M

many123456

Usuario (Argentina)

Primer post: 16 abr 2013Último post: 9 may 2013
12
Posts
184
Puntos totales
27
Comentarios
"
"Nunca más"
ParanormalporAnónimo4/25/2013

Tenía diecisiete cuando llegó. Diecisiete largos y dolorosos años de vivir con mi abusiva madre. Fue alrededor de la medianoche, y mi madre ya estaba dormida, así que cuando dieron los tres golpecitos en la entrada principal tuve que ser yo el que contestase. Una niñita de aspecto extraño esperaba del otro lado, con mejillas pálidas y sin color, cabello rubio arreglado en trencitas, un vestido de color rosa con los pliegues algo rotos, pies descalzos y ligeramente azules por el frío de invierno, y ojos negros. Profundos y penetrantes ojos negros. La hice pasar, pensando en lo muy mal vestida que estaba. No fue hasta después que me pregunté por qué no estaba temblado… ni siquiera me había preguntado por qué estaba aquí en primer lugar. La llevé a la sala de estar, envolviéndola en una manta gruesa que mi abuela tejió. La sostuvo, aunque no parecía afectarla, y sonreí. —¿Cómo te llamas, cariño? Dejó pasar un largo silencio, durante el cual estuvo mirándome fijamente. Empezaba a sentirme incómodo por su oscura mirada, cuando abrió los labios y habló en voz baja. —Lacy Morgan. Asentí con la cabeza, sonriendo de nuevo. —Puedes quedarte aquí por hoy, Lacy —le dije, señalando el sofá. Se acurrucó, con sus ojos negros todavía en mí, y regresé a mi habitación. Esa noche dormí profundamente, sin preocuparme de los maltratos de mi madre o de la extraña niña en mi sofá. Cuando llegó la mañana y caminaba hacia la cocina, fui recibido por una taza de café presionada contra mi hombro. Di un leve grito de dolor, mirando a mi madre. —¿Qué diablos has hecho? ¡¿Por qué el sofá está así de sucio?! —gritó ella, confundiéndome sobremanera. Tras dar un vistazo a la sala de estar, me di cuenta de que Lacy se había ido, y la única prueba de que estuvo aquí era la mugre de probablemente sus pies o vestido. Me hice responsable, ganándome un fuerte golpe en la mejilla, y luego me fui a la escuela. Estando ahí escuché algo que me produjo escalofríos. «Lacy Morgan fue hallada muerta ayer por la noche». Pasé el día a la expectativa de oír más noticias sobre el tema, pero no las hubo. Al llegar a casa, sin embargo, estaban dando un reportaje de ello por la televisión. «Lacy Morgan, de seis años de edad, fue declarada muerta ayer a las siete de la noche. Su cuerpo fue localizado en el patio trasero de su casa, enterrado allí con su vestido rosa. Aún no ha habido señal de su madre, Marrisa Morgan, quien es sospechosa de ser la asesina en vista de su historial de abusos para con su hija». De repente, una foto de Lacy apareció en la pantalla. Lucía muy similar a cuando la conocí, su cabello rubio en trenzas, vestido rosado, cara pálida… Sólo que, sus mejillas tenían más color, y sus ojos eran celestes. Para muchos esto podría no ser muy importante, pero para mí lo era. Ella murió antes de llegar a mi casa. Murió horas antes. Traté de ignorarlo, yendo directamente a mi habitación a hacer mis deberes. Ese día me fui a la cama temprano para no tener que ver a mi madre. Fue alrededor de la medianoche cuando me desperté ante el contacto de dedos fríos acariciando el moretón en mi mejilla. Suspiré, apoyándome en la pequeña mano. —Nunca más —murmuró Lacy, antes de que su mano desapareciese. Diez minutos más tarde escuché a mi madre gritar. Corrí hacia su habitación, casi desmayándome por lo que veía. Mi madre se sacudía violentamente en la cama; una pequeña criatura había enterrado su rostro en el pecho de ella. Podía oír el desgarro de la carne, y los gritos de mi madre acrecentando su volumen. Deseé no haber despertado. Me hice creer que no lo había hecho. Pero lo hice. Por lo que, cuando Lacy se retiró del enorme agujero en la cavidad torácica de mi madre, tuve una vista excelente de sus afilados dientes, brillando en la oscuridad. Brillando embarrados de la sangre de mi madre. Me sonrió inocentemente por un momento, antes de arrancar rápidamente la yugular de mi madre. Esa vez me desmayé. Cuando volví en mí, me encontraba en mi cama. Me dirigí al cuarto de mi madre impulsado por una curiosidad morbosa. Después de abrir la puerta, noté que el cuarto estaba vacío; la cama hecha con esmero, como si mi madre se hubiese ido a trabajar más temprano. Las únicas rarezas eran sucias huellas de pequeñas pisadas, y la ventana abierta, demostrándome que Lacy había estado aquí realmente. Nunca vi a mi madre de nuevo, y nunca la extrañé tampoco. Eventualmente me casé, y tuvimos una niña juntos. La llamé Lacy. Recientemente, he notado que la hija de los vecinos tiene todo tipo de cicatrices y moretones en sus brazos. He estado pendiente de la actividad en su casa, y el otro día vi algo raro: una pequeña niña corriendo descalza por el patio trasero. Fue alrededor de la medianoche, así que no puedo estar muy seguro, pero creo que me miró con sus enormes ojos negros. Y podría jurar que articuló dos palabras en mi dirección. "Nunca más" Se que nada que ver la foto... Pero rellena un poco

13
1
Ed, Edd n Eddy: El purgatorio
Ed, Edd n Eddy: El purgatorio
ParanormalporAnónimo4/21/2013

"No hemos estado aquí por siempre. Pero el vecindario sí. Incluso antes de que existiera en la tierra, este ya existía aquí. Aquí para aquellos que perdieron la vida en estos terrenos malditos, aquí para quienes murieron mucho antes de que su vida real empezara de verdad, aquí para quienes nunca quisieron crecer. Venimos de diversos tiempos, y vivimos diferentes vidas, pero solo algo es verdad para nosotros. Vivimos en el reino terrenal del vecindario en algún momento de nuestras vidas y morimos antes de que nos llegara la hora. No recordamos mucho de nuestras vidas en la cerrada desde que el último miembro del grupo vino, y no recordaremos este momento cuando venga el próximo, pero esto es lo que sabemos: Rolf fue el primero que llegó aquí. A diferencia de nosotros, nació en tierras lejanas, e incluso en el más allá no ha olvidado su vida en el viejo mundo. Vivía en el vecindario antes de que lo construyeran. El hijo de un pastor, él y el resto de su familia vinieron a iniciar una granja en estas tierras que pronto se convertirían en el lugar en el que todos residiríamos eventualmente. Murió en 1903. Mientras atendía a los animales de su familia, el toro escapó de su corral y al intentar detener a la bestia, Rolf fue pisoteado hasta morir. Por eso, incluso si trajo a muchos animales con su espíritu, eligió no traer el ganado. Continúa con el negocio de la granja todos los días, pero no dudaría en abandonarlo para jugar con otros niños del vecindario. Jonny fue siempre un niño solitario. De hecho, Rolf se volvió su primer amigo humano cuando vino al vecindario tras morir. Sus padres se mudaron a los terrenos que habían sido la antigua granja de la familia de Rolf. Sin ningún niño cerca y sin trabajo de campo para ocupar su tiempo como lo hacía Rolf, Jonny comenzó a imaginar muchas cosas. Así nació Tablón, y juntos viajaron por la campiña escalando árboles y metiéndose en problemas. Lamentablemente, esto no duró mucho, pues unos años después Jonny enfermó. En 1922 murió tras una larga batalla con la tuberculosis. Vió a su amigo Tablón junto a él mientras daba el último aliento. Incluso ahora en la otra vida y sin una campiña en la cual jugar, Jonny aún pasa mucho tiempo jugando en los patios traseros y las calles. El siguiente en venir fue Eddy. Eddy nació en Nueva York, pero se mudó al vecindario en 1932, justo cuando la Gran Depresión estaba en su punto más alto. El vecindario era diferente, pero ya comenzaba a tomar forma cuando las familias comenzaron a mudarse y dividieron las tierras que pertenecieron a la familia de Rolf alguna vez. Siempre un embaucador, Eddy era capaz de hacer cualquier cosa para traer confort a su familia, incluso si le costaba la amistad de otros. Eddy murió en 1939, tras que uno de sus planes para llevar a cabo una estafa falló. Se ahogó tratando de cruzar el río local, mientras huía de un grupo de niños enojados a los cuales intentó engañar. Incluso en la otra vida, sigue persiguiendo al poderoso dólar. Sarah y Ed llegaron poco tiempo después de que eso ocurriera. Para finales de los 40, el vecinadrio ya casi tenía la forma de los clásicos desarrollos suburbanos que se volvieron populares tras la segunda guerra mundial. Como hermanos creciendo en el caos de la Segunda Guerra, tenían muchas formas de escapar de sus vidas como hijos de un soldado muerto y una madre trabajadora. Sarah se volvió enojona y controladora porque trataba de asegurarse de que todos a su alrededor supieran que estaba a cargo, todo al intentar copiar el modus vivendi de su madre trabajadora. Ed, por otra parte, era todo lo contrario. Simplemente 'se apagó enteramente', de hecho, se aisló de todo mundo y todas las cosas enteramente, convirtiéndose en lo que parecía ser un completo idiota. Ed eligió involucrarse en las películas de monstruos y cómics que aparecieron tras la guerra. No tardó mucho para que en 1953, Ed y Sarah murieran en un choque de automóvil mientras su madre los llevaba a ver a sus abuelos. Nazz llegó un tiempo después de Sarah y Ed. Nazz era una hija de las flores, nacida de una pareja de hippies que llegaron al vecindario a finales de los 60. Era una niña naturalmente hermosa que siempre sabía como obtener lo que quería de niños y hombres. Vivió rápidamente, y disfrutaba coquetear y jugar por el placer de hacerlo. Murió de una forma más horrible que cualquier otro niño del vecindario. En el verano del 79, un asesino serial que escapó de un asilo local, entró a su casa en la oscuridad de la noche; la violó y la mató junto al resto de su familia. El trauma de estos eventos la llevó a apagar su mundo de forma similar a Ed, y por eso en la otra vida parece no tener padres. Esto le da mucho tiempo para salir y divertirse tanto como quiera. No tardó mucho para que Edd se uniera al resto del vecindario. Era el hijo de dos profesionistas sumamente controladores en la edad de la codicia, que a pesar de su constante ausencia, dominaron su vida. Gracias a esto, Edd se convirtió en un intelectual, así como una figura tímida y débil. Siempre curioso, amaba experimentar en cuanto encontraba tiempo libre entre la escuela y las constantes labores que sus padres le imponían. Esto llevó a su muerte. En 1986, una fuga de gas combinada con un mechero Bunsen de uno de sus experimentos lo voló a él y a su casa en pedazos. Siendo tímido y servicial entre tantas aventuras, Edd continuó siguiendo las órdenes de sus padres mucho después de morir. Kevin fue el siguiente en unirse al grupo. Nació el día que Edd murió y es en muchas formas, su opuesto. Kevin venía de un hogar disfuncional y desarrolló una personalidad cruel. En vida, era el chico cínico y furioso que abusaba de otros niños. Su abusivo padre nunca le prestó atención en la vida, y acabó de hecho, con ella. En una furia ebria, su padre lo molió a golpes tras que Kevin intentó confrontarlo. Murió en su camino al hospital en el invierno de 1999. Su padre pasó el resto de la vida en prisión. En el más allá, Kevin cambió todo al grado opuesto; con un padre distante que lo llenaría de regalos, aunque continuó siendo un "bully" tras morir. Jimmy fue el último en llegar. Murió en el 2000, no mucho después de mudarse a la casa en que el padre de Kevin vivía. Tenía leucemia desde que apenas aprendió a caminar. Así, siempre fue enfermizo y jamás logró acercarse a otros niños gracias a sus padres sobreprotectores. Vivió sus días en un pequeño cuarto, completamente aislado al mundo exterior. Por un tiempo vivió agonizando, pero finalmente sucumbió ante su eterna enfermedad. Las hermanas Crueles son diferentes del resto de los habitantes. Nunca existieron en la tierra. De hecho, son hijas de demonios no muy distintas a las súcubos de la mitología humana. Parecen poseer habilidades imposibles, como la capacidad de aparecer instantáneamente en cualquier lugar. Fueron enviadas del infierno para atormentar a las almas torturadas del vecindario. Sorprendentemente, sienten atracción hacia los Eds por razones desconocidas, aunque se especula que al ser los más débiles del vecindario, los ven como blancos fáciles. A pesar de eso, todos las odian y les temen."

