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mangazoh

Usuario (Chile)

Primer post: 5 sept 2011
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Algoritmo ELO para ranking de ajedrez
Ciencia EducacionporAnónimo9/5/2011

Formula ELOEstá fórmula desarrollada por el profesor Arpad Emrick Elo para asignar la posición entre jugadores de ajedrez, fue usada por Mark Zuckerberg para un sitio web que antecedió a Facebook. En la película "Redes Sociales" el compañero de cuarto de Mark en la universidad, y posterior socio, Eduardo Severin, le muestra una formula que dibuja en la ventana del cuarto universitario. Ésta fórmula resulta ser la base para el sitio Facemash, que permitía comparar dos rostros de chicas de la universidad de Hardvard, y poder marcar cuál era más atractiva y cuál no o si empataban. De este modo se iba haciendo para cada una de las chicas en la base de datos un ranking de popularidad. El modo de asignar este ranking se basa en el algoritmo desarrollado por Elo para rankear a los jugadores de ajedrez considerando su nivel, esto es muy importante, pues no se puede comparar a quien tiene un nivel muy alto contra alguien que posee un bajo puntaje. en ese sentido, si así fuese, la fórmula pondera en función de la diferencia, asignando menos puntaje al que tenía más si es que gana, o un mayor puntaje al que derrotó a uno de alto nivel.La fórmula es la siguiente:En donde Ea es el ranking esperado para el jugador "a" y Eb es el ranking esperado para el jugador "b". El Ranking esperado surge a partir de los puntajes previos de los jugadores. Los cuales están expresados en Ra y Rb para cada jugador respectivamente. A partir de ahí la fórmula es fácil. Teniendo los puntajes del ranking de ambos jugadores, se puede extraer el ranking esperado.Sin embargo esto sólo permite obetener el valor del ranking esperado, posteriormente debe ser procesado junto con los resultados en una segunda formula que es continuación de la anterior. La fórmula para generar el nuevo puntaje es:Rn = Ro + C * (S - Se)El nuevo ranking está expresado con Rn. Ro es el ranking anterior (que se usó con Ra y Rb). C es una constante que varía de acuerdo al tipo de cálculo, para esto efectos la dejaremos en 30. El símbolo S especifica el resultado del encuentro, es decir, si gana, pierde o empata, el valor para esto es 1,0 para ganar, 0,5 para empate y 0,0 para la derrota. Y finalmente Se es el ranking esperado, que es el valor que obtuvimos en la formula primera.Veamos cómo funciona. Supongamos que tenemos 2 competidores (A y B) con puntajes de 300 y 400 respectivamente. Antes de enfrentarse calculamos las posibilidades para cada uno.El estimado para el jugador A (Ea) se calculará así:Ea = 1/10^(400-300)/400 = 0,360El estimado para el jugador B (Eb) será :Eb = 1/10^(300-400)/400 = 0,640Entonces tenemos que el factor esperado de acuerdo a su puntaje previo para cada uno esJugador A = 0,360Jugador B = 0,640Veamos entonces la segunda parte de la formula, que se realiza una vez que los jugadores se han enfrentado.Para obtener el Ranking nuevo (Rn) calculamos de la siguiente manera, suponiendo que A perdió y B ganó.Rna = 300 + 30 * ( 0,0 - 0,360 ) = 289Rnb = 400 + 30 * ( 1,0 - 0,640 ) = 411A bajó su puntaje y B subió 11 puntos.Sin embargo, si A hubiese llegado al torneo con 100 puntos y además hubiese ganado el resultado sería entonces :Rna = 125Rnb = 375Con una diferencia de 25 puntos en vez de 11. Lo que pondera la diferencia de puntos al iniciarse el juego y el resultado de éste. En cambio si A hubiese perdido el resultado hubiese sido:Rna = 95Rnb = 405Como ven una diferencia de 5 puntos, lo que hace justicia a la diferencia original de ambos jugadores.Si este Post te gustó entonces compártelo haciendo click en los botones de facebook, google+ y twitter de abajoGracias

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Comentarios al final de Danza con Dragones (ojo spoilers)
InfoporAnónimoFecha desconocida

Estimados y estimadasPongo a continuación el último capítulo de JON Nieve del libro Danza con Dragones de George R.R. Martin. Advertencia : Si no has leido los capítulos previos no sigas leyendo, pues habrá información del final del libro (spoilers).Este es el capítulo 69 del libro, luego le siguen La mano de la reina, con Ser Barristan como protagonista, posteriormente la aparación de Daenerys con su dragon, y finalmente con el epílogo que cuenta las últimas horas de Ser Kevan Lannister, regente del rey Tommen.Dejo este texto porque creo que es el más fuerte de los últimos, sin perjuicio que comentemos todo el libro y sus finales.