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pani48

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Le dan 5 años a Facebook para que se muera
Le dan 5 años a Facebook para que se muera
InfoporAnónimo11/18/2010

Como dice el dicho, “Nada dura para siempre”. Facebook estaría dentro de tal corolario, la fecha de su muerta inevitable sería el este 2015, lo que es bastante considerando que otros servicios han durado menos. Jeffrey Cole, experto en consumo digital, dijo en un foro de marketing digital que la red social que comanda Mark Zuckerberg tendría un final cruel este 2015. Al igual que sucedió con MySpace hace unos cuatro años atrás, sería lentamente olvidado por su audiencia juvenil, pero no por un natural reemplazo como sucedió cuando apareció Facebook. En vez de eso, se “fragmentará”, seguramente por otros servicios, de menor calaña, pero que hace un trabajo mucho mejor. Como lo que sucede con Twitter, que para ejemplificar, es como Facebook (sin apps, fan pages, eventos, etc) pero sólo con el cuadro “Qué está sucediendo”. Otras cosas que dijo fueron la dominación que tendría el iPad específicamente, y que en el mismo período de tiempo los periódicos de papel morirán para dejar un par de productos que se mantendrán por su calidad y confiabilidad en un país. Pero lo de Facebook suena a demasiado. ¿Creen que se mantendrá vigente para el 2015? Ojalá sepan transformar su negocio muy tarde para que no terminen como pasó con MySpace. Fuente: Facebook will be dead in five years (Fudzilla)

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Internet llega a la TV
Internet llega a la TV
InfoporAnónimo11/18/2010

Desde hace un tiempo se están produciendo cambios en la manera que tenemos de consumir televisión y contenidos audiovisuales. Ahora llega lo que era inevitable: nuestros televisiores se conectarán a Internet directamente, sin necesidad de hacerlo a través de otros dispositivos. Es decir, podremos navegar por contenidos y aplicaciones (las mismas que hoy instalamos en el iPhone o la Blackberry o el iPad) como Twitter, YouTube o Facebook desde el sillón de nuestro living y poner todos los televisores de la casa en red. El reciente lanzamiento de Google TV (en sociedad con Sony y Logitech) apunta a dar pelea en ese mercado. En ese rumbo, LG Argentina presentó acá la semana pasada su “NetCast”, una plataforma de TV por banda ancha que permite acceder a contenidos de Internet desde el televisor LCD o LED de la marca, por cable de red o Wi-Fi (ver la pantalla inicial en la foto de este post). ¿Qué tipo de contenidos hay disponibles? Por ahora anunciaron una sociedad con productores como Terra TV (de Telefónica), Mixplay (de Claxon) y lanacion.com, que desarrolló un producto específico para que los usuarios puedan navegar sus noticias desde la TV. Es decir, que por ahora habrá disponibles series, documentales y noticias, con productoras como Turner, National Geographic, Cartoon, Disney Channel, AP, CNN y Reuters. Pero LG negocia también un acuerdo con algún proveedor de películas on demand, para que se puedan alqualquilar y ver online (como ya pasa en EEUU con Netflix y Apple TV).

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Diego Capusotto y la ciencia de la risa
HumorporAnónimo7/2/2010