31
1
El Gato sin Ojos
El Gato sin Ojos
ParanormalporAnónimo5/1/2013

“Escribo porque no tengo nada mejor que hacer, porque necesito que sepan la verdad y porque es lo único que él me deja hacer. Lo que ocurrió es tan bizarro, paranormal e ilógico que no podría imaginar que mucha gente crea lo que estoy por contar. Soy un escritor de una editorial muy exigente, justo había terminado una buen libro de auto superación, pero tenía errores y me habían obligado a corregirlos para entregarlo de nuevo una semana después. Siempre fui un amante de los animales y no estoy en mi ciudad natal, vine porque en esta ciudad esta el plantel principal de la editorial, solo estoy de viaje y vengo de lejos, no pude traer mis mascotas por lo largo del viaje, estoy en un pequeño departamento sin compañía, iba directo a una tienda de mascotas para conseguir un compañero temporal, y no sentirme solo mientras estaba encerrado arreglando los pequeños errores del libro Camino hacia el lugar me tope con un gato que no tenía ojos. Extrañamente no me dio miedo, incluso me dio lástima, así que decidí tomarlo. Justo ahora me arrepiento de haberlo hecho. Lo llevé a revisar a con un veterinario para ver que no tuviera algo grave, solo tenía una pequeña infección en la pierna, pero apenas estaba emergiendo, así que fue fácil erradicarla. En la sala del veterinario era fácil notar que yo era el único al que no le daba asco la situación del gato, nunca le puse nombre, tanto por que no me dio tiempo, como que todavía no me quería encariñar tanto con el. Una vez en casa lo dejé que jugara libre por el apartamento. A pesar de estar ciego parecía saber exactamente donde estaba y como moverse por el lugar, no me pareció extraño, solo pensaba en lo prepotente que se habría de sentir el pobre animal. Mientras él jugaba, yo comencé a corregir los primeros errores del libro en mi laptop. Inmediatamente me fui a dormir, todo normal, fue a la mañana siguiente cuando todo comenzó. Créanme o no, cuando desperté, había frente a mi (yo volteando directamente al techo) un hombre viéndome a los ojos, parado a un lado de mi cama, o eso creía que hacía, pues ese hombre no tenia ojos con que verme, solo veía un par de cuencas vacías. Grité como cualquier persona normal lo haría, estaba paralizado, en eso el hombre se deja caer al piso para andar a cuatro patas, se acurruca en una esquina, saca de su bolsa una libreta con una pluma y comienza a escribir. Tuve la fuerza de levantar la cabeza, el hombre no reaccionó, poco a poco me levanté, aprovechando lo concentrado que estaba él en su libreta, me acerqué a la puerta y la intenté abrir. Tenía algo abajo que lo atoraba; intenté sacarlo, cada vez con más desesperación y sin ningún efecto positivo. Me acerqué a la ventana, estaba tapizada de mucho papel de libreta, era la base en la que había comenzado a escribir mi libro, apenas pocos rayos de luz entraban, lo suficiente para iluminar la habitación. Intenté quitarlos pero parecían estar perfectamente aferrados a la ventana, la golpeé sin un buen resultado. Volteé y desde su esquina el hombre me estaba observando fijamente, con la fuerte oscuridad interna de sus ojos. Con mucho miedo y temblando demasiado me esforcé en preguntarle: “¿quien eres?, ¿qué quieres de mi?” recibí un fuerte maúllo a cambio, me hizo pensar un poco y busqué un poco en el cuarto, aun temblando y con su mirada inexistente, fija y penetrante encima de mi. No veía al gato ciego en ningún lado; entonces lo noté: aquello que tanto me observaba era mi gato Al notar que me había dado cuenta de lo que ocurría, el se me acercó, yo desesperado intentaba alejarme de el en vano, y se arrulló conmigo ronroneando, a estas alturas yo estaba a punto de llorar. Cuando vi que se durmió, intenté pensar alguna solución, en ese momento no pude hacer nada, pues si me movía seguro el se despertaría, sin saber como ni porqué, caí dormido. Desperté y el estaba de nuevo en su esquina escribiendo en su pequeña libreta, esta vez volteando hacia mi varias veces para luego continuar escribiendo en su libreta, me levanté, esta vez con mas confianza porque noté que él no planeaba hacerme daño. Me dió hambre, entonces volvió el pánico de nuevo, estaba encerrado en mi propia habitación, no podía salir a la cocina, no tenía que comer. Mientras pensaba esto escuché un pequeño crujido, era el estómago del gato: los dos volteamos al mismo punto, su panza, luego él me volteó a ver a mí, sin nada que hacer, y yo con los nervios de punta por su mirada oscura tan penetrante le dije un poco tartamudo: “no puedo salir a la cocina, solo si me dejas salir podremos comer” al oir esto me observó por dos segundos más y volvió a su libreta, pensé y busqué soluciones, no había ninguna, estaba y sigo encerrado aquí, con él. Solo pude pensar en una cosa, en un solo plan: que me rescataran, en menos de una semana la editorial notaría que no aparecí, intentarían contactarme, no respondería, hablarían a la policía e irrumpirían aquí, si el gato pudo volverse humano, o humanoide, o lo que quiera que sea eso, podrá volver a lo que antes fue, entonces parecerá que simplemente me encerré yo solo aquí, y el gato saldrá inocente y atrapará a alguien más. En este momento comienzo a escribir esto, para que cuando entren aquí y me vean muerto de hambre, lean esto y se encarguen del maldito gato. Han pasado tres días de lo último que escribí, muero de hambre y parece ser que él también, pero no hace nada, sigue escribiendo, sigue observándome, pareciera que me analiza, soy su experimento, soy su muñeco de prueba, ¿Qué quiere de mi?, ¿por qué hace esto?, ¿no fui al único al que se lo ha hecho?, quiero salir de aquí, quiero que ese gato se aleje de mi, no le puedo hacer nada, no cambiaría nada, seguiré atrapado aquí si lo mato, debo seguir su juego, terminar su prueba, quizás así me deje salir, quizás así quede en libertad, solo debo esperar, dejarlo a él terminar, no preocuparme y seguir tranquilo, estoy al borde de la locura, ayuda por favor, AYUDA, AYÚDENME, NO QUIERO SEGUIR AQUÍ, AYUDA!” Texto encontrado junto a un cuerpo dentro del departamento, el cuerpo se encontró en la cama, sobre él un gato negro y sin ojos. Al cuerpo le faltaban partes de su piel, debajo de las manos habían restos de carne, y lo más espeluznante, parecía que alguien le había arrancado los ojos. Los policías antes de leer esto creían que el estrés había llevado al escritor al borde de la locura, para encerrarse el solo y alimentar a su gato y el mismo con su propia carne, el diario encontrado a un lado del cadáver dio a entender otra cosa. En cuanto los policías entraron al cuarto el gato volteó y los miró con la profunda oscuridad de sus cuencas vacías. Miró fijo a uno de los policías ahí presentes y extrañamente ese fue el único al que el pánico no poseyó, tomó al gato entre sus brazos mientras registraban el lugar. Al irse todos, y antes de que alguien pudiera leer el diario, ese policía se fue directo a su casa con el felino. Desde hace 4 días no se tienen noticias de él ni de su familia.”

0
6
L
La Mano al Volante
ParanormalporAnónimo5/1/2013

Darío venía de la finalización de una fiesta costumbrista en alguna casa cercana. Estaba totalmente borracho, a más de tres mil kilómetros de su hogar, solo y sin ningún céntimo en los bolsillos. Había sido su opción, no tenía el dinero para hacer ese viaje a Chiloé, nadie lo acompañaría tampoco; pero había estado todo el año planeando la travesía, soñando con el lugar, juntando la plata suficiente —una enfermedad de su madre lo había dejado sin esos ahorros—, y no había obstáculo posible que pudiera impedir el logro de su objetivo. La gran isla de Chiloé era su meta; un lugar mitológico, un santuario para tipos como él, amantes de la magia negra, del heavy metal más místico y pesado, fanáticos de Lovecraft, Machen y Hoffmann, seguidores de dioses nórdicos, devoradores de historias fantásticas y del Infierno y del más allá. Un crédulo con alma aventurera. Tomó algunas de sus cosas, las más necesarias, las metió en una mochila y enfiló hacia la carretera, y por ella, a aventones de conductores voluntariosos llegó a los cuatro días a Chiloé; tierra de supersticiones y tradiciones fabulosas. Ahora, en ese preciso momento, sumergido en la infinita noche, estaba en la misma carretera —separada apenas por un par de kilómetros de mar del continente—, apenas mantenido en pie a consecuencia de la borrachera, con su mochila cargada a los hombros y una lluvia torrencial cayéndole encima. Caminaba torpemente, arrastrando sus pies en dirección al norte, hacia el albergue donde estaba alojado en Ancud. De cuando en cuando se detenía y miraba hacia atrás buscando algún vehículo que pudiera llevarlo. A través de sus anteojos, traslúcidos por las gotas de agua, veía muy poco, pero le bastaba para descubrir que en la oscuridad que reinaba a sus espaldas no había nada. Durante una hora no había visto ni siquiera una miserable carreta en esa torrencial soledad. Había estado en la cabaña de unos lugareños rematando la fiesta, el hogar de unos auténticos chilotes, personas hospitalarias y conversadoras como sólo las hay en las localidades rurales, y entre un trago y otro de fuerte «licor de oro» le relataron misteriosas y fantásticas historias de la isla; justo lo que Darío quería oír. El Caleuche, el Trauco, la Pincolla, seres y leyendas mitológicas que lo deslumbraban, que desde niño lo atraían como un imán. «Amigo, aquí nunca hay que andar solo en la noche», le decían los borrachos campesinos, «suceden cosas, se aparece el Diablo botando azufre y fuego por el hocico, se cruzan perros y niños con colmillos y ojos rojos, espíritus de mujeres que se vengan de los caminantes solitarios, y brujas come hombres». Pero cada advertencia a él le fue como un desafío, una invitación a lo desconocido y fascinante. Mientras caminaba por la orilla de la carretera miraba hacia sus costados. La lluvia producía un ruido extraño sobre el bosque de pinos altos y de matorrales espesos, ruidos en la negrura que lo confundían y le recordaban las historias que los campesinos le habían relatado. Pero él no se amilanaba, al contrario, muy dentro de él se propiciaba el deseo de que ocurriera un contacto con lo desconocido; ésa era la razón por la que estaba en Chiloé. No obstante, anhelaba con fervor que algún vehículo pudiera llevarlo —el frío ya calaba sus huesos, y sus manos congeladas no podía meterlas en los bolsillos del pantalón por el temor a caerse al suelo sin lograr sacarlas de ahí a tiempo—. Su estado etílico era lamentable, y ni el chapuzón al que lo sometía la lluvia era capaz de despertarlo de su despreocupado letargo. Caminaba zigzagueante por la vera de la vía guiado por las marcas blancas en el piso, de lo contrario hubiera podido caminar en mitad de la carretera sin darse cuenta por la ceguera de su miopía, acrecentada notoriamente por los estragos del alcohol y sus anteojos cubiertos de agua. Percibía movimientos vagos en dirección a los árboles, movimientos de algo que se ocultaba de repente asociado a ruidos de ramas crujiendo. Darío no miraba de lleno, lo hacía de reojo, como aparentando no interesarle el asunto, o quizás, no notarlo. No veía nada concreto. Todo en su visión era un borrón oscuro, un panorama abstracto. La carretera hacia delante apenas era una gruesa línea negra que se perdía en el horizonte de una pendiente, una pendiente que por poco tocaba las grises y densas nubes que cubrían todo el cielo, y por donde los rayos moribundos de la luna atravesaban penosamente. Adelante no se veían casas, máquinas, personas ni animales, y hacia atrás indudablemente no los había. Darío estaba solo en ese paraje gótico, húmedo y bullicioso. Sospechaba que las sombras en movimiento que advertía eran ilusiones por efecto del alcohol y de su fértil imaginación, pero no lograba sacarse de la cabeza esas inquietantes y absorbentes cavilaciones fantasmales que lo iban consumiendo poco a poco. Los ruidos eran de algo grande, tan grande que se podían escuchar a pesar del sonido escandaloso del aguacero. Darío estaba asustado; se sentía observado. Alguien o algo lo seguía y eso le producía un temor escalofriante. Sus miradas hacia atrás buscando en la carretera una luz salvadora se hicieron más regulares, más constantes, inquietas. Lo que no logró la lluvia lo estaba logrando el miedo, su cuerpo y su mente lentamente se iban desintoxicando, llevándolo a la triste lucidez. Hubo un ruido sobrecogedor, y el susto que estuvo a punto de matarlo de la impresión lo sintió como a la misma muerte susurrando su nombre al oído. Fue un trueno fulminante que estalló muy cerca de él, y después vinieron otros, cada trueno lo desarmaba más, cada trueno aumentaba sus ganas de orinar, sus latidos del corazón, las inspiraciones y exhalaciones de sus pulmones, y aceleraba sus pasos trémulos sobre el pavimento. La luz de los relámpagos lo hacía ver imágenes tenebrosas a sus costados, formas que se movían y se escondían en un segundo, sombras de entes de otro mundo. Se apuró y miró una vez más hacia atrás; su alegría fue deslumbrante, había una luz muy cercana, dos faros en el tempestuoso mar de penumbras. Un vehículo se acercaba como un sereno buque a rescatar al náufrago… Darío se detuvo a esperarlo, sus pupilas clavadas en los faroles de ese auto lo tranquilizaron, lo esperó con impaciencia, percutiendo una tonada nerviosa con su pie derecho en el charco de agua bajo sus zapatos. Pero la balsa salvadora no llegaba, se acercaba sí, pero no llegaba, parecía detenida, parecía interminable el trayecto que los distanciaba, en su imaginación le daba la impresión de una embarcación a la deriva en una tempestad perfecta. Una desesperación ingobernable fue haciendo víctima a sus funciones, se acomodaba el pelo con violencia, se rascaba la cara y el cuerpo sin parar, zapateaba el piso como un loco; la intolerancia lo devoraba, un arrebato de ira lo hacía su esclavo. Y de improviso, un ruido a sus espaldas de unas rápidas pisadas furiosas sobre la hierba lo hicieron estallar. Era como el sonido de un león agazapado lanzándose sobre la presa; Darío dio un alarido potente y lastimero, y salió corriendo en busca de los luceros del auto que venía hacia él. Corrió apenas unas decenas de metros, las luces estaban realmente próximas. Era un automóvil grande y antiguo, de un color muy oscuro. Le hizo señas y el coche que venía muy lentamente se detuvo a su lado. ¡Ya estaba salvado! Hizo un intento sobrehumano para controlar sus nervios y calmar el impetuoso torrente que pujaba por sus venas. No valía la pena contar lo que había sucedido, era muy posible que no le creyeran y se expondría al ridículo gratuitamente; de cualquier manera ya estaba a resguardo. Se acercó a la ventanilla totalmente opacada por las gotas de lluvia, apenas abierta un centímetro, y habló hacia el interior con su timbre levemente agudizado. —Bubue… nas noches…, vo… voy a Ancud. ¿Me llevaría? Se escucharon unas risas burlonas y roncas; una voz muy fuerte contestó: —Súbase. Darío abrió la puerta y se sentó en el asiento delantero, cerró la puerta de inmediato y el auto lentamente retomó su marcha. Se sacó los lentes y secándolos con sus ropas mojadas los guardó en un bolsillo de su chaqueta mientras le decía al conductor: —He estado casi dos horas caminando y no pasó ningún auto, me estaba muriendo de frío… Gracias por llevarme. —Y miró hacia su potencial interlocutor esperando recibir una respuesta. Darío no podían creerlo, su pesadilla continuaba, estaba en manos de los designios del Infierno, el mismo Satanás jugaba con su vida. No había conductor, no había nadie, el vehículo se gobernaba por sí solo. Por un acto reflejo intentó abrir la puerta para arrojarse, pero ésta no cedió. Su espanto lo obligó a levantarse de su asiento y pegar su espalda a la puerta como un gato engrifado, miraba hacia el espacio vacío del chofer con sus ojos reventándose de la impresión, trataba de entender qué pasaba, pero no había explicación alguna, el auto lo conducía sin dudas un ser inmaterial invisible a su vista, un espíritu del reino de las tinieblas, era un auto fantasma así como el Caleuche es un barco con una tripulación de espectros. Pero su horror no terminó ahí, en un momento, una mano asomándose por la ventanilla del vehículo tomó el volante entre las profundas carcajadas macabras de una voz de ultratumba; la mano pálida como la de un muerto, de dedos larguísimos, huesuda, la mano de un cadáver putrefacto, guió el volante. Darío en un estado de completo pánico se orinó en los pantalones; sentía deseos de gritar, pero la voz no le salía, estaba mudo del terror. La mano después desapareció. Darío no podía moverse, estaba paralizado en absoluto, su respiración era como la de un indefenso conejo que cae en la cruel trampa de metal de un imfame cazador. Ya con la horrible visión fuera de su vista intentó mirar por el parabrisas hacia donde lo llevaban, por muy siniestro que fuera su destino él necesitaba saberlo. Se colocó los lentes nuevamente, pero nada se veía por la lluvia. Después de unos instantes de nerviosa observación notó la blanca barrera de contención de una curva, y determinó que aún estaba en la carretera. Eso lo serenó unos instantes, sólo hasta que la mano volvió a hacer su horripilante aparición sumiendo a Darío en la desesperación más dolorosa que había vivido en sus veintitrés años de existencia. Su vejiga volvió a funcionar descontroladamente mojando sus ropas de un calor urticante. Mientras la extremidad de ultratumba estuvo presente, Darío no movió un músculo y aguantó su respiración con la intención de no llamar la atención del espíritu maligno. Cuando ésta se hubo retirado, limpiando la nubosidad del vidrio con su manga, trató de mirar por el parabrisas de nuevo, y una luz de esperanza alumbró su alma: al costado derecho de la carretera divisó la preciosa lumbre de una posada… ¡Claro!, la posada la conocía, la había visto al pasar en la mañana. Ésa era su única salida, ésa era su última alternativa de vivir; su salvación estaba en ese restorán caminero. Intentó una vez más abrir la puerta sin resultados, forzó la manilla sin moverla un milímetro, estaba muy nervioso, sus manos temblaban incapacitando sus movimientos, la excitación hacía estragos en sus pensamientos y en sus inestables reflejos; tenía que salir del vehículo ahora o moriría ahí mismo. La puerta no tenía el seguro donde lo buscaba, la tanteó por el costado con sus dedos, buscándolo; la cubierta de cuero era gélida, de una temperatura ártica. Para desgracia de Darío, la cadavérica mano hizo otra grotesca aparición y esta vez, después de mover el volante, se abalanzó con sus abiertos dedos esqueléticos sobre él justo en el preciso momento en que la puerta cedía. Darío cayó al pavimento golpeándose fuertemente la cabeza y espalda, y dando un grito desgarrador, un alarido que congeló la noche, rodó por una pequeña pendiente sobre la hierba mojada; empapado se levantó y emprendió la huida despavorido, cayendo varias veces al piso entre las burlescas carcajadas de los espíritus, deslizándose en forma patética sobre el agua acumulada, y levantándose nuevamente sin mirar atrás, gateando a veces, arrastrándose también, vomitó todo el excelente curanto del almuerzo antes de entrar corriendo y gritando a la posada. Los pocos parroquianos en el lugar se quedaron pálidos y rígidos pegados a sus sillas, espantados por el alboroto. Darío, en el centro de la estancia de piso de madera, chillaba frases ininteligibles llorando de terror; un hilillo de sangre se confundía con el agua que mojaba su rostro. El dueño del lugar se acercó y trató de tranquilizarlo, cosa que logró después de dos colmados vasos de pisco puro. A los minutos, ya más sereno, sentado en una silla alta junto al mesón de atención, rodeado de todos los presentes, que en total sumaban doce personas, Darío contó su escalofriante experiencia. Al terminar, ellos dudaron; algunos lo dieron por loco y los otros le creyeron a medias, aunque más por el estado de alteración que tenía que por la historia en sí, ya que era desconocida para ellos una manifestación espectral de ese tipo. Nadie había escuchado de un auto fantasma rondando por esos lares, era algo demasiado moderno para pertenecer a Chiloé. Los doce jueces discutían al respecto, juzgando el relato de acuerdo a sus apreciaciones y experiencias personales, mientras Darío bebía —por cuenta de la casa— un vaso tras otro. En un momento se abrió la puerta de la posada con un fuerte y seco ruido, apagando las voces de los debatientes de golpe y dejando apenas un incómodo campanilleo en el aire. Las miradas se fijaron en la entrada por donde ingresaron dos forasteros vestidos con impermeables negros. Venían mojados por la lluvia, eran muy altos, se veían cansados y sus rostros severos. Acercándose al mesón, atravesando como levitando el completo silencio de ese espacio asfixiante, el más alto, delgado y pálido, mirando fijamente a Darío, le dijo a su acompañante con una voz ronca y fuerte, como pretendiendo que los presentes escucharan cada palabra: —¡Mira!, ahí está el imbécil que se subió al auto cuando lo estábamos empujando. Lo siguiente que recuerda Darío fueron las carcajadas estruendosas que duraron eternamente mientras estuvo ahí, y sus punzantes ecos que hasta hoy día aún retumban en sus oídos.