---------------------------------------------------------------------------------69. JON (13)–Dejadlos morir– dijo la reina Selyse.Era la respuesta que esperaba Jon Nieve. «Esta reina nunca te decepciona». Sinembargo, eso no suavizó el golpe. –Su Alteza– insistió tercamente, –se están muriendode hambre a miles en Casa Austera. Muchos son mujeres–y niños, sí. Muy triste– La reina acercó hacia sí a su hija y le besó la mejilla. «Lamejilla que no estaba manchada por la psoriagrís», Jon hizo como si no lo notase. –Losentimos por los pequeños, por supuesto, pero tenemos que ser sensatos. No tenemoscomida para ellos y son muy pequeños para ayudar a mi esposo, el rey, en sus guerras.Será mejor para ellos renacer en la luz.Esa era una forma más suave de decir dejadlos morir.La estancia estaba llena de gente. La princesa Shireen se mantuvo junto al asiento de sumadre, mientras Caramanchada estaba sentado con las piernas cruzadas a sus pies. SerAxell Florent surgió de detrás de la reina. Melisandre de Asshai se mantenía cerca delfuego y el rubí en su garganta latía con cada respiración. La mujer roja también teníasus guardias – el escudero Devan Seaworth y dos de los centinelas que el rey le habíadejado.Los protectores de la reina Selyse estaban situados en torno a los muros, caballerosbrillantes en fila: Ser Malegorn, Ser Benethon, Ser Narbert, Ser Patrek, Ser Dorden, SerBrus. Con tantos salvajes sedientos de sangre infestando el Castillo Negro, Selysemantenía a sus espadas juramentadas cerca noche y día. Tormund Matagigantes lehabía rugido –Tiene miedo de que se la lleven por delante1, ¿verdad? Espero que no lehayas dicho lo grande que es mi polla, Jon Nieve, eso asustaría a cualquier mujer.Siempre quise una para mí con bigote– . Después rió y rió.«Ahora no se reiría».Jon ya había perdido demasiado tiempo allí. –Siento haberos importunado, Alteza. LaGuardia de la Noche se hará cargo de este asunto.A la reina le palpitaban las2 aletas de la nariz. –Así que aún pensáis cabalgar hasta CasaAustera. Lo veo en vuestra cara. Dejadlos morir, dije. Y aun así persistís en estalocura. No lo neguéis.–Debo hacer lo que crea conveniente. Con todo respeto, su Alteza, el Muro es mío y ladecisión también.–Lo es– concedió Selyse, –y responderéis por ello cuando vuelva el rey. Y por otrasdecisiones que habéis tomado, me temo. Pero veo que sois sordo ante la sensatez.Haced lo que debáis.Ser Malegorn levantó la voz. –Lord Nieve, ¿quién va a liderar la exploración?–¿Os estáis ofreciendo, ser?–¿Tengo pinta de estar loco?Caramanchada dio un salto. –Yo la lideraré– Sus cascabeles sonaron alegremente. –Marcharemos hasta el mar y volveremos. Bajo las olas cabalgaremos caballos de mar ylas sirenas soplaran conchas marinas anunciando nuestra llegada, oh, oh, oh.Todos rieron. Incluso la reina Selyse se permitió esbozar una pequeña sonrisa. Jon sedivertía menos. –No pediré a mis hombres que hagan lo que yo no haría. Pienso lideraryo la expedición.–Qué audaz por vuestra parte– dijo la reina. –Lo aprobamos. Después algún bardo haráuna canción conmovedora sobre vos, sin duda, y tendremos un Lord Comandante másprudente– Tomó un sorbo de vino. –Hablemos de otros temas. Axell, traed al reysalvaje, si sois tan amable.–Ahora mismo, su Alteza.– Ser Axell atravesó la puerta y volvió un momento despuéscon Gerrik Kingsblood. –Gerrick de la casa Barbarroja3– anunció, –Rey de losSalvajes.Gerrick Kingsblood era un hombre alto, de largas piernas y ancho de hombros. Alparecer, la reina lo había vestido con algunas de las prendas viejas del rey. Lavado ycepillado, envuelto en terciopelos verdes y una capa corta de armiño, con su largo pelorojo limpio y su fiera barba afeitada y recortada, el salvaje parecía un señor sureño.«Podría entrar en el salón del trono en Desembarco del Rey y nadie ni pestañaría»,pensó Jon.–Gerrick es el único y verdadero rey de los salvajes– dijo la reina, –descendiente deuna línea (dinástica) masculina continua desde el gran rey Raymun Barbarroja, mientrasque el usurpador Mance Rayder nació de una mujer cualquiera y su padre era uno devosotros, hermanos negros.«No», podría haber dicho Jon, «Gerrick desciende de un hermano menor de RaymunBarbarroja». Para el Pueblo Libre eso contaba tanto como ser descendiente del caballode Raymun Barbarroja. «No saben nada, Ygritte. Y lo que es peor, no aprenderán».–Gerrick ha tenido la deferencia de dar la mano de su hija mayor a mi querido Axell,para ser unidos por el Señor de la Luz en sagrado matrimonio– dijo la reina Selyse. –Sus otras hijas se casarán al mismo tiempo, la segunda hija con Ser Brus Buckler y lapequeña con Ser Malegorn de Redpool.–Señores– Jon inclinó la cabeza ante los caballeros en cuestión. –Que encuentrenustedes la felicidad con sus prometidas.3No recuerdo si en anteriores libros se traducía o no. En cualquier caso, es Redbeard.–Bajo el mar, los hombres se casan con los peces– Caramanchada hizo un pequeño pasode baile, haciendo tintinear sus cascabeles. –Lo hacen, lo hacen, lo hacen.La reina Selyse estiró la nariz una vez más. –Se pueden celebrar cuatro bodas tanfácilmente como tres. Ha pasado ya tiempo desde que esta mujer, Val, ha vuelto, LordNieve. He decidido que se casará con mi buen y leal caballero, Ser Patrick de laMontaña del Rey.–¿Se le ha comunicado eso a Val, su Alteza?– preguntó Jon. –Para el Pueblo Libre,cuando un hombre desea a una mujer, la roba, y así da pruebas de su fuerza, su astucia ysu coraje. El pretendiente se arriesga a una paliza salvaje si la familia de la mujer loatrapa, y es aún peor si ésta no lo encuentra digno de ella.–Una costumbre salvaje– dijo Axell Florent.Ser Patrek sólo rió. –Ningún hombre ha tenido motivos para cuestionar mi coraje.Ninguna mujer lo hará jamás.La reina Selyse frunció los labios. –Lord Nieve, como Lady Val no conoce nuestrascostumbres, por favor, enviádmela para que la instruya en las obligaciones de una mujernoble para con su esposo.