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Usuario (Argentina)
El próximo 15 de marzo se cumplirán 16 años de la muerte de Carlos Menem Jr, hijo del entonces homónimo presidente de la Nación. A pesar del tiempo transcurrido, aún no se ha podido determinar a nivel judicial qué ocurrió ese día, cuando el helicóptero en el que viajaba el vástago presidencial cayó en el Km 211,5 de la ruta 9, a la altura de la ciudad de Ramallo provocando su deceso. Pocos saben que en el marco de esa investigación han muerto más de diez testigos —“casualmente”, todos los que aseguraron que se había tratado de un atentado— y que dos peritajes diferentes demostraron que había impactos de bala en el fuselaje de la nave. Para refrendar esos estudios, oportunamente Zulema Yoma, madre de Carlitos Menem, pidió la intervención del FBI, medida que fue aceptada por la Justicia y para lo cual se enviaron todos los elementos de prueba a Estados Unidos. Sin embargo, en las últimas horas, el organismo norteamericano parece haber cambiado de parecer, ya que habría manifestado su repentino desinterés por hacer el peritaje de marras. "El FBI nos ha hecho perder al menos tres meses en ésta ya muy larga investigación, que ahora se rehúsa a efectuar dando motivos crípticos ", dijo en un comunicado el abogado Juan Gabriel Labaké, abogado de Zulema Yoma. Si bien lo ocurrido podría parecer extraño, no lo es en absoluto si se lo contextualiza con el expediente que indaga sobre la muerte de Menem Jr. Allí han ocurrido las cosas más extrañas que jamás podrían imaginarse, desde la liberación del elemento principal de prueba —el helicóptero en el que viajaba el joven, el cual fue desguazado el mismo día de acaecido el hecho— hasta el abandono sufrido por Carlitos por parte de su propia custodia ese mismo día. Incluso existe una carta certificada que un mes antes de la muerte del joven Menem aseguró que este fallecería a causa de un atentado. Ese documento fue refrendado por Carlos Corach, entonces ministro del Interior del menemismo, quien no supo explicar por qué no se le dio importancia a su contenido. Es en ese raro contexto que se da este nuevo hallazgo, el del rechazo del FBI a realizar el peritaje de las tomas del helicóptero. El abogado Labaké (1) planteó que "ahora, ese organismo oficial de EE.UU. nos sorprende con la presentación de un escrito, en el que informa oficialmente que por 'razones relacionadas con los protocolos de evidencias y el ámbito del laboratorio del FBI', no realizará la pericia solicitada (sic)". Al tiempo que se termina de escribir el presente artículo, el letrado prepara una nueva medida: citar a los tres grupos de peritos que han actuado, la Fuerza Aérea, la Gendarmería Nacional y los peritos de parte Jorge Locles y Enrique Prueger a efectos de analizar las más de mil fotos reunidas en el expediente e intentar elaborar un dictamen único. Es esperable que la medida pueda llevarse adelante sin que ocurran más hechos extraños. Tal vez de esa manera pueda saberse finalmente qué pasó aquel fatídico día de marzo de 1995, cuando la mafia pareció dar un duro mensaje al entonces presidente de la Nación, Carlos Menem a través de la muerte de su hijo. Lo que sigue es el recibo del correo y luego la carta que se menciona anteriormente dirigida a Carlos Corach - Christian Sanz www.periodicotribuna.com.ar
Natascha Kampusch, la vida después del horror Su caso conmocionó al mundo: el 23 de agosto de 2006, tras permanecer secuestrada durante más de ocho años en un pequeño sótano, esta joven austríaca recuperaba la libertad y volvía a la vida; atrás dejaba el encierro, la soledad y los abusos de un captor que pretendió "construirla a su antojo". Aquí cuenta cómo vivió esa pesadilla de 3096 días. Antes de acudir a la cita con Natascha Kampusch, de 22 años, su asesor nos pide que la llamemos Frau Kampusch (señora Kampusch). Porque ella está cansada de que banalicen su nombre, de que se abuse de ese "Natascha" tan familiar y sonoro, como si ella fuera aún el juguete que en verdad fue en manos de Wolfgang Priklopil, el hombre que la secuestró el 2 de marzo de 1998, cuando tenía 10 años, y la mantuvo presa hasta el 23 de agosto de 2006. Ese día, siendo ya mayor de edad, ella reunió la fuerza suficiente para escapar del influjo de aquel al que debía llamar "maestro", al que debía obedecer y servir, un "paranoico de rostro delicado" que la maltrató y la hizo protagonista de una película que solo existía en el "mundo enfermo de su mente". Ese día, abrió la verja de la casa donde estaba encerrada, anduvo los 30 metros que hay (los contamos luego, uno a uno) hasta la esquina, y corrió pidiendo ayuda. "¡No me pises el césped!", le gritó una vecina desde una ventana antes de llamar a la policía. Los agentes no daban crédito. Al descubierto quedaba su ineficiencia de años. Y él, el secuestrador, al volar su presa, se quedó perdido: se suicidó arrojándose bajo un tren. El "caso Kampusch" es eso, "el caso Kampusch"; solo tiene una versión, una víctima, una protagonista: ella. No podía haber mejor argumento para un libro. El drama de su vida. Una mala jugada del destino. La historia llena de enigmas y soliloquios de una mujer encerrada en un sótano. Digna de un clásico. El libro se ha publicado en otros países (en 30 lenguas). Y ahora, en español, lo edita Aguilar. 3096 días , lo ha titulado, los mismos que duró su cautiverio. "No se puede conseguir amor a la fuerza", nos dirá dentro de un rato Natascha Kampusch, sentada en un ático del monumental centro de Viena. "Nunca". Ella, más que otros, lo sabe a ciencia cierta. Frau Kampusch es baja, rellenita, rubia de pelo lacio y ojos claros inquietantes, porque no se posan en el otro o lo hacen tarde (hasta que confía); aspecto de adolescente corriente de la zona. Ha llegado tarde a la cita. Su asesor aclara: aún tiene dificultades con el tiempo. Quiere sentirse libre en todo y también en eso. Entra tímida, saluda con gestos infantiles de sus manos y se pierde en la cabina de la maquilladora, asunto que considera básico para las fotos: "Tengo la piel transparente, se ven los defectos...", se disculpa. Si los tiene, nada destacable. Sólo ese descontento con su físico que hasta afecta su condición femenina. "Con mi cuerpo no me siento nada bien. Me gustaría ser un poco más grande, fuerte, masculina. Como hombre se tienen menos problemas físicos... y se pueden hacer más cosas". ¿No serán los kilos? "Pues, sí", contesta. Hace muecas constantes Frau Kampusch cuando habla; cierra y abre sus ojos, los pone en blanco y los alza hacia el cielo... Y según ese catálogo de expresiones, puede parecer muy mayor o muy niña. Temíamos que fuera distante y fría, pero es camaleónica. A veces tierna, divertida o sarcástica; otras, muy crítica y dolida. Siempre consciente, ojo avizor. Años de entrenamiento. ¿Una pregunta delicada? La ignora. A otra cosa. Luce hoy un vestido y chaqueta de lana, botas y medias