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republicofweimar

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Primer post: 3 ene 2013Último post: 24 ene 2013
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Algunas curiosidades de la II guerra mundial
InfoporAnónimo1/3/2013

Derribado sobre los cielos de Francia El B-26 «Flossie Furia» pierde un motor, atrapado en el fuego antiaéreo sobre Toulon, Francia, 1943. Sobrevivieron sólo dos miembros de la tripulación: el sargento George Moscovis (artillero de torreta superior / ingeniero de vuelo), y el sargento Robert McCluskey (operador de radio / artillero trasero). De la historia del sargento Moscovis: Nuestro avión fue alcanzado a hacia las 14,55 horas. La explosión de los cañones antiaéreos me golpeó y me lanzó fuera de la torreta, y se incendió el motor derecho mientras trataba de ayudar a McCluskey. Salté del avión y mi paracaídas sufrió graves daños... Había muchos agujeros en la cúpula. Antes de saltar, me di cuenta de que McCluskey aún llevaba el chaleco y estaba sujeto al cinturón de seguridad, Abrí el paracaídas y perdí un momento el conocimiento debido a las explosiones que había a mi alrededor. Cuando llegué al suelo un tipo me dijo que vio como un paracaídas se abría, y luego otro, pero no del todo debido a la poca altitud. Tres horas más tarde, yo me encontraba con la resistencia francesa. Poco después supe que McCluskey estaba vivo y se encontraba. con otro grupo de la resistencia. ¿Sabias que...? Los últimos soldados de la Whermacht que se rindieron en la Segunda Guerra Mundial pertenecían a un pequeño grupo destacado en la isla de Minquiers, una de las llamadas Islas del Canal, en el Canal de La Mancha y pertenecientes a Gran Bretaña. Un pequeño pesquero francés, capitaneado por Lucian Marie, se aproximó a la isla y lanzó el ancla cerca de ella. Un soldado alemán, con su armamento al completo, se aproximó a la orilla y pidió ayuda a Lucian diciendo: "Hemos sido olvidados por los británicos. Quizá nadie les dijo en Jersey que estábamos aquí. Queremos que nos lleve a Inglaterra para rendirnos." Sucedió el 23 de mayo de 1945, tres semanas después de la rendición oficial de Alemania. Medalla al único perro prisionero durante la Segunda Guerra Judy, que es como se llamaba ese perro, era una especie de mascota para los marineros de un buque de guerra inglés que fue torpedeado por los japoneses en 1942. Todos los tripulantes, incluida Judy que era una hembra de la raza pointer, fueron colocados en un campo para prisioneros de guerra en la isla de Sumatra. Uno de los marineros británicos, Frank Williams, se encargó de cuidar a Judy en el campo y más tarde, convenció a los oficiales nipones de que le otorgasen al perro el rango oficial de prisionero de guerra. Judy logró sobrevivir tras varias heridas de bala y mordiscos de cocodrilo, y en más de una ocasión había ayudado a los reclusos ingleses desviando la atención de los guardias. Una vez terminada la guerra, Frank Williams se llevó al animal a su ciudad natal, Liverpool. En 1946 Judy fue condecorada por su valentía con la Medalla PDSA Dickin, el equivalente de la Cruz de la Victoria para los animales. En 1950, ese perro leyenda murió y más tarde, cuando falleció también su amo, los parientes de Williams traspasaron la medalla y el collar de Judy a la colección del Imperial War Museum, cumpliendo la voluntad del difunto. A pesar de que nunca he tenido la oportunidad de verla a Judy en vida, siempre ha sido un miembro más de nuestra familia - cuenta Dorris Williams, la viuda de Frank -. No hay duda de que Judy la ha salvado la vida a mi esposo y a sus compañeros'. Sudamérica nazi Según pone el mapa sería "Rutas aéreas en los Estados Unidos de América del Sur - Ejes", pero para invadir EEUU? o con unos Estados Unidos ya vencidos?. Lo que me ha impresionado es como se reparte el subcontinente, desaparecen muchos países a favor de unos pocos (viendo bien, los argentinos no salen mal parados en cuestión de territorio)

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Un mapa interactivo localiza las bombas caidas en Londres..
InfoporAnónimo1/14/2013

Un mapa interactivo localiza las bombas caidas en Londres durante la Segunda Guerra Mundial En un impresionante mapa lleno de cientos de puntos rojos que ubican cada explosión, se puede consultar las zonas que recibieron impactos por el "Blitz" contra Londres entre octubre de 1940 y junio de 1941 y que arrojó la cifra de 20.000 civiles muertos. La web bombsight.org, muestra como todos los barrios de Londres fueron víctimas de estos ataques y ofrece diferentes opciones, como consultar las bombas lanzadas durante la primera semana de la ofensiva, las imágenes geolocalizadas por el Museo Imperial de la Guerra, los refugios antiaéreos y testimonios recogidos por la BBC. Todo está coordinado por la geógrafa Kate Jones de la Universidad de Portsmouth. Cuando miras estos mapas y ves cómo las bombas proliferaron alrededor de toda la ciudad, entiendes el porqué de la palabra 'blitz' (como se conoce a los bombardeos nazis), que viene del alemán y significa guerra luminosa. Es asombroso que Londres sobreviviera, declaró Jones. El mapa demuestra que las miles de bombas lanzadas por la Luftwaffe impactaron incluso en el Palacio de Buckingham, residencia de la familia real, el Parlamento de Westminster o la plaza Trafalgar. Una aplicación para teléfonos con sistema Android permitirá a los usuarios consultar, a través del GPS y la cámara de su dispositivo, las bombas que cayeron en la calle donde se encuentren. El Blitz fue una serie de bombardeos en Gran Bretaña por parte de la Alemania nazi entre el 7 de septiembre de 1940 y el 10 de mayo de 1941, en la Segunda Guerra Mundial. Si bien los bombardeos afectaron a muchos pueblos y ciudades de todo el país, se inició con el bombardeo de Londres durante 57 noches consecutivas. A finales de mayo de 1941, más de 43.000 civiles, la mitad de ellos en Londres, fallecieron por los bombardeos y más de un millón de casas fueron destruidas o dañadas únicamente en Londres.

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Anecdotas de la Segunda Guerra Mundial Parte I
Anecdotas de la Segunda Guerra Mundial Parte I
InfoporAnónimo1/12/2013

