado sino engendrado eternamente por el Padre) y el Espíritu Santo (que no es creado ni engendrado, sino que procede eternamente del Padre y del Hijo). Ninguna de estas tres personas divinas es equivalente a cualquiera de las otras dos, pero Dios es cada una de las tres. La caracterización que se hace del Espíritu Santo (lo de proceder eternamente tanto del Padre como del Hijo) lo ubica de forma natural como el elemento vinculante de la trinidad funcional. Faltaría asignar los otros roles. Si consideramos que es a Dios Padre a quien se le atribuye el rol de arquitecto del universo y la idea de un plan para la humanidad resulta más que evidente su afinidad con el aspecto de máxima estructura. Por último decir que Dios Hijo (Cristo encarnado en el mundo) representa el máximo de energía es algo del todo coherente con la realidad histórica del cristianismo, ya que es precisamente la vida y pasión de Cristo lo que pone en marcha la sucesión de eventos que terminarán llevando a esta religión al lugar que ocupa hoy en el mundo. De este modo tendríamos: La distribución anterior es sin duda alguna la más coherente con la teología cristiana (al menos con la católica), pero creo que hay quienes pueden extrañarse de la identificación de Cristo con el aspecto visceral en lugar del afectivo. Esto se debe a la caracterización general del mensaje cristiano como amoroso, pero el testimonio que los evangelios dan de Cristo es coherente con la asociación visceral. En ese sentido el pasaje de la expulsión de los mercaderes del templo es sin duda una referencia importante. Pero la clave definitiva la da el énfasis que el discurso cristiano otorga al tema del dolor físico soportado por Jesús. Lo específico de Cristo como representación de la divinidad es el haber sufrido físicamente para redimir a la humanidad de sus pecados. Como dijimos al comienzo el componente visceral es el que está ligado directamente al contacto con nuestros recursos biológicos y a la interacción con la realidad inmediata. Dicho de otro modo el componente visceral es el que nos conecta de forma inmediata con nuestra realidad física, incluyendo por supuesto el tema del dolor. Se sufre con el cuerpo y el cuerpo es el territorio de lo visceral. En su condición de Dios encarnado en un cuerpo físico y que actúa en el mundo (poniendo en marcha acontecimientos históricos) Dios Hijo es sin duda un Dios visceral, es decir un Dios que se manifiesta e impacta en la realidad. Esto es por completo compatible con el ser portador de un mensaje que subraya las cualidades afectivas (empáticas, comprensivas y amorosas) del sistema límbico, ya que el cristianismo (considerado como una totalidad) es una religión que se identifica a sí misma con estas cualidades. Esta consideración nos lleva de forma natural a plantear el tema de las religiones abrahámicas. (5) Judaísmo, Cristianismo e Islamismo Al conjunto de Judaísmo, Cristianismo e Islamismo se le conoce como las tres religiones abrahámicas ya que las tres tienen como base común las enseñanzas de Abraham. En El Decamerón (Siglo XIV) Bocaccio cuenta la historia de un prestamista judío llamado Melquisedec a quien el Sultán Saladino le plantea la siguiente cuestión: -Buen hombre, a muchos he oído decir que eres muy sabio y muy versado en el conocimiento de las cosas de Dios, por lo que me gustaría que me dijeras cuál de las tres religiones consideras que es la verdadera: la judía, la mahometana o la cristiana. Melquisedec comprende que la intención de Saladino es tenderle una trampa que le permitirá apoderarse de sus riquezas. Si contesta que la religión verdadera es la judía lo condenará por infiel, si contesta que la mahometana lo condenará por traicionar su propia religión y si contesta que la cristiana lo condenará por infiel y por traidor. Por otra parte también sabe que no puede negarse a contestar una pregunta hecha por el sultán. Para salir del predicamento Melquisedec cuenta la historia de un hombre que poseía un anillo que había pasado de generación en generación en su familia durante siglos, y que tradicionalmente era dado en herencia al hijo predilecto. Como este hombre tenía tres hijos a los que amaba de igual manera hizo secretamente dos copias idénticas del anillo original. De este modo cuando sintió que se acercaba el momento de su muerte dio por separado a cada uno de sus hijos uno de los anillos para que ninguno de los tres creyera que lo amaba menos que a cualquiera de los otros dos. Como los anillos eran idénticos, al morir el padre no fue posible conocer quién era el verdadero heredero quedando pendiente la cuestión. Y Melquisedec concluye: - Y esto mismo te digo, señor, sobre las tres leyes dadas por Dios Padre a los tres pueblos que son el objeto de tu pregunta: cada uno cree tener su herencia, su verdadera ley y sus mandamientos; pero en esto, como en lo de los anillos, todavía está pendiente la cuestión de quién la tenga. De este modo logró contestar la pregunta sin caer en la trampa y ganándose de paso la admiración y la amistad del sultán. La historia es exquisita en su sencillez, y nos proporciona una primera intuición de las ubicaciones relativas de las tres religiones cuando las consideramos como parte de una trinidad funcional, ya que: El musulmán Saladino plantea una cuestión abstracta (racionalidad). El judio Melquisedec resuelve una situación práctica (visceralidad). El cristiano Bocaccio relata la historia en la que los dos personajes anteriores entran en contacto (afectividad). Efectivamente, si las comparamos entre sí, descubrimos que en sus concepciones de la divinidad, y en el perfil característico de cada una de ellas que surge de dichas concepciones, las tres religiones se ajustan perfectamente a este esquema de trinidad funcional. El Dios del judaísmo es el Dios del Poder, que se manifiesta a través de actos como separar las aguas del Mar Rojo, arrasar con fuego y azufre a Sodoma y Gomorra o enviar a un ángel espada en mano a matar a todos los primogénitos de Egipto. Es también un Dios que exige un signo físico y concreto como señal de compromiso (la circuncisión). De las tres religiones que estamos considerando es la única que asigna a la herencia biológica el papel principal para determinar la pertenencia a la comunidad. Se es judío por el sólo hecho de haber nacido de madre judía, independientemente