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EL TRUCO A partir de 1810 la presencia de una colonia de comerciantes británicos relativamente numerosa y con fuertes tradiciones deportivas, no tardó en hacerse notar en el terreno de los juegos y entretenimientos, mediante la introducción de prácticas novedosas, como el atletismo, el cricket y más tarde el fútbol. Los habitantes de Buenos Aires y de la campaña habían tenido ocasión de asombrarse, durante los lejanos días de las Invasiones, con el extravagante despilfarro de energías que desplegaban los hombres de Beresford en sus prácticas deportivas, y años después con las primeras carreras pedestres (en un país donde todo se hacía a caballo) animadas por el doctor Dick y por sus acompañantes Staples y Carlisle (cf. J. P. y G. P. Robertson, Cartas de Sud-América). En 1819, un grupo de estancieros, comerciantes y agentes de negocios británicos, entre los que figuraban John Harratt, Thomas Hogg, Richard B. Newton, George Love (director del British Packet), Alexander Crickton, etc., retomó la práctica del cricket, aunque la idea de jugarlo en forma permanente no prosperó por falta de jugadores e instalaciones apropiadas. En 1832 los ingleses volvieron a jugar cricket, esta vez con la participación de algunos criollos, como Federico Terrada, Rafael Calzada, Pedro de la Serna, Luis Gallina, etc., pero recién en la década de 1860 se afianzó la práctica, con la creación del Cricket Club en 1861 y la consiguiente habilitación de la cancha de Palermo. T. Woodbine Hinchliff ofrece algunos datos de interés sobre los primeros tiempos del cricket en su libro Viaje al Plata en 1861: "A cosa de una milla hacia el norte, y en el camino de Palermo, está el campo de cricket inglés. Esta importante institución se mantiene en Buenos Aires tan arraigada como en otras partes del mundo donde se congrega un moderado número de ingleses y yo tuve ocasión de presenciar muy buenos partidos. El suelo no estaba tan liso como hubiera sido de desear y a menudo excesivamente calcinado por el sol; en consecuenc iael juego rápido podía traer fácilmente alguna herida... "Durante el último sitio de Buenos Aires, las fuerzas de Urquiza estaban entre la ciudad y este campo de cricket; los ingleses se hallaban en gran disgusto ante la perspectiva de perder un partido pro yectado y tuvieron ánimo para preguntar si podrían atravesar las líneas. Les fue concedido el permiso y el partido se jugó; pero era un procedimiento arriesgado, en verdad, para unos pocos hombres pasar el día rodeados por gente de la índole que podía esperarse tratándose de los últimos cuadros del ejército de Urquiza... Recuerdo que un día, mientras empezábamos la partida, sentimos un hedor intolerable cuya fons et origo era un caballo muerto, según se descubrió. La pobre bestia había venido, perdida, a morir en el campo de cricket y fue tratada según la costumbre del país. Le había sacado el cuero el primero que la encontró, y luego la dejó ahí para corromper el aire: el efecto era bien desagradable y buscamos un hombre que le echó un lazo a las patas y salió galopando con ella a la rastra... Entre el campo de cricket y el río hay una ancha franja de terrenos pantanosos donde, a despecho de los paseos que hacen en días festivos los barberos franceses y los deportistas ingleses, pueden hallarse todavía becasinas y patos silvestres. Allí vi por primera vez, con sorpresa y deleite, los grandes flamencos de alas rosadas." En 1866 se realizó el primer torneo de atletismo, y un año después se fundó la Buenos Ayres Athletic Society y comenzaron con mayor regularidad las prácticas de salto en alto y largo, las carreras a pie sobre 100 y 440 yardas, las carreras con obstáculos, el lanzamiento de disco y martillo, los saltos con garrocha, etc. (The Standard, 30/5/1867). Al año siguiente se fundó el Buenos Ayres Football Club y en junio de 1868 comenzaron los encuentros todavía esporádicos en la cancha de Palermo. A partir de la década de 1860 se fueron incorporando paulatinamente, con gran predicamento entre los alumnos de colegios británicos y los empleados ferroviarios, otras actividades como el tennis, el golf, el polo, el boxeo, el yachting, etcétera. No trataremos en este trabajo el desarrollo de estos deportes, que exigen una consideración específica y mayor