negras. Femenina. Prendas hasta hace nada prohibidas para ella cuando, obligada, debía usar los buzos y pantalones del secuestrador; él mismo le compraba lo necesario, hasta las toallas femeninas, y le cortaba el pelo, porque sí o por castigo... Ahora se arregla, posa como una estrella. Soñaba con ello en su infancia. Una fama triste la de esta austriaca. "Célebre por ser víctima de un delito". Pensamiento instantáneo y colectivo al leer esto: "Pobre niña". Pensamiento crítico de Frau Kampusch: el interés que se muestra por una víctima es engañoso. Se siente afecto por la víctima solo cuando uno se puede sentir por encima de ella. Ya en la primeras cartas que recibí me llegaron docenas de acosadores, cartas de amor, proposiciones de matrimonio y perversas cartas anónimas. Se negó y se niega a representar ese papel, a llevar un sello en la frente que diga: víctima, niña rota... A producir lástima. No. Natascha es una superviviente. Nada tonta... Pesadillas en el mundo real ¿Cómo es un día normal ahora para ella, exceptuando la promoción del libro? "En terapia", responde, tan bajito que es a veces imposible seguirla. ¿Y va bien? "Bueno, la mayoría de la gente se trata por problemas de pareja, con sus padres... Yo puedo acumular 24 distintos". Claro. ¿Cuánto horror pasado queda aún en ella? "Todo". Cientos de efectos colaterales: sueños de la vida fuera que la mantuvieron con vida dentro y pesadillas de dentro que la intranquilizan fuera; claustrofobia, agorafobia, resignación, culpa, ser víctima y creer merecerlo, huellas de la tortura psicológica y física que él le infligió, el miedo a que la abandonara o a volver al mundo real... Absurdo pedirle ejemplos de daños y perjuicios a alguien que ha crecido sujeta a un adulto extraño por la fuerza y convencida de haber sido olvidada por su familia. No han pagado el rescate, le dijo Priklopil desde el principio. No te quieren, no vienen por ti, solo me tienes a mí...". Una cantinela cruel. Paralizante. Mortal para los débiles, una invitación al suicidio. Ya no tienes familia... Ahora yo soy todo para ti... Me perteneces. Yo te he creado. Ocho años y medio así. Hasta atreverse a decirle al secuestrador a la cara: "Te estoy agradecida por no haberme matado y por haber cuidado tan bien de mí... pero no me puedes obligar a vivir contigo. Soy una persona independiente... O me matas o me dejas libre". Un largo trecho. 3096 días con sus noches prisionera en el sótano de una casa con jardín. La misma casa que hemos ido a buscar por la mañana, con la primera luz del día, en Strasshof, afueras de Viena, después de atravesar fábricas, urbanizaciones, centros comerciales y llanuras nevadas acompañados de decenas de camiones de Europa del Este; de pasar por la Rennbahnsiedlung, la urbanización de trabajadores donde Natascha vivía, o Süssenbrunn, donde se alzaba el hogar de su abuela y la panadería que sus padres regentaban. "Puntos de referencia de mi infancia". La tienda aún existe. Muy precaria. Por allí corría ella. Entramos. Una pareja despacha salchichas, chocolate, conservas... La dependienta podría ser su madre o hermana. Les preguntamos. Desconfían. Todo el mundo aquí sabe de qué hablamos. Se la hemos alquilado a su familia. La vivienda con sótano del albañil y ex ingeniero Priklopil (se ignora por qué lo construyó: ¿lo tenía planeado, lo había usado antes, era un búnker antinuclear?) se encuentra en Heinestrasse, 60. Chalets vallados con piscina y parrilla, casetas de madera para la horticultura y bosque apetecible alrededor. Un rincón como hay miles en el mundo urbanizado. Dentro de la parcela se ven aperos, el césped descuidado, las coníferas muy crecidas... La casa tiene fachada amarilla, ventanas y puerta del garaje cerradas; dentro se intuyen habitaciones vacías, secretos entre sus muros? Uno, dos, tres pasos hacia la Blaselgasse por donde huyó... Un imán para la imaginación. Cuesta creer que en este entorno alguien pudiera retener a otro ser humano. A una niña. Y que nadie se enterara. Cada uno en su casa y Dios en la de todos, una suerte de Revolutionary Road a la austriaca. "Gente que nace, muere, tiene jardín, y en tanto en cuanto eso se mantenga estable, todo está bien", sentenciará luego Frau Kampusch. Lo que viene a decir que cualquiera de nosotros puede callar. Y hacer lo mismo. ¿Que será de esta mansión de los horrores? "Se derribará", afirmará ella. Pero no la ha comprado, como dicen, sino que se la "han asignado". Sucedió que tras su "autoliberación" (insiste en el concepto: la policía nunca la encontró), la casa fue asaltada por curiosos: "Todos querían sentir el escalofrío del terror. A mí me parecía horrible que un perverso admirador del secuestrador pudiera adquirirla... Por eso me ocupé de que me fuera adjudicada como indemnización". Así la ha quitado de "la circulación". El taxista turco que nos trae también sabe, mira y opina: "Esta zona es cara". Y crece. Se construye mucho. Enfrente de la casa-prisión hay otra vivienda, moderna, con hamacas y pelotas; viven niños felices en este entorno. Y eso era Natascha Kampusch cuando Priklopil la agarró en la calle Melangasse, cerca de su escuela, la subió a su furgoneta para apropiársela y la trajo hasta aquí: una muchacha soñadora, aunque insegura, falta de autoestima, hija de padres separados, un panadero juerguista y una costurera que odiaba la sensiblería y no se permitía debilidad alguna. "Los indios no conocen el dolor", era su lema. "Mi madre no imaginaba que eso me haría fuerte, me ayudaría a salvar la vida". Natascha sabía ya entonces de redes de pederastia (hubo varios casos en los años noventa). Los expertos aconsejaban en los noticiarios: no oponer resistencia, hablar... Ella lo hizo. Sufrió una regresión. Se hizo niña; la niña querida del secuestrador. En su sótano, él le leía cuentos ("La princesa y el guisante" fue el primero), jugaban a las damas, la bañaba, le bajó una computadora... Se convirtió en el único adulto capaz de tomar decisiones por ella. El que da comida y la quita. El dueño. ¿Cómo cree que pudo él hacer algo así?, le preguntamos, mientras ella bebe té y se acomoda las medias. "El intentaba vengarse del mundo... No pensó en mí, ni en mi familia, ni en mis compañeros de clase que tendrían miedo durante años...". No sabía pensar en otros. Un asocial. Ella intentaba convencerlo del error. Le decía: "´No puede ser esto', pero él creía tener derecho sobre mí... Muchos hombres se saben dueños de las mujeres. Y él quería construirse una a su antojo..." Un animal con princesa en su guarida. Soledad agobiante Imposible imaginarla allá abajo. 