Un soldado ruso cansado del hambre en las trincheras, decide desertar e ir al bando aleman a entregarse, sale de su trinchera reptando y esvibando los numerosos obsaculos en tierra de nadie,penetra en un bunquer y dice que se rinde, que ha desertado. observa que los uniformes son sovieticos y piensa que estan preparando una infiltracion, lo que no se dio cuenta es que mientras reptaba y esquivaba obstaculos, describio un semicirculo volviendo a las lineas sovieticas. El desertor es sacado del bunquer y fusilado Nochebuena de 1942, Batalla de Stalingrado: Debido al intenso asedio de las tropas alemanas, a los soldados soviéticos que defendían la ciudad se les agotaron las municiones y empezó a escasearles la comida. Este también fue uno de los más crudos inviernos que se recuerde y para colmo, ya casi no tenían leña para quemar. La moral de los soviéticos estaba por los suelos y las deserciones de sus soldados empezaban a ser preocupantes. Buscando una manera de inyectar ánimo a sus soldados, el alto mando soviético ordenó que se reclutara a los músicos más importantes de la URSS. La idea era regalarles un gran concierto navideño al aire libre, justamente en el centro de la ciudad, donde pusieron a punto unos enormes altavoces para que la música sonara en todos los rincones de la devastada Stalingrado. Así pues, llegaron actores, músicos y bailarinas, y entre estos artistas se encontraba el joven violinista Boris Goldstein, quien se alejó del grupo y se dirigió a las trincheras para curiosear en que condiciones vivían los soldados. El violinista ruso estaba impactado, nunca había visto un campo de batalla con tanta muerte y desolación como el de Stalingrado. Casi todo estaba destruido por las bombas y la artillería, y junto a los cadáveres de los soldados que yacían en el suelo, le horrorizó ver muchos esqueletos de caballos que habían sido literalmente "devorados" por las tropas hambrientas. Todo este horrendo paisaje conmovió de tal manera a Goldstein, que se inspiró como nunca y tocó magistralmente su violín para los soldados soviéticos. Empezó interpretando canciones típicas del folklore popular ruso, ya que el alto mando tenía prohibido tocar melodías extranjeras, peor aún alemanas; pero, en un momento de su interpretación, Goldstein hizo caso omiso de las órdenes y empezó a tocar piezas navideñas del compositor alemán Johann Sebastián Bach. Las melodías que interpretaba Goldstein con su violín también podían ser escuchadas en las trincheras alemanas por el efecto de los grandes altavoces que pusieron, y de repente, como si de un milagro se tratara, cesaron los tiroteos y la artillería. En medio de aquel sepulcral silencio, sólo se escuchaban las notas desgarradoras del violín.Cuando el violinista terminó, un gran silencio se apoderó de las tropas soviéticas, y desde otro altavoz situado en las trincheras alemanas, se escuchó una voz vacilante que en un incipiente ruso pidió: "Por favor, toquen algo más de Bach. Nosotros haremos un alto al fuego." El alto mando soviético aceptó la petición y Goldstein volvió tomar su violín e interpretó un Gavotte de Bach. En ese momento, incluso los técnicos alemanes acoplaron sus micrófonos para que la música pudiera oírse con mayor nitidez en su lado. Muchos soldados alemanes terminaron cantando el “O Tannenbaum”, típico villancico germano, y algunos rusos ortodoxos clandestinamente, también cantaron algunas canciones típicas. Se produjo una tregua de hora y media. Por una hora y media en el infierno de la peor batalla de la historia, se abrió una pequeña ventana del paraíso. Quien diría que una de las páginas más dolorosas de la historia nos dejó un hermoso mensaje: que aún en la peor de las circunstancias, siempre encontraremos un momento para sonreír. En el frente de Africa debido a la escasez de personal ingles a un pobre soldado ingles le toco custodiar a 2000 prisioneros italianos con un Enfield, cual no seria su sorpresa y miedo al descubrir que se lo habian dado vacio. De repente un oficial italiano desenfunda una Beretta y se acerca al soldado que automaticamente alza las manos, el italiano sin inmutarse se la tiende al soldado ingles diciendole. "Tome he observado que no tenia balas y creo que en esas circunstancias no esta usted preparado para custodiarnos" y se reintegro al grupo dejando al soldado con una Beretta nueva . Cierto general alemán dijo :" prefiero a los italianos como enemigos que como aliados" uno de los presentes le preguntó asombrado el porqué de esa afirmación a lo que este le respondió " si los tuviesemos de enemigos tendríamos que utilizar cinco divisiones para derrotarlos pero como aliados necesitamos veinticinco divisiones para defenderlos" Después del ataque Japonés a Pearl Harbor. El alto mando alemán estaba reunido( Hitler incluido) cuando les llegó la noticia , todos se alegran se felicitan y rien, hasta que uno pregunta ¿ Dónde está Pearl habor?, Diablos nadie en la sala lo sabía. Resulta que durante la ofensiva aliada a Francia, las tropas alemanas empiezan una retirada pero como todos sabemos Hitler siempre se opuso a estas, entonces Kluge que estaba al mando en el oeste le pide a la division blindada Lehr que resista en su posición despues de recibir fuertisismos bombardeos a lo que responde el general de dicha división, un tal Bayerlin:"En el frente todos resisten.Todos.Mis granaderos y mis ingenieros, y las dotaciones de mis tanques... no ceden terreno.Ni uno de ellos abandonará su puesto.Yacen en silencio en sus hoyos de protección por que estan muertos" Los últimos soldados de la Whermacht que se rindieron pertenecían a un pequeño grupo destacado en la diminuta isla de Minquiers, una de las llamadas Islas del Canal, en el Canal de La Mancha. Un pequeño pesquero francés, capitaneado por Lucian Marie, se aproximó a la isla y lanzó el ancla cerca de ella. Un soldado alemán, con su armamento al completo, se aproximó a la orilla y pidió ayuda a Lucian diciendo "Hemos sido olvidados por los británicos. Quizá nadie les dijo en Jersey que estábamos aquí. Queremos que nos lleve a Inglaterra para rendirnos." Esto ocurrió el 23 de mayo de 1945, tres semanas después de la rendición. Frente del Pacífico; Johnny Spillane comparte con sus camaradas una situación desesperada: atrincherados en "The Old Lady", su barca de desembarco, están varados en la playa donde están siendo tiroteados por los defensores japoneses, a pocos metros solamente. En la playa los tanques se detienen, destruidos por los proyectiles japoneses. Es un verdadero infierno. De repente, en el aire aparece una granada de mano. Todos se lanzan al suelo, tratando de protegerse con algo, sabiendo que dentro de unos segundos pueden estar muertos. Todos menos el cabo Spillane. Ha saltado y, atrapando la granada en el aire, la cambia rápidamente de mano y la devuelve. Otra granada: Spillane repite la operación y la lanza al mar. Sus compañeros lo miran con una mezcla de admiración, incredulidad y horror. Llegan dos granadas más y Spillane las sigue tomando en el aire y reenviándolas de la misma manera. Sus compañeros ahora aplauden, y gritan hurras por su héroe.Pero la sexta granada llega y le explota en la mano al candidato a las Grandes Ligas. El cabo ya no puede soñar con volver a casa y tener una carrera o una vida normal. Pero ha salvado a sus compañeros: su sacrificio no ha sido en vano. "Al vencedor jamás se le cuestionará su verdad" QUERES VER LA PARTE 2?

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La silla electrica para Hitler
InfoporAnónimo1/24/2013

Un documento, recientemente desclasificado, revela que el primer ministro británico Winston Churchil quería ejecutar a Hitler en la silla eléctrica si este era detenido con vida a pesar del acuerdo entre los aliados de juzgarlo delante de un tribunal internacional, por crímenes de guerra. En una de las sesiones del Gabinete, en diciembre de 1942, Churchill dice sobre Hitler: Hitler es el principal resorte del diablo. Si cae en nuestras manos, desde luego lo ejecutaremos. Aunque, por aquel entonces, la pena de muerte en el Reino Unido era aplicada mediante la horca, Churchill evaluó la posibilidad de utilizar la silla eléctrica en virtud de la ley estadounidense y que EEUU le facilitara una por la Ley de Préstamo y Arriendo de 1941, para proveer suministros de guerra a las naciones aliadas. El asunto volvió a tratarse en una reunión del Gabinete británico de abril de 1945, en la que el primer ministro afirmó que cualquier juicio al que se sometiera a Hitler sería "una farsa" y se mostró partidario de ejecutar de forma sumaria a otros jerarcas nazis, como el dirigente de las SS, Heinrich Himmler. Tan pronto como se admita un juicio justo, se sucederán todo tipo de complicaciones. Los apuntes tomados por Norman Brook, viceministro del Gabinete de Guerra, durante las reuniones del gabinete entre 1942 y 1945 también revelan que el Churchill, en 1943, estaba dispuesto a detener a Charles de Gaulle. "Al vencedor jamás se le cuestionará su verdad"

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El último superviviente de la Lista de Schindler
El último superviviente de la Lista de Schindler
InfoporAnónimo1/16/2013

Leon Leyson (Leib Lejson) tenía 13 años cuando Oskar Schindler lo puso en su milagrosa lista junto a otros 1.100 judíos que se salvaron de la muerte en los "campos de concentración" nazis. Salió de Cracovia para llegar después a Los Ángeles, donde ha muerto a los 83 años tras cuatro años de lucha contra el cáncer. Nacido en la localidad polaca de Narewka el 15 de septiembre de 1929, era hijo de un trabajador en una fábrica de cristal. Tenía solo 10 años cuando las tropas de Adolf Hitler entraron en su país. Tras el estreno de 'La lista de Schindler' fueron muchos los medios de prensa interesados en la historia de Leyson, que lejos de rehuirlos, volvió a recordar lo que fue todo aquello. De sus relatos surgieron anécdotas como el hecho de que Schindler, el empresario alemán que decidió salvar a todas aquellas personas declarándolos trabajadores útiles para la guerra, le llamaba el 'pequeño Lejson' y que eran tan joven entonces que necesitaba subirse a un taburete para poder manejar la maquinaria de la fábrica. Pasó mucha hambre, como casi todos sus compañeros de trabajo, aunque Schindler le ayudó doblando su ración y después incluyendo a su madre y a sus hermanos —los que lograron sobrevivir—, en la lista de la salvación. Perdió a dos, Hershel, que logró huir en dirección a su pueblo natal y que cayó en una masacre junto a otros 500 habitantes del lugar; y Tsalig, que fue sacado del ghetto en el que vivió parte de esos cinco años de guerra y llevado a un campo de concentración después.

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Los 10 Inventos nazis mas importantes
Los 10 Inventos nazis mas importantes
Ciencia EducacionporAnónimo1/6/2013

