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Un equipo de investigadores de las Universidades de Oxford y Cambridge ha descubierto un nido de animales fosilizados en la reserva ecológica de Mistaken Point, en Newfoundland, Canadá. Estos animales fueron ahogados por una nube de ceniza de un volcán cercano, hace unos 579 millones de años, cuando los primeros animales empezaron a poblar la Tierra. La lava, los fosilizó y enterró para la posteridad. El grupo de investigación ha encontrado unos 100 fósiles de animales pertenecientes al grupo de los Rangeomorfos. Los bebés fósiles, como los han bautizado los investigadores, poseen formas parecidas a los helechos. Sin embargo, las especies vivieron en las profundidades del oceáno, sin posibilidad de recibir luz, lo que hace refutar la posibilidad de que sean plantas. Curiosamente, su cuerpo en forma de hoja, que le permitía alimentarse y respirar hasta entonces, le impidió sobrevivir el periodo siguiente. Por otro lado, esta fauna no tiene parecido alguno con ninguno de los animales vivos actualmente. Un grupo de animales inéditos en esta época. "Hasta ahora nunca habíamos encontrado esta fauna en rocas de esta Era", dice Alexander Liu, doctor de la Universidad de Cambridge. Los animales, además, poseen una forma peculiar. "Los bebés fósiles son de unos 3 centímetros de largo y apenas miden unos 6 milímetros, mucho más pequeñas que especies de áreas cercanas", explica el profesor Martin Brasier de la Universidad de Oxford a la revista 'Science Daily'. Los trabajos, llevados a cabo en colaboración con la Memorial University de Newfoundland, tienen como objetivo primordial el estudio del misterioso Periodo Ediacárico, en el cual aparecieron los primeros organismos multicelulares.

El hallazgo de un huevo fósil en la Sierra del Montsec (Lleida) ha reforzado la tesis de que los dinosaurios y las aves actuales comparten un ancestro común. Los científicos de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) centran este parentesco lejano en el hecho de que el huevo tiene forma ovoidal, similar a los huevos de las gallinas, según publican en la revista 'Palaeontology' El nuevo tipo de huevo ha sido bautizado con el nombre científico 'Sankofa pyrenaica', y forma parte de un rico yacimiento de huevos de dinosaurios que, en su mayoría, proceden de saurópodos del Cretácico Superior, hace entre 70 y 83 millones de años. En aquel momento el paisaje de la zona correspondía a un litoral lleno de playas y deltas que ganaban terreno al mar por la acumulación de sedimentos, un terreno embarrado que permitió la fosilización de lo huevos, en su mayoría con un tamaño de 7 centímetros de alto y 4 de ancho, con una cáscara de 0,27 milímetros. Los huevos ovoidales corresponden estrictamente a dinosaurios del Cretácico, diferentes a los dinosaurios no aviarios, que sí ponían huevos simétricos y alargados. La asimetría de los huevos está asociada a la fisiología de las aves, con un único conducto que no puede formar más de un huevo a la vez y que aloja en su extremo más grueso una bolsa de aire que facilita la respiración del pájaro en las últimas etapas de su desarrollo. El hallazgo representa "el eslabón perdido" entre los huevos de dinosaurio y las aves, según la UCM y la UAB, que recuerdan que solo se ha encontrado un huevo similar en Argentina, correspondiente a un ave primitiva de la misma época.