Diego Capusotto y la ciencia de la risa Una película de ovnis que también es un Spinal Tap por dos pesos y una nueva temporada de "Peter". El comediante que mejor define la época reflexiona sobre el horror que hay detrás del humor. Galería El tipo me habla con la seguridad del que ya se respondió todas las preguntas importantes. No es firme, sino contundente. No es formal, sino racional. No es tímido, pero sí prudente. No es joda. A esta altura de su vida y su carrera, Diego Capusotto se ha convertido en algo más que un humorista y esa transformación es algo que merece analizarse en serio. Es cierto que ahora está parado sobre un fondo de tela verde, con un sombrero ridículo, una camisa floreada y un moño negro, cantando con cara de nabo la siguiente estrofa: "Detrás de las paredes / Que ayer te han levantado / Te he dejado el orto estropeado". Pero también es cierto que luego grabará veintiséis versiones de una sola y estúpida palabra que él será capaz de convertir, con rápidos y escrupulosos matices, en veintiséis colores diferentes que pintan todo su arte. Sólo así -con una cosa, pero fundamentalmente con la otra- se puede explicar qué representa realmente este Juanete, "el artista que le puso un poco de picardía al rock nacional". Marxrrone. La mixtura entre Groucho y Marrone. Es esa capacidad de crear alianzas imposibles lo que define un estilo que ya tiene su nombre: capusottoniano. Y su propio libro de ensayos: Capusotto, realidad política y cultura, en el cual catorce filósofos, sociólogos, investigadores y docentes universitarios lo analizan como lo que es: un fenómeno meteorológico. Ya veremos cómo y por qué. Pero ahora estamos lejos de la biblioteca y al lado de los extraterrestres que lo abdujeron en la película Pájaros volando, que pronto estrenará en los cines y con una avant première que incluirá platos voladores. Porque este primer round tiene como escenario la grabación del doblaje de algunas escenas del film que dirige Néstor Montalbano -ex cómplice de Capusotto en Todo x 2 pesos y Cha cha cha- y él ya se calzó los guantes, esperando las preguntas, con una distancia cordial, elegante, que protege su persona de sus personajes y con la que me anticipa que sabe lo que estoy buscando. Entiendo. Capusotto es algo serio. Y para el tipo la clave de esta oración no es su nombre sino ese "algo". Fue Michel Foucault el que construyo su teoría sobre la genealogía del lenguaje a partir de un relato de Jorge Luis Borges. Por la risa que le provocaba leerlo y por cómo esa risa sacudía "todo lo familiar del pensamiento". La función del disparate es ésa, nos señalaba así el filósofo. Revelar que hay un orden. Y que ese orden no es el único posible. Capusotto define ese "algo" de manera similar. "El lenguaje humorístico siempre tiene que ver con el disparate que destruye la realidad a partir de una situación inverosímil. Por eso me parece que la tragedia está siempre muy relacionada con el humor. Uno apunta siempre ahí: a reírse de lo trágico. Eso no implica que ande por la vida diciendo: «Uy, qué tragedia». Habrá quien no, pero yo tengo claro que necesito esa fuga para, al menos, no aburrirme." ¿Qué te aburre? A veces me aburro de mí. O de no estar haciendo nada trascendente o de hacer siempre lo mismo. También de las estructuras y de saber qué viene. ¿Y cómo evitás que se aburra el espectador "que ya sabe lo que viene"? Cuando hacés algo que lo emociona o lo saca de ese lugar convencional de estar pasivamente sentado. Cuando vas al hueso de lo emotivo para que pueda fugarse. Cuando lográs que se haga las mismas preguntas que vos. ¿Cuáles son las preguntas que tenés en común con tu espectador? Me imagino que un pibe de 30 años, hijo de padres de la década del 60, se preguntará otra cosa que mi generación. Nosotros somos hijos de la dictadura. Nuestros mayores fueron militantes o estaban en el vagón emocional de eso que pasaba en los 70 y que después fue aniquilado. ¿Pertenecer a esa generación es algo que te define? Sí, desde ya. Y también ser de la generación que a los 18 años terminó yendo a Malvinas para "defender a la patria". Y la que vio morir ciertos valores que para nuestros padres eran incuestionables. Hemos crecido con la idea de la familia, de la organización, del éxito, de la cultura del trabajo. Con ese proyecto de la familia unida que se descascaró, para después convertirse en una carrera que gana el más vivo o quien negocia mejor. Pasamos del paradigma de "la imaginación al poder" al de "la imagen al poder". ¿No es ése el paradigma que usás para construir tus personajes? Sí, pero para destruirlo en la medida que pueda y con un lenguaje limitado, que a veces confunde. Algunos pueden entender lo que subyace, el horror que hay atrás de la risa, y otros pueden ver su liviandad y decir: "Bueno, esto sólo es un programa de humor". ¿Y por qué para vos no es sólo eso? Porque tenemos un sentido de pertenencia con el programa. No estamos trabajando como en una oficina a la que uno va, marca tarjeta, hace lo que tiene que hacer, y si el programa después se levanta, es una pena porque no seguís cobrando. Esto es nuestro. Entonces hay que tratar de cuidarlo y no pensar en términos de efectividad, sino de una cuestión relacionada más al placer que nos da hacerlo. Alguna vez escuché a Alejandro Fantino decir: "Cuando terminamos el programa, nos vamos a casa y listo, se terminó". Eso me parece un poco perverso, porque representa que vos estás creyendo lo que estás diciendo sólo porque hay un sueldo que te convence. ¿Y cómo funciona en tu caso? Como el típico juego del niño: un juego que es noble porque se juega con seriedad, porque te lo estás creyendo. ¿Esa es la clave? ¿La fe y seriedad? La total seriedad de estar creyendo en lo que estoy haciendo. Entonces, el juego no termina cuando te vas a tu casa, sino que acompaña tu vida. ¿De qué manera? Ese mismo espíritu que uno pone para hacer el programa es el mismo que va a volver en otro, aunque tenga otra máscara, otra escenografía y otra manera de contar. Siempre va a seguir flotando esa especie de señalización de algo que nos molesta y que, por eso, parodiamos o burlamos. Parodiás todo lo que te duele. Y la manera de defenderte de eso y tomar posición es la burla, que es un arma bastante contundente. ¿Como herramienta política? Todo es política. Si construís algo desde lo que pensás, es política. Desde ese punto de vista, ¿es político el programa de Tinelli? Su forma de hacer política tiene que ver, sin duda, con la lectura que hace del concepto de entretenimiento. Alguna que otra vez se torna más explícita, como cuando hizo alguna referencia a la inseguridad o como cuando en el año 95 convocó a Menem. Digamos que no hizo que ganara, pero trabajó para eso. Lo político, entonces, ¿es el poder de construcción de poder que tienen los medios? Los medios construyen una voz oficial que va dictando cómo va la cosa y hacia dónde tiene que ir. Hoy son una institución con cierto manto de impunidad. Y su rol es proteger esa institucionalidad y esa impunidad. Por eso hace que te preocupes mucho más si un pibe de una villa mata a un tipo para robarle un auto que si un policía lo liquida con gatillo fácil. Y cuando mata el Estado, trata de que mires para otro lado. Desde ese punto de vista crítico, ¿no es difícil ser oficialista? Sí, porque lo que incomoda y genera contradicción es toda estructura de poder. ¿Cómo acomodás, entonces, tu oficialismo? Me acomodo de acuerdo a escenarios que suceden. Uno trata de tener una visión crítica y de profundizar lo bueno y señalar las cosas que están mal. Pero también hay un escenario en que hay una oposición con proyección al poder que me resulta obscena. Creo que el Gobierno ha hecho cosas muy interesantes, pero que también comete errores. Es cierto que desde la apertura democrática es con el que tengo más empatía, pero eso no significa que no pueda ser crítico por el cuento ese de ser funcional a la derecha. Sos funcional a la derecha cuando pensás que todos los errores los comete sólo el Gobierno y no hacés una mención a algo que se pone en frente y tiene proyección de poder: esa oposición, que me parece de cuarta. Hacer tan explícita tu posición política, ¿cómo afecta la relación con tu público? Nuestra relación con el público está construida a partir de lo que hacemos. Esa es nuestra alianza. No soy un tipo que aparece en un lugar público porque tiene éxito y nada más que eso. Lo mío no tiene la banca de la categorización. No relaciono la palabra "extravagante" con un personaje como Fort... Yo lo escuché, no lo estoy inventando. Hay una banda de papafritas que terminan hablando de personajes que son fenómenos mediáticos, no sociales. Y en eso soy terminante: si vos le pedís a ese chabón un autógrafo, sos un subnormal. La estupidez es la única enfermedad que no tiene antídoto. Porque un personaje así tiene para mí la importancia de una pileta de natación vacía. En cuanto a tu etiqueta, tampoco creo que sea la de loco drogadicto... Ya no. Ahora apareció la del prestigio. ¿Cómo apareció? Por el lado de la cultura del rock, que te da un link con lo intelectual y lo político. El rock siempre da la sensación de pertenencia a una tribu que cuestiona al mundo conservador. ¿Aún hoy, cuando un ícono como Charly se coloca al lado de Palito? En el rock ya ha entrado desde el rockero que tiene la limusina y está esperando llenarla de minitas hasta el tipo que se ahoga en su propio vómito y ha hecho cosas muy jugadas y muy al límite. Lo que los diferencia es si tienen algo para decir o no; Charly lo tuvo en su momento. Después, bueno, se enganchó con Menem porque un día le dijo: "Escucho todos tus discos". Hay algo de ingenuidad, algo infantil en esa actitud. Te sobrepasa el personaje que creaste y se vuelve algo casi pueril, esta cosa de la vanidad, del ego, de la exposición permanente. Hay otros tipos, como Spinetta, que son todo lo contrario. Pero los dos han dicho cosas. Por eso ni me detengo a pensar en Palito, porque eso es tan personal y es difícil entrarle al alma de otra persona que a lo mejor no tiene nada que ver conmigo. Lo que uno termina sacando de ese tarro es si ese tipo dijo algo interesante o no. Me parece que Charly sí y otros no; otros son la mueca de algo que supuestamente traspasa un límite y que, en realidad, no traspasa nada. En el rock ha entrado todo porque se ha convertido en un gran negocio. En ese sentido, si hay algo cercano al rock es el peronismo. Si lo único que importa es lo que tenés para decir, ¿cuál es tu texto? Lo que digo, principalmente, es lo que hago. Nosotros tenemos luz propia en el movimiento. Porque de nuestras vidas pocos saben. Sólo nos explicamos ahí, en la acción pura, en eso que hacemos y eso que provoca lo que hacemos, que siempre nos sorprende y de alguna manera nos trasciende. Cualquier artista hace su trabajo y después debe desaparecer en los otros, que es lo que más cuesta. Para mí, aunque suene rebuscadamente poético, esta idea de que uno se explica en lo que hace y que después desaparece en la mirada del otro sería el costado que más me interesa de lo que nosotros hacemos. ¿Por qué decís "nosotros"? Digo "nosotros" por Pedro Saborido y porque este programa sin Pedro no existe y sin mí tampoco. El primer round ha llegado a su fin con dos desafíos y los dos tienen que ver con los límites que Capusotto resguarda. Hacer en lugar de decir. Ser uno, dos, muchos personajes en lugar de una persona. Con uno se protege, quizá, de sus propias etiquetas, que son varias. Con el otro, de todo lo demás. Eso es exactamente a lo que me refiero cuando digo "el tipo". Ni el hombre, ni el actor. Con el que acabo de conversar durante más de dos horas es, sin duda, un promedio. Estamos en el estudio ubicado frente a coto y vecino al shopping Abasto y a la iglesia Jesús a las Naciones, del pastor Juan José Climenti. Las coordenadas son tan literales que ubican a Capusotto en su debido contexto: República Argentina, año 2010. En el primer piso y en un pequeño espacio de pocos metros se despliega todo el universo del programa de tevé que comenzará a emitirse el lunes 19 de julio, a las 22.30 y durante diez o doce semanas, no más. Allí están todos los habitantes de ese planeta autónomo -nueve hombres y una mujer-, conducidos por Pedro Saborido con órdenes concisas y gestos exactos. El es quien dicta qué planos, qué objetos, qué textos, qué tiempos, qué todo. En el centro mismo de esa agitación se planta Capusotto, en actitud zen. Entre los dos dibujan una extraña y sincronizada coreografía que nunca, jamás, incluye un solo intercambio de miradas y pocas, escasísimas palabras. Todo entre ellos ya ha sido dicho, en la etapa previa y de creación, de la que sólo el dúo participa y de la que nace todo lo que allí se registra. "La confianza es total. Sé que Pedro tiene todo claro y controlado. Entonces no interrumpo su trabajo ni con la mirada. Sé que puedo entregarme a la suya porque no sólo ve lo que está sucediendo en ese momento, sino que sabe cómo funcionará luego en la edición. El tiene ese talento, esa capacidad de ver en el momento el todo. Y yo me dedico a lo que tengo que hacer, que es a poner el cuerpo y a que pueda aparecer algo ahí que pueda transformar para bien eso que pensamos juntos antes y que ya está perfectamente organizado", dirá Capusotto luego para explicar esa extraña ceremonia con la que Saborido zurce, con breve sorbos, las imágenes que luego irá hilvanando en cada programa. Durante dos días y por un par de horas observé el rito y su austero contexto. Me queda claro, entonces, que esa estética es producto de una ética: hacer todo con nada. O mejor dicho: crear con nada, todo. No es magia, sino profesionalismo lo que permite entonces la multiplicación de los planos, que son hijos pródigos de ese ingenio tan argento que Saborido sintetiza con una frase escupida en plena faena: "Por algo me dicen el George Lucas de Gerli". Esa combinación, en su caso, incluye una eficiencia de MacGyver y un toque de ese apodo que le puso su equipo y que hoy le calza como un guante: Unabomber. Aunque en este caso lo que estallan no son bombas, como las que solía enviar por correspondencia aquel terrorista estadounidense, sino petardos. Literalmente. Soborido los arroja al set, sin aviso, sin explicaciones y sin siquiera reírse luego por la humorada. Queda claro también que Saborido es otro tipo serio. Esa seriedad por duplicado es quizá la que fue capaz de crear algo "distinto" que construyó "no sólo una reflexión más interesante sobre los tiempos que corren, sobre la televisión que se mira y los lenguajes que se hablan en esta sociedad fragmentada, escindida, desquiciada, sino también una percepción muy sutil acerca del modo en el que nuestro presente hereda las facetas más dolorosas de nuestro pasado. Se trata de un fenómeno cultural extraordinariamente complejo y rico, denso, que se ha convertido en un hecho fundamental de la cultura argentina, con una audiencia bastante reducida en el canal estatal y una audiencia multiplicada varias veces a través de los mecanismos de la tecnología informática, otra circunstancia que le da una fuerza muy novedosa", señala la eufórica introducción a los ensayos que analizan los íconos del planeta Capusotto, seleccionados de acuerdo con el clima que domina en cierta generación de la intelectualidad local. Sin duda, la estrella de este universo es Bombita Rodríguez. Es el protagonista de cinco de los doce capítulos y eje del análisis de Horacio González, el director de esa Biblioteca Nacional que aloja a la escuadra oficialista denominada Carta Abierta (que esta temporada tendrá su referencia en el programa, cuando irrumpa un nuevo personaje, Piqui Piqui, "un idiota que produce furor entre la gente, al punto tal que se convierte en candidato a Presidente. Los que lo critican se nuclean en el grupo Carpa Abierta", me contará luego Capusotto). Pero también desfila por esas páginas Micky Vainilla, el cantante nazi-pop (analizado como un "viaje hacia nosotros mismos, hacia el interior de nuestra sociedad posmenemista"; el Emo (que revela "la sumisión de estos colectivos sociales, llamados indulgentemente tribus urbanas, a los valores mercantiles"; Luis Almirante Brown, el hombre que propone Artaud para millones; y el doctor Juan Estrasnoy, el educador violento que quiere exterminar a los malhablados ("demuestra la impotencia de la educación argentina como tangente mediadora" entre dos clases paralelas encarnadas por el cheto y el fierita "que ni se hablan ni se escuchan". Saborido me cuenta que escuchó en directo estas conceptualizaciones, cuando los invitaron a participar de una conferencia en la Universidad Nacional de General Sarmiento, a la cual pertenecen los compiladores del libro. Muy serio dirá: "Está muy claro para nosotros de qué habla el programa, pero también que no queremos teorizar al respecto". Se entiende, entonces, que para ellos la gracia es no tener que explicar el chiste, porque si no, no hay chiste ni gracia. Su preocupación, en todo caso, a esta altura de los análisis y el trayecto, es otra: "Conservar el amateurismo". Por eso se imponen, dice, la gimnasia de tener en cada programa dos personajes nuevos. "No todos llegan a buen puerto, pero el hecho de estar obligados a meter cosas nuevas siempre nos aumenta la capacidad, no sólo de seguir moviendo la mollera, sino también encontrar algo que esté bueno. Es casi estadístico. En ese tirar cosas nuevas, también está el miedo de gastar lo que ya tenemos, de aburrir, de no sorprender. En el humor, el límite entre algo brillante y algo pelotudo es muy finito. Es uno de los géneros con más riesgo al papelón. Y todo nuestro trabajo se organiza en función de evitar ese momento." Es una pena que semejante lección no haya sido analizada por ningún académico. El tercer round se da frente a una pantalla de computadora donde me proyectan la película protagonizada por Capusotto. Trato de sortear las distracciones que representan ver a Víctor Hugo Morales representando a Dios, confirmar que Antonio Cafiero es un excelente actor o admirar el vestuario de Luis Luque, convertido en una cruza de Hugo Moyano con Hare Krishna. No es ése el desafío, no. Se trata de establecer si Capusotto logró vencer la maldición de Olmedo, que convirtió al cine en su verdadero cementerio. Reconozco, entonces, esa sutileza que lo mantiene a salvo. El, que tantas veces es un bufón exagerado, se mantiene en un tono contenido, ajustado a un personaje que se parece mucho a muchos otros que interpreta, pero sólo como un pariente cercano. Y en esa posibilidad de calibrar la dosis necesaria de Capusotto de acuerdo con la historia que se narra, encuentro al actor y de qué está hecho. Una alquimia de miradas, pequeños gestos y actitudes que no se notan, pero están, como hilvanes disimulados en los pliegues de un vestuario. el ultimo round tiene premio. Quizá por el diluvio. O por Barracas, que para él es barrio y no escenario. O porque la paciencia es una virtud barata y provechosa. Es cierto que la charla comienza con el tono y la distancia reglamentaria, que acepto sin chistar. ¿Qué harías si no pudieses trabajar de actor? No puedo pensar eso porque tengo un nombre que, de alguna manera, ya está instalado. No pertenezco al circuito marginal de la cultura o de la expresión. Sé positivamente que cuando no hagamos televisión, buscaremos otros espacios, como el teatro, que nos permite seguir juntándonos con las mismas voluntades, aunque seguramente con otras expectativas. ¿En qué sentido? Va a haber un productor que va a pensar que vamos a meter mucha gente porque ya tenemos registrado un nombre. Pero el armado lo vamos a hacer siempre nosotros. La idea seguirá siendo nuestra. Algo es seguro: me va a servir más, humanamente, hacer un personaje en cine o en teatro, aunque su éxito sea fallido, que estar en televisión con algo que no me guste. ¿De dónde viene esa contundente seguridad que te noto tanto cuando grabás el programa como en esta charla? Creo que esa seguridad que vos notás tiene que ver con que para mí la idea es mucho más superadora que el trabajo personal. Quiero decir: nunca estoy pensando en la propia actuación, sino en la idea. Esa es la convicción que hace que no haya histerias respecto de cuánto tengo que brillar o cuánto dejo de brillar con respecto a otro trabajo que hice. Tengo en claro que, en algún momento, esto que es Peter Capusotto hay que pararlo, incluso para poder retomarlo. Siempre fue así. Cuando formé parte de Cha cha cha o de Todo x 2 pesos, también. Hay un momento en el que la idea que te llevó a hacer algo se empieza a deshilachar, y tenés que estar atento a ese momento. Parte de la estrategia que hemos tenido con este programa está motivada precisamente en que no nos pase eso. Y la manera de lograrlo es justamente eligiendo hacer sólo diez o doce programas por temporada. En esas cosas, tengo seguridad. ¿Nunca hiciste nada de lo que te arrepintieras? No me gusta hacer publicidades. En general, se hacen sólo por plata. Y puedo hablar por todos los actores o actrices que hacen publicidad. Es lo único que no me ha gustado. No me arrepiento, porque sé por qué lo hice, pero es algo que no tiene ningún valor para mí. Ni en el sentido estético ni como aporte al oficio. ¿Por qué? Porque es algo que está más vinculado a la mentira, a lo falso, que es lo contrario de la actuación. Es cierto que en algún momento, por el año 93, ganaba más con eso que por hacer Cha cha cha. Pero también es cierto que hice algunas, pero podría haber hecho muchísimas más y me negué. El publicitario es un mundo que no me cae muy simpático. Esa cosa de la pretensión estética para vender un chocolate a mí me pone un poco nervioso. Uno de los personajes nuevos de esta temporada está relacionado con eso: con lo que representa el consumo... Consumo no deja de ser una humorada que juega con lo que representó Sumo. Que aparece con la canción "Mañana en el Abasto" y su contrapunto actual, el shopping. Esta especie de líder del consumo es la antítesis del líder que representaba Luca Prodan. Algún idiota podrá pensar que es una parodia a Sumo, pero es su antítesis. La parodia, en todo caso, está dirigida a señalar en qué te convierte la publicidad, a un intento por destruir esos valores que sabemos que son falsos y que el humor está denunciando. ¿Un humor de protesta? El humor es eso. También es esperanza: un chiste siempre necesita de alguien que se ría. Sí, no hay duda. Pero me conformo con que sea alguien medianamente perceptivo, nada más. Nunca se sabe quién está del otro lado. Porque del otro lado, hay muchos. Esa es la parte nihilista del humor: no saber nunca si tiene sentido. Es una pregunta que uno permanentemente se hace en la vida. ¿No hay certezas? La certeza que tenemos es la de saber a quién atacar, pero porque en la vida sabemos a quién atacar. Y el programa no está separado de la vida. ¿Cuál es el blanco? El poder. El poder de la palabra, de las instituciones, de la educación, en el sentido de cómo nos condicionan para vivir con consignas falsas. Es nuestra forma de decir: "Conmigo, para eso, no vas a contar". ¿De descontrolar el control? Exacto. Esa figura me gusta. Es la figura del tipo que se está escabullendo de eso que sabe que es mentira. Bueno: la idea es que no lo puedan agarrar y que ese tipo resista, desde la burla. Me parece que la burla es un arma poderosa. Capusotto dice "tipo", y suena la campana. El juego terminó, y el premio por haber participado es dejarme espiar al padre orgulloso que habla de su hija de 11 años, que estudia batería, participa de la murga Los Descontrolados de Barracas y actúa en la obra de teatro comunitario El casamiento Anita y Mirko. Me dice, también, que el lugar desde donde sigue mirando el mundo es esa esquina de Milton y Bacacay en la que paraba con su barra de amigos. Que muchas veces pasaba por ahí un patrullero que los levantaba "como si nada" y que esa impunidad es su recuerdo más vívido de la dictadura. Que sigue en contacto con algunos de esos amigos, pero que prefiere no pensar la vida en términos de "¿viste cuando teníamos 15 años?". Que perdió a sus dos hermanos, esos que le revelaron todas las respuestas. Uno era más grande que él y murió a los 35. Otro era más chico y se fue a los 32. Que estudió batería, pero nunca llegó a armar una banda. Que tiene facilidad para cantar, pero no para tocar la guitarra. Pero que se dio cuenta recién a los 24 años de para qué estaba en la vida, cuando en el taller de teatro le hicieron por primera vez improvisar un monólogo y cómo con sólo pararse, logró que todos sus compañeros se mataran de risa. Que ahí se dio cuenta inmediatamente de la diferencia, pero también de la conexión, que había entre el escenario y su esquina. Como si Milton y Bacacay fuera el Aleph, el agujero desde donde se puede espiar todo lo que hay en el mundo, y el escenario, el hueco desde el cual avizorar todo aquello que no. El hombre, en cambio, recién asoma cuando se atreve a contar cómo conoció a su mujer, María Laura. "Era amiga de una chica que salía con el Gordo Casero. Trabajaban juntas en la agencia Walter Thompson, en la administración. Un día, el Gordo, jodiendo, le dice: -Te voy a presentar a alguien. -Bueno, pero que sea de Racing. -Entonces te presento a Capusotto. Y así fue." En el bar Oliverio y con la excusa de un recital de la banda Halibour que Casero formaba por entonces con Javier Malosetti, Héctor Epumer y el Mono Fontana. Intento imaginar la escena y, entonces, lo veo. No al tipo: a él. Ahora, imaginátelo vos. Fuente Rev Rolling Stone del 1.07.2010

