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naru2324

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Primer post: 31 mar 2011Último post: 19 abr 2011
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como mover objetos materiales con la energia pk
Ciencia EducacionporAnónimo4/19/2011

aprendiendo a mover cosas con la mente Su energía psíquica no tiene límites, solo debe animarse a descubrirla. Practique los ejercicios que le proponemos, tenga fe en usted mismo y lo logrará. 142fc496eac1104b24ae30fdcb1cffa1 La telequinesis es la habilidad o poder mental con la cual se pueden mover objetos o doblarlos (solo por mencionar algunas de las cosas que se pueden hacer) sin contacto físico, solo con la energía de la mente. Una de las cosas más importantes es que sí es posible y que todo el mundo tiene el potencial para usar la telekinesis. Esta habilidad es completamente natural, el hombre primitivo la utilizaba instintivamente como una forma de supervivencia, pero para lograr desarrollarla hay que proporcionarle tiempo, práctica y paciencia para poder controlarlo. Obstáculos a vencer La duda. La telekinesis es real y es un fenómeno natural. Debe tratar de aceptar ésto como un dogma, porque la duda es como un muro entre usted y la telekinesis. Salte esa pared y déjela atrás. No sea escéptico, sobre todo cuando se trata de explorar el poder de la mente. La lógica. Es verdad que vivimos en un mundo práctico y en la vida cotidiana debemos tratar de razonar las cosas. Pero ahora no es el momento. Deje la lógica a un lado y entréguese por completo a la experiencia. Malas razones. ¿Por qué y para qué quiere desarrollar esta habilidad? Sus razones deben ser positivas y sus intenciones, puras. Si quiere dañar a alguien o sacar beneficios económicos de su talento o impresionar a sus amigos, olvídese. Aprenda telekinesia para ejercitar su mente, para cambiar su realidad. No busque gloria barata. Concentración deficiente. Meditar y focalizar la mente es esencial para lograrlo. Debe luchar a brazo partido contra la dispersión. Técnica para doblar tenedores y cucharas Este ejercicio es una buena forma de comenzar a ejercitar los poderes de la mente. La concentración psíquica consciente puede vencer la resistencia del metal. Hay quienes afirman que ésto no es estrictamente telekinesia, ya que se produce un contacto físico sobre el utensilio, pero es una excelente ejercitación, que lo puede llevar a la telekinesia propiamente dicha. 1) Elija un utensilio. 2) Sosténgalo en una mano, en una posición que le resulte cómodo. 3) Siéntese, respire de modo natural y relájese. 4) Vacíe su mente de todo pensamiento. 5) Con los ojos cerrados, frote suavemente sus dedos en la superficie del objeto. 6) Sienta esa superficie. Procure percibir las moléculas, los átomos, la energía. 7) Esto puede requerir varios intentos, pero finalmente logrará percibir esa energía. En el preciso instante en que lo sienta, el objeto se doblará. Nota: Nunca aplique la fuerza. ¿Cómo mover objetos sin tocarlos? Este ejercicio si que es estrictamente telekinésico, ya que solo la mente está involucrada en el proceso. Es mejor que elija objetos pequeños al principio (una piedra, una fruta, etc.) y luego, a medida que vaya registrando progresos, pase a otros más grandes. Concentresé y pruebe 1.- Cargue su cuerpo de energía, respirando profundamente hasta alcanzar un estado de relajación. No se apresure. Estírese, como si se desperazara. 2.- Siéntese cómodamente frente a una mesa coloque una piedra frente a usted. La piedra debe ser el único objeto sobre la mesa. 3.- Fije su mirada en la piedra. 4.- Cierre los ojos y visualice esa piedra frente a usted, reproduciendo mentalmente la forma, el color, los detalles de la roca. 5.- Visualice su energía, saliendo su cuerpo influyendo hacia la piedra. 6.- Concentre su mente en mover la piedra hacia la izquierda, utilizando el poder de la mente. 7.- Concentre su mente en mover la piedra hacia la derecha. 8.- Concentre su mente en mover la piedra hacia el centro. 9.- Concentre su mente en mover la piedra hacia delante. 10.- Concentre su mente en mover la piedra más lejos. 11.- Concentre su mente en mover la piedra nuevamente hacia el centro. 12.- Abra los ojos. espero q les aya gustado

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cosas para acer
Hazlo Tu MismoporAnónimo3/31/2011

hola amigos tarigeroshoy le voy a mostrar muchas cosas para acer para desaburrirse aki van los videos link: http://www.youtube.com/watch?v=rUSTXUis_ys se requiere: un cepillo de dientes,un bivrador de celular o de control de play 2 soin los cables arancados,una pila cualquiera y sinta doble fa bromas: link: http://www.youtube.com/watch?v=zCehUjPu1Dg esto es todo por hoy comenten soy novato

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historias de Terror por naru2324
ParanormalporAnónimo4/6/2011

La carretera fantasma Conocía muchas historias de fantasmas en la carretera. Pero la historia que leí en un periodico me impactó. Hablaba de una carretera fantasma. Se cuenta que hay una carretera comarcal en Paiporta, cerca de Valencia, dónde ocurren unos sucesos un tanto extraños. Y lo más impactante es que en los ultimos meses mas de 10 personashan muerto allí. Y no se sabe la razón exacta. Nadie se había percatado de esta ciscunstancia ni se le había dado importancia hasta que se ha producido el testimonio del señor Martín. este hombre narra un suceso impactante que ha causado impacto y que ha hecho que se investiguen los hechos. El Sr. Ruiz vive en un chalet situado en la carretera mencionada. De este hecho deducimos que la conoce a la perfección. Una noche conducía a casa de regreso del trabajo. Iba con mucha precaución ya que en el ambiente reinaba una niebla muy espesa muy poco propia de aquella zona. Nunca había visto una niebla tan densa nunca. Y, de repente, tuvo que dar un frenazo brusco. Se encontró ante un cruce en la carretera, pero un cruce...un camino que no había visto nunca. Él llevaba 10 años viviendo allí, pasando dos o tres veces al día por allí…y nuca había visto ese camino. Reanudó el trayecto con una sensación de extrañeza enorme, dudaba si realmente había visto un cruce o era sólo su imaginación. Podía haber sido un efecto de la luna en la niebla…pero es que estaba seguro que allí había