«Eso saldrá de maravilla, seguro». Jon se preguntó si la reina estaría tan entusiasta conver a Val casada con uno de sus propios caballeros si supiese los sentimientos de Valcon respecto a la princesa Shireen. –Como deseéis– dijo –pero si pudiese hablarlibremente...–No, no lo creo. Os podéis retirar.Jon Nieve dobló la rodilla, hizo una reverencia con la cabeza, se retiró.Daba los paso de a dos, saludando a los guardias de la reina a la vez que descendía. SuAlteza había puesto hombres en cada lugar para que la mantuvieran a salvo de lossalvajes asesinos. A medio camino en el descenso, oyó una voz a su espalda. –JonNieve.Jon se dio la vuelta. –Lady Melisandre.–Debemos hablar.–¿Debemos?– «No lo creo». –Mi señora, tengo cosas que hacer.–Es de esas cosas de las que quiero hablar– Bajó las escaleras, haciendo susurrar eldobladillo de su falda escarlata con cada paso. Casi parecía que flotaba. –¿Dónde estávuestro lobo huargo?–Dormido en mis habitaciones. Su Alteza no permite a Fantasma en su presencia. Diceque asusta a la princesa. Y mientras Borroq y su jabalí estén por aquí, no me arriesgaréa tenerlo suelto– El cambiapieles iba a irse con Soren Rompedor-de-Escudos haciaPuertapiedra una vez que volviesen los wayns que llevaban al clan de Seal-Skinnerhacia Guardiaverde. Hasta entonces, Borroq se había instalado en una de las antiguastumbas junto al cementerio del castillo. Al parecer, le gustaba más la compañía dehombres muertos hacía tiempo que la de los hombres vivos y su jabalí parecía felizpaseando entre las tumbas, lejos de otros animales. –Esa cosa tiene el tamaño de unbuey, con colmillos largos como espadas. Fantasma iría tras él si estuviese suelto y unode los dos, o ambos, no sobreviviría el encuentro.–Borroq es la última de vuestras preocupaciones. Esta expedición…–Una palabra vuestra habría persuadido a la reina.–Selyse tiene razón en este caso, Lord Nieve. Dejadlos morir. No podéis salvaros.Vuestras naves se han perdido.–Aún quedan seis. Más de la mitad de la flota.–Vuestras naves están perdidas. Todas ellas. Ningún hombre volverá. Lo he visto enmis llamas.–Se sabe que vuestras llamas mienten.–He cometido errores, lo he admitido, pero...–Una niña gris en un caballo moribundo. Puñales en la oscuridad. Un príncipeprometido, nacido de humo y sal. Me parece que no hacéis más que cometer errores, miseñora. ¿Dónde está Stannis? ¿Qué pasa con Casaca de Matraca y sus mujeres?¿Dónde está mi hermana?–Todas vuestras preguntas serán respondidas. Mirad los cielos, Lord Nieve. Y cuandotengáis vuestras respuestas, llamadme. El invierno está casi sobre nosotros. Soyvuestra única esperanza.–La esperanza de un loco– . Jon se dio la vuelta y la dejó.Leathers estaba rondando fuera. –Toregg ha vuelto– informó a Jon cuando éste salió. –Su padre ha instalado a su gente en Escudo de Roble y volverá esta tarde con ochentaguerreros. ¿Qué dijo la reina barbuda?–Su Alteza no puede proporcionarnos ayuda.–Está muy ocupada desplumándose la barbilla, ¿no?– escupió Leathers. –No importa.Los hombres de Tormund y los nuestros serán suficientes.«Suficiente para llegar hasta allí, quizás». Era el viaje de vuelta lo que preocupa a JonNieve. Al regreso, se verían retrasados por miles de personas del Pueblo Libre, muchosenfermos o desnutridos. «Un río humano moviéndose más lentamente que un río dehielo». Eso los hacía vulnerables. «Cosas muertas en los bosques. Cosas muertas en elagua». –¿Cuántos hombres son suficientes?– preguntó a Leathers. –¿Cien?¿Doscientos? ¿Quinientos? ¿Mil?– «¿Debería llevar más o menos hombres?» Unaexpedición pequeña llegaría antes a Casa Austera… pero ¿de qué servirían las espadassin comida? Madre Topo y su gente ya se comían a sus propios muertos. Paraalimentarlos, Jon necesitaría llevar carretas y carros, y animales preparados paraarrastrarlos – caballos, bueyes, perros. En lugar de volar a través del bosque, estaríancondenados a gatear. –Aún hay mucho que decidir. Que corra la voz. Quiero a todoslos capitanes en el Salón del Escudo cuando comience el turno de guardia de noche.Tormund ya debería haber regresado para entonces. ¿Dónde puedo encontrar a Toregg?–Con el pequeño monstruo, cómo no. He oído que le ha tomado cariño a una de susamas de leche.«Le ha tomado cariño a Val. Su hermana era una reina, ¿por qué no ella?» Tormundhabía pensado una vez en ser él mismo Rey-Más-Allá-Del-Muro, antes de que Mance lodepusiese. Toregg el Alto podía tener también el mismo sueño. «Mejor él que GerrickKingsblood». –Déjalos– dijo Jon, –puedo hablar con Toregg más tarde.– Miró más alláde la Torre del Rey. El Muro estaba de un blanco mate, y el cielo sobre él era aún másblanco. «Un cielo de nieve». –Sólo recemos para que no venga otra tormenta.Fuera de la armería, Mully y la Pulga estaban de guardia y tiritando. –¿No deberíaisestar dentro, a merced del viento?– preguntó Jon.–Eso sería genial, mi señor– dijo Fulk el Pulga, –pero vuestro lobo no está de humorpara tener compañía hoy.Mully asintió. –Intentó darme un bocado.–¿Fantasma?