luizacha
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Con el fin de posicionarse como espectáculo, es usual que las ligas nacionales de fútbol se identifiquen con un sustantivo que connote alguna característica del estilo predominante de juego (o del estilo que quieren vender como predominante). Por ello, las meras siglas del organismo que administra el balompié profesional de cada país no son suficientes. Un claro ejemplo de esta práctica marketinera es el Calcio. ¿Pero de dónde viene esta nominalización? Durante el siglo V, existió un violento juego que tenía lugar en las plazas públicas italianas. Dos equipos, integrados cada uno por 27 jugadores, debían hacer lo posible para introducir una pelota en el arco rival. Para lograr este objetivo, los participantes podían valerse tanto de sus manos como de sus pies. Sin embargo, hacer un gol no debe haber sido fácil, ya que cada equipo contaba con cinco arqueros simultáneos. Lógicamente, la legislación de este protodeporte era bastante permisiva a la hora de sancionar conductas violentas. Para darnos una idea más gráfica del nivel de agresividad que tenía esta práctica, su denominación, Calcio, puede ser traducida al español como "patada". Así, la etimología de la palabra que nombra al juego tiene, al menos, una doble connotación. La primera de ellas refleja la práctica de golpear el balón con el pie -es decir, patearlo- a fin de anotar más goles que el rival. La segunda, en tanto, hace referencia a la esencia violenta de esta actividad recreativa. Como herencia, la Liga Italiana de Fútbol ha adoptado el nombre de este antiguo juego, en clara alusión a la óptica que tienen del balompié los de la península. Hoy, como mercancía que se vende a nivel mundial a través de los medios masivos de comunicación, el producto deportivo ofrecido por aquellos lares tiene como marca Lega Calcio.( http://www.lega-calcio.it/ ) Fuente de consulta: Wikipedia
En un tiempo sin memoria, del amor de un indio y una criolla nació Heraclio Catalino Rodríguez Cereijo, el más grande generador de sed de vino que haya parido el suelo patrio. Horacio Guarany se hace llamar el poeta embriagador de las musas telúricas. Cantor de todo trasnochador que busca en la noche el consuelo etílico, la soledad bucólica, el sueño blando. La voz cascada de ese duende barbado y cabezudo parece provenir de las entrañas mismas de la tierra invitando a tomar, a tomar vino. La sangre sedienta responde al llamado y se vuelve vino porque comparte su esencia, porque el vino es la sangre del indio que regó el suelo y se volvió viña. Y hasta las piedras lloran lágrimas rubí cuando escuchan la nigromancia lírica del gran Horacio. Imposible no escucharlo a copas llenas. Imposible resistirse a la seducción del vino instigada por el canto apologético del trovador mundano. Imposible reprimir el impulso pavloviano de beber cuando se lo escucha cantar. Es que la música siempre es música y algo más. La poesía no está exenta de pragmatismo; y en las canciones de Guaraní se encuentra cifrado un mensaje subliminal: Bebe vino. Y en este caso no es necesario dar vuelta la cinta del cassette para escuchar el mensaje oculto, como había que hacer con las cintas de Xuxa para oír su felatio infernal. No hay palabras que generen más sed que las de Guaraní, la noble sed de vino. Por eso cuando muera yo quiero renacer como el corcho de la damajuana que contenga el alma de Horacio para que me siga emborrachando con poesía: ¡Qué triste ha de ser morirse y no volver nunca más! Pero es tan linda la vida, pero es tan churo el camino, que si me muero algún día, entiérrenme en Mendoza, en San Juan, allá en la Rioja o en Cafayate la hermosa, que en vino habré de volver… Y cuando lloren las viñas, para que rían los hombres, he de volver en las copas y habré de mojar las bocas de mis viejos compañeros; o tal vez de la que quiero y no me pudo querer. Y en una noche de farra, cuando lleven la guitarra, si ven al vino llorar, déjenlo llorar su pena, déjenlo llorar su pena, que en la lágrima morena, como nunca he de cantar... fuente: http://cerraeloyo.com.ar/?p=48http://cerraeloyo.com.ar/?p=48