Los 10 Inventos nazis mas importantes que beneficiaron al mundo Leyes contra la vivisección La vivisección consiste en realizar operaciones quirúrgicas en animales vivos con el propósito de llevar a cabo una investigación. El gobierno de Adolf Hitler fue el primero en la historia de la humanidad en prohibir esta práctica. Los temas de la naturaleza tenían gran importancia dentro del partido nacional socialista. Muchos de sus principales dirigentes eran vegetarianos. Las leyes actuales de bienestar animal en Alemania y otros países son variaciones de las leyes introducidas por los nazis. Las leyes anti vivisección anunciaron las condiciones bajo las cuales las pruebas animales podrían ser llevadas a cabo y brindaron protección a primates, caballos, perros y gatos. Protección animal. En 1933, Hitler anunció que el nuevo Reich no permitiría la crueldad animal. Ese fue el incio del proteccionismo animal en Alemania. Más tarde, el gobierno nazi prohibió la cacería, creó una legislación ambiental y leyes para transportar animales en automóviles y trenes. Dentro de las leyes pro animales, el gobierno de Hitler prescribió la manera menos dolorosa de herrar un caballo y el modo de cocinar una langosta para evitar que se cocieran vivas Movimiento anti-tabaco. El cigarro era considerado un veneno en la Alemania nazi. Por tal motivo, Hitler y su administración realizaron el primer estudio sobre el tabaquismo. Con él descubrieron la relación entre el cigarrillo y las enfermedades pulmonares. Los menores de 18 años tenían prohibido fumar. Los militares tampoco podían hacerlo. Incluso, el tabaco estaba vetado en el transporte urbano, lugares de trabajo, edificios públicos, hospitales, restaurantes y viviendas. El gobierno lanzó una fuerte campaña de publicidad contra del cigarro, que era visto como un elemento más de la limpieza racial. Programas sociales. En 1937, Alemania alcanzó una gran estabilidad social, tras la primera guerra mundial. Hitler y su gobierno ampliaron los programas de salud, se mejoraron los niveles de vida en la tercera edad y la seguridad social se vio poderosamente reforzada. Los programas sociales se dedicaron a crear mayores fuentes de empleo, con lo cual se buscaba asegurar un estándar de vida alto. Volkswagen. Es el popular "vocho". Durante la Alemania nazi se creó el Kdf-wagen, el coche de la gente, con su aspecto redondo, su motor en la parte trasera y grandes llantas. En principio, el vehículo fue diseñado para transportar dos adultos y tres niños, así como circular a 97 kilómetros por hora con un consumo de 11 kilometros por litro de gasolina. Su primera fábrica se construyó en la ciudad de Wolfsburgo. Se buscaba crear un auto de bajo precio, que cualquier alemán pudiera comprar. Autobahn. Para que las personas pudieran trasladarse de región a región en sus vehículos se necesitaban carreteras. Por tal motivo, Hitler decidió crear la primera autopista sin sistema de peaje en el mundo. Tres meses después de asumir el poder Adolf Hitler, se iniciaron las obras de construcción de la autopista Frankfort-Heidelberg. El líder alemán emprendió la construcción de las autopistas con el mismo celo que puso en las obras arquitectónicas y proporcionó empleo a más de 100 mil alemanes. Cohetes. El creador de los cohetes, Werner Von Braun, era miembro del partido nazi. Durante la década de los 30 construyó cohetes para el ejército alemán. Cuando Hitler llegó al poder, desarrolló los misiles V-2. Al finalizar la guerra, Von Braun comenzó a colaborar con Estados Unidos en la NASA, donde desarrolló cohetes espaciales y diseñó el Saturno V, que llevó a los estadounidenses a la Luna en la década en 1969. Innovaciones del cine. Joseph Goebbels es considerado la mente maestra detrás de la campaña propagandística de Hitler. Durante la segunda guerra mundial se produjeron grandes películas para mantener distraída a la sociedad, menciona worldlingo. Los alemanes desarrollaron técnicas para el cine y la grabación, introdujeron el color AGFA en filmes y el uso de grúas y un carril de pista para la filmación, técnicas que hasta la fecha son utilizadas. La moda. La vestimenta de los nazis era elegante y soberbia. Las botas, los pantalones y las casacas impusieron moda durante la guerra. Grandes hombres de la moda fueron nazis. El más claro ejemplo es Hugo Boss, quien fue simpatizante del movimiento nacionalsocialista y proveedor de uniformes de las SA, SS, Juventudes Hitlerianas y otras organizaciones del Partido, menciona listverse. Adolf Dassler, fundador de Adidas, al igual que su hermano Robert, creador de Puma, fueron nazis. Avances médicos. Los científicos nazis experimentaron con torturas a seres humanos en los campos de concentración. Los doctores realizaron experimentos con gemelos; congelaban personas, realizaban estudios sobre veneno y bombas incendiarias. Al terminar la guerra, estos crímenes fueron juzgados y motivaron la creación del Código de Nuremberg sobre ética médica. Sin embargo, las investigaciones de "los médicos del infierno", como fueron denominados tras la guerra, buscaban formas de potabilizar el agua del mar, crear compuestos de inmunización y desarrollar antídotos, menciona el sitio del Museo del Holocausto de Estados Unidos.

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Algunas curiosidades sobre el cuerpo humano
Ciencia EducacionporAnónimo1/8/2013

Algunas curiosidades sobre el cuerpo humano que quiza no sabias Seguro que en más de una ocasión habrás dicho eso de que conoces tu cuerpo como la palma de tu mano. Pero no siempre uno sabe todo lo que esconde su organismo. En el post de hoy os traigo algunas curiosidades sobre el cuerpo humano que quizás no sabías. La huella lingual Si deseas ocultar tu identidad no enseñes demasiado la lengua. Del mismo modo que ocurre con las huellas digitales, cada persona tiene también una impresión (huella) única en la lengua. Algunas empresas de seguridad están trabajando en crear lectores que sean capaces de identificar cada huella lingual, tal y como pasa con las de nuestros dedos. La piel que mudamos No solo las mascotas mudan su pelo. Los seres humanos arrojamos unas 600.000 partículas de piel cada hora que pasa. Eso equivale a alrededor de unos 700 gramos al año, por lo que la persona promedio ha perdido alrededor de 49 kilos de piel al llegar a los 70 años. El cómputo total de huesos De mayores tenemos menos huesos que cuando somos bebés. Comenzamos la vida con un total de 350 huesos, pero, a raíz que vamos creciendo, éstos se van fusionando y/o soldando entre si y acabamos con tan sólo 206 al alcanzar la edad adulta. Continuo cambio de revestimiento estomacal Cada tres o cuatros días en nuestro estómago se forma un nuevo revestimiento. Su función es para evitar que los fuertes ácidos que hay en el interior para digerir los alimentos no digieran también las paredes de nuestro estómago. Memoria olfativa Evidentemente, nuestra nariz no es tan sensible ni está tan desarrollada como la de un perro o la mayoría de los animales, pero puede llegar a recordar la friolera de 50.000 olores diferentes. La longitud de los intestinos El intestino delgado es, por norma general, cuatro veces más largo que la altura de un adulto (teniendo en cuenta una altura promedia de 1,70 m). Si el intestino no estuviera doblado hacia atrás y adelante sobre sí mismo, su longitud, que alcanza en muchos casos los 7 metros de largo aproximadamente, no cabría dentro de la cavidad abdominal. Invasión de bacterias Esto posiblemente te haga estremecer: En cada centímetro cuadrado de piel del cuerpo humano hay unos 32 millones de bacterias. Pero para tu tranquilidad has de saber que, afortunadamente, la mayoría de esas bacterias son inofensivas. La fuente del olor corporal La fuente del mal olor de pies así como de las axilas malolientes es el sudor. Esto es conocido por todos, pero ¿sabes cuanta cantidad de sudor pueden llegar a desprender tus pies? Un par de pies tiene medio millón de glándulas sudoríparas, pudiendo llegar a producir más de medio litro de sudor al día. Evidentemente hay que tener en cuenta factores climatológicos en los que dependiendo de la época del año en la que nos encontremos esa cantidad variará considerablemente. El estornudo veloz El aire de un estornudo humano puede viajar a una velocidad de 160 kilómetros por hora (e incluso más). Esta es una buena razón para cubrirse la nariz y la boca al estornudar o esquivar la cabeza, cuando oyes uno viniendo hacia ti. La distancia que recorre la sangre La sangre tiene un largo camino por recorrer: “estirados”, de extremo a extremo, hay cerca de cien mil kilómetros de vasos sanguíneos en el cuerpo humano. El duro trabajado del corazón es bombear unos 7.500 litros de sangre a través de los vasos todos los días. Salivando A lo largo de nuestra vida, cada persona produce un promedio de entre 25.000 y 35.000 litros de saliva, la cantidad suficiente como para llenar dos piscinas. Los decibelios de un ronquido Para muchas personas que lo tiene que soportar cada noche, el sonido de un ronquido les puede parecer ensordecedor. El promedio de un ronquido está en 60 decibelios (los mismos que una conversación en voz alta), pero puede llegar a alcanzar los 80dB. convirtiéndose en insoportable, si tenemos en cuenta que esos son los decibelios que produce un taladro eléctrico. El color del cabello y densidad Dependiendo el color (natural) de pelo que tengas en la cabeza tendrás una mayor o menor densidad. La cabeza humana media tiene 100.000 folículos pilosos, cada uno de los cuales es capaz de producir 20 pelos individuales durante la vida de una persona. Las personas rubias tienen un promedio de 146.000 folículos. Las de cabello negro tienden a tener unos 110.000 folículos, mientras que aquellos con el pelo castaño están justo en el promedio con 100.000 folículos. Los pelirrojos tienen el pelo menos denso, con un promedio alrededor de 86.000 folículos. El tamaño de la cabeza Cuando somos bebés el tamaño de nuestra cabeza supone un cuarto de la longitud total de nuestro cuerpo, motivo por el que pesa y es difícil poder mantenerla erguida. Al hacernos adultos nuestra cabeza es una octava parte de nuestra longitud. La necesidad de dormir Nuestro organismo está preparado para estar varias semanas sin comer, pero no lo está para no dormir. El tope de tiempo que puede estar (por promedio) una persona sin dormir es de once días. Transcurrido este tiempo difícilmente se puede sobrevivir.