– Jon estaba asombrado. –A menos que su señoría tenga algún otro loboblanco, sí. Nunca lo había visto así, mi señor. Quiero decir, asalvajado.Jon descubrió por sí mismo cuando entró por la puerta que Mully no estaba equivocado.El gran lobo huargo blanco ya no estaba tumbado. Iba de un lado a otro de la armería,hasta pasar la forja y de vuelta otra vez. –Tranquilo, Fantasma– lo llamó Jon. –Abajo.Siéntate, Fantasma. Abajo– Incluso cuando fue a tocarlo, el lobo se erizó y enseñó losdientes. «Es ese puñetero jabalí. Incluso aquí, Fantasma puede oler su peste».El cuervo de Mormont parecía estar agitado también. –Nieve– el pájaro seguía gritando.–Nieve, nieve, nieve– Jon lo espantó y cuando Satin había encendido el fuego lo envió abuscar a Bowen Marsh y a Othell Yarwyck. –Trae también una jarra de vino caliente.–¿Tres copas, mi señor?–Seis. Mully y la Pulga parecen necesitar algo de calor. Y tú también.Cuando Satin se fue, Jon se sentó y echó otro vistazo a los mapas de las tierras al nortedel Muro. La ruta más rápida hasta Casa Austera era bordeando la costa… desdeGuardiaoriente. Los bosques eran más estrechos cerca del mar; el terreno,principalmente llanuras, colinas onduladas y marismas salinas. Y cuando las tormentasde otoño llegaran como un vendaval, en la costa habría aguanieve, granizo y lluviahelada en lugar de nieve. «Los gigantes están en Guardiaoriente y Leathers dice quealgunos ayudarán». Desde el Castillo Negro la ruta era más difícil, a través del corazóndel bosque encantado. «Si la nieve es profunda en el Muro, ¿cuánto peor no será allíarriba?»Marsh entró resoplando, Yarwyck con cara severa. –Otra tormenta– anunció el PrimerConstructor. –¿Cómo vamos a trabajar así? Necesito más albañiles.–Usa a la gente libre– dijo Jon.Yarwyck negó con la cabeza. –Dan más problemas de lo que trabajan, eso.Descuidados, desprolijos, vagos… algunos buenos trabajadores aquí y allá, no lonegaré, pero difícilmente un albañil entre todos ellos, y menos un herrero. Espaldasfuertes, puede ser, pero no harán lo que se les diga. Y nosotros tenemos que transformaresas ruinas en fuertes. No puede hacerse, mi señor. Le digo la verdad. No puedehacerse.–Se hará– dijo Jon, –o vivirán en las ruinas.Un señor necesitaba hombres a su alrededor a los que pedirles consejo honesto. Marshy Yarwyck no lo adulaban, y eso era bueno… pero tampoco eran ninguna ayuda. Cadavez más, se daba cuenta de que sabía lo que diría antes de preguntarles.Su desaprobación era profunda especialmente en lo que concernía al Pueblo Libre.Cuando Jon puso a Soren Rompedor-de-Escudos en Puertapiedra, Yarwyck se quejó deque estaría muy aislado. ¿Cómo podrían saber qué maldades podría llegar a hacer, alláen aquellas colinas? Cuando concedió Escudo de Roble a Tormund Matagigantes yPuerta de la Reina a Morna Máscara Blanca, Marsh señaló que el Castillo Negro estaríaahora con rodeado por ambos lados con gente que podría aislarlo completamente delresto del Muro. Con respecto a Borroq, Othel Yarwyck señaló que los bosques al nortede Puertapiedra estaban llenos de jabalíes salvajes. ¿Quién podría asegurar que elcambiapieles no iba a reclutar su propio ejército de cerdos?Colina Escarcha y Puertaescarcha aún no tenían fuertes, por lo que Jon les habíapreguntado su opinión acerca de cuáles de los jefes salvajes y señores de la guerra quequedaban deberían enviarse para dirigirlos. –Tenemos a Brogg, Gavin el Comerciante,la Gran Morsa… Howd Trotamundos va solo, dice Tormund, pero aún están Harle elCazahombres, Harle el Apuesto, Doss el Ciego… Ygon Old-father también dirige aunos cuantos, pero la mayor parte son sus propios hijos y nietos. Tiene dieciochomujeres, la mitad de ellas tomadas a la fuerza en saqueos. Cuál de estos…–Ninguno– había dicho Bowen Marsh. –Conozco a todos esos hombres por sus hechos.Deberíamos estar asegurándonos de tenerlos bien atados, no dándoles nuestros castillos–Sí– coincidió Othell Yarwyck. –Un mendigo puede elegir entre lo malo, lo más malo ylo peor. Mi señor nos regala una manada de lobos y nos pregunta cuál nos gustaría quenos muerda la garganta.Sucedía lo mismo ahora con respecto a Casa Austera. Satin les sirvió el vino mientrasJon les contaba su audiencia con la reina. Marsh escuchaba atentamente, ignorando elvino caliente, mientras Yarwyck bebía una copa tras otra. Pero tan pronto como Jonterminó el Lord Mayordomo dijo –Su Alteza es sabia. Dejadlos morir.Jon se echó hacia atrás. –¿Es ese todo el consejo que podéis darme, mi señor? Tormundme trae ochenta hombres. ¿Cuántos deberíamos enviar? ¿Deberíamos recurrir a losgigantes? ¿A las mujeres de Long Barrow? Si llevamos mujeres con nosotros, será másfácil tratar con la gente de Madre Topo.–Enviad mujeres, pues. Enviad gigantes. Enviad bebés de pecho. ¿Eso es lo que miseñor quiere escuchar?– Bowen Marsh se frotó la cicatriz que se había traído de Puentede Calaveras. –Mandadlos a todos. Cuantos más se vayan, menos bocas tendremos quealimentar.Yarwyck no ayudó mucho más. –Si los salvajes de Casa Austera necesitan que lossalven, dejad a los salvajes ir a salvarlos. Tormund conoce el camino hasta CasaAustera. Por cómo habla, podría salvarlos a todos él solo con su miembro.