de la aceptación de creencias o del seguimiento de un modelo de vida determinado. En el llamado judaísmo reformista se extiende esta definición y se considera que son judíos aquellas personas que han «nacido de madre o padre judíos». También es posible convertirse al judaísmo mediante un cierto proceso (que por supuesto incluye la circuncisión) pero a lo largo de los siglos la gran mayoría de los judíos lo han sido por nacimiento. Por una parte esto explica el numero relativamente pequeño de judíos en el mundo (cuando lo comparamos con el número de musulmanes y cristianos), y por la otra evidencia la importancia que otorga esta religión a la realidad física y biológica del ser humano. En el extremo opuesto la conversión al islamismo sólo requiere la recitación sincera ante dos testigos de la shahada o profesión de fe, en la que se admite la existencia de un único Dios y se reconoce a Mahoma como su profeta. La sencillez del procedimiento no es de extrañar cuando se comprende que el Dios islámico es fundamentalmente un Dios de pactos, leyes y estructuras. La religión se considera la fuente natural de la organización judicial y política (algo que explica la extrema dificultad que ha presentado históricamente el establecimiento de estados laicos en el mundo musulmán). El Islam comparte con el judaísmo la prohibición de hacer representaciones de la divinidad, pero en las mezquitas islámicas no encontramos por ello la misma austeridad decorativa de las sinagogas. Muy al contrario, los musulmanes desarrollaron a partir de esta prohibición tres de las formas más abstractas (a la vez que exquisitas y complejas) de decoración que alguna vez haya conocido la humanidad. La lacería, a partir de repeticiones de formas geométricas, el ataurique (o arabesco) a partir de motivos vegetales y la que a mi juicio es la más impresionante de las tres, la caligrafía cúfica, en la que la escritura de los versículos del Corán adquiere una plasticidad única Todo ello enfatiza la valoración de las realidades abstractas que caracteriza al Islam. Incluso la misma forma geométrica del más sagrado de sus santuarios, la Kaaba (literalmente el Cubo), que indica el lugar hacia el que debe orientarse el creyente al orar, y al cual es obligatorio peregrinar al menos una vez en la vida, subraya esta voluntad de abstracción. Otro elemento para afirmar el énfasis mental del islam puede encontrarse en el elevado lugar que se concede a la figura del erudito religioso, la persona que conoce de memoria el Corán y los dichos de Mahoma, siendo capaz de interpretarlos y aplicarlos como guías para sí mismo y la comunidad. En palabras de uno de estos eruditos islámicos (Khurshid Ahmad): "Él [Alá] creó al hombre y designó una duración de vida determinada sobre la tierra para cada ser humano. Alá ha prescrito un cierto código de vida, que es el correcto para él, pero al mismo tiempo, le ha conferido al hombre libre albedrío en cuanto a si adopta o no este código como la verdadera base de su vida. Aquel que escoge seguir el código revelado por Dios se convierte en musulmán (creyente), y aquel que se niega a seguirlo se convierte en Kafir (incrédulo).” A medio camino entre estos dos polos de energía y estructura, la religión cristiana se presenta como una religión del perdón, el amor y el sacrificio. Por lo menos así hay que entenderla a partir de su mito fundacional según el cual "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna" (Juan 3:16). A diferencia de la austeridad decorativa de los judíos y de la abstracta exquisitez de los musulmanes, el arte cristiano es intencionalmente emotivo, está concebido evidentemente para conmover al espectador, apelando a su afectividad y empatía. Con respecto al tema de la conversión también encontramos en el ritual del bautismo, como metáfora de un nuevo nacimiento, un claro énfasis en aspectos afectivos y relacionales Por otra parte, tal como ya vimos antes, en el dogma cristiano se habla de las tres personas divinas que, siendo realmente distintas entre sí, son todas ellas y cada una un solo Dios. Algo que sin duda alguna desafía el entendimiento humano. Por lo que se agrega de forma explícita que aunque es posible formular el dogma con palabras, su verdad es inaccesible a la razón, por lo que simplemente debe aceptarse a través de la fe. Esta formulación establece una clara distancia tanto con el pragmatismo judío como con la racionalidad islámica, haciendo énfasis en una confianza afectiva en Dios y su Iglesia. Por último cabría señalar el rol único de la figura de la Virgen en la religión cristiana, que introduce de lleno los aspectos relacionales y afectivos vinculados con la figura materna. Para las tres religiones Dios posee Poder, Amor y Razón, pero cada una pone el acento en un punto diferente. Para los judíos en el Poder, y por eso son "el pueblo elegido", para los cristianos en el Amor, y por eso son "el rebaño de Dios", y para los musulmanes en la Razón y por eso son los poseedores de "la palabra eterna de Dios" (el Corán). Desde un punto de vista negativo, la visceralidad del judaísmo puede derivar en falta de consideración y empatía con los no judíos, la afectividad del cristianismo en un sentimiento de superioridad moral que le permite justificar atrocidades y la racionalidad islámica en rigidez dogmática que castiga implacablemente cualquier desviación del credo oficial. Por supuesto que entiendo perfectamente el rechazo que puede despertar en un miembro comprometido y practicante de cualquiera de estas tres religiones la aplicación de términos como visceral, afectivo o racional para caracterizar la esencia de sus sistemas de creencias (y no digamos nada de adjetivos como paleocefálico, límbico o necortical), pero el análisis que hemos hecho se limita a la observación de manifestaciones exteriores, y poco tiene que ver con cuestiones de fe y vivencia personal. Adicionalmente las tres religiones son capaces tanto de las expresiones luminosas como de las oscuridades de cualquiera de estos tres vectores sociopsicológicos (lamentablemente ninguna religión tiene el monopolio de la falta de empatía hacia otros credos, el sentimiento de superioridad moral o el dogmatismo autoritario). En cualquier caso lo único que nos interesa destacar es la posición relativa que cada una de las tres ocuparía dentro de una trinidad