3
0
"Chatroom"
"Chatroom"
ParanormalporAnónimo5/9/2013

<< Drak se ha unido a la sala 28 >> Drak: Me parece que me he equivocado de sala. Sara15: ¿Quién eres? Drak: No te preocupes, ya me voy. Sara15: ¡No! La verdad es que últimamente nadie quiere unirse a esta sala. Drak: Ya lo veo, estás tu sola. Sara15: ¿Te importa charlar un poco? Drak: Si ni siquiera te conozco… Sara15: Es por pasar el rato, pareces alguien agradable. Drak: ¿Tú que sabes de mí? Sara15: He leído tu descripción… Drak: Ah, claro, no caí en eso jajaja. << CoolGuyPOP se ha unido a la sala >> Drak: Parece que alguien más se ha unido. CoolGuyPOP: ¡Hola! Sara15: Hola… CoolGuyPOP: ¿Qué hacéis aquí? ¿Por qué no estáis en la sala 17? Drak: ¿Qué ocurre? CoolGuyPOP: ¿No os habéis enterado de lo que ocurre en esa sala?… Sara15: No, pero estamos muy bien aquí, si quieres puedes irte tú allá. CoolGuyPOP: Como queráis… << CoolGuyPOP ha abandonado la sala >> Drak: ¿Nos vamos a la sala 17? Sara15: Prefiero quedarme aquí más tranquila, si viene alguien pues converso y tal… Drak: Bueno, veré que es lo que pasa. Drak: Nos vemos Sara. << Drak se ha unido a la sala 17 >> MrJones122: ¿Pero el jueves o el viernes? S7venteen: El viernes mejor, el jueves me viene muy mal, vienen mis tíos a comer. Chicoexplosivo11: ¿Chicas guapas, estais ahí? Victorc4000: A mí me gusta más el tomate, está más sabroso. Skrufassss: Ayudaaaaaaaaaaaaaa MrJones122: Pues perfecto, a mí también me va mejor el viernes. Drak: Joder, cuanta gente. Oye, me han comentado que aquí ocurre algo… Skrufassss: Socorrrrrooooooooooooooooo [Urkin ha expulsado a Skrufasssss] Chicoexplosivo11: ¿Alguna chica por aquí? Tengo 15 años, rubio… Victorc4000: Nadie te hace caso, chicoexplosivo… Grotesque: ¿Alguien ha oído hablar de SFTSmile? MrJones122: Por fín han expulsado al Skrufas ese, de nuevo hay que dar las gracias a la administración… S7venteen: Tengo unas ganas de que llegue el jueves… la película tiene pinta de estar interesante. Victorc4000: ¿Alguien ha visto la película “El Resplandor”? Es una obra maestra. Drak: ¿Nadie va a responder a Grotesque? Al pobre nadie le hace caso. Chicoexplosivo11: ¿No hay ninguna chica jovencita? Joo… Grotesque: ¿Alguien ha oído hablar de SFTSmile? MrJones122: Coño Urkin, expulsa a Grotesque, qué pesado… Drak: No, no he oído hablar de él. S7venteen: ¿Quién coño es Grotesque? ¿Y que es eso de SFTSmile? Victorc4000: Stanley Kubrick es un maestro del cine. Me encantó su última película… esa que se llamaba Ojos bien cerrados, o no me acuerdo bien… Grotesque: Venga tíos, seguro que os interesará… No me expulséis. MrJones122: Bueno, cuéntanos pues. Drak: No hay nada mejor que hacer ¿es una historia o algo? Chicoexplosivo11: ¡Que venga alguna chica joder! Drak: En la sala 28 hay una chica que se llama Sara, ves allí si quieres pero déjanos en paz, coño. MrJones122: Urkin coño, ¿no expulsas a nadie? Victorc4000: Cuenta lo de SFTSmile, ¿no? Parece que no hay mucho cinéfilo por aquí… Urkin: Nadie me dice a quien expulso. Chicoexplosivo11, si buscas relaciones amorosas esta no es la sala adecuada. Ves a la /sala 2. S7venteen: Aún espero la respuesta, Grotesque… Chicoexplosivo11: Pues me voy, adiós. << Chicoexplosivo11 ha abandonado la sala >> MrJones122: Por fin se ha largado. Grotesque: Ahora que nadie interrumpe comenzaré con el tema. Drak: Venga pues. Victorc4000: De aquí a poco me tengo que ir, date prisa. Grotesque: SFTSmile es el nombre de usuario de una persona que murió mientras chateaba en estos chatrooms. S7venteen: Si pretendes empezar a contarnos historias estúpidas mejor déjalo. ¿Alguien tiene la PlayStation 3? Grotesque: No es ninguna historia estúpida. Ocurrió. S7venteen: Urkin, ¿qué piensas? Urkin: Dejad de citarme, tengo trabajo que hacer. MrJones122: Déjalo que cuente su historia, al fin y al cabo solo pretende entretener. Victorc4000: ¿Tu no querías que lo expulsaran? Grotesque: Nadie supo de qué murió. No habían rastros de sangre en la habitación en la que falleció. La gente piensa que murió de un infarto. S7venteen: Déjame que lo busque en Google, a ver si es verdad o si te lo estás inventando… Grotesque: Búscalo. Drak: Esto se pone interesante; voy a buscarlo yo también. MrJones122: Pues lo buscaré yo también.. Victorc4000: A ver que dice… S7venteen: ¿Qué cojones? Me sale un mensaje raro… Drak: Sí, son letras juntas sin sentido… ¿sabías eso, Grotesque? Grotesque: Nadie quiere que sepáis quien es. En ningún lugar lograréis encontrar la respuesta. Solo yo lo sé todo. Victorc4000: WTF? Victorc4000: Hay un botón debajo del mensaje raro que dice “Stop”. ¿A qué se refiere? Drak: Sí, yo también lo tengo. Grotesque: A eso iba ahora. Ni se os ocurra pulsar ese botón. NO LO HAGÁIS. MrJones122: ¿Qué ocurre? ¿Es un virus? S7venteen: Todo esto es una estupidez. Grotesque: Es algo mucho peor. Estáis bajo vuestra propia decisión, pero ya os aviso, no lo hagáis. S7venteen: Le acabo de dar. Grotesque: Gilipollas. Urkin: Grotesque, vale que quieras contar historias de terror, pero olvídate de insultos. Victorc4000: ¿Qué ocurre S7ven, es un virus? S7venteen: Qué virus ni qué niña muerta, no ocurre nada… me aparece una pantalla en blanco y nada más. Grotesque: Urkin, en esto no te metas, tú haz tu trabajo. Y S7venteen, te arrepentirás de lo que has hecho. Grotesque: ¿Alguien de vosotros ha intentado unirse a este chat con el nombre de SFTSmile? Es una cosa imposible. Vosotros lo veréis extraño, pero a mí me parece completamente normal. Urkin: Entre mi trabajo también está expulsar usuarios como tú. Victorc4000: ¡Es verdad, no se puede unirse con ese nombre! S7venteen: Este tío nos está vacilando. Expúlsalo MrJones122: Sí, yo también me estoy cansando del tío este. Lo del nombre será por algún error de la página, no sé que le ves de extraño. Grotesque: Os arrepentiréis. [Urkin ha expulsado a Grotesque] MrJones122: Por fín se ha ido. Ya me empezaba a cansar. S7venteen: Bien Urkin, bien. S7venteen: Un momento, me tengo que ir a mear. Ahora vuelvo. Drak: Perdón por no comentar este tiempo, había ido a por algo de comer. Victorc4000: ¿A nadie le parece raro lo del nombre? No hay manera, no. Drak: La verdad es que es raro. Ya lo he probado pero no se puede. Me sale un mensaje de error. MrJones122: ¿De qué hablamos ahora? Victorc4000: No sé, yo quería hablar de películas, ¿alguien se apunta? CoolGuyPOP: ¡HEEEEY! Victorc4000: ¿Tú quien coño eres? CoolGuyPOP: Si he estado aquí todo el rato, solo que no he conversado, trollface. Drak: Ah, si eres el de antes. ¿Qué era lo interesante que decías que había aquí? CoolGuyPOP: ¿Quién coño eres tú? MrJones122: Estoy empezando a echar en falta las estupideces de Grotesque jajaja. Drak: Soy el de antes, el de la sala 28, ¿Que no te acuerdas? Victorc4000: Pero si solo hay 25 salas, no puedes haber estado ahí. CoolGuyPOP: Y que yo recuerde nunca he hablado contigo, eh. Puede que te hayas confunido de nombre de usuario, la verdad es que hay mucha gente “Cool” por aquí, heh. Drak: No solo estaba yo, también estaba una chica. Victorc4000: Imposible. MrJones122: ¿No creéis que S7venteen está tardando mucho? Victorc4000: Sí que tarda, hace poco menos de 10 minutos que no dice nada. CoolGuyPOP: Bueno… ¿Qué os contáis? Drak: Su nombre era Sara15. Lo recuerdo, aun tengo guardada la conversación. Un momento… Victorc4000: Voy a enviar un zumbido a S7ven… Drak: Coño, pues no la tengo, no.. CoolGuyPOP: Qué soso está el ambiente, ¿no? MrJones122: Yo veo buen ambiente, ten en cuenta que hay 25 salas diferentes, ves al que quieras. A esta sala la llamaremos “La Sala de los Aburridos”. Victorc4000: Se habrá quedado dormido. ¿Cuántos quedamos entonces? Drak: Cuantos menos seamos mejor, así podemos mantener una conversación lógica sin que venga ningún troll a cambiar el tema jajaja. Drak: ¿Sabías tú CoolGuyPOP lo de SFTSmile? CoolGuyPOP: ¿Lo qué? << SFTSmile se ha unido a la sala 17 >> Drak: ¿Qué coño? Victorc4000: ¡Ostia, alguien haciéndose pasar por el tío de la historia! ¡Qué original! Drak: Pero si nadie podía unirse con ese nombre… CoolGuyPOP: En serio tíos, no me entero de nada. Drak: ¿No decías que habías estado todo el tiempo con nosotros? CoolGuyPOP: Sí bueno, en una pestaña de Internet, todo el rato estaba en otra página. MrJones122: No le deis importancia, solo es un troll. MrJones122: Le he enviado un MP a S7venteen. Parece que no está disponible… SFTSmile: S7venteen está muerto. CoolGuyPOP: ¿Sabéis en qué página estaba? MrJones122: No nos interesa saberlo, CoolGuy. Victorc4000: Ya, claro, más muerto que la mojama. Urkin, expulsa a este tío. Victorc4000: Un mensaje solo y ya te queremos expulsar, felicidades SFTSmile. Urkin: Dejad de citarme, ya estaba aquí. ¿Qué ocurre? Drak: No ocurre nada, tranquilo. MrJones122: No es la primera vez que S7venteen se va por un momento y regresa horas después. Solo es cuestión de tiempo. Drak: ¿Por qué tantas ansias de que regrese, Jones? MrJones122: Necesito decirle una cosa. CoolGuyPOP: Nadie me hace caso D: Urkin: SFTSmile, necesitas verificar tu edad, es obligatorio en este foro. Victorc4000: Es un niñato, seguro. Y pretende que le tomemos en serio. CoolGuyPOP: Esto parece interesante, ¿quién es SFTSmile? Drak: Es una historia que nos contó un usuario llamado Grotesque. Un momento, que ahora te hago un copiar y pegar. Victorc4000: En serio, ¿nadie cree que desde que se unió Grotesque esto ha dejado de ser divertido? Drak: SFTSmile es el nombre de usuario de una persona que murió mientras chateaba en estos chatrooms. Nadie supo de qué murió. No habían rastros de sangre en la habitación en la que falleció. La gente piensa que murió de un infarto. CoolGuyPOP: Coño… ¿Y eso es verdad? Drak: Supongo que no. Drak: También dijo que nadie puede unirse al chat con ese nombre. Compruébalo tú mismo. Drak: @Victorc4000 La verdad es que Grotesque le dio un poco de curiosidad y emoción a esto, que ya de por sí es bastante aburrido jajaja. MrJones122: ¿A nadie le está dando un poco de mal rollo todo este asunto? Victorc4000: Yo sigo queriendo saber si esto tiene más historia, la verdad es que una película de esto estaría bastante bien. CoolGuyPOP: En serio, estoy grabando toda esta conversación con Camtasia, me estoy partiendo el culo con vuestros comentarios x’D Drak: Pues no sé que le ves de gracioso… Urkin: SFTSmile, necesitas verificar tu edad, se te será expulsado si no cumples la norma. MrJones122: Uuu, vamos a tener que preparar una cuenta atrás para el señor Smile… ¿no os parece? [SFTSmile ha expulsado a Urkin] MrJones122: PERO QUÉ COJONES Victorc4000: ¡El puto SFTSmile tiene el control del chat! Drak: Ahora si que estoy asustado. Me largo de aquí. CoolGuyPOP: En serio, ¿esto es algún juego? Jajaja. MrJones122: NO coño, esto va en serio. Debe de ser alguna broma. MrJones122: Urkin coño, vuelve ya. Drak: ¡NO SE ME CIERRA LA PÁGINA! Drak: ¡NO SE ME CIERRA! MrJones122: Ostia puta es verdad, no se cierra. Drak: PUTA MIERDA NO ME VA EL MOUSE, NO FUNCIONA EL CLICK! Victorc4000: ¡NOS HAN HACKEADO! Victorc4000: Voy a parar el ordenador D: CoolGuyPOP: SFTSmile, en serio, deja ya de hacer gilipolleces. Drak: ¡NO SE ME PARA EL ORDENADOR! Le doy al botón y se apaga, pero el ordenador sigue encendidoooo! Victorc4000: MIERDA NO SE ME PARA!!! MrJones122: ¿QUÉ COÑO ESTÁ PASANDO? MrJones122: ¡LA PUTA PANTALLA TAMPOCO SE APAGA! SFTSmile: No os dejaré huir. Debéis seguir en el chat. CoolGuyPOP: Esto no tiene gracia. No sé que coño pasa. MrJones122: ¡VETE A LA MIERDA! Victorc4000: ¡¡¡Por qué cojones no puedo abrir otras páginas!!! Drak: ¡Me estoy comenzando a volver loco! Victorc4000: ¿SEGUIR EN EL CHAT? Anda tus cojones. Nos has hackeado gilipollas. CoolGuyPOP: Te denunciaré. MrJones122: JODEEER!!! Victorc4000: Eso no arregla nada, CoolGuy. Drak: ¿Y QUE COÑO HACEMOS AHORA SMILE? Victorc4000: Eso, eso, que hacemos. SFTSmile: Haced todo lo que os diga. Drak: YA CLARO… MrJones122: Sí, ahora me desnudo, me hago una foto y la cuelgo aquí no te jodes… Victorc4000: Me acaba de aparecer una barra debajo del chat. Drak: A mí también… MrJones122: Y a mí… ¿Eso también lo controlas tú Smile? Puto hacker de mierda. SFTSmile: Esa es la barra de vida que acabo de incluir en vuestros sistemas informáticos. Si seguís mis instrucciones y no utilizáis la mentira en ningún caso, no os ocurrirá nada. Drak: HACKER DE MIERDA!!! MrJones122: ¿No nos ocurrirá nada? Si no seguimos tus instrucciones ¿Qué ocurre eh? SFTSmile: Moriréis. Victorc4000: ¿Acaso sabes donde vivo? ¿Tienes armas suficientes para entrar y matarme, gilipollas? MrJones122: Vale que seas un hacker, pero de eso a que seas un asesino… Drak: De todas maneras me sigue dando miedo. CoolGuyPOP: ¿Moriremos? XD Ya me haces gracia y todo. SFTSmile: Primero de todo decidme vuestro nombre y edad. CoolGuyPOP: Esto cada vez es más raro. Victorc4000: No pienso darte mi edad gilipollas de mierda. MrJones122: Marc, 18 años. CoolGuyPOP: Eric, 25 años. Drak: Yo tampoco pienso decírtela. Victorc4000: EH ME HA BAJADO LA BARRA QUE COÑO HAS HECHO GILIPOLLAS. MrJones122: Creo que debes de decirla o te bajará más aún. Drak: ¡¡¡A mí también me ha bajado!!! CoolGuyPOP: ¡A MI SE ME HA QUEDADO A LA MITAD! QUE COÑO. SFTSmile: Datos de MrJones122 correctos. Datos de CoolGuyPOP incorrectos. Necesarios datos de Drak, CoolGuyPOP y Victorc4000. Drak: Vale coño, me llamo Daniel, tengo 17 años. Victorc4000: Yo me llamo Víctor. ¿Para que coño quieres saber mi edad? ¿EH? SFTSmile: Datos de Drak correctos. Necesarios datos de CoolGuyPOP y Victorc4000. CoolGuyPOP: ¿DATOS INCORRECTOS? ¡ES MI PUTA EDAD MACHO! CoolGuyPOP: ¡¡¡¡¡¡NO ME LA BAJES MÁS COÑOOOOOOOOO!!!!!! MrJones122: CoolGuy, algo me dice que nos estás engañando. Di la verdad, tú no tienes 25. Victorc4000: Tengo 16… ¿Contento? CoolGuyPOP: JODER…. Vale, tengo 11 años. Drak: Al final todo esto será una puta broma de algún maníaco… MrJones122: Y al final el fan “superguay” del POP del chat es un crío de menos de 12. Qué guay. CoolGuyPOP: GILIPOLLAS. SFTSmile: Datos de CoolGuyPOP y Victorc4000 correctos. Muchas gracias por su colaboración. Drak: Yo estoy empezando a tener sueño, eh. MrJones122: Yo también teniendo en cuenta que son más de las 12 de la noche… CoolGuyPOP: Y que será lo próximo SFTSmile? SFTSmile: Si abandonáis el ordenador, quedáis descalificados. Drak: ¿Descalificados? CoolGuyPOP: ¿Qué coño quieres decir? MrJones122: Creo que se refiere a que estaremos muertos. Victorc4000: ¿Y si nos quedamos dormidos? SFTSmile: También. Victorc4000: Mierda. MrJones122: Bueno… tú eres nuestro anfitrión, tienes que entretenernos. Drak: ¿Qué debemos hacer ahora? CoolGuyPOP: Yo quiero irme a dormir… Victorc4000: Supongo que esperar a que nos de alguna nueva orden. Drak: Somos 4 en total, teniendo en cuenta de que Urkin ha sido expulsado y S7venteen sigue sin estar conectado. Victorc4000: ¿De qué hablamos ahora? Victorc4000: Al fin y al cabo lo único que podemos hacer es chatear. SFTSmile: Victorc4000: ¿Qué es ese link? MrJones122: Es una foto de un tío muerto… CoolGuyPOP: QUE ASCO. Drak: ¿Alguien sabe quien es ese? CoolGuyPOP: EN SERIO TÍO, ESTÁS ENFERMO. MrJones122: No… Drak: ¿No qué? Victorc4000: ¿Quién es, STFSmile? MrJones122: No puede ser… Drak: ¿Sabes quien es? MrJones122: Es s7venteen. Drak: ¿Cómo lo sabes? CoolGuyPOP: AAAAAAA ME QUIERO IR DE AQUIIII!!! MrJones122: Él y yo éramos amigos… Victorc4000: No puede ser, no puede ser… Victorc4000: Voy a llamar a la policía HIJO DE PUTA. Drak: Creo que si seguimos diciendo en el chat todo lo que haremos, nos bajará cada vez más la barra. Victorc4000: ¿Qué coño quieres decir? Drak: No digas que vas a llamar a la policía, simplemente llámala sin que SFTSmile lo sepa. CoolGuyPOP: Qué imbécil eres Victor. MrJones122: ¿Y tu no vives con tus padres CoolGuy, no se lo has comentado, eh? CoolGuyPOP: Ellos han salido a cenar toda la noche.. estoy solo. Drak: Que putada que todos vivamos solos… Drak: ¿Me equivoco? Victorc4000: Te equivocas, yo soy menor, vivo con mis padres pero se han ido a hacer unos recados. Drak: ¿A estas horas? Victorc4000: Sí, aunque también es raro… CoolGuyPOP: ¿Alguien está en casa acompañado? Victorc4000: No… Drak: No. MrJones122: No. Victorc4000: Creo que esto es una especie de reunión sorpresa… Drak: ¿Una casualidad? Victorc4000: No, esto debía pasar. SFTSmile lo tenía todo planeado. Victorc4000: Parece que SFTSmile no solo controla nuestros ordenadores, parece que también nuestras casas… Drak: ¿¡QUÉ?! Victorc4000: Los teléfonos no funcionan. Drak: Por qué me tiene que pasar esto a mí… MrJones122: Tengo muchas dudas. Esto debe tener relación con algo… CoolGuyPOP: Es verdad, a mí tampoco me funcionan. Vale, quien no se tome esto en serio ya es idiota. Victorc4000: Mira quien habla, el que al principio se tomaba en broma la situación. Drak: ¿Qué dudas? MrJones122: He estado repasando las conversaciones del chat. MrJones122: El usuario Skrufassss estuvo gritando socorro y ayuda hasta que Urkin lo expulsó. Victorc4000: Es verdad, nadie le hacía caso… Creo que SFTSmile ya estaba en acción en ese momento. MrJones122: No quería que estuviese en la reunión… al igual que Urkin, el administrador… MrJones122: Grotesque seguro que tiene relación con esto. Debía de ser amigo de SFTSmile. Drak: Seguro. Victorc4000: ¿Y ese que se llamaba chicoexplosivo o algo así? MrJones122: Ese solo buscaba rollo, no creo que tuviese relación con el tema. SFTSmile: Mostradme vuestras contraseñas. Victorc4000: Pero si ya tienes nuestro control… ¿acaso no te cuesta tener nuestras contraseñas? CoolGuyPOP: ABCDEFG123 Drak: CoolGuyPOP, ¿no tienes en cuenta el peligro de mostrar tu contraseña? CoolGuyPOP: Ya tengo bastante jodida la barra, ¿sabes? MrJones122: 221SENOJRM Victorc4000: Bueno, que mas da ya… 456321432. Drak: ¿Qué será lo próximo? ¿Nuestra dirección para ir a visitarnos? Drak: Está bien… danielabellan123. Victorc4000: Ahora supongo que nos felicitarás, ¿no? SFTSmile: Muchas gracias por vuestra colaboración. Victorc4000: De nada hijo de puta. Drak: Si nos leyera alguien se estaría partiendo el culo… MrJones122: Además de que nos hackearía. CoolGuyPOP: Mi descripción ha desaparecido. Victorc4000: Lógicamente. Drak: La mía también. MrJones122: El efecto hacker ha comenzado, parece. Victorc4000: Jodeer… Victorc4000: Sí, parece que nos ha borrado a todos la descripción. Drak: ¿Para qué cojones quieres borrarnos la descripción? Grotesque: Habéis caído en la trampa de lobo. MrJones122: DE DONDE COÑO HAS APARECIDO CABRÓN. Drak: ¿Tú tienes algo que ver con esto? Victorc4000: El muy hijo de puta nos ha estado espiando sin decir nada. CoolGuyPOP: PIDE AYUDA, NO NOS FUNCIONA NADA. Grotesque: Yo sobreviví a la anterior reunión de SFTSmile. Drak: ¿De que estás hablando? Grotesque: No es la primera reunión que crea. Cada 1 año y 3 meses vuelve SFTSmile y reúne a 5 personas para jugar a su diabólico juego con ellos. Yo fui el único sobreviviente de la anterior reunión. CoolGuyPOP: ¡GROTESQUE NO ESTABA EN LA LISTA DE CONECTADOS! Victorc4000: ¿QUÉ? ¿5? ¡Pero si solo somos 4! Grotesque: Uno de los 5 pulsó el botón prohibido. Victorc4000: ¿Qué MIERDA DICES? Drak: Creo que se refiere a S7venteen; el pulsó ese botón que decía “Error”… MrJones122: Ahora todo tiene sentido… CoolGuyPOP: No, ahora NADA tiene sentido, joder. Grotesque: Mi trabajo es avisar a los próximos invitados de la reunión que SFTSmile volverá. Grotesque: Mucha suerte en la reunión de las risas. << Grotesque ha abandonado la sala >> Drak: Gracias… CoolGuyPOP: La puta madre que te parió. Victorc4000: Osea que solo uno sobrevive… MrJones122: Me pido la victoria. Drak: Ja Ja Ja… Victorc4000: ¿¡POR QUE COÑO NO NOS DIJISTE ESTO ANTES?! CoolGuyPOP: ¿Pero como coño se supone que nos mata? ¿Entra en nuestra habitacón de la nada y ya? CoolGuyPOP: Eh… mi barra ha desaparecido… MrJones122: CoolGuy, has desaparecido de la lista de conectados… CoolGuyPOP: Alguien ha entrado en mi casa. MrJones122: ¿Es coña no? CoolGuyPOP: Mierda, voy a mirar quien es. Victorc4000: Serán sus padres, al fin y al cabo solo tiene 11 años. Drak: CORRE, ESCONDETE, CORRE!!! Victorc4000: ¿En serio Drak? xD Drak: No sé vosotros, pero ya mató a S7venteen. MrJones122: Eso será un montaje… ¿Seguís creyendo que SFTSmile es un asesino? ¿Y que nos matará? Drak: ¿CoolGuy? ¿Estás ahí? Victorc4000: Tranquilízate Drak, no “matará” a un crío… MrJones122: Por favor, que todo esto sea una mentira… Drak: MIERDA COOLGUY VA A MORIR. Victorc4000: Ya no está en la lista de conectados, ¿le han expulsado en secreto o se ha desconectado él mismo? Drak: NO QUIERO MORIR JODER. MrJones122: Que alguien pida ayuda… Drak: NADIE NOS LEE JODER. Victorc4000: Tranquilízate Drak, estás paranoico. CoolGuyPOP: 7 7y4s fdgdf Drak: ¿Qué dices? ¿Estás ahí? MrJones122: Parece que alguien se ha quedado dormido encima de un teclado. Victorc4000: … ¿En serio? Drak: Oh mierda, está muerto, está muerto Victorc4000: Pero tío, ¿vas en serio o solo quieres asustarnos? SFTSmile: Solo quedáis 3. CoolGuyPOP ha sido descalificado. Drak: HIJO DE PUTAAAAAAAAAAAAAA MrJones122: ¿Está muerto? ¿Ah si? Pues enséñanos una foto, anda. Victorc4000: Eso, eso, queremos una foto. MrJones122: Eso me huele a farsa total. Drak: Espero que sea una broma joder. Victorc4000: ¿A qué esperas SFTSmile? MrJones122: Este nos está intentando asustar durante todo este tiempo. Es un hacker, pero no un puñetero asesino. Victorc4000: Vengaaaa… Drak: Si nos hackea puede saber nuestra dirección… y nuestros datos personales… MrJones122: Este tío nos vacila. Victorc4000: Te pillamos, SFTS, eres un mentiroso. Drak: Sí ¡mentiroso! ¡Cabrón! SFTSmile: MrJones122: …. Victorc4000: No pienso entrar. Drak: AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH MrJones122: Qué hay dentro Drak… Victorc4000: No, por favor… MrJones122: QUÉ HAY DENTRO. Drak: Dios mío ayúdame… MrJones122: QUÉ COÑO HAY DENTRO. Victorc4000: NO… NO… ¡NO! NO, JODER NO, JODER NO, JODER NOOOO MrJones122: Decidme que no es él. Drak: Sí.. Drak: Y tiene el chat delante de él. MrJones122: ¿Pero está…? Drak: Si, esta muerto. Victorc4000: Es decir, no puedo acceder a ninguna otra página, ni apagar el ordenador, ni llamar a nadie… ¡¡¡paso de ti, SFTSmile!!! Drak: Qué vas a hacer.. Victorc4000: No pienso decirlo, de eso se trataba. MrJones122: Dios, si esto va en serio… Drak: No abandones el ordenador… MrJones122: No lo hagas… dios mío… Drak: ¡MORIRÁS! ¡TÚ NO! ¡OTRO MÁS NO JODEEEER! Drak: ¡VÍCTOR! ¡VÍCTOR! MrJones122: Otro más no… Drak: ¡NO PUEDO ENVIARLE ZUMBIDOS!!! VÍCTOR!!! Victorc4000: Coño tranquilo, aun no he hecho nada. Drak: Según contaba esa leyenda si abandonas el PC mueres, ¡NO LO HAGAS JODER QUE EL TÍO ESTE VA EN SERIO Y NOS MATARÁ! MrJones122: Ahora ya si que estoy loco. Victorc4000: Estáis paranoicos total. Victorc4000: Mirad, tengo una idea. Drak: ¿Qué idea? Victorc4000: Al fin y al cabo ya me da igual… MrJones122: Dios… Victorc4000: Este mensaje va para ti SFTSmile. MrJones122: Cuidado con la barra Víctor… Victorc4000: Hacemos un trato. Drak, Jones y yo seguimos sin creerte. Drak: Oye, yo.. Victorc4000: Calla. Victorc4000: Para que definitivamente te creamos debes enseñarnos tu rostro. Y nada de máscaras. MrJones122: Eso. Buena idea. Drak: Me parece buena idea. Victorc4000: ¿Aceptas? MrJones122: Venga… SFTSmile: Yo tengo una idea mejor. Os mostraré una grabación. Drak: Perfecto. MrJones122: Esto me da mala espina. Victorc4000: Más que perfecto. Drak: ¿Cuándo nos la mostrarás? SFTSmile: Solo debéis esperar. Victorc4000: ¿Y qué hacemos de mientras? SFTSmile: Esperar. MrJones122: Oye, esto pasará a ser noticia en los periódicos… Drak: Sí, una vez estemos todos muertos… Victorc4000: “Cinco chavales asesinados delante de un ordenador”. Y al día siguiente nadie nos recordará… MrJones122: Menuda putada. MrJones122: SFTS es nuestro anfitrión y nosotros sus invitados ,¿no? Victorc4000: Supongo… MrJones122: Pues debería mantenernos ocupados o entretenernos con algo ¿me equivoco? Drak: Yo ya tengo sueño… MrJones122: ¿Nos estás leyendo, SFTSmile? Victorc4000: ¿Qué pretendes? MrJones122: Al fin y al cabo estamos hablando con un asesino en serie que puede matarnos cuando le venga en gana. SFTDrak: Oye, ¿ a vosotros también se os ha puesto la pantalla en rojo? MrJones122: Coño, tu nombre ha cambiado. SFTDrak: Ostia, es verdad. VictorSmile: Nos está cambiando el nombre. SFTSm122: Solo pretende jugar con nosotros, tranquilos. SFTSmile: ¡Miradme, soy un asesino! SFTSmile: Menuda parida es esta… SFTSmile: Os preguntaréis porqué os hago esto. SFTSmile: LOL. Esto mola. SFTSmile: ¿Por qué? SFTSmile: ¿Para divertirnos, eh? SFTSmile: Ahora vosotros sois el asesino. SFTSmile: Dime donde vives y te mato SFTSmile: ¿Perdón? SFTSmile: No te entiendo… SFTSmile: Hay una razón para todo. Vosotros estáis reunidos en este chat por una razón. SFTSmile: Interesante… SFTSmile: ¿Qué razón? SFTSmile: Todos vivís en el mismo piso. SFTSmile: Javier en el 1º 3ª, Daniel en el 6º 1ª y Marc en el 2º 4ª. SFTSmile: Ostia… SFTSmile: Vale, ¿y qué dices que debemos hacer? SFTSmile: Mataros entre vosotros. SFTSmile: Y una puta mierda, yo no mato a nadie. Excepto a ti, gilipollas. SFTSmile: ¿En serio? No, no voy a hacerlo. SFTSmile: Yo tampoco. SFTSmile: Un momento, ¿ya podemos salir de nuestras casas? SFTSmile: Sí. Pero no hagáis tonterías. SFTSmile: Estoy dentro del piso. Cumplid mis reglas y todo saldrá bien. SFTSmile: Todas las puertas del bloque de pisos están cerradas excepto vuestras tres. Cualquiera puede entrar en vuestro piso sin ninguna llave. Los demás pisos están desocupados, ya me encargué de ellos. SFTSmile: ¿Estás dentro de nuestro piso? ¿Dónde? SFTSmile: Yo no me muevo de mi piso. Victorc4000: Yo tampoco. Drak: Ya nos ha vuelto nuestro nombre ¿qué pasa? MrJones122: Queda una cosa pendiente contigo, SFTSmile. Victorc4000: ¿Qué cosa dices? MrJones122: Queríamos verte el rostro, ¿recuerdas? Drak: Cierto. Muéstralo, venga. SFTSmile: Drak: Es un link a YouTube, ¡por fin podemos ir a un lugar externo! El vídeo es en directo, parece. SFTSmile: Os he bloqueado las demás páginas. Solo podéis acceder a ese enlace. Drak: OSTIA PUTA. Victorc4000: ESTÁ EN NUESTRO PORTAL. MrJones122: Con tu capucha no se te ve la cara. Muéstrala. Drak: ES UNA CHICA!!! Drak: OSTIA PUTA SUJETA LA CABEZA DE UN TÍO. MrJones122: Creo que voy a vomitar… MrJones122: Coño, es una tía, es verdad. Drak: Ostia… ahora todo tiene sentido… MrJones122: Drak, acaba de decir tu nombre… Drak: Es ella… MrJones122: ¡¿Quién coño es, Drak?! Drak: … SARA 15… FiveTeen… MrJones122: ¿Quién coño es?! Drak: Joder… Hablé con ella al principio… MrJones122: Oye, hay alguien detrás de ella… Drak: Es verdad… Drak: Oye… ¿Dónde está Javier? MrJones122: Ostia Drak ¿lo estás viendo? ¡Le está intentando matar! Drak: COÑO, ÉL ES JAVIER!!!!!! Drak: OH MIERDA MrJones122: dfh dfghr657 Drak: MRJONES???!!!!! Drak: EEEEEEEHHHH!!! MrJones122: acabo de vomitar…. Drak: ¡LE HA MATADO! ¡SARA HA MATADO A JAVIER, JODER! ¿QUE NO VES EL VIDEO? MrJones122: Mierda, viene hacia mí… Me lo voy a cargar. Drak: NO, JONES, NO… Drak: Ostia, la página se ha ido, ¡solo está el chat! Drak: Jones… *Drak envía zumbido a MrJones122* *Drak envía zumbido a MrJones122* *Drak envía zumbido a MrJones122* Drak: Jones… Drak: DIOS.. NO… 5 horas mas tarde… << Chicoexplosivo11 se ha unido a la sala >> Chicoexplosivo11: Ostia santa madre de Dios, ¿qué coño ha pasado aquí? Chicoexplosivo11: ¿No hay nadie? Chicoexplosivo11: ¿Hay alguna chica guapa por aquí? << Sara15 se ha unido a la sala >> Chicoexplosivo11: Hola Sara, ¿Cuántos años tienes guapa? FIN Noticia: “Masacre en la calle de la Sonrisa, en Alcobendas ” Noticias de última hora: Ha habido una masacre en el bloque de pisos número 108 de la calle de la Sonrisa en Alcobendas, Madrid. Descubiertos el exagerado número de 15 víctimas, entre la mayoría jóvenes adolescentes de 16 a 20 años. Dos cadáveres encontrados en la portería del edificio, uno de ellos decapitado y el otro desmembrado. No hay ningún superviviente en el bloque. En cada piso hay un cadáver. Curioso el dato de que unos cuantos han sido encontrados masacrados en su cuarto de habitación delante de su ordenador, con la misma página: The Chatroom. Se desconoce el asesino de tal masacre. Los habitantes de la calle están atemorizados por el suceso, y aseguran no haber oído ningún grito en el interior del edificio. Sucedió por la noche, aunque no se sabe la hora exacta. La página anteriormente nombrada ha sido confiscada como prueba del crimen por la policía, la cual aún no ha hecho pública, ya que “no pretendían atemorizar a nadie”. Hay rumores que hablan sobre un pacto suicida que se hizo en el chat, otros, hablan de una leyenda urbana de la página. Los agentes de policía han guardado toda la conversación de modo privado, dado que no quería que nadie supiese del tema. Lo más curioso de todo, es que cada 15 meses se encuentra un suceso parecido en algún rincón de Madrid, todos cerca de la misma calle, la calle de la Sonrisa. Se seguirá investigando el caso.