270×180×240 medía el zulo. Once metros cúbicos de aire agobiante. Su cuerpo frágil encajado entre la cama, la ropa, el despertador, la radio, una tele, bombillas, la Barbie... Allí esperando, una hora, dos, tres, un día entero, a que se abriera una puerta. Hablando sola. "Solo existía una persona que podía salvarme de la agobiante soledad: la misma que me había impuesto esa soledad". Qué paradoja. Toc, toc, toc, cuenta que se oía dentro el extractor, cada segundo. Dos años estuvo Natascha en el sótano de Strasshof sin ver el sol. Luego, poco a poco, atada o vigilada, él la dejó subir a una planta, luego a la otra, luego la llevó a dormir en su cama atada con sogas; luego la dejó salir al jardín, luego a comprar en coche por la zona... Y cuando ella creció y empezó a acumular coraje, a rebelarse, él, vulnerable, reforzó sus métodos de acoso mediante torturas y palizas, le retiraba la comida o las salidas del zulo, la dejaba abandonada hasta que ella cedía presa del pánico a morir de hambre en ese agujero. Enterrada viva. "Mi mayor espanto". Y si su historia dentro es brutal, también lo fue el impacto que causó fuera al escapar. Los fotógrafos trepaban a los árboles para hacerme la primera foto, apareció mi zulo en los periódicos. La puerta de hormigón estaba abierta. Las pocas pero valiosas pertenencias que tenía, mis diarios y mi par de vestidos aparecieron revueltos sin piedad; vi cómo mi pequeña vida privada, tanto tiempo oculta, saltaba a las portadas. Dos semanas después decidí poner fin a las especulaciones y contar mi historia por mí misma". Concedió tres entrevistas, a la televisión austriaca ORF, al diario Kronen Zeitung y a la revista News . Quería mitigar la expectativa. El efecto fue el contrario. Carne fresca para los tabloides que ya nunca la dejaron en paz. "La gente quería convertirme en figura pública, y muchos me trataban y lo siguen haciendo como si fueran conocidos míos...". Todo fue muy rápido. Un día en el sótano, al otro en las revistas, al siguiente presentando un show en televisión (que duró tres entregas). A Frau Kampusch le ofrecieron cambiarse de identidad. Y se negó. "Me había enfrentado a toda la basura psíquica y a las oscuras fantasías de Priklopil, no me había dejado vencer... y solo se quería ver en mí eso: una persona rota que nunca más va a levantar cabeza, que siempre va a depender de la ayuda de los demás. Cuando me negué a llevar ese estigma el resto de mi vida cambiaron las cosas". Llovieron las críticas: era una desagradecida, quería sacar provecho, se había hecho millonaria con las entrevistas... "Lo que peor se llevó fue que no condenara al secuestrador. Pero ella lo había perdonado. "Si no, no hubiera sobrevivido". Así que fue y es objeto de mofa: grupos en redes sociales que piden su vuelta al agujero, canciones o chistes que la citan de mal modo... Sobre la crueldad de la sociedad (especialmente la suya) sabe ya bastante Frau Kampusch. "Poco a poco me di cuenta de que había caído en una nueva prisión". La voracidad de la opinión pública. Y además, la investigación policial sigue tan viva como la expectativa sobre su persona. Agentes y jueces siguen dándole vueltas al caso (los muchos errores cometidos, las pistas no seguidas, si el raptor actuó solo o trabajaba para una red de pederastia aún oculta y hasta con implicancias políticas); una papa caliente hasta con un reciente suicidio de investigador incluido. Cuatro años ha tardado Natascha Kampusch en poner en papel toda su historia con la ayuda de dos periodistas, Heike Gronemeier y Corinna Milborn. "El libro está sirviendo para que se me entienda mejor", dice. "Es la historia de una luchadora", opina Milborn. "Nunca dejó de soñar con la libertad". Nunca se abandonó. Los psicólogos que la trataron siempre admiraron su formación: se mantuvo activa en el sótano, nunca perdió la curiosidad, leyó, vio cine, estudió, sabía de política, cultura... "Yo seguía la radio, estaba informada, pero aun así, al salir, vi el mundo algo cambiado. Por ejemplo, de repente todos tenían dos automóviles, y computadoras por todas partes...". Este libro es punto final; recoge todo lo que quería contar: "Deseaba aclarar malentendidos: por qué no había huido antes, por qué no acusé al secuestrador, o dar mi respuesta a falsedades...". Un gran esfuerzo por sacar todo de sí: recuerdos, detalles, sensaciones... E interpretar la razón de lo sucedido. Uno más entre nosotros El mal para Natascha Kampusch tiene rostro humano. Habla de esa violencia burguesa, soterrada y fina tan usual, de cómo se crean monstruos y víctimas para disfrazarla, del abuso del blanco y el negro para definir conductas, cuando el mal es gris y está en todos. "Creo que Priklopil fue uno más entre nosotros, producto de la indiferencia". Ignora qué se puede hacer contra ello, pero quizá por eso intenta involucrarse en grupos contra la violencia de género, crear fondos para víctimas de secuestros (quiso ayudar a la otra secuestrada austriaca, Elisabeth Fritzl, en Amstetten) y está interesada en lo que sucede en Ciudad Juárez (México). "Hay cientos de personas maltratadas en este momento, ante nuestra pasividad y la de los políticos, más interesados en ganar su dinero que en servir". ¿Pero qué relación desarrolló realmente con Priklopil durante tantos años? ¿La violó? ¿Lo quiso? -Eso no es público. Lo guardo para mí. Stop. Ahí no hay paso. -¿Sintió su muerte? -Claro, era el único familiar para mí. Pero esa impresión se suavizó mucho con el hecho de que ese día yo era libre. Y sentí alivio. Lo que él había hecho era injusto, y yo tenía que decidir o morirme ahí o buscar mi propio camino. -¿Por qué se suicidó? -Porque se quedó perdido, porque sabía que podía ir a la cárcel y porque había perdido a su princesa, la que había inventado, la que había querido que fuera perfecta. Pero yo era ya otra persona. Resulta admirable Frau Kampusch. Que tan joven y con su experiencia haya conseguido mantener una actitud tan digna consigo misma. Mantenerse firme frente a las presiones. Que sepa guardar silencio sobre las humillaciones sufridas. Que este libro cuente tanto sin decirlo. Y queme tanto entre las manos. Porque hay detalles que ella no da. No en el sentido que la gente busca ávida: sexo con el secuestrador. Los periódicos de medio mundo titularon: "Natascha Kampusch confiesa en su libro haber sufrido abusos sexuales". Abusos, sí. La palabra "sexuales" o no la emplea o no la encontramos. "Tal como está contado en sus páginas es como debe ser. Hay información añadida que es para mí, que quiero ahorrar a mi familia". Y otra omisión: la religión. Apenas habla de Dios. ¿No es religiosa? ¿No necesitó buscar consuelo en su situación? "Uhmm, buena pregunta. No sé si lo soy. Pienso que Dios está siempre conmigo". La conversación deriva hacia el futuro. "Ahora sigo aprendiendo a adaptarme a la vida social, a reaccionar ante la gente y las críticas". Acaba de terminar la escuela y quiere formarse como joyera tras los estudios secundarios. Dice que sí, que recuperó "debidamente" la relación con su familia tras el shock de su reaparición, y que de novios, nada de nada, no le interesan ni el estilo chupasangres Robert Pattinson ni el madurito Clooney, y los interesantes a su edad, "no abundan". ¿Pero los ha tenido? "Pregunta personal". Stop. ¿Una