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juniorsoprano1970

Usuario (Argentina)

Primer post: 11 nov 2009Último post: 11 nov 2009
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Hospedaje Robert
Apuntes Y MonografiasporAnónimo11/11/2009

La última vez que ingresé al Hospedaje Robert, fue entre el año 86 u 87, yo tenía 16 o 17 años. No entré solo, éramos tres, Javier, Claudio y yo, los tres teníamos mas o menos la misma edad, los tres tenemos un parentesco de primos segundos o algo así. No sé qué razón nos llevó a hacer esa expedición en aquella noche sampedrina. No recuerdo la hora, seguramente era mas de las 12. Lo que sí recuerdo es que no entramos por la puerta principal, entramos por un baldío que estaba lindero al hospedaje; la verdad que tenía mucho miedo, yo siempre fui el más cagón del trío. Pero la cuestión es que entramos saltando un tapial que dividía el lugar con el baldío, más que un tapial era una especie de reja. Mi cagazo era terrible, sin embargo seguí a mis primos; fue muy loco, porque anduvimos por todos los lugares del hospedaje que cuando estaba en pleno funcionamiento me daba miedo, así que era realmente de terror para mi entrar en esas condiciones; debo aclarar que el hospedaje estaba abandonado desde hacía ya un tiempo. Lo que acabo de contar fue mi última vez entrando al Hospedaje Robert, de la primera vez no tengo registro, los recuerdos iniciales que tengo son cuando una tía de mi papá -la tía Negra, quien también era mi madrina- me enseñaba a hacer con mis deditos de niño la V y la P, que tiempo después me enteraría que eso quería decir, ¡Viva Perón! Sí, se ve que la tía pretendía adoctrinarme en el Justicialismo desde mi más tierna infancia, pero no lo logró. Me parece que es tiempo de explicar lo que era el Hospedaje Robert, este antecesor de lo que hoy sería un hostel, era ni más ni menos que ¨La casa de la abuela Tomasa¨ ¿Quién era la abuela Tomasa? Era mi bisabuela, la mujer más buena del mundo, quien sin saber leer ni escribir regenteaba ese albergue de antaño; era increíble esa mujer, como dije en otra de mis crónicas, fue una fuente inagotable de amor, me daba la sensación que era la madre de todos nosotros, mas allá de mi propia familia, también la conocieron mis amigos, quienes como yo, la llamaban abuela. La adorábamos, la respetábamos, la entendíamos y hoy la extrañamos. La casa de la abuela quedaba en la calle 25 de Mayo y Quiroga de la ciudad de San Pedro, tenía una puerta grande de madera en la entrada al zaguán que si mal no recuerdo era de color verde oscuro. Una vez que pasábamos en zaguán, estaba la verdadera puerta, la que se cerraba con llave, la puerta cancel. Atravesada la puerta cancel, si seguíamos derecho, pasábamos por el patio central, el que tenía un aljibe en el medio; sentíamos mucha curiosidad cuando niños por el aljibe, en mi caso me encantaba escuchar el eco que emitía cuando mirando en su interior gritábamos: ¨¡culo! ¡puto!¨ entre otros epítetos de la misma o peor calaña, nos causaba mucha gracia lo que repetía el agujero negro que escondería quien sabe que secreto. Mi primo Claudio -que era de inventar historias- alguna vez contó que habían matado una chica y la tiraron en el aljibe, y ante nuestra incredulidad, se besaba en forma vertical y horizontal el dedo índice de su mano derecha haciendo la señal de la cruz seguido de la frase: ¡te lo juro! Pasando el patio estaba la cocina, gran espacio, tengo la sensación que siempre hacia frio, no sé porque pero la recuerdo en invierno. Más de una vez he visto a mi abuela o a mi tía manipular una especie de inflador de bicicletas; ese artefacto era una bomba que al generarle alguna presión con el símil inflador, hacia funcionar a la cocina a kerosene, en la cual siempre había una pava gigante de loza color verde con cachaduras negras, llena de agua, calentándose para quien sabe que menesteres. El espacio de la cocina era el bunker de aquel trió que conformábamos mis primos y yo, ahí pergeñábamos alguna que otra travesura de aquellos adolescente que estábamos tan al pedo. A veces le pedíamos el Winco a la abuela, y escuchábamos discos durante toda la tarde de sábado, ahí podíamos escuchar a Roberto Carlos, pasando por Leonardo Favio -teníamos el hit ¨Fuiste