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¿Existen razas más inteligentes que otras?
¿Existen razas más inteligentes que otras?
Ciencia EducacionporAnónimo1/8/2013

¿Existen razas más inteligentes que otras? Durante los últimos 40 años se ha defendido que la inteligencia proviene en un 50% de la genética y en un 50% del entorno. Según esta teoría, ese 50% genético nos condiciona y hace que algunas etnias presenten mejores resultados en los test de inteligencia. Sin embargo, en los últimos años ha habido nuevas teorías, según las cuales la inteligencia depende en un 100% del entorno. Richard Nisbett, que defiende esta última especulación, publicó en 2009 Intelligence, and how to get it, donde atacaba a las principales fuentes de la teoría genética. En mitad de este debate aparece el estudio que tratamos a día de hoy, realizado por Rushton and Jensen, y que pretende decidir si se puede desechar el modelo genético por completo, o es más bien la tendencia a homogeneizar de nuestra sociedad actual la que ha generado las ideas ambientales. Los datos de los que se parten son los coeficientes intelectuales de distintas razas, extraídos de diversos estudios: judíos (113), asiáticos del este (106), caucásicos (100), hispanos (90), asiáticos del sur (87) y subsaharianos (70). El planteamiento del estudio es analizar una serie de variables, que son las siguientes: validez de los datos empleados, maleabilidad de los test de inteligencia, test de inteligencia cargados de referencias culturales vs test sin estos factores (llamados g-loaded test en la jerga), problemas de estereotipos y castas, medidas de tiempo-reacción, heredabilidad dentro de la raza y entre distintas razas, los coeficientes de los subsaharianos, diferencias raciales en el tamaño del cerebro, diferencias sexuales en el tamaño del cerebro, estudios con adopciones de niños de otras razas, estudios de porcentajes de mestizaje dentro de las razas, el factor de la regresión de la media y los orígenes de la humanidad y rasgos históricos . Al hablar de la maleabilidad de los test, una de las razones para defender la teoría del entorno es que entre los años 50 y la actualidad, las diferencias en los test entre blancos y negros se han reducido de una forma significativa, presumiblemente por el avance de la sociedad para hacerse más integradora –en este caso hablamos de EEUU, no del mundo-. Sin embargo, parece ser que para llegar a estos datos se han omitido multitud de test que demostraban lo contrario –que la diferencia sigue existiendo y no se ha reducido tanto-. Otro punto también importante es el de los estereotipos y las castas. Según la teoría del entorno, en EEUU los negros tienden a estar en los estratos más bajos de la sociedad y eso disminuye sus resultados en los test de inteligencia. Para analizar si esto es cierto, se intentaron correlacionar estadísticamente variables como el entorno familiar con la delincuencia o el rendimiento académico. Después se compararon las correlaciones entre blancos y negros, para ver si resultaron diferentes. Según el estudio no lo fueron, por lo que no queda probada la teoría de las castas. También muy curiosos resultan los estudios realizados con niños adoptados de distintas razas en familias acomodadas de raza blanca. Imagen perteneciente al estudio que ilustra geográficamente los cambios en el coeficiente intelectual

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Que hubiera pasado si Hitler ganaba?
Apuntes Y MonografiasporAnónimo1/15/2013

