lavitaebella
Usuario (Argentina)
Hola, querido amigo.Ya sé que no me conoces, pero puedo ser tu amigo solo por mi actitud hacia tí.Se me ocurrió participar de Taringa porque vengo viendo que hay gente bastante inteligente por aquí, participando de todo esto que no se bien como podría llamarse, tal vez solo un sistema para mostrar lo que tenemos adentro, pero tal vez mucho más.Y por pensar en tí, se me ocurrió regalarte una poesía que endulze por un momento la incertidumbre de los días, en tiempos en que es muy difícil confiar en los demás, y estamos cansados de la misma hipocresía de siempre.Teneme un poco de paciencia, pues mi deseo es incitarte a que juntos emprendamos un maravilloso viaje que transforme la monotona vida con sabores, y colores, y aromas que renuevan.Solo te pido que me ayudes a ayudarte, y que juntos asumamos la responsabilidad que los adultos no nos enseñaron.Dicen que vivimos en la postmodernidad, dicen que somos fruto de la anomia social.¿Pero que es lo que decimos nosotros? ¿Vamos a permitir que nos tachen aún antes de empezar a caminar?Yo no lo creo.Dijo alguien alguna vez que necesitamos nuevos caminos para obtener resultados diferentes.Te invito a que los hagamos juntos.-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Color Esperanza Diego Torres Compositor: Diego Torres Sé que hay en tus ojos con solo mirar que estas cansado de andar y de andar y caminar girando siempre en un lugar Sé que las ventanas se pueden abrir cambiar el aire depende de ti te ayudara vale la pena una vez más Saber que se puede querer que se pueda quitarse los miedos sacarlos afuera pintarse la cara color esperanza tentar al futuro con el corazón Es mejor perderse que nunca embarcar mejor tentarse a dejar de intentar aunque ya ves que no es tan fácil empezar Sé que lo imposible se puede lograr que la tristeza algún día se irá y así será la vida cambia y cambiará Sentirás que el alma vuela por cantar una vez más Vale más poder brillar Que solo buscar ver el sol. ---
¿Còmo se sabe que alguien està loco? En realidad, todo depende del cristal con que se mira. Escribì este poema en un tiempo del cual ahora digo que sì, estaba loco, pero tambièn reconozco que no me gusta mucho mi actual cordura. En fin, sigo averiguando de que se trata todo esto que se llama vida, y mientras tanto, vuelvo a reciclar cosas que pensé eran propias de un adolescente inmaduro, pero hoy pienso que perdì algo valioso que Dios me dió, la inocencia, la fé, y un amor ingenuo, puro y limpio, sin dobleces.Lindo tiempo ese.Quisiera recuperar algo. Cuando es locura no estar loco. ¿Por qué me miras todavía preguntándome con tus ojos qué es lo que hago aquí, que he venido a llevarme, qué he venido a traerte? ¿Acaso mis ojos y mi silencio, acaso mi debilitada voz que no conoces cuan potentemente arrolladora puede ser, acaso mi ser frente a tu ser, mi presencia, mi forzosa ausencia, el latido humano de mi corazón, de mis ojos, de mi cerebro, no han podido demostrarte que soy feliz si puedo vivir mi vida contigo, con el vivir tuyo de tu vida? ¿Qué te has pensado? Hay todavía millones de segundos que corren en infinitas direcciones por el espacio infinito comiéndose nubes rosadas, masticando cordilleras y estepas, volando al ras de inmensas playas verdes y azules, sintiendo el aire mojado, perfectamente húmedo del mar. Hay un árbol en la esquina. Ese mismo que tiene tantas ramas, con sus hojas, y sus seres, y alguna que otra flor. Las flores siempre tienen su aroma, que se mete profundamente en el interior de los pulmones más vivos, más despiertos. ¿Puedes ver ese cielo con estrellas? Cada una de ellas es un Sol, rodeado posiblemente de las casas de los seres del sistema… Escúchame. Mis palabras viajan a tus oídos para decirte algo. No es casualidad estar conectado a tu ser de esta manera invisible, y solo escucho las inaudibles palabras de tu Alma, esas que incluso deniegas con tu voz, para seguir como ahora seguro que lo nuestro es invencible. Estoy seguro que alguna vez me voy a desnudar y saldré corriendo, por las calles iré gritando las escandalosas canciones del corazón, alegremente, oliendo, tocando, contando con mi lengua, escuchando, mirando atentamente, y hasta entendiendo lo sobrenatural y la superior fuerza que mueve cada átomo, cada célula, para no sentir pena, vergüenza, de querer abrazarte y besarte exageradamente, dramáticamente. Sin duda todo lo que traigo es una selva salvaje esperando atacarte cuando la exploradora venga a atacar, y resulte devorada por este nuevo conquistador que se mete tímidamente a indagar los confusos ríos, las ocultas latitudes, tus profusas madrigueras. Fuente: Propia.