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El periodismo en tiempos de internet
El periodismo en tiempos de internet
Ciencia EducacionporAnónimo9/10/2010

La producción de conocimientos siempre es social, colectiva. Responde a contextos específicos, a ambientes donde se van generando ideas, confrontando visiones. La universidad tiene que ser uno de esos ámbitos donde se privilegie la investigación y la experimentación para la generación de conocimientos relevantes. Para quienes trabajamos cotidianamente en la gestión de información y la enseñanza del periodismo, los cambios de las últimas décadas han sido constantes y, no pocas veces, abruptos. Las computadoras han ido extendiendo su campo de acción al sector de la gráfica avanzada, el audio y las imágenes en movimiento, ampliando los escenarios laborales al mundo del multimedio. La web 2.0 también está abriendo las puertas a la creación de nuevos medios con mayor participación de los lectores/usuarios. Para el periodista, buscar información sigue siendo estar ahí, preguntar a los protagonistas, explorar el territorio, pero no sólo eso. Ahora además es necesario recurrir a múltiples opciones de acceso a la información que ofrece Internet. Y ni hablar de lo que ocurre en el ámbito del fotoperiodismo. La fotografía digital vino a potenciar esa otra forma ancestral de contar, a través de imágenes. La pantalla se convirtió, de esta manera, en un dispositivo que está introduciendo cambios importantísimos en las prácticas de escritura, lectura y conocimiento. “El lenguaje digital”, “con sus enormes potencialidades y su maleabilidad, plantea nuevos desafíos al periodismo. Preguntar, indagar, conocer, dudar, investigar, confirmar, emocionar, contar historias, todo lo que constituye la esencia de la práctica periodística se amplía. Por eso, como afirma García Márquez, “el periodismo merece no sólo una nueva gramática, sino también una nueva pedagogía”. Por Silvana Comba / Directora del Postítulo y Licenciatura en Periodismo (UNR) Fuente Diario La Capital

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Qué le está haciendo Internet a nuestros cerebros?
Ciencia EducacionporAnónimo12/16/2010