un camino. Al día siguiente regresó por el mismo camino, dirección al trabajo, y al pasar por el mismo punto un escalofrío recorrió su cuerpo: no había ningún camino allí. En aquel lugar sólo había un terraplén de 4 metros de altura. En ese momento se dió cuenta que si hubiera cogido el camino habría caído por él y se habría despeñado. Gracias a que conocía el trayecto no lo cogió. El suceso le había dejado muy confundido y lo comentó a unos amigos suyos al llegar al trabajo. Todos rieron, salvo uno que palideció al instante: Había oído hablar de esa carretera, de la historia de un camino que aparecía subitamente en una noche de niebla densa, pero nunca la creyó. Ahora todo parecía aclararse. Todo era cierto. Ellos han estado investigando…en esa carretera han muerto más de 10 personas despeñadas…pero lo peor es que no es el único caso en todo el país. Existen muchos accidentes en noches de niebla extrañamente densa …¿será casualidad o será que existen más carreteras fantasmas? Angelito La hacienda del señor Barrera estaba al pie del cerro Panaga, cerca de la Unidad Vecinal. Sólo tenía una pocas reses que pastaban en el pequeño prado. Al cuidado de ellas estaba un muchacho de unos once años de nombre Angelito. Era alto, delgado, de tez curtida por el sol, ojos y cabellos castaños y expresión simpática. Mientras pastaban el ganado tallaba figuras en madera con una pequeña navaja o tocaba la flauta. Una tarde pastoreando las reses se acercaron a una capilla de aspecto lúgubre, que los vecinos llaman la capilla Embrujada. Angelito recordó lo que habían dicho de ella: ¡Espantan de día y de noche!. ¡Si pasas cerca no entres!.. ¡Huye del lugar, la capilla esta embrujada!. A pesar de todo se acercó a la capilla movido por la curiosidad. Entró del todo y se acercó a la capilla movido por la curiosidad. Entró muy despacio, miró todo lo que había en su interior y ..... - ¡¡¡Auxilio!!!. Los desgarradores gritos de Angelito resonaron en todos los contornos del cerro de Panaga. El ganado corrió espantado hasta la hacienda. La tarde quedó en silencio. De la hacienda de los alrededores corría la gente aterrorizada. Algunos cautelosos se acercaron a la capilla y no vieron nada. Nadie pudo explicarse la misteriosa desaparición del niño. Ha pasado mucho tiempo y aún no lo han encontrado. Su familia le lleva flores. La gente del lugar cambia de ruta para no pasar por delante de la capilla y nadie se atreve a transitar de allí. Es una capilla solitaria y tétrica, su aspecto sobrecoge. Solamente los que no conocen la historia de Angelito pasan tranquilos por el lugar. Nos cuentan los vecinos que a veces en altas horas de la madrugada se despiertan espantados por los ruidos extraños que salen de la capilla, acompañados de gritos desgarradores, y el llanto de un niño Las risas de las brujas En el complejo de verano de la playa del Saler en el que hablo en el relato de "Los pasos", ocurrió algo más. La familia de Lorena se hizo amiga de otra familia numerosa, concretamente de dos hermanos: Belén y Miki. Belén era de la edad de la hermana mayor, y Miki salía aquel verano con Lorena. Aquel verano era el verano en que la prima Merche y el amigo de la familia estaban pasando un mes, y en esta ocasión no había padres que vigilaran los actos de sus hijos. Allí estaban Lorena y su hermana mayor (llamémosla Nieves), la prima Merche y el amigo de la familia (llamémosle Jorge), y los hermanos Belén y Miki (nombres también inventados). Decidieron jugar a la ouija y como no tenían tablero, Lorena se ofreció a hacer las letras recortando trozos de las tapas de sus libretas y escribiendo las letras con un rotulador gordo. Se pusieron alrededor de la mesa redonda rociando ésta con unas gotas de aceite para que el vaso se deslizara sin que apenas los dedos llegaran a tocarlo. Todo estaba previsto para poner las cosas fáciles al espíritu que viniera. Comenzaron riéndose y bromeando. Entonces Nieves se puso seria y dijo que ya estaba bien. - Concentrémonos de verdad. Todos le hicieron caso. Ya nadie se rió con aquello de "espíritu, si estás ahí, danos una muestra". A los pocos minutos Miki comenzó a golpear rítmicamente el vaso con su dedo. Estaba totalmente absorto con su mirada fija -aunque parecía perdida- sobre el vaso, y golpeteaba una y otra vez. Levantaba el dedo, lo dejaba caer sobre el vaso, y así repetidas veces. Lorena tenía a Miki al lado y le pasó la mano por los ojos. Miki respondió bajando los párpados para no abrirlos durante un buen rato. Pero lo que ocurrió fue más que espeluznante. En el mismo momento en que cerró los ojos, su dedó tocó por última vez el vaso, y acto seguido se desmayó sobre la mesa. Como pudieron trasladaron su pesado cuerpo al sofá y lo dejaron allí preguntándose qué le ocurría. Entonces se dieron cuenta de dos detalles: Por un lado, de sus ojos cerrados se deslizaban lágrimas, y por otro, de su boca entreabierta se empezaba a escuchar una risa... una malvada risa femenina que parecía propia de una bruja. Se asustaron sobremanera y Nieves le pidió ayuda a Merche: - Tú tienes poderes Merche, haz que despierte, haz algo por favor. Merche respiró hondo y salió al balcón para concentrarse en soledad. Era verdad, tenía ciertos poderes, no en vano decían que su propia madre era una bruja. Mientras tanto Belén miraba nerviosa a su hermano, Jorge y Nieves se miraban y se preguntaban qué era esa risa que salía de su boca, y Lorena, desde los pies de Miki, miraba hacia el balcón rezando para que Merche pudiera sacarlo del trance. Merche entró y se dirigió hacia Miki que seguía tendido en el sofá. Le cogió la mano, y con voz grave le dijo: - Miki, despiértate. Fue una orden. Y en un minuto los ojos de Miki estuvieron luchando por abrirse. Cuando al final lo hizo se sentía mareado y extraño. Antes de contarle lo sucedido, Lorena le preguntó qué había sentido: - Tenía frío y calor, todo se puso negro, y no recuerdo nada más. Mientras trataban de tranquilizar a Miki, Lorena se dedicó a desmantelar la mesa. Todas las letras se iban a ir a la basura, pero algo llamó su atención. Una letra había salído perjudicada con el aceite, estaba manchada. Lorena la levantó, era la letra "L". Con estupor comprobó que el aceite había formado lo que desde nuestra infancia consideramos un fantasma, ese que hasta te puedes