abundancia de detalles, pero consignamos que en forma lenta y selectiva en algunos casos (cricket, polo, tennis) o rápida y masiva (como el fútbol), estos deportes ganaron el favor de los criollos y contribuyeron a definir algunas de las características lúdicas de la actual sociedad argentina. También se debe a la influencia británica, francesa y norteamericana, el arraigo de juegos de naipes como el poker, el bridge, el baccarat, el rummy, etc., que desplazaron a numerosos juegos de origen español o criollo en las preferencias de los jugadores de ciertas clases. ENTRE PEONES Y VIVIDORES Apuntemos, para definir el contexto, que a partir de la Organización Nacional la alianza de la burguesía latifundista con los intereses británicos provocó, a espaldas de los intereses del país global, un desmesurado crecimiento de la región pampeana. Este desarrollo -estructuralmente pernicioso, tal como se verificaba, y con puntos de depresión marcados por nuestra condición dependiente- conoció, sin embargo, momentos de gran prosperidad, que contribuyeron a robustecerla imagen distorsionada y fantasiosa del país agropecuario en pleno avance. En el período 1910-1914, época de oro del frigorífico, el promedio anual de exportaciones de carne vacuna y ovina, en sus distintas formas, alcanzaba, en toneladas, a 436.859, sobre las 160.891 del período 1900-1904. La superficie total cultivada -trigo, maíz, lino, etc.- pasaba de los 23 millones de hectáreas, guarismo superior a la cifra correspondiente a los años inmediatamente anteriores y posteriores de 1908 y 1921/22. Los cultivos de trigo, lino y maíz, por sí solos, superaban durante el período citado en primer término, los 12 millones de hectáreas, con particular desarrollo en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Ubiquémonos imaginariamente, durante esos años, en cualquier pueblo o caserío notable de la "pampa húmeda". Ha terminado la trilla del trigo y maquinistas, embocadores, plancheros, horquilleros, costureros, bolleros, pajeros, aguadores, cargadores, foguistas, cocineros, etc.,junto con los aventureros y atorrantes que siguen a todas partes los movimientos de las trilladoras, se han arrimado desde temprano al almacén de ramos generales -que a la vez anexa las funciones de pulpería, fonda, cancha de bochas, churrasquería y frontón de pelota-, algunos para "despuntar el vicio", amojosado por la dura temporada de trabajo efectuado de sol a sol, y otros para "hacer la provista" y emprender el regreso a los pagos de donde los han acarreado los contratistas con la promesa de robustos jornales. Hay santiagueños, tucumanos, cordobeses, entrerrianos, italianos "golondrinas" (que volverán a su tierra justo a tiempo para levantar la cosecha de los signori) y gente de las más variadas layas y pelajes. En el interior del negocio se amontonan pecheras, bastos, silletas, cacerolas de hiero, máquinas choriceras, palas, latas de sardinas en salmuera, fajones despanzurrados de pasas de uva, damajuanas con aguardiente catamarqueño, bocoyes de yerba mate, canastos de orejones, barriles de tinto mendocino, botellones empajados con aceite español, estantes Con botellas de vermouth, caña, hesperidina, ginebra, ron y guindado, mazos de naipes, pañuelos, cuchillos, alpargatas, lazos, guitarras, faroles, velas, atados de cigarrillos, frascos de perfume, cajas de confites y todo cuanto pueda desear el apetito de los hombres. Inclusive una gran victrola de bocina, que dos correntinos, uno de pañuelo rojo al cuello y otro de camiseta rayada, pujan por llevarse a sus respectivos pagos. Los grupos se desperdigan entre el mostrador, atendido por un francés peinado a la pomada, y las mesas de pino blanco que llenan el espacio entre el mostrador y la puerta de cristales empañados, y se derraman afuera, entre la cancha de bochas, el frontón de pelota que queda junto a las vías del ferrocarril y las carpas que han armado algunos forasteros, a medias con el francés bolichero, para surtir a la peonada entusiasta y gastadora con beberaje, juego y baile. A medida que transcurre la tarde del sábado los grupos forman abigarrados lienzos de jugadores, mientras llegan, desde las carpas de la romería, los acordes de media docena de pasodobles, polkas y tangos que repite machaconamente el trío de musicantes venidos de quién sabe dónde. En