Leí hace poco este cuento, y me recordò mi infancia.Yo tenía el librito con cuentos de Perrault, y este es uno de ellos.Que lo disfruten. Barba Azul [Cuento. Texto completo] Charles Perrault Érase una vez un hombre que tenía hermosas casas en la ciudad y en el campo, vajilla de oro y plata, muebles forrados en finísimo brocado y carrozas todas doradas. Pero desgraciadamente, este hombre tenía la barba azul; esto le daba un aspecto tan feo y terrible que todas las mujeres y las jóvenes le arrancaban. Una vecina suya, dama distinguida, tenía dos hijas hermosísimas. Él le pidió la mano de una de ellas, dejando a su elección cuál querría darle. Ninguna de las dos quería y se lo pasaban una a la otra, pues no podían resignarse a tener un marido con la barba azul. Pero lo que más les disgustaba era que ya se había casado varias veces y nadie sabía qué había pasado con esas mujeres. Barba Azul, para conocerlas, las llevó con su madre y tres o cuatro de sus mejores amigas, y algunos jóvenes de la comarca, a una de sus casas de campo, donde permanecieron ocho días completos. El tiempo se les iba en paseos, cacerías, pesca, bailes, festines, meriendas y cenas; nadie dormía y se pasaban la noche entre bromas y diversiones. En fin, todo marchó tan bien que la menor de las jóvenes empezó a encontrar que el dueño de casa ya no tenía la barba tan azul y que era un hombre muy correcto. Tan pronto hubieron llegado a la ciudad, quedó arreglada la boda. Al cabo de un mes, Barba Azul le dijo a su mujer que tenía que viajar a provincia por seis semanas a lo menos debido a un negocio importante; le pidió que se divirtiera en su ausencia, que hiciera venir a sus buenas amigas, que las llevara al campo si lo deseaban, que se diera gusto. -He aquí -le dijo- las llaves de los dos guardamuebles, éstas son las de la vajilla de oro y plata que no se ocupa todos los días, aquí están las de los estuches donde guardo mis pedrerías, y ésta es la llave maestra de todos los aposentos. En cuanto a esta llavecita, es la del gabinete al fondo de la galería de mi departamento: abrid todo, id a todos lados, pero os prohibo entrar a este pequeño gabinete, y os lo prohíbo de tal manera que si llegáis a abrirlo, todo lo podéis esperar de mi cólera. Ella prometió cumplir exactamente con lo que se le acababa de ordenar; y él, luego de abrazarla, sube a su carruaje y emprende su viaje. Las vecinas y las buenas amigas no se hicieron de rogar para ir donde la recién casada, tan impacientes estaban por ver todas las riquezas de su casa, no habiéndose atrevido a venir mientras el marido estaba presente a causa de su barba azul que les daba miedo. De inmediato se ponen a recorrer las habitaciones, los gabinetes, los armarios de trajes, a cual de todos los vestidos más hermosos y más ricos. Subieron en seguida a los guardamuebles, donde no se cansaban de admirar la cantidad y magnificencia de las tapicerías, de las camas, de los sofás, de los bargueños, de los veladores, de las mesas y de los espejos donde uno se miraba de la cabeza a los pies, y cuyos marcos, unos de cristal, los otros de plata o de plata recamada en oro, eran los más hermosos y magníficos que jamás se vieran. No cesaban de alabar y envidiar la felicidad de su amiga quien, sin embargo, no se divertía nada al ver tantas riquezas debido a la impaciencia que sentía por ir a abrir el gabinete del departamento de su marido. Tan apremiante fue su curiosidad que, sin considerar que dejarlas solas era una falta de cortesía, bajó por una angosta escalera secreta y tan precipitadamente, que estuvo a punto de romperse los huesos dos o tres veces. Al llegar a