30
0
Perro Fiel (Leyenda Urbana)
Perro Fiel (Leyenda Urbana)
ParanormalporAnónimo4/20/2013

Una joven debe pasar la noche sola en su casa. Su única compañía es la de su perro: un perro fiel y cariñoso que siempre está a su lado. Poco tiempo antes de de acostarse, ella escucha en la radio que un loco peligroso se ha escapado del hospital psiquiátrico. La joven se asusta. El hospital psiquiátrico está próximo a su casa. Está asustada, pero sabe que el perro siempre estará a su lado y la alertará si pasa algo raro. Efectivamente, el perro duerme al lado de su cama y ella cada vez que sacaba la mano de la cama, éste se la lamía. Durante la noche, la chica se despertó al escuchar ruidos extraños que venían del cuarto de baño. Se asustó, pero no había oído a su perro ladrar así que no se sobresaltó. Sacó la mano para ver si el perro seguía a su lado y, efectivamente, allí estaba él, que le lamió la mano. A la mañana siguiente la chica se sorprende de no ver al perro a su lado, pero piensa que quizás tenía hambre y estaba abajo, junto a su comida. Le llama... pero el perro no contesta. Extrañada va al cuarto de baño para lavarse un poco. Al llegar allí aterrorizada descubre a su perro degollado en la bañera. Sobre el espejo, con sangre, había una frase escrita que la dejó aún más blanca: "Los hombres también sabemos lamer"