las mesas del almacén se juega a los gritos al truco, al mus, al codillo y al tres siete. Desde un rincón surge el agudo zapucay del correntino de golilla roja, que acaba de ganarle a su compañero, tras un lacrimoso forcejeo de "flores" y "contraflores", la famosa victrola y el único disco de Villoldo comprados a medias un rato antes. Bajo la ramada, frente a una botella de "barbera" a medio vaciar y a unas peladuras de salchichón, dos italianos rubiones juegan a la murra. Los jugadores flexionan el brazo y llevan el puño cerrado y nervudo a la altura de la cara. Luego, a un tiempo, lo dejan caer con una cantidad determinada de dedos extendidos, a la vez que expresan un número que suponen coincidente con la suma de los dedos exhibidos: "cinque, sette.. nove, dieci... sette, sette... quatro, quatro... cinque, cinque...tutta, tutta, sette, nove..." (como en tiempos de Julio César gana el que acierta, y se pierde si aciertan o se equivocan ambos). Desde un grupo próximo un mozo trajeado de negro, que ha estado narrando sus peripecias durante la huelga de Alcorta, les hecha una mirada resentida y trata de reiniciar el relato interrumpido por la algarabía de los jugadores. Algo más lejos un grupo da "mensuales" de una estancia vecina, que se ha sumado a los festejos, se apresta para iniciar un partido de bochas. La cancha, de unos 24 metros de largo, limpia y cuidadosamente apisonada, constituye, junto con el frontón de pelota, uno de los lujos del pueblo. El que arroja el bochín es un muchacho de pelo pajizo y cara aindiada y picada de viruelas, famoso por su puntería para hacerlo clavar donde es menester. El muchacho se aproxima a la línea de salida y lo lanza con una limpia parábola para dejarlo caer en un punto ideal, situado más allá de la mitad de la cancha, a más de un metro de la cabecera y en medio de ambas bandas laterales. Sonríe con su ancha boca de dientes desparejos y se apresta a "arrimar" la bocha lisa que ya tiene en la mano con la misma elegante y desganada precisión que acompaña a todos sus movimientos. Desde el frontón de pelota llegan loa gritos de un vasco tambero, que juega a mano limpia y que se jacta de haberlo vencido al mismo Pedro Zabaleta, en una época imprecisa que puede coincidir con la primera presidencia de Roca, porque en la memoria del vasco se mezclan episodios de la revolución del 80 con atisbos de la Plaza Euskara, que comenzó a funcionar el 82. El tambero se ha trenzado mano a mano con uno de los "changarines", un formoseño pura fibra, y ya comienzan a llover, entre los mirones, las "paradas" a mano de uno y otro. En una de las carpas anexas a la romería se juega fuerte al monte, y sobre una tabla apoyada entre dos barriles un porteño con aire de compadrito hace maravillas con la mosqueta: "A ver, caballeros, ¿dónde está la marcada?... jueguen a la marcada... a la marcada... ¿dónde está la marcada?... a la marcada.., a la marcadita... ". Sobre la tabla reposan tres cáscaras de nuez vacías. Una de ellas tiene marcada en su interior una diminuta cruz negra. El compadrito, asistido por un par de laderos, que incitan a apostar "ganando" suculentas paradas, mueve las cáscaras con prodigiosa velocidad ante los ojos despistados de los mirones, que poco a poco se animan y comienzan a dejar sus pesos... sin acertar jamás, como es lógico, con la endiablada cascarita marcada. Un tipo de mirada retobada recorre con indolencia la carpa del monte, donde se juega "de empalmada", "pego" y "paquete", y echa un vistazo a la improvisada mesa de la mosqueta. De tanto en tanto, con empaque autoritario, empuja hacia afuera a los apostadores que barruntan las fullerías de los talladores, calmándolos con un gesto significativo que alude a otros dos rufianes de chambergo que parecen dormidos junto a un par de barriles de cerveza. Los más ingenuos tratan de buscar con la mirada al milico que ronda por allí sobre un estrafalario mancarrón palomo, y terminan por resignarse en la rueda de la fortuna, donde se afirma que es posible ganar atados de cigarrillos, botellas de anís y gruesos relojes de cobre. Otros, nerviosos y resentidos, se alejan hacia el mostrador del almacén, meditando siniestras venganzas al amparo de la noche y de su mayor conocimiento del terreno. A la luz del atardecer se organizan junto a la ramada las últimas tiradas