la puerta del gabinete, se detuvo durante un rato, pensando en la prohibición que le había hecho su marido, y temiendo que esta desobediencia pudiera acarrearle alguna desgracia. Pero la tentación era tan grande que no pudo superarla: tomó, pues, la llavecita y temblando abrió la puerta del gabinete. Al principio no vio nada porque las ventanas estaban cerradas; al cabo de un momento, empezó a ver que el piso se hallaba todo cubierto de sangre coagulada, y que en esta sangre se reflejaban los cuerpos de varias mujeres muertas y atadas a las murallas (eran todas las mujeres que habían sido las esposas de Barba Azul y que él había degollado una tras otra). Creyó que se iba a morir de miedo, y la llave del gabinete que había sacado de la cerradura se le cayó de la mano. Después de reponerse un poco, recogió la llave, volvió a salir y cerró la puerta; subió a su habitación para recuperar un poco la calma; pero no lo lograba, tan conmovida estaba. Habiendo observado que la llave del gabinete estaba manchada de sangre, la limpió dos o tres veces, pero la sangre no se iba; por mucho que la lavara y aún la resfregara con arenilla, la sangre siempre estaba allí, porque la llave era mágica, y no había forma de limpiarla del todo: si se le sacaba la mancha de un lado, aparecía en el otro. Barba Azul regresó de su viaje esa misma tarde diciendo que en el camino había recibido cartas informándole que el asunto motivo del viaje acababa de finiquitarse a su favor. Su esposa hizo todo lo que pudo para demostrarle que estaba encantada con su pronto regreso. Al día siguiente, él le pidió que le devolviera las llaves y ella se las dio, pero con una mano tan temblorosa que él adivinó sin esfuerzo todo lo que había pasado. -¿Y por qué -le dijo- la llave del gabinete no está con las demás? -Tengo que haberla dejado -contestó ella- allá arriba sobre mi mesa. -No dejéis de dármela muy pronto -dijo Barba Azul. Después de aplazar la entrega varias veces, no hubo más remedio que traer la llave. Habiéndola examinado, Barba Azul dijo a su mujer: -¿Por qué hay sangre en esta llave? -No lo sé -respondió la pobre mujer- pálida corno una muerta. -No lo sabéis -repuso Barba Azul- pero yo sé muy bien. ¡Habéis tratado de entrar al gabinete! Pues bien, señora, entraréis y ocuparéis vuestro lugar junto a las damas que allí habéis visto. Ella se echó a los pies de su marido, llorando y pidiéndole perdón, con todas las demostraciones de un verdadero arrepentimiento por no haber sido obediente. Habría enternecido a una roca, hermosa y afligida como estaba; pero Barba Azul tenía el corazón más duro que una roca. -Hay que morir, señora -le dijo- y de inmediato. -Puesto que voy a morir -respondió ella mirándolo con los ojos bañados de lágrimas-, dadme un poco de tiempo para rezarle a Dios. -Os doy medio cuarto de hora -replicó Barba Azul-, y ni un momento más. Cuando estuvo sola llamó a su hermana y le dijo: -Ana, (pues así se llamaba), hermana mía, te lo ruego, sube a lo alto de la torre, para ver si vienen mis hermanos, prometieron venir hoy a verme, y si los ves, hazles señas para que se den prisa. La hermana Ana subió a lo alto de la torre, y la pobre afligida le gritaba de tanto en tanto: -Ana, hermana mía, ¿no ves venir a nadie? Y la hermana respondía: -No veo más que el sol que resplandece y la hierba que reverdece. Mientras tanto Barba Azul, con un enorme cuchillo en la mano, le gritaba con toda sus fuerzas a su mujer: -Baja pronto o subiré hasta allá. -Esperad un momento más, por favor, respondía su mujer; y a continuación exclamaba en voz baja: Ana, hermana mía, ¿no ves venir a nadie? Y la hermana