18
7
E
El genio falaz: Dr. Monroe
ParanormalporAnónimo5/4/2013

—Damas y caballeros, miembros del Consejo, tengo dos maravillas para compartir con ustedes esta noche. Primero, déjenme presentarles el siguiente hito en la evolución de nuestra especie: ¡la inmortalidad! —Con su teatralidad característica, el Dr. Monroe lo dice extendiendo sus brazos, y su casaca de color borgoña se revuelve con cada gesto. El público deja salir un grito ahogado cuando el telón cae, revelando la figura pálida y sin camisa de un hombre sentado, sujetado a la silla con grilletes; su expresión imitando bizarramente a la confusión de los presentes. —Este hombre, un ladrón, asesino y peste para nuestra sociedad, se ha ofrecido generosamente a servirme en la demostración del último avance en la medicina —Hace una pausa, para luego tomar un pequeño y llamativo frasco de su cinturón—. ¡Es éste! El producto de mi exhaustiva investigación en xenotransplantes. Estoy seguro de que recuerdan a Sir Winston… Lo hacen. Nunca olvidarían la presentación del año pasado de un cuerpo humano sin genitales, desnudo y tirado descuidadamente en el suelo. Ni tampoco los ojos caídos de la cabeza del basset hound por la que había sido sustituida quirúrgicamente la original. Durante horas vieron con la respiración entrecortada a la criatura que tomaba agua de un plato, sólo para que ésta se derramase por los puntos de sutura en su cuello; los dedos de los pies y manos retorciéndose, como si se cuestionasen obedecer o no a su nuevo maestro. El Dr. Monroe sonríe ante la mirada de comprensión del público. —Fue a través de ese estudio que descubrí el mecanismo secreto del que se valen todos los organismos vivientes para curarse a sí mismos, y de esta forma creé la Toxina Invictus que ven aquí. Cuando es consumida, y se le da el tiempo suficiente para que se circule por el sistema vascular, abrirá los canales de sodio ionizado del cuerpo y actuará como un campo eléctrico. Sonriendo, baja un enorme interruptor y un estridente zumbido invade la sala. Brillantes chispas azules parecen revolotear por cada superficie y John Hanes de Phillips e Hijos da por seguro que el salón podría explotar en cualquier momento. —También está el bizarro efecto secundario de volver a la persona que la beba inmune al dolor. Al inicio pensé en los ilimitados beneficios de utilizarla como anestesia, pero luego descubrí que los afligidos cirujanos nunca podrían hacer su trabajo: las heridas del paciente sanarían incluso antes de que una incisión menor fuese producida —Saca una larga hoja de afeitar y la agita para que todos la vean—. ¡Es tiempo! ¡Exitus acta probat! Lentamente, lleva la hoja a reposar bajo la caja torácica de su prisionero. Sabiendo lo que viene, el hombre grita agitando frenéticamente su cabeza mientras trata de liberarse de sus ataduras. Ignorándolo, el doctor empuja el arma y la desliza hacia abajo por la piel del espécimen que se corta como si fuese cera derretida; pero no sale sangre. El hombre no grita de dolor, ni siquiera parece haber notado el daño causado a su cuerpo. Y entonces, milagrosamente, la herida comienza a cicatrizar, empezando por el inicio del corte y descendiendo hasta que su piel luce tan inmaculada como antes. El público está perplejo. Algunos dudan de sus ojos, otros hasta de sus mentes; pero pasó, justo enfrente de ellos. Una voz suena desde el fondo de la sala: —Dr. Mon… Con una velocidad sorprendente, Monroe revela una pistola oculta en el reverso de su abrigo, presiona el cañón contra la frente del espectador más cercano, y dispara. El blanco, Rosa Smith del Heraldo la Santa Misericordia, cae de rodillas al suelo, gritando. Aunque es evidente por el agujero en la pared detrás de ella que la bala ha atravesado su cráneo completamente, no deja de gritar. —Es una suerte que la señorita Smith tuviera el cuidado de beber el Invictus. De hecho, todos ustedes se han estado preparando para esta noche. —Señala a las copas de champaña vacías que se encuentran en todas las mesas. El silencio que sigue a esa declaración es casi tangible. Y luego, la curiosidad vence, y un diminuto hombre muy próximo al escenario muerde gentilmente la piel de su mano. Su rostro se llena de sorpresa al no experimentar ni la más mínima sensación de dolor, y entonces decide ir un poco más lejos, y arranca todo el pellejo que puede desde la palma de su mano hasta su muñeca. De nuevo, no hay sangre, sólo un pequeño destello azul mientras la piel regresa a su lugar. La violencia se desata sutilmente en la sala en tanto los invitados prueban las aguas del vasto océano que tienen frente a ellos. Y luego estalla. Un gran hombre de dos estados al norte pide —más bien ruega— por la pistola del Dr. Monroe. Cuando la obtiene, reta a los demás a dispararle, gozoso de vivir su fantasía de ser un héroe indestructible. Una mujer que no ha parado de recordarles a todos que «viajó por tres noches en tren para ver el acto» es tentada a romper las uñas largas de su mano derecha, y luego ve cómo saltan de la mesa y vuelven a su base. —Esto va a ser realmente asombroso —dice—. ¡Imaginen todas las mujeres que darían su alma por nunca volver a tener una uña rota! En medio del caos de miembros quebrándose y gente apuñalándose entre sí, el Dr. Herz se detiene para tomar un respiro. —¡Realmente lo has hecho, Dr. Monroe! Un mundo sin dolor, sin sufrimiento, sin heridas; aunque me temo que esto me dejará sin trabajo —Se ríe mientras acomoda su bata blanca—. Pero dijiste que presentarías dos objetos el día de hoy. Con el primero siendo tan sacudidor, ¡encuentro muy difícil que el segundo se le equipare! En ese momento es cuando la ve, la primera gota escarlata que se ha asomado en toda la noche. El dedo pulgar del prisionero está sangrando. Horrorizado, el Dr. Hearz se voltea hacia Monroe: —Dr., ¿qué dices a eso? ¿Por qué aún no ha sanado? Monroe no responde de inmediato, parece hipnotizado por el reloj de bolsillo que está sosteniendo. —No se preocupe, buen doctor, él claramente fue lastimado y se curó al instante mientras lo sujetábamos a la silla. Es sólo que su herida se volvió a abrir, aproximadamente ocho minutos después de que la toxina ha sido metabolizada. Todos están en silencio, atentos a cada una de sus palabras. —A pesar de todos mis esfuerzos, la Toxina Invictus recorre el cuerpo humano en mil ochocientos segundos; es decir, media hora. De este modo, pasamos al experimento final de la noche: un ejercicio de lo inevitable. Mira su reloj de nuevo antes de hacer un ademán de agradecimiento y señalar al sujeto de prueba. En lo que el público responde a su gesto y voltea, el pálido hombre empieza a gritar y convulsionar violentamente. La herida en su estómago se abre como si hubiese sido producida por una cuchilla fantasma. Una brillante y roja luna creciente; muy parecida a la sonrisa del falaz Dr. Monroe. Gerardo y cuatro amigos estaban sentados en torno a una mesa, jugando a las cartas. Su lugar de juego era el sótano. Los antiguos dueños de la casa, los padres de Manolo, uno de los amigos de Gerardo, permitían que jugaran pero en ese lugar. Por costumbre siguieron divirtiéndose en el sótano, incluso después de la muerte de los padres de Manolo. Allí abajo tenían todo lo que necesitaban: una heladera, una mesa redonda, sillas, un ventilador y la compañía mutua. Y con algunas cervezas, fiambres y cubitos de queso, ni notaban las horas que iban pasando entre risas y bromas. Como a la una de la mañana hicieron silencio y escucharon; a uno de ellos le pareció escuchar que tocaban el timbre de la casa. —¿Estás seguro de que escuchaste algo? —preguntó uno, y miró sus cartas y las acomodó. —Sí, creo que sí, pero ahora no oigo nada —le contestó el que creyó oír el timbre. —¿Quién sube a ver? —preguntó Gerardo, y miró a trasluz una botella para comprobar si le quedaba algo. Los amigos se miraron pero ninguno se ofreció. Entonces Manolo, mientras intentaba pinchar un trozo de salame con un mondadientes, les dijo: —No se molesten, si era alguien ya se fue. Sigamos, que les voy a ganar esta partida, y las otras, ¡jajá! —¡Claro! Eres el rey de la buena suerte —bromeó el que hasta ahora se había concentrado solamente en sus cartas. Y así siguieron su trasnochada. Desde la calle a veces llegaba (siempre apagado) el sonido de autos circulando a toda prisa, y entre ese ruido de motores, frenadas bruscas y bocinazos, se entreveraba algún grito; pero el sonido era tan débil, y la reunión de los amigos tan ruidosa, que siguieron su juego ignorando completamente lo que pasaba en la ciudad. Gerardo, después de bostezar, miró su reloj. —Qué tarde que es —dijo—. Me voy a tener que retirar. —¡Ya te vas! —exclamó Manolo—. Pero si recién son las… —y miró el reloj—, ah sí, es tarde. A los otros también les pareció que era tarde y resolvieron dar fin a la juerga. Al salir del sótano escucharon con claridad el caos que se desataba afuera. Se miraron sin entender nada, y fue Gerardo quien reaccionó primero, y yendo hasta la ventana espió hacia afuera. No pudo ver hacia la calle, un rostro estaba recostado en el vidrio, un rostro de ojos rojos y cara sanguinolenta y desgarrada. El susto lo hizo retroceder, pero en ese mismo instante rompieron el vidrió de un puñetazo; volaron añicos hacia todos lados, y un brazo alcanzó a Gerardo, lo jaló con fuerza y lo arrojó hacia afuera. Gerardo rodó y se levantó rápidamente; su agresor, que era un zombi, se le abalanzó intentando morderlo. Tras luchar unos segundos consiguió proyectar al zombi y tomar distancia. Sus amigos abrieron la puerta y le gritaron que entrara. Por la calle se iban acercando otros zombis que avanzaban dando gemidos aterradores. Entre todos intentaron tapiar la ventana, pero ya era muy tarde. Entonces bajaron al sótano y quedaron en silencio. La puerta era resistente y los zombis no los habían visto entrar allí. En la oscuridad, los escucharon recorrer la casa, y cómo luego la abandonaban. En medio de aquella situación inexplicable y aterradora, se sintieron relativamente a salvo en el sótano; pero ignoraban que no era así, pues el arañazo que tenía Gerardo en el pecho estaba empeorando rápidamente. Mi tío Francisco era un tipo de esos rudos que no creían en fantasmas ni nada que se le pareciera; no lo culpo. Él, a sus 60 años había sido educado en una época en que si los padres de un crío lo escuchaban hablar de aparecidos y cosas de ésas, consideraban que mentía, y la mejor forma de quitarle la costumbre de decir mentiras eran unos buenos azotes. Por eso me fue muy interesante cuando, una noche en una reunión familiar, me contó una experiencia que le había ocurrido cuando niño. —Quiero que sepas que te cuento esto sólo a ti —me dijo—, no quiero que nadie en la familia piense que estoy loco. Tras hacerle entender que su secreto estaría bien guardado conmigo, mi tío Francisco se acomodó en su sofá y se sirvió otro vaso de cerveza para acompañar su relato. Estábamos en una sala de su casa; era un día de fiesta, el cumpleaños de su hermana, mi tía Claudina. En realidad no eran tíos míos; eran parientes sí, pero el vínculo familiar era tan lejano que, cuando me explicaban el árbol genealógico de la familia, desistía de entenderlo. Para mí y para mi familia, eran nuestros parientes y ya. Su inmensa casa, de construcción muy antigua, contaba con varios salones, por lo que no era difícil alejarnos del jolgorio, como en esa ocasión en que estábamos ambos solos, en un salón apartado, en total confidencia. —Tú sabes que en este pueblo siempre se cuentan historias de duendes y aparecidos —prosiguió su relato—; a mí siempre me han parecido cosas de vagos, de gente que no tiene otra cosa que hacer que inventar tonterías. Igual, de esta casa, cuentan siempre la historia de los hijos de la empleada que desaparecieron sin dejar rastro… —Sí había escuchado esa historia, que decían ocurrió en la época del bisabuelo del tío Francisco—. Pero una vez, cuando era niño, me pasó algo que hasta ahora no puedo entender: te lo cuento para que tú me digas qué fue —Veía en los ojos de aquel hombre la necesidad de saber la verdad de un capítulo oculto de su vida. Mintiendo descaradamente, le dije que yo desentrañaría lo que le aflijía—. Yo tenía 12 años —recomenzó a relatar su experiencia—, había una fiesta así como ahora; era el cumpleaños de la abuela Petronila. En esos tiempos, los cumpleaños duraban tres días, venía todo el pueblo y había mucha comida y bebida. Los hombres se sentaban en los salones y las mujeres cocinaban para todos los visitantes. Los niños no podíamos estar ni en los salones ni en la cocina; debíamos jugar en el patio. »Para esa fecha, mis padres me vistieron con un traje nuevo, de camisa blanca, chalequín azul, pantalones arriba de las rodillas, medias altas y los zapatos del domingo; yo estaba furioso por eso. Yo vivía feliz correteando sin zapatos por el campo, subiendo árboles, cogiendo higos de los huertos, robando huevos de pato en el sembrío del vecino… —decía mientras reía, recodándose como un pequeño mataperros—. Ese traje era como un castigo para mí; para contentarme, mis padres me compraron también una enorme pelota roja. Estando ya en el patio, con los demás niños, y todos se burlaban de mi aspecto. »No aguanté mucho: me peleé con todos y me metí a la casa, buscando paz. Sin pedir permiso a nadie, me metí en el salón viejo. Estaba prohibido en mi casa que yo o mis hermanas jugásemos ahí, en ese salón estaban las pinturas de los parientes, el reloj de péndulo y el viejo fonógrafo. Me imagino que mis papás no querían que los rompiéramos. No había nadie en el salón, así que me puse a jugar, solo, con mi pelota. Me paré frente a la pared en donde estaba el reloj y comencé a botar mi pelota contra ella. Tiraba la bola al suelo, rebotaba, golpeaba la pared y la cogía con mis manos; así una y otra, y otra vez. »De pronto, el viejo reloj comenzó a repicar; eran las tres de la tarde. Años después escuché decir al cura del pueblo que las tres de la madrugada era la hora del Diablo y de los duendes, pero en ese momento eran las tres de la tarde. Paré un rato, tomando mi pelota con ambas manos, mientras el reloj daba las tres campanadas. Una vez que el reloj dejó de sonar, lancé la pelota contra el suelo. El balón golpeó contra los ladrillos del piso y sonoramente, se elevó hacia la pared… ¡y la atravesó por completo! ¡No te miento, por Dios: la pelota desapareció, como si hubiese atravesado una puerta abierta, la pared estaba intacta y la pelota no estaba! »Yo era un niño; estaba más maravillado que temeroso. Pude escuchar a través de la pared cómo el balón rebotaba contra el suelo, muy lejos, haciendo un grave eco. Me acerqué a la pared y tendí mi mano… y pude ver casi sin creérmelo cómo mis dedos y luego toda mi mano desaparecían frente a mis ojos, a medida que atravesaban la pared. ¡Jamás en mi vida había visto algo así ni lo volví a ver! Sentía claramente que mi brazo estaba en un lugar frío; podía mover los dedos. Cuando retiré mi mano de ahí, ésta estaba envuelta en una pequeña película grasosa y transparente…, como cuando te frotas aceite. Volví a meter mi mano un par de veces para constatar el prodigio. En ese momento, «algo» me dijo que dejara de hacerlo. Saqué de nuevo la mano de la pared y pensaba en cómo recuperar mi pelota, cuando vi que la pared se arqueaba hacia afuera… »No me dio tiempo para reaccionar: ¡Una mano horrible, de uñas como garras, negra, negrísima, salió de la pared y me agarró fuertemente de la muñeca! ¡Era fría y viscosa, se aferraba a mi pequeña muñeca como una serpiente, como una babosa, era horrible!… Sólo sé que esa «cosa» no era humana. Me quedé paralizado del miedo mientras me arrastraba en silencio hacia la pared. Estaba tan aterrado que no grité: sólo atiné a defenderme pataleando, jalando, berreando, golpeando con mi puñito, tratando de zafarme. Tenía una fuerza superior a la mía, muy superior a la de un hombre. No pude hacer nada mientras sentía cómo, inexorablemente, introducía todo mi cuerpo dentro de la pared, en medio de una oscuridad profunda, en la que no había ningún atisbo de luz… »No sé cuánto rato pasó, pero comencé a sentirme muy liviano. Era una sensación fría y opresora. Oía por todos lados risas inhumanas, llantos, gemidos, y gruñidos de criaturas que no pude identificar. Era muy oscuro. Más oscuro que lo que jamás haya visto. Si abría los ojos, era como si aún los tuviese cerrados. No flotaba en el aire, era como si más bien flotase en un líquido muy espeso y frío. Ya siendo mayor, una vez metí mi mano en un barril de petróleo; era una sensación muy similar. Pero no estaba solo: aparte de las voces que venían de ningún lado, y que me aterraban…, algo más había ahí conmigo, era como si unas criaturas «nadasen» alrededor mío. Las sentía moverse a mi lado, rodearme, gruñir… era horrible. En un instante, sentí algo redondo cerca de mi cara: lo toqué y supe que era mi pelota. Al tratar de cogerla, una de esas «criaturas» se me abalanzó y me mordió; grité muy fuerte al sentir esos colmillos que se incrustaban en mi mano. Me recogí en mí mismo, sollozando. Me puse en posición fetal. Parecía que aquellas criaturas de ese horrendo lugar disfrutaban con mi dolor. Las escuchaba riendo gravemente. »No sé cuánto tiempo estuve ahí, parecieron siglos. Me empezó a llenar una infinita sensación de abandono, de dolor, que me oprimía el pecho. ¿Alguna vez has sentido miedo a la muerte?, pues yo sí y muchas veces… pero esa sensación era distinta, no sólo temía no volver nunca, no ver de nuevo a mi familia… era una miedo a desaparecer, a estar solo siempre… era terrible; es algo que no quiero volver a sentir jamás… —En ese punto, el tío Francisco comenzó a sollozar. Gruesas lágrimas comenzaron a derramarse por sus arrugadas mejillas, juntándose en su enorme nariz. Trató de sobreponerse, de volver a tener entereza, pero no podía. Mientras aguardaba, pude ver un par de alargadas y triangulares cicatrices en el dorso de su mano derecha: siempre había pensado que eran producto de alguna pelea—. Nunca supe qué pasó después… —retomó de pronto su relato—. Abrí lentamente los ojos y estaba tirado en el suelo de la sala, junto al reloj. Caminaba como borracho. Ya estaba oscuro, el reloj marcaba las siete de la noche. Nadie se había percatado de mi ausencia. Cuando fui donde mis padres, me reprendieron, tenía esas marcas en una mano y llegaba sin mi pelota y como embadurnado de aceite de pies a cabeza. Mi traje era una lástima. Ni qué decir que me dieron una buena zurra; seguro que me estuve peleando con algún mocoso, pensaron. Mientras mi madre me limpiaba, recriminándome, me di cuenta de que sostenía un papel en la otra mano: era éste… Sacando un papel viejo de su cartera, el tío Francisco me dijo que lo guardaba consigo desde entonces. Era un papel muy viejo y arrugado, impreso por un lado con un programa de misas de la parroquia del pueblo, y la fecha era 16 de Mayo de 1868. Definitivamente estaba impreso con tipos antiguos. Al reverso, un dibujo: un niño parecía haber dibujado una vaca y tres personajes con carbón: una mujer mayor y dos niños. —Mis padres querían a toda costa que les digera quién me había golpeado y robado mi pelota, eso era lo que creían. Nunca me atreví a contarles nada. Mi papá me compró una bicicleta y la puso sobre un ropero en mi cuarto; me la daría si confesaba. Nunca dije nada y la bicicleta se quedó ahí muchos años. Ésa es la historia… Dime, ¿dónde estuve?. Tuve que ser sincero y decirle que no podía responder. Lo tomó con calma. —Cuando me dicen que cumplo años, me río porque pienso que me faltan cuatro horas de mi vida… pienso que me faltan cuatro horas en todo… —me dijo. Le prometí que trataría de investigar—. No me da miedo morirme a mi edad, pero me da miedo pensar en que si muero, tal vez vuelva a ese sitio… La noche ya avanzaba cuando terminó la fiesta y junto con mi familia, me apresuré a despedirme de la parentela. Una vez más, demostrándome a mí mismo que no puedo con mi genio, decidí salir de la casa de mi tío por el camino más largo, atravesando el salón antiguo. Estaba limpio y ordenado, como siempre. Atravesando la penumbra, me paré frente a esa pared; al lado estaba el viejo reloj, que aún funcionaba. Miré un buen rato la pared hasta que me di cuenta de que el reloj estaba marcando cinco minutos para las tres de la madrugada. No había bebido casi nada… pero sentí como si el piso se inclinase hacia ese lado del salón. No me atreví a esperar hasta que fueran las tres.