relación con un hombre? La limitaría. Prefiere buenos amigos. Las revistas se nutrieron ya de su supuesta relación con un aristócrata, asunto que ella desbroza ahora, un puro show de nobles y famosos aduladores, bailes de la ópera, clasicismo vienés interior y exterior. Pasa parte de su tiempo rodeada de asesores y guardaespaldas, las amigas tampoco abundan. ¿Quizá por su carácter difícil y controlador? "Sí, quizá soy muy exigente con los demás. Pero ya aprendí que no es posible controlarlo todo, ni satisfacer a la gente o entender sus contradicciones". Se siente mejor junto a otros que sola. "Pero no cuando tengo que satisfacerlos". La obligación le pesa como una losa. Finalmente, salimos a un parque del centro de Viena. El ambiente es gélido. Los pájaros patinan en el lago y se divierten volando alrededor nuestro. Frau Kampusch debería pasar inadvertida. Pero algunas personas la reconocen al instante. Sobre todo hombres mayores. Y hay miradas que no cuadran. Es una sensación que ella tiene a veces, según comenta. Como en aquella visita que hizo un día a una conocida escuela privada: "Allí estaban todos esos chicos ricos, bien vestidos, musculosos. Pensé, porque lo sentí, que ellos creían que yo me merecía haber estado encerrada". Uff, peligro, peligro, el enemigo interior acecha. Ella se ríe. Lo sabe. ¿No sería mejor que fuera preparándose ya para dejar de ser conocida? Frau Kampusch estira entonces coqueta su abrigo negro y responde divertida: "Sí, me puedo operar y cambiarme entera para lucir como Britney Spears. Así seré famosa también, pero la gente me hablará como a Britney y no como a Natascha". Horror. Memorias del encierro Víctima de un brutal acoso mediático desde el momento mismo en que fue libre otra vez, Kampusch afirma que en un momento dado se sintió impulsada por la necesidad de contar su historia en sus propias palabras: finalmente, en septiembre del año pasado, en Viena, la joven presentó sus memorias Antes de acudir a la cita con Natascha Kampusch, de 22 años, su asesor nos pide que la llamemos Frau Kampusch (señora Kampusch). Porque ella está cansada de que banalicen su nombre, de que se abuse de ese "Natascha" tan familiar y sonoro, como si ella fuera aún el juguete que en verdad fue en manos de Wolfgang Priklopil, el hombre que la secuestró el 2 de marzo de 1998, cuando tenía 10 años, y la mantuvo presa hasta el 23 de agosto de 2006. Ese día, siendo ya mayor de edad, ella reunió la fuerza suficiente para escapar del influjo de aquel al que debía llamar "maestro", al que debía obedecer y servir, un "paranoico de rostro delicado" que la maltrató y la hizo protagonista de una película que solo existía en el "mundo enfermo de su mente". Ese día, abrió la verja de la casa donde estaba encerrada, anduvo los 30 metros que hay (los contamos luego, uno a uno) hasta la esquina, y corrió pidiendo ayuda. "¡No me pises el césped!", le gritó una vecina desde una ventana antes de llamar a la policía. Los agentes no daban crédito. Al descubierto quedaba su ineficiencia de años. Y él, el secuestrador, al volar su presa, se quedó perdido: se suicidó arrojándose bajo un tren. El "caso Kampusch" es eso, "el caso Kampusch"; solo tiene una versión, una víctima, una protagonista: ella. No podía haber mejor argumento para un libro. El drama de su vida. Una mala jugada del destino. La historia llena de enigmas y soliloquios de una mujer encerrada en un sótano. Digna de un clásico. El libro se ha publicado en otros países (en 30 lenguas). Y ahora, en español, lo edita Aguilar. 3096 días , lo ha titulado, los mismos que duró su cautiverio. "No se puede conseguir amor a la fuerza", nos dirá dentro de un rato Natascha Kampusch, sentada en un ático del monumental centro de Viena. "Nunca". Ella, más que otros, lo sabe a ciencia cierta. Frau Kampusch es baja, rellenita, rubia de pelo lacio y ojos claros inquietantes, porque no se posan en el otro o lo hacen tarde (hasta que confía); aspecto de adolescente corriente de la zona. Ha llegado tarde a la cita. Su asesor aclara: aún tiene dificultades con el tiempo. Quiere sentirse libre en todo y también en eso. Entra tímida, saluda con gestos infantiles de sus manos y se pierde en la cabina de la maquilladora, asunto que considera básico para las fotos: "Tengo la piel transparente, se ven los defectos...", se disculpa. Si los tiene, nada destacable. Sólo ese descontento con su físico que hasta afecta su condición femenina. "Con mi cuerpo no me siento nada bien. Me gustaría ser un poco más grande, fuerte, masculina. Como hombre se tienen menos problemas físicos... y se pueden hacer más cosas". ¿No serán los kilos? "Pues, sí", contesta. Hace muecas constantes Frau Kampusch cuando habla; cierra y abre sus ojos, los pone en blanco y los alza hacia el cielo... Y según ese catálogo de expresiones, puede parecer muy mayor o muy niña. Temíamos que fuera distante y fría, pero es camaleónica. A veces tierna, divertida o sarcástica; otras, muy crítica y dolida. Siempre consciente, ojo avizor. Años de entrenamiento. ¿Una pregunta delicada? La ignora. A otra cosa. Luce hoy un vestido y chaqueta de lana, botas y medias negras. Femenina. Prendas hasta hace nada prohibidas para ella cuando, obligada, debía usar los buzos y pantalones del secuestrador; él mismo le compraba lo necesario, hasta las toallas femeninas, y le cortaba el pelo, porque sí o por castigo... Ahora se arregla, posa como una estrella. Soñaba con ello en su infancia. Una fama triste la de esta austriaca. "Célebre por ser víctima de un delito". Pensamiento instantáneo y colectivo al leer esto: "Pobre niña". Pensamiento crítico de Frau Kampusch: el interés que se muestra por una víctima es engañoso. Se siente afecto por la víctima solo cuando uno se puede sentir por encima de ella. Ya en la primeras cartas que recibí me llegaron docenas de acosadores, cartas de amor, proposiciones de matrimonio y perversas cartas anónimas. Se negó y se niega a representar ese papel, a llevar un sello en la frente que diga: víctima, niña rota... A producir lástima. No. Natascha es una superviviente. Nada tonta... Pesadillas en el mundo real ¿Cómo es un día normal ahora para ella, exceptuando la promoción del libro? "En terapia", responde, tan bajito que es a veces imposible seguirla. ¿Y va bien? "Bueno, la mayoría de la gente se trata por problemas de pareja, con sus padres... Yo puedo acumular 24 distintos". Claro. ¿Cuánto horror pasado queda aún en ella? "Todo". Cientos de efectos colaterales: sueños de la vida fuera que la mantuvieron con vida dentro y pesadillas de dentro que la intranquilizan fuera; claustrofobia, agorafobia, resignación, culpa, ser víctima y creer merecerlo, huellas de la tortura psicológica y física que él le infligió, el miedo a que la abandonara o a volver al mundo real... Absurdo pedirle ejemplos de daños y perjuicios a alguien que ha crecido sujeta a un adulto extraño por la fuerza y convencida de haber sido olvidada por su familia. No han pagado el rescate, le dijo Priklopil desde el principio. No te quieren, no vienen por ti, solo me tienes a mí...". Una cantinela cruel. Paralizante. Mortal para los débiles, una invitación al suicidio. Ya no tienes familia... Ahora yo soy todo para ti... Me perteneces. Yo te he creado. Ocho años y medio así. Hasta atreverse a decirle al secuestrador a la cara: "Te estoy agradecida por no haberme matado y por haber cuidado tan bien de mí... pero no me puedes obligar a vivir contigo. Soy una persona independiente... O me matas o me dejas libre". Un largo trecho. 