«Esto ha sido inútil», pensó Jon. «Inútil, infructuoso, desesperado». –Gracias porvuestro consejo, mis señores.Satin los ayudó a ponerse las capas. Mientras atravesaban la armería, Fantasma losolfateó, con el rabo en alto y el pelo erizado. «Mis hermanos». La Guardia de la Nochenecesitaba líderes con la sabiduría del Maestre Aemon, los conocimientos de SamwellTarly, el coraje de Qhorin Mediamano, la fuerza tenaz del Viejo Oso, la compasión deDonal Noye. En cambio, tenía a estos.La nieve caía con fuerza fuera. –El viento viene del sur– observó Yarwyck. –Estásoplando la nieve directo contra el Muro. ¿Lo veis?Tenía razón. Jon vio que la escalera zigzagueante estaba enterrada casi hasta el primerdescansillo y las puertas de madera de las celdas de hielo y los almacenes habíandesaparecido detrás de un muro blanco. –¿Cuántos hombres tenemos en las celdas dehielo?– le preguntó a Bowen Marsh.–Cuatro vivos. Dos muertos.«Los cadáveres». Jon casi los había olvidado. Había tenido la esperanza de aprenderalgo de los cuerpos que habían traído de vuelta del bosquecillo de arcianos, pero loshombres muertos se había mantenido tercamente muertos. –Tenemos que desbloquearesas celdas.–Diez albañiles y diez palas lo harán– dijo Marsh.–Usad también a WunWun.–Como mandéis.Diez peones y un gigante poco podían hacer en la ventisca, pero incluso cuando laspuertas estuvieron liberadas, Jon no estaba satisfecho. –Esas celdas están enterradasuna vez más por la mañana. Debemos mover a los prisioneros antes de que seasfixien– .–¿Karstark también, mi señor?– preguntó Fulk el Pulga. –¿No podríamos simplementedejarlo tiritar hasta la primavera?–Lo haríamos si pudiéramos– Cregan Karstark se había acostumbrado a aullar por lasnoches y a tirar heces congeladas a cualquiera que fuese a llevarle comida. Aquello nohabía hecho que los guardias lo quisiesen mucho. –Llevadlo a la torre del LordComandante. Debería caber en la cripta inferior.– A pesar de que estaba parcialmentederrumbada, la antigua residencia del Viejo Oso sería más caliente que las cedas dehielo. Sus bodegas bajas estaban prácticamente intactas.Cregan pateó a los guardias cuando atravesaron la puerta, se revolvió y empujó cuandolo agarraron, e incluso intentó morderlos. Pero el frío lo había debilitado y los hombresde Jon eran más grandes, más jóvenes y más fuertes. Lo llevaron fuera, aúnforcejeando, y lo arrastraron a través de la nieve que cubría hasta las rodillas, hasta sunuevo hogar.–¿Qué querría el Lord Comandante que hiciéramos con los cadáveres?– preguntó Marshcuando ya habían trasladado a los vivos.–Dejadlos– Si la tormenta los enterraba, perfecto. Necesitaría quemarlos en algúnmomento, sin duda, pero por el momento estaban encadenados con grilletes de acero ensus celdas. Eso, y el hecho de que estuviesen muertos, debía ser suficiente paramantenerlos inofensivos.Tormund Matagigantes llegó a la hora calculada, haciendo estruendo con sus guerreroscuando ya se había terminado de cavar. Parecía que sólo habían acudido cincuenta, enlugar de los ochenta que Toregg había prometido a Leathers, pero a Tormund no lollamaban el Gran Hablador por nada. Los salvajes llegaron con las caras rojas, pidiendoa gritos un cuerno de cerveza y algo caliente para comer. Tormund tenía hielo en labarba y una costra en el bigote.Alguien ya le había hablado al Puño de Trueno acerca de Gerrick Kingsblood y sunuevo estilo. –¿Rey de los Salvajes?– rugió Tormund. –¡Ja! Rey de mi Ojo del CuloPeludo, mejor dicho.–Tiene un aspecto majestuoso– dijo Jon.–Lo que tiene es una polla pequeñita y roja a juego con todo ese pelo rojo, eso es lo quetiene. Raymund Barbarroja y sus hijos murieron en Lagolargo, gracias a tus puñeterosStark y el Gigante Borracho. No el hermano pequeño. Siempre me pregunto por qué lollamarían el Cuervo Rojo– La boca de Tormund se abrió en una sonrisa enseñando losdientes. –Era el primero en correr a la batalla. Hubo una canción sobre ello, después.El cantante tenía que encontrar una rima para cuervo, así que…– Se limpió la nariz. –Silos caballeros de tu reina quieren esas chicas suyas, que se las queden.–Chicas– graznó el cuervo de Mormont. –Chicas, chicas.Eso hizo que Tormund empezase a reír otra vez. –Esto sí que es un pájaro con sensatez.¿Cuánto quieres por él, Nieve? Te di un hijo, lo menos que podrías hacer es darme elmaldito pájaro.–Lo haría– dijo Jon, –pero lo más probable es que te lo comerías.Tormund rugió también entonces. –Comer– dijo el cuervo sombríamente, batiendo susalas negras. –¿Maíz? ¿Maíz? ¿Maíz?–Tenemos que hablar de la expedición– dijo Jon. –Quiero que seamos uno solo en elSalón del Escudo, debemos– Se calló cuando Mully asomó las narices por la puerta, conla cara lúgubre, para anunciar que Clydas traía una carta.–Dile que te la dé. La leeré más tarde.–Como digáis, mi señor, es sólo que… Clydas no parece él mismo… está más blancoque rosa, si me entendéis… y está temblando.–Alas negras, palabras negras– murmuró Tormund. –¿No es lo que decís los que osarrodilláis?–Decimos sangrar un resfriado pero festejar la fiebre también– le dijo Jon. –DecimosNunca bebas con dornienses con la luna llena. Decimos muchas cosas.Mully añadió sus dos chascarrillos –Mi vieja abuela solía decir los amigos del verano sederretirán como las nieves del verano, pero los amigos del invierno serán amigos parasiempre.