funcional. Sin duda algo llamativo en este caso es que hemos aplicado las categorías de la trinidad funcional y el cerebro triuno a una realidad que no es una construcción filosófica o cultural claramente delimitada, sino que es el producto de un proceso histórico lleno de contingencias. Pero, regresando al argumento del inconsciente colectivo basado en la identidad de la estructura cerebral, ¿qué tiene de raro que los procesos históricos de una especie cuyo cerebro es triuno lleguen en algún momento a exhibir el sello de esa triunidad? En ese sentido puede resultar interesante ver el ejemplo de Roma. (6) El origen de Roma El mito de los legendarios Rómulo y Remo, criados por una loba y eventualmente enfrentados en una rivalidad fratricida durante el proceso de la fundación de Roma, envuelve en brumas un proceso histórico que está lejos de ser conocido con entero detalle. Sin embargo, lo que sabemos permite identificar al menos tres componentes culturales que se amalgamaron en el origen de esta notable civilización, contribuyendo a formar su muy particular (y sin duda exitosa) personalidad histórica. Por una parte tenemos al pueblo latino, asentado en área geográfica de lo que sería Roma por lo menos desde el Siglo XII a.C. Ellos aportaron el idioma (latín) junto con los fundamentos de su literatura y las bases de un sistema legal. Luego están los sabinos, que también habitaban la misma región y aportaron a Roma su profundo sentido religioso. y por último los etruscos, pueblo conquistador que llegó a imponerse en la zona y del que los romanos tomarían su organización político-militar En resumen los latinos proporcionaron el elemento racional, los sabinos el afectivo y los etruscos el visceral En este caso nuevamente tenemos la posibilidad de ver aplicadas a un proceso histórico las categorías de la trinidad funcional. Aunque dada la escasa información con la que se cuenta bien podría ser que hayan sido los propios historiadores los que, guiados inconscientemente por este arquetipo triuno, hayan terminado organizando los datos según estas pautas. En cualquier caso no dejaría de ser curioso que una civilización nacida de la mano de la trinidad funcional (o cuyo origen puede ser leído en estos términos) haya terminado convirtiendo al cristianismo y su trinidad en la religión oficial de su imperio. Pero al igual que los arquetipos pueden surgir en religiones, modelos filosóficos o procesos históricos, también pueden hacerlo (y es natural que lo hagan) en creaciones artísticas individuales o a través de las producciones de la industria del entretenimiento. Un ejemplo de este tipo puede servirnos para cerrar esta primera lista (que poco a poco iremos ampliando) de trinidades funcionales. (7) Las brujas de Eastwick La brujas de Eastwick, es una película de 1987 con Jack Nicholson, Cher, Susan Sarandon y Michelle Pfeiffer, basada en la novela del mismo título de John Updike. Se trata de una deliciosa comedia de trasfondo fantástico en la que el diablo, encarnado como el excéntrico Daryl Van Horne (Nicholson) llega al imaginario pueblo de Eastwick atraído por las energías de tres amigas, poseedoras sin saberlo de poderes mágicos. Cada una de estas tres amigas representa de manera particularmente clara uno de los aspectos de la trinidad funcional. Alexandra (Cher) artista y feminista es el personaje mental. Jane (Sarandon) profesora de música en un colegio, es el personaje visceral. Por último Sukie (Pfeiffer) la periodista del pueblo, es la emotiva del grupo. Daryl las va seduciendo una a una, y el carácter individual de las tres brujas queda claramente definido a través de las respectivas escenas de seducción. Comienza con Alexandra y en este caso toda la escena de seducción es a través de una conversación en la que Daryl va analizándola (o casi podríamos decir psicoanalizando) poniendo en evidencia la grietas y la banalidad de su vida, sus anhelos y sus frustraciones. A lo largo del diálogo va caminando a su alrededor pero no hay contacto físico. Con un estilo retórico que apela a la inteligencia de Alexandra se presenta a sí mismo como la salida para esa cárcel de rutinas y deberes que es su vida, instándola a que se abandone a la experiencia de estar con él. Al final, como un dique que se rompe, ella cede. Toda la escena tiene el sello de lo mental. La siguiente es Jane, a quien visita en su casa invitándola a que toquen música juntos (ella en el cello y él al piano). A medida que avanza la melodía Daryl la anima a que deje salir toda la pasión que ha estado conteniendo. Poco a poco Jane se va transformando y al final el cello cae al piso envuelto en llamas (poderosa imagen de la intensidad visceral que acaba de desatarse) y ella se abalanza sobre Daryl dando rienda suelta al deseo. A partir de este punto el personaje (inicialmente recatado y reprimido) abrazará un estilo de vida caracterizado por la ausencia de límites morales (algo así como el ello destronando al superyó). Por último la escena de seducción de Sukie transcurre en el agua, hablándole con ternura y haciendo la alabanza del cuerpo de la mujer (pero no de sus atractivos sino de la maravilla que es el que puedan ser madres y alimentar a sus hijos). Sukie fascinada le pregunta "¿Quién eres?"y él le contesta "Quien tu quieras que sea". Ella entonces se acerca y lo besa con dulzura. Toda la escena tiene una inconfundible carga afectiva y relacional. Además es la única de las tres escenas en la que realmente podemos hablar de un diálogo entre los dos personajes. Lo bien que funciona la película (su redondez cinematográfica) tiene mucho que ver con lo bien que se integran las personalidades de las tres brujas y creo que a partir de las descripciones hechas queda clara su correspondencia con la distribución en la trinidad funcional que sugerí al comienzo La lista de ejemplos podría continuar indefinidamente (y probablemente la extienda en futuras publicaciones), pero, llegados a este punto, ya estamos lo suficientemente familiarizados con la trinidad funcional como para pasar a vincular todo lo visto hasta ahora con ese poderoso lenguaje simbólico que es la astrología. Trinidades funcionales y Astrología Quienes están familiarizados con los componentes básicos del sistema astrológico probablemente ya han vinculado la trinidad funcional con esa organización tradicional