Nunca un sistema de comunicación ha ejercido una influencia tan amplia sobre nuestros pensamientos como hace hoy Internet. Pero a pesar de todo lo que se ha escrito sobre la Red, se ha pensado poco en cómo exactamente nos está reprogramando. La ética intelectual de la Red sigue siendo oscura. Dave, para. Para, por favor. Para, Dave. ¿Vas a parar, Dave? Así suplica la supercomputadora HAL al implacable astronauta Dave Bowman en una famosa y fantásticamente conmovedora escena casi al final de 2001: Una odisea del espacio de Stanley Kubrick. Bowman, tras haber sido enviado a la muerte en el espacio interplanetario por la máquina descompuesta, está tranquila y fríamente desconectando los circuitos de memoria que controlan su ?cerebro? artificial. ?Dave, estoy perdiendo la mente ?dice HAL, con tristeza?. Me estoy dando cuenta. Lo estoy sintiendo.? Yo también me estoy dando cuenta, lo estoy sintiendo. En los últimos años he tenido la incómoda sensación de que alguien, o algo, ha estado jugueteando con mi cerebro, cambiando el esquema de su circuito neural, reprogramando la memoria. No es que esté perdiendo la mente ?hasta donde puedo decir?, pero me está cambiando. No estoy pensando del modo que antes lo hacía. Me doy cuenta sobre todo cuando leo. Antes me era fácil sumergirme en un libro o en un artículo largo. Mi mente quedaba atrapada en la narración o en los giros de los argumentos y pasaba horas paseando por largos tramos de prosa. Ahora casi nunca es así. Ahora mi concentración casi siempre comienza a disiparse después de dos o tres páginas. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. La lectura profunda que me venía de modo natural se ha convertido en una lucha. Creo que sé qué está pasando. Desde hace ya más de una década, he estado pasando mucho tiempo en línea, buscando y navegando y a veces añadiendo a la gran base de datos de Internet. La red ha sido una bendición para mí como escritor. Puedo hacer en minutos la investigación que en un tiempo requería días en salas de la biblioteca o de las publicaciones periódicas. Unas pocas búsquedas en Google, algunos ?clics? rápidos en hiperenlaces(1) y obtengo el dato revelador o la cita sucinta que andaba buscando. Incluso sin estar trabajando, es muy probable que esté hurgando en la espesura de la información de la Red: leyendo y escribiendo correos, escaneando titulares y blogs, viendo videos y escuchando podcasts o sencillamente saltando de enlace en enlace. (A diferencia de las notas al pie, a las que muchas veces se asimilan, los hiperenlaces no sólo señalan obras que guardan relación con el tema, sino que lo lanzan a uno a ellas.) Para mí, como para otros, la Red se está convirtiendo en un medio universal, el conducto de casi toda la información que fluye a mis ojos y oídos y entra en mi mente. Las ventajas de tener acceso inmediato a un almacén tan increíblemente rico de información son muchas y éstas han sido ampliamente descritas y debidamente aplaudidas. Clive Thomson escribió en Wired: ?La retentiva perfecta de la memoria de silicón puede ser una enorme ayuda al pensamiento.? Pero la ayuda tiene un precio. Como señaló el teórico de los medios de difusión Marshall McLuhan en los años sesenta, éstos no son sólo canales pasivos de información. Suministran la materia para el pensamiento, pero también conforman el proceso del pensamiento. Y lo que la Red parece estar haciendo es socavar mi capacidad de concentración y contemplación. Mi mente espera ahora captar la información del modo en que la Red la distribuye: en una corriente de partículas en rápido movimiento. En un tiempo fui un submarinista en el mar de palabras. Ahora me deslizo por la superficie como un tipo en una moto acuática. No soy el único. Cuando les menciono mis problemas con la lectura a amigos y conocidos ?la mayoría de ellos hombres de letras? muchos dicen estar experimentando algo similar. Mientras más usan la Red, más tienen que luchar para concentrarse en escritos largos. Algunos de los bloggers que sigo también han comenzado a mencionar el fenómeno. Scout Karp, quien escribe un blog sobre los medios de difusión en línea, confesó hace poco que ha dejado por completo de leer libros. ?Hice el master en literatura en la universidad y era un voraz lector de libros ?escribió?. ¿Qué ha pasado?? Y especula la respuesta: ?¿Y si todo lo que leo es en la red, no se debe a que la forma en que leo haya cambiado, o sea, que esté sólo en busca de comodidad, sino porque mi forma de PENSAR ha cambiado?? Bruce Friedman, quien escribe regularmente blogs sobre el uso de las computadoras en la medicina, también ha descrito la forma en que Internet ha cambiado sus hábitos mentales. ?He perdido casi por entero la capacidad de leer y absorber un artículo largo en la red o impreso?, escribió a principios de año. Friedman, patólogo miembro de larga data de la facultad de la Escuela de Medicina de la Universidad de Michigan, amplió su comentario en una conversación telefónica conmigo. Su forma de pensar, dijo, ha tomado una calidad de ?staccato?, que refleja la forma en que escanea con rapidez pasajes cortos de texto de muchas fuentes en línea. ?Ya no puedo volver a leer La guerra y la paz ?admitió?. He perdido la capacidad de hacerlo. Me resulta difícil absorber incluso un blog de más de tres o cuatro párrafos. Lo leo por encima.? Las anécdotas por sí solas no demuestran mucho. Y todavía estamos en espera de experimentos neurológicos y psicológicos a largo plazo que brinden una imagen definitiva de la forma en que el uso de Internet afecta la cognición. Pero un estudio recién publicado de los hábitos de investigación en línea, realizado por académicos del University College de Londres, indican que muy bien podemos estar en medio de un cambio radical en la forma en que leemos y pensamos. Como parte de un programa de investigación de cinco años, los estudiosos examinaron registros de computación que documentan el comportamiento de visitantes de dos populares sitios de investigación, uno operado por la Biblioteca Británica y el otro por un consorcio educacional del Reino Unido, que brindan acceso a artículos de revistas, libros electrónicos y otras fuentes de información escrita. Encontraron que las personas que usan los sitios exhibían ?una forma de actividad como de quien está echando una ojeada?, en que saltaban de una fuente a otra y pocas veces regresaban a una que ya hubieran visitado. Típicamente leían sólo una o dos páginas de un artículo o libro antes de ?saltar? a otro sitio. A veces salvaban un artículo largo, pero no hay pruebas de que regresaran a él y lo leyeran de verdad. Los autores del estudio informan: Es evidente que los usuarios no leen en línea en el sentido tradicional; de hecho hay indicios de que están surgiendo nuevas formas de ?leer? según los usuarios navegan horizontalmente por los títulos, los índices y los resúmenes buscando ganar rapidez. Casi parece que van en línea para evitar leer en el sentido tradicional. Gracias a la ubicuidad del texto en Internet, por no mencionar la popularidad de los mensajes de texto en los teléfonos celulares, pudiéramos estar leyendo más hoy que en los años setenta u ochenta, cuando la televisión era nuestro medio preferido. Pero es un tipo distinto de lectura y detrás de él hay un tipo distinto de pensamiento? tal vez incluso un nuevo sentido del ser. ?No sólo somos lo que leemos ?dice Maryanne Wolf, psicóloga del desarrollo de la Universidad de Tufts y autora de Proust and the Squid: The Story and Science of the Reading Brain (Proust y el calamar: La historia y la ciencia del cerebro lector)?. Somos como leemos.? A Woolf le preocupa que el estilo de lectura que promueve la Red, un estilo que coloca la ?eficiencia? y la ?inmediatez? por encima de todo lo demás, esté debilitando tal vez nuestra capacidad para el tipo de lectura profunda que emergió cuando una tecnología anterior, la prensa impresa, hizo comunes y corrientes las largas y complejas obras de prosa. Cuando leemos en línea, dice, tendemos a convertirnos en ?meros descodificadores de información?. Nuestra capacidad de interpretar textos, de hacer las ricas conexiones mentales que se forman cuando leemos con profundidad y sin distracción, sigue en gran medida desconectada. Leer, explica Wolf, no es una habilidad instintiva de los seres humanos. No está grabada en nuestros genes del modo que lo está el discurso. Tenemos que enseñar a nuestras mentes a traducir los caracteres simbólicos que vemos al lenguaje que comprendemos. Y los demás medios u otras tecnologías que usamos al aprender y practicar el arte de la lectura desempeñan un papel importante en la conformación de los circuitos neurales que se encuentran en el interior de nuestros cerebros. Los experimentos demuestran que los lectores de ideogramas, como los chinos, desarrollan un sistema de circuitos mentales para la lectura muy diferente del sistema que se encuentra en quienes, como nosotros, cuya lengua escrita emplea el alfabeto. Las variaciones se extienden a lo largo de muchas regiones del cerebro, incluidas las que rigen funciones cognitivas tan esenciales como la memoria y la interpretación de estímulos visuales y auditivos. Podemos también prever que los circuitos tejidos por nuestro uso de la Red sean distintos a los tejidos por nuestra lectura de libros y otras obras impresas. En algún momento de 1882, Friedrich Nietzsche compró una máquina de escribir: una Malling-Hansen Writing Bal, para mayor precisión. Le fallaba la vista y mantener los ojos enfocados en la página se le había hecho agotador y doloroso y muchas veces le provocaba fuertes dolores de cabeza. Se había visto obligado a reducir su escritura y temía que pronto le sería necesario abandonarla. La máquina de escribir lo rescató, al menos de momento. Una vez dominada la mecanografía al tacto, podía escribir con los ojos cerrados, usando sólo las yemas de los dedos. Las palabras podían fluir de nuevo de su mente a la página. Pero la máquina tuvo un efecto más sutil sobre su obra. Uno de los amigos de Nietzsche, un compositor, observó un cambio en su estilo de escribir. Su prosa, ya de por sí tersa, se había hecho más comprimida, más telegráfica. ?Puede que con este instrumento incluso te adaptes a nuevos giros idiomáticos ?le escribió el amigo en una carta observando que, en su propia obra, sus ?«ideas» en música y lenguaje solían depender de la calidad de la pluma y el papel?. ?Tienes razón ?repuso Nietzsche?, nuestro equipo de escribir participa en la formación de nuestros pensamientos. Bajo el influjo de la máquina, escribe el académico alemán de los medios de difusión Friedrich A. Kittler, la prosa de Nietzsche ?cambió de argumentos a aforismos, de pensamientos a juegos de palabras, del estilo retórico al telegráfico.? El cerebro humano es casi infinitamente maleable. La gente pensaba que nuestro engranaje mental ?las densas conexiones que se forman entre los 100 billones de neuronas que se encuentran dentro de nuestros cráneos? estaba en gran medida fijado para el momento en que alcanzábamos la edad adulta. Pero los investigadores del cerebro han descubierto que no es así. James Olds, profesor de neurociencia que dirige el Instituto Krasnow de Estudios Avanzados en la Universidad George Mason, afirma que incluso la mente adulta ?es muy plástica?. Las neuronas normalmente rompen conexiones viejas y forman nuevas. Según Olds, ?el cerebro tiene la capacidad de reprogramarse a la carrera, cambiando la forma en que funciona.? Según usamos lo que el sociólogo Daniel Bell ha llamado nuestras ?tecnologías individuales? ?los instrumentos que amplían nuestras capacidades mentales más bien que físicas? inevitablemente comenzamos a adoptar las cualidades de esas tecnologías. El reloj mecánico, que comenzó a usarse corrientemente en el siglo XIV, brinda un ejemplo convincente. En Technics and Civilization (Técnicas y civilización), el historiador y crítico de la cultura Lewis Mumford describió la forma en que el reloj ?desasoció el tiempo de los sucesos humanos y contribuyó a crear la idea de un mundo independiente de secuencias matemáticamente mensurables?. El ?marco abstracto de tiempo dividido? se convirtió en ?el punto de referencia de la acción y el pensamiento?. El tictac metódico del reloj contribuyó al surgimiento de la mente científica y del científico, pero también se llevó algo. Como observó el difunto científico de computación del MIT(2) Joseph Weizenbaum en su libro de 1976, Computer Power and Human Reason: From Judgment to Calculation (El poder de la computadora y la razón humana: del juicio al cálculo), la concepción del mundo que surgió del empleo extendido de los instrumentos de llevar el tiempo ?sigue siendo una versión empobrecida del antiguo, porque descansa en un rechazo de las experiencias directas que formaban la base de la antigua realidad y, de hecho, la constituían.? Al decidir cuándo comer, trabajar, dormir, levantarse, dejamos de escuchar a nuestros sentidos y comenzamos a obedecer el reloj. El proceso de adaptación a nuevas tecnologías intelectuales se refleja en las cambiantes metáforas que usamos para explicarnos a nosotros mismos. Cuando llegó el reloj mecánico, las personas comenzaron a pensar que sus cerebros operaban ?como mecanismos de relojería?. Hoy, en la era del software, hemos llegado a pensar que operan ?como computadoras?. Pero los cambios, nos dicen las neurociencias, son mucho más profundos que la metáfora. Gracias a la plasticidad de nuestro cerebro, la adaptación se produce también en el nivel biológico. Internet promete tener efectos de especial alcance en la cognición. En un trabajo publicado en 1936, el matemático británico Alan Turing demostró que era posible programar una computadora digital, que en aquella época existía sólo como máquina teórica, para que realizara la función de cualquier otro dispositivo de procesamiento de información. Eso es lo que estamos presenciando hoy. Internet, un sistema de computación inconmensurablemente poderoso, está subsumiendo la mayoría de nuestras otras tecnologías intelectuales. Se está convirtiendo en nuestro mapa y nuestro reloj, nuestra imprenta y nuestra máquina de escribir, nuestra calculadora y nuestro teléfono, nuestro radio y nuestra televisión. Cuando la Red absorbe un medio, ese medio se recrea a la imagen de la Red. Inyecta el contenido del medio con hiperenlaces, anuncios de parpadeo y otras baratijas digitales y rodea el contenido con el contenido de todos los demás medios que ha absorbido. Un mensaje nuevo de correos, por ejemplo, puede anunciar su llegada mientras estamos revisando los últimos titulares de un sitio de prensa. El resultado es dispersar nuestra atención y difundir nuestra concentración. Tampoco termina la influencia de la Red en los márgenes de la pantalla de la computadora. Al irse sintonizando las mentes de las personas al enloquecido conjunto de medios de Internet, los medios tradicionales deben adaptarse a las nuevas expectativas del público. Los programas de televisión añaden textos que se deslizan por la pantalla y anuncios que surgen de repente; revistas y diarios acortan sus artículos, introducen resúmenes en cápsulas y rellenan sus páginas con fragmentos de información fáciles de rastrear. Cuando en marzo de este año The New York Times decidió dedicar la segunda y tercera páginas de cada edición a resúmenes de artículos, su director de diseño Tom Bodkin explicó que los ?atajos? darían a los lectores atribulados un ?tanteo? rápido de las noticias del día ahorrándoles el método ?menos eficiente? de volver las páginas y leer los artículos. Los medios antiguos tienen poca opción más que jugar con las reglas de los medios nuevos. Nunca ha desempeñado un sistema de comunicación tantos papeles en nuestras vidas ?o ejercido una influencia tan amplia sobre nuestros pensamientos? como hace hoy Internet. Pero, a pesar de todo lo que se ha escrito sobre la Red, se ha pensado poco en cómo exactamente nos está reprogramando. La ética intelectual de la Red sigue siendo oscura. Aproximadamente por el tiempo en que Nietzsche comenzó a usar su máquina de escribir, un joven serio llamado Frederick Winslow Taylor fue con un cronómetro a la planta Midvale Steel de Filadelfia y comenzó una histórica serie de experimentos destinada a mejorar la eficiencia de sus maquinistas. Con aprobación de los propietarios de Midvale, tomó a un grupo de obreros, los puso a trabajar en varias máquinas de elaborado de metales y registró y midió el tiempo de cada uno de sus movimientos así como las operaciones de las máquinas. Dividiendo cada tarea en una secuencia de pequeños pasos discretos y luego ensayando formas distintas de realizar cada una, Taylor creó un conjunto de instrucciones precisas ?un ?algoritmo? pudiéramos decir hoy? de cómo debía trabajar cada obrero. Los empleados de Midvale rezongaron sobre el estricto régimen nuevo, diciendo que los convertía en poco más que autómatas, pero la productividad de la fábrica se disparó. Más de cien años después de la invención del motor de vapor, la Revolución Industrial al fin había encontrado sus bases filosóficas y su filósofo. La apretada coreografía industrial de Taylor ?su ?sistema?, como le agradaba llamarlo? fue aceptada por fabricantes de todo el país y, con el tiempo, de todo el mundo. Procurando la mayor rapidez, eficiencia y producción, los dueños de fábricas utilizaban los estudios de tiempo y movimiento para organizar el trabajo y configurar las tareas de sus trabajadores. El objetivo, como definió Taylor en su célebre tratado de 1911, The Principles of Scientific Management (Los principios de la gestión moderna), era identificar y adoptar, para cada tarea, ?un mejor método? de trabajo y con ello efectuar ?la sustitución gradual de la ciencia por la regla empírica en todas las artes mecánicas?. Una vez que se aplicara este sistema en todos los actos de trabajo manual, aseguró Taylor a sus seguidores, brindaría una reestructuración no sólo de la industria, sino de la sociedad, creando la utopía de la eficiencia perfecta. ?En el pasado el hombre había sido lo primero ?declaró?, en el futuro lo será el sistema.? El sistema de Taylor sigue en gran medida con nosotros: sigue siendo la ética de la manufactura industrial. Y ahora, gracias al creciente poder que los ingenieros en computación y codificadores de software ejercen sobre nuestras vidas intelectuales, la ética de Taylor comienza a regir también la esfera de la mente. Internet es una máquina diseñada para la recolección, transmisión y manipulación automatizada de información y sus legiones de programadores están concentrados en encontrar el ?mejor método único? ?el algoritmo perfecto? para llevar a cabo cada movimiento mental de lo que hemos llegado a describir como ?trabajo de conocimiento?. La sede de Google, en Moutain View, California ?el Googleplex? es el santuario supremo de Internet y la religión que se practica dentro de sus paredes es el taylorismo. Google, al decir de su ejecutivo principal, Eric Schmidt, es ?una compañía fundada en torno a la ciencia de la medición? y se esfuerza en ?sistematizar todo? lo que hace. Según el Harvard Business Review, haciendo uso de los terabytes de datos de conducta que recoge mediante su motor de búsqueda(3) y otros sitios, realiza miles de experimentos diarios y utiliza los resultados para refinar los algoritmos que controlan cada vez más la forma en que las personas encuentran información y extraen significado de ella. Lo que Taylor hizo para el trabajo manual, Google lo está haciendo para el trabajo mental. La compañía ha declarado que su misión es ?organizar la información mundial y hacerla universalmente accesible y útil?. Procura desarrollar ?el motor de búsqueda perfecto? al que define como algo que ?entiende exactamente lo que uno quiere decir y le devuelve exactamente lo que desea?. Al entender de Google, la información es un tipo de producto, un recurso utilitario que puede extraerse y procesarse con eficiencia industrial. Mientras más sean las piezas de información a las que uno pueda ?acceder? y mientras con mayor rapidez podamos extraer lo esencial de ellas, más productivos nos hacemos como pensadores. ¿Dónde termina esto? Sergey Brin y Larry Page, los dotados jóvenes que fundaron Google cuando hacían su doctorado en ciencias de computación en Stanford, hablan con frecuencia de su deseo de convertir su motor de búsqueda en una inteligencia artificial, una máquina al estilo de HAL que sea posible conectar directamente a nuestros cerebros. ?El motor de búsqueda supremo es tan inteligente como las personas? o más ?afirmó Page hace unos años en un discurso?. Para nosotros, trabajar en búsqueda es una forma de trabajar en inteligencia artificial.? En una entrevista concedida a Newsweek en 2004, Brin comentó: ?No hay dudas de que si uno tuviera toda la información del mundo unida directamente al cerebro, o un cerebro artificial que fuera más listo que el propio, estaría uno mejor.? El año pasado Page dijo en una convención de científicos que Google ?en realidad trata de construir una inteligencia artificial y de hacerlo en gran escala?. Una ambición de este tipo es natural, incluso admirable, para un par de genios matemáticos con vastas cantidades de dinero a su disposición y un pequeño ejército de científicos de computación en su empleo. Google, una empresa fundamentalmente científica, está motivada por un deseo de usar la tecnología, en palabras de Eric Schmidt, ?para solucionar problemas que nunca antes se han solucionado? y la inteligencia artificial es el problema más difícil que hay. ¿Por qué no habrían de ser Brin y Page quienes lo resolvieran? De todos modos, su suposición fácil de que estaríamos ?mucho mejor? si una inteligencia artificial complementara, o incluso sustituyera, nuestros cerebros resulta inquietante. Ésta indica una creencia en que la inteligencia es producto de un proceso mecánico, una serie de pasos discretos que es posible aislar, medir, optimizar. En el mundo de Google, el mundo en que entramos al entrar en línea, hay poco espacio para la falta de claridad de la contemplación. La ambigüedad no es una apertura para la visión, sino una falla que debe arreglarse. El cerebro humano es sólo una computadora anticuada que necesita un procesador más rápido y un disco duro mayor. La idea de que nuestras mentes deben operar como máquinas de procesamiento de datos de alta velocidad no sólo está incorporada al funcionamiento de Internet, sino que es también el modelo comercial reinante de la red. Mientras con mayor rapidez naveguemos por la Red ?mientras más enlaces podamos cliquear y más páginas veamos? más oportunidades ganan Google y otras empresas de recopilar información sobre nosotros y alimentarnos anuncios. La mayoría de los propietarios de Internet comercial tienen interés financiero en recopilar los mendrugos de datos que dejamos atrás cuando revoloteamos de enlace en enlace? mientras más mendrugos, mejor. Lo último que desean estas empresas es fomentar la lectura pausada o el pensamiento concentrado, lento. Es interés económico suyo llevarnos a la distracción. Puede que yo sea sólo una persona que se preocupa más de lo debido. Del mismo modo que existe una tendencia a glorificar el avance tecnológico, existe una tendencia opuesta a esperar lo peor de todo instrumento o máquina nueva. En la Fedra de Platón, Sócrates se lamentaba del desarrollo de la escritura. Temía que, según las personas comenzaran a confiar en la palabra escrita como sustituto del conocimiento que antes llevaban dentro de las cabezas, en palabras de uno de los personajes del diálogo, ?dejaran de ejercitar su memoria y se hicieran olvidadizas?. Y como podrían ?recibir una cantidad de información sin instrucción adecuada?, se les ?considerara muy conocedores cuando la mayoría es bien ignorante?. Estarían ?llenas de la presunción de sabiduría en lugar de verdadera sabiduría?. Sócrates no se equivocaba ?la nueva tecnología muchas veces tuvo los efectos que temió?, pero fue miope. No podía prever las muchas formas en que la escritura y la lectura servirían para extender la información, estimular ideas nuevas y expandir el conocimiento (cuando no la sabiduría) humana. La llegada de la imprenta de Gutenberg en el siglo XV provocó otra ronda de rechinamiento de dientes. Al humanista italiano Hieronimo Squarciafico le preocupaba que a disponibilidad fácil de los libros condujera a pereza intelectual, haciendo a los hombres ?menos estudiosos? y debilitando sus mentes. Otros aducían que los libros y publicaciones impresas baratas socavarían la autoridad religiosa, degradarían el trabajo de eruditos y escribas y extenderían la sedición y el libertinaje. Como observa el profesor de la Universidad de Nueva York Clay Shirky: ?La mayoría de los argumentos que se opusieron a la imprenta fueron correctos, incluso proféticos.? Pero, de nuevo, los agoreros no fueron capaces de imaginar la miríada de bendiciones que brindaría la palabra impresa. De modo que sí, deben mostrarse escépticos hacia mi escepticismo. Puede que aquellos que descarten a quienes critican Internet por considerarlos luditas o nostalgistas tengan la razón y de nuestras mentes hiperactivas, alimentadas de datos, surja una era dorada de descubrimiento intelectual y sabiduría universal. Pero, de nuevo, la Red no es el alfabeto y aunque pueda sustituir a la imprenta produce algo por completo diferente. El tipo de lectura profunda que promueve una secuencia de páginas impresas es valiosa no sólo por el conocimiento que adquirimos de las palabras del autor, sino por las vibraciones intelectuales que esas palabras desencadenan en nuestras propias mentes. En los espacios de calma abiertos por la lectura sostenida, sin distracción, de un libro o, si a eso vamos, por cualquier otro acto de contemplación, realizamos nuestras asociaciones, trazamos nuestras propias inferencias y analogías, promovemos nuestras propias ideas. La lectura profunda, como afirma Maryanne Wolf, es indistinguible del pensamiento profundo. Si perdemos esos espacios de quietud o los llenamos de ?contenido?, sacrificaremos algo importante no sólo de nuestro propio ser, sino de nuestra cultura. En un ensayo reciente, el dramaturgo Richard Foreman describió con elocuencia lo que está en juego: ?Procedo de una tradición de cultura occidental en que el ideal (mi ideal) era la estructura compleja, densa, como una catedral de la personalidad de alta educación y expresión, el hombre o mujer que llevaba dentro de sí una versión individualmente construida y singular del patrimonio completo de Occidente. [Pero ahora] veo dentro de todos nosotros (yo incluido) la sustitución de la compleja densidad interna por un nuevo tipo de ser que evoluciona bajo la presión de la sobrecarga de información y la tecnología de lo ?instantáneamente disponible?. Según se nos drena de nuestro ?repertorio interno de denso patrimonio cultural?, concluyó Foreman, nos arriesgamos a convertirnos en ?gente tan extendida y fina como una crepa según nos conectamos con la vasta red de información a la que se accede tan sólo tocando un botón.? Me persigue esa escena de 2001. Lo que la hace tan conmovedora, y tan extraña, es la respuesta emocional de la computadora al desmonte de su mente: su desesperación cuando se va oscureciendo un circuito tras otro, su súplica infantil al astronauta ??Lo estoy sintiendo. Lo estoy sintiendo. Tengo miedo?? y su reversión final a lo que sólo puede recibir el nombre de estado de inocencia. La emanación de sentimientos de HAL contrasta con la impasibilidad que caracteriza a las figuras humanas del film, que hacen lo que tienen que hacer con eficiencia casi robótica. Sus pensamientos y acciones parecen preparados de antemano, como si siguieran los pasos de un algoritmo. En el mundo de 2001, las personas se han hecho tan similares a máquinas que el carácter más humano resulta ser la máquina. Esa es la esencia de la oscura profecía de Kubrick: según confiemos en las computadoras para mediar nuestra comprensión del mundo es nuestra propia inteligencia la que se aplana hasta convertirse en inteligencia artificial. Por Nicholas Carr, The Big Switch: Rewiring the World, from Edison to Google, q se publicó en el año 2008. Notas: 1.- Hyperlink (hiperenlace, hipervínculo, nexo) Puntero existente en un documento hipertexto que apunta (enlaza) a otro documento que puede ser o no otro documento hipertexto. [Fuente: RFCALVO] 2.- Instituto Tecnológico de Massachussets. 3.- Search engine (motor de búsqueda, buscador, indexador de información) Servicio WWW que permite al usuario acceder a información sobre un tema determinado contenida en un servidor de información Internet (WWW, FTP, Gopher, Usenet, Newsgroups...) a través de palabras de búsqueda introducidas por él. Los más conocidos son Yahoo, WebCrawler, Lycos, Altavista, DejaNews... En España empiezan a existir indexadores en lengua castellana, con nombres tan castizos como Ole y Ozú. [Fuente: RFCALVO]. Tomado de CubaNow