transcripcion del libro de Leon Degrelle ¿Y SÍ HITLER HUBIERA GANADO? —Esta es la gran incógnita: Ello fue posible durante bastante tiempo. En noviembre de 1941, Hitler estuvo bien cerca de conquistar Moscú (alcanzó Los suburbios) y de bordear por entero el rió Volga, desde su nacimiento (a donde llegó), hasta su desembocadura (que estuvo a punto de conseguir). Moscú no esperaba más que la aparición de los carros de combate del Reich en la plaza del Kremlin para rebelarse Stalin hubiese saltado. Hubiera sido su fin. Lanzadas desde el aire algunas columnas alemanas de ocupación, emulando a las del almirante Koltchak en 1919, hubiesen atravesado como una flecha toda Siberia. Frente al Océano Pacífico, la cruz gamada hubiese ondeado en Vladivostok. a diez mil kilómetros del Rhin. ¿Cuáles hubiesen sido las reacciones en el mundo? La Inglaterra de finales de 1941 podía lanzar la toalla de un momento a otro. Hubiese bastado que, en una tarde de whisky demasiado abundante, Churchill hubiera caído tocado por un ataque de apoplejía. Que este inveterado bebedor se conservara tanto tiempo en alcohol no deja de ser un verdadero caso clínico. Su médico personal publicó, tras su muerte, numerosos y divertidos detalles acerca de la resistencia báquica de su ilustre cliente. Pero, incluso vivo, Churchill dependía del estado de ánimo de su público. El público inglés intentaba aún, en 1941, mantener el tipo. Pero estaba ya cansado. La conquista de Rusia por Hitler, liberando así a toda la Luftwaffe, hubiese terminado aplastándole. En el fondo, esta guerra ¿a qué conducía? Y. en realidad ¿a qué ha conducido? Inglaterra la terminó arruinada, privada de la totalidad de su imperio y desplazada, en el ámbito mundial, al rango de nación de segundo orden, tras sus cinco años de strip-tease político. Un Chamberlain, en la piel de Churchill, hubiese enarbolado, desde hacia tiempo, una bandera blanca en la punta de su paraguas histórico. En cualquier caso, solo frente a una Alemania victoriosa—dominando un imperio sin igual en el mundo, extendiéndose a lo largo de diez mil kilómetros, desde las islas anglo-normandas del Mar del Norte hasta las islas Sakhaline, en el Pacífico— Inglaterra no hubiese sido más que una barquichuela azotada por un ciclón. No hubiera resistido mucho tiempo sobre las olas. Churchill se hubiera cansado— y los ingleses antes que él— de echar cubos de agua fuera de un cascarón cada vez más invadido. ¿Refugiarse lejos? ¿En el Canadá? Churchill, con la botella a cuestas, quizá hubiera llegado a ser allá un magnifico trampero o un experto tabernero. ¿En África? ¿En la India? El Imperio británico estaba ya perdido. No podía ser el último trampolín de una resistencia que no tenia ya ningún sentido. No se hubiese siquiera oído hablar más nunca de De Gaulle, convertido en aplicado profesor en Quebec, repasando su autor preferido Saint-Simon, manteniendo entre sus manos la madeja de lana de la laboriosa «Tia Ivonne». La victoria inglesa fue en verdad el botellazo de un viejo cabezón funcionando basándose en alcohol, desesperadamente agarrado a un clavo ardiendo y para quien los dioses de la santa orden del sacacorchos fueron excesivamente indulgentes. Pero una vez la URSS en manos de Hitler, en el otoño de 1941, la resistencia inglesa se hubiese derrumbado, sin Churchill o con Churchill. Por lo que respecta a los americanos, ellos no habían entrado aún en guerra por aquellas fechas. El Japón les acechaba y se preparaba para el asalto. Hitler, una vez dominada Europa, no se hubiera tenido que mezclar en los asuntos del Japón más de lo que este país se mezcló en la ofensiva alemana de 1941 sobre la URSS. Los Estados Unidos, ocupados en Asia durante mucho tiempo, no hubiesen cargado con otra guerra en Europa, en aquellas circunstancias. El conflicto militar Estados Unidos-Hitler no hubiese tenido lugar, a despecho de los rencores belicistas del viejo Roosevelt, ya verde y cadavérico, enfundado en su capa de cochero de simón, y a pesar de las sugerencias dictatoriales de su esposa Eleonor, enseñando los dientes en su ardor guerrero, dientes salientes semejando la pala de un caterpillar. Admitamos pues que, al terminar el otoño de 1941 (se quedó a un cuarto de hora), Hitler se hubiese instalado en el Kremlin, de la misma manera que se había instalado en Viena en 1937, en Praga en abril de 1939 y en el vagón del armisticio en Compiegne, en julio de 1940. ¿Qué hubiera pasado en Europa? Hitler hubiera unificado Europa por la fuerza, sin duda alguna. Todo lo que se hizo de importancia histórica en el mundo se hizo, siempre, por la fuerza. Es lamentable; se dirá. Seria en verdad más decente que el pueblo llano, las damas de la catequesis parroquial y las impávidas vestales del ejército de la Salud, nos reunieran democráticamente en tranquilas y apacibles comunidades territoriales, ambientadas con olor a chocolate, mimosa y agua bendita. Pero la realidad es que nunca ocurre así. Los Capeto no forjaron el reino de Francia a golpe de elecciones con sufragio universal. Aparte de alguna que otra provincia colocada en el tálamo real al mismo tiempo que la camisa de noche, por una joven esposa bien dotada, el resto del territorio francés se constituyó a golpes de arcabuces y ballestas. En el Norte, conquistado por Los ejércitos reales, sus habitantes se vieron expulsados de sus ciudades— Arras, sobre todo— como ratas huidizas. En el Sur, en la región albigense que resistió a Luis VIII, los cátaros, combatidos, derrotados y abatidos por los cruzados de la Corona, terminaron abrasados en sus castillos, especies de hornos crematorios de antes del hitierismo. Los protestantes de Coligny acabaron en las picas de la noche de San Bartolomé o balanceándose en Las horcas de Montfaucon. La revolución de los Marat y Fouquier-Tinville prefirió, para afirmar su autoridad, el reluciente acero de la gulliotina a las tertulias amigables con los electores, en la taberna de la esquina. Napoleón ensartó con su bayoneta a cada una de las fronteras de su Imperio. La España cristiana no invitó a los moros a españolizarse al ritmo de sus castañuelas. Los combatió tenazmente durante los ocho siglos que duró la Reconquista, hasta que el último de los abencerrajes, pegando los talones al trasero, alcanzó las palmeras y cocoteros de las costas africanas. Tampoco pensaron los mores unificar amablemente el Sur español sino clavando a los resistentes en las puertas de las ciudades, como Córdoba, entre un perro y un cerdo crucificados a ambos lados.En el siglo pasado, Bismarck forjó con cañones la unidad alemana, en Sadowa y en Sedan. Garibaldi no unió las tierras italianas con el rosario en la mano, sino tomando al asalto la Roma pontifical. Los Estados Unidos de América no llegaron a ser Unidos hasta la exterminación de sus antiguos propietarios y moradores, Los pieles rojas, y sólo después de cuatro años de matanzas bien poco democráticas, a todo lo largo de la Guerra de Secesión. Y aún ahora, veinte millones de negros vegetan en aquel país bajo la férula de los blancos que, en el siglo pasado, continuaban marcando con hierros al rojo vivo a sus padres, como lo hacían con sus reses. Solo los suizos lograron constituir, más o menos pacíficamente, su pequeño estado de relojeros, lecheros y banqueros. Pero, aparte la celebridad de la manzana de Guillermo Tell, sus dignos cantones nunca brillaron, exageradamente en la historia política universal. Los grandes imperios, Los grandes estados, se forjaron todos por la fuerza. ¿Que es lamentable? Seguramente, pero es un hecho incontestable. Hitler, acampando en una Europa poco dócil, no hubiese hecho más ni menos que César conquistando las Galias, que Luis XIV apoderándose del Rosellón, que los ingleses tomando Irlanda, acosando y persiguiendo a sus habitantes, que los americanos disparando los cañones de sus cruceros contra Filipinas, Puerto Rico, Cuba, Panamá y trasladando, a golpe de cohetes, sus fronteras militares hasta el paralelo 37, sobre Vietnam. La democracia, es decir el consentimiento electoral de los pueblos, no viene sino después, cuando todo termina. Las masas no observan el universo más que a través de las pequeñas ventanas de sus preocupaciones personales. Nunca un bretón, un flamenco, un catalán del Rosellón hubiesen, por si mismos, actuado para integrarse en una unidad francesa. El badense sólo pretendía seguir siendo de Baden, el gantés, de Gantes. El padre de uno de mis amigos de Hamburgo, prefirió emigrar a los Estados Unidos, después de 1870, antes que verse integrado en el Imperio de Guillermo I. Son las elites las que hacen el mundo.Y son los fuertes, no los débiles, los que empujan a los demás hacia adelante. En 1941, o en 1942, incluso si la victoria de Hitler en Europa hubiese sido total, irreversible, incluso, si, como decía el ministro socialista belga Spaak, Alemania hubiese sido dueña de Europa por mil años, los descontentos hubiesen proliferado por millones. Cada uno de ellos se hubiese aferrado a sus costumbres, a su patria chica, superior, por supuesto, a todas las demás regiones. Siendo yo estudiante, no dejaba de escuchar con asombro a mis camaradas de Charleroi, que cantaban sin cesar, entre trago y trago de cerveza, la belleza de su comarca. Y sin embargo, se trata de una de las más feas zonas del mundo, con sus enormes colmenas para los mineros, negras como las entrañas de sus minas. Pero no por ello dejaba de entusiasmar a sus enamorados naturales. Todos se aferraràn a sus pueblos, a sus provincias, a sus reinos, a sus repúblicas. Pero este complejo europeo de lo pequeño y lo mezquino podía evolucionar, estaba a punto de cambiar. Una acelerada evolución resultaba cada vez más realizable. Se dieron en el curso de la historia numerosas pruebas de la posibilidad de unir a los europeos, por muy distintos que parecieran entre si. los cien mil protestantes franceses que se vieron obligados a abandonar su país tras la revocación del edicto de Nantes, en el siglo XVII, se acomodaron maravillosamente a los prusianos que les hospedaron. En el transcurso de nuestros combates de febrero y marzo de 1945, en las ciudades alemanas del este y del oeste del Oder, vimos por todas partes, sobre las placas que llevaban los carros de los campesinos, admirables nombres franceses que recordaban las regiones de Anjou y de Aquitania. En el frente, abundaban los Von Dieu le Vent, los Von Mezieres, los de la Chevalerie. Por el contrario, cientos de miles de colonos alemanes se esparcieron, en el transcurso de siglos, a través de los países bálticos, en Hungría, Rumania e incluso— en número de ciento cincuenta mil— a lo largo del gran rió ruso, el Volga. Los flamencos, que se instalaron en gran número en el Norte de Francia, dieron a ésta sus más tenaces elites industriales. Las ventajas que proporcionaron estas cohabitaciones fueron también sensibles en el área latina. Los españoles de izquierda, que no tuvieron más remedio que refugiarse en Francia tras su derrota en 1939, se confundieron, en sólo una generación, con los franceses que les admitieron: una María Casares, hija de un primer ministro del Frente Popular, ha llegado a ser una de las más admiradas artistas del teatro francés. Los