mía un verano¨- también mi primo traía sus vinilos de la época, como por ejemplo Thriller, de Michael Jackson o Llena tu cabeza de rock `84; pero el hit de hits era Rockollection, tema cantado en castellano por una voz afrancesada que hacía una recorrida por distintos éxitos del pasado; 11 minutos duraba esa porquería, pero nosotros la escuchábamos estoicamente, nos sabíamos hasta el salto de la púa, sobre todo en la parte que aparece ¨Satisfaction¨ de los Rollings. Era la tecnología de la época, y cuando un disco estaba rayado era un bajón, pero bueno, nos acostumbrábamos a escucharlo así, o en algunos casos le poníamos una moneda sobre la cápsula para que no saltara la púa. También estaba el ¨combinado¨; dios querido, era intocable para nosotros, solo lo podían usar ¨los grandes¨, para mí era como si a un nene hambriento le pongan frente a sus ojos un banquete y no se lo dejaran tocar; no lo podía creer, me moría por poner un disco ahí, sonaba divinamente, aparte de ser todo automático y tener radio AM y FM. A veces me daban la posibilidad de ¨dar vuelta el disco¨ y para mí era como tocar el cielo con las manos. Mi viejo siempre decía: ¨En lo de la abuela solo falta que hagan una pelicula¨; bueno, hicieron una película. En el año `84 la casa de la abuela fue locación de una película que se llamó: Cuarteles de invierno, basada en una novela de Osvaldo Soriano, la peli contaba la historia de un cantante de tangos -prohibido por la dictadura militar- que iba a ganarse el mango a un pueblo llamado Puerto Obligado. Este cantante se alojaba justamente en el Hospedaje Robert, o sea ¨lo de la abuela¨. Yo no podía creer lo que pasaba, me quedaba horas mirando como filmaban, era una máquina de hacer preguntas, sobre todo al camarógrafo, quien mientras manipulaba dentro de una bolsa negra un rollo que recién había filmado, me contaba los pormenores de lo que era una filmación. Tal vez haya sido esa la primera vez que estaba cerca de ese mundo que tanto me gustaba y que pude luego tener como profesión. Un clásico de la casa de la abuela era ¨el APA¨, un aparatejo colgado en la pared, con una perilla de volumen y nada más, quienes son de San Pedro saben de lo que hablo, pero debo explicar que ¨el APA¨, era una radio por circuito cerrado, así como ahora vemos Tv por cable, en esa época escuchábamos la radio del pueblo por cable. El asunto era cuando daban las necrológicas; -¨subí, subí¨, me pedía mi abuela, refiriéndose al volumen del aparato- se solía escuchar: Falleció: Roberto Ricardo Muñoz ¨tito¨, a los 58 años de edad, servicio Benincasa y Secchi, se ruega no enviar flores; ¨que jooooven¨, se consustanciaba mi abuela cada vez que decían la edad del desafortunado señor. Pero bueno, llegó el año `86 y mi abuela tuvo que entregar el edificio que la había albergado durante un par de décadas, no tengo registro de cómo fue ese proceso, tal vez no lo quiera recordar, porque fue muy doloroso para todos, y ni hablar para los que nos cobijábamos bajo la gran falda de la abuela, porque ella y su caserón eran el refugio que teníamos aquellos adolescentes que nos peleábamos con nuestros padres -porque así debe ser cuando se es adolescente- y nos quedábamos un par de días hasta que nos desenojábamos -típico de adolescente también- y volvíamos a nuestros respectivos hogares para ponernos bajo la ¨dictadura¨ ejercida por nuestros progenitores. Tal vez fue nostalgia el sentimiento que empujó a mis primos y a mí a ingresar aquella noche al hospedaje; quien sabe, a lo mejor quisimos despedirnos de ¨lo de la abuela¨ y no teníamos más opción que entrar de esa manera tan irregular y arriesgada. Pero bueno, era una de las últimas oportunidades, porque después se demolió el edificio, pasando por alto la ordenanza que supuestamente protege el patrimonio cultural. Hoy, donde estaba el aljibe, hay una especie de playa de estacionamiento de una remisería, no quedó ni un solo rastro de ¨lo de la abuela¨ ni siquiera el cartel oxidado en el que a duras penas se podía leer: Hospedaje Robert. Por suerte los humanos tenemos la capacidad de guardar recuerdos en la memoria y así poder añorar lo que fue -al menos para mí- un lugar donde uno se podía proveer de amor; si, creo que por eso convocaba tanto la abuela, porque no paraba de dar amor. http://fernandomoron.wordpress.com/