comer en helado o que aparecen en los dibujos infantiles. El fantasma tenía una especie de boca hacia abajo. Al darle la vuelta a la letra comprobó algo más: por detrás, la boca sonreía. Miki había llorado y había reído... aunque no lo recordara. Las letras mostraban ambos estados de ánimo. Curiosamente Lorena no se percató de la relación entre estos dos detalles hasta que alguien, una amiga, lo relacionó y se lo dijo. Lorena cayó en la cuenta y desde entonces la historia le da más terror. Pero hay una cosa más en esta historia: dicen que al terminar una sesión hay que romper el vaso para que el espíritu se marche de la habitación donde se ha hecho la ouija. Ellos tiraron el vaso desde un tercer piso... y no se rompió No abras la puerta Muchas personas piensan que esto que os voy a relatar es una simple leyenda, un cuento o incluso una falsa historia, pero yo lo único que puedo hacer es contárosla, a partir de ahí, sacad vuestras conclusiones. Hace 2 años, estaban en su casa, tan tranquilos, María, una señora de 40 años que se había divorciado recientemente, con su hijo pequeño de tan solo 8 años. Como era de costumbre María se tenía que ir todas las noches a trabajar, debido a que era una mujer con muchas responsabilidades( tanto en su trabajo como en su casa). Pero aquel día sería muy diferente al resto de los demás; ya que, cuando se encontraban cenando vieron en las noticias que un asesino en serie, muy peligroso y agresivo había escapado del centro penitenciario de la ciudad. Lo más grave de la noticia no era que este interno hubiese escapado, lo peor era que había sido visto pocas manzanas cercanas del hogar de la familia. Esto provocó la incertidumbre de María que al irse al trabajo tenia que dejar a su hijo solo en casa. Maria para prevenir desgracias cerró las ventanas, puertas, y le explicó lo siguiente a su hijo: - No habrás ninguna ventana ni las puertas. Aunque llevo las llaves, por si ocurre algo, yo llamaré 3 veces seguidas al timbre o simplemente me reconocerás por la voz y entonces sabrás que soy yo. Llegado el momento, María se fue a trabajar y dejó a su hijo solo. Éste, lleno de miedo, cerró la puerta a cal y canto y se puso a ver la tele para relajar la mente. Al cabo de rato, el chico ya estaba dormido cuando de pronto llaman a la puerta. PON...PON....el chico se despertó y aterrado se dirigió muy despacio hacia la puerta y dijo: - ¿Eres tú mamá?. La respuesta vino con otra serie de golpes acompañados de un susurro escalofriante que decía: JABREME DA PUETA. El niño atemorizado huyó hacia su habitación donde se pasó la noche llorando y esperando a que llegase su madre, hasta tal punto que se quedó dormido. Al día siguiente cuando se levantó se dio cuenta de que su madre no había vuelto. Y aún con miedo se dirigió a la puerta que conducía a la salida de la casa y se encontró a su madre con las piernas cortadas( por lo que no pudo llegar al timbre), la lengua cortada( por lo que no le pudo reconocer la voz) y totalmente ensangrentada. Desde ese día este chico tuvo que estar hospitalizado en un psiquiátrico y no pudo dormir sin sufrir constantes pesadillas........ y si os preguntáis por que sé, es por que, simplemente, soy ese niño. Aniversario de muerte Es una noche cerrada cuando un muchacho que vuelve a casa en su coche descubre en el borde de la carretera una chica que hace autostop. La chica parece aterrorizada y helada, por lo que el chaval decide pararse, ayudarla y acompañarla a casa. Como suponía, ella estaba helada, por lo que le presta su chaqueta. La chica no es muy habladora así que es él quien habla casi todo el trayecto. A la mañana siguiente el muchacho se da cuenta que la muchacha se llevó su chaqueta a casa. Para recuperarla (y para volver a verla, pues le gustó) decide volver a la casa de ella, donde la había dejado la noche. Cuando llama a la puerta una señora no muy mayor, pero sí desmejorada, le abre la puerta. Él le explica lo sucedido y pregunta por su hija. Conforme el relato del chico avanzaba la mujer palidecía más y más. Terminó rompiendo a llorar. Tras recuperarse del shock inicial, la mujer le pide un momento al chico, entra al interior de la casa y vuelve al poco tiempo con una foto. Se la muestra al chico. Es una foto en la que sale la chica de la noche anterior. La dama llena de dolor y con la cara llena de lágrimas le cuenta que la chica era su hija. Era. Murió en un accidente de coche un año atrás en la misma carretera en la que supuestamente la encontró. La noche anterior exactamente era el aniversario de su muerte. El chico, escéptico, va al cementerio a comprobar si es cierto lo que dice. Y allí el terror le inmoviliza y le hace palidecer. Sobre una tumba, la tumba de la muchacha, estaba su chaqueta. El misterio está en el sótano Tras una agobiadora semana de trabajo, me alejé de la ciudad para descansar en mi casa de campo. Era de noche, y me encontraba sentado en el sillón examinando cada una de las luminosas ramas del árbol navideño que hace días habíamos armado con Simona. Ella siempre había sido mi compañera de juegos y nunca fue vista en mi familia como una criada, incluso reemplazó a mi madre tras su misteriosa desaparición. Seguí observando fascinado el árbol; si se miraba con cuidado se podía ver cómo de sus imponentes ramas se desprendían multicolores destellos de luz, como si fueran rayos de sol que inundaban cada rincón de la habitación. Encendí las luces del living para poder leer un exótico libro que traía a mi mente gratos recuerdos de la infancia, pues había encontrado en sus líneas compañía para mis ratos libres. Abstraído leía palabra por palabra, página por página... en esos momentos, no existía el mundo a mi alrededor. Sin embargo, el idílico momento fue interrumpido por un extraño ruido proveniente del exterior de la casa. No le di demasiada importancia, pues se acercaba una gran tormenta y el viento seguramente había tirado algo, pensé en ese momento. Pasaron unos minutos y no había podido concentrarme nuevamente en el libro. El zumbido del viento siempre me había llamado la atención y esta vez no fue la excepción. Yo creo que se oye como almas en pena que aúllan por ser liberadas de su agonía. En ese momento otro extraño ruido interrumpió el agudo silbido y en mi mente se comenzaron a tejer todo tipo de paranoicas