3096 días con sus noches prisionera en el sótano de una casa con jardín. La misma casa que hemos ido a buscar por la mañana, con la primera luz del día, en Strasshof, afueras de Viena, después de atravesar fábricas, urbanizaciones, centros comerciales y llanuras nevadas acompañados de decenas de camiones de Europa del Este; de pasar por la Rennbahnsiedlung, la urbanización de trabajadores donde Natascha vivía, o Süssenbrunn, donde se alzaba el hogar de su abuela y la panadería que sus padres regentaban. "Puntos de referencia de mi infancia". La tienda aún existe. Muy precaria. Por allí corría ella. Entramos. Una pareja despacha salchichas, chocolate, conservas... La dependienta podría ser su madre o hermana. Les preguntamos. Desconfían. Todo el mundo aquí sabe de qué hablamos. Se la hemos alquilado a su familia. La vivienda con sótano del albañil y ex ingeniero Priklopil (se ignora por qué lo construyó: ¿lo tenía planeado, lo había usado antes, era un búnker antinuclear?) se encuentra en Heinestrasse, 60. Chalets vallados con piscina y parrilla, casetas de madera para la horticultura y bosque apetecible alrededor. Un rincón como hay miles en el mundo urbanizado. Dentro de la parcela se ven aperos, el césped descuidado, las coníferas muy crecidas... La casa tiene fachada amarilla, ventanas y puerta del garaje cerradas; dentro se intuyen habitaciones vacías, secretos entre sus muros? Uno, dos, tres pasos hacia la Blaselgasse por donde huyó... Un imán para la imaginación. Cuesta creer que en este entorno alguien pudiera retener a otro ser humano. A una niña. Y que nadie se enterara. Cada uno en su casa y Dios en la de todos, una suerte de Revolutionary Road a la austriaca. "Gente que nace, muere, tiene jardín, y en tanto en cuanto eso se mantenga estable, todo está bien", sentenciará luego Frau Kampusch. Lo que viene a decir que cualquiera de nosotros puede callar. Y hacer lo mismo. ¿Que será de esta mansión de los horrores? "Se derribará", afirmará ella. Pero no la ha comprado, como dicen, sino que se la "han asignado". Sucedió que tras su "autoliberación" (insiste en el concepto: la policía nunca la encontró), la casa fue asaltada por curiosos: "Todos querían sentir el escalofrío del terror. A mí me parecía horrible que un perverso admirador del secuestrador pudiera adquirirla... Por eso me ocupé de que me fuera adjudicada como indemnización". Así la ha quitado de "la circulación". El taxista turco que nos trae también sabe, mira y opina: "Esta zona es cara". Y crece. Se construye mucho. Enfrente de la casa-prisión hay otra vivienda, moderna, con hamacas y pelotas; viven niños felices en este entorno. Y eso era Natascha Kampusch cuando Priklopil la agarró en la calle Melangasse, cerca de su escuela, la subió a su furgoneta para apropiársela y la trajo hasta aquí: una muchacha soñadora, aunque insegura, falta de autoestima, hija de padres separados, un panadero juerguista y una costurera que odiaba la sensiblería y no se permitía debilidad alguna. "Los indios no conocen el dolor", era su lema. "Mi madre no imaginaba que eso me haría fuerte, me ayudaría a salvar la vida". Natascha sabía ya entonces de redes de pederastia (hubo varios casos en los años noventa). Los expertos aconsejaban en los noticiarios: no oponer resistencia, hablar... Ella lo hizo. Sufrió una regresión. Se hizo niña; la niña querida del secuestrador. En su sótano, él le leía cuentos ("La princesa y el guisante" fue el primero), jugaban a las damas, la bañaba, le bajó una computadora... Se convirtió en el único adulto capaz de tomar decisiones por ella. El que da comida y la quita. El dueño. ¿Cómo cree que pudo él hacer algo así?, le preguntamos, mientras ella bebe té y se acomoda las medias. "El intentaba vengarse del mundo... No pensó en mí, ni en mi familia, ni en mis compañeros de clase que tendrían miedo durante años...". No sabía pensar en otros. Un asocial. Ella intentaba convencerlo del error. Le decía: "´No puede ser esto', pero él creía tener derecho sobre mí... Muchos hombres se saben dueños de las mujeres. Y él quería construirse una a su antojo..." Un animal con princesa en su guarida. Soledad agobiante Imposible imaginarla allá abajo. 270×180×240 medía el zulo. Once metros cúbicos de aire agobiante. Su cuerpo frágil encajado entre la cama, la ropa, el despertador, la radio, una tele, bombillas, la Barbie... Allí esperando, una hora, dos, tres, un día entero, a que se abriera una puerta. Hablando sola. "Solo existía una persona que podía salvarme de la agobiante soledad: la misma que me había impuesto esa soledad". Qué paradoja. Toc, toc, toc, cuenta que se oía dentro el extractor, cada segundo. Dos años estuvo Natascha en el sótano de Strasshof sin ver el sol. Luego, poco a poco, atada o vigilada, él la dejó subir a una planta, luego a la otra, luego la llevó a dormir en su cama atada con sogas; luego la dejó salir al jardín, luego a comprar en coche por la zona... Y cuando ella creció y empezó a acumular coraje, a rebelarse, él, vulnerable, reforzó sus métodos de acoso mediante torturas y palizas, le retiraba la comida o las salidas del zulo, la dejaba abandonada hasta que ella cedía presa del pánico a morir de hambre en ese agujero. Enterrada viva. "Mi mayor espanto". Y si su historia dentro es brutal, también lo fue el impacto que causó fuera al escapar. Los fotógrafos trepaban a los árboles para hacerme la primera foto, apareció mi zulo en los periódicos. La puerta de hormigón estaba abierta. Las pocas pero valiosas pertenencias que tenía, mis diarios y mi par de vestidos aparecieron revueltos sin piedad; vi cómo mi pequeña vida privada, tanto tiempo oculta, saltaba a las portadas. Dos semanas después decidí poner fin a las especulaciones y contar mi historia por mí misma". Concedió tres entrevistas, a la televisión austriaca ORF, al diario Kronen Zeitung y a la revista News . Quería mitigar la expectativa. El efecto fue el contrario. Carne fresca para los tabloides que ya nunca la dejaron en paz. "La gente quería convertirme en figura pública, y muchos me trataban y lo siguen haciendo como si fueran conocidos míos...". Todo fue muy rápido. Un día en el sótano, al otro en las revistas, al siguiente presentando un show en televisión (que duró tres entregas). A Frau Kampusch le ofrecieron cambiarse de identidad. Y se negó. "Me