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Mano derecha, testículo/seno izquierdo
Apuntes Y MonografiasporAnónimo11/11/2009

Que cosa che, es increíble, a veces no puedo creer que gente que yo considero de izquierda o ¨progre¨ cada vez que uno nombra a algún artista que ha sido bautizado con el mote de ¨mufa¨, rápidamente se toquen con su mano derecha el testículo o seno izquierdo, esto según el sexo de quien posee un elevado nivel de superstición. A veces no sé si llamarlo superstición o estupidez, no lo sé, pero lo que si sé que es algo que me jode y mucho, en el primer párrafo me refería a la ideología izquierdosa de alguna de las persona que conozco y que se tocan un huevo o una teta, ¿Qué tendrá que ver la ideología, no? Bueno, yo supongo que es gente que no cree en boludeces y que no serian capaz de segregar a una persona que supuestamente llevan la mala suerte a dondequiera que vayan. Tal vez sea un juego o una boludez, pero he sabido que un pibe que iba al mismo colegio que yo, tuvo que partir hacia otro establecimiento porque era insoportable lo que sufría este chico, ya que estaba prohibido nombrarlo porque era ¨yeta¨, la verdad que es horrible que a alguien le pase algo así, debe ser insoportable. Alguna vez me han dicho que yo era mufa cuando iba a cubrir los partidos de Boca en la época que lo dirigía Bilardo, claro, la culpa de que pierda Boca era mia y no del aquel ¨Dream Team¨ que no daban dos pases seguidos, eran horribles, Boca no le ganaba a nadie, pero ese no era el problema, el problema era que yo justo fui a la cancha. Me pregunto: ¿No se daban cuenta que aparte de mi persona, iban 39.999 personas más? Dios mío, cuanta ignorancia. Más de una vez escuché historias que confirmaban que un fulano era ¨mufa¨, por ejemplo, cuentan que estaban todos reunidos en un lugar cualquiera, ya sea en una fábrica, un canal de televisión, una gomería, etc; y en eso llega el ¨mufa¨ ¿y qué pasa cuando llega el ¨mufa¨? Saltó la térmica ¿Podés creer? Dándole a este infortunado muchacho la responsabilidad de haber generado una recarga de temperatura en la instalación con su sola presencia y con esto generar la interrupción de la energía eléctrica, a lo que yo indago: Perdón ¿A vos nunca se te cortó la luz? Pregunto esto porque se ve que a esa gente nunca le pasó una cosa así si no es en presencia del ¨yeta¨. Que salte la térmica es una cosa de lo más normal, pero claro, si pasa cuando está este muchacho, inmediatamente se lo vincula a él con dicho incidente. Otra cosa es la cuestión de las cábalas, yo no puedo creer como un DT como Alfio Basile, hombre sabedor de futbol si los hay, tuviera en cuenta la camisa que usó en determinado partido en el cual ganó, si bien en este caso puede ser una cuestión psicológica directa, o sea, que los jugadores tengan más actitud si su técnico usa esa camisa ¨ganadora¨, me parece que hay mejores cábalas, como por ejemplo el entrenamiento o la destreza propia de cada jugador. Hay un caso de ¨anti-mufa¨, es el de Osavaldo Pugliese, obviamente que tampoco creo en esta asunto, la verdad es que no me parece que el sólo nombrar a don Osvaldo, nos generara el efecto contrario al de nombrar a alguna cantante vinculada con la lluvia (sí, me refiero a TORMENTA). Mejor escuchar el tango Recuerdo de este magnífico compositor y ahí si podremos sentirnos afortunados, ya que es una de las melodías más lindas que tendremos la ¨buena suerte¨ de escuchar. A veces me niego a nombrar a las personas relacionadas con la ¨yeta¨, no porque crea que me traerán mala suerte (no creo en la mala suerte) sino porque estoy en contra de que se las caratulen de esta nefasta manera, me rompe soberanamente las pelotas cuando hay gente que hace un escándalo si uno las nombra, lo cual me genera un estado de enojo que no puedo manejar, entonces evito este mal momento generado por tal boludez. ¨Mucha merde¨, se dicen unos a otros los actores cuando se desean suerte en algún espectáculo o programa de tele, porque según dicen, es ¨mala suerte¨ desearle suerte. Otra cuestión es que no se puede decir ¨víbora¨ y se reemplaza en los guiones con la palabra ¨bicha¨, ¡¡¡que absurdo por dios!!! ¿De dónde sacaron que