sospechas: todo hacía suponer que había alguien merodeando la casa. Los típicos miedos infantiles a la oscuridad y a los monstruos se adueñaron de mí. Sólo de pensar en un asesino acechando, la piel se me helaba. Por suerte no estaba solo; inmediatamente llamé al mayordomo y a Simona y les dije: - No pierdan un segundo, verifiquen que todas las ventanas y puertas estén completamente cerradas, escuché ruidos extraños fuera de la casa. Ansioso no podía parar de moverme, estaba alterado, necesitaba tener alguna noticia. Inesperadamente se fue la luz y los rincones, antes iluminados por las luces navideñas, se ensombrecieron nuevamente. Tanteando en la espesa oscuridad, hallé varios candelabros con velas que tenía reservado para estas ocasiones. Las encendí, pero no servían de mucho, pues la habitación era espaciosa. El transcurrir del tiempo comenzó a calmar mis nervios, finalmente pude sentarme en el sillón a la espera de noticias. Mis ojos se detuvieron en un punto fijo ubicado en el centro de la flameante llama de una vela. Por un momento creía que todo era un sueño, me sentía transportado, fuera de mi cuerpo, estaba como en éxtasis; me encontraba en una formidable e ininterrumplible paz interior. Pero el azotar de una puerta me hizo reaccionar. Provenían de una pequeña puerta del exterior de la casa que daba al sótano y que personalmente me había encargado de cerrar con llave ¿cómo era posible que el viento la abriera? Sin darme cuenta, me encontraba frente a la portezuela externa que se agitaba violentamente contra la pared. Me detuve unos segundos a observar desde el exterior el profundo y oscuro sótano; sólo los fuertes relámpagos lo iluminaban hasta el fondo. Desde esa perspectiva, lucía como si se hubiesen abierto las puertas del infierno. Las gotas de lluvia me recorrían todo el cuerpo empapándome cada vez más. El viento y los portazos me desconcertaban. Sin pensarlo, cerré bruscamente la portezuela y de pronto una fuerza inexplicable me obligó a bajar la vista, descubriendo bajo mis pies un charco de lodo y sangre. Aterrado corrí enloquecido hacia mi casa, entré rápidamente y cerré la puerta principal con llave. Mientras me secaba pensé: “¿Quién había abierto la portezuela del sótano?, ¿De qué o quién era la sangre enlodada?. Armándome de coraje tomé el candelabro más grande y abrí lentamente la pequeña portezuela interna que conducía al sótano. Comencé a bajar las escaleras. El crujir de cada peldaño aumentaba mi temor e incluso me asusté de mi propia sombra. Llegué al suelo del sótano y rápidamente mis zapatos se mojaron, pues estaba todo húmedo por la lluvia. Dirigí la luz hacia todos los rincones, pero no se veía más que libros y estantes viejos repletos. Todo era muy sombrío, pero mi agudizada vista descubriría el menor movimiento, estaba en alerta continua. Hacía mucho tiempo que no visitaba el sótano; al ver esos sucios objetos, comencé a recordar tiempos lejanos de cuando éste lugar estaba prohibido y mi imaginación de niño me llevaba a pensar en las más sorprendes historias. De repente sentí los extraños ruidos muy cerca de mí, ahora los pude distinguir mejor; parecían como pezuñas que golpeaban enérgicamente sobre el suelo y el de una cadena arrastrándose lentamente. El piso de madera comenzó a crujir cada vez más fuerte, y los inexplicables ruidos se aproximaban hacia mí, pero no lograba ver nada. Mi corazón comenzó a latir fuertemente, y las gotas de sudor recorrieron mi cara, casi estaba paralizado de terror. En ese instante comencé a recordar todos los momentos más importantes de mi vida, desde mi comunión, mi casamiento, mi familia, en Dios. Súbitamente un grito de Simona me llamó desde arriba: - ¡Señor, señor! Venga rápido, apresúrese. Sin esperar, subí corriendo las escaleras, pero un peldaño cedió y mi pierna quedó atrapada. Eran totalmente en vano los esfuerzos que hacía por liberarme y mi desesperación aumentaba, pues los extraños ruidos se acercaban continuamente. En esos instantes de desesperación vi la silueta de Simona bajando hasta donde me encontraba y con todas sus fuerzas intentó liberarme. Pero repentinamente, dejó de ayudarme; sorprendido miré su rostro, la sensación que sentí al ver su tez absolutamente pálida fue inexplicable. Parecía como si ella hubiese visto la cara de la muerte. - ¡Qué es eso! -gritó Simona. Logré liberar mi pierna y sin mirar hacia atrás, subí despavorido las escaleras junto a ella. Al llegar al living, aseguré la portezuela con una vara de hierro. En ese momento llegaron apurados mi mayordomo Jaime y mi cocinera Juana. Él dijo: - Señor, escuchamos los gritos. ¡¿Qué ocurrió?! - ¡Hay algo en el sótano! Simona es la única que lo vio -dije sin aliento-. Comenzamos a mirarnos todos los rostros, un silencio largo invadió el ambiente: mi criada Simona no estaba con nosotros. el japones loco La noche era muy fría y ventosa. Carlos Bejarano, más conocido como “Carlitos” por todos en la redacción del diario “Últimas noticias”, caminaba por las desiertas calles de Lima, mascando su rabia. Con apenas 24 años, pensaba si no se había equivocado de profesión: desde hacía dos años trabajaba con verdaderos “pesos pesados” de la prensa amarillista nacional, y los únicos encargos periodísticos que recibía eran hacer reportajes estúpidos que nadie quería hacer, como el que tenía entre manos: averiguar todo lo que se pudiese sobre una pelea entre campesinos, en un pueblo a las afueras de Lima. “Acá dice que un japonés es acusado por todo el pueblo de hacer brujerías con sus animales” -leyó el jefe de prensa, a la vez que le entregaba la nota enviada por un periódico amigo-, “fueron todos a quemarle su casa y él se defendió con una espada samurai: puedes sacar una nota bien “sazonada” con eso”. Los otros reporteros recibían encargos como entrevistar a políticos en la clandestinidad, peligrosas investigaciones sobre corrupción en el gobierno militar, e incluso, pícaras entrevistas con sesión de fotos a alguna vedette, y a él le daban esa ridiculez. Las risas de todos los reporteros casi hicieron venirse abajo las vetustas paredes del viejo edificio dónde estaba el periódico. “¡Acábalos tigre! – le dijo a la vez que soltaba un fuerte manotazo en la espalda el reportero de policiales. “Y de paso tráenos fruta, jajajaja” –agregó burlonamente un veterano