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Quince frases célebres de Carl Sagan a modo de homenaje
Quince frases célebres de Carl Sagan a modo de homenaje
Ciencia EducacionporAnónimo11/9/2010

Entre todos los divulgadores científicos que la historia nos ha dado uno que destaca especialmente sobre el resto por diversas razones es sin ninguna duda el gran Carl Sagan, quien hoy día 9 de noviembre de 2010 habría cumplido 76 años de edad si no hubiera sido por esa maldita neumonía que se lo llevó un 9 de noviembre del 96 a la edad de 62 años. Como era de esperar diversos organismos de todo el mundo están homenajeando a Sagan en el 76 aniversario de su nacimiento, celebración que servidor y esta casa en general no se querían perder y para unirnos a ella publicamos este post. Así que sin más dilación os dejo con quince citas y grandes frases de Carl Sagan a modo de homenaje y agradecimiento por —entre muchas otras cosas más que podríamos añadir— haber dedicado gran parte de su vida a la divulgación científica y descubrirle a millones de personas el maravillo mundo del Cosmos. Afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria. Si quieres salvar a tu hijo del polio puedes rezar o puedes vacunarlo… Aplica la ciencia. Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre. El primer pecado de la humanidad fue la fe; la primera virtud la duda. A veces creo que hay vida en otros planetas y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa. La ausencia de prueba no es prueba de ausencia. Para hacer una tarta de manzana primero tienes que crear un universo. En algún sitio algo increíble espera ser descubierto. Somos el medio para que el Cosmos se conozca a sí mismo. El universo no fue hecho a medida del hombre; tampoco le es hostil: Es indiferente. La ciencia es más que un simple conjunto de conocimientos: es una manera de pensar. Somos polvo de estrellas. En la Ciencia la única verdad sagrada, es que no hay verdades sagradas. Hemos averiguado que vivimos en un insignificante planeta de una triste estrella perdida en una galaxia metida en una esquina olvidada de un universo en el que hay muchas mas galaxias que personas. La Tierra es un lugar más bello para nuestros ojos que cualquiera que conozcamos. Pero esa belleza ha sido esculpida por el cambio: el cambio suave, casi imperceptible, y el cambio repentino y violento. En el Cosmos no hay lugar que esté a salvo del cambio.