de taba, en las que se prenden los despechados de las traidoras mesas de monte. El hueso vuela, tirado por mano experta, y se clava mostrando "suerte" sobre el piso trajinado y polvoriento. Los acompañantes del mozo que ha estado en Alcorta lo invitan a participar en el ,juego, pero él se niega con un gesto seco y categórico y se retira al interior del boliche para leer el viejo y arrugado ejemplar de La Protesta que le han hecho llegar amigos de Buenos Aires. Llega la noche y en el patio comienza a sentirse el olorcito tentador de la vaquillona con cuero que se asa bajo el cuidado de un viejo de mirada vidriosa y chiripá deshilachado. Cerca de él, dos pardas muchachonas espantan las moscas que revolotean sobre unas canastas con empanadas y pasteles, esperando la visita de los parroquianos que ya comienzan a caer para churrasquear, un poco desanimados por la sangría que les han pegado los forasteros. En el interior del boliche vuelve a escucharse el zapucay penetrante del correntino de golilla roja, que por sexta vez acaba de ganarle la victrola a su paisano: "Jho' á vaí ma güivé, yaguá yepe o cuarú nde rejhé". Al día siguiente, cuando las peonadas hayan partido en los lentos trenes que suben hacia el Norte o que bajan a Buenos Aires, el pueblo volverá a remansarse en sus rutinas cotidianas, a la espera de que el tiempo agrario vuelva a traer otra cosecha, y con ella a esos hombres -mano de obra curtida y relativamente barata- que recorren a lo largo del año el periplo de la zafra, los cortes de trigo, el maíz, la yerba mate, la tala del quebracho, la vendimia, los frutales, las juntadas de castor, etc. Años 1910, 1914 o 1920. No importa demasiado la fecha ni el lugar en que hemos ubicado, en jornada festiva, este retablo de los juegos que alternan con las duras temporadas de trabajo. Durante uno o dos días, en el intervalo que media entre la finalización de la trilla y la partida en los jaulones atiborrados de las segundas o en los sofocantes vagones de carga, los hombres atezados por el sol de la llanura, los hombres sin propiedad (en un país en el que quince familias atesoran millones de hectáreas fértiles), los hombres sin más bienes que los amontonados en la bolsa de arpillera o en la desvencijada valija de cartón asegurada con una soga trampeados por el contratista, el fondero y los vividores de las carpas fulleras, han tratado de limpiarse el fino polvo del bálago y de las aventadoras con el trago de caña áspera con la mujer poseída brevemente con el fantaseo traidor de las "paradas" en el que han dejado parte de sus ganancias. Retablo de una ilusoria Argentina, trampeada por sus propios contratistas, sus fonderos sus vividores de carpa fullera. FULLEROS Y CREYENTES La afición por los juegos de azar dio origen desde temprano a un conjunto de trampas o "fullerías" destinadas a garantizar el sistemático triunfo del "tallador", acaso por el tan mentado "ayúdate que Dios te ayudará". Como probanza de antigüedad remitimos al lector al breve discurso que sobre el arte de los naipes le espeta Pedro del Rincón a su amigo Cortado en la primera parte del Rinconete y Cortadillo de Cervantes, muy útil para conocer los "moquillos" y "flores" que gastaban los tahúres españoles y americanos de comienzos del siglo XVII: "Tomé de mis alhajas las que pude y las que me parecieron más necesarias, y entre ellas saqué estos naipes ...con los cuales he ganado mi vida por los mesones y ventas que hay desde Madrid aquí, jugando a la veintiuna; y aunque vuesa merced los ve tan astrosos y maltratados, usan de una maravillosa virtud con quien los entiende, que no alzará que no quede un as debajo; y si vuesa merced es versado en este juego, verá cuánta ventaja lleva el que sabe que tiene cierto un as a la primera carta, que le puede servir de un punto y de once; que con esta ventaja, siendo la veintiuna envidada, el dinero se queda en casa. Fuera de esto, aprendí de un cocinero de un cierto embajador ciertas tretas de quínolas y del parar, a quien también llaman andaboba, que así como vuesa merced se puede examinar en el corte de las antiparras, así puedo yo ser maestro en la ciencia vilhanesca." Y más tarde a Monipodio: "...sé un poquito de floreo de Vilán: entiéndeseme el retén; tengo buena vista para el humillo; juego bien de la sola, de las cuatro y de las