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Primer post: 9 may 2014Último post: 24 may 2014
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Diario El Pais Uruguay alto taringuero
Diario El Pais Uruguay alto taringuero
InfoporAnónimo5/24/2014

Parece que el diario El Pais de Uruguay es alto taringuero... Con solo ver que se la pasan publicando las noticias que salen primero en taringa. Es mejor fuente de informacion taringa que este diario pedorro de los Rosados, cuando una noticia sale en tariga a las 4 o 10 hs sale en este diario de cuarta. Les dejo algunas capturas de pantalla. Por eso me quedo en taringa

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Dionisio Diaz el niño héroe
Dionisio Diaz el niño héroe
Apuntes Y MonografiasporAnónimo5/9/2014

Dionisio Díaz Dionisio Díaz (1920 - 1929) Protagonista de una de las historias populares más increíbles de la narración uruguaya. Nació el 9 de mayo de 1920 en el pequeño poblado de Arroyo de Oro (hoy Mendizábal) en el departamento de Treinta y Tres, Uruguay. Vivía con su madre, su abuelo y su pequeña hermana a la que él adoraba. Poseían una pequeña granja en la que trabajaban y con ella sobrevivían. La tragedia aconteció en la medianoche del día de cumpleaños de Dionisio, el 9 de mayo de 1929, cuando su abuelo, sumido en un ataque de locura, apuñaló a su madre. Cuando Dionisio se enteró, ésta ya estaba muerta. Fue entonces por su hermanita, la cual dormía plácidamente en su cuna. Cuando la tomó, su abuelo le dio una puñalada tan grande que literalmente le atravesó el abdomen. Se ocultó de su abuelo, cubrió su gravísima herida con sábanas, esperó por horas una ocasión propicia y caminó 9 kilómetros hasta el entonces Poblado del Oro, donde dejó a su hermanita en un destacamento policial. Lo vio el médico local que ordenó su internación inmediata en el hospital departamental de Treinta y Tres. Al otro día un coche particular que pasaba por el lugar se ofreció a llevarlo. Al llegar al hospital, Dionisio fallece. Su tragedia es evocada como un verdadero ejemplo de estoicismo y lucha ante la adversidad. Se le conoce también como el "Héroe del Arroyo del Oro" ¿Cuál es la historia de Dionisio? Es la historia de un niño de 9 años, de Pueblo el Oro, que murió apuñaleado por su abuelo, al interponerse para impedir que su madre recibiera las puñaladas y luego, herido, caminó, aproximadamente 7 kilómetros, con su hermanita en sus brazos para ponerla a salvo. Esta tragedia que ocurrió en el año 1929, justamente, al día siguiente de cumplir, Dionisio 9 años, conmovió a todo el Departamento de Treinta y Tres, entonces, y aún hoy se sigue recordando. El Sr. Omar Mesa Prado, en la fecha conmemorativa de la tragedia, junto a numeroso público realiza una caminata por el lugar donde Dionisio caminó cargando a su hermanita para salvarla. Hay personas que lo veneran y le hacen pedidos, que según ellos, Dionisio se los cumple; allí en el cementerio, junto al monumento levantado, están las ofrendas prometidas. Para los poetas es “El Niño Héroe de Arroyo El Oro”. El Maestro Ariel Pinho Boasso, junto con el Maestro Santiago Rivero Amaro, realizaron una investigación sobre esta tragedia y escribieron un libro: “El Pequeño Dionisio” . El relato de la tragedia vivida por esa familia es realmente conmovedor; sus autores logran transportar al lector a ese momento, incomprensible para la razón humana que sigue preguntándose: ¿qué le pasó a ese abuelo, que estaba tan orgulloso de su nieto? ¿Querría realmente eliminar a su nieta?¿Cuál es la verdad? Dionisio dijo: “el abuelo enloqueció”. Y de este libro y del Diario Palabra, del 23 y 30 de Abril de 1982, extractamos elementos que permitan conocer ,al visitante de esta página, la historia de Dionisio Díaz, el Niño Héroe de Arroyo El Oro, que pasó a ser parte de la historia de Treinta y Tres, por su valor, por su coraje, que lo llevó, a interponerse, ante el heridor, a pesar de sus apenas 9 años, para salvar a su madre y luego herido, sangrando, cargó con su pequeña hermana. Su Nacimiento: Dionisio nació el 8 de Mayo de 1920, a la hora 18, en Arroyo El Oro. Su abuelo, Juan Días, lo presentó el 24 de Mayo, en Pueblo Vergara, por estar su madre enferma, manifestando que era hijo natural de María Luisa Días, de 22 años de edad, soltera. ( datos extraídos de la copia de la partida de nacimiento). La Tragedia: fue al día siguiente de su cumpleaños: el 9 de Mayo de 1929, en Arroyo