molumolu
Usuario (Argentina)

No me acuerdo de olvidarte.No hay palabras para describir lo que me haces sentirAveces duermo sólo para verte pasar...No hay palabras, pero ves mis ojos pueden hablar.Quiero tocar tu cielo, reinar en tu reino y enloquecer con vosLo que dure mi recuerdo en tus ojos, cuando parpadees no estaré mas.Busco mi otra mitad y no hay duda de que tú lo seasMe encuentro en esa posicion en que todos fingen estar entusiasmados. Todos a la vezMe tira una mirada que no puedo resistirSólo dime quien es tu nuevo amor, tu nueva compación, tu misterioso alguien, a quien has ocultado todo el tiempo para no matarme. Quien es tu seductor, tu rey y tu peón, quien ocupó el lugar, ese que ocupé yo...¿Sera que soy daltónica? quizás por eso nunca he encontrado a mi principe azul.Reservarás un lugar en la gloria para mi, un lugar en el que quepamos los dos.Que todos sepan que me muero por vosEspera, aún nos quedan en las manos primaveras para colmarlas de alegrías, todas nuevas.Lejos del sol, que quema de amorRomántica entonaba sus poemas más brillantes, susurrándo al oído de mil representantes: te amo, te odio, dame más.Tú sabes que te quiero a ti, Y tú sabes que te necesitoEspero que le haya gustado, las frases las recopilé yo (ya sea de canciones o de twitter) y bueno, si les gustó pidan mi segunda edicionPuntúen, comenten y siganme

Parte uno: http://www.taringa.net/posts/arte/17081287/Algunos-fotografos-que-tenes-que-conocer.html Maia Flore Wes Naman Rose-Lynn Fisher Juha Helminen Daria Endresen Kimiko Yoshida Cédric Delsaux Vangelis Bagiatis Christophe Gilbert Cole Rise Alexey Titarenko Gaby Herbstein Alan Sailer Fiddle Oak Paolo Roversi Li Hui Donna Ferrato Alberto Seveso Hellen Van Meene Dariusz Klimczak Bruno Dayan Arnold Newman Brian Oldham Aorta Betsy Van Langen
Con soltura Solana observa a la población sollozante buscando absolución. El absolutismo carcomió el sol, nadie sabe que la solvencia de condenas no descarta lo que ocurrió: Ellos se consuelan con un obsoleto perdón De pequeña, con su solero en soledad, ella solía salir a mirasoles mirar, y, bajo el mismo sol que hoy no está soluble se volvía la insolvencia desoladora de su pesar. Asolanada regresaba buscando solventar su malestar. El solsticio mejoraba la situación, siempre se alegraba del resol persistente, que, a pesar de todo allí seguía insolando corazones disueltos. Perdida en ese mundo extraño pasaba los días, entonces crecía acrisolada, persiguiendo una escurridiza compañía que la sacara de aquella soledad cruel, que solo dañaba un poco más.
Frente a frente se miraban, sin poder moverse ni hablar. Sus rostros habían quedado sellados en el suelo, sus cuerpos naufragando en el mar. La tierra abrazaba sus cabellos y estos se mezclaban con el agobiante cemento. Sin embargo sus rasgos estaban intactos, se podría decir que ese mismo día habían sido sepultados, que habían dado su último respiro. Eran una pareja hipócrita, no eran iguales pero se complementaban aunque negaban su amor los delataba su mirada. Se conocieron en el mismo lugar en que están ahora, su plaza favorita, ubicada en el centro de Chascomús. Fotografiando el monumento a San Martín, cómplices se vieron y se dispusieron a hablar, conversaron hasta el anochecer, y poco a poco comenzaron a amarse. Casi sin querer, habían pautado su próximo encuentro. Con un cálido abrazo se despidieron, sabiendo que en sus sueños ambos iban a habitar. Esa noche sus mentes estuvieron en otra galaxia en donde solo existían ellos dos. Ella se llamaba Blanca, de pelo rubio y ojos del color de la miel, su cuerpo era esbelto, de tez clara. Él llevaba el nombre de su abuelo, Antonio, joven moreno y de cabellos oscuros, sus ojos azules junto con su perfecta sonrisa resaltaban en su rostro. Ellos, de clase media se habían esforzado por sobresalir y así tener un trabajo digno, a diferencia de sus padres. En los siguientes encuentros sus bocas no dejaban de pronunciar palabras, sus ojos no paraban de mirarse y sus pensamientos fueron invadidos por un sentimiento de pasión, un fuego interno. Un día como cualquier otro Antonio le propuso casamiento, un anillo fue colocado en el dedo de Blanca, un beso en su boca selló el compromiso de eterno amor y una mirada rígida indicaba un cambio. Luego de este suceso el sentimiento de afecto que antes corría por su sangre se esfumó. Sus vidas se vieron transformadas en una gris rutina, sin colores ni alegrías, sin llantos ni sonrisas. Vivían en el teatro de su felicidad, una obra constante en donde lo que ayer había sido un verdad se había convertido en pura actuación. Por figir amor, cariño y pasión fueron condenados a continuar con aquella mentira, incluso al pasar a la otra vida. Sus cabezas fueron enterradas en la plaza central, en la cual esta farsa había comenzado. Sus familias amargadas por el cruel final de esta relación quisieron brindarles la libertad que les había sido arrebatada dejando que sus cuerpos naufragaran en el mar. Entre sus rostros trazaron un camino que simbolizaba la separación que debía haber habido entre sus hijos para que esta historia no terminara en tragedia.