ocho; no se me va por pies el raspadillo, verrugueta y el colmillo; éntrome por la boca del lobo como por mi casa, y atreveríame a hacer un tercio de chanza mejor que un tercio de Nápoles, y a dar un astillazo al más pintado mejor que dos reales prestados" A lo que responde el inefable mentor de la Corte de los Milagros: -Principios son; ... pero todas ésas son flores de cantueso viejas, y tan usadas que no hay principiante que no las sepa, y sólo sirven para alguno que sea tan blanco, que se deje matar de media noche abajo; pero andará el tiempo, y vernos hemos; que asentando sobre ese fundamento me dia docena de liciones, yo espero en Dios que habeis de salir oficial famoso, y aun quizá maestro. " Tanto, quizá, como llegó a serlo dos siglos y medio más tarde Picardía, el hijo de Cruz (Martín Fierro, v. 3097 a 3216): Hay muchas trampas legales, recursos del jugador; no cualquiera es sabedor a lo que un naipe se presta: con una cincha bien puesta se la pega uno al mejor. .................... Entre las "fullerías" más corriente en los juegos de naipes figuran la cartas "muleras", que el jugador lleva escondidas para hacerlas aparecer en el momento oportuno, que deja caer de la mesa para que no entren en el juego o que se da de más en el momento de repartir. Otra técnica habitual es el "empalme", que consiste en sacar una o dos cartas en el corte, reteniéndolas en la palma de la mano. Idéntica audacia requiere el "cambio de mazo", en que se trueca la baraja en uso por otra especialmente preparada, o la "patota", que exige la complicidad de algún auxiliar y que consiste en introducir un número determinado de naipes de igual valor entre los mazos empleados para el baccarat. Con el nombre de "peinado" se conoce a la técnica, que requiere gran habilidad y velocidad manual, de fingir la mezcla de los naipes sobre la mesa, y a este género, en el que solo cuentan el mazo y la experiencia manual del fullero, pertenecen el "salto", la mezcla "a la americana" (que permite conservar la carta deseada), el "enfile" (o cambio de cartas), la "corrida",etc. Entre las "fullerías" que requieren la participación de elementos extraños al naipe figuran el uso de la "pega", como se designa a la goma especial con que se unta débilmente el borde superior de ciertas cartas, a fin de facilitar la salida de determinados valores mediante una simple presión de la mano; el "espejito", que es un anillo o una pequeña plaquita reflectora que se pega en la palma y que permite "vichar" las caras de los naipes en el momento de repartir; el "encerado", que consiste en pasar cera de fósforos sobre el lomo de las cartas para que corran con más facilidad; los "rebajes", o cortes imperceptibles en los bordes que facilitan la aparición de determinados valores según se tome el mazo por las cabeceras o por los filos laterales; los "floreos", que se verifican mediante marcas diminutas y solo perceptibles a un tacto muy afinado, etc. Al igual que los naipes, el hueso de la taba y los dados se han prestado desde antiguo a numerosas fullerías, como "cargarlos" con mercurio, "limarlos" o "afeitarlos", a fin de que caigan siempre sobre un número previsto de lados. Estas artes de la "fullería" alcanzaron su máxima expresión a través de organizaciones delictivas como la "peca", que en Buenos Aires conoció su época de esplendor hacia las décadas de 1920 y 1930, con personajes famosos como el Vasco de Arrecifes, el Rengo y el Pibe de las Carreras, etcétera. Como reverso de la "fullería", con sus técnicas propias y su dilatada y laboriosa ejercitación manual e intelectual, debe señalarse, a nuestro juicio, la pura apelación supersticiosa a los poderes sobrenaturales. Juan B. Ambrosetti, uno de los precursores del estudio sistemático de nuestro folklore, registró en Supersticiones y leyendas (1917) algunas prácticas populares relacionadas con los juegos de apuestas, particularmente en la región misionera: Para las riñas de gallos: hacer tragar azogue al preferido, empollar los huevos sobre bosta de mula. Para las carreras de caballos: cortar los pelos de las ranillas del pingo contrario, o bien cortarle una cerda de la cola y manear con ella un sapo, que se enterrará vivo en el andarivel. Para las barajas: "velar" el mazo, untarse los dedos con piedra imán, envolver los naipes en un pañuelo sobre el