El Oro. Su fallecimiento: el 11 de Mayo de 1929, en el viaje a Treinta y Tres, para su asistencia. El día “Había un viento de helada. Tan frío estaba que cuando llegó el niño, estábamos tomando mate al abrigo del sol, detrás del rancho.” (Carlos Yelós) “Un día con una helada bárbara que se levantó con viento” (Lino Pereira) La tragedia Un pequeño fragmento de los testimonios recogidos por los autores, puede dar una idea más exacta del comportamiento de Dionisio en el instante crucial de aquella noche. El relato de Carlos Yelós y Víctor Prigue que escucharon las declaraciones del niño así lo establecen: “Dionisio se interpuso. Se metió en el medio, poniéndole los brazos y su cuerpito para evitar que hiriera a su madre. Pero ya estaba herida. Y así fue herido Dionisio. El niño gritó al tío. La madre que ya había caído cerca de la puerta, intentando abrirla. El niño, sin dudar un instante, corrió hacia donde estaba su hermanita cubriéndola con su cuerpo. El tío Eduardo ya venía. El abuelo salió al patio. En este momento Dionisio con Marina en sus brazos pasó entre aquellos cuerpos que se habían abrazado en el patio en feroz lucha. Como una luz se metió en el cuarto de donde había salido su tío.”. La noche Algunas de las frases que pronunció Dionisio y que Yelós y Prigue recuerdan textualmente: “Mamá estaba acostándose en el suelo. Allí estaba porque el abuelo estaba enfermo. Para atenderlo. El abuelo estaba apoyando las manos en las rodillas mirando para abajo. El por acostarse. En un momento saltó con un cuchillo en la mano sobre mamá. La atacó a puñaladas. Yo me metí en el medio.” Cuando describió la noche interminable: “Tapé a mi hermana para que no llorara, la podía sentir el viejo.” “El tío arrastrándose llegó hasta la puerta y me pidió que le abriera. Pensé que se arrastraba porque había perdido la muleta. El tío me dio la plata, me dijo donde guardaba cuatro pesos. Me dijo: las ovejas son para ti. El Caballo es para ti. También el apero. Luego se quedó dormido, no habló más.” “Dionisio hizo un atadito con las ropas de Marina. Para él, no puso nada. Su única preocupación era que la niña llorara y el viejo escuchara. Las horas no pasaban. Hasta que sintió los pájaros. Era un niño del campo, sabía que cuando los pájaros que andaban en el patio se callaban, era porque alguien andaba por allí. Estaba amaneciendo. Lo más duro fue cuando nos dijo que se había cortado un pedazo de grasa que le salía de la herida, con una tijera. Se había enfriado mucho y le dolía. Cortó un pedazo de sábana y se vendó. Cuando amaneció, miró una y otra vez. No sabe cuantas veces. Hasta que estuvo seguro de que el abuelo no estaba. No sabe la hora, pero al poco rato de aclarar. Abrió la puerta ya con la niña en brazos y con el atadito de ropa. Se dio cuenta que Eduardo estaba muerto. No se animó ir hasta el otro cuarto donde estaba su madre muerta. Miró solo el camino que a dos o tres metros, entre los yuyos altos, se abría por la chacra. Pasó el alambrado y se metió allí. Y corrió y corrió hasta donde pudo. Sin mirar para atrás. Sin detenerse.” (Carlos Yelós) Cumple la hazaña “El pobre llegó con la hermana. Había una helada que le volaba la pera. Menos mal que la gurisita no lloró. Yo le vi la herida. Cuando se acercó nos dijo: vengo herido, el abuelo mató a mamá y al tío. Braulia salió corriendo y agarró a Marina. El Lalo le dijo si quería que lo llevara en brazos a la Comisaría y el gurí dijo: no señor, ahora ya dejé la hijita. No don Lalo, ahora voy mejor”. (Lino Pereira) “Apareció por el frente. Vimos que venía un niño. Lo conocimos cuando estaba a unos 15 metros. A la hermana la dejó en la casa de Lalo González que había sido policía y era alcalde, tenía un ranchito a media cuadra. Sus primeras palabras fueron: el abuelo mató a mi madre y al tío Eduardo y me hirió a mí. Lo acosté en mi cama. Mandé buscar a una vecina, pariente del padre, doña Laurentina Núñez y le pedí que quedar allí cuidándolo. Venía fajado. Le dolía porque estaba con los intestinos de afuera. No se podía apretar. Estaba malo. No se quejaba. Lo único que expresaba era rabia porque le habían matado la madre y el tío Eduardo.” (Carlos Yelós) “Es inexplicable que Dionisio no llorara, ¡con aquellas heridas! Solo se quejó cuando el médico lo cortó sin anestesia. Las únicas lágrimas que Yelós y yo le vimos fue cuando miró al Juez y no le respondió, pero fueron de rabia. ¿Cómo pudo recorrer aquellos cinco o