reportero de pelo canoso. Carlitos no dejaba de pensar en renunciar mientras se dirigía a su pensión en el centro de Lima. La fría noche hizo que se abrigase mientras pasaba por un retén militar; era el año 1973 y con los militares en el poder, la ciudad parecía asediada. Su salvoconducto le permitió una vez más seguir su camino. “¡Cualquier reportero del mundo mataría por trabajar acá ahora y yo tengo que investigar tonterías!” – pensaba -, “bueno, al menos por un día, me alejaré de este clima del asco”. El aire cálido del valle costeño le dio de lleno en la cara cuando descendió del destartalado ómnibus. El pueblo era como cualquiera del llamado “Sur chico”; casas de adobe, calles de tierra y uno que otro campesino montado en burro atravesándolas. Según sus notas, el japonés del lío ese era un hombre ya entrado en años, venido de su país al acabar la Segunda Guerra. Al preguntar a los lugareños por el domicilio de Nakatoshi Oda recibió todo tipo de respuestas: “….ese viejo miserable le mató tres corderos a mi cuñado”-, le dijo uno. “Tiene pacto con el diablo”-, agregó el cura. “Seguridad del Estado debería llevárselo” -, declaró un Guardia Civil. Una rara mezcla de odio y miedo se notaba en todas las declaraciones recogidas. Un apodo más bien, era usado por todos: “el japonés loco”. Tras recabar el testimonio del comisario, Carlitos se dirigió al otro lado del pueblo, donde se hallaba la casa del nipón. La autoridad policial le aclaró en algo el panorama: Oda, era un taxidermista -la parecer uno muy bueno, casi genial-, al cual el pueblo veía por eso con recelo. La pérdida de animales en el pueblo, seguro robados por delincuentes, le fueron achacados por todos a Oda, azuzados por algún envidioso. Pensando en que el reportaje no valía para nada el tiempo invertido, Carlitos Bejarano se detuvo viendo sus apuntes frente a la casa de Oda. Era muy fácil dar con ella: era la más grande y bien cuidada, comparándola con las demás. La puerta apenas se abrió después de que tocase un buen rato. Un canoso y nervioso oriental apenas se dejó ver a través de la puerta: “¡ya dije todo a detective!...” –dijo en un muy pasable español-, “¡váyase!”. Carlitos había decidido hacer bien su trabajo, así que usó algunos artilugios aprendidos en el diario; mintiendo descaradamente, le dijo a Oda que estaba escribiendo un libro sobre extranjeros exitosos viviendo en el Perú. “Colonia japonesa no quererme” –replicó el japonés-, “¡no participaré!”. Bejarano continuó diciendo que no venía de parte de la colonia de residentes japoneses; dijo que venía por encargo del gobierno, dada su fama de experto taxidermista. Nakatoshi Oda mordió el anzuelo: Carlitos sabía lo respetuosos que son los nipones con respecto a la autoridad. La puerta de la casa se abrió para él, aunque la mirada inexpresiva de Oda no cambió un ápice. Ya sentados en la sala, el reportero vió sorprendido su trabajo: sentado frente a una diminuta mesa, con una taza de té en las manos, Carlitos no podía dejar de extasiarse con lo que veía: decenas de animales de todos los tipos lo rodeaban. Jaguares selváticos, venados, aves de todo tipo y un oso de anteojos, perfectamente disecados, le parecían observar,…. parecía que esos animales estuviesen vivos. Su anfitrión gradualmente le comenzó a hablar de su arte, del tiempo que llevaba viviendo en el pueblo, y también de lo sucedido hacía unos días con los lugareños. Se notaba que el nipón no había recibido una visita en años, ya que se esforzaba por mantener interesado a su joven entrevistador. Oda veía complacido cómo el joven ese tan simpático llenaba su libreta con cada palabra que él decía. Al pasar las horas, el té verde dejó paso a unos excelentes piscos y macerados de frutas que se producían en el valle. Carlitos comenzó a tener mayor interés en aquel viejo solitario cuando le comenzó a contarle que había peleado en la guerra, en el Ejército Imperial japonés. Los ojos del joven comenzaron a abrirse al escuchar las historias que salían de los labios arrugados de Oda. Su lápiz volaba por el papel al escribir datos tras datos que le parecían dignos de tomarse en cuenta. La noche avanzaba, los animales disecados de la sala lanzaban tenebrosas sombras que se alzaban por las paredes hacia el techo de la sala, iluminada apenas por la luz de una trémula lámpara de querosene. Carlitos no tenía miedo; se reía por efectos del alcohol, de las hilarantes y picarescas anécdotas de Oda en un burdel chino durante la guerra. Carlitos la estaba pasando de lo mejor, pero tuvo que despedirse de Oda al ver que ya era tarde y que no encontraría forma de volver a Lima. Mientras regresaba por la carretera, el joven pensaba en si estaba bien o no haber seguido con la farsa: había prometido volver el próximo fin de semana para continuar el “reportaje” a su nuevo amigo. Pensó en que tal vez hacía bien al amenizar los últimos días de un pobre viejo solitario. Él también era un solitario, y había disfrutado la velada y las bebidas; además, regresaba a casa con un espléndido regalo: Oda lo había convencido de aceptar un precioso bonsái. A partir de ahí, todos los domingos, por tres meses meses, Carlitos Bejarano visitó a Oda, iniciando sus tertulias al mediodía, y acabándolas muy tarde en la noche. El japonés nunca supo del motivo que trajo a Bejarano a su casa: la nota fue tan aburrida que jamás se publicó en “Últimas noticias”. El reportero no dijo a nadie dónde iba, por lo que en el diario pensaban que tendría algún amorío o algo así: siempre llegaba los lunes a la redacción con unas tremendas resacas. Las tertulias entre el periodista y el japonés comenzaron a cambiar cuando Oda comenzó a tener más confianza en el muchacho. En una de ellas, le reveló su gran secreto: Oda sirvió en una unidad especial del ejército nipón en China. A Carlitos nada le decían los nombres “Operación Maruta”, “Escuadrón 731”, “Fortaleza Zhongma”, “Unidad Wakamatsu” o la ciudad de Harbin,… nadie sabía nada de eso en 1973, pero en vez de aterrarse, Carlitos quedó hipnotizado por sus revelaciones: hablaba de experimentos secretos en personas, horrendas disecciones sin anestesia y un inmenso cúmulo de horrores sin fin. Sus colegas en el diario “Últimas noticias” se jactaban de sus conversaciones con asesinos convictos, pero lo relatado por el viejo,… era