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marulisa

Usuario (Argentina)

Primer post: 4 ene 2012Último post: 22 feb 2012
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arte visual feminista II
arte visual feminista II
ArteporAnónimo1/4/2012

reflexiones en primera persona Sinceramente me dificultaba pensar en tridimensión, no lograba dejarme seducir por los materiales nobles y los no tan nobles. No lograba pensar en formas que sobresalieran en el espacio. Necesitaba un argumento que antecedería a la materia. Me ví, y supe que el feminismo del que me nutría, me daría tela que cortar. Empecé con un molde de yeso pintado de rosa y blanco, que hice tomando de modelo a una muñeca Barbie® y le incorporé el interrogante ¿Sabremos cuántas mujeres han podido repensar su destino movilizadas por la culturas de masas? Este molde aparecía roto a la mitad. Comenzó a nacer en mí una manera de acercarme al arte. Ya no primaba la forma o el material, ahora los instrumentos eran las ideas. Armé una máquina con plaquetas de computadoras. Siempre me gustaron las botoneras, las teclas, las partes internas de los artefactos, esos cablecitos y alambres, las soldaduras de los dispositivos, y no sé cuantas conexiones y circuitos. Simulando una cinta para la producción seriada, unas muñequitas idénticas entre sí posaban sobre ella. A su derecha otra muñequita de cotillón se mostraba como modelo a seguir. Copia fiel del original se leía entre las piezas e interruptores. Realmente no comprendí si la tarea de escultura estaba saliendo bien, sentía que no había talla ni cincel, pero lo que sí cobraba materialidad eran mis pensamientos rebeldes. Continúe estableciendo un diálogo entre los divagares feministas y los objetos que ensamblaba. En los cajones de quienes eran y son los niños y las niñas de la casa fui encontrando juguetes, adornos, souvenires, la materia prima ideal para hacerlas hablar por sí mismas. Productos de un modelo de juego que pareciera “neutral”, “natural”, “inocente”; sin embargo tan lleno de ideología. Para ellos los cochecitos, las armas para la guerra, las pelotas de fútbol; ellas las muñecas, los bebotes, el maquillaje, la escoba y la palita. Así de explícitos como se presentaban los coloqué en una maqueta que simulaba dos habitaciones. El muñequito varón jugaría con los objetos que le corresponden a su género: una biblioteca donde guardar el conocimiento al que debe acceder como hombre, elementos deportivos; herramientas para desarrollar su capacidad técnica; vehículos para que aprenda que podrá manejar su destino con libertad. En cambio, en la habitación rosa, la muñeca aprende de las tareas domésticas, juega a ser mamá, a limpiar la casa, a maquillarse y preocuparse de la belleza para los otros. Entre ambos cuartos no sólo una pared divisoria, además existe un alambre de púas para afirmar el límite que ninguno de lxs dxs debe animarse a cruzar: la adecuación a su sexo-género. Como este proyecto, otros más fueron apareciendo en mi mente con sólo ver los productos propuestos para el esparcimiento infantil. Esta manera de hacer arte me permitió denunciar temas que me parecían necesarios poner en agenda. Espero que haya gustado, en otros post más obritas y más reflexiones.

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Peor el Remedio q la Enfermedad[salud y hierbas medicinales]
Peor el Remedio q la Enfermedad[salud y hierbas medicinales]
EcologiaporAnónimo2/22/2012