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La computadora: Usos sociales
Apuntes Y MonografiasporAnónimoFecha desconocida

Comunicación digital: una reflexión sobre los usos sociales de la computadora Revista Temas y Debates Año 7 N° 6 y 7 Noviembre 2003. Facultad de Ciencia Política y RRII Universidad Nacional de Rosario. Autores: Mgter. Edgardo Toledo* Mgter. Silvana Comba* Abstract Las tecnologías de comunicación digitales constituyen hoy un aspecto esencial de nuestras sociedades, a la vez que hacen explícitos los cambios de paradigma que estamos viviendo. El uso de estas tecnologías, cada vez más intensivo y diversificado –en los ámbitos del trabajo, la educación, la diversión, el ocio, las relaciones con amigos, colegas y familiares- y las transformaciones que impulsan en las “maneras de hacer” nos interpelan a los comunicadores a estudiar el fenómeno. En este trabajo abordamos el problema de los usos sociales de la computadora, artefacto que hoy está mediando los procesos cognitivos y, en consecuencia, las mismas prácticas. Quisimos enfatizar, a lo largo de estas reflexiones, que el uso de tecnología es un fenómeno social, situado siempre en contextos histórico-culturales particulares. Es no perdiendo de vista la dinámica sociocultural operante, que nos adentramos en conceptos como interfaz gráfica, relación hombre-máquina, simulación, exploración de las superficies, etc. En fin, un conjunto de categorías que, a la manera de lentes de distintas graduaciones y colores, nos ayudan a mirar. A comprender esta verdadera mutación antropológica que está viviendo el hombre. Cómo, con las máquinas que crea –ayer, la palanca, la rueda, la imprenta; hoy el teléfono celular, la televisión digital, la computadora, la web-, a la vez se rehace a sí mismo y recrea socialidades (“modos de estar juntos” y compartir un espacio-tiempo distintos), modos de conocer y, por consiguiente, modos de hacer y de ser en el mundo. Ensayo completo en: http://inmigrantesvirtuales.blogia.com/http://inmigrantesvirtuales.blogia.com/2008/051601-comunicacion-digital-una-reflexion-sobre-los-usos-sociales-de-la-computadora.php

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Tecnologías digitales de Comunicación en las Organizacione
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/23/2008