–Creo que ya hemos tenido suficiente sabiduría por el momento– dijo Jon Nieve. –Dejaentrar a Clydas, si eres tan amable.Mully no estaba equivocado; el viejo mayordomo estaba temblando, su cara tan pálidacomo la nieve fuera. –Estaré siendo estúpido, Lord Comandante, pero… esta carta mehorroriza. ¿La ve?«Bastardo», era la única palabra escrita por fuera en el rollo. No Lord Nieve o JonNieve o Lord Comandante. Simplemente Bastardo. Y la carta estaba sellada con unmanchón de cera rosa fuerte. –Has hecho bien en venir directamente a mí– dijo Jon.«Has hecho bien en asustarte». Rompió el sello, estiró el pergamino y leyó.Tu falso rey está muerto, bastardo. Él y toda su hueste fueron aniquilados en siete díasde batalla. Tengo su espada mágica. Díselo a su puta roja.Tu falso rey y sus amigos están muertos. Sus cabezas, sobre los muros de Invernalia.Ven a verlos, bastardo. Tu falso rey mintió y tú también. Le dijiste al mundo quehabías quemado al Rey-más-allá-del-Muro. En lugar de eso lo mandaste a Invernaliaa robarme a mi mujer.Tendré a mi mujer de vuelta. Si quieres otra vez a Mance Rayder, ven a por él. Lotengo en una jaula para que lo vea todo el norte, como prueba de tus mentiras. Lajaula es fría, pero le he hecho una capa calentita con las pieles de las seis putas quevinieron con él a Invernalia.Quiero a mi mujer de vuelta. Quiero a la reina del falso rey. Quiero a su hija y a subruja roja. Quiero a su princesa salvaje.Quiero al pequeño príncipe, el bebé salvaje. Y quiero a mi Hediondo. Mándamelos,bastardo, y no te molestaré ni a ti ni a tus cuervos negros. No lo hagas y te cortaré tucorazón de bastardo y te lo haré comer.Estaba firmada,Ramsay BoltonAuténtico Señor de Invernalia–¿Nieve?– dijo Tormund Matagigantes. –Parece como si la cabeza sangrante de tu padrehubiera salido rodando de ese pergamino.Jon Nieve no contestó en el momento. –Mully, ayuda a Clydas a volver a sushabitaciones. La noche es oscura y los senderos estarán resbaladizos con la nieve.Satin, ve con ellos.– Le tendió la carta a Tormund Matagigantes. –Aquí tienes. Míralotú mismo.El salvaje le echó una mirada dubitativa a la carta y la devolvió. –Sonará mal… peroTormund Puño de Trueno tiene cosas mejores que hacer que aprender a que los papelesle hablen. Nunca tienen nada bueno que decir, ¿verdad?–Casi nunca– admitió Jon Nieve. «Alas negras, palabras negras». Quizás había másverdad en aquel dicho antiguo de la que él creía. Fue enviada por Ramsay Nieve. Teleeré lo que escribió.Cuando acabó, Tormund silbó. –Es jodido, sin duda. ¿Qué es eso que dice sobreMance? ¿Qué lo tiene en una jaula? ¿Cómo, si cientos vieron a la bruja roja quemarlovivo?«Ese era Casaca de Matraca», casi dijo Jon. «Eso era brujería. Un reclamo, lo llamó».–Melisandre… dijo mira los cielos– Dejó la carta. –Un cuervo en la tormenta. Ella lovio venir– «Cuando tengáis vuestras respuestas, llamadme».–Puede que sea un atajo de mentiras– Tormund se rascó la barba. –Si tuviese una buenapluma de oca y un caldero de tinta de maestre, podría escribir que mi miembro es largoy gordo como mi brazo, y no por ello es así.–Tiene Dueña de Luz. Habla de cabezas sobre los muros de Invernalia. Sabe lo de lasmujeres y cuántas eran– «Sabe lo de Mance Rayder». –No. Esto es verdad.–No diré que te equivocas. ¿Qué piensas hacer, cuervo?Jon dobló los dedos de la mano de la espada. «La Guardia de la Noche no tomapartido». Cerró el puño y lo abrió otra vez. «Lo que propones no es menos quetraición». Pensó en Robb, con copos de nieve derritiéndose en su pelo. «Mata al niño ydeja nacer al hombre». Pensó en Bran, trepando por las paredes de una torre, ágil comoun mono. En la risa sin aliento de Rickon. En Sansa, cepillando su capa de señora ycantando para sí. «No sabes nada, Jon Nieve». Pensó en Arya, con su pelo enredadocomo el nido de un pájaro. «Le hice una capa calentita con las pieles de las seis putasque vinieron con él a Invernalia… Quiero a mi mujer de vuelta… Quiero a mi mujer devuelta… Quiero a mi mujer de vuelta…»–Creo que mejor deberíamos cambiar el plan– dijo Jon Nieve.Hablaron durante casi dos horas.Horse y Rory habían reemplazado a Fulk y a Mully en la puerta de la armería con elcambio de guardia. –Conmigo– les dijo Jon cuando llegó el momento. Fantasma lohubiera seguido también, pero cuando el lobo vino sigilosamente tras ellos, Jon loagarró por el cuello y lo volvió a meter dentro. Borroq podría estar entre laconcurrencia en el Salón del Escudo. Lo último que necesitaba ahora era que su loboatacase al jabalí del cambiapieles.El Salón del Escudo era una de las partes más antiguas del Castillo Negro, una sala defiestas larga y ventilada, de piedra oscura, con las vigas de roble negras por el humo delos siglos. Antes, cuando la Guardia de la Noche era mucho más numerosa, sus murosestaban decorados con filas de brillantes escudos de madera coloreada. Entonces, comoahora, cuando un caballero se vestía de negro, la tradición decretaba que dejase susarmas antiguas y tomase el escudo negro liso de la hermandad. Los escudosdescartados acababan, así, colgados en el Salón del Escudo.Cientos de caballeros implicaba cientos de escudos. Halcones y águilas, dragones