Ana respondía: -No veo más que el sol que resplandece y la hierba que reverdece. -Baja ya -gritaba Barba Azul- o yo subiré. -Voy en seguida -le respondía su mujer; y luego suplicaba-: Ana, hermana mía, ¿no ves venir a nadie? -Veo -respondió la hermana Ana- una gran polvareda que viene de este lado. -¿Son mis hermanos? -¡Ay, hermana, no! es un rebaño de ovejas. -¿No piensas bajar? -gritaba Barba Azul. -En un momento más -respondía su mujer; y en seguida clamaba-: Ana, hermana mía, ¿no ves venir a nadie? -Veo -respondió ella- a dos jinetes que vienen hacia acá, pero están muy lejos todavía... ¡Alabado sea Dios! -exclamó un instante después-, son mis hermanos; les estoy haciendo señas tanto como puedo para que se den prisa. Barba Azul se puso a gritar tan fuerte que toda la casa temblaba. La pobre mujer bajó y se arrojó a sus pies, deshecha en lágrimas y enloquecida. -Es inútil -dijo Barba Azul- hay que morir. Luego, agarrándola del pelo con una mano, y levantando la otra con el cuchillo se dispuso a cortarle la cabeza. La infeliz mujer, volviéndose hacia él y mirándolo con ojos desfallecidos, le rogó que le concediera un momento para recogerse. -No, no, -dijo él- encomiéndate a Dios-; y alzando su brazo... En ese mismo instante golpearon tan fuerte a la puerta que Barba Azul se detuvo bruscamente; al abrirse la puerta entraron dos jinetes que, espada en mano, corrieron derecho hacia Barba Azul. Este reconoció a los hermanos de su mujer, uno dragón y el otro mosquetero, de modo que huyó para guarecerse; pero los dos hermanos lo persiguieron tan de cerca, que lo atraparon antes que pudiera alcanzar a salir. Le atravesaron el cuerpo con sus espadas y lo dejaron muerto. La pobre mujer estaba casi tan muerta como su marido, y no tenía fuerzas para levantarse y abrazar a sus hermanos. Ocurrió que Barba Azul no tenía herederos, de modo que su esposa pasó a ser dueña de todos sus bienes. Empleó una parte en casar a su hermana Ana con un joven gentilhombre que la amaba desde hacía mucho tiempo; otra parte en comprar cargos de Capitán a sus dos hermanos; y el resto a casarse ella misma con un hombre muy correcto que la hizo olvidar los malos ratos pasados con Barba Azul. Moraleja La curiosidad, teniendo sus encantos, a menudo se paga con penas y con llantos; a diario mil ejemplos se ven aparecer. Es, con perdón del sexo, placer harto menguado; no bien se experimenta cuando deja de ser; y el precio que se paga es siempre exagerado. Otra moraleja Por poco que tengamos buen sentido y del mundo conozcamos el tinglado, a las claras habremos advertido que esta historia es de un tiempo muy pasado; ya no existe un esposo tan terrible, ni capaz de pedir un imposible, aunque sea celoso, antojadizo. Junto a su esposa se le ve sumiso y cualquiera que sea de su barba el color, cuesta saber, de entre ambos, cuál es amo y señor. Fuente:www.ciudadseva.com
Hola amigos. Este poema lo escribí hace mucho, cuando aún creía en la fantasía, y como resulta que últimamente me siento vacío, decidí desempolvar un viejo cuaderno de la secundaria. Que lo disfruten.(digo, si les gusta). Preguntas. No hay nada por qué preocuparse. No hay nada por qué llorar. La vida es la vida…y nada más. Un amor es a veces un dolor, y qué. La vida continua con sus cosas importantes. Vos te vas y volverás casada, lo sé, y yo no tuve tiempo desde que nací. Tal vez si antes, tal vez si en otro lugar, tal vez si más parecido a ese de tu cabeza. ¿Qué es lo que hace después de un no un enamorado? Trata de sobrevivir un mundo igual que parece más cruel. ¿Por qué me siento sucio y malo? ¿Por qué si solo fui bueno? ¿Qué es la verdad?