que hayan cruzado dos víboras, etcétera. La región correntina del Iberá es igualmente rica en supersticiones, y son por cierto abundantes las creencias mágico-religiosas relacionadas con el juego. El paisano correntino -profundamente apegado hasta hace poco a un tipo de fe sincrética con resabios de paganismo y liturgia jesuítica- considera que San Onofre favorece a los jugadores, y por tal motivo le rinde una forma de culto particular, que tiende a granjearse su protección y que comienza con la posesión de una imagen del "santo", a quien los imagineros populares representan desnudo y con una larga barba que le cubre los genitales. Para que resulte eficaz, la veneración de San Onofre debe ser secreta, y para ello se lo "encierra" en los armarios, o se lo coloca detrás de las puertas, evitando en lo posible la mención de su nombre o el reconocimiento de su posesión. Los jugadores deben llevar oculta en el cinto la pequeña talla de hueso, y tocarla, sin despertar sospechas, cuando necesiten auxilio, pues en caso contrario su mediación puede resultar ineficaz e inclusive perjudicial. Otra curiosa creación de la fe popular correntina, San La Muerte, derivada probablemente de las representaciones coloniales del Cristo de la Paciencia, también presta su "ayuda" a los jugadores, quienes para estos gajes lo consideran un mediador tan plausible como San Onofre. Para contar con el favor de San La Muerte también es necesario poseer su imagen -tosco y pequeño amuleto que representa a un esqueleto en posición sedente- y rezarle cierta oración que dice: "San La Muerte, espíritu esquelético, poderosísimo y fuerte por demás... en el juego y en los negocios defiéndeme. Mi abogado te nombro como el mejor... ". En una tesitura de mayor adhesión pagana se recurre también a las virtudes de los payé, amuletos que se confeccionan especialmente, y en secreto, con materiales diversos y que es necesario "bautizar" llevándolos a la iglesia para que "escuchen" una misa. Los paisanos expertos sostienen que el payé más eficaz para el juego y para el amor es una pluma de caburé que se lleva en un relicario de tela. A estas expectativas sobrenaturales pertenece también la interpretación del significado de los "sueños", que constituye -junto con el "culto" a San Cono- un aspecto importante del utilaje mágico- propiciatorio de los jugadores de quiniela y lotería. Para satisfacer las necesidades onirománticas de los "soñadores" existe una nutrida y vétusta bibliografía de cordel -que en muchos casos se remonta al siglo XVIII- compuesta por almanaques, libros de los sueños, etc.

Este post esta dedicado a hacer el postre que mas me gusta. Los helados jaja . Mas o menos 10 minutos. Depende de la habilidad. Osea los hago yo y tamos 3 horas y media. La explicacion es sencilla, parapreparar el helado necesitamos una grasa para que no cristalize elagua. En este caso se trata de leche, que debe ser entera. Pero lepodriamos añadir un poco de nata e incluso batirla para obtener unresultado más cremoso. La sal aumenta el poder de congelar que tiene el freezer link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=http://www.youtube.com/swf/l.swf?swf=http%3A//s.ytimg.com/yt/swf/cps-vfl79892.swf&video_id=PCw609Yseog&rel=1&eurl=&iurl=http%3A//i1.ytimg.com/vi/PCw609Yseog/hqdefault.jpg&sk=aTLai1zmb7ksUR1CA_UIQIdJi8v8c_o2C&use_get_video_info=1&load_modules=1&fs=1&hl=es&cr=US&avg_rating=4.61818181818&length_seconds=185&allow_ratings=1&title=Como%20hacer%20helado%20muy%20r%C3%A1pido Lo podes hacer mas lentamente, se hace igual pero se mete en el congelador por lo menos una noche entera. bueno espero que les sirva cuando esten aburridos jaja Tambien les dejo para hacer los cucuruchos ingredientes para los conos: 5 huevos, 100 gr de Azucar, 3 cucharas de crema líquida, 125 gr de Harina, 1 cuchara de licor de cereza una punta de cuchillo de polvos de hornear. Método Batir los huevos con el azucar y la crema al "baño maría",poco a poco añadir el harina y mezclada con los polvos dehornear y el licor. Usar una waflera (si no tenes hacelo con algo similar) precalentada para tostarlos.Salidos de la waflera, se solidifican rápidamente, por ello, si sequieren fabricar conos para helados hay que hacerlo de inmediato, y hayque cuidar de no poner la masa muy espesa entre los moldes calientesdel aparato.