demasiado. El joven periodista quedó fascinado y por nada del mundo impidió que aquel viejo borracho le contara todo. Oda, bajo los efectos del alcohol, pasaba de cantar viejas canciones guerreras japonesas a pormenorizar los crímenes de los que fue partícipe, para luego, de pronto, echarse a llorar como un niño, recordando a sus camaradas muertos en combate. Le dijo que, así como a muchos, él fue indultado por los norteamericanos tras la guerra, los cuales le daban una jugosa pensión por los secretos de los experimentos que les reveló. Si vivía en un pueblito perdido en sudamérica, era por que prefirió alejarse de miradas acusadoras. Las libretas de Carlitos se llenaban ahora de datos caóticos casi increíbles. Tras esa delirante noche, pensó que tal vez había dado con el reportaje de su vida. Al domingo siguiente, Carlitos llegó de nuevo a la casa del japonés. Estaba algo desilusionado por que no logró conseguir traer consigo una grabadora del diario, pero se contentaba que un colega le había prestado su cámara fotográfica. No sabía si le serviría de algo, pero le pareció buena idea. Como de costumbre, empezaron a vaciar metódicamente botella tras botella de licor, mientras Oda revelaba más y más su increíble y tenebroso pasado. Al anochecer, ya totalmente ebrio, comenzó a sollozar, mientras recordaba a su único amor, su esposa: Oei. El joven quedó extrañado; siempre había pensado que su viejo amigo estaba solo en este mundo. “Era joven y hermosa” – dijo Oda-, “la hice venir desde Japón y aquí nos casamos. Yo era muy feliz”. Temiendo ser indiscreto, Carlitos le preguntó por ella. “Murió hace 20 años”- le respondió enjuagándose las lágrimas-, “enfermedad desconocida. Murió muy joven”. Cambiando de tema inexplicablemente, el japonés le soltó una frase intrigante: “mis jefes, durante la guerra, eran monstruos: sólo querían matar. Yo distinto: yo quería acabar con la muerte”. Tras una pausa, retomó de nuevo sus historias de guerra. Casi a la medianoche, el anciano volteó hacia el joven periodista, lo miró con ojos perdidos y le dijo: “¿quieres conocer a mi Oei?”. Pensando en que le mostraría algunas fotografías, Carlitos asintió. Se extrañó cuando el viejo oriental se levantó de su asiento y le dijo gravemente: “Ven conmigo”. Siguiendo al japonés que se tambaleaba por efectos del alcohol, Carlitos Bejarano fue tras de él, hasta el fondo de la casa. Frente a una pared, el viejo le miró sonriente, mientras tocaba con sus dedos una supuesta mancha en la pared. Ante los ojos sorprendidos del joven, la pared se deslizó silenciosamente, dejando a la vista una puerta secreta. Ambos personajes comenzaron a descender por unos escalones que se perdían en la oscuridad. No tardaron mucho para llegar al final de la escalera: Carlitos supuso que se hallaban bastante abajo del nivel de la calle. Una tenue luz al frente le indicaba que al frente suyo había una habitación. Al atravesar el umbral, el periodista quedó helado frente a lo que tenía ante sus ojos: en una habitación muy estrecha, con las paredes llenas de instrumentos de metal que no pudo identificar, se hallaba Oda, mirándole, de pie junto a una mesa de piedra. Sobre la mesa, yacía un cuerpo. Era el cuerpo de una mujer; estaba desnuda y era realmente hermosa. Su piel pálida, muy pálida, demostraba que era un cuerpo sin vida,… pero su apariencia en general era la de estar perfectamente conservada. Carlitos miró a Oda buscando una respuesta. “Es el trabajo de toda mi vida” -, le dijo, para luego acariciar el cabello negro azabache del cuerpo, mientras susurraba algunas frases en japonés-, “el proceso está casi terminado: muy pronto lograré que tenga temperatura normal y su piel tendrá otra vez su color original. Mi Oei estará conmigo por siempre”. Carlitos seguía paralizado del asombro: si era cierto que ese cadáver tenía 20 años sin sufrir cambios, aquel viejo había hecho un descubrimiento fabuloso. Oda continuó sorprendiéndolo: “ven, toca….”- le pidió mientras tomaba un brazo del cuerpo-, “toca: no hay rigidez. Las articulaciones se mueven”. El reportero tomó el brazo y continuó sorprendiéndose: se sentía y se movía igual como el brazo de cualquier persona viva. Cualquiera que la viese, pensaría que sólo estaba dormida. De pronto, el viejo se descompuso y comenzó a llorar, cayendo de rodillas, tomando la mano de su esposa muerta, hablando en japonés. Carlitos aprovechó esa dolorosa escena: Oda no lo miraba, así que sacó la cámara que llevaba. Tomó tres fotos. Si aquello era cierto, necesitaría pruebas. Miró al pobre viejo borracho que lloraba amargamente: definitivamente era un genio, pero también el infeliz estaba totalmente loco. Lo alzó del suelo, tratando de calmarlo. Ayudándolo a subir las escaleras, dejaron aquella habitación, subiendo los dos muy trabajosamente. Ya de nuevo en la sala, Oda comenzó a hablar: “tardé muchos años en lograrlo”. Al periodista le faltaba cabeza para preguntarle; “…pero, ¿cómo es posible?....”. El nipón le respondió sin dejar de mirar la mesa de madera frente a él: “….parte química, parte alquimia,.... nazis nos dieron libros que obtuvieron de países invadidos; los leí todos”. A Carlitos le comenzó a dar vueltas la cabeza cuando el nipón le comenzó a explicar una intragable mezcolanza de fórmulas químicas, gases, recetas de pociones alquímicas extraídas de textos medievales y descubrimientos judíos y chinos acerca de “Golems” y la “píldora de la inmortalidad”. Oda era muy precios al describir todo eso, a pesar de su embriaguez,… pero Carlitos lamentablemente había sido un pésimo estudiante de química en el colegio, y no entendió nada. Oda tardó dos horas en explicarle su proceso secreto, para finalizar diciendo: “lo que hacían antepasados hoy le dicen magia: yo le digo ciencia….”. El joven reportero se quedó un rato pensando hasta que finalmente le preguntó el por qué de decía todo eso. “….Estoy viejo y moriré pronto, Carlos-san….” –le respondió Oda-, “necesito que, cuando yo morir, uses mi fórmula conmigo: no quiero dejar sola a mi Oei….”