cientos de miles de italianos instalados en Francia, impulsados por la necesidad, también llegaron a confundirse, en el transcurso del pasado siglo, con los naturales del país y ello con una facilidad asombrosa. A tal punto que uno de los más grandes escritores de Francia de aquella época fue un originario de Venecia: Zola. En nuestra época, los escritores franceses, hijos de italianos forman legión, Giono a la cabeza. El imperio napoleonico también ensambló a los europeos sin importarle demasiado su opinión. Lo que no impidió que sus elites se compenetraran con una extraordinaria rapidez: el alemán Goethe llegó a ser caballero de la Legión de Honor; el príncipe polaco Poniatowski alcanzó el grado de mariscal de Francia; Goya abasteció al Museo del Louvre de maestros españoles; Napoleón se proclamaba, en sus monedas, Rex Italicus. Los eternos descontentos, esparcidos en diez países diferentes de Europa, se hubiesen acercado los unos a los otros y, finalmente, hubiesen fraternizado, exactamente como lo hicimos nosotros en las filas de Las Waffen S. S., en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Pero cada vez que esto ocurrió, fueron el exilio o la guerra, o la necesidad de ganar el pan de cada día. o la voluntad de hierro de un hombre fuerte, el que lo provocó. Normalmente, Los pueblos de Europa quedaron siempre en el pequeño redil de sus fronteras. No las traspasaron — siempre con éxito— más que cuando fueron empujados fuera de ellas. Estas fecundas experiencias, escalonadas en el tiempo, de los más diversos europeos uniéndose, tanto de Prusia como de Aquitania, de Flandes como de Andalucía o Sicilia, podían perfectamente repetirse y ampliarse. Ganada o perdida, la Segunda Guerra Mundial iba a proporcionar la arrancada inicial. Había obligado a todos los europeos y sobre todo a los que parecían más irreductibles adversarios, franceses y alemanes, a conocerse más de cerca y ello, les gustara o no, se detestaran o no, de grado o por fuerza. Esos cuatro años de enfrentamiento no resultarían del todo vanos. Ninguno iba a olvidar la cara del contrario. Los males momentos se olvidarían. Sólo se recordaría lo que de verdad contaba. La confrontación de los pueblos europeos se había realizado. Durante los veinticinco años que siguieron a este enfrentamiento de 1940, otros contactos tuvieron lugar, y a la cadencia y velocidad propias de nuestra época. Decenas de millones de europeos han viajado cada año. Ya no es el extranjero un ser que se mira con recelo u odio, con desprecio o burla. Se convive con él. El Bresson ya no ve únicamente el universo a través de sus quesos azules y sus pollos anillados. El normando fue más allá de su fábrica de sidra y el belga de su jarra de cerveza. Millares de suecos y alemanes viven en, la Costa del Sol malagueña. El francés Michelin, a pesar de todo, se asocio con el italiano Agnelli y el alemán Gunther Sachs pudo casarse con una actriz <> y... divorciarse, sin que para ello la República Francesa se derrumbara. Hasta el general De Gaulle encontró interesante descubrir a los franceses que llevan en las venas sangre alemana, gracias a un tío abuelo devorador de chucrut, ¡nacido en la región en que se hicieron más populares los nazis! Ahora, los jóvenes, frecuentemente, carecen incluso de sentido de la patria. Se sienten desnacionalizados. Se han creado su mundo, un mundo de audaces y extravagantes ideas, de trepidantes canciones, de largos y abundantes cabellos, de raídos pantalones, de llamativas camisas, de chicas abiertas con largueza a la confusión de las nacionalidades. El pequeño gallo francés de 1914 y la imponente águila alemana planeando sobre la ciudad dejaron de emitir sus quiquiriquis y gruñidos. Sus plumas, sus picos, sus continuas riñas, representan ya para la nueva generación piezas prehistóricas. Este acercamiento europeo, incluso mundial, que sumergió, en un cuarto de siglo, siglos de historia, se ha operado sin ningún estimulante político, sólo a base de que los turistas circulen por millones de un país a otro, de que cada uno vea en el cine o en la televisión otros paisajes y horizontes. Las costumbres se han entremezclado tan naturalmente que semejan ya un verdadero cocktail en el que entran a formar parte los más variados ingredientes. Bajo Hitler, ciertamente, el proceso de unificación se hubiese desarrollado más rápidamente aún, y sobre todo menos anárquicamente. Una grande y común construcción política hubiera orientado y concentrado todas las tendencias. En principio, millones de jóvenes, tanto alemanes como no alemanes, que habían luchado juntos desde el Vistula polaco al Volga rusa, se habían convertido, a base de esfuerzos y sufrimientos en común, en camaradas para toda la vida. Se conocían. Se estimaban. Las ridículas rivalidades europeas de antaño, manías de burgueses empedernidos, nos parecían irrisorias. Al llegar 1945, nosotros constituíamos un verdadero núcleo de un millón de combatientes S.S., unidos para siempre. Europa, masa amorfa, nunca había contado con él. Ahora ya existía. Y en su existencia estaba el futuro.A la juventud se le iba a ofrecer un mundo nuevo, una Europa surgida del genios y de las armas. Los millones de jóvenes europeos que sólo fueron testigos de la guerra, mientras consumían las conservas de papa y realizaban ensayos de mercado negro, iban a despertar a la misma tentación. en lugar de vegetar en Caudebecen-Caux o en Wuustwezel, dedicados durante cincuenta años a los arenques ahumados o las manzanas maduras, hubiesen dirigido toda su atención a las tierras sin fin del Este, que a todos se les ofrecían, tanto a los de la Frisia, como a los de Burdeos, a los de Baviera como a los de los Abruzos. Allí podrían todos forjarse una verdadera vida, de hombres, de creadores, de jefes. Toda Europa hubiese sido traspasada por esta inmensa corriente de energía y dinamismo. El ideal que había empapado, en tan pocos años, a toda la juventud del Tercer Reich, porque significaba la audacia, la entrega, el honor, la proyección hacia lo verdaderamente grande y hermoso, hubiese calado en lo más hondo de los demás jóvenes de Europa. ¡Ya no mas vidas mediocres! ¡Nada de horizontes obscuros y angostos! ¡Al diablo con la vida vulgar aferrada a la misma región, al mismo tajo, a la misma vivienda de siempre, a los mismos prejuicios de los padres y abuelos, inmovilizados en lo pequeño, en lo añejo y mohoso. Un mundo vibrante empujaría a los jóvenes europeos a través de miles de kilómetros sin fronteras en donde airear Los pulmones plenamente, descubrir nuevas y escondidas riquezas, conquistarlo todo con fe y alegría. Incluso los viejos hubiesen seguido, al fin y al cabo detrás de su dinero .En lugar de perderse en desabridos conciliábulos, en discusiones sin limite, en paradas de relojes bloqueados para prolongar los debates, la voluntad de hierro de un Jefe, las decisiones de equipos responsables y homogéneos que aquél organizaría para acometer adecuadamente su obra, hubiesen creado, en veinte años, una Europa real en vez de un congreso vacilante, compuesto por comparsas carcomidas por la desconfianza y las reserves mentales, una gran unidad político, social y económica sin círculos cerrados y sin individualísimos egoístamente nacionales. ¡Había que oír a Hitler exponer, en su barracón de madera, sus grandes proyectos para el futuro! Canales gigantescos unirían a todos los grandes ríos europeos, abiertos a los barcos de todos, del Sena al Volga, del Vistula al Danubio. Trenes de cuatro metros de ancho y de dos pisos, en el primero, las mercancías, en el segundo, los viajeros —rodando sobre vías elevadas, franquearían cómodamente los inmensos territorios del Este en donde los soldados de ayer hubiesen creado las explotaciones agrícolas y las industrias más modernas y pujantes que imaginarse pueda, destinadas a 500 millones de clientes europeos. ¿Qué representan? Por fin, Las escasas concentraciones, interminablemente discutidas, renqueantes sobre soportes artificiales , intentadas bajo la égida del actual Mercado Común, al lado de los grandes conjuntos que una autoridad real hubiese podido llegar a constituir, o a imponer si ello hubiera sido necesario? Las buenas económicas europeas de entonces, disparatadas, contradictorias, hostiles entre si, agotándose en un interminable doble juego, egoístas y anárquicas, hubiesen sido impulsadas por el puño de hierro de un jefe a cumplir las leyes de una coproducción inteligente y de un interés común. Durante veinte años hubiese el público gruñido, refunfuñado. Pero, al cabo de una generación, se hubiese llevado a cabo la unidad. Europa hubiese constituido para siempre la más potente unidad económica del orbe, y el más imponente hogar de inteligencia creadora de la historia. Las masas europeas hubiesen podido entonces respirar. Una vez ganada esta batalla de la unidad, se hubiese suavizado la disciplina. ¿Hubiese devorado Alemania a Europa? El peligro existía. ¿Por qué no decirlo? El mismo peligro había existido anteriormente. La francia de Napoleón hubiese podido devorar Europa. Personalmente, no lo creo. Los diversos genios europeos, ya bajo el Emperador, se hubiesen compensado. La misma ambición de dominación esperaba, incontestablemente, a la Europa hitleriana. Los alemanes tienen reputación de comer mucho...Algunos consideraban a Europa como un plato propio. Eran capaces de tragarse todo y esperaban, tensos, la ocasión. ¡Por supuesto que si! Y nosotros nos dábamos cuenta de ello. lo temíamos. De lo contrario hubiésemos sido unos memos o, por lo menos, unos ingenuos, lo que, en político, viene a ser lo mismo. Adoptamos nuestras precauciones, tomando, lo más firmemente posible, posiciones de control o de prestigio con las que poder defendernos y capear lo mejor posible el temporal. Ello tenia sus riesgos, es cierto. Negarlo seria imbécil. Pero también existían motivos de confianza que eran bastante convincentes .En primer lugar, Hitler era un hombre acostumbrado a ver lejos y al que el exclusivismo alemán no le ahogaba. Había sido austriaco, después alemán, luego germánico. A partir de 1941 ya había superado todas estas etapas: era europeo. El genio sobrevuela fronteras Y razas; Napoleón, por su parte, no había sido al principio mas que corso y corso antifrancés. Al final, en Santa Elena, hablaba del <>. como de un pueblo querido, pero no el suyo exclusivo. ¿Qué quiere el genio? Superarse continuamente. Mientras más considerable es la masa a moldear, más en su elemento está. Europa, para Hitler, era una construcción de talla digna de el. Alemania no era más que un inmueble importante que él había edificado y que ahora observaba con complacencia. Pero él iba más lejos. Por su parte no existía ningún peligro real con la alemanización de Europa. Esta alemanización se encontraba en el extremo opuesto de todo lo que su ambición, su orgullo, su genio, vislumbraban y le dictaban. ¿Que había otros alemanes? Si, pero también había otros europeos. Y estos otros europeos poseían cualidades propias, excepcionales, indispensables a los alemanes, sin las que su Europa no hubiese sido más que un pasado pan mal amasado. Me refiero, fundamentalmente, al genio francés. Nunca hubiesen podido los