de los signos zodiacales conocida como los tres dinamismos: cardinal, mutable y fijo: Para el público en general resulta mucho más familiar, por supuesto, la organización cuaternaria de los elementos: Esta forma de organización (a la que llamaremos cuaternario constitutivo) es también un arquetipo organizativo de la realidad humana sobre el que sería posible extenderse (y probablemente lo haga en próximas entregas, ya que sin duda es importante y, al igual que la trinidad funcional, también parece hundir sus raíces en la propia estructura cerebral). Pero lo que nos interesa en este punto, es sólo subrayar que nuestro conocido zodiaco occidental surge precisamente de la combinación del cuaternario constitutivo con la trinidad funcional: cada uno de los 12 signos puede expresarse como una combinación única de un dinamismo y un elemento. De este modo decir Aries o decir cardinal de fuego viene a ser exactamente lo mismo, con la ventaja de que al concebir los signos en primer lugar como combinaciones de dinamismos y elementos subrayamos su carácter abstracto y establecemos claramente la diferencia existente entre estos 12 segmentos (de exactamente 30º cada uno) en los que se divide la eclíptica a partir del llamado punto vernal, y las constelaciones del mismo nombre (que son 12 regiones estelares irregulares que hace unos 2500 años coincidían aproximadamente con los signos y sirvieron para darles nombre).  En cualquier caso lo que nos importa en este punto es evidenciar que los tres dinamismos son una trinidad funcional, y para eso nos basta cualquier descripción que se haga de ellos en un texto de astrología. Por ejemplo:  Los signos cardinales se relacionan con el principio de acción y significan movimientos iniciadores de la energía en una dirección definida. Los signos fijos representan una energía concentrada, acumulada en el interior en dirección a un centro o que irradia hacia afuera desde un centro. Los signos mutables están relacionados con la flexibilidad y el cambio constante y pueden concebirse como pautas de energía en espiral Stephen Arroyo, Manual de interpretación de la carta natal Resulta natural asociar el principio de acción con el componente visceral y de máxima energía, mientras que la idea de energía concentrada que irradia desde un centro nos hace pensar en la estructura y la organización que asociamos al aspecto mental de la triada. Por último asociar la cualidades de flexibilidad y cambio con el aspecto vinculante resulta del todo coherente. De este modo tenemos que los tres dinamismos son una trinidad funcional por derecho propio: Todo lo dicho hasta ahora es totalmente independiente de si creemos o no en la validez de la astrología. Exista o no una correspondencia entre la vida humana y la descripción que de ella hacemos a partir de este sistema, lo cierto es que esa descripción existe y corresponde a un sofisticado sistema simbólico del que la trinidad funcional forma parte. Creo que incluso para quienes no conceden valor alguno a la astrología puede resultar interesante saber que existen las trinidades funcionales y que, a través de ellas, podemos percibir analogías entre el lenguaje astrológico y realidades que le son aparentemente tan distantes como el cerebro triuno, el modelo de la psique de Freud o las divertidas andanzas de las tres brujas de Eastwick. Esto puede ser considerado por lo menos como una curiosidad interesante. Y ya eso basta para justificar la lectura hasta este punto. Sin embargo es conveniente aclarar que de aquí en adelante nos iremos adentrando cada vez más en el universo astrológico. Y es natural que sea así ya que en lo personal pertenezco al grupo de quienes sí creen en la utilidad de la astrología (que es algo muy distinto a creer en los horóscopos de revista, los iluminados de la tv o en las estereotipadas descripciones de la personalidad según el signo solar que abundan en internet). Así que en las próximas entregas (que seguramente serán unas cuantas) seguiré ahondando en esa dirección. En particular me interesa que avancemos en el uso de la trinidad funcional para comprender las combinaciones de los dinamismos astrológicos. Se trata de 9 combinaciones a las que llamo dinatipos y que pueden resultar especialmente útiles como punto de partida para interpretar la información de una carta natal: Pero ya me he extendido bastante, así que la presentación de estas pautas tipológicas, junto con una larga lista de otros puntos que me interesan, tendrán que quedar para una próxima oportunidad. - * - Fin del post -*- - Sígueme si quieres estar al tanto de las futuras entregas de esta exposición. - Preparar estos materiales lleva tiempo y los puntos y comentarios son un incentivo para continuar con el esfuerzo de hacerlos. - Todos pueden comentar, pero los comentarios ofensivos, de mal gusto o sencillamente inatinentes serán eliminados. - Gracias por visitar el post y los invito a visitar estos otros:

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Cerebro triuno, Trinidad funcional y Astrología (parte 2)
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/26/2013

_______________________________________ Aquí encontrarán la primera parte: Cerebro triuno, Trinidad funcional y Astrología (parte 1) _______________________________________ Hola, en primer lugar gracias por el interés y la buena acogida que tuvo la primera parte de esta exploración del arquetipo triuno. Agradezco mucho sus comentarios (tanto en T! como en Facebook). En uno de estos comentarios me pidieron que ahondara un poco más en el ejemplo de Las brujas de Eastwick y voy a orientar esta segunda entrega en esa dirección Un poco de cine y tv Como recordarán habíamos establecido que nuestras tres encantadoras brujas formaban una trinidad funcional: La claridad con la que reconocemos los distintos componentes (y correspondientemente la redondez cinematográfica de la que hablábamos) surgen en buena medida de la construcción que hace cada una de las actrices de sus respectivos personajes. Por supuesto que el guion (y seguramente la novela original de John Updike, en la que el guion está basado) proporcionan la materia prima para esta construcción, pero el resultado final que observamos en pantalla va más allá de lo que puede ser establecido en un libreto. En ese sentido la "magia" comenzó durante el proceso