había enfrentado a toda la basura psíquica y a las oscuras fantasías de Priklopil, no me había dejado vencer... y solo se quería ver en mí eso: una persona rota que nunca más va a levantar cabeza, que siempre va a depender de la ayuda de los demás. Cuando me negué a llevar ese estigma el resto de mi vida cambiaron las cosas". Llovieron las críticas: era una desagradecida, quería sacar provecho, se había hecho millonaria con las entrevistas... "Lo que peor se llevó fue que no condenara al secuestrador. Pero ella lo había perdonado. "Si no, no hubiera sobrevivido". Así que fue y es objeto de mofa: grupos en redes sociales que piden su vuelta al agujero, canciones o chistes que la citan de mal modo... Sobre la crueldad de la sociedad (especialmente la suya) sabe ya bastante Frau Kampusch. "Poco a poco me di cuenta de que había caído en una nueva prisión". La voracidad de la opinión pública. Y además, la investigación policial sigue tan viva como la expectativa sobre su persona. Agentes y jueces siguen dándole vueltas al caso (los muchos errores cometidos, las pistas no seguidas, si el raptor actuó solo o trabajaba para una red de pederastia aún oculta y hasta con implicancias políticas); una papa caliente hasta con un reciente suicidio de investigador incluido. Cuatro años ha tardado Natascha Kampusch en poner en papel toda su historia con la ayuda de dos periodistas, Heike Gronemeier y Corinna Milborn. "El libro está sirviendo para que se me entienda mejor", dice. "Es la historia de una luchadora", opina Milborn. "Nunca dejó de soñar con la libertad". Nunca se abandonó. Los psicólogos que la trataron siempre admiraron su formación: se mantuvo activa en el sótano, nunca perdió la curiosidad, leyó, vio cine, estudió, sabía de política, cultura... "Yo seguía la radio, estaba informada, pero aun así, al salir, vi el mundo algo cambiado. Por ejemplo, de repente todos tenían dos automóviles, y computadoras por todas partes...". Este libro es punto final; recoge todo lo que quería contar: "Deseaba aclarar malentendidos: por qué no había huido antes, por qué no acusé al secuestrador, o dar mi respuesta a falsedades...". Un gran esfuerzo por sacar todo de sí: recuerdos, detalles, sensaciones... E interpretar la razón de lo sucedido. Uno más entre nosotros El mal para Natascha Kampusch tiene rostro humano. Habla de esa violencia burguesa, soterrada y fina tan usual, de cómo se crean monstruos y víctimas para disfrazarla, del abuso del blanco y el negro para definir conductas, cuando el mal es gris y está en todos. "Creo que Priklopil fue uno más entre nosotros, producto de la indiferencia". Ignora qué se puede hacer contra ello, pero quizá por eso intenta involucrarse en grupos contra la violencia de género, crear fondos para víctimas de secuestros (quiso ayudar a la otra secuestrada austriaca, Elisabeth Fritzl, en Amstetten) y está interesada en lo que sucede en Ciudad Juárez (México). "Hay cientos de personas maltratadas en este momento, ante nuestra pasividad y la de los políticos, más interesados en ganar su dinero que en servir". ¿Pero qué relación desarrolló realmente con Priklopil durante tantos años? ¿La violó? ¿Lo quiso? -Eso no es público. Lo guardo para mí. Stop. Ahí no hay paso. -¿Sintió su muerte? -Claro, era el único familiar para mí. Pero esa impresión se suavizó mucho con el hecho de que ese día yo era libre. Y sentí alivio. Lo que él había hecho era injusto, y yo tenía que decidir o morirme ahí o buscar mi propio camino. -¿Por qué se suicidó? -Porque se quedó perdido, porque sabía que podía ir a la cárcel y porque había perdido a su princesa, la que había inventado, la que había querido que fuera perfecta. Pero yo era ya otra persona. Resulta admirable Frau Kampusch. Que tan joven y con su experiencia haya conseguido mantener una actitud tan digna consigo misma. Mantenerse firme frente a las presiones. Que sepa guardar silencio sobre las humillaciones sufridas. Que este libro cuente tanto sin decirlo. Y queme tanto entre las manos. Porque hay detalles que ella no da. No en el sentido que la gente busca ávida: sexo con el secuestrador. Los periódicos de medio mundo titularon: "Natascha Kampusch confiesa en su libro haber sufrido abusos sexuales". Abusos, sí. La palabra "sexuales" o no la emplea o no la encontramos. "Tal como está contado en sus páginas es como debe ser. Hay información añadida que es para mí, que quiero ahorrar a mi familia". Y otra omisión: la religión. Apenas habla de Dios. ¿No es religiosa? ¿No necesitó buscar consuelo en su situación? "Uhmm, buena pregunta. No sé si lo soy. Pienso que Dios está siempre conmigo". La conversación deriva hacia el futuro. "Ahora sigo aprendiendo a adaptarme a la vida social, a reaccionar ante la gente y las críticas". Acaba de terminar la escuela y quiere formarse como joyera tras los estudios secundarios. Dice que sí, que recuperó "debidamente" la relación con su familia tras el shock de su reaparición, y que de novios, nada de nada, no le interesan ni el estilo chupasangres Robert Pattinson ni el madurito Clooney, y los interesantes a su edad, "no abundan". ¿Pero los ha tenido? "Pregunta personal". Stop. ¿Una relación con un hombre? La limitaría. Prefiere buenos amigos. Las revistas se nutrieron ya de su supuesta relación con un aristócrata, asunto que ella desbroza ahora, un puro show de nobles y famosos aduladores, bailes de la ópera, clasicismo vienés interior y exterior. Pasa parte de su tiempo rodeada de asesores y guardaespaldas, las amigas tampoco abundan. ¿Quizá por su carácter difícil y controlador? "Sí, quizá soy muy exigente con los demás. Pero ya aprendí que no es posible controlarlo todo, ni satisfacer a la gente o entender sus contradicciones". Se siente mejor junto a otros que sola. "Pero no cuando tengo que satisfacerlos". La obligación le pesa como una losa. Finalmente, salimos a un parque del centro de Viena. El ambiente es gélido. Los pájaros patinan en el lago y se divierten volando alrededor nuestro. Frau Kampusch debería pasar inadvertida. Pero algunas personas la reconocen al instante. Sobre todo hombres mayores. Y hay miradas que no cuadran. Es una sensación que ella tiene a veces, según comenta. Como en aquella visita que hizo un día a una conocida escuela privada: "Allí estaban todos esos chicos ricos, bien vestidos, musculosos. Pensé, porque lo sentí, que ellos creían que yo me merecía haber estado encerrada". Uff, peligro, peligro, el enemigo interior acecha. Ella se ríe. Lo sabe. ¿No sería mejor que fuera preparándose ya para dejar de ser conocida? Frau Kampusch estira entonces coqueta su abrigo negro y responde divertida: "Sí, me puedo operar y cambiarme entera para lucir como Britney Spears. Así seré famosa también, pero la gente me hablará como a Britney y no como a Natascha". Horror. © EL PAÍS SEMANAL Memorias del encierro Víctima de un brutal acoso mediático desde el momento mismo en que fue libre otra vez, Kampusch afirma que en un momento dado se sintió impulsada por la necesidad de contar su historia en sus propias palabras: finalmente, en septiembre del año pasado, en Viena, la joven presentó sus memorias. Fuente www.lanacion.com 31 01 2011