10
2
El Elevador...
El Elevador...
ParanormalporAnónimo4/21/2013

Abrí velozmente la puerta del auto. Era un vehículo pequeño y estábamos todos dentro, mi madre, mi tío, dos primas, (una prima 7 años y otra de 15) mi hermano y yo. Estábamos a frente del edificio donde vivía mi tía. Era bastante alto en comparación de las casas de alrededor, a pesar de tener tan solo 10 pisos. Entramos, había un guardia esperándonos, nos pidió nuestros nombres antes de dejarnos entrar. -¿Por qué hay dos ascensores?- preguntó mi prima con ternura -Uno llega directamente a la casa, mientras otro llega a la planta para entrar por la puerta- respondió mi tío en tono de sabiduría y presunción mientras presionaba el botón para llamar el de la izquierda. -¿A cual entraremos?- volvió a preguntar -Al que llega a la planta, necesitamos la llave para marcar un número si vamos por el otro. Es seguridad para que nadie entre. Los elevadores eran viejos, de esos en los que tienes que abrir manualmente la puerta y al subir veías como pasaban las diferentes puertas. Llegamos al apartamento de mi tía. Ella nos saludo a todos y tomamos asiento. Hablamos toda la tarde, de todo tipo de temas. Antes no le tome importancia a algo que había dicho, ahora no paro de pensar en eso: Nos dijo que el edificio estaba casi despoblado debido a su antigüedad, solo había gente viviendo hasta el cuarto piso. Anteriormente había un sujeto viviendo en el último, pero fue asesinado. El aburrimiento nos consumió a todos los menores cuando comenzaron a hablar de trabajo. Así que decidimos bajar al parque. La curiosidad hiso que los cuatro nos montásemos en el elevador que llega directamente a la sala. Grave error. Luego de que todos estuviéramos adentro, me disponía a marcar para llegar al patio, pero antes de que alcanzase a oprimir el botón, el ascensor subió. -Ah, demonios- maldije por lo bajo- Seguro alguien más lo llamó antes de nosotros- anuncié dirigiéndome al grupo. -Pero…-murmuró mi primita -¿Qué?- le pregunté -El tío dijo que para marcar un piso aquí necesitabas una llave.- preguntó con temor, la voz le temblaba. Algo me impactó bastante, justo antes de que le dijera que yo no había marcado miré a mi prima de 15 años, hija de la tía que vivía aquí, por lo tanto ella sabía lo que estaba sucediendo. Su cara estaba pálida, como un fantasma, su pupila dilataba lentamente, con los ojos desorbitados, el pelo erizado y la piel de gallina. Al verla comprendí lo que mi prima pequeña quería decir. Mi tía vivía en el cuarto piso, y nadie mas habitaba el edificio en los pisos de más arriba. Que no pare en el diez. Pensé, mientras intentaba oprimir el botón de ‘’STOP’’ para detener el ascensor, fue en vano. El ascensor paró en seco. Pensé que mi corazón pararía así si no dejaba de palpitar tan velozmente. Todos nos quedamos inmóviles. Sin saber que hacer. Estaba sudando, tenía miedo. Luego de pensarlo durante un largo tiempo, marqué el primer botón. El elevador no se movió -Tienes que abrir completamente la puerta para volver a marcar, para que nadie pida el ascensor antes de que la persona baje.- Aclaró mi prima. Nadie se atrevería a abrir la puerta, y mucho menos mirar el número del piso. -Yo lo haré- dijo mi hermano haciéndose el valiente mientras se abría paso entre todos nosotros. Al posar la mano sobre la puerta se detuvo. Dudó un segundo y la comenzó a abrir lentamente. Conforme iba abriendo veíamos claramente el interior del apartamento. Era bastante grande, mucho más que el de mi tía, por qué ya lo sabía. Estábamos en el último piso, el décimo. Una obscuridad reinaba el lugar. Había polvo por todas partes. Sin embargo algo me llamó más la atención: estaba amueblando. Alguien había vivido aquí, o seguía viviendo. Mi primita lanzó un enorme alarido que nos entumeció a todos justo después de que mi hermano abriese la puerta completamente. En la pared de al lado había una enorme mancha de sangre seca que llegaba hasta el piso. Mi hermano separó la mano de la puerta, pero esta no se cerró. La jaló fuertemente pero no se movía. -¡Oh dios no!- gritó mientras lloraba -¡Cierra!- chilló mi prima. Parecía que no entendiera que la puerta estaba siendo atrancada por algo… o alguien. Le ayudé con bastante prisa, pero la puerta no se movía. Me pareció ver una sombra dentro de la casa. Viré velozmente la cabeza para ver que era. Había algo que se acercaba. No se veía, pero notaba como el polvo del suelo se movía. -¡¿Qué pasa aquí?!- gemí mientras intentaba jalar mas fuerte. Eso se acercaba cada vez más, toda la escena me estaba volviendo loco. Los pasos, mi prima gritando, mi primita llorando en una esquina, igual que mi hermano mientras intentaba cerrar. Cuando llegó a la puerta no sentimos más que un empujón sobrehumano cerrándola. Mi hermano y yo nos caímos hacia atrás. El ascensor bajó. Nunca dijimos nada a nadie sobre esto. No he vuelto a usar un elevador desde entonces. Hemos intentado olvidarlo pero no podemos, algo que me atormentará para siempre es cuando el ascensor cerró, pues vi claramente la silueta de un hombre serio, mirándonos fijamente desde la ventanilla.