del casting, cuando los responsables de seleccionar a las tres actrices terminaron eligiéndolas en función de si les parecía o no que tenían (dentro de sí mismas) lo apropiado para encarnar sus respectivos roles. De hecho, es totalmente razonable pensar que elementos propios de la personalidad de cada una de ellas las ayudaron a lograr sus geniales caracterizaciones. Con esta idea en mente vamos a explorar las posibles correspondencias entres sus indicadores astrológicos (considerados desde la perspectiva de la trinidad funcional) y los personajes que les tocaron. Aunque casi siempre es fácil conocer la fecha y el lugar de nacimiento de un personaje público (Wikipedia lo ha vuelto en verdad sencillo), no siempre disponemos de la correspondiente hora, y este último dato es indispensable para poder hacer un estudio verdaderamente significativo. Afortunadamente para nosotros en este caso disponemos de los datos completos de todo el reparto, por lo que podemos levantar las correspondientes cartas natales y proceder con el análisis. La fuente de estos datos (como de los de la gran mayoría de los ejemplos que veremos más adelante) es el Astrodatabank. A diferencia de otras páginas similares, Astrodatabank incluye información detallada sobre el origen de los datos que ofrece y un índice de la confiabilidad de los mismos (la escala de Rodden o Rodden Rating. En el caso que nos ocupa este índice de confiabilidad es el más alto posible para Cher y Michelle Pfeiffer (Rodden Rating "AA" ) y el segundo más alto para Susan Sarandon (Rodden Rating "A" ). Con estos datos tenemos: Aunque una carta natal es un esquema complejo (y no puede reducirse a factores aislados) es cierto que existe una jerarquía semántica entre sus componentes. La posición por signo del Sol, que es a la que nos referimos al hablar del signo de una persona, nos habla de su manera de estar en el mundo, mientras que el signo que se elevaba en el horizonte en el momento del nacimiento (llamado signo ascendente o simplemente ascendente) nos habla de su manera de ver el mundo. Esta combinación sería el punto de partida de la descripción astrológica de la personalidad. Como existen 12 signos hay 144 combinaciones posibles (12x12), pero desde el punto de vista de la trinidad funcional sólo nos interesa considerar las 9 que pueden darse entre los tres dinamismos (cardinal, mutable y fijo). Como dijimos en la primera parte a estas 9 combinaciones las llamamos dinatipos. En particular al dinatipo que se obtiene combinando el dinamismo del Sol con el del Ascendente lo llamaremos dinatipo vital. La pregunta que tocaría hacer ahora es ¿hay alguna relación entre los dinatipos vitales de las actrices y el dinamismo asociado a su correspondiente personaje? Como podemos ver: La respuesta es afirmativa. Resulta interesante notar que la probabilidad de obtener un resultado como este en términos de puro azar es de: Como apuesta, no hubiese sido particularmente atractiva. La probabilidad de no encontrar correspondencias (en por lo menos una de las tres) era de un 83% contra un 17% de lograr el resultado que obtuvimos. Sin embargo aquí se impone hacer una reflexión que nos desvía un poco de nuestro tema, pero que simplemente resulta necesaria. Es importante que estemos claros en que el resultado anterior no demuestra nada, sólo muestra algo. No demuestra nada porque toda fuerza probatoria derivaría del análisis estadístico de un número significativo de casos (en los que se mantuviera la misma tendencia), pero nos encontramos ante un evento singular y lo singular es incompatible por naturaleza con la aproximación estadística. No podemos repetir un hipotético "experimento Eastwick" una y otra vez, hasta satisfacer los criterios que permitirían hablar de demostración. Sin embargo el ejemplo es bueno porque nos muestra el tipo de correspondencias de las que cualquier observador astrológico es testigo continuamente. La confianza en la astrología deriva de una consistente acumulación de experiencias de este tipo, cada una ligada a un conjunto de elementos que las hacen impactantes (por su coherencia) e irrepetibles (por su singularidad). Existe un impulso natural de registrar estas experiencias (de documentarlas). Es un impulso similar al que surge cuando, contemplando un paisaje, descubrimos algo único y llamativo y queremos compartirlo con otros. Si podemos llamamos a quien está cerca para que también lo vea, si no, tomamos una foto o, en última instancia, tratamos de grabarlo en la memoria para luego poder describirlo con detalle. Una experiencia documentada en este sentido no es en modo alguno una comprobación experimental de la astrología. Está más cerca del diario de un viajero que de las mediciones de un científico. Una vez aclarado este punto, podemos seguir avanzando y compartir algunas experiencias documentadas surgidas de esta muy breve y personal exploración del universo del cine y la tv. Lo primero es observar que, aunque las trinidades funcionales son muy comunes como parte de la estructura argumental, o como elemento organizador de las relaciones entre distintos personajes, es poco frecuente encontrarlas expresadas con una pureza equiparable a la de las brujas de Eastwick. También notamos que cuando esto sucede puede ser un factor importante en el éxito final del producto. Esto último ocurrió sin duda con la tríada Kirk - Spock -McCoy de la serie original de Star Trek, y fue una de las razones por las que alcanzó, con el paso de los años, la condición de serie de culto de la que hoy goza. Quienes han seguido lo dicho hasta aquí, y además estén familiarizados con este hito televisivo de los años 60's, no tendrán ningún problema en reconocer los correspondientes roles. El Capitán Kirk (William Shatner) es el personaje enérgico, vital e impulsivo, envuelto recurrentemente en peleas y romances por todo el cuadrante alfa. El Señor Spock (Leonard Nimoy) es evidentemente el personaje estructurado y mental, la encarnación de la "lógica vulcana". Por último el Dr McCoy (DeForest Kelley) es el personaje empático, humanitario y sensible que completa la tríada. Otro fenómeno triuno comparable al de Star Trek (e incluso con mayor éxito inmediato) fue el de Los ángeles de Charlie (especialmente las tres primeras temporadas): Por supuestos todos los ángeles eran chicas de acción, y todas ellas