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melao4128

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Primer post: 21 ago 2018Último post: 2 oct 2018
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Cuento corto propio - Escribanos del sexo
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/21/2018

Años atrás, mi trabajo podría haber sido considerado como una perversión, incluso yo mismo lo consideré así al principio. A fin de cuentas, solamente me siento a mirar como dos personas tienen sexo. Sin embargo, hoy en día es una necesidad vital en la sociedad. El colegio de escribanos del sexo fue creado hace apenas 3 años, fruto de las modificaciones de las leyes en materia de violencia -parcial- de género. De acuerdo a la nueva ley, una mujer puede denunciar a la persona con quien compartió la intimidad, acusándola de ‘agresora de la integridad’. En líneas generales, esta ley se dirigía a combinaciones sexuales del tipo 1, o sea, hombre y mujer. Se estipula que la mujer no siempre es conciente de sus desiciones y que éstas son manipuladas, en su mayoría, por la conducta del hombre. El varón tiene el poder en la relación, tiene la fuerza para someter con músculos y la habilidad locuaz para someter con palabras. Además de presuponer la condición de ‘culpabilidad inicial’ la cual dictamina que es el causante y único culpable del acto a menos que la compañera de cama testifique lo contrario. Una tontería, si me preguntáis. Si ella es la que le está denunciando, como va a testificar lo contrario. Durante la entrada en vigencia de la ley, la polémica fue grande. Aún lo recuerdo. En esos años yo estaba terminando la carrera de abogacía y realizando averiguaciones para comenzar a realizar los trámites y convertirme en escribano. La primera denuncia fue de personas mediáticas, relacionadas al ámbito del cine y la televisión. Se trataban de personas que se sintieron estafadas por sus parejas al habérseles prometido posición y relevancia en los medios y que las promesas no fueron cumplidas. Éstas primeras denuncias se cayeron al haber faltante de pruebas y con el tiempo se fueron estableciendo las pautas para la denuncia. La principal y más importante es que no debían de pasar más de 48 horas desde el acto hasta los exámenes médicos que se realizaban en el día en que mujer asistía a los tribunales. Al poco tiempo, las salas de espera se fueron llenando y colmando las actividades de los jueces. Los canales de noticias cubrían constantemente los casos más llamativos y la sociedad sufrió un cambio brúsco y repentino. El país se estaba descontrolando y el presidente, junto con el rey, debieron tomar cartas en el asunto. Al poco tiempo, se ordenó la creación del colegio de escribanos del sexo, en donde trabajo actualmente. -Se trata de algo muy sencillo. Ántes de realizar el acto sexual, debían de llamar al número gratuito del colegio de escribanos del sexo y solicitar a un profesional que verifique y plasme el consentimiento entre las partes. De esta forma, se asegura que la intimidad se realiza con la debida aprobación.- Dijo el jefe de prensa del gobierno. Se trataba de un sistema ágil, de precios accesibles y sobre todo, necesario. Las personas que nos llamaban recibían a un profesional en el destino marcado en pocos minutos. El profesional verificaba el estado de conciencia de cada uno y completaba los nombres en el formulario de consentimiento sexual. Finalmente debía verificar que el acto se mantenga dentro del marco de la legalidad. Al finalizar el encuentro, el escribano entregaba un certificado notariado con fecha y hora del evento para que sea guardado por cada parte involucrada y se retiraba. Hoy, después de varios años y cientos de presencias en encuentros, ya no me provoca nada ver a las parejas, pero al principio si debía controlar mis emociones. En especial cuando debía asistir al encuentro de personas sumamente atractivas. Gracias a dios el trabajo no falta y no me va mal. Sin embargo, aún considero que se ha perdido algo dentro de la sociedad, algo que nos costó demasiado tiempo en conseguir…la libertad. Escribanos del sexo humorpensante.com

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Cuento corto propio. El emperador
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/23/2018