3
0
E
El Hombre que Canta y Baila
ParanormalporAnónimo5/1/2013

Quedan pocas personas con vida que recuerden al Hombre que Canta y Baila. El tiempo ha reclamado a los sobrevivientes de aquella larga noche, y estoy seguro de que se fueron de este mundo sin protestar. La vida toma un curso extraño después de una noche como ésa. Los que aún viven, Bill Parker, Sarah Carter, Sam Tannen… no hablan sobre ello. Sam es un tipo con suerte. Su cerebro empezó a convertirse en avena hace unos años y ahora tiene problemas incluso para ponerse los pantalones. Se le concedió un alivio prematuro de sus recuerdos. No se despierta noche tras noche con la música todavía sonando en sus oídos, y lágrimas en sus mejillas. El Hombre que Canta y Baila vino a Belle Carne con pocos bombos y platillos en el otoño de 1956. Yo recién había terminado la secundaria y estaba trabajando como repositor en Handy’s Hardware. Allí estaba yo la tarde en que Sarah Carter se precipitó por la puerta, haciendo que el timbre de bienvenida sonase como loco. —Juan, debes ver lo que prepararon en la glorieta. Hay una gran carpa y un hombre parado enfrente de ella gritando cual presentador de circo. —Sarah estaba sin aliento y evidentemente había corrido el trayecto desde el parque hasta la Calle Principal. Dio un resoplido al mechón de cabello despeinado en su rostro mientras esperaba que yo reaccionase. Con Sarah siempre estaba dos pasos atrás y corriendo para alcanzarla. La chica tenía energía en aquel entonces y en cantidades ilimitadas. Dejé de acomodar los clavos para responderle. —No había nada allí cuando pasé esta mañana. ¿En qué momento la colocaron? Se encogió de hombros. —No lo sé, pero allí está. Y tienes que ver a este tipo. Está disfrazado de pies a cabeza y no para de hablar, ¡y vaya que sabe hacerlo! Lo pensé y miré el reloj. Eran cerca de las cinco y mi turno ya terminaba de cualquier forma. —Está bien, vayamos a verlo entonces. Sarah sonrió de oreja a oreja y desapareció. No dudé que lo estuviese anunciando al resto de nuestra pandilla. Me encontré con Bill en el camino al pasar por la farmacia en donde trabajaba. —¿De qué rayos está hablando Sarah, Juan? Entró volando por la puerta y se fue del mismo modo antes de que pudiese preguntarle algo. —Bill era un tipo grande, el más alto (y más pesado) de nuestra clase. Tiene su temperamento, pero es un buen tipo. Era también el mejor de su equipo de básquetbol en la secundaria, aunque uno de los pocos que ha sido expulsado durante un juego. Arrojó a un chico al otro extremo de la cancha. Bill dijo que le había dado un codazo en el estómago; un accidente claro, nadie se atrevería a hacerle eso a propósito. Al final de la Calle Principal, cruzamos la Calle Buchanan y entramos al parque. Normalmente en ese punto ya hubiésemos podido ver la glorieta, sobre una colina en el centro del parque. Durante el verano, solía haber conciertos ahí: actuaciones de la banda de la escuela, coros de la iglesia cantando algunos himnos, ese tipo de cosas. Una vez un par de chicos de la secundaria comenzaron una excelente banda de rockabilly, pero de algún modo el comité del parque sacó una ordenanza que prohibía el rock and roll en ese lugar. Pueblos pequeños, ¿sabes? Pero ahora había una carpa enorme de color amarillo que tapaba la vista de la glorieta, como ésas que tienen los circos o ésas que los alcaldes suelen usar cuando tienen ganas de «sentir el espíritu del pueblo», y sentir tu billetera, además. Ya había una multitud bastante grande alrededor de la carpa cuando Bill y yo llegamos. Podíamos escuchar al tipo del cual nos había hablado Sarah; realmente sonaba como un presentador de circo. A empujones avanzamos por la multitud y nos acercamos al lugar en donde estaba el hombre. —¡Vamos todo el mundo, se está acercando, el momento se está acercando, vamos a tener una gran noche! ¡Así es, una noche GRANDIOSA! Cantaremos, bailaremos, lo PROMETO, ¡y El Hombre que Canta y Baila siempre cumple sus promesas! Aún no podíamos verlo, había demasiada gente bloqueando el camino. Parecía que todo el pueblo hubiese acudido a ver al Hombre que Canta y Baila. Bill me tiró de la manga y apuntó con su dedo. Lo seguí con la mirada y no lo podía creer. Era el Reverendo Harper, el cura baptista. He vivido por mucho tiempo, pero nunca vi otro hombre que pudiese golpear con una biblia tan fuerte como él. Harper predicaba sobre los males del pecado; el pecado en la bebida, el pecado en el tabaco, el pecado en la droga, el pecado en cualquier cosa y por sobre todo, el pecado en la danza. Y aquí estaba, haciendo cola para entrar a la carpa, porque ciertamente no estaba predicando. Lo saludamos, y el viejo baptista se puso del color del Mar Rojo, nos dio la espalda y se alejó. Bill y yo nos miramos sonriéndonos y seguimos caminando hacia El Hombre que Canta y Baila. Al fin pudimos emerger de entre la multitud y verlo. Estaba parado sobre un cajón viejo y astillado que parecía estar a punto de colapsar. A su lado, sobre el césped, había un estuche de violín con detalles dorados en los bordes. Parecía viejo, más viejo que el cajón, más viejo que el pueblo. Parecía una antigüedad. Él era puro codos, rodillas y hombros. Alto y larguirucho, y su cuerpo se movía al ritmo de sus palabras. Estaba usando una chaqueta roja y blanca, como ésas de los cuartetos que solían cantar en las barberías. Tenía un sombrero de paja en la cabeza, que incesantemente se acomodaba con sus manos de dedos largos. Seis dedos en cada mano. Me sorprendió ver eso. Había leído que algunas personas nacían con seis dedos, pero leer sobre algo y verlo son cosas muy diferentes. —Bien, bien, falta muy poco. Realmente falta muy poco. ¿Están listos para cantar? ¿Están listos para bailar? Porque estoy listo para tocar mi violín, sí que lo estoy, sí que lo estoy. Tengo el violín a mis pies y estoy listo para tocar, listo para hacer que esas cuerdas CANTEN, ¿pueden creerlo? Aplaudió, y eso fue lo más cercano a una pausa que estuvo dispuesto a hacer. Sarah y Sam se acercaron a nosotros después de encontrarnos entre la multitud. Sarah me codeó en las costillas. —¿Qué te dije? Parece que debería estar en un carnaval intentando hacernos ver a la mujer barbuda o algo así. Sam asintió con la cabeza para saludarnos, lo que hizo que sus anteojos se resbalasen por su nariz y les dio un empujón con su dedo para arreglarlos. Era tan alto como Bill, pero su físico ni se acercaba al de él. Era el chico listo en nuestra pandilla. Uno tiene que tener cerca a alguien así para que le enseñe a hacer cosas como desmantelar el auto del director y rearmarlo en el gimnasio de la escuela. No que hayamos hecho algo como eso. —¿Qué está vendiendo? —preguntó Sam. —Un baile, creo yo —le dije. —¿Cuánto cuesta? El Hombre que Canta y Baila debió de haberlo escuchado, porque dijo: —¿Cuánto cuesta, están preguntándose? No cuesta ni un dólar, ni un centavo. Amigos, esto no les costará nada, sólo entren a la carpa y bailen toda la noche al ritmo de la canción. Nos miramos entre nosotros. Era un buen trato. ¿Música gratis y un lugar para bailar? No había mucho que hacer en el pueblo en aquellos días, y todavía no lo hay. Era casi muy bueno para ser cierto. El Hombre que Canta y Baila se detuvo, lo que era un pequeño alivio. Hurgó en sus bolsillos, sacó un reloj dorado y miró la hora. Y entonces sonrió, con una sonrisa que mostró cada uno de sus dientes. —Amigos, es tiempo de bailar, así que entren. Entren todos, porque es momento de que el baile comience. —Y con eso, se bajó de su banco, lo tomó junto con el violín y se metió a la carpa. Sarah, Bill, Sam y yo casi fuimos arrollados en el apuro de la gente por entrar, pero aún así fuimos los primeros adentro. Era enorme. Había un suelo de madera debajo de nuestros pies que parecía ser de roble, de roble oscuro, y pulido hasta brillar como un espejo. Había velas en candelabros por todos los postes de la carpa y cuando miré hacia arriba no pude ver el techo con tanta oscuridad. Era como mirar a un cielo sin estrellas donde ni siquiera la luna se molestaba en aparecer. La multitud nos condujo más y más adentro mientras la gente entraba. No era sólo gente joven. Estaba la Señora Crenshaw, nuestra maestra de inglés que ya iba para los cincuenta. Estaba el Señor Hopkins, el director de la primaria. Estaba el buen Reverendo Harper, quien aún se veía avergonzado. Realmente todo el pueblo estaba ahí. Demonios, incluso estaba el alcalde con su mujer, parados y hablando con el jefe de policía. Pronto todo el mundo estaba adentro y el murmullo de la gente charlando era ensordecedor. Todos buscábamos al Hombre que Canta y Baila, para saber en dónde se había metido. Nadie miró hacia arriba, así que nadie lo vio hasta que hizo sonar las cuerdas del violín con su arco. Allí estaba, en el medio de la carpa, sentado en una pequeña plataforma de madera a aproximadamente seis metros de altura. Dios sabrá cómo logró subirse ahí, porque la verdad que no había ninguna escalera que llevase hasta arriba. Dejó caer sus pies por la orilla de la plataforma y tomó su violín con una mano y su arco con la otra. Tanto el arco como el violín parecían estar hechos de la misma madera oscura del piso, y brillaban a la luz de las velas como si estuviesen vivos. Llegué incluso a dudar si el violín necesitaba del Hombre que Canta y Baila para hacer que sus cuerdas tarareasen. Todos lo miramos, y nos sonrió, mientras se ponía de pie rápidamente, haciendo que a la multitud le preocupase que fuese a tirarse en medio de ellos. Y entonces comenzó a tocar. Hizo a esas cuerdas cantar. Nunca he vuelto a escuchar a alguien tocar así, y doy gracias a Dios por eso cada día. Aflojaba las articulaciones y aturdía a la mente. Sentías la necesidad de mover todos los huesos. Tomé la mano de Sarah y comenzamos a bailar por el suelo de la carpa, y todo el mundo nos siguió. Algunos con pareja, otros solos. Algunos bailando cuadrillas, otros bailando el vals y otros bailando Twist. Bailamos, movimos las caderas, sacudimos el esqueleto y rocanroleamos. Pasé junto al Reverendo Harper, él moviendo los pies en un torpe baile junto a Eloise Grendel, una vieja fervientemente católica. Vi a la esposa del alcalde bailando un vals con Dan Adams, uno de nuestros bomberos. Me movía en espiral con Sarah, chocando y empujando a las personas que estaban cerca. Hacía mucho calor y la temperatura subía cada vez más. No pasó mucho tiempo antes de que el lugar empezase a apestar a sudor. Me sentía mareado, pero seguimos bailando, bailando sin parar. También me di cuenta de que El Hombre que Canta y Baila estaba cantando, pero en un lenguaje que no entendía. Se erguía sobre nosotros, parado en esa plataforma, haciendo a su violín cantar. Su arco se levantaba y caía, se deslizaba sobre las cuerdas de arriba abajo, de lado a lado. Tocaba de la misma forma que hablaba; sin descansos, sin pausas, sólo un diluvio maníaco de notas mientras su lengua se enredaba en palabras que no tenían por qué ser dichas en este mundo. Sacudí mi cabeza mientras giraba con Sarah y me sentí cansado. Mis pies me dolían y mi espalda baja estaba empezando a palpitar. Vi mi reloj y entendí que habíamos estado bailando por una hora entera. Volví a sacudir mi cabeza, intentando ahuyentar la sensación de adormecimiento que estaba nublando mis pensamientos. —Sarah… —Me aclaré la garganta. Sólo había podido susurrar. Mi lengua se sentía extraña y gruesa—. Sarah… —Lo intenté de nuevo, esta vez más fuerte, pero ella no respondió y continuamos bailando. La sacudí, pero no respondió. Continué sacudiéndola hasta que noté que lo estaba haciendo al ritmo de la música. Entonces intenté parar. Y no pude. No podía parar. Debajo de la niebla de mis pensamientos, empecé a sentir temor. Vi los rostros de las otras personas y pude ver su miedo. La cara del Reverendo Harper se había puesto más roja que antes; el sudor caía a chorros por su rostro, pero él seguía moviéndose junto a la señora Grendel, cuya cabeza se balanceaba de lado a lado. Se había desmayado, pero sus pies aún se movían. Pasamos cerca de Bill, quien bailaba con Susie Watkins, y vi que los ojos aterrados de la chica recorrían todo el salón, pero Bill sólo movía su cabeza al ritmo de la música y sus ojos vidriosos estaban perdidos en la nada. El Hombre que Canta y Baila se rió desde su plataforma y continuó tocando. Escuché un grito y giré mi cabeza para ver a una mujer tirarse al piso, sosteniéndose la pierna con sus manos. Se había acalambrado. Le tenía envidia. Ella había conseguido parar, había conseguido descansar. Mis piernas se sentían como madera muerta y el dolor en mi espalda se había profundizado. Entonces su pareja de baile se paró en su tobillo y escuché el crujido desde mi lado de la sala. Él seguía bailando, con los ojos en blanco mientras se movía. Ella gritó de nuevo e intentó arrastrarse, pero en lugar de ello terminó parándose. Comenzó a bailar, dejando caer su peso sobre el tobillo roto. Una y otra, y otra vez. Me di la vuelta, pero no pude dejar de escuchar sus sollozos. La música continuaba. Miré mi reloj nuevamente y ya habían pasado tres horas. No paramos, no aminoramos el ritmo. Seguíamos moviéndonos al compás del violín. Sin importar las ampollas. Sin importar los dedos o tobillos rotos. Sin importar el profundo dolor de espalda que se rehusaba a desaparecer. Sin importar los corazones viejos ni las rodillas malas. Seguimos ese ritmo frenético como una masa: una criatura con una sola mente que se bamboleaba y saltaba. El Reverendo Harper murió. Vi cómo pasaba. Estaba sosteniendo a la todavía desmayada Sra. Grendel, cuando la soltó. Ambos cayeron al suelo. Él se retorció una vez, sus pies atinaron un súbito ritmo staccato, y luego se quedó tieso. La Sra. Grender se levantó y siguió moviéndose. Yo miraba a Harper mientras bailaba, intentando ver si respiraba. No lo hacía. Les juro que no lo hacía. Pero aun así se levantó. Estaba muerto, pero aún así se levantó y empezó a bailar de nuevo. Se dio vuelta para verme, y sonrió con la misma sonrisa del Hombre que Canta y Baila. Sus ojos estaban rojos, llenos de la sangre de lo que sea que se hubiese roto en su cerebro. Harper no fue el último. Probablemente no fue el primero. Los viejos y enfermos fueron los que más pronto caían. Agotamiento, ataques al corazón, hemorragias en algún lugar del cuerpo: murieron. Y entonces se levantaban y seguían bailando, sonriendo con esa sonrisa. Pasé cerca de Sam y Lisie. El había perdido sus anteojos. Sus ojos se movían por todo el lugar, totalmente conscientes. Miré su pierna y vi una quebradura expuesta, que rasgaba sus jeans. Dejaba tras de sí un rastro de sangre y cuando giraba, manchaba a las personas que estaban a su alrededor. Se paraba en esa pierna rota, saltaba sobre ella. Todo al ritmo del violín. El olor de la sangre se mezcló con el del sudor y ya no podía respirar. El aire era denso y por todas las direcciones escuchaba llantos, gritos, aunque nada acallaba el sonido del violín o del canto del Hombre que Canta y Baila. Y entonces se detuvo. Bailé un último paso y luego me hice parar. Miré hacia arriba, todos lo hicimos. Él estaba mirando su reloj de bolsillo. —¡Está bien amigos! ¡Es todo por esta noche! El baile ha termiando y la mañana ha llegado. Pueden irse si es que pueden caminar y deberían caminar rápido porque este Hombre que Canta y Baila se está yendo. Nos quedamos de pie allí, como aturdidos. Comenzamos a caminar a la salida de la carpa. Nadie corría, porque nadie podía hacerlo. Era un milagro que pudiésemos caminar. Sarah se me adelantó y se fue, pero yo me quedé. Me di vuelta y vi al menos veinte personas que aún estaban paradas allí, entre ellas Harper. Todas estaban sonriendo y sus ojos estaban vacios. Se mantuvieron de pie sin dar señales de querer irse. —Vete amigo, El Hombre que Canta y Baila ya tiene lo que quiere, pero le encantaría añadirte a su colección si te quedas ahí por mucho tiempo. —Lo miré y lo vi sonreír. Entonces le di la espalda y dejé la carpa. Cuando me volví a voltear todo había desaparecido, incluida la gente que estaba adentro. Ésa es la historia de lo que ocurrió. Los otros no la dirán o pretenderán que nunca ocurrió. Sin importar las 21 personas que desaparecieron esa noche, entre ellas la esposa del alcalde. Prefieren no pensar en ello. Sarah y yo llevamos a Sam al hospital en el pueblo vecino, lejos de las personas que sabían qué había ocurrido. Tuvieron que quitarle la pierna. Sam ya era una persona callada y luego de esto lo fue aún más. No se mueve mucho últimamente, sólo se sienta en el frente de su casa con un bastón en su regazo y masajea el muñón con su mano. Dice que le molesta en las noches frías, y en las cálidas, y en las húmedas, y en las secas. Bill dejó el pueblo y se unió a la armada, se quedó lo suficiente como para pelear en Vietnam y ganó un puñado de medallas. Volvió y sentó cabeza para beber (y beber mucho). Si quieres encontrarlo, puedes hacerlo en el bar de Eddie Dixon. Aunque no importa cuán borracho esté, no va a querer hablar de esa noche. Ninguno de nosotros se enteró mucho de Sarah después de eso. Parecía estar bien, pero ella siempre parecía estarlo. Dejó el pueblo y comenzó la universidad, pero al igual que Bill fue arrastrada de vuelta a Belle Carne. Ahora enseña inglés en la secundaria del pueblo. Y yo me quedé aquí, en la tienda de hardware. Incluso la administré por un tiempo, pero ahora no hago demasiado. Sólo me siento con Sam y a veces hablamos de algunas cosas. No tan a menudo, sin embargo, porque si me quedo hasta muy tarde o mucho tiempo, veré sus ojos llenarse de lágrimas mientras se encierra en sí mismo. Y podré escucharlo tararear un pequeño fragmento de una canción, y los cabellos de mi nuca se erizarán y sentiré escalofríos recorrer todo mi cuerpo. Entonces sé que mi pie empezará a golpetear a un pequeño ritmo en el piso de madera, y una amplia sonrisa se dibujará en el rostro de Sam. La sonrisa del Hombre que Canta y Baila.

1
6
L
La Dama de Blanco (Recoleta) (Leyenda Urbana)
ParanormalporAnónimo4/16/2013

La Dama de Blanco Rufinita Cambaceres, era una joven aristócrata hija de Eugenio Cambaceres un escritor de la década del 1800 y Luisa Baccini, al morir su padre de Tuberculosis, su madre paso a ser la “favorita” de Hipólito Yrigoyen (nuestro único Presidente soltero). Para ese entonces Rufina ya había cumplido catorce años, era muy agraciada y cantidad de mozos rondaban la antigua casona de Montes de Oca, sin obtener no obstante sus favores. Ella sabía a quién amaba, con ese silencio que la caracterizaba. Corría el año 1902, algunos hablan de 1903…, pero fue el día 31 de mayo en que Rufina cumplía sus diecinueve años, y Luisa había dispuesto una importante celebración para terminar luego la noche en el Teatro Colón disfrutando de una función lírica. Tales eran los planes. Sin embargo, el destino movió los hilos en un sentido diferente. Según cuentan, ese día del cumpleaños diecinueve de Rufina, recibió de labios de su amiga íntima una revelación que desencadenaría los hechos subsiguientes. Pues que el mismísimo novio de la niña mantenía relaciones con su bella madre, que eran amantes. El impacto que le produjo esta confidencia ocasionó a Rufina tal lacerante dolor, que su corazón literalmente se destrozó y le provocó la muerte en el acto. Uno de los médicos presentes diagnosticó un síncope. Tres médicos certificaron que Rufina había muerto. Hipólito Yrigoyen se cuidó de acompañar a Luisa e inhumar sus restos en la Recoleta. Sin embargo, esta funesta historia no había acabado aún; el espanto recién comenzaba. Un par de días más tarde, el cuidador de la bóveda de los Cambaceres debió comunicar a Luisa que descubrió abierto y con la tapa quebrada el féretro de Rufina. El cajón se había movido; y cuando lo abrieron, encontraron a la joven con el rostro y las manos arañados y amoratados. Se cuenta que Rufina habría sido víctima de un ataque de catalepsia y despertó en la oscuridad del sepulcro para rendirse y volver a morir después de una desconsolada y estéril pelea. Oficialmente se manifestó que se había tratado de un hurto, dado que la niña había sido enterrada con sus joyas más lucidas; no obstante, a Luisa le tocó vivir el resto de su vida remordida por el conocimiento y certidumbre de que su hija había padecido un ataque de catalepsia por lo que fue sepultada viva. Se dice que la joven Rufina, vaga entre las bóvedas por las noches, llorando por amor con su corazón destrozado… Esta es una foto de su tumba. En la cual hicieron una estatua a escala de la joven:

30
0
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.