compartían sensibilidad e inteligencia (seguramente eso formaba parte de la cultura corporativa de la agencia Townsed ). Pero una vez que establecemos lo que tenían en común, saltan a la vista las características individualizadoras. Sabrina (Kate Jackson) era la estratega del grupo. Apodada por los fans "smart angel" (el ángel inteligente) representaba el aspecto mental. Kelly (Jaclyn Smith) era sin duda la más sensitiva y emocional (con una especial sensibilidad que la lleva a trabajar, en su tiempo libre, como voluntaria en un centro para niños autistas), además era la única con relaciones románticas serias. Adicionalmente su historia personal (huérfana) subrayaba el carácter emotivo del personaje. Por último Jill (Farrah Fawcett) en la primera temporada y luego su hermana Kris (Cheryl Ladd) en las siguientes, representaron el aspecto de máxima energía. En el caso de Jill, el énfasis en la energía física quedaba claro en su condición de multitalentosa deportista (era el "athletic angel" ) y en el hecho de abandonar la agencia Towsend para buscar una actividad más desafiante y cargada de adrenalina en el mundo de las carreras automovilísticas. De hecho uno de los elementos que definían al personaje era su gusto por los autos deportivos y es famosa esta imagen de ella en el capó de su "muscle car". Por otra parte tanto ella como Kris (quien se ofrece como voluntaria para ocupar el puesto de su hermana, y hereda tanto su casa en la playa como el simbólico Mustang Cobra II), fueron (evidentemente) los ángeles de mayor carga sexual. Esto se enfatizó especialmente en el caso de kris, con su actitud lúdica y su capacidad de tomar fácilmente la iniciativa en ese terreno. La caracterización de ambas en términos de buena condición física, gusto por la experiencias intensas y fuerte sexualidad, nos ubica claramente en el vector visceral. Tanto Star Trek como Los ángeles de Charlie serían buenos ejemplos para tratar de repetir el análisis que hicimos con las brujas de Eastwick, pero en ninguno de estos casos disponemos de los datos completos de todos los actores y actrices. En Star Trek desconocemos la hora de nacimiento de DeForest Kelley y en el de los ángeles sólo tenemos los datos completos de Farrah Fawcett. Sin embargo, a pesar de estas carencias el resultado nuevamente fue notable: Como se puede observar en el cuadro, y a pesar de carecer de la mayoría de las horas de nacimiento, tenemos una correspondencia entre dinatipo del actor y dinamismo del personaje en 5 de los 7 casos. Esto se debe a que para Kate Jackson y Cheryl Ladd, aunque no sepamos sus ascendentes, bastó con el dinamismo del Sol para establecer un vínculo con el dinamismo del personaje. Los casos dudosos serían los de DeForest Kelley y Jackyn Smith, de los que simplemente no podemos afirmar o negar nada por falta de información. El dinamismo del Sol no coincide, pero nada sabemos sobre el dinamismo del ascendente. El resultado confirmó nuestras expectativas hasta donde los datos disponibles nos permitieron llegar, pero también nos ilustró sobre las dificultades que implica todo intento de generalizar algo que, en principio, fue una experiencia única (nuestro "caso Eastwick" inicial). Por otra parte, teniendo en cuenta que cuando inicié la búsqueda no tenía idea de lo que iba a encontrar y que (considerados como eventos aleatorios independientes) la probabilidad de obtener 5 correspondencias era de apenas 5,3% (5/9, elevados a la 5), el resultado, aunque incompleto, no deja de parecerme (como diría el Sr. Spock) "fascinante". Animado por este resultado seguí pensando en películas con trinidades funcionales claramente reconocibles, en las que además los actores se hayan adaptado con facilidad a sus personajes (ya que de nada nos serviría una trinidad funcional reflejada sólo en el guion, sin estar acompañada de una verdadera "química" entre los personajes tal como son encarnados por los actores). Con un listón tan alto como el que nos dejaron las seductoras hechiceras, resultó en verdad difícil. Al final me vino a la mente esta entrañable escena de Cantando bajo la lluvia, por favor, tómense el tiempo para verla al menos una vez (son 3 minutos y 20 segundos de pura magia): link: http://www.youtube.com/watch?v=YL0wxO_1opg Aunque el género musical goza tanto de admiradores incondicionales como de implacables detractores, creo que hay un consenso más o menos generalizado en que esta película (y en particular esta escena) están entre las mejor logradas del género. Todas las coreografías son de Gene Kelly (que comparte créditos como director del film) y ya eso sería suficiente para identificarlo como el elemento estructurador de la tríada. Sin embargo creo que si nos quedamos sólo con las imágenes, sin utilizar este dato, llegaríamos a la misma conclusión. Para poder percibir la trinidad funcional tenemos que traspasar la aparente uniformidad de los tres bailarines (producto precisamente de la detallada coreografía de Kelly) y enfocarnos en aquello que los individualiza. Una forma de hacerlo es observar 4 veces la escena, fijándonos primero en el efecto de conjunto y luego concentrándonos en cada uno de los tres. Luego de una observación de este tipo podremos notar que la mayor soltura y expresividad la tiene Donald O'Connor (que es quien luce más cómodo y natural en sus gestos) algo que (desde un punto de vista comparativo) por momentos hace lucir a Kelly entre rígido y exagerado. La ejecución de este último es rítmicamente perfecta, totalmente a la altura del gran bailarín que fue, pero carece del humor y la gracia de O'Connor (consumado comediante). Por otra parte su personaje (Cosmo Brown, que es el mejor amigo de Don Lockwood, interpretado por Kelly), se caracteriza por ser ocurrente y espontáneo. Los gestos de O'Connor lucen como propios mientras que los de Kelly sugieren más la idea de una máscara teatral sostenida por la técnica y dominada a través de múltiples ensayos. Por su parte, el aporte específico de Debbie Reynolds es la chispa, la energía vital con la que se entrega al baile. Carece de la expresividad de Brown o del juego de máscaras de Kelly, siendo más "ella misma" a lo largo de la escena. Por supuesto que con "ella misma" quiero decir su personaje, Kathy Selden: una chica impulsiva, enérgica y alegre que busca abrirse paso en Hollywood (la misma