EL EMPERADOR -No existía gobernante tan temido como el emperador- Comenzó a relatar Ges. Lili, su hija, escuchaba atenta el relato. Sus ojos estaban centrados en los de su padre, mientras que su cerebro aguardaba impaciente para comenzar a imaginar la historia. -"La gente caminaba con miedo, pues el emperador era de temer. Sus leyes no se podían desobedecer y si alguien le hacía enojar, los magos del emperador lo hacían desaparecer. Poco a poco la gente se fue acostumbrando a vivir encerrada. Los niños ya no jugaban en las calles y hasta el sol temía salir por el horizonte. Con ayuda de sus magos, reclamó el reino para sí y se autonombró emperador." Lili interrumpió el relato. -¿Por qué lo hizo?- Preguntó. Su padre cerró el libro que tenía en sus manos y gentilmente le respondió. -Porque en este mundo hay gente buena que sufre a causa de la gente mala y porque la gente buena lo permite. Lili, de escasos 7 años de edad, luchaba por entender las palabras de su padre. -Lili, lo que quiero decir es que hay gente buena, que ayuda a los demás y gente mala, que solamente quiere hacer daño. -¿Por qué lo hacen?- Preguntó la niña. Ges de detuvo un a pensar la respuesta, hasta que finalmente habló. -Porque la gente mala piensa que hacer cosas malas es lo correcto. En otras palabras, los malos se creen buenos. Su hija volvió a hacer fuerza pensando. -¿Y por qué se creen buenos?- Preguntó. Habiendo entrado en el bucle infinito de los ¿por qué?, debía buscar una respuesta que su hija pudiera entender. -Porque son loquitos- Respondió. -Entonces, Lili, ¿tú serás una buena persona? La pequeña miró a su padre y le sonrió. -Por supuesto, papá. Yo no soy loquita. Ambos echaron a reir, permitiendo que el padre continue la historia. -“Al emperador se le ocurrían leyes muy absurdas. Un día se levantó de su cama y se resbaló con la alfombra que tenía, lastimándose la cara. Luego de esto, prohibió que la gente tenga alfombras y los comerciantes tengan alfombras en sus negocios. Fue un mal momento para los pobres costureros que debieron buscar otro oficio. La gente fue soportando muchas leyes tontas por temor a los magos amigos del emperador. Los magos eran unas personas grandes y gordas, con mucha panza. Pero su apariencia era un engaño, en realidad eran personas temibles que podían hacer desaparecer a todo aquel a quien quisieran. Además, sus poderes permitían lograr que el rey pudiera hacer lo que quisiera. Poco a poco la gente del reino se fue acostumbrando, hasta que finalmente pasó algo que no pudo ser controlado por sus magos. El emperador había ordenado que nadie pudiera tener hijos sin su consentimiento y, naturalmente, nadie lo tenía. Los magos le dijeron al gobernante que un joven intrépido y audaz podría destronarlo y quitarle todo lo que tenía y como era de esperarse, el rey temió por los dichos de sus ayudantes y prohibió que las personas tengan hijos.” Ges, detuvo la historia. Su hija luchaba por quedarse despierta, pero poco a poco el sueño le ganaba la batalla. Luego le sonrió y prosiguió. -“La prohibición fue casi cumplida y muy pocas personas tenían hijos y los pocos que nacían, debían permanecer ocultos de los ojos vigilantes de los magos. El tiempo pasó hasta que finalmente un valiente y joven guerrero se enfrentó al emperador. -Vengo a recuperar el reino para el pueblo.- Dijo, con una fuerte convicción. Poco a poco, el valiente guerrero fue reclutando gente para emprender la batalla por el reino y al cabo de muy poco tiempo, ya poseía un pequeño ejercito lleno de hombres y mujeres con fuego en sus ojos. Por primera vez en mucho tiempo, el emperador temió por su vida y, descuidado, ordenó a sus ayudantes que hicieran desaparecer al rebelde. Sin embargo, el joven era inmune a la magia y en una intensa batalla, los magos fueron derrotados, quedando el rey sólo y sin amigos. El joven había vencido y el viejo tuvo que huir para nunca regresar…” Ges detuvo su historia. Lili se había quedado dormida desde hacía un largo rato. Al verla, no pudo evitar soltar una lágrima de alegría. -Todo esto te lo debo a tí, papá- Susurró, para no despertarla. Luego se levantó, cubrió a su hija con la frazada y le dió un tierno beso en la frente. -Buenas noches, princesa- Le dijo, mientras apagaba la luz de la habitación. Mirando el dario de su padre, una nueva lágrima se desprendió de su ojo. “Buenas noches, papí” Pensó, mientras se acostaba a descansar. El emperador humorpensante.com