decir víbora es mala suerte? Lo más triste del caso es que he oído la palabra ¨bicha¨ en unitarios, los cuales uno podría caratular como ¨serios¨; y bueno nada, la gente del ¨ambiente¨ es así. Desde este humilde espacio hago un llamado a la reflexión y a la cordura, no se puede creer en esas boludeces, porque caemos en una inquisición moderna, en una caza de brujas estúpida, en un vacío de contenido, nadie puede explicar a ciencia cierta porque un tipo es ¨mufa¨, sólo hay un cúmulo de anécdotas exageradas y absurdas, en las que se cuenta que pasó algo choto justo cuando estaba el apodado ¨mufa¨, habría que ponerse en el lugar de esa persona, es muy injusto que lo traten de esa manera, sobre todo cuando no lo conocen, no saben si es bueno, jodido, hijo de puta o un santo. Ojala algún día no exista mas este tipo de pelotudeces y que toda esa inventiva y energía la usemos para cuestiones un poco más benévolas y no para cagarle la vida a un tipo o una mina. Fuente: http://fernandomoron.wordpress.com

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Cuento de Fútbol
Apuntes Y MonografiasporAnónimo11/11/2009

En este espacio, aparte de escribir algunas cositas mias, la intención tambien es poner lo que me gusta y como a mi me gusta el futbol y toda la literatura que con ese tema se escriba, aqui posteo un cuento de mi amigo y compañero de futbol de todos los miércoles, Claudio Tófolo. Cuento de Fútbol Que con mis amigos somos unos apasionados por el fútbol no es ninguna novedad para los que nos conocen. Hablamos constantemente con términos futboleros, le ponemos nombres de jugadores a las novias o mujeres que han pasado por nuestras vidas por similitud de estilos, por el “número de camiseta/ puntaje”, por alguna característica en su físico o por la zona geográfica de la que es oriunda, y otros detalles que me llevaría páginas y páginas enumerar. Pero creo que el fin de semana dimos una demostración que supera cualquier explicación de la atracción que genera en nosotros la pelota. El Negro me llamó para fin de año y me propuso irnos a Carlos Paz el primer fin de semana de 2006 junto con Dani y un cuarto que no estaba confirmado así nos salía más barato el viaje a todos ya que íbamos con Román (nombre del auto del Negro, en homenaje a Riquelme). Pensamos en Maurito pero está “encajetado” con San Pedro. Se va todos los fines de semana. Hernán se bajó (fue acusado de no ir por “pecho frío”) pero otro leproso amigo de Dani —Juan Pablo, (lo conocí en el viaje)— salvó el honor de los rojinegros y completó el equipo. A la hora de armar el bolso pensé en alguna camiseta extraña de las que tengo y cargué la de Excursionistas que me regaló el Rusito más una que me hice fabricar que es blanca con el escudo de All Boys (mi equipo favorito) del lado del corazón, Maradona con la camiseta argentina en el medio con su clásico saltito en el festejo de uno de sus goles y el Flaco Menotti del lado derecho, mi ícono futbolístico. Trabajé en mi raro pero cómodo horario nocturno y viajé a Rosario a las 8 de la mañana del viernes llegando a la ciudad del Negro Fontanarrosa y de Olmedo, entre otros talentosos, al mediodía. Rosario me recibió con mucho calor. Fui a almorzar a El Cairo y luego a dormir la siesta a lo del Negro que, al igual que Dani y Juan Pablo, trabajaban hasta las 5. Compramos un par de Quilmes para el viaje y partimos rumbo a Carlitos Paz. En el camino le contamos a Juan Pablo la manía que tenemos con el Negro de ponerle nombre de jugadores a las chicas. Entonces se enteró que el Negro está con la brujita Verón (por su consulta a brujos), y que a veces se ve con Puchero Donet (porque cuando el Negro le dice que no se pueden ver, ella le hace un pucherito, que, según el telebeam, sobresale dos centímetros el labio inferior), que yo me peleé hace poco con el melli Guillermo (una 7 talentosa pero muy protestona, insoportable y “sisañera”, como la definió Hernán), que hace un tiempo andábamos con Quintanita (por su estatura) y el Chapu Braña (por la chuequera y la altura) y así sucesivamente. Que lo mejor que tuve fue un Batistuta (un 9 potente y de selección, con experiencia) y lo más flojo, un 4 de Laferrere (que también podía jugar de 3). Entonces el Negro que conoce a la novia de Dani