ygrifos, soles y venados, lobos y wyverns, mantícoras, toros, árboles y flores, arpas,lanzas, langostas y krakens, leones rojos y leones dorados y leones a cuadros, búhos,corderos, doncellas y sirenos, sementales, estrellas, cántaros y hebillas, hombresdesollados y hombres colgados y hombres ardiendo, hachas, espadas largas, tortugas,unicornios, osos, plumas, arañas y serpientes y escorpiones y cien símbolos heráldicosmás habían adornado el Salón del Escudo, blasonado en más colores que cualquierarcoíris que pudiera soñarse.Pero cuando un caballero moría, el escudo se descolgaba y debía ir con él a su pira otumba. Según pasaron los años, cada vez menos caballeros se vestían de negro. Llegóun día en que no tuvo más sentido que los caballeros del Castillo Negro cenasen aparte.El Salón del Escudo fue abandonado. En los últimos cien años, había sido utilizado deforma poco frecuente. Como sala para cenar dejaba mucho que desear – era oscura,sucia, tenía corrientes de aire y era difícil de calentar en invierno, sus bodegas estabaninfestadas de ratas, sus enormes vigas de madera, comidas por los gusanos y adornadascon telarañas.Pero era lo suficientemente amplia y larga como para que se sentasen doscientos, y lamitad más si se apretujaban. Cuando Jon y Tormund entraron, un sonido atravesó elsalón, como un avispero en movimiento. Los salvajes sobrepasaban en número a loscuervos a razón de cinco a uno, a juzgar por el poco negro que vio. Quedaba menos deuna docena de escudos, cosas tristes y grises con pintura descolorida y grietas en lamadera. Pero había teas nuevas ardiendo en las antorchas de hierro de los muros y Jonhabía ordenado que se pusiesen mesas y bancos. Los hombres con un asiento cómodoestaban más inclinados a escuchar, le había dicho una vez el Maestre Aemon; loshombres de pie estaban más inclinados a gritar.En la parte alta del salón había una plataforma combada. Jon se subió a ella, conTormund Matagigantes a su lado, y levantó las manos pidiendo silencio. Las avispaszumbaron más fuerte. Entonces Tormund se puso su cuerno de guerra en la boca y dioun toque. El sonido llenó el salón, haciendo ecos en las vigas sobre las cabezas. Sehizo el silencio.–Os he mandado llamar para hacer planes para el auxilio de Casa Austera– , empezó JonNieve. –Miles del Pueblo Libre están allí, atrapados y muriendo de hambre, y hemostenido informes de cosas muertas en el bosque.– A la izquierda vio a Marsh y Yarwyck.Othell estaba rodeado de sus albañiles, mientras que Bowen tenía a Wick Whittlestick,Lew Manoizquierda y Alf de Runnymudd junto a él. A su derecha, Soren Rompedorde-Escudos estaba sentado con sus brazos cruzados contra el pecho. Más atrás, Jon vioa Gavin el Comerciante y a Harle el Apuesto susurrándose entre ellos. Ygon Old-fatherestaba sentado entre sus mujeres, Howd Trotamundos solo. Borroq se apoyaba contra elmuro en una esquina oscura. Por suerte, no se veía a su jabalí por ninguna parte. –Losbarcos que envié a Madre Topo y su gente se hundieron por las tormentas. Debemosenviar cualquier ayuda que podamos por tierra o dejarlos morir– Jon vio que dos de loscaballeros de la reina Selyse también habían ido. Ser Narbert y Ser Benethon semantuvieron cerca de la puerta al fondo del Salón. Pero el resto de los hombres de lareina brillaron por su ausencia. –Tenía la esperanza de liderar la expedición yo mismo ytraer de vuelta a toda la gente que pudiera sobrevivir al viaje– Una ráfaga roja en elfondo del salón captó la mirada de Jon. Lady Melisandre había llegado. –Pero ahoraveo que no puedo ir al Casa Austera. La expedición irá al mando de TormundMatagigantes, conocido por todos vosotros. Le he prometido tantos hombres comorequiera.–¿Y dónde estarás tú, cuervo?– tronó Borroq. –¿Escondiéndote aquí en el CastilloNegro con tu perro blanco?–No. Yo cabalgaré al Sur– Después, Jon les leyó la carta que Ramsay Bolton le habíaescrito.El Salón del Escudo se volvió loco.Todos los hombres empezaron a gritar a la vez. Se pusieron de un salto de pie, agitandolos puños. «Demasiado para el poder calmante de los cómodos bancos». Se blandieronespadas, las hachas se golpearon contra los escudos. Jon Nieve miró a Tormund. ElMatagigantes sopló el cuerno una vez más, dos veces más largo y dos veces más fuerteque la primera vez.–La Guardia de la Noche no toma partido en las guerras de los Siete Reinos– les recordóJon cuando volvió un atisbo de calma. –No es cosa nuestra oponernos al Bastardo deBolton, ni vengar a Stannis Baratheon, ni defender a su mujer y a su hija. Esta criaturaque hace capas con la piel de las mujeres ha jurado que cortará mi corazón y miintención es hacerlo responder por esas palabras… pero no pediré a mis hermanos querenuncien a sus votos.