. Cuando Carlitos salió de la casa, ya había amanecido. Volvería el domingo siguiente: Oda le había hecho jurar que lo haría. Ese día, su procedimiento estaría totalmente completo y le daría al reportero por escrito su fórmula. Carlitos no fue a trabajar ese lunes al diario. Una vez llegado el domingo, Carlitos Bejarano se bajó rápidamente del bus en la plaza del pueblo. Estaba impaciente para acudir a su cita. El barullo al otro extremo de la plaza llamó su atención. Los lugareños se arremolinaban lanzando todo tipo de exclamaciones, mientras las mujeres lloraban. Instintivamente, como buen reportero, corrió hacia el lugar. El joven llegó a tiempo para ver cómo recién cubrían el cráneo destrozado con periódicos: era Oda. Había salido temprano a comprar pescado al mercado cuando un conductor ebrio lo atropelló. Tenía el cráneo destrozado. Su muerte había sido instantánea. En sus pocos años de periodista ya había visto varios cadáveres, pero ver a quien ya consideraba su amigo, fue demasiado, comenzó a caminar por la plaza en estado de shock. No podía quitarse de las retinas la cara de Oda muerto, sus ojos crispados, su boca abierta, como una grotesca mueca. Conforme se recuperaba, Carlitos recordó lo que lo había llevado al pueblo ese día: el secreto de Oda. Al acercarse de nuevo al cuerpo, vio cómo los policías revisaban los bolsillos del atropellado mientras levantaban el cadáver. Un policía trató de abrir y leer su libreta de notas, pero le fue imposible: estaba totalmente empapadas en sangre. Carlitos vio con desazón cómo las fórmulas químicas anotadas en tinta china se borraban por el contacto con la sangre y por la grosera manipulación del ignorante policía; se habían perdido para siempre. Mientras miraba cómo cargaban el cuerpo en una camioneta, el periodista recordó el otro secreto de Oda. Comenzó a correr hacia su casa: debía llegar antes que los policías descubrieran el cuerpo de Oei. Sin saber que haría, Carlitos Bejarano entró como una tromba a la casa. Abrió la puerta secreta y descendió a toda velocidad los escalones. Apenas tomó aire al estar frente al cuerpo de Oei. Miró por todos lados: todo el piso estaba lleno de papeles rotos escritos en japonés. El único vestigio del trabajo del japonés era el cuerpo desnudo e intacto de su amada, frente a él. En eso pensaba cuando se percató de su frente: adosada a ella, el cadáver tenía un disco de arcilla, en el cual estaban escritos algunos caracteres en algo que parecía ser hebreo. Carlitos se acercó para ver las letras con más detenimiento. En ese momento el joven quedó paralizado por el horror: los ojos de la muerta comenzaros a entreabrirse lentamente, dejando ver un horroroso resplandor verdoso que salía de ellos. El joven comenzó a gritar paralizado del pánico sin poder dejar de ver también cómo la boca también se abría enormemente, soltando en la habitación esa luz verdosa y un vaho espeso y nauseabundo, mientras que de la garganta de ese ser se dejaba oír un grotesco y profundo lamento de ultratumba: “¡OOOO…..DDDAAAAAAA..!!!!!”. Apenas vió que ese ser comenzaba a incorporarse de la mesa de piedra, el joven no aguantó más y salió disparado de aquel lugar de pesadilla, gritando sin parar. Sin detenerse, tiró al suelo todo lo que se le puso en el camino hacia la calle. Con una fuerza sobrehumana, Carlitos destrozó la puerta de madera, para correr por las calles del pueblo sin dejar de gritar. Al ver pasar por la plaza al joven enloquecido, botando espuma por la boca y sin parar de gritar, los lugareños que comentaban el desdichado final de Oda sólo se encogieron en hombros: de seguro el “japonés loco” había contagiado con su locura al pobre jovencito ese. Un, dos, tres Cuando era pequeño, solía escuchar a su madre cantar una nana, que más que una nana, parecía el himno de las pesadillas y eso le causaba pánico. Le asustaba tanto que a la noche no podía dormir -Un, dos, tres.. ojos que te ven… cuatro, cinco, seis… no lo encontrareis… siete, ocho, nueve... la sombra que se mueve… A partir de entonces, estaba perseguido. Miraba debajo de su cama, o detrás de las cortinas, por las dudas de que se encontrase algo escondido. Se acostaba y se cubría con las mantas, como si éstas fueran una protección contra el peligro que rondase por allí. Después de un tiempo, Leonardo había descubierto que, en realidad, nunca había nada. Aún así seguía con su manía de revisar su habitación antes de dormir. Sus padres, para su cumpleaños, le habían regalado un muñeco de peluche enorme. Pero prefirió dejarlo en el altillo. Creía que ese oso se levantaría a la noche y le desgarraría su cuello con esas garras rellenas de fibras de nylon. Pasaron los años, pero su miedo seguía en él como si todavia fuese aquel niño de 7 años. Ahora estaba por cumplir 26, pero seguía traumatizado. Nunca le pudo contar a nadie sobre su miedo. Creerían que era un inmaduro por pensar en esas cosas. Tiempo más tarde, conoció a una chica. Se pusieron de novios y al año y medio de relación, comenzaron a convivir. Una noche, ella le dijo que tenía que ir a reemplazar a una compañera que trabajaba del bar porque estaba enferma. Y esa noche, estuvo solo. Intentó dormir. Había dormido tantas noches junto a ella, que el miedo le habia desaparecido. Hasta esa noche. Esa noche, sus más terribles miedos volvieron a él. Su madre había muerto cuando él tenía 19, por un cáncer que le habían detectado ya muy tarde. Pero aún la recordaba cantándole esa horrible nana. Se acostó en la cama y se tapó con las mantas como cuando era un chiquillo. Sonó el teléfono, pero tenía tanto miedo, que no se atrevía a salir de su guarida. Y dejó que sonara hasta que reconoció la voz del contestador. -"Hola, somos Leo y Dalilah, dejanos tu mensaje después del tono". Escuchar esas voces le reconfortaron por un breve momento. -Hola Leo… soy mamá… -dijo la voz gutural del teléfono. Podía reconocerla en cualquier lugar del planeta. Un escalofrío recorrió su columna vertebral. Su cabeza parecía a punto de estallar. Su corazón galopaba a tal velocidad, que parecía un caballo desbocado. Y perdió el sentido. Sintió una mano fría recorriendo sus cabellos, acariciandolo como cuando era pequeño, el olor a violetas, todo le era demasiado familiar… Abrió los ojos… Su madre, sentada a su lado, le pasaba sus dedos huesudos y filosos por entre sus cabellos. Su cara estaba desfigurada. Trozos de piel putrefactas se balanceaban desde su rostro y una sonrisa maligna se formaba con los pedazos de labios que le quedaban. -Un, dos, tres… §§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§§ La policía llegó al departamento. Encontró a Leo cubierto con las mantas, pálido, con los ojos desorbitados, una mueca de terror en su rostro y una horrible nana en el