y a la candidata de Juan Pablo empezó a pensar qué jugadores serían mientras me pedía ayuda a mí dándome algunas características. Finalmente llegamos a la conclusión de que Dani está con Diego Mateo (un volante rendidor, tranquilito, callado pero que no se guarda nada, primero pasamos por Teté González pero no nos conformaba) y Juan sale con Cissé, el delantero francés que juega en el fútbol inglés (porque es oscurita de piel pero con claritos, como el joven punta del Liverpool). Llegamos a eso de las diez de la noche al hostel. La verdad que está lindo. Un chalet con varias habitaciones y una gran pileta. Estábamos cansados pero obviamente salimos igual. Antes de salir “jugó Duscher” (por la ducha), player que, en la suma del fin de semana, le tendríamos que haber dado más minutos en cancha, y en la charla táctica antes de salir les advertí a los chicos que tengan cuidado a la vuelta con “Scaloni” por un gran escalón que había en la entrada de la habitación. Fuimos a Zebra, donde la gente del hostel tenía entrada gratis. Nos guió el Tolo Gallego (por su parecido físico se ganó el apodo al toque). El lugar está bueno pero la marcha nos espantó. Encima pedimos un fernet pero en ese boliche lo hacían con Pepsi. La desafectación de “Diego Cocca” fue otro duro golpe para el equipo Un fernet se hace con coca. No se negocia eso. Dimos unas vueltas y nos fuimos a dormir a las 5.30. La ansiedad por aprovechar el día nos hizo levantar cerca de las diez y a las once, después de que “Diego Garay” (no era un diez pero era un fiel exponente de Córdoba, morocha, retacona pero interesantísimo valor) nos hiciera el desayuno, ya estábamos en la pileta escuchando Kapanga. El Negro picó en punta con Garay. Parece que hay onda. Los encargados del hostel son de Etruria, provincia de Córdoba, les nombré jugadores de la zona cuando me ubicaron donde quedaba, cerca de Villa María. Les nombré a Lucas Giovini que es de La Laguna y ataja en Acassuso, ellos me nombraron a Bizarri de Etruria y a Baralle que jugó en Instituto y Racing de Córdoba. Agregamos a “Pirulo” Rivarola de Santa Eufemia, Jorgito Vázquez (ex River) de Pascana, yo nombré a mi amigo el “Chango” Salgado que juega en Villa María pero no lo conocían y así el fútbol seguía dando vueltas en todas las charlas. A la tarde nos fuimos a Icho Cruz con Juancito y Seba que nos vinieron a visitar de Córdoba capital. Volvimos al anochecer. Con Dani y Juan Pablo nos fuimos a hacer una siestita de 9 a 10 y el Negro se quedó solo con “Garay” pero le pegó el sueño y se fue cuando estaban solos en el parque (jugó Gianluigi Lentini, el ex volante del Milan… ¿o Kaká?). Nos habíamos hecho amigos de tres chicas que se juntaron con nosotros a tomar unos melones con vino. Luego se acercó un flaco de Banfield que nos dio la noticia de que Garrafa Sánchez se había accidentado esa noche. Nos puso triste todos ya que los amantes del fútbol de cualquier equipo tenemos simpatía por los “locos lindos” que encima juegan bien a la pelota como es el caso de este número diez calvo que tanto admiré. Pero tampoco sabíamos la gravedad de lo que había pasado y recién nos enteramos del deceso el domingo cuando volvíamos en la ruta. Salimos todos juntos con las chicas, fuimos al boliche y volvimos con algunos intereses ya definidos. A mi me gustó mucho Daichu que el Negro definió muy bien como Abraham (el zaguero de Independiente, porque es un 6 con proyección internacional, bien plantada y buen físico) y con mucha maldad definió a la de Juan Pablo como Arzuaga (el delantero medio deforme del Junior de Barranquilla que alguna vez complicó a Boca en la Copa y ahora recaló en Central), aunque para mí era Cozzoni pero en su mejor momento, tan malo no soy. Cuando llegó la hora de volver –el lunes trabajábamos los cuatro-, domingo tipo 4 de la tarde, nos despedimos de todos y emprendimos el regreso. Veníamos hablando con Dani de lo lindo que es viajar escuchando partidos de fútbol, que si fuera un domingo donde está en pleno campeonato, hubiésemos escuchado el de las 17 horas y el de las 19 lo que nos hubiese llevado todo el viaje, pero también, si habría campeonato, por mi profesión de periodista en ese momento, yo estaría ligado al trabajo y no podría haber viajado. Y en cada