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Cuento corto propio. La guerra de la madrugada
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/11/2018

LA GUERRA DE LA MADRUGADA Nuevamente se escucha el ruido. El nerviosismo invade a todos. El enemigo es aún invisible, pero ha llegado la hora de luchar. Aunque sea de madrugada, nadie va a descansar hasta que concluya la batalla. Nuevamente se escucha el ruido. En el cuerpo se siente el movimiento del enemigo. Por fin, las antorchas han sido prendidas y el enemigo se ha vuelto visible. Son muchos. Y nosotros no. Aunque ellos nos superen en numero, no nos rendiremos. Nuestra voluntad no nos dejará ser derrotados. Lucharemos hasta el final. Aunque perdamos sangre en la batalla. Aunque debamos estar alertas. Aunque pasemos la noche sin dormir. ¡No nos rendiremos! La lucha es ardua. Son muchos. Pero hemos encontrado su punto debil. Están cayendo. El enemigo está siendo derrotado. Podemos ganar, vamos a ganar. Queda uno. Un solo enemigo nos separa de la victoria y del descanso posterior a ella. ¿Cómo ha durado tanto? ¿Cómo ha sobrevivido? ¿Donde se está ocultando? Sabemos que está frente a nuestros ojos, mas es invisible a ellos. ¡SAL YA! Muestrate y enfrenta tu destino. Esta noche nosotros seremos victoriosos, cueste lo que cueste. ¡SAL YA! Deja de ocultarte… ..MALDITO MOSQUITO La guerra de la madrugada. www.humorpensante.com

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Cuento corto propio. La reina del sexo
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/17/2018