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recetas para diabeticos
recetas para diabeticos
Recetas Y CocinaporAnónimo4/3/2011

Hola amigos como yo tengo diabetes hoy les voy a dejar un post de recetas para diabeticos empesemos: tarta de frambuesas: Esta tarta esta muy buena, se puede tomar en cualquier momento, es apta para diabéticos y tiene tan solo 70 kcal por ración. ¿Qué más se puede pedir? Os dejo la receta para que no tengais escusas para no probarla. INGREDIENTESPara un molde redondo 26 cm de diametro) -2 cucharadas de agua caliente. -200 g de canderel o similar( ó 25 g de fructosa) -Edulcorante liquido. -30g de harina. -30g de maizena. -1/2 cucharadita de levadura. -2 huevos. -840 g de frambuesas. -1 sobre de gelatina para tartas. -Zumo de limón -1 vaso de agua. PREPARACIÓN: 1)Engrasamos la base del molde y precalentamos el horno a 170º. 2)Separamos las claras de las yemas y las montamos a punto de nieve junto con el agua (2 cucharadas calientes). le vamos añadiendo poco a poco el canderel. 3)Añadimos las yemas y 1/2 cucharadita de edulcorante liquido. 4) Mezclamos la harina, la maizena y la levadura y la añadimos a la mezcla anterior. Lo pasamos al molde y lo metemos en el centro del horno 20 minutos. 5)lo dejamos enfriar y una vez frio lo cubrimos con las frambuesas. 6)calentamos la gelatina junto con el edulcorante el zuno de limón y el agua (1 vaso) y con ello glaseamos las frambuesas. Y ya está listo para comer, espero que os guste y ¡que os aproveche!;-) biscocho bajo en calorias: Por qué no vamos a darnos un caprichito de vez en cuando aunque estemos a dieta o nos preocupe nuestra línea??? Os traigo una receta para hacer un bizcocho ligero y muy rico. Es sencillo de hacer y sólo necesita estar una media hora al horno. Allá va!! INGREDIENTES para 6 personas - 4 huevos - 4 tazas de harina (puede ser integral o de trigo) - 1 yogur desnatado natural - 1/2 taza de aceite de oliva (son como 2 cucharadas grandes) - 3 tazas de azúcar (azucar normal, sacarina o edulcorante) - Media cucharadita de vainilla - 1 cucharadita de levadura Royal Para decorarlo (elegir uno, eh?) - Frutas (fresas, manzanas...) - Azucar glass (para la version menos light o darnos un capricho) ELABORACION 1. Batimos los huevos con el azúcar, cuando esté bien mezclado, añadimos el yogur y el aceite y seguimos removiendo. 2. Añadimos la vainilla y seguimos mezclando. 3. A parte en otro recipiente mezclamos la harina, una pizca de sal, la levadura y cuando esté bien mezclado lo añadimos a la otra mezcla de huevos, yogur.. 4. Calentamos el horno a 200º 5. Engrasamos un pelín el molde donde lo vayamos a presentar con margarina o mantequilla baja en calorías. Echamos la mezcla en el molde y lo metemos al horno que ya estará calentito unos 30 min a 180º. 6. Comprobamos la cocción (se separa fácil del borde del molde), lo desmoldamos y lo decoramos con las frutas o el azúcar glass. Espero que os guste.. puede que lo encontreis un poco raro de textura o sabor al principio, pero es como en todas las cosas de régimen, te acabas acostumbrando. Tambien podeis ver la receta del bizcocho normal. Un saludo!! torta de chocolate con frutos secos: A mi me encantan los dulces, y el chocolate sobre todo, sin embargo no quiero engordar, por lo que me como el coco a diario para realizar recetas que no engorden , incluidos los postres, y que ademas no sean muy engorrosas, claro. Os voy a mostrar una de ellas: Ingredientes: -100 gramos de cacao puro en polvo sin azucar (yo conozco el de valor). -16 cucharadas de cualquier edulcorante liquido. -125 gr. de mantequilla light. - 3 huevos. -125 gr. de harina mezclada con una cucharilla de levadura. -100 gr. de frutos secos (nueces, avellanas, almendras) picados. - un chorrito de coñac. - una cucharadita de vainilla. Asi se hace: Pones la mantequilla a derretir, en fuego suave, cuando esta derrertida, le añades el cacao y el educorante, lo sacas del fuego y lo remueves. Mientras enfria, ves encendiendo el horno a 175 º y engrasa una bandeja de horno con un pulverizador que contenga 1 parte de aceite y 7 de agua. Ahora añade al cacao la vainilla, el chorrito de coñac y los huevos batidos. Remueve bien, y por ultimo añade la harina, volviendo a remover. Pasa esta masa a la bandeja, estirandola como una torta, y metela en el horno 20 minutos. Ya me contareis!!!! biscocho de manzana para diabeticos : ¿Qué ingredientes necesito para preparar .. Bizcocho de manzana para diabéticos? * 4 huevos * Edulcorante líquido a gusto * La ralladura de 2 limones * 1 yogur desnatado * 3 medidas (de yogur) de harina * 1 sobre de levadura en polvo * 3/4 de medida (de yogur) de aceite de oliva suave * 3 o 4 manzanas * Canela ¿Cómo se prepara Bizcocho de manzana para diabéticos? Primero vamos a separar las claras de las yemas, batiéndolas a punto de nieve. En otro recipiente batimos las yemas con el edulcorante líquido (a gusto de cada uno), el yogur desnatado, el aceite, y la ralladura de los limones. Esto tiene que quedar como una crema espesa. Cuando esté todo bien batido añadimos las claras a punto de nieve, y con una espátula de madera removemos hasta que la mezcla quede homogénea y esponjosa, es entonces cuando se le añade la harina y el sobre de levadura. Quedará una mezcla más espesa que la de un bizcocho normal. A continuación se pelan las manzanas y se cortan en tiras, como si fueran gajos finitos. Engrasamos un molde y echamos un poco de la mezcla. Sobre ella colocamos los gajitos de manzana. Cuando tengamos cubierta la superficie volvemos a poner mezcla sobre la manzana hasta terminarla. Encima volvemos a hacer la misma operación con la manzana, pero esta vez teniendo cuidado para que quede bien adornado el bizcocho. Encima espolvoreamos con canela para que le de un toque de sabor. Se mete en el horno a 170ºC durante media hora aproximadamente, pero todo depende del horno, para saberlo, introducimos una varilla, y si sale limpia, es señal de que lo podemos retirar antes del tiempo indicado. pd:!!ustedes la puden hacer como sea con azucar o si azucar bueno les mando un saludo y comenten

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