localidad que pasábamos hacíamos memoria pensando el nombre de algún futbolista oriundo de esa ciudad. Haciendo zapping en las radios –las perdíamos a medida que “Román” eludía pueblos-, pasando Las Rosas (la tierra de Ponzio y Christian Ruffini, el ex Newell’s), agarramos un partido que atrapó la atención de todos. Jugaban Argentino de Las Parejas-Sport Cañadense de Cañada de Gómez por la revancha de la semifinal de la Liga Cañadense. El partido de ida terminó igualado 2-2 y el desquite que se jugaba en Cañada de Gómez estaba 0-0. Escuchamos algunos jugadores que conocíamos como el Chino Flores Coronel (ex Central), Juan Pablo Ruffa (inferiores de Newell’s y Argentino de Rosario), yo conocía al Pepe Maslovar un arquero que “pintaba lindo” en Newell’s pero se rompió la rodilla. El partido era malo por lo que decía el comentarista pero emotivo por lo que se estaba jugando: quién definiría el torneo contra Cremería de Carcarañá que le había ganado por penales a su clásico rival, Campaña. En un momento el relator dijo que si seguían jugando así iban indefectiblemente a los penales. Dani, que por su trabajo viaja constantemente por toda la provincia de Santa Fe, dijo que si no le fallaba la memoria la cancha quedaba sobre la ruta 9. Nos miramos y empezamos a sacar cuentas a cuántos kilómetros estábamos de Cañada de Gómez y si llegábamos para los penales. Aceleramos por la 9 (para los que dicen que Román es lento), pasamos camiones como loquitos. Íbamos “echando puta como cabaret en quiebra”, y llegamos al estadio de Sport justo cuando estaban por empezar los penales. Dejamos el auto y nos bajamos los cuatro corriendo. No habían abierto las puertas como pensábamos que iba a pasar, lo que nos obligó a treparnos al tapial como varios hinchas que no habían ingresado. El muro era bastante alto para mí por mi corta estatura (no soy petiso, soy un “hombre bajo”). Busqué unas escombros que había por ahí y llegué a asomarme por arriba de la “chino” Tapia. Le pregunté al de al lado mío —que estaba con una camiseta de Aldosivi— cual era el local, “los celestes”, me contestó. En realidad los dos son celestes pero Argentino jugó con la blanca. Los penales se patearon en el arco más lejano a nuestra posición (hubiese sido demasiado que se ejecuten en la valla en la cual estábamos nosotros). Yo apostaba por el equipo de Pepe Maslovar por las ilusiones que seguramente habrá tenido al tener condiciones y le cortaron las lesiones. Juan Pablo quería que pierda el “chino” Flores Coronel por canallón. Los otros dos sólo miraban con la atracción que despierta una definición por penales para los futboleros. Arrancó pateando el local y Flores convirtió. Fue Bengoechea para el visitante y la clavó arriba cruzado, un golazo. Tan bien le pegó que pregunté si no era el profe Bengoechea, el uruguayo. De donde estaba ubicado alcanzaba a escuchar al relator de la radio quien hacía su trabajo al aire libre, por eso sabía quién pateaba. Fue Yánez y la picó dejando helado a medio estadio. Le tocó a Montaldi y el remate dio en el travesaño, picó y salió. ¿La serie se empezaba a definir? No señor, porque el “chino” Flores Coronel perdió con Maslovar y la cosa quedó igual ante el grito de Juan Pablo de “¡Fracasado, bien hecho por canallón!” y otras cositas que no viene al caso exponer en este relato. Fue Lucero y con justeza puso las cosas iguales. Comba también convirtió para el local y le tocó el turno a Emanuel Gorosito, el 4… ni Luisito Rubio en su personaje de Eber Ludueña le hubiese pegado tan mal. Afuera. Casi le pega al juez de línea que estaba parado a un costado para marcar el posible adelantamiento del arquero. Fue el momento de Bisconti, el capitán cañadense que convirtió el 4-2 definitivo que le dio el paso a la final a Sport. Los muchachos de Las Parejas se fueron aplaudidos igual y nosotros seguimos viaje a Rosario, felices por el regalo de haber visto un poquito de fútbol en este Enero que nos tiene huérfanos de la pelota. Andábamos como Eduardo Galeano, mendigando un pedacito de fútbol… y “el de arriba” nos tiró un centro cruzándonos esa definición en nuestro camino para ir “tirando” hasta que empiece el Clausura. http://fernandomoron.wordpress.com/

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