LA REINA DEL SEXO Carla era la reina y su voluntad siempre se cumplía. Desde temprana edad su cuerpo se desarrolló en una nube de feromonas que se impregnaron en un cuerpo adolecente de escasos años de edad. Su despertar sexual fue prematuro, en comparación a sus amigas, y su lascivia florecía al pasar los años. Era dueña de los hombres y deseada por ambos sexos por igual, a veces hasta por ambos al mismo tiempo. Ella era conciente del estupor que ocasionaba y no solo disfrutaba, sino que lo aprovechaba. Al vivir en un lugar seguro, podía desplegar sus encantos en cualquier momento y en cualquier lugar. Tan sólo bastaba con hacer acto de presencia para que una fila de hombres (y mujeres) se desplieguen a sus pies en busca de ganar una oportunidad de conquistarla. -Eres la mismísima Afrodita caída del Olimpo- Le dijo el primer hombre que se le acercó en el parque. Carla, con una muy practicada ruborización, apoyó la mano sobre el hombro del muchacho, provocando una revolución en sus partes más pudorosas. -Eres todo un poeta- Le respondió, sonriendo. La charla llevaría hacía donde ella quisiera. Con comida, atenciones, regalos y todo lo que se le antojase en el momento. Finalmente, se acostarían, siempre y cuando ella lo desee. Esta era una situación cotidiana. Al cumplir los 28 años y encontrarse en su mejor momento, nadie podía resistir a sus encantos, nadie excepto Martín. Lo había visto en un café, mientras que leía el diario y le sorprendió que al entrar, no le haya clavado la mirada. Es más, apenas se percató de su presencia cuando se sentó en la mesa contigua a él. Hombres, mujeres, mozos y hasta el dueño del lugar no le permitían permanecer ni un segundo libre, todos la adulaban, todos menos aquel enigmático joven que permanecía inmune a sus encantos. Aquello le llamó la atención. Era la primera vez que un hombre no la desnudaba con la mirada. Aquel muchacho era todo un enigma y se propondría en resolverlo. Finalmente, desesperada -y atraida-, tomó la iniciativa. -Disculpame- Le interrumpió. El hombre apuró su café y la miró. -Dime- Le respondió. Esto era nuevo para ella. Nunca debió ser la precursora de la conversación y no sabía que debía decir. -Quería saber si…- Titubeó -…si terminaste con el diario- El hombre, que claramente continuaba su lectura, respondió. -No, no terminé, pero te lo dejo porque ya debo retirarme. Levantándose, le entregó el diario a Carla y tomó sus cosas para retirarse. -Aquí tienes- Le dijo. Al recibirlo, su manos se tocaron levemente, produciendo una corriente placentera en el cuerpo de la muchacha. “¿Así que esto es lo que sienten ellos conmigo?” Pensó maravillada. -Espera- Le frenó. -¿Quisieras cenar esta noche?- Preguntó con su valor incrementado. Deseaba seguir sintiendo esa electricidad, ese sentimiento nuevo para ella. El hombre se frenó y la miró. Su mirada quedó detenida en los ojos color violeta de Carla para luego dirigirlas hacia su móvil. -Cenar no puedo, pero podemos volver a vernos mañana a la misma hora en este mismo lugar- Le dijo, dirigiéndole una sonrisa. -De acuerdo- Respondió, ruborizándose, esta vez, de forma natural. -Por cierto, me llamo Carla. -Mucho gusto Carla- le dijo, sonriéndole. -Martín es el mío. -¿Martín?- Susurró mientras que el hombre salía por la puerta. Para Carla, todo esto era nuevo. El desinterés, la electricidad, la cálida sonrisa. Ahora ella es la que sentía la revolución en su interior y ansiaba experimentarla. Regresó a su casa y pasó la tarde eligiendo al afortunado vestido que cubriría su cuerpo. Finalmente, aprovechando que sería un cálido día, eligió uno simple, no muy elegante ni muy informar pero que brindaba una vista del perfecto escote, revelando la mitad de sus, tan admirados, pechos. “Con esto me va a mirar, seguro” Pensó, casi jugando con sus pensamientos. El día había pasado y el momento del reencuentro había llegado. Martín se encontraba dentro, sentado en la misma mesa del día anterior. Cuando Carla entró, hombres y mujeres se dieron vuelta para mirarla y los susurros invadieron el lugar. -Martín- Dijo, con tono alegre, extendiendo los brazos para abrazar a su compañero. -Hola- Se limitó a responder el otro, sin apartarle la vista de los ojos. -Siéntate, por favor. Carla estaba sorprendida, aquel hombre no solamente era cortéz, sino que ni siquiera había reparado en su atuendo. La charla superficial fluyó con normalidad, hasta que Carla ya no pudo aguantar la situación. -Son discuciones normales, de pareja…- Relataba Martín hasta que fue interrumpido. -No puedo más- Dijo la bella joven. -¿Qué pasa?- Preguntó el otro, claramente sorprendido. La cara de Carla se volvió seria. Su mente estaba intentando formular las preguntas exactas. -¿Acaso no te atraigo?- Comenzó. -¿No te parezco atractiva?- Siguió preguntando ahora ya sin nada que la detenga. -¿No quieres acostarte conmigo si me entrego a tí ahora mismo? -Continuó. Martín, con mucha calma, entendiendo por donde venía la invitación de su compañera, la tomó de la mano y respondió. -No me atraes. Si me pareces atractiva. Finalmente, no, no quiero acostarme contigo. -¿Por qué? – Preguntó Carla, comenzando a lagrimear. -¿Qué es lo que tienes que te resistes a mí?- Su cuerpo comenzó a estremecerse. No sabía como reaccionar. -¿Cuál es el motivo de tú desinterés? ¿Qué es lo que te detiene, lo que te frena?- Preguntó, mirándole a los ojos. -Mi esposo…- Respondió, mostrándole una foto de ambos hombres abrazados. La reina del sexo. www.humorpensante.com

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Cuento corto propio. Terror a 10000 pies
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/21/2018