que al comienzo de la película conduce el automóvil al que salta Don Lockwood huyendo de sus fans, y que más tarde vemos salir de un pastel como bailarina en una fiesta). Además es fácil notar su papel de iniciadora de la acción al comienzo de la escena y los varios momentos en los que retoma ese rol durante su desarrollo. Con todo lo anterior creo que podremos estar de acuerdo con esta distribución: En cuyo caso tenemos que la correspondencia entre dinatipos vitales y dinamismo del personaje vuelve a ser tan perfecta y completa como con la de las brujas de Eastwick: Pero en este caso hay algo más que podemos agregar. A pesar de que la identificación del personaje de Reynolds con el polo de energía es en verdad muy sólida, Kathy Selden está condenada a encarnar la visceralidad de una manera "inocente". Es atractiva y chispeante pero está casi desprovista de carisma sexual. En ese sentido, y considerando la película como un todo, su "otra mitad" estaría representada por Cyd Charisse, quien aparece en un papel sin nombre, como la compañera de baile de Kelly en esta otra memorable escena: link: http://www.youtube.com/watch?v=7YWBOfsXsDA La carga de visceral energía sexual es evidente y permite incorporar en la película los aspectos "oscuros" de lo femenino que han sido concienzudamente excluidos de Kathy. En ese sentido (es decir, considerándola como la mitad en la sombra del aspecto visceral) resulta curioso observar que nuevamente tenemos la correspondencia dinatipo - dinamismo: Aunque (al igual que me ocurrió en el caso de Star Trek y Los ángeles de Charlie) no sabía con qué me iba a encontrar cuando comencé el recorrido, los resultados simplemente sobrepasaron cualquier expectativa que pudiera tener. Como me sentía satisfecho con lo encontrado hasta este punto tuve la intención de dejar el post hasta aquí. Pero justo esta semana me tocó preparar una clase sobre la imaginaria carta natal de James Bond (trabajar sobre cartas natales de personajes imaginarios es un excelente ejercicio para adquirir soltura en el uso del lenguaje astrológico) y al hacerlo recordé a Sean Connery y pensé en una película suya que, en un género muy diferente, también expresa con redondez la trinidad funcional. Creo que no es difícil adivinar que hablo de La Roca, Se trata de una muy digna película de acción de 1996, en la que Sean Connery encarna el aspecto visceral, Nicolas Cage el aspecto emotivo y relacional, y Ed Harris el mental. Por supuesto que al ser una película del género de acción habría elementos para asignar a los tres al aspecto visceral, pero si observamos con cuidado los personajes (y las actuaciones que les dan vida) las dudas rápidamente desaparecen. El más claro de todos es Ed Harris, que hace el papel del general Francis Hummel. Este personaje está convencido de que el gobierno de los Estados Unidos le ha fallado a un gran número de soldados de las fuerzas especiales fallecidos en combate en misiones secretas. A estos soldados no se les da el debido reconocimiento y sus familias no reciben ninguna compensación o ayuda. Para cambiar esta situación roba junto con sus hombres 15 misiles con gas nervioso y toma 81 rehenes en la isla de Alcatraz (ubicada frente a la bahía de San Francisco y que ha sido convertida en museo luego de décadas como prisión de máxima seguridad). Exige entonces el pago de 100 millones de dólares (suma que él se encargaría de repartir entre las familias de los fallecidos) o de lo contrario lanzará los misiles contra la ciudad (lo que puede significar millones de muertes). Al ser un general (figura organizadora por excelencia) y concebir el elaborado plan que sostiene la historia, tenemos que asociarlo naturalmente al aspecto mental y estructurador. Además sus motivos (honor, lealtad, valores militares) son de tipo abstracto y el estilo de la actuación refuerza esta imagen. . Por su parte Nicolas Cage hace el papel de Stanley Goodspeed un experto del FBI (con una notable formación como bioquímico, pero con muy poca experiencia como agente de campo) que es llamado a colaborar en la operación comando que se pone en marcha para tratar de neutralizar a Hummel y a sus hombres. Las respuestas afectivas del personaje son extremadamente evidentes. Además esta orientación afectiva se enfatiza por el hecho de estar enamorado (una de sus principales motivaciones es poder regresar con Carla, su prometida, que hace poco le ha revelado que está embarazada). Creo que quienes han visto la película coincidirán con estas apreciaciones de Ed Harris como el personaje estructurado y Nicolas Cage como el afectivo, pero si no la han visto les sugiero que se tomen el tiempo de observar la siguiente escena, fijándose especialmente en el lenguaje (tanto verbal como corporal) del general Hummel a partir del minuto 1:30, y en las reacciones emocionales de Goodspeed, a partir del minuto 4 y hasta el 5:10 (el resto del clip también ayuda a captar la esencia de los personajes, pero no es necesario verlo completo): link: http://www.youtube.com/watch?v=pAR-EEKBGrs Ahora sólo nos faltaría establecer la afinidad del personaje de Connery con el aspecto visceral. En ese sentido puede surgir una resistencia debido a la edad, ya que normalmente no asociaríamos el aspecto de la acción y la energía con un personaje que está en sus sesentas. Sin embargo lo primero es darnos cuenta de algo que salta a la vista de inmediato: el capitán Jonh Mason es en realidad una excusa que le permite a Connery encarnar una vez más al legendario James Bond. Efectivamente el personaje está construido punto por punto sobre la figura de este ícono. Se trata de un espía británico que ha estado en prisión durante 30 años, acusado de robar secretos de estado en norteamérica. En sus tiempos se destacó por múltiples hazañas y recurren a él por ser el único hombre que alguna vez logró escapar de Alcatraz, por lo que quieren que les diga cómo lo hizo, y así usar su misma ruta para introducir un grupo de comandos en la isla. A lo largo de la película su pragmatismo, sus reflejos, sus habilidades, todo recordará a Bond. Por supuesto que se trata de un Bond envejecido, pero sigue siendo el mismo héroe de acción, elegante y sexualmente carismático. En particular hay una escena (de menos de un minuto) que da claramente el tono visceral de su personaje y establece distancia tanto