–La Guardia de la Noche se ocupará de Casa Austera. Yo cabalgaré a Invernalia solo, amenos que…– Jon tomó una pausa. –… ¿Hay algún hombre que cabalgue conmigo?El rugido fue todo el que podía haber esperado; el tumulto tan alto que dos viejosescudos se cayeron de las paredes. Soren Rompedor-de-Escudos estaba a sus pies. ElTrotamundos también. Toregg el Alto; Brogg; ambos, Harle el Cazador y Harle elApuesto, Ygon Oldfather, Doss el Ciego, incluso el Gran Morsa. «Tengo mis espadas»,pensó Jon Nieve, «y vamos a por ti, Bastardo».Vio cómo Yarwyck y Marsh se escabulleron fuera y sus hombres tras ellos. Noimportaba. No los necesitaba ahora. «No los quería. Ningún hombre podrá decir quehice que mis hermanos rompiesen sus votos. Si esto es romper un juramento, el crimenes mío y sólo mío». Entonces Tormund le palmeó la espalda, con una sonrisa de oreja aoreja. –Bien dicho, cuervo. ¡Ahora trae el hidromiel! Hazlos tuyos y emborráchalos,así es cómo se hace. Haremos de ti un salvaje, muchacho. ¡Ja!–Mandaré por cerveza– dijo Jon distraído. Se había dado cuenta de que Melisandre sehabía ido y también los hombres de la reina. «Debería haber ido a hablar con Selyseprimero».«Ella tiene derecho a saber que su señor ha muerto». –Debéis excusarme. Os dejarépara que los emborrachéis vos.–¡Ja! Esa es una tarea para la que estoy muy bien preparado, cuervo. ¡Id!Horse y Rory lo siguieron cuando dejó el Salón del Escudo. «Debo hablar conMelisandre después de ver a la reina», pensó. «Si ella pudo ver un cuervo en unatormenta, puede encontrar a Ramsay Nieve por mí». Después escuchó el grito… y unrugido tan alto que parecía sacudir el muro. –Viene de la Torre de Hardin, mi señor–informó Horse. Iba a decir algo más, pero el grito lo interrumpió.«Val», fue el primer pensamiento de Jon. Pero no era el grito de una mujer. «Es unhombre agonizando». Empezó a correr. Horse y Rory corrieron tras él. –¿Es unespectro?– preguntó Rory. Jon dudó. ¿Podrían haberse soltado de sus cadenas loscadáveres?Cuando llegaron a la Torre de Hardin los gritos habían terminado, pero Wun Weg WunDar Wun aún estaba rugiendo. El gigante llevaba colgado por una pierna un cadáversangrante, de la misma forma que Arya solía hacer con su muñeca cuando era pequeña,balanceándola como una maza de estrella cuando la amenazaban con vegetales. «Aryanunca cortó a sus muñecas en pedazos, pens«». El brazo de la espada estaba a unasyardas, tiñendo de rojo la nieve alrededor de él.–Déjalo ir– gritó Jon. –Wun Wun, déjalo ir.Wun Wun no oyó o no entendió. El gigante estaba sangrando también, con cortes deespada en la barriga y en el brazo. Golpeó al hombre muerto una y otra vez contra lapiedra gris de la torre, y otra vez, y otra vez, y otra vez, hasta que la cabeza del hombreestaba roja y pulposa como una sandía de verano. La capa del caballero se agitaba en elaire frío. Había sido de lana blanca, bordada en hilo de plata y decorada con estrellasazules. Carne y hueso volaban por todas partes.Los hombres salían de los torreones y torres circundantes. Hombres del Norte, hombresdel Pueblo Libre, hombres del la reina… –Formad en fila– les ordenó Jon Nieve. –Manteneos atrás. Todos, pero especialmente los hombres de la reina– El hombre muertoera Ser Patrek de la Montaña del Rey. Su cabeza estaba destrozada, pero su heráldicaera tan distintiva como su cara. Jon no quería arriesgarse a que Ser Malegorn o SerBrus o cualquier otro caballero de la reina intentaran vengarse.Wun Weg Wun Dar Wun aulló otra vez, retorció el otro brazo de Ser Patrek y tiró. Elbrazo se separó de su hombro regando todo con brillante sangre roja. «Como un niñoarrancando pétalos de una margarita», pensó Jon. –Leathers, háblale, cálmalo. La ViejaLengua. Él entiende la vieja lengua. Manteneos atrás, el resto. Bajad los aceros, loestamos asustando– ¿No veían que habían cortado al gigante? Jon tenía que acabar conesto o morirían más hombres. No tenían ni idea de la fuerza de Wun Wun. «Un cuerno,necesito un cuerno». Vio el destello del acero y se giró hacia él. –¡No quiero espadas!–, gritó. –Wick, baja ese cuchillo……ahora, quiso decir. Cuando Wick Whittlestick lo apuñaló en la garganta, la palabra seconvirtió en un gruñido. Jon se escurrió del cuchillo, lo suficiente como para queapenas le raspase la piel. «Me ha cortado». Cuando se puso la mano en el lado delcuello, la sangre le corrió entre los dedos. –¿Por qué?–Por la Guardia– Wick intentó apuñalarlo otra vez. Ésta, Jon lo cogió de la muñeca y letorció el brazo hacia atrás, hasta que soltó la daga. El mayordomo larguirucho se fuehacia atrás, con las manos alzadas como diciendo «Yo no, no fui yo». Los hombresestaban gritando. Jon buscó a Garra, pero sus dedos estaban entumecidos y torpes. Dealguna manera, le resultaba imposible liberar la espada de su funda.Entonces Bowen Marsh se colocó frente a él, con lágrimas corriéndole por las mejillas.–Por la Guardia– Golpeó a Jon en el estómago. Cuando separó su mano, la daga estabadonde la había enterrado.Jon cayó de rodillas. Encontró el puño del arma y se la arrancó. En el aire frío de lanoche la herida humeaba. –Fantasma– susurró. El dolor lo inundó. «Clávala por ellado afilado». Cuando la tercera daga entró entre sus omóplatos, resopló y cayó con lacara en la nieve. Nunca sintió el cuarto cuchillo. Sólo el frío…-----------------------------------------------------------------------------------------------------------Hasta aquí este capítulo, recuerden que el libro completo en español lo pueden descargar desde este post :http://www.taringa.net/posts/downloads/12500787/Danza-con-dragones-Libro-completo-en-espanol.htmlSaludos y espero sus comentarios

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