TERROR A 10000 PIES “Tripulación: Alcanzando los diez mil pies” El avión había despegado y a los pocos minutos, el capitán dio el anuncio a su tripulación. Como se trataba de un vuelo corto, viajando en un avión pequeño, no volaríamos a la gran altura crucero de los vuelos transatlánticos sino que a una considerablemente menor. Esto era un gran alivio para mí ya que al poco tiempo se apagaría la señal de obligatoriedad del uso del cinturón y el avión comenzaría a volar de forma horizontal. Al apagarse la señal, mis pulmones volvían a respirar y mi corazón se realentizaba volviendo a sus pulsaciones normales. -Odio volar- Le dije a mi mujer. -¿Qué pasa, cielo? -Eso- Respondí. -No te preocupes vida, conmigo no te va a pasar nada.- Me dijo intentando calmarme. -Me tranquilizaría más si fueses Superman- Le reproché. -Estando en el cielo, vos no podés hacer nada. -Yo soy mejor que Superman- Me respondió, con sinceridad. -Eso no es cierto. Superman puede volar y eso es muy útil si se cae el avión. -Amor, no digas boludeces. -Es verdad. Superman puede volar y tiene fuerza sobre humana. -Y te olvidás de algo más, su cualidad más importante. -¿Cuál? – Pregunté con crítica. -¡Que no existe!- Exclamó. La miré con bronca. Mi palabrerío y mi divagación eran fundamentadas en mi miedo a volar. Claro que no siempre fui así, sino que el miedo lo fui ganando con los años. Mi primer vuelo lo realicé a mis 25 años. Era todo nuevo para mi. Un mar de sensaciones y emociones, todo resumido en escasas 10 horas. La excitación al ingresar al aeropuerto por primera vez. La sensación de estar libre de las ataduras del día a día. El ruido de las turbinas y el primer despegue. El empuje al asiento y el dejar abajo la ciudad y sus luces. Todo aquello fue un festín a los sentidos y yo estaba muerto de hambre. Cómo olvidar la primer turbulencia, aquel movimiento del avión por acción del viento. Durante el primer vuelo fue bastante fuerte y contínua, tanto que mi compañera de fila de asiento, una bella chica italiana de mi edad que no hablaba ni castellano ni inglés, se aferró de mi brazo izquierdo y clavó sus uñas en él. Los afilados garfios penetraron mi piel y me provocaron cortes superficiales. -Mi scusi, mi scusi- Me dijo con una bella tonada, pero con nervios en la voz. Aunque el brazo me dolía, le indiqué con la cabeza que no pasaba nada. -Continúa.-Le dije, esperando que en italiano signifique lo mismo. Aquel fue un viaje largo y lleno de turbulencias, un viaje que hoy, me sería de eterno sufrimiento pero que en esa ocasión fue de constante placer. Sin embargo, los años pasaron y mi temor empezó y se fortaleció. Había formado una familia y pensaba que por ahí tenía miedo a dejar a mis hijos sin su padre, pero lo cierto es que el pavór comenzó antes de que los críos hayan nacido. Ellos no viajaban con nostros en esta oportunidad y se quedaron unos días con los abuelos. El viaje era corto, de unas 3 horas de duración y el avión estaba lejos de estar lleno. Viajaríamos una semana para festejar nuestro décimo aniversario de casados. -Las últimas cuatro filas están completamente vacías- Le dije a mi mujer al regresar del baño. -Es temporada baja- Me respondió sin levantar la cabeza de la revista de crucigramas. -¿Te ayudo?