Reflexiones en torno a la salud y las maneras de sanarnos. Generalmente si pensamos en salud, instantáneamente pensamos en medicamentos de síntesis (alopáticos), en la farmacia o en el Doctor. La mayoría de las veces que tenemos un síntoma recurrimos al amparo de alguna droga química de la cual somos habitué. Pero realmente ¿qué buscamos cuando tomamos un analgésico, un antibiótico, un antiácido o un tranquilizante? Calmar el dolor, parar la molestia, seguir haciendo lo que estábamos haciendo sin que nada lo interrumpa… nada, ni siquiera nosotros mismos. El mensaje con que nos bombardean constantemente desde la publicidad es “El dolor para, vos no”. Mensaje que es coherente con en este sistema que necesita que sus tantos súperexplotados sigan trabajando, produciendo, que el dolor no les impida continuar con su labor; este sistema que tiene cada vez más y más desocupados necesita que no protesten, que no exijan nada, que se queden quietos en sus casas (si es que tienen), que se tomen un ansiolítico, un tranquilizante o una pastilla para el insomnio y no cuestionen, no ahonden en las causas de su situación. Cuando nos medicamos o automedicamos estamos haciendo oídos sordos a los mensajes que el cuerpo envía, cuando sentimos dolor, nuestro organismo nos está avisando que algo no está funcionando; cuando tomamos la “pastillita” contribuimos a inhibir el dolor, neutralizamos el síntoma, cortamos la comunicación con nosotros mismos, y no enfrentamos el problema, no buscamos la causa de dicha manifestación. La frase “peor el remedio que la enfermedad”, es tan cierta como todas las contraindicaciones, los efectos colaterales, las secuelas tóxicas que dejan en nuestro organismo los remedios de síntesis. En realidad, no nos estamos enfocando en nuestra salud, ignoramos que nuestro cuerpo se maneja mediante procesos y que la mayoría de las veces necesita tiempo, reposo y una buena alimentación para restablecer su funcionamiento, sin hablar de los aspectos sociales que nos llevan a estar enfermos. No entendemos a la salud como un equilibrio dinámico entre las partes que nos conforman, no vemos que somos seres integrales, y no fragmentados. Así está dada la medicina en este tiempo neoliberal donde todo es reducido a la categoría de mercancía, donde todo se puede comprar o vender, ¿se iban a perder el negoción de la salud? La salud está mercantilizada: el comercio farmacéutico es uno de los negocios más rentables en la actualidad, casi tanto como el de las armas (vaya paradoja, matar y curar, dos polos de una contradicción). Resulta gracioso pensar que la palabra “phármakos” la usaban los griegos haciendo referencia a las víctimas humanas de los sacrificios ofrendados a los dioses en tiempos de crisis. La diferencia es que hoy, en estos tiempos de crisis los dioses de los que somos víctimas de sacrificio son los dioses del Mercado. En este proceso que es la salud influyen, también, nuestra relación con el entorno, con la naturaleza de la formamos parte y con el medio social en el que vivimos. No solo hemos perdido el contacto con la naturaleza, sino también con las culturas populares que nos han precedido, con la sabiduría popular que los pueblos ancestrales han tenido de las maneras de sanar con recursos que les proveía su medio ambiente. En 1492 el descubrimiento de América por parte de la Corona española marcó la expansión a nivel global del comercio, el nacimiento del capitalismo a escala mundial. Para cristianizar y occidentalizar estos pagos trajeron mucho más que la cruz de la evangelización, trajeron también la cruz roja de la medicina “civilizada”, y con ella una concepción de la naturaleza que la suponía al servicio del hombre, esclava, máquina, fuente de riqueza que hay que explotar, y también salvaje que hay que domar. Las gentes que vivían en estas tierras antes de que la descubrieran, mantenían una comunión con la naturaleza, y la suponían Madre, vientre, sagrada, concebían la cruz como la unión entre la lluvia y la tierra y a la sabiduría con que sanaban enfermos una vinculación entre hierbas y Pacha. Hoy no solo se ha perdido este vínculo sino que se ha depositado toda la confianza en sustancias químicas ajenas al organismo y se han demonizado las plantas que han curado a nuestros antepasados, descalificándolas por inseguras, tóxicas, poco científicas y primitivas. Por el contrario, existen muchas plantas que gracias a sus principios activos pueden ayudarnos a recuperar el normal funcionamiento de nuestro cuerpo, a apoyar los procesos naturales de nuestro organismo. Sin olvidarnos que son mucho más económicas que los medicamentos alopáticos, ya que podemos recolectarlas o cultivarlas nosotros mismos. Cuando optamos por tomar una planta medicinal estamos restableciendo la relación con la naturaleza y con un saber cultural desdeñado. Recuperar este conocimiento es, también, reafirmar nuestra identidad, es hacernos cargo del rescate y transmisión de este patrimonio cultural. Cuando recolectamos, o lo que es mejor, cultivamos plantas medicinales no sólo estamos haciéndonos cargo de nuestra salud, sino, además estamos transitando hacia la autosuficiencia, el autoabastecimiento y la autogestión. El verdadero descubrimiento de América no llega aún, pero está en cada uno de nosotros caminar hacia una coherencia entre el decir y el hacer, adoptar prácticas que nos hagan cada vez más libres, de alguna manera hacernos cargo de nuestra salud es una de ellas. Espero que les haya gustado, en otros post seguiré contándoles acerca de los yuyos y sus acciones benéficas. hasta entonces Maru

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