seis kilómetros con la niña en sus brazos, sin parar? Tampoco tiene explicación que la gurisita no llorara, en ningún momento. Lo he pensado todos esos años y no encuentro explicación. Solo un milagro. Un milagro.” (Víctor Prigue) “No dormí, cuidé a mi hermana” Dionisio siguió relatando con lucidez todo lo que recordaba. Acostado en la cama de un policía, tapado con un poncho criollo. De vez en cuando pidiendo un mate “porque tenía mucha sed”. Carlos Yelós recuerda: “Dionisio declaró que el viejo Juan siguió dando vueltas durante toda la noche. “Parecía que andaba rezongando”, dijo ingenuamente el niño. Dionisio escuchaba y miraba por las rendijas de la puerta”. Se quedaba quietito, abrigando a Marina para que no fuera a llorar. El sabía que el abuelo la quería matar.” Víctor Prigue estuvo presente también mientras Dionisio declaró en la Comisaría de El Oro. Su recuerdo, coincide totalmente, con el ofrecido por Carlos Yelós. Prigue agrega: “Dionisio dijo que no había dormido en toda la noche. Empezó a sentir dolor y sentía frío. Lo más duro fue cuando nos dijo que se había cortado un pedazo de grasa que le salía de la herida, con una tijera. Se había enfriado mucho y le dolía. Cortó un pedazo de sábana y se vendó.”. A medida que escuchamos estos relatos, efectuados separadamente y con una diferencia de 12 años, no dudamos que tanto Yelós como Prigue reprodujeron casi textualmente lo que había oído de la boca de aquel niño herido. Los dos coincidieron que “Dionisio hizo un atadito con las ropitas de Marina. Para él, no puso nada. Su única preocupación era que la niña llorara y el viejo escuchara. Estaba amaneciendo. Miró una y otra vez. No sabe cuantas veces. Hasta que estuvo seguro de que el abuelo no estaba. No sabe la hora, pero al poco rato de aclarar. Abrió la puerta ya con la niña en brazos y con el atadito de ropa. Se dio cuenta que Eduardo estaba muerto. No se animó ir hasta el otro cuarto donde estaba su madre caída en un inmenso charco de sangre. Miró solo el camino que a dos o tres metros, entre los yuyos altos, se abría por la chacra. Pasó el alambrado y se metió allí. Y corrió y corrió hasta donde pudo. Sin mirar para atrás. Sin detenerse.” Dionisio siguió el mismo caminito, un sendero que lo llevaba hasta la costa del arroyo. Y anduvo con su hermanita apretada contra su pecho. Apenas se detuvo dos o tres veces “para tomar agua en las cañadas con la barriga contra el suelo”. Eran 7 kilómetros que tenía que andar. Y anduvo porque esa noche había “soñado con ser hombre y lo fue” Los testigos de la escena. Yelós escuchó el primer relato del niño. Lo recuerda así: “Apareció por el frente. Vimos que venía un niño y en las manos traía un atadito de ropa. Lo conocimos cuando estaba a unos 15 metros. A la hermana la dejó en la casa de Adelaida González que había sido policía y era alcalde, tenía un ranchito a media cuadra. Sus primeras palabras fueron: “El abuelo mató a mi madre y al tío Eduardo y me hirió a mí”. No dijo que estaba herido. Lo acosté en mi cama. Mandé buscar a una vecina, pariente del padre de él, Clementina Núñez y le pedí que quedara allí cuidándolo. Venía fajado. Le dolía porque estaba con los intestinos de afuera. No se podía apretar. Estaba malo. No se quejaba. Lo único que expresaba era rabia porque le habían matado la madre y al tío Eduardo.” “Llamé al médico a Vergara y al Juez de Paz que también estaba en Vergara”. Casi a dos horas de allí, en Vergara, a las 13 y 30 Víctor Prigue recibe un pedido para hacer un viaje. “Uno de los tantos” pensó. ¡Que equivocado estaba! Aprontó su Ford 4. Levantó al Juez Abelardo Correa. Al médico Antonio Pisano y a los que serían testigos judiciales Salvador Acosta y Vicente Senosiain. “Primero fuimos a la casa de la tragedia. No sabíamos que un niño había salvado a su hermana. Lo supimos recién por el policía que estaba en los ranchos”. De acuerdo a lo dicho por Prigue, recién entre las 15 y 30 y 16 horas llegaron a la Comisaría donde el niño rubio de ojos azules esperaba para que lo salvaran desde la mañana. Prigue relató: “Dionisio era hermoso. ¡Que precioso niño! Quedé muy mal cuando vi que tenía una puñalada por donde le salía un pedazo de intestino. Tenía otra puñalada más pequeña un poquito más abajo, en un brazo tenía un puntazo” Su color, pese a la sangre que había perdido era bueno” link: http://www.youtube.com/watch?v=gXpKyBEX92Q

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