- Le pregunté ya sabiendo la respuesta. -Ya lo terminé- Respondió. Ella era una genio y muy culta. Poseedora de un doble título en ingeniería y un master en historia, era la persona más inteligente que conocí en mi vida y al día de hoy no se que hacía ella casada conmigo, un simple trabajador promedio sin sobresalir en ningún ámbito. De pronto, un movimiento me hizo borrar mis derrotados pensamientos. El avión comenzó a temblar y mis manos lo siguieron. Mi cabeza se olcutó entre el pecho de mi mujer y se negaba a salir. Ella, con mucho amor, me levantó la cabeza y me miró a los ojos. -Amor, te podría dar una charla de mecánica de los fluídos y explicarte el principio de sustentación. También podría decirte como se podría volar en caso de perder los motores. También te podría dar las estadísticas de seguridad en vuelos en comparación con barcos y autos, pero lo mejor que te puedo decir es que mires a las azafatas. Me señaló a las dos mujeres que movían un carrito de comidas y bebidas. -¿Las ves?- Me preguntó. -Por supuesto. -¿Las ves preocupadas? Ambas estaban con una sonrisa en sus rostros que no pude identificar si eran sinceras o automáticas. No obstante, ambas parecían estar en calma. -No lo parecen- Respondí. -Bueno. Cuando tengas miedo, miralas. Ellas tienen cientos de viajes realizados y conocen perfectamente los movimientos del avión. Si las ves y están en calma, entonces te podés realajar. -¿Y si no las veo? Mi mujer se quedó pensando. -Si no las ves es una buena señal también. -¿Cómo es eso?- Pregunté, levantando una ceja. -Si no las ves es que deben de estar descansando y si están descansando es que está todo normal. -¿Y cuando me debería preocupar? -Cuando ellas estén preocupadas. Cuando las veas caminar rápido de una punta a la otra y cuando las veas mirar hacia los lados. ¿Está bien? -Bueno- respondí. Pero por dentro, el miedo se mantenía. Mi cabeza y mis sentidos estaban agudizados para escuchar y detectar cualquier anomalía. El miedo es así, irracional y no hay palabras que sirvan para reconfortarse, sino no sería miedo. El vuelo prosiguió sin más problemas hasta que el capitán anunció que estábamos inciando el descenso. El avión comenzó a moverse y temblar. La luz indicadora de la obligatoriedad del cinturón se seguridad se encendió. La gente regresó apresurada a sus asientos y las azafatas comenzaron a moverse apresuradamente. El avión se estaba moviendo cada vez más fuerte y mi temor se incrementaba. Cerré los ojos y me apoyé sobre el pecho de mi mujer. Le apreté la mano izquierda muy fuerte. -Tengo miedo- Le susurré. El avión se movía más y más. Ya presentía como caerían las máscaras de oxígeno. Mi cabeza luchaba por recordar las instrucciones mientras que mis labios rezaban oraciones que nunca había recitado. -Amor, debo confesarte algo. -¿Ahora?- respondí con los ojos cerrados. -Si. Ahora. Mirame. Mi cabeza se negaba a abrir los ojos. -Mirame- volvió a decir. Abrí los ojos y la miré. El avión volvió a moverse y le apreté la mano con fuerza. -¿Qué?- reproché. -Amor. Debo decirte algo. Te lo estuve ocultando todo este tiempo, pero ahora que vamos a morir, te lo debo confesar. -¿Qué?- volví a decir. -Amor, en realidad yo no soy quien vos creés que soy. En realidad yo soy otra persona. -¿Quién sos?- Le pregunté. Ella miró por la ventana y no respondió. -¿Quién sos?- Volví a preguntarle, levantando un poco la voz. Ella volvió a mirar por la ventana y al cabo de unos segundos, respondió. -Yo soy Superman y conmigo estarás protegido para siempre. Habiendo dicho eso, el avión tocó suelo y comenzó a frenar. El aterrizaje estaba a punto de terminar. Al sentir que estaba sobre el nivel del suelo, me calmé y regresé a mi sonrisa habitual. En verdad ella era Superman. Terror a 10000 pies. www.humorpensante.com