Autores: Edgardo Toledo, Magister en Comunicación, docente de la carrera de Licenciatura en Comunicación Social, Universidad Nacional de Rosario y Silvana Comba, Magister en Comunicación, docente de la carrera de Licenciatura en Comunicación Social, Universidad Nacional de Rosario. Introducción: Buscando el rumbo Podríamos decir que la aproximación que proponemos para este trabajo es cartográfica, en tanto implica un viaje por diversos territorios discursivos, saberes, disciplinas y experiencias profesionales con el fin de establecer algunas coordenadas que nos permitan pensar en cómo gestionar la comunicación en la actualidad, con las profundas modificaciones que imprime la comunicación digital en las organizaciones. La metáfora de la cartografía nos ayuda a especificar tanto nuestro enfoque como nuestro objetivo. Como sugiere Barbero, este enfoque podría cartografiarse bajo la forma de un archipiélago “lugar de diálogos y confrontación entre las múltiples tierras – islas que los entrelazan… Logos otro, en cuya raíz se hallan las profundas alteraciones perceptivas que atraviesa nuestra experiencia espacio / temporal”(1) El objetivo es, a la vez, indagar este nuevo tipo de logos que interconecta saberes diversos – entre ellos un saber hacer conectado siempre al saber cómo- para gestionar hoy la comunicación en distintos tipos de organizaciones. Y ya entonces, con una especie de brújula, poder movernos con un poco más de certidumbre por los nuevos territorios. Este trabajo surge, entonces, de la necesidad de ordenar algunos problemas, criterios y miradas a partir de nuestra actividad como comunicadores en organizaciones públicas y privadas de nuestra región. Y de la experiencia docente en la cátedras Comunicación Estratégica II y Seminario Ciberculturas y Organizaciones que dictamos en la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario. Hacia la sociedad del conocimiento A partir de la década del ’80 asistimos a la emergencia de lo que Manuel Castells denomina el modo de desarrollo informacional entendido como el dispositivo tecnológico en el que la fuente de productividad y de excedente es la tecnología de la generación de conocimiento, el procesamiento de la información y la comunicación de símbolos. Este nuevo modo de desarrollo trae aparejada la aparición de un nuevo tipo de sociedad denominada sociedad de la información, del conocimiento, post-industrial, según la interpretación de teóricos provenientes de diferentes disciplinas. Algunos modos de convivencia de las sociedades tradicionales, e incluso de las industriales, están siendo abandonados. Nos interesa aquí repasar brevemente las características principales de las sociedades tradicionales y de las industriales para poder adoptar una mirada en perspectiva que nos permita luego reflexionar sobre las tendencias en la conceptualización de las organizaciones y de los procesos de comunicación que allí se producen en la denominada sociedad del conocimiento. El punto de partida histórico es el tipo de sociedad tradicional, muy estática, basada en el sector primario con una economía de tipo extractiva (agricultura, minería, etc.) y de subsistencia. Es decir, la producción era una función común integrada en la autonomía de la aldea. El consumo, por consiguiente, era limitado y basado en mercados regionales. En este tipo de sociedades, la educación estaba reservada a pocas personas, ligadas al poder religioso y político. La evolución de las sociedades tradicionales desde el siglo XVIII ha derivado en una economía fabril, basada en la manufactura, en la industria, con producción en serie, expansión del consumo y mercados de alcance nacional. Aparecen las grandes ciudades a partir de las fábricas y el trabajo en ellas. En el ámbito de la educación se aplicaron políticas intensivas de escolarización y lucha contra el analfabetismo, es decir, educación masiva. La creciente complejidad de los procesos productivos y de la vida social demandaba una mayor instrucción para poder desenvolverse tanto en el terreno laboral como en lo social. También podemos hablar de una gran movilidad física. Los medios de transporte pasaron de ser orgánicos a mecánicos. Se incrementó la industria del turismo y las experiencias directas de encuentros con otras culturas provocaron cambios de mentalidad. Además, las empresas comenzaron a tener sucursales en distintos puntos del mundo. Podríamos hablar de una primera revolución industrial en el siglo XVIII que, si bien no se basó en la ciencia, contó con un amplio uso de información, que se tradujo en la aplicación y el desarrollo del conocimiento ya existente. En cambio la segunda revolución industrial, a partir de mediados del siglo XIX, se caracterizó por el papel decisivo de la ciencia para fomentar la innovación. Podemos tomar como dato la aparición de los primeros laboratorios de I+D en la industria química alemana en las últimas décadas del siglo XIX. La revolución industrial inventó la producción en masa especializada y su correlato, la sociedad de consumo. Ya no se produce porque se consume, sino que se consume porque se produce y, como afirma Joan Costa, es necesario reforzar la correlación entre ambos términos. “¿Qué fabrica en la actualidad una empresa automovilística? En 1920 era evidente que fabricaba automóviles. Después, se puso cada vez más de manifiesto que fabricaba empleos que adquirían sentido en forma de automóviles. Hoy, lo que se fabrica son servicios: funcionales (automóvil como medio de transporte), sociales (automóvil como símbolo de estatus y estilo de vida), emocionales (automóvil como signo de pertenencia a una nueva idea de ‘tribu’, y por esta vía, como imagen de uno mismo: autoimagen identitaria).” (2) Este ejemplo que plantea Costa nos introduce en las características de la denominada sociedad del conocimiento, donde el sector servicios crece y se transforma en el elemento dinamizador de la economía. Ya en 1981, un visionario como Daniel Bell, en su artículo “La telecomunicación y el cambio social”, describía el tipo de servicios característicos de la sociedad postindustrial: “Los servicios existen en todas las sociedades, pero en las sociedades preindustriales son esencialmente servicios domésticos. En las sociedades industriales algunos servicios, como los públicos, los de transportes y las finanzas, están subordinados a la producción de mercancías. En las sociedades postindustriales, el acento se pone en los servicios sociales (educación, sanidad, seguridad social) y en los servicios profesionales (ordenadores, análisis de los sistemas, desarrollo e investigación científica).” (3) Si quisiéramos sintetizar en qué consiste el cambio actual de paradigma –con todos los riesgos que siempre conllevan las síntesis- podríamos decir que estamos pasando de una tecnología basada principalmente en insumos baratos de energía a otra basada fundamentalmente en insumos de información/conocimiento que están disponibles, y a la vez pueden ser procesados y producir innovación, gracias a los avances en la microelectrónica y las tecnologías digitales de comunicación e información consideradas como sistemas sociotécnicos. A partir de la sociedad industrial y, con mayor énfasis, en la postindustrial la creciente complejidad de la vida económica y social promueve una expansión de las organizaciones, para responder a nuevas demandas. Pero ¿qué tipo de organización es la que produjo ese particular momento histórico, el de la revolución industrial, y que aún sigue vigente como marco interpretativo cuando analizamos a las organizaciones del momento actual? Gabriel Kaplún, comunicador uruguayo, docente, investigador y consultor de organizaciones sociales, empresas y sindicatos lo plantea de la siguiente manera: “el punto de partida es una crítica a la configuración dominante para construir y pensar las organizaciones: el modelo burocrático-mecanicista (Mintzberg 1990), al que suele también identificarse con el llamado Taylor-fordismo, por la impronta dejada por Henry Ford y su diseño de la cadena de montaje y F. W. Taylor y sus métodos de ‘organización científica del trabajo’. Algunos de los principios organizacionales básicos de este modelo son la estructura jerárquica, la centralización de las decisiones, la división de funciones, la estandarización de procedimientos, la planificación y el control continuo, la priorización de la eficiencia económica. Estos principios tuvieron y tienen tal fuerza que en verdad para mucha gente son simplemente sinónimos de organización. Sobre ellos se han desarrollado una gran gama de actividades humanas, desde la fabricación de automóviles a la venta de hamburguesas, el transporte aéreo de pasajeros o la expedición de licencias para conducir.” (4) Este modelo de organización era coherente con la idea de producción masiva y la necesidad de organizar ese tipo de producción, para reducir costos y tiempos, y de jerarquizar y administrar el mando para una mejor coordinación y control de la producción. El acento estaba puesto en el producto, la producción y la productividad. ¿Pero qué ocurre en una economía con mercados cada vez más segmentados, con consumidores y ciudadanos con más acceso a información, con la explosión de la oferta de servicios y, aún más, el aumento del componente servicio en todo tipo de productos? Un nuevo modo de pensar las organizaciones Las características que está asumiendo la denominada sociedad del conocimiento nos impulsan a cuestionar la noción más tradicional de organización: la que postula que una organización consiste básicamente en algo, un conjunto de recursos de todo tipo (edilicios, humanos, técnicos, etc), que transforma un input en un output. La transformación de las organizaciones es coherente con los cambios en la visión del trabajo que se va convirtiendo cada vez más en una actividad de documentación y manejo de símbolos. Las tendencias apuntan hacia una valoración creciente de la información y la comunicación que permite coordinar el trabajo en red y construir, de este modo, nuevas realidades para compartir el conocimiento e integrar el pensamiento y la ejecución de manera flexible. Así, la lógica del aprendizaje se aproxima cada vez más a la lógica de la comunicación. Llegados a este punto, es necesario evaluar qué tipo de información y de conocimiento es realmente valioso para las organizaciones de hoy. Seguramente no es la información tradicional, que trata casi exclusivamente acerca de lo que ocurre dentro de la organización y cuya expresión más acabada está en la contabilidad, la administración y los departamentos de personal obsesionados por el control. O en los múltiples dispositivos tecnológicos que permiten conocer en detalle las actuaciones de los empleados. El nuevo contexto socioeconómico y cultural demanda cada vez más información acerca de eventos y condiciones externos a la propia organización y métodos para recolectarla y analizarla. Como afirma Piscitelli “Puede que sepamos muchísimo de nuestros clientes pero en realidad lo que debería preocuparnos son nuestros no clientes. Podemos manejar al dedillo las tecnologías que nos han hecho ricos, pero de lo que deberíamos preocuparnos es de las distintas tecnologías que las corrientemente usadas por la firma y sus competidores actuales. Y sobretodo antes que solazarnos por nuestra ocupación de mercados tan volátiles, lo que realmente deberíamos tener en cuenta son los mercados no atendidos en la actualidad.” (5) No es casual, ni está únicamente motivada por la intención más de corto plazo de bajar los costos, la proliferación de personal contratado, expertos, consultores, tiempos parciales, compañeros de empresas conjuntas, que van instaurando nuevas prácticas en el mundo de organizaciones cuyos límites entre el adentro y el afuera se tornan cada vez más difusos. A este borramiento de las fronteras también contribuye el uso más masivo, diferenciado e intensivo de comunicación mediada por computadoras, para resumir el universo integrado por los múltiples dispositivos de las tecnologías digitales de comunicación e información, a partir de la década del ’90, responsables, en gran medida, del aumento de la productividad organizacional. Los primeros bulletin boards, el e-mail más tarde, el uso de la propia web como punto de venta y espacio de construcción y comunicación de imagen de la organización, la aparición de una herramienta de fácil manejo y publicación de contenidos como los weblogs (con poca difusión aún en el ámbito económico local aunque algunos estudios muestran su crecimiento en EE.UU. donde una de cada diez pymes los está incorporando por su bajo costo y las oportunidades que ofrece para lograr un contacto fluido con los clientes) están cambiando en muy poco tiempo la forma de operar organizacionalmente. Están propiciando nuevos modos de comunicación que, a su vez, cambian la manera de hacer comunicación en las organizaciones. Un concepto interesante que nos parece oportuno desarrollar en este punto es el de comunidad virtual, ampliamente trabajado de manera pionera por Howard Rheingold. (6) Los nuevos modos de comunicación en las organizaciones (y esto es particularmente evidente en las organizaciones de servicios) están dando lugar a procesos de virtualización donde el espacio y el tiempo ya no actúan como continentes exclusivos –en la versión kantiana. La esencia de las organizaciones está cada vez menos en sus paredes y máquinas y más en los flujos de información y contenidos mutables. Como bien señala Piscitelli, “aunque podemos hablar de comunidades virtuales de lectores desde la época de Homero, las comunidades virtuales con acento profesional son un invento de la revolución industrial y están ligadas al uso de máquinas de comunicar como el correo y el teléfono. El carácter distintivo de estas comunidades es que son capaces de abolir las distancias o prescindir de su carácter nulificador sobrepasado por la fuerza de los intereses compartidos, y viabilizar las ganas de comunicarnos y de hacer cosas con los otros electivamente afines. Hay una correlación positiva entre la aparición de cada nuevo formato o lenguaje en la comunicación masiva y los amigos virtuales que los mismos generan potenciados por escalas cada vez mayores de alcance. Gracias a la imprenta podíamos discutir (es un decir) de a centenares lo que unos pocos publicaban y hacían llegar a nuestros ojos.” (7) Avanzando con esta idea de comunidades virtuales, Rheingold propone en su último libro el concepto de multitudes inteligentes que están formadas por personas capaces de actuar conjuntamente, con la mediación de tecnologías de comunicación. “Los grupos humanos que empleen estos instrumentos adquirirán nuevas formas de poder social, nuevos medios para organizar sus interacciones e intercambios en el momento justo y en el lugar adecuado…Todos estos fenómenos…tienen algo en común: permiten realizar actividades novedosas y en situaciones donde la acción colectiva hasta ahora no era posible.”(8). El crecimiento de la telefonía celular cobra aquí gran importancia, al redefinir la geografía –física y mental- y potenciar la coordinación de acciones. Lo que estarían estimulando todos estos nuevos medios digitales son las conversaciones que constituyen la esencia de la organización, ya que permiten la coordinación de acciones. La noción de las organizaciones como redes de conversaciones fue desarrollada por Fernando Flores, un ingeniero chileno que se desempeñó como ministro de economía entre 1970 y 1973, durante el gobierno de Salvador Allende. Luego se exilió en EE.UU., enseñó en la universidad de Stanford y cursó un doctorado de filosofía en Berkeley; su tesis doctoral (1982) se publicó bajo el título “Inventando la empresa del siglo XXI”(1989). Flores comienza a pensar a las organizaciones como “redes recurrentes de compromisos humanos que pasan por el lenguaje”. (9) Por lenguaje, no entiende un sistema de signos para describir al mundo, o transmitir información sino conversaciones, es decir, redes de compromisos linguísticos: actos de habla. El lenguaje entendido en su sentido ontológico, no instrumental. Es decir, como una serie de distinciones que nos permiten vivir y actuar juntos en un mundo compartido. “Como seres humanos nos constituimos en el lenguaje y no con él, como utilización optativa de una ‘herramienta’ que capta la realidad. El proceso de conocer se inscribe dentro de nuestra historia de coordinación de acciones, coordinación que se hace en el lenguje.” (10) O, si nos remitimos a Benveniste, “es en y por el lenguaje como el hombre se constituye como sujeto, como un yo en relación a un tú”. (11) Entonces las organizaciones no son algo que podemos comprender, describir, intervenir desde afuera, independiente de nuestras actuaciones. A las organizaciones las construimos continuamente en nuestras aproximaciones y relaciones, en nuestras conversaciones con los distintos actores que las conforman. Las organizaciones no son, se hacen. Y las vamos haciendo, también, con el uso de distintas tecnologías que corresponden a diferentes ecologías cognitivas. (12) Podemos hoy más que nunca, entonces, pensar a las organizaciones como verdaderos fenómenos comunicacionales, mediados siempre por tecnologías: desde la oralidad, la escritura, la imprenta a los actuales dispositivos informáticos. Y como fenómenos políticos, ya que es en el ámbito de las conversaciones donde se despliega el poder entendido como la capacidad para generar acuerdos. Las organizaciones crecen a partir del aumento de su capacidad de generar acuerdos, de generar compromiso social. Gestionar la comunicación en los nuevos ambientes ¿Qué ocurre cuando comenzamos a gestionar la comunicación en una organización? En primer lugar, ingresar a una organización implica participar en las conversaciones que la van construyendo. Porque conocer a la organización no es ser capaces de reflejar con mayor o menor precisión lo que la organización es, sino intervenir necesariamente en su construcción y poder comprenderla en la dinámica de sus conversaciones. Y rastrear, a la vez, la “historia de conversaciones y compromisos derivados de esas conversaciones.” (13) Para revisar y mejorar nuestras prácticas de gestión de la comunicación en las organizaciones nos resulta muy esclarecedora la postura de Humberto Maturana, neurobiólogo chileno que en la década del 60 elaboró una tesis global sobre la naturaleza cognoscitiva humana. “…Entonces, nos encontramos con los problemas de entender cómo nuestra experiencia está acoplada a un mundo que vivimos como conteniendo regularidades que son resultado de nuestra historia biológica y social.” El conocimiento es una práctica y está enraizada en una historia biológica y cultural. No pensamos ni hacemos lo que queremos sino aquello que es compatible con nuestra estructura corporal, nuestra anatomía y nuestra fisiología. “Todo el mecanismo de generación de nosotros como descriptores y observadores, nos garantiza y explica que nuestro mundo, como el mundo que traemos a la mano en nuestro ser con otros, siempre será precisamente esa mezcla de regularidad y mutabilidad, esa combinación de solidez y arenas movedizas que es tan típica de la experiencia humana cuando se la mira de cerca…De nuestras herencias lingüísticas diferentes surgen todas las diferencias de mundos culturales que como hombres podemos vivir, y que, dentro de los límites biológicos, pueden ser tan diversas como se quiera. Todo conocer humano pertenece a uno de estos mundos y es siempre vivido en una tradición cultural.” (14) Cada organización es, entonces, un mundo que vamos construyendo en nuestra relación con los diferentes actores. Resultan muy poco eficaces, entonces, las recetas o los modelos que se pretenden universales y factibles de ser aplicados en cualquier organización y contexto. Este enfoque sobre la práctica de conocer nos conduce a realizar algunos desplazamientos al momento de hacer comunicación en las organizaciones. Podemos expresar algunos, sintéticamente, de la siguiente manera: 1. De la instrucción a la construcción. Nuestras prácticas profesionales no van a significar el reemplazo de un punto de vista (el incorrecto) por otro (el correcto, el del comunicador como experto). Nuestra gestión se aproxima más a la experimentación y la negociación de significados que siempre realizamos con otros actores en el marco de una cultura. 2. Del descubrimiento a la organización de la experiencia. La función de la cognición es adaptativa y sirve para la organización del mundo experiencial del sujeto que conoce y no para el descubrimiento de una realidad ontológica objetiva. 3. Del refuerzo al interés. Los actores de una organización se involucran mejor en las propuestas que cautivan su interés y les resultan viables. 4. De la coerción a la cooperación. El reconocimiento de que no existe una sola forma de construir la realidad, de conocer y comunicar –y menos aún una sola forma correcta- “nos obliga a tomar una actitud de permanente vigilia contra la tentación de la certeza, a reconocer que nuestras certidumbres no son pruebas de verdad, como si el mundo que cada uno ve fuese el mundo y no un mundo que traemos a la mano con otros… nuestra actitud no podrá ser la de reafirmar lo que vemos desde nuestro propio punto de vista, sino la de apreciar que nuestro punto de vista es el resultado de un acoplamiento estructural en un dominio experiencial tan válido como el de nuestro oponente, aunque el suyo nos parezca menos deseable.” Para autores como Harold Innis, Eric Havelock y Walter Ong las formas de comunicación que predominan en distintas épocas están íntimamente ligadas con la estructura cognitiva de los hombres, los modos que adoptan las relaciones socioculturales y las distintas formas de organización política, legal y económica. Nuestra propuesta va en ese sentido: la constatación del uso creciente de tecnologías digitales de comunicación e información nos conduce a revisar los nuevos modos de conocer y, por consiguiente, de comunicar en medio de nuevas socialidades, nuevas organizaciones. Necesitamos diseñar marcos interpretativos capaces de captar el rumbo de estas transformaciones. Quizá sea un momento oportuno para dejar de tratar a la comunicación en las organizaciones como un objeto de estudio desde una perspectiva meramente instrumental. Notas y citas bibliográficas 1- Barbero, Jesús Martín, El oficio de cartógrafo, ed. FCE, México, 2002. 2- Costa, Joan, La comunicación en acción. Informe sobre la nueva cultura de la gestión, Ed. Piados, España, 1999. 3- Bell, Daniel, “Las telecomunicaciones y el cambio social”, en Sociología de la Comunicación de Masas, M. De Moragás. Artículo publicado originalmente en la revista Les Cahiers de la Communication, vol I, N° 1, París, 1981. 4- Kaplún, Gabriel, “La tribu posmoderna: participación, comunicación y discurso managerial.”, en Revista diá-logos de la comunicación. 5- Piscitelli, Alejandro, Marketing/management de la informacion. El futuro será demográfico y cultural. Primera Parte, 9 y 10 de agosto de1999. IHN N°1652 y 1653 6- Howard Rheingold es un estudioso de las implicaciones sociales de la tecnología. Durante los últimos veinte años realizó investigaciones en distintos países para comprender las tendencias emergentes en el uso de tecnologías informáticas, la comunicación y la cultura. Algunos de sus libros que abordan esta temática son Realidad virtuall, La comunidad virtual y el recientemente publicado Multitudes Inteligentes. 7- Piscitelli, Alejandro, op. cit. 8- Rheingold, Howard, Multitudes inteligentes. La próxima revolución social. (Smart MOBS), Ed. Gedisa, Barcelona, 2004. 9- Flores, Fernando, Creando organizaciones para el futuro, Ed. Dolmen, Santiago de Chile, cuarta edición, 1996. 10- Primavera, Heloísa, “Todo/nada, siempre/nunca, distinto/igual: acerca de redes sociales y participación.”, en Dabas, Elina, Redes. El lenguaje de los vínculos, Ed. 11- Benveniste, Emile, Problemas de lingüística general, II, Siglo XXI, México, 1979, (3ª edc.) 12- El concepto de ecología o economía cognitiva hace referencia, según Pierre Levy, al ambiente cognitivo modelado por las formas sociales, las instituciones y las técnicas de una época. “Un colectivo humano es el escenario de una economía o una ecología cognitiva en el seno de la cual evolucionan las especies de representaciones (Sperber)… Entre todos los factores que afectan a la inteligencia colectiva, las tecnologías intelectuales, tales como los sistemas de comunicación, de escritura, de registro y reproducción de la información, cumplen una función primordial.” Lévy, Pierre, ¿Qué es lo virtual?, Ed. Piados, Barcelona, 1999. Nota sobre ecología cognitiva, Levy. 13- Gore, Ernesto, Organizaciones, lenguaje y capacitación, en www.licencomunicacion.com.ar 14- Maturana, Humberto y Varela, Francisco, El árbol del conocimiento, Ed. Universitaria, Santiago, 1998. 15- Según Varela y Maturana, la riqueza plástica del sistema nervioso radica en que en su continua transformación permanece congruente con las transformaciones del medio como resultado de que cada interacción lo afecta. Desde el punto de vista del observador, eso se ve como aprendizaje adecuado. Lo que está ocurriendo, sin embargo, es que las neuronas, el organismo que integran, y el medio en que éste interactúa, operan recíprocamente como selectores de sus correspondientes cambios estructurales, y se acoplan estructuralmente entre sí: el operar del organismo, incluyendo su sistema nervioso, selecciona los cambios estructurales que le permiten seguir operando, o se desintegra. 16- Maturana, Humberto y Varela, Francisco, op. cit.