alemanes, para dar vida a Europa arreglarse sin el genio francés, aunque no hubiesen querido recurrir al mismo y aunque, como era el caso de algunos, lo despreciaran. Nada era posible y nada será nunca posible en Europa sin la finura y la gracia francesas, sin la vivacidad y la claridad del espíritu francés. El pueblo francés tiene una rápida inteligencia. Con ella capta, asimila, traspone, transfigura. El gusto francés es perfecto. Jamás se volverá a realizar una segunda Cúpula de los Inválidos. Nunca existirá otro río tan encantador como el Loira. Jamás habrá una elegancia, un encanto, un placer de vivir como en París. La Europa de Hitler hubiese sido amazacotada al principio. Al lado de un Goering, señor del Renacimiento, que posea el sentido de lo fastuoso y de lo artístico, y de un Goebbels, inteligente y vivo como una ardilla, muchos jefes hitierianos eran burdos, vulgares como arrieros, sin gusto, repartiendo su doctrina, sus ideas, sus órdenes, como la carne picada o sacos de abonos orgánicos. Pero, precisamente por esta pesadez, el genio francés le hubiese sido indispensable a esta nueva Europa. Hubiese hecho maravillas en su seno. En diez años lo hubiese marcado todo El genio italiano también hubiese hecho contrapeso a la potencia demasiado tosca de los germanos. Con frecuencia se ha hecho burla de los italianos. Se ha visto, sin embargo, después de la guerra, de qué eran capaces. Tan fácilmente como lo vienen haciendo en el seno del Mercado Común, ellos hubiesen invadido a la Europa hitleriana con su moda elegante, sus impecables zapatos, sus rápidos y ligeros coches. Igualmente hubiese intervenido el genio ruso, y de una manera considerable, estoy seguro, en el refinamiento de una Europa demasiado alemana en donde doscientos millones de eslavos del Este iban a ser integrados. Cuatro años viviendo mezclados al pueblo ruso, hicieron que los combatientes antisoviéticos lo estimaran; admiraran y amaran. La desgracia reside en que, desde hace medio siglo, las virtudes de esos doscientos millones de brava gente se encuentran ahogadas— y peligran de estarlo aún bastante tiempo— bajo la enorme losa de plomo del régimen soviético. Este pueblo es tranquillo, sensible, inteligente y artista y posee al mismo tiempo el don de las matemáticas, lo que no resulta contradictorio: la ley de los números es la base de todas las artes. Por otra parte, era mil veces menos nacionalista que los otros pueblos de Europa, hinchados ruidosamente por siglos de luchas fanáticas y fratricidas. Al penetrar en Rusia, los alemanes, que habían estado sometidos a un adoctrinamiento nazi demasiado primitivo, imaginaban que los únicos seres realmente de valor del universo eran los de raza aria y que, obligatoriamente, debían ser gigantes, bien constituidos, más rubios que el té y los ojos azules como el cielo andaluz. Resultaba todo esto bastante cómico, puesto que Hitler no era grande y tenia el cabello castaño, aunque si unos atrayentes ojos azules. A Himmler le ocurría lo mismo. Goebbels tenia una pierna más corta que otra, era bajo y de tez morena. Zeep Dietrich tenia el aspecto de un encargado de bar marsellés. Borman era encorvado como un campeón ciclista retirado. ¡Aparte algunos gigantes, que servían el aperitivo en la terraza de Berchtesgaden, los superhombres de pelo oxigenado y ojos azulados no abundaban, como se ve, al lado de Hitler! Puede imaginarse la sorpresa de los alemanes, atravesando Prusia y no encontrando más que rubios de ojos azules, tipos exactos de estos arios perfectos a los que se les había obligado a admirar en exclusiva. ¡Rubios! ¡Y rubias! ¡Y qué rubias! Grandes campesinas, espléndidas, fuertes, de ojos celestes, más naturales y sanas que las que habla podido reunir la Hitlerlugend. ¡No podía imaginarse siquiera raza más típicamente adaptada a los sacrosantos cánones del hitlerismo! En seis meses se hizo rusófilo todo el ejército alemán. Se fraternizaba con los campesinos por todas partes. ¡Y con las campesinas! Como ocurrió con Napoleón, Europa se formaba también en los brazos de las europeas y, en este caso, de estas bellas jóvenes rusas, hechas para el amor y la fecundidad y a las que se vio, durante la retirada, seguir frenéticamente, entre el fragor de los más terribles combates, a los Eric, los Walter, los Karl, los Wolfgang que les habían enseñado, en los momentos de descanso, el placer de amar y su encanto, aunque ello viniera del Oeste. Algunos profesores nazis profesaban teorías violentamente antieslavas. Pero éstas no hubiesen resistido más de diez años de compenetración ruso-germánica. Los rusos de ambos sexos hubiesen conocido al alemán rápidamente. Ya empezaban a conocerlo bien. Encontrábamos manuales alemanes en todas las escuelas. El lazo del idioma se hubiese desarrollado en Rusia más rápidamente que en cualquier otro lugar de Europa. El alemán posee admirables cualidades de técnico y de organizador. Pero el ruso, soñador, es más imaginativo y más vivo de espíritu. Uno hubiese completado al otro. Los lazos de sangre hubiesen hecho el resto. Los jóvenes alemanes, a pesar de lo que hubiese querido hacer en contra la propaganda, hubiesen desposado a cientos de miles de jóvenes rusas. Les gustaban. La creación de la Europa del Este se hubiese completado de la forma más agradable. La conjunción germano-rusa hubiese hecho maravillas. Si, el problema era gigantesco: soldar quinientos millones de europeos que no tenían, al principio, ningún deseo de coordinar su trabajo, de acoplar sus esfuerzos, de armonizar sus caracteres, sus particulares caracteres. Pero Hitler llevaba en sì mismo el genio y el poder suficientes para imponer y realizar esta obra gigante en la que hubiesen fracasado cientos de políticos mediocres y vulgares. Millones de soldados hubiesen estado allí para secundar su acción de paz, soldados llegados de toda Europa, los de la División Azul y los de los países bálticos, los de la División Flandes y los de los Balcanes, los de la División francesa Carlomagno y sus cientos de miles de camaradas de treinta y ocho divisiones de las Waffen S. S. Sobre la península reducida que subsistió en el Oeste de Europa, después del naufragio del Tercer Reich, se han edificado, al fin y al cabo, los cimientos, mal afirmados, poco estables, de un Mercado Común muy híbrido, foco de rivalidades. Bien. Pero una verdadera Europa, animada por un ideal heroico y revolucionario, construida a lo grande, hubiese tenido sin embargo otro aspecto bien distinto. La vida de la juventud de toda Europa hubiese tomado otros derroteros y sentidos que los de los beatniks errantes y protestatarios, justamente rebelados contra unos regímenes democráticos que fueron incapaces de darles, después de 1945, unos objetivos que pudieran entusiasmarles y que, por el contrario, les hastiaron durante los años de la postguerra. Tras diversos tira y afloja, Los distintos pueblos europeos se hubiesen sorprendido de ver que se completaban mutuamente tan bien. Los plebiscitos populares hubiesen confirmado, vivos nosotros aún, que la Europa de la fuerza se habìa convertido, desde los Pirineos al Ural, en la Europa libre, la comunidad de quinientos millones de europeos aquiescentes. Es una pena que Napoleón, en el siglo XIX, fracasara. La Europa, fundida en el crisol de su epopeya, nos hubiese ahorrado muchos males y, sobre todo, las dos guerras mundiales. Hubiese tomado a tiempo, en sus hábiles manos, la gran máquina del universo, en lugar de dejar que cada uno de nuestros países se agotara, lejos del continente, en absurdas rivalidades colonialistas, a menudo abyectas y odiosas y que, a la larga, se revelaron como poco remunerativas. Igualmente resulta lastimoso que en el siglo XX fracasara Hitler a su vez. El comunismo hubiese sido barrido del mapa. Los Estados Unidos no hubiesen plegado el universo a la dictadura de las conservas. Y después de veinte siglos de simples balbuceos y esfuerzos baldíos, Los hijos de quinientos millones de europeos, unidos quizá a pesar de ellos al principio, hubiesen gozado por fin de la unidad político, social, económica e intelectual más poderosa del planeta. ¿Hubiese sido una Europa de campos de concentración ? ¡Ya se ha utilizado demasiado este estribillo! ¡Como si no hubiese habido otra cosa en aquella Europa en construcción! ¡Como si, tras la caída de Hitler, no hubiesen continuado los hombres con su propio exterminio en Asia, en América, incluso en Europa, en las calles de Praga o de Budapest! ¡Como si las invasiones, las violaciones de territorios, los abusos de poder, los complots, los raptos políticos no hubiesen florecido más que nunca, en Vietnam, en Santo Domingo, en Venezuela, en la Bahía de los Cochinos de Cuba, en Argelia, en Indochina, en Biafra, y hasta en el mismísimo París, a propósito del asunto Ben Barka, ya olvidado! Otro ejemplo lo constituye también lo ocurrido en el Próximo Oriente. ¡Por qué no decirlo! No es Hitler precisamente, sino el israelita Dayan el que montó sin más aviso sus operaciones relámpago, el que lanzó sus carros de combate hasta el canal de Suez y ocupó a !a fuerza territorios de los árabes tres veces mayores que los suyos, Los guardó a pesar de todas las conferencias de la ONU, y encerró los pueblos ocupados en miserables campos de concentración. Hay que estar— ¡si!— contra la violencia, pero contra todas las violencias. No solamente contra las violencias de Hitler, sino también contra las violencias del primer ministro francés Mollet, cuando lanzó millares. de paracaidistas sobre el canal de Suez en 1956, con tanta premeditación como alevosía; contra las violencias galas en Argelia, donde miles de .crímenes de guerra. se perpetraron con el beneplácito de los sucesivos gobiernos franceses; contra las violencias de los americanos machacando, a quince mil kilómetros de Massachussetts o de Florida, a los vietnamitas, exterminando atrozmente a multitud de mujeres y de niños indefensos; contra las violencias de los ingleses atiborrando de armas a los nigerianos para recuperar los pozos de petróleo supercapitalistas gracias a un millón de cadáveres biafreños, entre los cuales centenares de millares de chiquillos muertos de hambre, verdadero e implacable genocidio; contra las violencias de los soviets, que aplastaron bajo sus carros de combate a húngaros y checos que se resistían a su tiranía; y contra las violencias repetidas de Israel, conquistando, aplastando, multiplicando raptos y represalias. Idénticos reparos respecto a los crímenes de guerra. Se arrastró a los vencidos a Nuremberg, se les encerró en celdas como a monos, se prohibió a sus defensores hacer uso de los documentos que hubieran podido molestar o comprometer a los acusadores, fundamentalmente los que hacían referencia a las matanzas, en Katyn, de quince mil oficiales polacos, ¡sólo porque los representantes de Stalin—el supremo asesino del siglo— formaban parte del Tribunal de Crímenes de Guerra de Nuremberg, en cuyo banquillo tenia que haberse sentado el propio jefe de la URSS. Si se pretende recurrir a tal procedimiento, que valga para todos los criminales, no sólo para los criminales alemanes, sino también para los criminales ingleses que masacraron a doscientos mil inocentes en