Un equipo de paleontólogos ha descubierto una nueva especie de tortuga fósil que vivió hace 60 millones de años en el noroeste de América del Sur. La investigación, publicada en la revista Journal of Paleontology, describe a un animal de metro y medio de longitud, con un caparazón redondo como el neumático de un coche que pudo servirle para defenderse de la aterradora Titanoboa, la serpiente más grande del mundo. La nueva especie de tortuga ha sido bautizada como Puentemys mushaisaensis porque se encontró en la fosa La Puente, en la mina de carbón Cerrejón, un lugar famoso por sus numerosos descubrimientos paleontológicos, entre ellos la extinta Titanoboa -tan descomunal que parece un animal mitológico-, y la Carbonemys, una tortuga de agua dulce grande como un coche. Todos los reptiles fósiles de Cerrejón parecen ser muy grandes. Con una longitud total de metro y medio, Puentemys se suma a la creciente evidencia de que, tras la extinción de los dinosaurios, los reptiles tropicales eran mucho más grandes de lo que son ahora. «Los fósiles de Cerrejón ofrecen una excelente oportunidad para entender los orígenes de la biodiversidad tropical en los últimos 60 millones de años de historia de la Tierra», dicen los científicos. La característica más peculiar de esta nueva tortuga es su caparazón muy circular, del tamaño y la forma de un neumático de un coche grande. Edwin Cadena, postdoctorado en la North Carolina State University y autor principal del artículo, cree que la forma redonda de la tortuga podría desalentar a los depredadores, incluyendo a la Titanoboa, ya que su anchura probablemente era superior a la expansión máxima de la boca de la serpiente gigante. Además, podría haber ayudado a regular su temperatura corporal. Su forma de cúpula circular aumentaba la superficie del cuerpo expuesta al sol, permitiendo que la tortuga, de sangre fría, se calentara más rápido y permaneciera más activa.

Una de las razones para pensar que los dinosaurios fueron de sangre fría es que sus huesos poseen líneas de paro de crecimiento propias de este tipo de animales. Este argumento se ha venido abajo con un trabajo del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont. Los investigadores han encontrado estas líneas en mamíferos, de sangre caliente, al estudiar los huesos de 41 especies de rumiantes actuales. Después de 40 años de discusión paleontológica, Nature ha publicado un trabajo que desbanca uno de los argumentos más sólidos para creer que los dinosaurios eran de sangre fría. “Como son antiguos reptiles, siempre se había pensado así”, dice a SINC Meike Köler, investigadora del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP) y primera autora del estudio. El trabajo infiere el metabolismo de los dinosaurios a partir del análisis de 115 fémures derechos de 41 especies de mamíferos rumiantes actuales. Hasta ahora, se pensaba que las llamadas ‘líneas de paro del crecimiento’ (LAGs) en los huesos eran exclusivas de los animales de sangre fría. En cambio, los resultados también muestran estas huellas en los animales analizados. “Nadie había estudiado los huesos de los mamíferos a fondo, no existe ningún estudio consistente y exhaustivo sobre este tema”, destaca a SINC Köler. De este modo, los científicos del ICP han descartado la hipótesis sobre la cual se sustentaba la ectotermia de los dinosaurios. Hace un año, un equipo de científicos del Instituto Tecnológico de California publicó en Science que los saurópodos tenían una temperatura corporal de entre 36 ºC y 38 ºC a partir del estudio del esmalte de los dientes fosilizados. Sin embargo, los científicos no podían concluir si estos dinosaurios de grandes dimensiones compartían mecanismos de regulación interna con los mamíferos, o por el contrario, necesitaban condicionantes externos para regular su temperatura, como los reptiles modernos. En los animales conocidos como ‘de sangre fría’, o ectotérmicos, la temperatura de su organismo depende de la ambiental. Durante las estaciones frías y secas, su ritmo metabólico se ralentiza para aprovechar las fuentes de calor externas. En los períodos favorables, “no tienen un mecanismo interno que les permita acelerar el crecimiento”, explica Köler. Por eso, el tamaño de algunas especies de dinosaurios ha hecho dudar a los científicos de que estos animales, considerados ‘de sangre fría’, pudieran crecer tanto y tan rápido. ‘Líneas de paro del crecimiento’ El tejido óseo de los dinosaurios siempre había sido una contradicción. Sus huesos presentaban LAGs pero aun así existieron especies de grandes dimensiones, como un diplodocus. Otros animales de sangre fría con estas marcas, como los cocodrilos, crecen muy lentamente durante los meses más favorables a su organismo. “Un cocodrilo necesitaría un siglo para medir cuatro metros porque su capacidad de crecimiento es treinta veces menor que la de un animal de sangre caliente”, dice Köler. La investigadora describe las marcas en los huesos de los dinosaurios como líneas de paro del crecimiento muy delgadas y oscuras, que siempre se alternan con otros anillos más anchos y ligeros por la perforación de la vascularización –por donde circulaba su sangre–. Las marcas más holgadas del hueso indican la capacidad de su metabolismo para crecer rápidamente, de donde los científicos deducen que tenían una alta tasa metabólica, propia de los animales de sangre caliente. El comunicado del ICP señala que el hallazgo se hizo por casualidad: “No diseñamos un estudio para encontrar la respuesta a la termofisiología de los dinosaurios, solo pretendíamos conocer mejor la fisiología de los mamíferos actuales y queríamos entender cómo les afecta el ambiente”, confiesa Köhler.