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Sí a Internet en Educación
Sí a Internet en Educación
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/1/2009

Cómo debería funcionar la educación hoy con las nuevas tecnologías de comunicación e información en este mundo globalizado y que cada vez más funciona con y a partir de las redes sociales. 1. Internet es diferente. Internet genera diferentes esferas públicas, diferentes términos y diferentes habilidades culturales. Los centros educativos deben adaptar sus métodos de trabajo a la realidad tecnológica actual en lugar de ignorarla o desafiarla. Es su deber desarrollar la mejor forma de educación posible basada en la tecnología disponible. Esto incluye productos y métodos educativos nuevos. 2. Internet es un centro educativo de bolsillo. La web reacomoda las estructuras educativas ya existentes trascendiendo sus antiguas fronteras y ámbitos. La publicación y diseminación de los contenidos han dejado de estar atados a los centros e instituciones educativas. La autoconcepción de la educación está —afortunadamente— siendo privada de su función de centinela. Todo lo que nos queda es la calidad educativa a través de la cual la educación se diferencia de la mera instrucción y memorización. 3. Internet es nuestra sociedad, nuestra sociedad es Internet. Las plataformas basadas en la web como las redes sociales, Wikipedia o YouTube se han vuelto parte de la vida cotidiana de la mayoría de las personas del mundo occidental. Éstas son tan accesibles como el teléfono o la televisión. Si los centros educativos quieren seguir existiendo, deben entender el universo conjunto de los usuarios actuales y abrazar sus formas de comunicación. Esto incluye formas básicas de comunicación social: escuchar y responder, también conocido como diálogo. 4. La libertad de Internet es inviolable. La arquitectura abierta de Internet constituye la ley IT básica de una sociedad que se comunica digitalmente y, consecuentemente, de la educación. No puede ser modificada por el mero propósito de proteger los intereses comerciales o políticos frecuentemente escondidos detrás de la ficción del interés público. Sin importar cómo esté hecho, bloquear el acceso a Internet pone en peligro la libre circulación de la información y corrompe nuestro derecho fundamental a decidir nuestro propio nivel de educación. 5. Internet es la victoria de la educación. Por causa de una tecnología insuficiente, los centros educativos, los centros de investigación, las instituciones públicas y otras organizaciones han sido las encargadas de compilar y clasificar la información mundial hasta ahora. Hoy en día cada ciudadano puede montar su propio filtro personal de informaciones mientras que los motores de búsqueda explotan la abundancia de información con una magnitud nunca antes vista. Los individuos ahora pueden informarse y educarse mejor que nunca. 6. Internet cambia/perfecciona la educación. Gracias a Internet, los centros educativos pueden cumplir con su rol social-educativo de una nueva manera. Esto incluye presentar la educación como un proceso continuo y de cambio constante; la confiscación de la inalterabilidad del conocimiento es un beneficio. Aquellos que quieran sobrevivir en este nuevo mundo de información necesitan de un idealismo rejuvenecido, con nuevas ideas y un sentido de placer al explotar este nuevo potencial. 7. La red requiere establecer contactos. Los enlaces son conexiones. Nos conocemos a través de enlaces. Aquellos que no los usan se excluyen a sí mismos del discurso social y educativo. Esto también se aplica a los sitios web de los medios educativos, a la relación entre ellos y con sus comunidades educativas, y entre sí. 8. Los enlaces retribuyen, las citas adornan. Los motores de búsqueda y los agregadores facilitan la educación de calidad: elevan el hallazgo de contenido excepcional sobre una base a largo plazo y por lo tanto son una parte integral de la nueva esfera pública conectada. Las referencias a través de enlaces y menciones —especialmente aquellas hechas sin ningún consentimiento o siquiera remuneración de su creador—hacen, en primer lugar, posible la cultura misma del discurso social conectado. Ellos son, en todos los casos, dignos de protección. 9. Internet es la nueva sede del discurso democrático. La democracia prospera con la participación y la libertad de información. Transferir la formación democrática y en valores, y su discusión y debate, desde los centros educativos hacia Internet y expandirse en ésta discusión involucrando la participación activa de la comunidad educativa y la tolerancia, es una de las nuevas tareas de la educación. 10. Hoy libertad de cátedra significa libertad de opinión. Internet invalida los límites tecnológicos entre el amateur y el profesional. Esta es la razón por la que el privilegio de la libertad de opinión debe aplicarse para cualquiera que desee contribuir al cumplimiento de los fines educativos. Cualitativamente hablando, no debería existir diferencia alguna entre docentes remunerados y no remunerados, sino entre docentes buenos y docentes malos. 11. Más es más – nunca la información y educación son demasiado. Había una vez instituciones tales como la Iglesia que priorizaban el poder por encima de la conciencia personal y alertaban sobre un flujo de información sin filtros cuando la imprenta fue inventada. Por otro lado estaban los panfleteros, enciclopedistas y periodistas que probaron que más información conduce a más libertad, tanto para el individuo como para la sociedad en su conjunto. Al día de hoy, nada ha cambiado al respecto. 12. La tradición no es un modelo de negocio. Se puede hacer dinero en Internet con contenido educativo. Existen muchos ejemplos de esto actualmente. Sin embargo, a causa de que Internet es altamente competitiva, los modelos educativos tienen que ser adaptados a la estructura de la red. Nadie debería intentar fugarse de esta adaptación esencial diseñando políticas destinadas a preservar el status quo. La educación necesita abrir competencias para las mejores soluciones de refinanciación en la red, junto con el coraje de invertir en la implementación multifacética de estas soluciones. 13. El Copyright se vuelve un deber cívico en Internet. El derecho de reproducción es la piedra angular fundamental de la organización informacional en Internet. Los derechos de los creadores para decidir el tipo y ámbito de diseminación de sus contenidos también son válidos en la red. Al mismo tiempo, el copyright no deberá ser abusado como una palanca para salvaguardar mecanismos de abastecimiento obsoletos y aislar nuevos modelos de distribución o programas de licencias. La propiedad acarrea obligaciones educativas. 14. Internet posee numerosas divisas. Los servicios educativos en línea financiados a través de anuncios ofrecen contenido a cambio del “efecto-tirón”. El tiempo de un lector, espectador u oyente es valorable. En educación, esta correlación ha sido a veces uno de sus principios fundamentales de financiación. Otras formas de refinanciación que sean educativamente justificables necesitan ser forjadas y evaluadas. 15. Lo que está en la red se queda en la red. Internet está elevando la educación a un nuevo nivel cualitativo. Texto, sonido e imágenes en línea ya no tienen que ser transitorios. Permanecen recuperables, y por consiguiente construyen un archivo de historia contemporánea. La educación debe tomar el desarrollo de la información, su interpretación y errores en consideración, por ej., debe admitir estos errores y corregirlos de una manera transparente. 16. La calidad permanece como la cualidad más importante. Internet desacredita los productos educativos homogéneos y en masa. Sólo aquellos que sobresalen, son creíbles y excepcionales conseguirán una audiencia estable a largo plazo. Las demandas educativas se han incrementado. La educación debe satisfacerlas y acatar sus propios principios formulados. 17. Todos para todos. La web constituye una infraestructura para el intercambio social superior a la de los medios masivos de comunicación del siglo 20: cuando entra en duda, la “generación Wikipedia” es capaz de valorar la credibilidad de una fuente, rastrear noticias hasta la fuente original, investigarla, chequearla y evaluarla —solos o como parte de un esfuerzo grupal. Los educadores que desdeñan esto y no están dispuestos a respetar estas habilidades no serán tomados en serio por estos internautas. Internet hace posible comunicarse directamente con aquellos alguna vez conocidos como destinatarios —alumnado, como oyentes y espectadores—y sacar provecho de su conocimiento. No son los docentes sabelotodos los que están en demanda, sino aquellos que comunican e investigan. Fuente: Blog de Pedro Villarrubia: Discentia

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Periodismo Carrera en la Universidad Rosario
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/24/2008

Postítulo en Periodismo que dicta la Universidad Nacional de Rosario El Postítulo y Licenciatura en Periodismo de la Universidad Nacional de Rosario ha rediseñado su página web para mejorar su funcionalidad y aprovechar el potencial multimedia, al incorporar las nuevas secciones de Audios y Videos. El objetivo es optimizar los diferentes usos, tanto los espacios de información institucional y comunicación de Novedades como los Blogs de Cátedras. El nuevo espacio de comunicación permite, a la vez, la publicación de trabajos que los alumnos van realizando a lo largo de la carrera. El Postítulo en Periodismo se comenzó a dictar en el 2003, en respuesta a la demanda de periodistas graduados en institutos terciarios que buscaban continuar su formación académico-profesional en la Universidad. La duración de la carrera es de dos años al término de los cuales lo estudiantes obtienen el título de Licenciatura en Periodismo. La propuesta académica se centra en desarrollar los conocimientos y las habilidades de los periodistas para gestionar la información con tecnologías digitales. La comunicación digital, con sus enormes potencialidades y su maleabilidad, hoy plantea nuevos desafíos para llegar a audiencias cada vez más fragmentadas, en un contexto de múltiples discursos que luchan por la hegemonía. La carrera ofrece, entonces, la posibilidad de experimentar con nuevos lenguajes y géneros. Está orientada a la elaboración de productos periodísticos, en cuyo proceso los estudiantes van analizando la lógica de producción, distribución y circulación de contenidos en los diferentes medios. Para obtener más información de la carrera, los interesados pueden visitar la nueva página www.postituloperiodismo.com.ar donde, a la vez, se puede realizar la preinscripción al ciclo 2009. También pueden comunicarse al te 0341-4808521, interno 112, o al mail [email protected] Presentasión de la carrera de Periodismo en la Universidad de Rosario. Decano Fabián Bicciré y Directora Silvana Comba

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