Muchas veces nos ha pasado que nuestro reproductor de dvd dejo de funcionar y sale la leyenda NODISC ,ese es un problema de facil solucion ,sin tener que llegar a sacar la tapa de nuestro dvd .En los equipos modernos, algunas fallas, se originan en el software del micro, en la alteración de datos almacenados en memoria EEPROM (Electrically Erasable Programmable Read-Only Memory) o la desconfiguración de parámetros de funcionamiento. En esos casos, no hay componentes que cambiar (excepto a veces el micro o la memoria), y la solución suele ser, resetear el sistema, reprogramar o reconfigurar parámetros, regrabar la EEPROM o actualizar el firmware. El usuario, que rara vez se toma el trabajo de leer el todo manual de uso, y por desconocimiento, curiosidad o "accidentalmente", oprime teclas del control remoto o cambia algún parámetro en el menú de configuración sin saber realmente de que se trata, ocasiona que el equipo deje de funcionar correctamente. Nos encontramos muy frecuentemente con "fallas" o "averías" que no son realmente electrónicas (de hardware) sino de software. La mayoría de los reproductores de DVD, cuentan con un método para restablecer (reset) la configuración original o "por defecto" (default), cuando por algún motivo se han cambiado los parámetros originales y se ha perdido el funcionamiento normal. Algunos equipos tienen una función: Restaurar o Recuperar (reset), en el Menú de configuración con el cual se pueden solucionar diversos problemas (audio, idiomas, texto, etc.), pero en los casos mencionados, en los que no podemos ver el video y el Menú, existe otras alternativas.El método para aplicar un Reset, varia en los diferentes modelos y marcas. En algunos casos, la información respectiva se encuentra en el capítulo o apartado: "Solución de Problemas" o "Trouble Shooting", del manual de uso del equipo. Si no dispone del Manual del Usuario (User's Manual), es recomendable que trate de conseguirlo. En muchos casos, se puede descargar gratuitamente de la página del fabricante o de sitios web especializados en publicar ese tipo de manuales .Espero que les haya servido.
El apartamento de Londres en el que vivió Jimi Hendrix abrirá sus puertas al público este mes, a 40 años de la muerte del legendario guitarrista de rock cuya influencia en la música sigue viva, al igual que su espíritu. Hendrix, cuyos éxitos incluyen "Purple Haze" y "Hey Joe", tenía 27 años y era ya una estrella mundial cuando murió ahogado por su propio vómito en un hotel el 18 de septiembre de 1970, después de ingerir un cóctel mortal de somníferos y vino tinto. Había alcanzado la fama poco antes tras mudarse de Estados Unidos a Londres, donde en 1968 se instaló en un apartamento en el número 23 de la calle Brook, en el elegante barrio de Mayfair, con su novia, Kathy Etchingham. Este es el piso que abrirá excepcionalmente sus puertas durante 12 días en septiembre coincidiendo con el aniversario de su muerte. Pertenece a la Casa Museo de Händel, porque el compositor barroco de origen alemán nacionalizado británico Georg Friedrich Händel vivió en el edificio contiguo. Se dice que al enterarse, Hendrix se precipitó a la tienda de discos más cercana para hacerse con una copia de "El Mesías". El museo alberga también a partir de esta semana una exposición sobre Hendrix en la que se pueden ver desde una de sus guitarras hasta un curioso autorretrato, pasando por una colorida chaqueta de terciopelo estampada y un sombrero que utilizó en sus conciertos. Kathy Etchingham dice que los 18 meses entre concierto y concierto que Hendrix pasó en ese piso -entonces decorado en el más puro estilo de los años 60 y plagado de guitarras, pero hoy una simple oficina- fueron la primera vez que sintió que tenía su propia casa. "Estábamos encantados de tener nuestro pequeño espacio propio donde Jimi podía bajarse de la montaña rusa de la fama y la fortuna y esconderse", escribió en su autobiografía. "Podíamos ser como cualquier otra pareja joven, ver Coronation Street (una de las series de televisión más populares del Reino Unido) y beber té con leche en lugar de whisky con cola", agregó. Estrellas de la música como John Lennon venían a verle y Hendrix creía incluso recibir visitas del fantasma de Haendel, según Martin Wyatt, el subdirector del museo y comisario de la exposición. "Estaba afeitándose una mañana y bajó corriendo las escaleras para decirle a Kathy: 'Acabo de ver a este viejo con una peluca paseándose'", explicó Wyatt a la AFP. Su estilo de vida londinense respalda la descripción de Hendrix como un hombre tranquilo, a pesar del personaje que interpretaba en el escenario cuando incendiaba guitarras y tocaba solos distorsionados, incluso con los dientes. Era "muy tranquilo, muy agradable y amigo de las diversiones", dijo Roger Mayer, autor de efectos para canciones como "Purple Haze". "Su estilo de vida no era para nada tan salvaje como la gente imagina", explicó el ingeniero acústico a la AFP. "Obviamente Jimi, cuando actuaba, no podía estar drogado o fuera de sí porque no se puede tocar tan bien en ese estado", señaló Mayer. Pero es la leyenda del Hendrix exuberante la que perdura. Charles Shaar Murray, autor de "Crosstown Traffic", un libro sobre Hendrix y su legado musical, dice que fue su extraordinaria imaginación lo que lo hizo tan inconfundible. "No es porque fuera el más rápido o el más ruidoso, es por lo que uno oía salir de su guitarra", dijo a la AFP. "Es probablemente el guitarrista eléctrico más expresivo del último medio siglo, el que mejor dominaba los matices sónicos y emocionales, así como la imaginación más desbordante", dijo. Crispin Weir de Regent Sounds, una de las numerosas tiendas de Denmark Street, una calle londinense que destaca por su relación con la música y en la que grabó Jimi Hendrix, lo explica simplemente. "Es sin ninguna duda el primero de mi lista", dice. "No creo que nadie se le haya acercado desde entonces y no creo que nadie lo haga nunca", sostiene

Fui a ver en el dia de ayer esta pelicula y la verdad que quede sorprendido por la calidad y el alto grado de emotividad que tiene ,es la primera vez que me quede con ganas de ver mas . Leandro Ipiña es su joven director y ha hecho ,por ser su opera prima, un trabajo excelente espero que siga asi de mas esta decir que Rodrigo de la Serna estuvo descomunal en su papel del General San Martin. link: http://www.youtube.com/watch?v=_TA53WPa-a0&feature=related ,particularmente me gustaria que alguna vez se haga una pelicula sobre la Guerra de la Triple Alianza seria muy polemica ,no entiendo como a ningun director nacional o extranjero todavia no el intereso el tema de esta terrible guerra para llevarla a la pantalla .