con el aspecto estructurado del general como con las respuestas emocionales de Goodspeed. No la encontré subtitulada así que les hago un resumen de los diálogos: Mason le está contando a Stanley que Alcatraz fue un fuerte durante la guerra civil norteamericana y éste le interrumpe con sarcasmo: "¡No me digas! A mí también me gusta la historia. Quizás, cuando todo esto termine podríamos ir juntos a la tienda de recuerdos. ¡Pero ahora me interesa hallar varios cohetes!" Mason de inmediato le pone el arma en la cara y le dice con calmada firmeza: "No me tientes", una vez que sus palabras han hecho efecto agrega sin traslucir emoción "Vamos a la morgue", y continúan avanzando. Llegan entonces al punto en el que entrarán en acción y le pregunta a Goodspeed "¿Estás listo?", a lo que este contesta "Haré mi mejor intento". Estas palabras hacen reaccionar a Mason que despectivamente lo increpa diciéndole "¿Harás tu mejor intento? Los fracasados se quejan y dicen que harán su mejor intento. Los triunfadores van a casa y tienen sexo con la reina de la promoción ", (en inglés suena aún más visceral "winners go home and fuck the prom queen"). A lo que Stanley contesta "Carla fue la reina de la promoción" y Mason, cambiando instantáneamente su expresión pregunta (con un interés que deja traslucir un guiño de lujuria), "¿De veras?". Stanley amartilla el arma y responde "Sí". Aquí tienen la escena: link: http://www.youtube.com/watch?v=qD5GtohtRYU Creo que en este punto estaremos de acuerdo en que esta sería la distribución natural de los personajes en la tríada: Y al hacer el correspondiente análisis tenemos que: Obteniendo (por tercera vez) una correspondencia perfecta. Con esta última película (y en particular con el análisis de la estructura de Sean Connery) se me ocurrió otra idea: revisar desde este punto de vista una lista de actores de acción. Independientemente del tema de las trinidades funcionales, resulta natural esperar (dadas las especificidad del género) que entre quienes se han destacado en este tipo de papeles exista un predominio del dinamismo cardinal. En wikipedia podemos encontrar una lista de este tipo: http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_action_film_actors Aunque no es muy grande y tiene notables omisiones (no entiendo cómo pueden faltar personajes como Errol Flynn o Yul Brynner) junto con algunos casos dudosos (me cuesta calificar a Antonio Banderas como como actor de acción) es un punto de partida que ofrece cierta base objetiva. De los 63 nombres de esta lista, sólo tenemos los datos de nacimiento de 29, así que es sobre este grupo que podemos trabajar. Para hacer más completo el análisis agregué también el dinamismo de la Luna (de similar importancia que los del Sol y el Ascendente). Aquí tienen los datos que obtuve: Nuevamente el resultado fue coherente con la suposición inicial: En la primera fila tenemos el número de dinatipos vitales consistentes con cada uno de los tres dinamismos. El valor de referencia (establecido por la probabilidad asociada si consideramos aleatorio todo el procedimiento) es de alrededor de 16 aciertos por dinamismo. Como podemos ver el dinamismo fijo obtuvo 14 y el mutable 13, ambos valores por debajo de la media, mientras que el dinamismo cardinal se ubicó holgadamente por encima, con 20 aciertos. Si en lugar de contar el número de dinatipos coherentes simplemente contamos el número de veces en las que aparece un dinamismo (ya sea en el Sol o en el Ascendente) el resultado es similar. Con un valor esperado de alrededor de 19 apariciones por dinamismo, los valores fijo y mutable estuvieron por debajo (16 y 18 respectivamente) mientras que valor cardinal alcanzó 24. Por último, al repetir el conteo incluyendo a la Luna la tendencia se mantuvo (con un valor promedio esperado de 29, el dinamismo fijo llegó a 24, el mutable a 26, y el cardinal se ubicó nuevamente por encima, con 37). Como ya lo aclaré, nada de lo dicho puede entenderse como una demostración experimental de la astrología (ni tiene tampoco la intención de serlo). Una golondrina no hace verano y 29 actores no hacen estadística. Pero cuando lo llevo todo a la escala personal, no puedo dejar de sentirme maravillado, y tengo que agregar esta indagación en el mundo del cine y la tv a la lista de aquellas experiencias que refuerzan mi confianza en la astrología (y mi fascinación por ella). Piensen en esto, cuando comencé a indagar en los actores y actrices de Las brujas de Eastwick, Star Trek, Los ángeles de Charlie, Cantando bajo la lluvia y La Roca, no tenía idea de lo que iba a encontrar, y si no existiera ninguna relación entre los dinatipos de los actores y los dinamismos de sus personajes, la probabilidad de hallar 15 correspondencias era comparable a la de ganarse la lotería. Luego, al hacer la lista de actores de acción, encontrar que no sólo predomina el dinamismo cardinal (que era lo esperado), sino que además lo hace con holgura, confirmó ampliamente lo que al comienzo fue sólo algo a medio camino entre una intuición y una conjetura. Por todo esto, y entendiendo que no son comprobaciones experimentales, no puedo dejar de valorar estas experiencias que, por lo menos, me sirven para mostrar a otros qué es lo que observamos quienes continuamente observamos la realidad desde esta plataforma simbólica. Y con esta última idea cierro por hoy. Como en estos dos primeros materiales nos hemos limitado a ejemplos provenientes de la cultura occidental, en cuanto tenga nuevamente la oportunidad de sentarme a escribir espero explorar algunas trinidades funcionales pertenecientes a otras tradiciones. Esto último me parece importante ya que la universalidad es una de los rasgos distintivos de un arquetipo. Gracias por la atención y hasta la próxima entrega. - * - Fin del post -*- - Sígueme si quieres estar al tanto de las futuras entregas de esta exposición. - Preparar estos materiales lleva tiempo y los puntos y comentarios son un incentivo para continuar con el esfuerzo de hacerlos. - Todos pueden comentar, pero los comentarios ofensivos, de mal gusto o sencillamente inatinentes serán eliminados. - Gracias por visitar el post y los invito a visitar estos otros: Cerebro triuno, Trinidad funcional y Astrología (parte 1) El simbolismo planetario en el siglo XV

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