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Cuento corto propio. Recuérdame
Apuntes Y MonografiasporAnónimo10/2/2018

RECUÉRDAME -Recuérdame. -No digas eso. -Es lo último que te pido. El hombre comenzó a llorar. -No…por favor, aún no. No estoy listo. La mujer que estaba recostada sobre la camilla, le sostenía la mano. -Ya es hora, mi amor. -No. Aún no…por favor no. -Hiciste todo lo que pudiste. Carla lo miraba con ternura. Luciano había sacrificado su vida para cuidarla. Ella sufría del corazón y al pasar los años, su condición fue empeorando hasta el punto que la única solución posible era un transplante. Sin embargo, conseguir un donante resultó una proeza imposible de superar y su condición de embarazada aceleraba su pase a la otra vida. -Debes soltarme. Ya te he causado mucho sufrimiento. Carla tosió. Un poco de sangre salió de su boca. Su final estaba próximo. Las cuentas del hospital eran elevadas, a pesar de que su médico, conmovido por aquella pareja, no cobraba honorarios por tratarla. Para costear las facturas, Luciano trabajaba casi todo el día. Casi no descansaba, pero gracias a eso, ella podía recibir los cuidados que necesitaba. Se habían conocido en un cumpleaños, gracias a los caprichos del destino. No solo quedaron atraídos físicamente, sino que su amor fue la envidia de todo su mundo. Sin embargo, al poco tiempo a Carla le diagnosticaron un severo problema cardíaco que no tenía cura ni tratamiento, siendo la única opción posible, el transplante. Buscaron de todas las formas posibles conseguir un donante, aunque sin éxito. Su ubicación en la lista de espera era muy baja. Al cumplir los 30 años, Carla le desnudó su pensamiento. Quería tener un hijo, quería que, si dejara esta vida, una nueva había comenzado y ese es el regalo que quería hacerle a su flamante marido. Su médico entró por la puerta. Quería controlar los signos vitales de su paciente. Al verlos, suspiró e inyectó a Carla con una jeringa que traía en el bolsillo. -Es para que por fin puedas dormir. Luego abandonó la escena, mirando a Luciano al salir. -Ya es hora, mi amor. Luciano seguía llorando. -No…aguanta un poco más, te lo ruego. -Estoy cansada. Por favor, déjame dormir. -Por favor… La mujer durmió mientras que escuchaba el lamento de su pareja. Carla despertó con un sobresalto y se sentó en la cama. Estaba sola. Se desabotonó el pijama y miró su pecho. Una cicatriz lo marcaba. Luciano verdaderamente había sacrifiado su vida por ella. Carla miró la foto de él que había enmarcado y puesto en su mesita de luz. Comenzó a llorar. -¿Por qué lo hiciste?- sollozaba -Porque mereces vivir. Carla se sorprendió. Una figura blanca apreció frente a ella y tomó la forma de su difunto esposo. -¿Cómo es posible? -No lo sé. -Creí que estabas muerto. -Mientras me recuerdes, yo no moriré. Carla se levantó y se acercó a aquella figura. No tenía miedo. -Te extraño demasiado- Le dijo. -Yo también. No podía contenerse. La necesidad de abrazarlo era demasiado grande. Sus brazos rodeadon el cuerpo de su marido y lo apretaron con toda su fuerza. -Calma, calma- Le respondió él. Sus palabras eran serenas y lentas, justo lo que Carla necesitaba. -¿Por qué lo hiciste?- Le preguntó, mientras que seguía abrazándolo. -Tú sabes por qué. -No lo sé…dímelo. -¿Cómo que no lo sabes si es muy fácil? -No te entiendo, Lucho. -Lo hice porque tu vida era más importante que la mía. -¿¡Cómo puedes decir eso!? YO QUERÍA QUE VIVIERAS. -Yo también. Pero una vida sin tí no valía para mí. Además, ahora estaremos siempre juntos, porque juntos, hemos creado algo maravilloso. Carla se miró al pecho. -Esta marca es un recuerdo tuyo y dentro mío, tú vivirás por siempre. ¿Te refieres a eso? -No, mi amor. No me refiero a eso. -¿Entonces a qué? -Despierta y lo verás. -¿Acaso estoy dormida? Luciano asintió con la cabeza. -Y si despierto, ¿tú estarás? -Yo siempre estaré, pero ahora debes despertar. Carla despertó del sueño dentro del sueño. Era de noche y se levantó de la cama. Se dirigió hacia la otra habitación de la casa, donde un niño de apenas 2 años estaba despierto y demandando a su madre. Ella lo vió y sonrió. -Gracias, mi amor- dijo en voz baja. Luego se retiró. El niño dormía dentro de una cuna donde una chapa dorada resaltaba. En ésta, se podía leer un nombre. Luciano, decía. Recuérdame. Humorpensante.com

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