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos .¨ ¨Nadie estara sometido a esclavitud ni a servidumbre¨ ¨Todos son iguales ante la ley ¨ ¨Toda persona tiene derecho a la educacion.¨ ¨Nadie sera sometido a torturas ni a penas o tratos crueles,inhumanos o degradantes.¨ ¿Usted esta en contra de algunos de estos puntos? ¿cree que deben ser borrados de la Constitucion nacional? Todos son articulos incluidos en la Declaracion Universal de los Derechos Humanos.Fueron aprobados por la asamblea general de las naciones unidas en diciembre de 1948. Nacieron ,en gran parte como reaccion ante las atrocidades sufridas por millones de personas en la segunda guerra mundial. !BASTA DE DERECHOS HUMANOS PARA LOS DELINCUENTES! ¿Y LOS DERECHOS HUMANOS DE LAS VICTIMAS? Estas frases son repetidas por muchos ante cada hecho de violencia ,ante un asesinato ,una violacion.Algunos son familiares de las victimas de un delito; otros ,vecinos indignados ;otros,periodistas u opinadores con pantalla; otras ,estrellas con rating.Algunos pueden decirlo sin pensarlo ,con dolor ,torturados por la angustia (lo que es entendible).Otros lo pensaron .Saben bien que significa lo que dicen. A estos ultimos no vale la pena invitarlos a reflexionar .Un nazi no cree que deban existir derechos humanos universales ,para el no todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Un judio ,por ejemplo,no los tiene.Para un fascista ,la condicion de origen o una eleccion sexual basta pra encarcelar,torturar o matar a un ser humano sin derecho a juicio o defensa legal alguna.NO estas lineas no van dirigidas a ellos .Si, es una invitacion a pensar para aquellos que repiten indignados frases que,quiza ,no proclamarian si las analizaran por un par de minutos .¿que son los derechos humanos? Aquellos que tiene cualquier ser humano de vivir en un estado de derecho .A que la ley se aplique con el por el solohecho de ser humano,sin distincion de sexo ,raza,religion ,partido politico o condicion social o economica. Los tiene la victima de un delito .Los tiene quien lo comete .Ambos son humanos. La vigencia de la Declaracion Universal de los Derechos Humanos no puede impedir que se comenta un delito.Que alguien decida robar,estafar o matar . Pero la vigencia de los derechos humanos tampoco impide que el autor del delito sea capturado,juzgado y condeando segun la ley.Si algo impide esto ultimo es la ineficiencia o corrupcion policial ,politica y judicial:¿que tiene que ver esto con los derechos humanos?¿que tiene que ver eso con que un sospechoso no se lo pueda torturar,encarcelar sin abogado defensor o matarlo brutalmente? Una personalidad muy mediatica señalo en un acto en reclamo de seguridad que era hora de que los ¨derechos humanos se aplique a la gente de buena voluntad¨ ¿alguien que tiene mala voluntad no los merece entonces? ¿alquien que libro un cheque sin fondos muestra evidente de mala voluntad ,debe ser encarcelado ,picaneado,violado y ahorcado?NO tuvo buena voluntad,No aplica para los derechos humanos. ¿quien cree que en los lugares donde no se respeta la declaracion universal de derechos humanos dejaron de robar y asesinar? Un ejemplo reciente; Una nena de 13 años fue violada por tres hombres en el sur de Somalia.Un tribunal la juzgo por adultera y la encontro culpable.Y la castigaron.La enterraron hasta el pecho en medio de una cancha de futbol ,decenas de hombres la apedrearon hasta la muerte,la nena se llamaba Aisha Duhulow y la foto del ajusticiamiento se puede encontrar en internet. Para la ley tribal era una delincuente :NO hubo con ella derechos humanos. No hay que cruzar el oceano e irse tan lejos,aqui en Argentina,uno se puede encontrar con un vecino que clama por la pena de muerte ,que imagine a un ¨villerito¨ de trece años que robo o mato ,asesinado por el estado.Que crea queeso es justicia Y QUE AHORA NO VENGAN ESOS DE LOS DERECHOS HUMANOS A SALVARLO..... La seguridad es un derecho ,el estado tiene la obligacion de brindarla.Pero muchos parecen creer que ese derecho solo se puede consguir violando los derechos de los otros.Que a la violacion de la ley se debe responder violando la ley. La vigencia de los derechos humanos significa vivir bajo el imperio de la ley ,y si alguien lo viola,la propia legislacion contempla la pena a cumplir ,es simple ,es sencillo. ¿como tendria que hacer el estado para decidir que persona es ¨buena¨ o ¨mala¨ y merece aplicarse en ella los derechos humanos? ¿torturando al sospechoso hasta que confiese? Puede ser,es una practica muy antigua,a la Inquisicion le parecia una muy buena idea . Gracias por aguantar tanta bronca acumulada trasladada al papel ,Si a uno solo de los lectores le sirvio todo lo anterior para pensar un poco antes de despotricar contra los derechos humanos ,me habre ganado el sueldo del mes. Nota escrita por Jorge Cicuttin ,publicada en la revista Veintitres del 22 de marzo de 2009 se que es un poco extensa pero por favor leenla asi aprendemos a no hablar sin saber como muchos lo hacen en este pais .