Una hermosa mariposa azul parece revolotear hacia un cálido nido de polvo y gas sobre un intrincado lienzo de fríos filamentos. Esta espectacular imagen tomada por el telescopio espacial Herschel de la ESA nos muestra la región de Vela C. Vela C es la más grande de las cuatro partes en las que se divide el complejo de Vela, una inmensa región de formación de estrellas a tan sólo 2300 años-luz de nuestro Sol. Su proximidad la convierte en un laboratorio natural ideal para estudiar el proceso de formación de las estrellas. Los sensores en la banda del infrarrojo lejano de Herschel son capaces de estudiar aquellas regiones en las que las jóvenes estrellas han empezado a calentar densos cúmulos de gas y polvo, en los que se gestará una nueva generación de estrellas. A primera vista, dos características llaman nuestra atención: una delicada silueta azul y amarilla justo a la derecha del centro de la imagen, recuerda a una mariposa volando hacia una maraña de materia azul, en la esquina inferior derecha. Estas dos regiones destacan sobre su entorno porque en ellas el polvo ha sido calentado por las estrellas más jóvenes, de mayor temperatura. A lo largo del ‘cuerpo’ de la mariposa se despliega un cúmulo de estrellas de gran tamaño. Su radiación calienta el polvo que las rodea, que se muestra de color amarillo en esta imagen. Estas grandes estrellas seguirán la filosofía de ‘vive intensamente y muere joven’, consumiéndose en muy poco tiempo, en términos cósmicos. Aquellas que tienen una masa de más de ocho veces la de nuestro Sol explotarán en menos de 10 millones de años desde su formación, dando lugar a espectaculares supernovas. Una especie de tronco de gas y polvo frío particularmente denso se abre camino a través del centro de la imagen, rodeado por una compleja trama de tenues filamentos rojos. Incrustados en las entrañas de estos filamentos se pueden distinguir un gran número de puntos brillantes, claramente visibles a la izquierda de la imagen. Son protoestrellas, las semillas de nuevas estrellas que pronto también iluminarán la región de Vela.
A pesar de estar más alejado del Sol que Plutón, el planeta Eris podría ser el “hermano gemelo” de Plutón con una atmósfera verdaderamente helada. De acuerdo con nuevas observaciones, Eris no solo se asemeja a Plutón por su tamaño, sino también por ser uno de los elementos más brillantes del Sistema Solar. A simple vista no podemos ver el planeta Eris debido a que se encuentra a una gran distancia. El planeta se encuentra a unos 14.500 millones de kilómetros de distancia del Sol. Plutón se encuentra a 7.300 millones de kilómetros. El brillo del planeta Eris sugiere que alguna vez tuvo una atmósfera, semejante a la de Plutón, que hoy día es una fina capa de hielo en la superficie. Eris tiene lo que denomina una órbita excéntrica. En lugar de un círculo perfecto, su ruta alrededor del Sol tiene una forma parecida a la de un huevo aplastado. En unos 250 años, Eris se encontrará más cerca del Sol que nunca. El calor permitirá que sus gases congelados se sublimen (cuando un sólido pasa directamente a ser gas) pareciéndose todavía más a Plutón. La órbita de Plutón es también un poco excéntrica, aunque no tanto como la de Eris, según el líder del estudio Bruno Sicardy el Observatorio de París en Francia. "Plutón se encuentra ahora alejado del Sol. Se espera que en 20 años o así, la atmósfera de Plutón sea lo suficientemente fría, entonces será igual que Eris”. Los astrónomos reunieron los nuevos datos obtenidos observando, desde los telescopios de Chile, una cara de Eris que hasta ahora había permanecido oculta. Los científicos pudieron calcular el radio del planeta, así como medir mejor su reflectividad. Los datos muestran que Eris tiene un radio de unos 1.163 kilómetros, muy cerca del radio mínimo estimado. Imágenes anteriores de Eris mostraban que su composición de la superficie incluía metano y probablemente nitrógeno.