el bombardeo monstruoso de Dresde, a los criminales franceses que, sin juicio alguno, fusilaron en su territorio en el otoño de 1944 a prisioneros alemanes sin defensa, a los criminales americanos que trituraron los órganos sexuales de los prisioneros S. S. de Malmédy, en 1945, y experimentaron sin necesidad militar sobre un Japón vencido, que ofrecía desde hacia tres meses la capitulación, la madre monstruosa de todo el chantaje mortal de ahora, la bomba atómica de Hiroshima. Este procedimiento debería valer igualmente para los criminales soviéticos que clausuraron la Segunda Guerra Mundial con horribles e innumerables crueldades llevadas a cabo metódicamente en la Alemania del Este y que hacinaron a millones de personas en sus inmensos campos de concentración instalados en el Mar Blanco y en Siberia. Y sin embargo estos campos no se cerraron después de la Segunda Guerra Mundial como los supuestos del Tercer Reich, con los que, veinticinco años después de la liquidación, nos siguen martilleando los oídos. Estos campos soviéticos siguen existiendo hoy día. Siguen funcionando en la actualidad. A ellos se siguen enviando miles de seres humanos que tuvieron la desgracia de caer mal a los señores Brejnev, Kossyguine y demás inocentes corderos democráticos.. Sobre estos campos, en plena actividad, en donde los soviets encierran incansablemente a todos los que se oponen a su dictadura, nadie osa pronunciar una solo palabra de protesta sincera entre los chillones de la .democracia.. Ninguno de éstos se irrita siquiera, ni pide sanciones internacionales. Lo mismo ocurre frente a las desobediencias de Israel a las decisiones clarísimas y repetidas de la ONU. ¿Qué pasa entonces? ¿Dónde está la preocupación para la verdad y la equidad? ¿Dónde está la buena fe? ¿Dónde la farsa? ¿Quién es más repugnante? ¿El que mata o el que representa la comedia de la virtud y se calla? Viendo la impunidad total de que gozan los criminales de paz y de guerra, sólo porque no son alemanes, todos los malhechores de la posguerra se han aprovechado, torturando hasta la muerte a un Lumumba, eliminando un Tshombe en Argelia, acribillando con metralletas a un Ché Guevara en Bolivia; asesinando, revólver en mano, ante la prensa, a los prisioneros, en pleno Sailgón; absorbiendo territorios ajenos en todas las fronteras de Israel; organizando, con las más poderosas complicidades, en Texas como en California, la carnicería pública de los Kennedy porque molestaban a los reales tenedores del poder —Pentágono y alta finanza— abrigados con la manta <> de Los Estados Unidos. ¡Todos los criminales políticos al banquillo! ¡Cualesquiera que sean y donde quiera que estén!. De lo contrario, tantas virtuosas protestas de censores indignados cuando se trata de Hitler y mudos cuando ya no se trata de él, no constituyen más que abyectas comedias, tendentes a convertir el espíritu de justicia en espíritu de venganza y la critica de la violencia en la más tortuosa de las hipocresías. ¡Paz a los muertos que cayeron bajo Hitler! Pero el tam-tam. infernal repetido incansablemente sobre sus tumbas por los falsos puritanos de la democracia termina por resultar indecente. Hace más de veinte años que se reitera, a través del mundo, este escandaloso chantaje, escandaloso porque se perpetra con tanto partidismo como cinismo. El sentido único está bien para las calles estrechas. Pero no resulta adecuado para la Historia. Esta no consiente que se la convierta en un callejón sin salida, en donde esperan al acecho los provocadores de odio eterno, los sepulcros blanqueados, los falsificadores y los impostores. El balance es el balance. A pesar de la derrota en Rusia, a pesar de que Hitler terminara abrasado, a pesar de que Mussolini fuera colgado, <> habrán sido— junto con la instauración y la consolidación de los soviets en Rusia— el gran acontecimiento del siglo. Algunas de las preocupaciones del Hitler de 1930 se han esfumado. La nación del espacio vital ha sido superada. La prueba está en la Alemania del Oeste, reducida a la tercera parte del territorio del Tercer Reich, y que es hoy día más rica y poderosa que el Estado hitleriano de 1939. Los transportes internacionales y los marítimos a bajo precio han cambiado todo. Sobre una roca pelada, pero bien situada, se puede hoy instalar la más potente industria del mundo, como se ha visto en el Japón. El campesinado, extraordinariamente favorecido por los .fascismos., pasó en todas partes a un segundo plano. Una finca inteligentemente industrializada reporta más, en los momentos presentes, que cien explotaciones sin racionalizar y sin disponer del material moderno adecuado. Antaño mayoría, los campesinos no constituyen hoy sino una minoría, cada vez más reducida. El pastoreo y el cultivo, dejaron de ser los pechos de los pueblos, sobrealimentados o no disponiendo de dinero para alimentarse. Incluso las doctrinas sociales que no tenían en cuenta más que el capital anónimo y el trabajo individual, están superadas. Un tercer elemento interviene cada vez más: la materia gris. La Economía dejó de ser un matrimonio de dos para pasar a serlo de tres. Un gramo de inteligencia creadora tiene más importancia, frecuentemente, que un tren cargado de carbón o de pirita. El cerebro ha llegado a convertirse en la materia prima por excelencia. Un laboratorio de investigaciones científicas puede valer más que una cadena de montaje. Antes que el capitalista y que el trabajador, el investigador. Sin él, sin sus equipos altamente especializados, sin sus computadoras y sin sus estadísticas, el capital y el trabajo son simples cuerpos muertos. Hasta los mismos Krupp y los Rotschild han debido ceder el puesto a cabezas mejor dotadas. La evolución de estos problemas, ya evidentes en 1940, no cogiò por sorpresa a Hitler. El leía todo, estaba al corriente de todo. Sus laboratorios atómicos fueron los primeros del mundo. Lo propio del genio es superarse siempre. Hitler, hogar imaginativo en continua combustión, hubiese previsto el acontecimiento y el cambio. Había, ante todo, formado hombres. Alemania, Italia también, a pesar de ser los vencidos, los aplastados (el Tercer Reich no era, en 1945, más que un fabuloso montón de ladrillos y cascotes) no tardaron mucho en situarse a la cabeza de Europa. ¿Por qué? Porque la gran escuela del hitlerismo y del fascismo, había creado <> Había formado a miles de jóvenes jefes, había impregnado de personalidad a miles de seres; les había revelado , en circunstancias excepcionales , sus dotes de organización y de mando que la rutina idiota, semiburguesa, de los tiempos precedentes no les habría permitido nunca poner en juego. El milagro alemán de después de 1945 para eso: una generación, triturada materialmente, había sido preparada insuperablemente para el papel de dirigentes por una doctrina basada en la autoridad, en la responsabilidad, en el espíritu de iniciativa; en la prueba de fuego, esta doctrina había dado a los caracteres el temple del mejor acero, y esto, en los momentos en los que hacia falta levantarlo todo, rehacerlo todo, se reveló como una insuperable palanca. pero Alemania e italia no fueron las únicas que se vieron afectadas por el gran huracán hitleriano. Nuestro siglo se había conmovido por él hasta en sus fundamentos, transformado en todos los ámbitos, tanto si se trata del Estado, de las relaciones sociales, de la economía, o de la investigación científica. El actual despliegue de descubrimientos modernos, desde la energía nuclear a la miniaturización, fue Hitler —¡tápense las orejas, si quieren, pero es asi!— el que lo puso en marcha mientras Europa dormia el sueño de los gandules sin ver más allá de sus narices. ¿Qué hubiese sido de un Von Braun, joven y fuerte germano, totalmente desconocido y sin recursos, sin Hitler? Durante los más ingratos años, éste le empujó, le estimuló. Goebbels tomó el relevo a veces, sosteniendo a Von Braun con su amistad. Incluso en 1944, este ministro— el más inteligente de los ministros de Hitler— dejaba a un lado, sus ocupaciones para animar personalmente a Von Braun en la intimidad. Como éste, se dieron centenares de casos. Tenían talento. Pero, ¿qué hubiesen hecho solo con su talento? Los americanos sabían muy bien que el porvenir científico del mundo entero estaba allí, en los laboratorios de Hitler. Mientras se dejaban complacientemente presentar como los reyes de la ciencia y de la técnica, no tuvieron otra preocupación, al resultar vencedores en mayo de 1945, que el precipitarse a través del territorio del Tercer Reich, aún humeante, para intentar recuperar a cientos de sabios atómicos. Los soviets llevaron a cabo una operación similar. Transportaron a Moscú a los sabios de Hitler por trenes enteros. A todos los que se les unieron, los americanos les tendieron puentes de oro. Los EE. UU. hicieron jefe de su inmenso complejo nuclear al Von Braun de Hitler, del Hitler a quien la América moderna debe tanto, el que, ya en agosto de 1939, antes, pues, de que la guerra de Polonia comenzara, hizo lanzar el primer cohete del mundo a los cielos de Prusia. Ese día empezó el mundo moderno. Así como la pólvora mortífera prestó inmensos servicios a la humanidad, la energía nuclear, cuya era inauguró Hitler en 1939, transformará los siglos futuros. En este aspecto, como en el social, los detractores de Hitler no vienen a ser más que tardíos y burdos imitadores. ¿Oué otra cosa es el Centro francés de Investigaciones de Pierrelate, que una imitación frágil, incompleta, de la base hitieriana de Peenemunde, con veinticinco años de retraso?.. Desaparecido Hitler, el mundo democrático se ha mostrado incapaz de crear algo verdaderamente nuevo en los sectores político y social. Ni ha podido corregir lo viejo. No ha podido siquiera reparar las viejas estructuras de antes de la guerra. De Nasser a De Gaulle, de Tito a Castro, de Argelia al Sudán, del Congo a Perú, por donde quiera que se mire, entre los viejos países que intentan resurgir del pasado, entre los nuevos de un Tercer Mundo que despierta, por todas partes salen a relucir las mismas fórmulas hitlerianas: nacionalismo y socialismo y, a la cabeza, el hombre fuerte, encarnación y guía del pueblo, orientador de voluntades, creador de ideal y de fe. El mito democrático al viejo estilo, pomposo, charlatán, incompetente, estéril, ya no es más que un globo desinflado que dejó de atraer e interesar y que incluso causa la hilaridad de la Juventud. ¿Quién se preocupa todavía de los viejos partidos y de sus viejos bonzos, devaluados y olvidados? Pero, ¿quién olvidará alguna vez a Hitler y a Mussolini? Millones de nuestros muchachos murieron, tras una horrible odisea. ¿Qué ha sido, allá, a lo lejos, de sus pobres tumbas?... Nuestras vidas, las de los supervivientes, fueron zarandeadas, destrozadas, definitivamente eliminadas. Pero los fascismos, para los que nosotros vivimos, modelaron nuestra época para siempre. En nuestra desgracia, no deja de ser esto nuestro gran consuelo. El telón de la Historia puede caer sobre Hitler y Mussolini, como cayó sobre Napoleón. Los enanos ya no podrán cambiar nada. La gran revolución del siglo XX está hecha. León Degrelle.

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